.Novela homoerótica para mayores de edad.
 
Capítulo 39

Welcome to Our Nightmare


Reiji apoyó su cabeza contra el hombro del rubio, allí recostados contra la pared como estaban, observando a su alrededor, vigilando mientras tamborileaba un poco con sus dedos sobre el brazo de Dusk.

–Eh, Dusk... ¿tienes miedo? –preguntó para romper el silencio, observando con sospecha la caja donde guardaba el guija, como si fuese a salir algo de allí.

–No. Sí… Estoy acojonado… –se rió un poco, abriendo la lata con una mano y dándole un trago, pasándosela después y poniéndose a liar un porro en el suelo.

–¿No se supone que no debías hacer eso? –Reiji se rió, comprendiéndolo perfectamente. Lo mejor era pasarlo tan bien como pudieran, ¿no? –Yo creo que estamos aquí porque somos irresistiblemente simpáticos. Querrá pasar más tiempo con nosotros.

–Yo creo que sí –el rubio le dio otra calada, pasándoselo a Reiji y riéndose –. Submarino… emporremos al ente, a ver si así se deja de matar y se relaja –se rió, revolviéndose el pelo –. Es como ir de acampada, pero en vez de quemar comida en la hoguera, quemamos hierba –se dejó caer contra la pared, apoyando las manos en los hombros de Reiji, masajeándolo.

–Mmmmm... Eso se siente bien –murmuró el chico riéndose y llevándose el porro a los labios, aspirando profundamente. Así estaría mucho mejor –. La próxima misión será conseguir más hierba.

–Ah… ojalá –el rubio cerró los ojos, echándose hacia delante de nuevo y pegándose a Reiji –. ¿Por qué no me mandan como misión abusar de ti? –se rió, girándolo y tirándolo al suelo bajo él, dejando escapar la risa entre los labios, besándolo después y cogiéndole el porro para darle una calada más –D… u… s… k… a… b… u… s… a… d... e… R… e… i... j… i... –se tiró de frente en el suelo cogiéndolo sobre él –No, guija, te equivocas, es Reiji quien abusa de mí –se rió como si toda esa paranoia fuera real –. Que le mande a Lorenz abusar de Arai –estalló en una carcajada, imaginándoselo –. Ah… qué asco. Tal vez lo convierta en un cavernícola refinado.

Reiji se rió, a pesar del miedo.

–No creo que eso sea posible. Cuando se es cavernícola, se es cavernícola y Lorenz no se abusaría de nadie, créeme. Bueno, quien sabe, puede que tenga gustos raros –se encogió de hombros, riéndose después, inclinándose sobre el rubio para besarlo suavemente –. Y no necesitamos una misión para esto, ¿o sí?

–Hum... no… –el rubio se dejó besar, empujando la lengua en su boca y arrastrando un poco su sexo contra el moreno –Jo… Ya has hecho que se me levante. Así siempre ganarás tus pruebas de abuso –se rió en sus labios, cerrando los ojos y besándolo. Los abrió de nuevo, todo estaba oscuro y abrazó a Reiji contra él –. Dime que no me estoy cagando sólo porque se ha ido la luz…

–No... no te estás cagando sólo porque se ha ido la luz –le susurró justo como quería, y como si el hablar más alto fuera a hacer que los encontrasen –. Pero yo me estoy cagando por todo lo demás.

–Es la inquisición. Nos vienen a buscar por maricones, pervertidos y fumetas. ¡NO! –se levantó, llevándoselo con él y cogiéndolo de la mano –. Voy a probar con el interruptor… –murmuró, encendiendo el mechero que llevaba en el bolsillo. Se quedó parado al notar cómo la luz no sólo alumbraba un pequeño trecho, si no un amplio espacio, más amplio incluso que la misma habitación.

Un hombre de cabello plateado cabalgaba hacia ellos sobre un corcel negro. Inclinó la cara como si lo estuviera flipando, y escuchó relinchar al caballo. El hombre bajaba de la grupa, haciendo restallar las botas metálicas en la piedra, y su capa negra voló hacia arriba, arremolinándose.

Había una mujer pálida de cabello negro y ropa extremadamente blanca arrodillada en el suelo.

–¡Muerte, muerte, muerte!

Se giró, escuchando las voces alrededor, sin encontrar a nadie más que a ellos mismos. Se sacudió en un escalofrío, volviendo la vista a los ojos rojos del hombre, que desenvainó una enorme espada atravesando a la mujer. La sangre comenzó a cubrirla como si ella misma estuviese formada del líquido, y el suelo poco a poco se fue tiñendo de magenta. El hombre clavó su vista en ellos entonces, lanzando la espada al suelo entre los chicos y avanzando.

–Reiji. Estoy flipando una mierda…muy rara… –murmuró el rubio sin poder evitar echarse hacia atrás.

–¿Qué... qué estás flipando...? –preguntó por saber si veía lo mismo que él, luego de echarse hacia atrás junto con Dusk, el corazón queriendo salirse del pecho. El hombre seguía avanzando, su rostro cambiando constantemente los rasgos, como queriendo confundirlos –Lo... ¿Lo ves? –preguntó el moreno, tomando la mano de Dusk y retrocediendo cada vez más, pero no era posible retroceder tanto en aquella habitación.

Por fin el hombre llegó junto a donde se había clavado la espada, tomándola, apuntándolos sin decir nada, haciéndolos retroceder más, mientras se escuchaban aquellos gritos de nuevo.

–¡Muerte! ¡Muerte! ¡Muerte!

Reiji se giró aterrorizado, buscando dar con la puerta, ya sin preocuparse de completar la misión o no, sólo para encontrarse con una multitud tras ellos, clamando por su sangre y acercándose como si pudieran verlos perfectamente a través de los agujeros negros en los que deberían de haber estado sus ojos.

Dusk le apretó la mano, notando que le temblaba terriblemente. Miró a todos lados tratando de encontrar la puerta, pero sólo veía más y más rostros que se arremolinaban en torno a ellos, gritando y clamando por sus vidas. Sentía que el corazón se le quería salir del pecho. Se echó hacia atrás de nuevo, notando la sangre que pese a carecer de lógica, llegaba a sus tobillos, caliente y espesa.

El hombre sonrió de pronto, abriendo una boca inhumanamente grande, riéndose y mirándolos serio de nuevo.

El rubio abrazó a Reiji sin saber qué hacer, agachándose en el suelo y cubriéndolo. De pronto, se hizo un silencio espeso en el que sólo podía escuchar sus propios corazones y el olor de la sangre en el suelo. Un sudor frío bajó por su cuello sin que consiguiese reunir las fuerzas para alzar la vista.

Reiji tembló, aferrándose al rubio, escuchando cómo su propio aliento salía de sus labios, demasiado fuerte para su gusto.
–¡Ah! Dusk... –alzó el rostro para mirar al rubio, intentando levantarse y empezando a hundirse en la sangre, sin poder evitarlo, ahora en la plena oscuridad de nuevo. El líquido subió hasta cubrirlos por completo. Reiji alzó un brazo como intentando asirse al aire mismo, y una mano lo sujetó, alzándolo por la muñeca, sacándolos a ambos de allí, justo en el momento en que las luces se encendían de nuevo.

El chico parpadeó sorprendido, al observar a la persona que acababa de “salvarlos”. Era el profesor Lorenz, cubierto con una especie de túnica con capucha. El hombre sonrió, agachándose para preguntarles.

–¿Están listos? Los estábamos esperando.

Justo en ese momento, varias figuras dieron un paso adelante, retirando las capuchas de sus cabezas, y rodeándolos en un círculo, mostrando los rostros solemnes de Arai, Kinsei y Kiri, como si estuviesen allí para dar inicio a alguna ceremonia.
–¿Listos para qué? –preguntó el rubio entre aliviado y aun más asustado al verlo de aquel modo.

–Listos para la ceremonia, desde luego, ¿para qué si no? –Lorenz dejó escapar una leve sonrisa en sus labios, y la silla que había en la lejanía, se acercó en la negrura a enorme velocidad. Arai lo empujó, sentando en ella al lívido rubio y atándolo con correas de cuero, apretándolo contra la madera, haciendo después lo mismo con Reiji.

–Arai… Arai… ¿Qué pasa, tío? ¿Qué haces? Arai… ¡Arai! –gritó Dusk mirando abajo rojo de furia –. ¿Qué haces tío? ¿Es que no tienes lengua? ¡¿Qué coño haces?! –preguntó desesperado.

El moreno los miró a ambos como si no los conociera y miró luego a Kiri que se acercaba a él.

El rubio lo besó profundamente, como arrastrándose por su piel, y se separó de la boca manchada de sangre del moreno, besando a Reiji de vuelta y empujando la lengua de Arai ensangrentada en su boca.

Reiji se retorció como pudo, con los ojos agrandados por el asco y el horror, intentando liberarse de aquel asqueroso beso, el rubio por fin separándose, permitiéndole escupir la lengua al suelo. La misma se revolcó como si tuviese vida propia, arrastrándose hacia la oscuridad.

El moreno apenas jadeó, sin poder siquiera emitir un sonido por lo que le pareció una eternidad, gritando por fin, moviéndose para todos lados, sin conseguir soltarse de la silla.

–¡Ahhhh! ¡No! ¡Soltadme! –los amarres aun se apretaban más a su piel, casi causándole heridas.

Kinsei entonces dio un paso adelante, despojándose de la túnica, y mostrando su cuerpo desnudo y lleno de laceraciones Se acercó al rubio con un puñal en la mano y se le sentó encima con las piernas abiertas, procediendo a cortarse aún más el pecho, dejando que su sangre cayese sobre Dusk, sonriendo mientras Arai se acercaba por detrás, besándolo, la sangre de su lengua recién cercenada resbalando entre sus labios y bajando por la quijada del moreno.

–Kinsei… Kinsei… escucha… Tú no quieres hacer esto. Para… –el rubio se revolvió en el asiento tratando de desasirse –¡AHH! –no pudo evitar gritar al sentir los amarres apretándolo cada vez más, moviéndose y girando, quemándole la piel –¡Basta! –vociferó, deteniéndose y notando que los amarres se detenían también, aunque no se aflojaban.

Lorenz alzó las manos, recitando palabras en griego, ¿o sería latín? El rubio no los discernía. Ni siquiera podía verlo, sólo podía oírlo a su espalda, sintiendo el olor de la sangre de Kinsei y su cuerpo desnudo sobre él, su sexo reaccionando contra el chico. Echó la cabeza hacia atrás en el asiento, golpeándose contra ella con los ojos cerrados.

–Basta, basta, basta…

El profesor sonrió, cuando del suelo emergieron manos ensangrentadas sujetando a Reiji y envolviéndolo, tocándolo y desgarrando su ropa. Lorenz rodeó a Kiri por detrás, lamiendo su cuello, observando a Reiji y sonriéndole.

Reiji había dejado de revolverse también, al notar lo mismo que el rubio, pero aquello lo estaba tentando demasiado.

–No... no... –suplicaba asustado, aunque por alguna razón, sin poder desviar la mirada del profesor y el rubio que lo observaban enfrente, mientras sentía cómo aquellas manos al parecer sin dueño lo seguían tocando, embarrándolo de sangre, algunas acariciándolo, otras pellizcándolo, halándole el cabello. Intentó girar el rostro para mirar a Dusk, escuchándolo, sin saber qué le sucedía, pero las manos le sostuvieron la cabeza, obligándolo a seguir mirando al frente –. No... ¿qué hacéis? –protestó, sin saber ya si todo aquello era real.

Kiri se arrodilló frente a Dusk de pronto, sujetando su sexo y empezando a lamerlo, mientras las manos envolvían al mismo rubio, acariciándolo. De pronto, el profesor desapareció tras Reiji y lo próximo que supo el moreno fue que alguien colocaba una venda negra sobre sus ojos, impidiéndole la visión.

A su vez, Kinsei rompió aquel ensangrentado beso con Arai, inclinándose sobre Dusk, y besándolo ahora a él, clavando el puñal en la silla, al lado del rostro del rubio y bajando su mano lentamente por su pecho, hacia su sexo.

Dusk se separó de aquel beso, apretando las mandíbulas, sintiendo asqueado el olor de la sangre y el sabor ahora en su boca. Apoyó la cara contra el puñal al sentir las manos de Kinsei en su sexo y apretó los ojos, jadeando y cerrando los dientes con fuerza, repelido por aquel contacto y sin embargo, encendido.

–¡Reiji! –le gritó escuchando su voz jadeante –¡Reiji! –volvió a gritar, tratando de amarrarse a la realidad de algún modo.
Arai arrancó el puñal de la silla con un sólo movimiento, rajándole la mejilla. Apretó la cabeza de Kinsei contra el cuello del rubio, deslizando la cuchilla por la espalda del chico, rozando su columna y abriendo la piel. El rubio se quedó horrorizado, sin poder dejar de mirar y sintiendo cómo el moreno se reía.

–No… –trató de cerrar los ojos sin conseguirlo, demasiado horrorizado para reaccionar –Ahg… –observó entonces cómo el cuchillo se hundía en Kinsei, atravesándolo después repetidas veces. Gritó –¡Basta! –profiriendo alaridos que ni siquiera podía reconocer como suyos.

Arai sujetó el cabello del moreno, sacándolo de encima de él y arrastrándolo por el suelo empapado en sangre y moribundo, hundiéndose en la oscuridad. El rubio se miró el estómago cortado y sangrante, ahora estaba solo, solo en aquella oscuridad, en aquel silencio horrible.

Lorenz deslizó la cinta negra sobre los ojos de Reiji, bajándola por su pecho, envolviendo sus brazos, atándolos con fuerza y lo siguiente que el moreno sintió fue el estar suspendido en el aire boca abajo.

–El sacrificio… –murmuró el profesor simplemente, su voz retumbando en la sala.

Dusk observó al chico que pendía sobre él. Ahora estaba acostado en una cama de hierro forjado, sujeto con amarres de cuero roto y avejentado, se estaba volviendo loco. Se rió un poco desesperado, mirando a Reiji sin saber si estaba vivo o muerto. Alzó la única mano libre que tenía, tocándole la cara.

–Reiji… –preguntó sonriendo y llorando a la vez.

Reiji escuchó la voz del rubio como si proviniese de muy lejos, sin lograr abrir los ojos ni moverse. Se sentía completamente débil, cansado. No tenía fuerzas ni para pensar ya. Escuchó otra voz, más poderosa, más clara, hablándole, pero era un lenguaje que no comprendía. Abrió los ojos por fin, observando sólo la oscuridad de la venda, intentando liberar una de sus manos, para tocar la que lo acariciaba, y sintiendo algo húmedo resbalar por su piel, deslizándose hacia abajo.

–D... –intentó llamarlo, pero sentía la garganta seca.

Una gota negra bajó desde Reiji a los dedos del rubio, extendiéndose por su mano y su brazo, mientras Dusk, incapaz de hacer nada, sujetaba el rostro de Reiji con la mano, temblando contra él.

–Reiji… –sólo podía observarlo sin saber qué hacer. ¿Iban a morir? De ese modo… iban a morir… –Vamos a morir… –susurró sujetando la venda negra que se extendía sobre Reiji abarcándolo cada vez más, como si de la tela de una araña se tratase –¡NO! –el rubio luchó asfixiado contra los cueros, partiendo algunos de los amarres y apartando la masa negra de él, que se deshizo en hormigas que corretearon por su propia piel, por la de Reiji, inundando su boca –No… –el rubio sintió que las lágrimas le caían por las mejillas, desesperado, y de pronto se encontró manoteando el aire, asfixiado por su propia respiración.

Miró alrededor, tratando de bajar de la mesa y cayéndose al suelo. Se levantó como pudo, pasándose la mano por el cabello.

–Reiji… ¡Reiji!

–¿Dusk? ¡Dusk! –de pronto se encontraba libre, aunque aún desnudo y ahora mojado sin saber muy bien la razón. Podía escuchar al rubio, pero no lo veía por ningún lado a pesar de permanecer en el almacén como al principio. Se abrazó a sí mismo, sintiéndose helado por dentro –¡Dusk!

El rubio caminó hacia su voz, nervioso.

–Reiji, te escucho… –murmuró para sí, sonriendo de nuevo, sin saber por qué en realidad. Tal vez no era Reiji, tal vez sólo era… –Reiji… –Dusk lo observó en el fondo de la habitación y echó a correr hacia él, sintiéndose agotado. Se detuvo, observando que seguía a la misma distancia que al principio, y resopló asfixiado por el terror, mirando a su alrededor en la oscuridad –¡Reiji! –gritó por desesperación.

–¡¿Dusk?! Dusk, ¡¿me escuchas?! –gritó Reiji, aún sin verlo, y sin saber si lo que escuchaba era la voz de Dusk llamándolo. Si el rubio lo escuchaba o si sólo lo estaba llamando sin enterarse de que él también lo buscaba. Dio un paso adelante, tanteando con las manos como si estuviera ciego, por si acaso lo sentía, y un trozo de pared cayó, como si se tratase de un telón. A medida que caminaba, más y más trozos de pared caían a su alrededor, revelando tras estos el mismo cuarto, sólo que aquellos pedazos que asomaban ya no se veían abandonados ni sucios.

Dusk se quedó parado de pronto en el medio de la habitación, mirando el suelo de madera barnizada en lugar de la piedra que había. Miró arriba, a los fluorescentes que alumbraban el almacén del gimnasio, los balones apilados, algunas colchonetas...

–Reiji… –de nuevo se movió para correr hacia él, chocando con el moreno como si hubiera estado a su lado todo aquel tiempo. Lo agarró como tratando de asegurarse de que era real.

–Dusk... –Reiji se aferró a él, aliviado de haberlo encontrado y buscando su calor, ya que seguía congelándose, aunque no sabía si era algo físico o si era simplemente por el miedo.

–¿Qué esto? “Demiurgo”–leyó un chico en voz alta mirando la caja en uno de los armarios, pero ellos la habían dejado en el suelo, ¿no?

–¡No la toques! –gritó el rubio viendo cómo se la llevaba con él y sin razonar que aquello no podía ser real.
El chico que llevaba la caja caminó hacia ellos de pronto, atravesándolos y desapareciendo como si no estuviesen allí. Y tal como si de una obra se tratase, apareció de nuevo, acompañado de varios otros chicos, reunidos en un círculo alrededor del tablero de guija, bromeando y riéndose. Incluso parecía que fuese una parodia de ellos mismos.

Poco a poco, las manos de los chicos empezaron a gotear sangre, aunque ellos seguían como si nada, el líquido rojo y espeso, mojando el suelo, manchando el tablero, bajo las manos del que lo manejaba.

Dusk sujetó a Reiji con fuerza, aproximándolo todo lo posible y bajando una mano para tocar al niño, atravesándolo con ella como si nada. Respiró sonoramente, agachándose más y haciendo lo que menos le apetecía en el mundo, puso las manos en el tablero sobre las del niño.

M… u… e… r… t… e

El rubio se quedó congelado, y la luz se apagó de nuevo para que la bombilla en el techo parpadease unos instantes hasta encenderse de nuevo y alumbrar la habitación. Dusk permaneció en el suelo, acuclillado como estaba aún con las manos en el tablero señalando la “e”.

Pero ahora parecían estar de vuelta en su tiempo, o en su realidad, o en lo que fuera, a pesar de que las manchas de sangre continuaban en donde habían estado sentados los otros. Reiji se arrodilló, tomando los brazos del rubio con la idea de apartarlos del tablero, pero en vez de eso, se encontró colocando las manos sobre las de Dusk, como si quisiese guiarlo. El indicador se movió una vez más, deletreando ahora una frase un poco extraña, y sin ningún sentido para el chico.

M... i... s... n... i... ñ... o... s...

–Tus niños. ¿Qué? Joder… –el rubio se quedó parado esperando una respuesta –Tus niños… ¿Qué? ¿Qué niños? ¿Nosotros? ¿Ellos?

M… i… s… n... i… ñ… o… s

Reiji hizo un esfuerzo, tomando por fin las manos del rubio y retirándolas del tablero, que desapareció junto con los rastros de sangre, quedando guardado en donde él mismo lo había dejado, como si jamás se hubiese movido de allí.

–Dusk, abrázame –le pidió, temblando un poco y deseando salir de allí, misión o no misión –. Te amo... –alzó el rostro, aquel frío interior dando paso a un calor innegable, que parecía envolverlo como si estuviese en llamas. Deslizó una mano por el rostro del rubio, besándolo y tumbándolo para colocarse sobre él, perfectamente consciente de lo que hacía, pero sin poder controlarse. La puerta se abrió súbitamente, y escucharon una voz sorprendida.

–¡Chicos! ¿Qué es esto? ¿Qué hacéis aquí?

Reiji moreno dirigió su mirada hacia allí para encontrarse con uno de los del servicio de limpieza a juzgar por su uniforme.
Dusk, que más que aliviarse se había asustado al ver el comportamiento de Reiji tras lo sucedido la otra noche, observó al hombre en el marco de la puerta, carraspeando un poco y pensando a todo meter en más de mil excusas a la vez.

–Pues… ya se ve, ¿no? Es obvio… –carraspeó un poco, buscando un cabeza de turco –El profesor Lorenz nos mandó bajar esas sillas –dijo señalándolas –. Y nos quedamos encerrados, y como nadie nos oía… pues ya ves, ¿no?

Aprovechábamos el tiempo, sí, eso. Tú también lo harías que lo sé… –se rió, levantándose y ayudando a Reiji, palmeándole el hombro al hombre que los miraba alucinado –. Y a ver si limpias esto un poco, guarro, que está lleno de mierda, mira… se lo diré a al profesor Lorenz… jode… Qué vago eres…

–D... Dusk... –Reiji le haló la manga de la camiseta observando al de la limpieza, con los ojos desorbitados de nuevo, aunque había estado ocupado en taparse tras el rubio hasta ese momento –. Mi... mira... –le mostró, señalando al hombre, por cuya boca empezaba a resbalar un hilo de sangre.

El trabajador se llevó la mano al pecho como sorprendido, notándose manchado allí también y alzando los ojos hacia los dos chicos, murmurando.

–Deberíais... ser más amables con... sus mayores... –balbuceó antes de caer al suelo, revelando al chico que habían visto antes con el tablero, llevaba un puñal ensangrentado en la mano, y sonreía como si fuese lo más gracioso que hubiese visto en su vida.

El niño dejo escapar una risa cantarina y el rubio apretó a Reiji contra él, cerrando la puerta de un golpe con el pie y respirando agitado.

–Mierda niño… No me sueltes, ¿eh? Por nada… –dijo apretándolo más, pero la puerta se hizo transparente como si no la hubiera cerrado, a no ser por la manilla, que era lo único visible. El niño miró hacia allí, despidiéndose con una mano. Se giró, dejando caer el cuchillo al suelo, cantando una canción infantil.

El resto de los niños salieron del interior del aula y lo cogieron, tapándole los ojos y cantando mientras lo hacían girar a su alrededor alzando la voz cada vez más fuerte y riendo.

“Gallinita ciega ¿Qué se te ha perdido? Una aguja y un dedal… ¡da tres vueltas y lo encontrarás!”

–¡Encuéntralo! –gritó una de las niñas correteando y riéndose por los pasillos.

El rubio podía observar la escena aún cuando ya habían girado la esquina, como si estuviera siguiéndolos.

–¡Cógeme! –la niña se rió. Los demás corrían tras ellos, riendo también.

–¡Cógela! ¡Cógela! ¡Vamos, cógela!

La niña se subió al borde de la ventana separando las manos y su vestido de encaje flotó en el aire con la brisa de la noche.
–¡Cógeme! –se rió.

Reiji observó cómo el niño se acercaba, persiguiéndola a pesar de los otros, que canturreaban a su alrededor y le daban vueltas para confundirlo, riéndose en su juego infantil, y exhortándolo aún.

–¡Cógela!

Por fin, el niño llegó hasta la ventana, estirando los brazos para sujetar su vestido, haciendo que la niña se riera, gritando una vez más

–¡Cógeme! –antes de lanzarse al vacío, los otros niños riéndose de nuevo, empujando al que llevaba la venda.
El chico se rió también, estirando las manos y subiendo al borde de la ventana para gritar.

–¡Yo gano! –antes de saltar tras ella.

Dusk escuchó el sonido de los cuerpos al caer, y el crujir de huesos al partirse contra el suelo. De pronto se encontró al lado de Reiji, mirando por la ventana, Sachi en el suelo con el cráneo partido en una deforme postura y un vestido de encaje blanco y rosa empapado en sangre, lazos en el pelo. Apartó a Reiji de la visión, él mismo sentía la piel lívida y estaba temblando un poco. Un sudor frío recorría su espina dorsal.

–“Gallinita ciega ¿Qué se te ha perdido? Una aguja y un dedal… ¡Da tres vueltas y lo encontrarás!”

Se encontró de pronto girando, empujado por las manos pequeñas de los niños. Alzó las manos, tratando de soltarse la venda que ahora cubría sus ojos.

–¡Trampa! ¡Trampa!–escuchó las voces infantiles –¡Corre, Reiji, te va a atrapar! ¡Corre!– gritaron riéndose y arrastrando al moreno por las manos hacia la ventana.

–¡No! ¡No, esperad! ¡No! –Reiji intentaba soltarse, pero los niños tiraban de él con una fuerza inusitada para su tamaño, corriendo más rápido. Algunos empujándolo por atrás y gritándole al rubio
–¡Cógelo! ¡Cógelo! –mientras se reían alegremente.

Reiji intentó soltarse, mirando hacia atrás, llamándolo
–¡Dusk! ¡Nooo! –gritó, mientras sentía cómo aquellas manos lo empujaban, lanzándolo al vacío.

El rubio fue empujado hacia la ventana y chocó con algunos de los niños, llevándose las manos a la cara para sacarse la pañoleta, justo cuando escuchaba a Reiji caer, estiró el brazo, tratando de agarrarlo y sujetándole la camiseta, que cedió en sus manos rasgándose aún más.

–¡Reiji! –gritó con la otra mano buscando su brazo y sujetándolo aliviado en cierto modo, sintiendo entonces cómo lo empujaban al exterior.

Podía notar cómo su cuerpo se desprendía hacia el vacío, y se agarró de la parte inferior de la cornisa con una mano, sujetando con la otra a Reiji y haciendo toda la fuerza posible, frotándose la cara contra la roca, rasguñándosela sin conseguir sacarse la venda.

–¡Lo cogió! ¡Lo cogió! –saltó uno de los niños, riéndose desde arriba de la ventana y batiendo palmas.

Reiji alzó la vista, intentando subirse para sujetarse también a la cornisa. Estiró la mano lo más que podía, moviendo los dedos, intentando llegar, sólo para ver cómo aquello desaparecía, haciéndolos caer una vez más, esta vez aterrizando en el centro de aquella habitación de nuevo.

–¡Dusk, Dusk, ya! –abrazó al rubio, viendo cómo aún intentaba quitarse la venda contra el suelo, como si no se hubiera dado cuenta de nada, y desatándola él mismo, la tela desapareciendo en sus manos.

Dusk no dijo nada, sólo lo abrazó, respirando como si le faltase el aire. Se sentó en el suelo atrayéndolo más y apretándolo, haciéndole esconder la cara contra su pecho.

–Ya vale, ya vale, ya vale… –repitió como si fuera un Sutra para detener todo mal.

–Está bien, Dusk. No va a pasar nada, ¿verdad? Sólo nos asustan... Sólo... –el chico se abrazó a él, rogando porque acabase todo aquello. Si lo que buscaban era asustarlos, lo habían logrado, definitivamente.

–Vale… sí. Estoy bien… Estoy de puta madre… –murmuró el rubio, pasándose la mano por la nuca sintiéndola fría y mojada –Sólo eso… pues lo han logrado. Mierda si lo han hecho… –se levantó moviendo los armarios contra una de las esquinas, e hizo pasar a Reiji entre la pared y estos, moviendo otro y encerrándolo, colándose después él dentro como si fuera una barricada y como si aquello fuese a protegerles.

Abrazó al chico entre sus piernas, atándose un brazo al suyo con la chaqueta de Arai.
–Así… –susurró nervioso, mirando hacia arriba, ahora le quemaba la cara de rascarse contra la piedra.

Reiji le pasó la mano libre por las heridas, mirándolo a los ojos.
–¿Cuándo... podremos salir? Lo siento, saltaste detrás de mí... –murmuró, aunque en realidad no era su culpa.

–Cuando venga Arai. Así estaremos seguros… De todos modos… es igual. Dentro o fuera, estamos igual de cagados… es un ente… y claro que salté… –dijo todo seguido.

–¿Cómo... cómo vamos a saber si realmente es Arai? –preguntó, recordando aquello de “la ceremonia” y preguntándose si todo esto había significado algo al fin y al cabo.

–Porque miraremos el reloj y diremos es por la mañana… y después le diré que abra la boca y me enseñe la lengua –sonrió, tratando de animarlo, bastante más tranquilo por su parte ahora que todo parecía normal –. Oye, antes cuando me dijiste eso... antes de que entrara el tipo ese… ¿estabas psycho, no?

–Estaba...Un poco, sí, no podía controlarme... –respondió un rojo, mirando a otro lado, porque no se atrevía a decirle toda la verdad, aunque ni siquiera sabía por qué. Pero sin importar cómo se sintiera físicamente, aquellas palabras habían sido verdaderas.

–Hmm… Bueno… ya me lo imaginaba… –el rubio se apoyó en la pared, sujetándole la mano del brazo que había atado al suyo. Le acarició el pecho con la otra, dibujando su forma –Puedes dormirte, yo te cuido… –dijo en un susurro, poniéndose un tanto rojo y carraspeando –¿Eres mi novio?

–No voy a dormir como en un mes –se rió, aún algo nervioso y seguramente exagerando, aunque en esos momentos, definitivamente no iba a hacerlo –. No... No lo sé. Te quiero, pero...

–Auch… No… Odio los “peros”, Reiji… –el rubio sonrió, tratando de hacer aquello normal y relajarse un poco, besándole la mejilla –, pero quieres que yo te quiera, ¿verdad? Porque… te quiero… y soy insistente. Mucho… mucho… mucho –volvió a reírse un poco, besándole el cuello y apoyando los labios en él, bajando la cabeza –. Acabarás hasta el culo de mí…

–No, tú te hartarás de mí... –sonrió el chico, dejando que su flequillo cayese sobre el otro –Sí, te quiero, Dusk, y quiero que me quieras. Y... lo que dije... era cierto.

–No me hartaré, eso quisieras tú… ¿Por qué me voy a hartar? Me gustas… y mucho, cada vez más –dijo feliz de escuchar que aquello era cierto. Le besó los labios superficialmente, rozando su nariz con la del moreno –. No voy a dejarte solo… a no ser que me eches a patadas –sonrió, pegando la frente a la suya –. No… creo que aún así iba a volver, me has sorbido el seso. Sólo pienso en ti… a todas horas. Es tu culpa por robarme mi primer besito… –se rió por la tontería que había dicho.
–Entonces te hubieras enamorado de cualquiera que te besara primero. Menos mal que gané yo –Reiji también se rió, sin poder evitarlo, tocándole la nuca con la otra mano –. Vivirás eternamente celoso, y te decepcionaré constantemente.

–Tú qué sabrás… calla, bobo. Al final caerás rendido ante mis encantos y los demás hombres serán transparentes para ti… –se rió suavemente –Es broma… –dijo, no fuera a ser que le saltase con alguna de sus paranoias –Además, ya me gustabas de antes, pero no pensé que jamás fuera a tenerte tan cerca. Y nunca me disgustaste… No vas a comenzar a hacerlo ahora. Ya sé lo que haces y aún así te quiero. No tengo motivos para sentirme decepcionado. No sé qué tendrías que hacer para conseguirlo.

Reiji lo miró a los ojos, sonriendo, sinceramente feliz.
–Eres... la persona más maravillosa que conozco. Gracias, Dusk, te quiero –dijo besándolo suavemente en los labios.

–Aish… Ya lo sé. Dímelo más… –se acarició contra él como si fuera un perrito, dándole besitos en el cuello –¡No pienso hacer más acampadas en el instituto!

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