Capítulo
41
Centerfolds
Kiri estaba sentado a la entrada del aula, terminando de copiar
algunos apuntes, al parecer muy concentrado, aunque en realidad,
estaba esperando a que regresase Arai, para enterarse de lo que
había sucedido. Se puso de pie al divisar la silueta del
moreno que regresaba, apoyándose contra la pared, como si
tampoco tuviese mucha prisa, y preguntando apenas estuvo lo suficientemente
cerca.
–¿Todavía vivos?
–Claro… –el moreno lo miró a los ojos,
bajándose los auriculares –¿Me dejas los apuntes?
–preguntó mirando la letra del chico. No era la de
Sachi, pero al menos se entendía –¿Has visto
lo que hay en el corcho?
–Toma –le contestó, pasándole la libreta.
De todos modos, le había hecho una copia, a saber impulsado
por qué, y negó con la cabeza. No solía fijarse
en el corcho a menos que publicasen calificaciones o algo así,
ya que no estaba interesado en eventos escolares ni en esa clase
de cosas –. ¿Por qué? ¿Hay algo interesante
acaso?
–Había… –dijo sacándose una foto
del bolsillo, con Reiji desnudo en ella. Realmente no estaba seguro
si se la había dejado quitar o no, tal y como estaba, pero…
definitivamente era él y eso estaba más que claro.
–Oh –contestó el chico, observando la foto y
mirando a los ojos miel de Arai de nuevo –. Pero esto no es
muy sorprendente, ¿no crees? Una broma de mal gusto, tal
vez, una represalia..., pero nada extraordinario.
–¿Parezco sorprendido? Porque no lo estoy –contestó
el moreno tan serio como siempre –. Me pregunto si no será
Takase. Ayer volvió al instituto. Lo vi por los pasillos,
pero no me dijo nada, claro.
–En mi opinión es lo más probable. ¿Crees
que tratará de vengarse de ti también, o sólo
será una especie de perrencha pasajera? Tal vez... Tal vez
ahora averigüemos si la guija protege a Reiji después
de todo –miró hacia el final del pasillo, a los otros
estudiantes que caminaban por allí –. Takase es el
único que sigue vivo...
–Pues… –Arai estrujó la fotografía,
quemándola y dejando caer los trocitos al pasillo –estoy
seguro de que debe de tener más. Y también estoy seguro
de que es un tío muy tonto –el moreno lo miró,
desviando la vista después, y se dejó caer contra
la pared de nuevo –. Así no van a quedar las cosas.
No se quedará contento con una foto en un corcho.
–Pues habrá que vigilarlo entonces, no podemos hacer
nada más. Sólo esperar... y ver qué pasa –suspiró,
pasándose la mano por el cabello, retirándolo de su
rostro –. Hasta ahora, el ente o lo que sea, nos ha atacado
a cada uno de nosotros, pero no nos ha matado, ¿cierto? Sin
embargo... ha acabado con toda persona que nos molestase o se interpusiese
en nuestro camino, aunque fuese de una manera insignificante.
–Sí…, pero no me hace falta tener un guardaespaldas
que me deje como a Reiji y a Dusk. Prefiero defenderme solo…
–el moreno se apartó el pelo con una mano, mirándolo
–Creo que si veo otra foto más, iré a hablar
con él…
Lorenz se detuvo en el pasillo, de camino a la clase de Kinsei,
y los miró, ajustándose las gafas.
–¿Sucede algo? –formuló la pregunta, dirigiéndose
a Arai –¿Están bien?
–Sí, muy bien, gracias –Kiri le sonrió
de medio lado, bromeando, aunque no era precisamente obvio, respondiendo
luego –. No lo sé, Arai me decía que los encontró...
¿cómo? –miró al moreno, dejando la frase
en el aire para que respondiese. En realidad, tampoco había
dicho aquello de la manera en la que se lo tomaba Arai, sólo
estaba exponiendo una teoría.
–Estaban escondidos entre los muebles, hechos una puta mierda…
–dijo el moreno mirando a otro lado.
–Con una mierda era más que suficiente… –el
profesor se guardó las manos en los bolsillos, con la carpeta
bajo el brazo.
–Sí… como una puta mierda –repitió
Arai –. Pero están bien. Lo que pasa es que he visto
en el corcho una foto de Reiji desnudo.
–¿La tiene ahí? –preguntó el profesor
como si nada.
–No, la quemé… –contestó Arai sonriendo
levemente, de pronto alzando una ceja.
–Es una lástima. Con huellas, podríamos saber
quien la puso ahí…
–Arai tiene la teoría de que fue Takase quien la colocó
en ese lugar. Lo cierto es que me parece bastante lógico,
¿no le parece a usted? –inquirió el rubio, observando
al profesor y pasando de la pequeña lucha subliminal que
parecían tener los dos morenos.
–Probablemente, pero la cuestión es, si Reiji dejó
o no que se la tomasen. Si no le dejó, desde luego es un
delito… penable –el profesor se subió las gafas
de nuevo –. Habrá que hablar con Reiji antes de tomar
medidas.
–Aun así serían fotos privadas. No para ponerlas
donde le dé la gana, ¿no? No creo que eso esté
permitido… –sugirió el moreno –Es igual…
–¿El qué es igual? –preguntó el
profesor sonriendo levemente.
–Nada… –Arai sonrió de medio lado, echando
a caminar por el pasillo para comprobar si había más
en las otras clases.
–Yo creo que Arai tiene razón en eso. La escuela no
es un lugar para exponer esa clase de cosas después de todo,
aunque sea un alumno quien las protagoniza –sonrió
el rubio de medio lado de nuevo, aunque lo cierto es que no era
nada que le molestase. Para lo mucho que le importaba, podían
tomarse fotos de desnudos en grupo si querían, mientras no
lo molestaran a él. Paseó la mirada de nuevo por el
pasillo, observando un grupo de estudiantes reunidos, hablando animadamente
y riendo –. Le decía a Arai, que este ente parece estarnos
protegiendo de alguna manera... ¿No llegará tarde
a su clase, profesor? –añadió de pronto, como
si Lorenz no llegase siempre tarde.
–Ah… sí, probablemente, pero esto es más
interesante –se quitó las gafas, limpiando los cristales
con un pañito carmesí que sacó del bolsillo
del pantalón –. ¿Protegiéndonos dice?
–le pasó el dedo por la tira en su mejilla –¿A
eso llama usted proteger? –sonrió levemente, poniéndose
las gafas de nuevo –Entiendo a qué se refiere. Es una
teoría, pero quisiera conocer el motivo. Tal vez los elementos
sobrantes fueron asesinados para protegernos también. Indudablemente
habrían acabado siendo un problema.
–Bueno... No me refería exactamente a que nos protegiera
de un peligro específico. Más bien... elimina aquello
que nos estorba –el chico meneó la cabeza, como riéndose
internamente por la actitud del profesor, aunque lo comprendía
bastante bien –. Lo cierto es que cada vez más, creo
que Sachi fue una advertencia: “Traicióname y esto
es lo que pasará” Así como todas estas cosas
que nos han estado sucediendo.
–Sí, parece plausible –el moreno abrió
la carpeta, examinando su horario para ver a qué clase debía
impartir –. Lo debatiremos mejor cuando estemos todos juntos.
No, en realidad no lo creo, pero siempre es interesante conocer
todas las opiniones –dijo como haciendo ver que no le interesaban
mucho las deducciones de los demás –. Así pues…
–Buenos días, profesor Lorenz –lo saludó
una de las estiradas profesoras, acercándose a la puerta
y carraspeando.
–Buenos días –se limitó a contestar el
profesor volviendo a Kiri –. Habría bastantes indicios
de que…
–Kiri… ¿le importaría entrar? Es hora…
–insistió la mujer cogiéndolo por los hombros.
–Es de una educación pésima interrumpir una
conversación –el profesor la miró como si realmente
le hubiera indignado, aunque lo cierto es que su sola presencia
le molestaba –. Estamos hablando, ahora entrará. Entre
usted e imparta su clase, no se preocupe por Kiri, está a
salvo conmigo… –dijo con una sonrisa falsa a las leguas,
como pretendía, desde luego.
–¡Está bien! –respondió la mujer,
un tanto alterada, cerrando la puerta de golpe.
–Como decía, parece haber indicios de que el siguiente
será Takase, ¿no cree? Y más tratándose
de Reiji…
–Eso mismo pensaba. ¿Cree que tenga algún interés
especial en Reiji?¿O sólo intenta proteger a su médium?
–preguntó Kiri, sin un rastro de burla ni broma en
la voz, aún vigilando al grupo de estudiantes que parecía
haberse hecho más grande ahora. De todos modos, estaba más
interesado en averiguar el origen de todo aquello, que en asistir
a clases. Se preguntaba si Arai se habría percatado de ellos
o si había encontrado algo en las otras clases.
–No lo sé, podría ser uno de esos dos motivos,
o ambos a un tiempo –el profesor se giró a mirar a
los estudiantes, interesado por saber a dónde dirigía
Kiri su mirada –. ¿Sucede algo?
– Humm... No lo sé. ¿Por qué cree usted
que ninguno de esos estudiantes ha entrado a clase aún? –preguntó
alzando una ceja, de manera un tanto cizañosa.
–Es algo que me encantaría averiguar… –dijo
el profesor, rozándose los labios, pensativo y entreabriéndolos,
lamiéndose la yema del dedo levemente. Sonrió de pronto,
y se acercó a la multitud. Estiró el brazo tomando
las fotos de Reiji.
–¡Ah!... profesor… –el chico que las tenía
en las manos se puso rojo inmediatamente, y algunos empezaron a
escabullirse.
–Estas fotos… ¿de dónde las ha sacado?–preguntó
el hombre subiéndose las gafas con la mayor de las seriedades,
y observando al chico de arriba abajo, acercándose.
Kiri observó la situación, divertido, sin poder evitar
sonreír un poco por el susto que se llevó el chico,
y se aproximó un poco más para escuchar la respuesta.
–Ha... Hay un chico... repartiéndolas. Yo... no las
pedí, él sólo me las dio. No sabía lo
que eran, lo juro –trató de excusarse el estudiante,
al parecer bastante atemorizado con el profesor, mientras que alguno
de los que quedaba seguía el ejemplo de sus compañeros,
escabulléndose también.
–Ah… y ya veo como corrió a informar a un profesor
del suceso. ¿No es así? –le pasó el borde
de las fotos por el cuello, haciéndole levantar la cara con
ellas después –¿Qué estudiante? Si no
sabe el nombre, lléveme a donde estaba… –miró
a Kiri de soslayo, como indicándole que lo acompañara.
–Es que... no sé, va por toda la escuela... –trató
de excusarse el chico de nuevo, echando a caminar luego sin más
remedio, pálido como una hoja de papel, mientras los otros
se quedaban atrás cuchicheando, aliviados porque el profesor
no les hubiese llamado la atención a ellos.
Kiri los siguió, sonriendo un poco maliciosamente, comentando.
–Bueno, creo que ya tenemos al fotógrafo para el anuario
de este año.
–¡Y ustedes! –dijo girándose entonces el
profesor y haciendo que los demás se parasen con la piel
de gallina –Todos al despacho del director y redactan una
redacción para mañana que se titule “¿Por
qué soy tan reprimido?”
–Pero profesor… yo no soy de su clase… –protestó
una de las chicas, que aún analizaba la palabra reprimido
y qué había querido decir el profesor con ello.
–Pues me la trae a mi despacho –sonrió el moreno,
volviéndose después para seguir al chico, preguntándose
ahora si Arai habría dado con Takase antes que ellos. Sonrió
pensando en ello, esperaba por su bien que no…
El chico los guió a través de los pasillos, hasta
llegar a una distancia bastante alejada de donde se encontraba Takase
con uno de sus amigos, hablando con otros chicos y pasando las famosas
fotos, riéndose.
–Allí está –señaló el guía,
como si quisiera salir huyendo ya, y añadiendo no muy sabiamente
–. Yo no tengo que hacer la redacción, ¿verdad?
–Depende… ¿Qué opina de las fotos? –preguntó
el profesor, como analizando una cuestión muy seria, aunque
internamente se estaba divirtiendo. Se ajustó las gafas,
mirando a Takase y pensando en lo poco que iba a durarle la risa.
–Bueno, es que... es que... –el chico se quedó
pensativo y nervioso a la vez, respondiendo por fin lo que se le
ocurría –Es indecoroso porque... no se deberían
traer esas cosas a la escuela y... atenta contra la moral... –continuó,
repitiendo una verborrea de cosas que sin duda le habrían
dicho algunos profesores, pensando que de esa manera se salvaba.
–Pero Reiji... se ve bastante bien, ¿no crees? ¿No
te parece atractivo? –indagó Kiri con una sonrisa casi
angelical en la cara, pensando que de todos modos, el chico había
cometido el error de apilar al profesor Lorenz junto con resto del
personal de la institución.
–No... Bueno, sí, pero es un chico. Yo no soy... Además,
es vergonzoso – continuó, tratando de escabullirse
de esa.
–Redáctala…–dijo sin más el profesor,
caminando hacia Takase –. Ah y vaya al médico, la disfunción
eréctil es un problema que puede tratarse… –añadió,
mirándolo de soslayo con una sonrisa terriblemente amable,
parándose entonces frente a Takase –¿Puedo tener
también un ejemplar de esas fotos que está repartiendo?
–¡¿Eh?! ¡Profesor! No sé de qué
me habla... –el chico inmediatamente escondió las manos
tras la espalda, intentando ocultar la evidencia, incluso intentando
pasárselas a su amigo, que lo miró como si estuviera
loco, dando un paso hacia atrás y despidiéndose con
una mano.
–Bueno, yo tengo clase –sonrió, echando a correr
antes de que le pudiesen decir nada.
Kiri se aprovechó, colocándose detrás de Takase
y sacándole algunas fotos de la mano, mostrándolas.
–¿Cómo que no? Pero si aquí están.
Qué suerte, yo también quería una...
El profesor apoyó una mano en el hombro de Takase, como confortándolo,
aunque en realidad causaba el efecto inverso. Miró a Kiri,
aguantando su sonrisa.
–Se ve… demasiado guapo para ser usted, ¿no cree?
Yo diría que es Kuroda… ¿no piensa eso, Kiri?
Entonces... me pregunto por qué las tiene usted. Y aun más,
¿con qué derecho cree que las está repartiendo?
Estoy deseando oír su explicación, intente balbucear
lo menos posible… –dijo inclinándose un poco
como si fuera a susurrarle.
–Pero profesor, esas fotos... –intentó excusarse
primero, negando que fueran suyas, aunque finalmente tomando el
camino contrario –Reiji... ¡Reiji dejó que se
las tomase! Le pagué, así que... son mías,
¿no?
–Hum, pero no le pagaste para repartirlas, ¿no es así?
No tienes los derechos de distribución –comentó
el rubio, muy serio a pesar de lo que decía, y preguntándose
si le habría pagado por ellas.
–Oh… le pagó. y dado que Reiji no es un modelo.
y usted no es un fotógrafo… que yo sepa me imagino
que se refiere al término prostitución para definirlas,
¿no es así? –los ojos grises de Lorenz se dirigieron
al rubio –Y supongo que esto no fue un acto caritativo para
promocionar a su compañero, ¿verdad? –preguntó
medio reído –Díganos… cuénteme
el motivo que le impulsó a esta tontería, que sin
duda a sus padres no les gustará nada. Y si usa el cerebro
y recapacita, el hecho de que usted haya estado pregonando por la
escuela “Soy gay. Y encima necesito pagar por sexo”
con estas fotos. Imagino que a usted mismo, mucha ilusión…
tampoco le hará.
–No, pero... –el chico dio un paso hacia atrás,
más nervioso, buscando cualquier salida posible por inverosímil
que pareciese –¡Reiji vino a mí! Es su culpa
y... no le pagué con dinero. Y es él quien debería
estar en juicio, es él quien está en las fotos, ¿no?
Se... Se prostituye en el mismo instituto, yo sólo quería
que todos supieran.
–Pues ¿no habría sido mejor poner un letrero
que dijera “Reiji es prostituto, no lo contratéis”?
Porque de esta manera... –Kiri le sonrió de forma sarcástica
–no sé, creo que le subirá la clientela.
–¿Qué? –Dusk miró las fotos que
Arai le extendía, como ensimismado y luego miró a
Reiji –¿Le dejaste que te hiciera fotos? Qué
cagada… –lo rodeó con un brazo, sin saber muy
bien qué hacer, excepto una cosa –Arai…
–Cuando quieras –el moreno se guardó las manos
en los bolsillos, observando a Reiji.
–¿Cómo que cuando quieras? ¿De qué
estáis hablando? –el chico se giró a mirar a
Dusk a los ojos, preocupado, mordiéndose un labio –Dusk,
lo siento. ¿Estás...? Cuando me pagan, ya sabes, les
dejo hacer lo que quieran, es su tiempo. Y... –bajó
la mirada observando las fotos –No me pagó de esa manera,
pero... también estaba colgado, lo admito. Es lo que soy,
Dusk, no sé qué más puedo decirte.
–No estoy cabreado contigo… –el rubio miró
las fotos y le sonrió, aunque se le veía bastante
afectado. Le besó la mejilla, apretándolo contra él
–De todos modos, no puede coger y repartirlas por el instituto.
No tiene derecho a algo así. Sólo porque te lo tirases...
no puede... por muy colgado que estuvieses, coger tus fotos y hacer
esto con ellas –se mordió el labio, lamiéndose
el pendiente que llevaba en este, nervioso. No se podía creer
que con lo contento que venía, le hubieran arruinado el humor
de semejante manera –. Al menos sales bien… auch…
–dijo sonriendo y frotándose el cuello por la colleja
de Arai.
–Reiji, Takase hizo esto para vengarse... –el moreno
lo miró a los ojos, entregándole las que llevaba en
la mano, y con su brazo, chafando la cabeza del rubio contra su
pecho.
Dusk se separó medio asfixiado y le agarró los hombros
a Reiji, mirándolo a los ojos.
–No tiene derecho a hacerte esto… ¿entiendes?
¿Por qué no te cabrea que haga algo así?
Arai se volvió de espaldas, alejándose un poco, sacando
un cigarro y prendiéndolo, tratando de darles intimidad.
Parecía que por fin habían aceptado que no eran sólo
amigos, o más bien, Reiji, porque a Dusk… siempre le
había gustado.
–Porque... es distinto para mí, ¿no lo ves?
No es como que tenga una reputación que cuidar, ya sé
lo que dicen de mí y es cierto en su mayoría. Y...
era de esperar que se vengase, no lo sé –Reiji le pasó
la mano por la mejilla, sonriéndole ligeramente –.
No te metas en problemas por algo como esto.
–No es reputación. Es simplemente que no puede hacer
lo que le dé la gana contigo. Ni él, ni nadie, el
que se ha metido en problemas ha sido él –el rubio
le sujetó la mano con la suya, llevándola a sus labios
para besarle la palma y agarrarla después, apretándola
un poco –. No es necesario que vengas. Iremos Arai y yo –lo
atrajo hacia él, besándole los labios –. Déjame
cuidarte, quiero cuidarte. Tú me cuidas a mí.
El chico no pudo menos que sonreír de sinceramente con aquello,
apretándole la mano de vuelta.
–Gracias, Dusk, no creí que alguien se preocupara así
por mí. Sólo... no te pases, ¿quieres? De verdad,
no quiero que te metas en líos por mí. Tengo que cuidarte,
¿no es así?
–Tranquilo, yo no me enfado fácilmente –le sonrió
mirándolo a los ojos, y le besó los labios superficial
y luego profundamente, acariciándole la mejilla –.
¿Entonces no vienes? Quédate en clase. No quiero que
estés solo, ¿vale? No vayan a venir los niños
de la gallinita ciega de nuevo –sonrió, sintiéndose
alterado. Nunca le había pegado a nadie, pero definitivamente
era a lo que iba.
–No te preocupes, estaré rodeado de gente, iré
a clases y todos se sorprenderán de que no falte a ninguna.
Bueno... hasta que... Ven a buscarme apenas termines –se rascó
la cabeza un poco nervioso por estar hablando de algo así
tan casualmente, y dirigió su mirada al moreno luego –.
Arai, tú cuidas de que no haga nada de lo que se pueda lamentar,
¿vale? Y tú tampoco vayas a hacer algo así
–le advirtió “sutilmente” recordando la
ocasión anterior.
El moreno se volvió, bajándose los auriculares y asintiendo
como si supiera de lo que estaban hablándole, aunque en realidad
no tenía ni idea.
–Eso, tú dile al neandertal que piense, y acabaremos
los dos como el rosario de la aurora. ¡Ay! Coño…
¿ves? Todo lo arregla a golpes, como los cavernícolas.
–¿Que no vas a hacer eso mismo tú ahora? –preguntó
el moreno tirando el cigarro al suelo y entrando en el instituto
en busca de Takase, con los otros tras él.
–Pero esto no es todo, es sólo una cosa –se rió
el rubio, llevando a Reiji por los hombros y besándole la
mejilla como si nada. Era como solía actuar, las cosas no
solían amargarle hasta que ya no quedaba más remedio
–. Reiji es mi novio, somos novios… –anunció
como si fuera noticia de prensa rosa de última hora.
–Lo imaginaba –dijo el moreno sonriendo levemente y
apartándose el cabello al ver a Takase junto a Lorenz y Kiri
a lo lejos en el pasillo. Se acercó, parándose a pocos
pasos de ellos.
–Esto es, señor Takase, un buen ejemplo de la relación
causa efecto… –sonrió el profesor, ajustándose
las gafas y volviéndole la cara hacia quienes venían
por el pasillo.
–¿Qué? ¿Qué quiere decir con eso?
–preguntó Takase mirando a los dos chicos, bastante
atemorizado –Usted es un profesor, ¿no? Esta clase
de cosas...
–Vaya, cualquiera diría que estás asustado –sonrió
Kiri, observándolos también y riéndose internamente
porque el chico pensara que Lorenz lo iba a defender –. Uno
siempre debe estar preparado para aceptar las consecuencias de sus
actos. En caso contrario, no se debe hacer nada de lo que luego
te puedas arrepentir.
–Eh, chicos... Bueno, creo que hasta aquí llego yo,
¿no? –murmuró Reiji, deteniéndose un
poco más atrás de Arai y Dusk. Lo cierto es que lo
admitiese o no, no tenía ganas de ser insultado de aquella
manera de nuevo.
Dusk se detuvo, dejando que Arai siguiera avanzando, y le pasó
la mano por el pelo, besándolo de nuevo. Miró de soslayo
a Takase sin poder evitarlo y abrazó a Reiji, sintiéndose
un tanto alterado, y aún más extrañado de sentirse
así.
Arai simplemente se paró al lado de Takase y lo miró
a los ojos, cogiéndolo por los hombros como si fuera su gran
amigo.
–Vamos a la azotea… hace calor ¿no crees, Kiri?
–preguntó el moreno, mirando al chico y sabiendo que
pese a que ni Dusk hacía falta contra ese, así…
lo amedrentarían más. Eso por no mentar el tranquilizador
aspecto del rubio.
–Las segundas partes nunca fueron buenas… –susurró
el profesor en su oído, sonriendo, y acariciándole
el cabello, dirigiéndose hacia Reiji y Dusk –Vamos
a mi despacho, Reiji. Tengo que hablar contigo de esto, ¿verdad?
Es una suerte que mi despacho quede al lado de la azotea. Los quiero
ver a todos después de las… once y media –dijo
examinando el reloj en su muñeca –. En el recreo, como
habíamos quedado… –añadió, a su
manera, diciéndoles que hicieran lo que creyesen y después
fuesen con él –. De hecho, hace una hora que están
conmigo en el despacho.
Reiji asintió, sujetando la mano de Dusk, susurrándole.
–Te quiero, ten cuidado.
Kiri por su parte, le sonrió a Arai, como si le hubiese propuesto
ir de picnic.
–No puedo pensar en una idea mejor. Nada como un poco de aire
libre para despejar la mente, ¿no, Takase?
–¡Eh... oiga! ¡No me va a dejar así, ¿verdad?!
Este fue el salvaje que me rompió la mano... –se quejó
el otro, obviamente asustado.
–¿De verdad? Yo creí que te había atacado
un grupo... –comentó el rubio, sin poder resistirse.
–Pues para joder la marrana te sobra con una, ¿no?…
–Dusk apretó las mandíbulas, un tanto nervioso,
parado al lado del moreno.
–Y aun así haces esas tonterías… Comience
a pensar en acudir a unas clases de educación especial –sugirió
Lorenz serio, como si fuera una genial idea, tomando a Reiji por
los hombros y acompañándolos un trozo de camino hasta
su despacho –. Les esperamos –dijo haciendo pasar al
moreno delante de él y mirándolos por un momento,
dibujando una sonrisa en los labios antes de cerrar la puerta.
Arai lo arrastró con él hacia la azotea, empujándolo
al interior contra Kiri, y cerrando la puerta a su espalda. Se apoyó
contra ella, mirándolo.
–¿Qué podemos hacer?
–Parece que con hostias no asimila… –el rubio
lo miró alterado.
–No... No pensaréis hacer esto realmente, ¿no?
Ni... Ni siquiera está aquí... Es un cobarde –protestó
Takase, como si aquello fuese a hacer alguna diferencia, pero estaba
haciendo lo que hacía siempre, tratar de escabullirse como
pudiese –. Si Reiji tiene algún problema con esto,
que venga a decírmelo él. La mitad de la escuela lo
ha visto así de todas maneras.
– Hum... No lo sé, creo que si nos dices el número
exacto de gente que lo ha visto, tal vez Dusk te lo haga pagar por
separado, ¿no? –dijo Kiri desde atrás del moreno,
bastante sarcástico –Como sea, no nos gusta subir a
la azotea por gusto, así que incluso si tuvieras razón,
creo que se va a dar.
Dusk miró hacia arriba, parándose delante de él,
y frotándose la nariz después.
–No soporto pegarle a la gente. De hecho, nunca le he pegado
a nadie, y nunca he querido hacerlo… tienes la exclusiva.
Pero es mi novio, y lo quiero… así que tú te
jodes –dijo tremendamente serio mientras metía la mano
entre sus piernas. Le apretó los testículos con todas
sus fuerzas y Arai separó los labios poco a poco hasta no
poder evitar sonreír abiertamente, mirando al suelo y tapándose
los labios mientras se reía.
–¡Ahhhhh! – Takase protestó, inclinándose
sobre sí mismo, y con el rostro casi azul, mientras Kiri
sonreía abiertamente, sin ningún problema en mostrarlo,
sujetando los brazos del moreno hacia atrás. Lo cierto es
que no se hubiera esperado aquello de Dusk, le sorprendía
demasiado como para no hacerle gracia –¿Tu... novio...?
Sí... Tú y todos los demás... –escupió
Takase, soltando su veneno ahora que no veía otra salida.
El rubio retorció la mano entre sus piernas, separándose
y golpeándole con la rodilla en los machacados testículos.
–Eso te habría gustado, ¿verdad? Que fuera tu
novio. Pero no, es MI novio, no el tuyo, ni el de ningún
otro. Si crees que ser el novio de alguien es follárselo…es
triste, pero además… bueno… tú ya no vas
a tener más novios, porque follar no creo que puedas nunca
más. Aunque por si las moscas –le golpeó de
nuevo, esta vez de una patada en el mismo lugar –. Por si
acaso, es que no le deseo tanto mal a nadie…
Arai se acercó, sonriendo y mirando a Takase.
–Qué penoso… –dijo guardándose las
manos en los bolsillos.
–¿Vas a joderlo otra vez? –pregunto Dusk acercándose
un poco –Dime… porque así, ya sabes… no
dejes para mañana lo que puedas hacer hoy.
Kiri lo soltó, dejando que cayera al suelo, arrodillado,
agarrándose los testículos con cara de que se le iban
a salir por la boca con el dolor. Aun así, el chico continuó
insultando, ahora impulsado por el odio y la furia.
–Malditos psicópatas... ugh... como si quisiera una...
mierda como e... sa... de novio... ugh... –escupió
un poco de saliva –un puto... es sólo un puto...
–Yo me callaría si fuera tú... –advirtió
Kiri, pasándose una mano por la quijada, sonriendo de manera
un tanto tenebrosa, y colocándose al frente como si estuviese
a punto de ver un espectáculo.
Dusk se rió un poco, y cada vez más, apartándose
el cabello hacia atrás como solía hacer, alborotándose
los mechones rubios con los rojos.
–Tú nunca te callas. Encima de que eres un cobarde…
y un arrastrado... –antes de que nadie pudiera abrir la boca,
el rubio se tiró encima de él, quitándole la
ropa y desnudándolo. Lo miró sonriendo, y le empujó
la ropa interior dentro de la boca, ensañándose a
puñetazos en cada lugar donde recordaba haber visto un hematoma
en el cuerpo de Reiji. Se rió de nuevo, levantándose
y observándolo –¿Sabes jugar a la gallinita
ciega? –preguntó de pronto –Te levantas y das
varias vueltas sobre ti mismo…
Arai lo miró, poniéndose más que serio, sin
comprender muy bien de qué hablaba, miró a Kiri.
–Kiri, esto…
Dusk levantó a Takase, tirando de él y girándolo
sobre sí mismo, cantando de nuevo aquella cancioncita infantil.
–¿Qué sucede, Arai? –inquirió el
otro rubio, apartando su mirada de Dusk por un momento, también
más que sorprendido con su comportamiento, mientras el rubio
le daba vueltas a un Takase que protestaba, intentando zafarse bastante
mareado y adolorido –¿Tienes idea de por qué
hace eso?
–No lo sé. Sólo sé que él no hace
estas cosas. Dusk, ya basta… –el moreno lo agarró,
y Dusk se soltó de él, empujando a Takase contra el
enrejado.
–Déjame… estamos jugando –dijo sonriendo
de nuevo, aunque de manera extraña –. ¿Verdad,
Takase? Takase quiere jugar –el rubio sacó el mechero
del bolsillo, vaciando el líquido en la ropa interior, y
luego cogió otro en la otra mano, tendiéndole las
dos cerradas a Takase –Escoge una…
El chico negó con la cabeza, haciendo un sonido patético
y lastimero, obviamente muerto de miedo, encogiéndose un
poco contra el enrejado.
– Dusk, estás... ¿seguro de lo que haces? –le
preguntó Kiri, aunque no pensaba hacer algo tan estúpido
como acercarse a alguien así en esos momentos.
El rubio no contestó y extendió las manos hacia Takase
de nuevo.
–Escoge uno o lo escogeré yo… –se rió
un poco como si fuera de lo más divertido –¿Este
o este? Hay uno que es mi preferido, pero te dejo a ti elegir –se
rió, mirándolo a los ojos –. El juego es así.
Me encanta este juego, ¿a ti no?
–Dusk, ya basta –el moreno le sujetó el hombro,
echándolo hacia atrás, y el rubio lo miró a
los ojos fijamente. Arai entrecerró los suyos como si estuviera
viendo mal –. A Reiji no le gustará nada lo que estas
haciendo –dijo tratando de convencerlo como fuera.
–Pero así es el juego, es así…
–Creo que está decidido, ¿no? –Kiri se
encogió de hombros, observando al otro rubio y luego al moreno
de nuevo –A no ser que pienses detenerlo físicamente
–sugirió como diciendo que él no pensaba hacerlo.
Takase permaneció observando las manos y emitiendo aquellos
quejidos lastimeros, lágrimas saliendo de sus ojos, con el
terror de alguien que sabe que su fin está próximo
y aún ruega por que algo lo salve. Finalmente eligió
una mano, de manera temblorosa, esperando que se tratase sólo
de asustarlo para darle una lección.
Arai miró a Kiri y luego al rubio, estaba claro que no estaba
siendo él mismo, estaba como poseído, también
se había sentido así.
–No voy a detenerlo, no sé si entonces eso se podría
volver contra mí o contra él. Si tengo que elegir
quien debe morir… está claro –decidió
mirando a Takase entonces.
El rubio sonrió, cogiendo el mechero. Giró el dedo
en la piedra, que chispeó encendiéndose.
–¡Qué suerte! Escogiste el que funciona…
–se rió prendiendo fuego a los empapados calzoncillos
que se inflamaron inmediatamente. El rubio lo levantó entre
los gritos acallados de Takase, haciéndolo girar sobre sí
mismo de nuevo, cantando y abriendo la puerta de las verjas –Por
aquí… –dijo empujándolo y agarrándole
las manos para que no se cayera. Se las agarró contra el
bordillo, saliendo al lado donde estaban los otros y cerró
la puerta –Cuidado, no te sueltes… que te puedes caer…
–dijo riéndose y agachándose como para verlo
mejor.
–¡Mmmmm! ¡Ugmmmm! –Takase gritaba como podía,
apretando el bordillo desesperadamente, mientras su piel se quemaba,
incendiándose cada vez más a medida que el fuego se
extendía.
Kiri lo observaba extrañamente fascinado, sin poder apartar
la mirada, incluso dando un paso adelante para poder verlo mejor.
Finalmente, los dedos de Takase empezaron a resbalarse, perdiendo
fuerza, y el chico se precipitó al vacío, dejando
un rastro casi hermoso de llamas que se desprendían de su
cuerpo en el aire, girando sobre sí mismas y apagándose
luego.
Arai avanzó hacia allí y abrió levemente la
boca, frenando un suave sonido de sorpresa que sonó mudo
entre sus labios como si no entendiese lo que había sucedido
en realidad, o como si aún no pudiese asimilarlo. Observó
al rubio que se cayó hacia atrás contra el suelo,
totalmente lívido. El moreno lo cogió en brazos, cargándoselo
al hombro y abrió la puerta de la azotea.
–Vámonos… –dijo tan serio como si nada
hubiera sucedido.
–Creo que es lo mejor –contestó Kiri, girándose
lentamente, aún observando el sitio a donde había
estado adherido el chico y siguiéndolos luego –. ¿Dusk?
¿Estás de vuelta? –preguntó sólo
por asegurarse.
–Está… agilipollado –dijo Arai metiéndose
en la sala del profesor, en donde ya estaba también Kinsei,
y lo dejó sobre el sofá acostado –. La hemos
liado… –anunció sin más, observando cómo
Kiri cerraba la puerta.
El profesor levantó una ceja, observándolos.
–¿Liado? ¿Qué le sucede a Dusk? –preguntó,
levantándose para ver que no estaba herido ni mucho menos.
El rubio abrió los ojos, llevándose la mano a la cara.
–¿Qué pasa? ¿Y Takase? –preguntó,
ya que lo último que recordaba era haberle pegado sin parar
–¡¿Y Takase?! –preguntó de nuevo,
alzando la voz hasta que el profesor le tapó la boca con
una mano, llevándose la otra a los labios.
–Shhh… no grite… –dijo sonriendo levemente
y mirando a los chicos –¿Y bien?
–Takase está muerto –sentenció Kiri, observando
a Dusk –. Algo poseyó a Dusk.
–¡¿Qué?! –Reiji se levantó
de donde estaba, abalanzándose hacia donde se encontraba
el rubio –¿Dusk? ¿Es cierto? ¿Estás
bien? –apartó la mano de Lorenz, reaccionando sin pensar
mucho, y abrazando al rubio contra sí con todas sus fuerzas,
temblando un poco.
Kinsei miró a Arai, serio, preocupado, aunque sin atreverse
a acercarse, esperando que el moreno lo hiciera. Se sentía
algo culpable, debía de haberlo acompañado en vez
de ser tan estúpidamente responsable asistiendo a clases
en un momento como ese, pero no había esperado que algo así
sucediera.
–Parece que se le fue la olla como cuando yo fui con Reiji
aquella vez. Primero le… bueno... –Arai sonrió
un poco, tapándose los labios y mirando abajo, pensando que
no era el momento para que le diera por sonreír –.
Le apretó los huevos y se los retorció, porque Takase
dijo que Reiji era el novio de todos y no se qué mierdas.
Hasta ahí me pareció normal, incluso cuando Takase
insistió y Dusk comenzó a pegarle, pero lo demás…
no era Dusk.
–¿Lo demás qué? ¡¿Qué
hice joder?! –el rubio abrazó a Reiji, nervioso, apretándolo
con fuerza –¿Qué carajo hice?
–Cantaba una canción… la de la gallinita ciega…
–dijo el moreno aún mirando a Kinsei, aunque paseando
la mirada ligeramente por Dusk.
–Eso… –el profesor, que había estado hablando
con Reiji de lo sucedido durante la noche, se llevó el dedo
a los labios, acariciándoselos meditabundo.
–¿Eso...? ¿Acaso sucede algo con eso? –Kiri
se sentó en el escritorio, curioso, notando que el profesor
parecía saber algo al respecto.
–Anoche...vimos unos niños... jugaban a eso y... me
lanzaron por la ventana y Dusk... me atrapó... –contestó
Reiji un tanto incoherentemente, abrazando fuertemente a Dusk aún,
ocultando su rostro contra el cabello rubio.
–Sí, eso y... la guija dijo “Mis niños”
Vieron a unos niños allí, los que jugaban. También
mataron, y también los vieron tocar la guija… –evaluó
el profesor, mirando a Kiri y como si el hecho de la muerte de Takase
no tuviera ninguna importancia.
Arai se apartó un poco el pelo.
–Le metiste la ropa interior en la boca. Vaciaste uno de los
mecheros… y después cogiste otro igual y le hiciste
escoger una mano. Cogió la del mechero cargado, prendiste
su ropa y lo dejaste colgando de la fach…
–¡Calla! ¡Calla! –el rubio bajó la
cabeza contra el pecho de Reiji, mordiéndose el labio hasta
hacerse sangre, y notando que le bajaba una lágrima por la
mejilla, desesperado.
El profesor abrió uno de los cajones, y rebuscando, le entregó
a Reiji unas pastillas tranquilizantes y su vaso de agua.
El chico no reaccionó durante unos segundos, apretando a
Dusk contra sí, hasta que finalmente, extendió las
manos tomando lo que le ofrecía el profesor, aunque a juzgar
por su rostro, él también iba a necesitar algo luego.
Pero no ahora, ahora tenía que cuidar de Dusk.
–Toma, Dusk... bébete esto.
El rubio se tomó las pastillas sin dejar de esconder el rostro
en el pecho de Reiji, con las manos y los labios temblorosos. Dejó
el vaso en el suelo, abrazándose al moreno de nuevo y sujetándose
a sus hombros.
–¿Qué vamos a hacer? La policía sabrá
que algo tiene que ver con Reiji… y no es muy normal suicidarse
con un paño ardiendo en la boca… –el moreno miró
al profesor entonces, buscando auxilio.
–Ustedes llevan aquí conmigo desde la segunda hora
en la que la profesora de Kiri nos vio irnos juntos. Después,
un amigo de Takase nos vio junto a él. A mí y a Kiri.
Yo le dije que se lo diríamos a sus padres, etc… ¿Se
volvió loco? –el profesor se encogió de hombros
–No crean que la gente habla tan fácilmente.
–Pero Takase tenía amigos… –dijo el rubio
sin despegarse, apretándose aún más como si
el aroma de Reiji lo confortara.
–Ahora más, todo el mundo es bueno cuando muere –murmuró
el profesor, prendiendo un cigarro –. No hay muchas pruebas,
es una persona carbonizada y aplastada contra el suelo. ¿No?
–Todas las huellas se habrán carbonizado también.
O al menos es lo más probable –asumió Kiri observándolos
–Y a pesar de que todos los otros han sido tachados de accidentes,
lo más probable es que con tantas muertes que han venido
sucediendo, la gente tenga algo de miedo, no querrán involucrarse.
–Yo no estuve cerca de Takase en ningún momento el
día de hoy. He estado en clase todo el tiempo hasta que acudí
a esta reunión –Kinsei se acercó poco a poco
a Arai, participando de la discusión –. No tengo motivo
alguno para mentir. Y por lo que a mí respecta, todos estuvimos
aquí todo este tiempo.
Reiji permaneció sin decir nada, acariciando el cabello de
Dusk, meciéndolo suavemente como si se tratase de un niño
pequeño, simplemente consolándolo.
–Bueno, no creo que se haya carbonizado en tan poco tiempo,
y con tan poco combustible. Tal vez debería de ir a ver…
–el profesor se ajustó las gafas –Veamos…
ustedes dos quédense aquí hasta que Dusk se haya tranquilizado.
Ustedes… vuelvan a clase –dijo a Arai y a Kinsei –.
No, mejor usted vaya a casa. Ir a clase para usted sí sería
sospechoso –se pasó un dedo por los labios de nuevo
–. ¿Dusk, conocía usted a Takase?
–Un poco, como a todos… –murmuró el rubio,
que realmente era como el encargado de las relaciones públicas
del instituto.
–Muy bien, en ese caso si lo ven, está realmente afectado
–dijo a Reiji –. Yo iré a ver qué ha pasado.
Arai le tendió la mano a Kinsei para que fuera con él,
y este tomó su mano tímidamente, un tanto rojo porque
estuviera sonriendo, y apretándola un poco, como diciéndole
que no era el momento para eso.
Pero desde luego, Arai ni siquiera comprendió ese gesto,
y apretó su mano de vuelta, atrayéndolo hacia él
y pasando de todo como siempre.
–¿Te acompaño a clase? –preguntó
saliendo y echando un último vistazo a Dusk. Ahora lo mejor
era dejarlo a solas con Reiji.
Kiri se levantó del escritorio, listo para salir, mientras
que Reiji sólo permaneció abrazando al rubio. De todos
modos, no tenía intenciones de regresar a clases.
Lorenz le pasó la mano a Kiri por los hombros, apenas sujetándolo.
–¿Me acompaña? Por el camino me explica mejor
lo sucedido, a no ser que juzgue necesario volver a su aula.
–No, creo que pueden prescindir de mí por el momento
–contestó el rubio, acompañando al profesor
afuera tranquilamente.

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