.Novela homoerótica para mayores de edad.
 
Capítulo 38

Whenever I Feel Lonely......

Arai se paró delante de la puerta de la casa mirando la hora, pero no lo iba a hacer entrar por la ventana, eso definitivo.
–Oye… no le hagas caso a mi padre… y… Bueno, tú sólo no hagas caso –apretó las mandíbulas, buscando las llaves en el bolsillo y escuchando quien estaba en la casa, observando que, desgraciadamente, ambos estaban.

–No te preocupes, tengo experiencia en tratar con padres metejones –le sonrió un tanto enternecido por el nerviosismo del moreno. Ni que estuviera con él por sus padres.

–Ya… –el moreno entró en la casa algo nervioso, y le soltó la mano a Kinsei, mirándolo a los ojos como un gesto, pidiéndole que lo comprendiera.

–¡Qué milagro! Ya ni sabía que existías. ¿Has vuelto al hotel? –protestó la mujer con cara de porcino que gritaba desde el salón, apoltronada en uno de los sillones. Se levantó, arrastrando los pies al caminar, y se quedó quieta y roja al notar que iba acompañada –Ah… hola, ¿eres un amigo de Arai? –preguntó extrañada al ver que no era como los chicos con los que solía ver a su hijo –No, ya sé, eras amigo de Sachi, ¿verdad? Claro, pobre chica… –la mujer se metió en la cocina sin esperar contestaciones –¡Arai! Ven aquí un momento.

El moreno suspiró.
–Espera… –entró en la cocina, mirándola a los ojos –¿Qué?

–¿Cómo se te ocurre traer a alguien de fuera sin avisarme? No he comprado nada para cenar… y tu padre…

–¿Acaso iba a cambiar algo que te avisase? –sonrió, mirándola incrédulo –Ya hemos cenado – dijo saliendo de la cocina y volviéndose al ver que lo agarraba.

–A ver de dónde sacas tanto dinero que te gastas en tus mierdas, Arai… –la mujer lo miró, fingiendo preocupación, o tal vez sintiéndola, no estaba muy seguro.

El moreno la miró de vuelta, sin saber qué decir.

–Voy a mi habitación –dijo saliendo y haciéndole a Kinsei un gesto de estar harto.

–¿Y este quien es? ¿Tú quien eres? ¿Un amigo de mi hijo? ¿Eres su novio? Porque mi hijo es maricón, así que no te fíes…
–¡Bunta! Por favor… –la mujer sonrió, como si hubiera sido una broma.

–Vete a la mierda… –el moreno lo miró a los ojos. Sinceramente, le parecía un escombro humano. Se echó a un lado para pasar, y el hombre le empujó el pecho con dos dedos, echándolo hacia atrás sin que el moreno se moviese, mirándolo a los ojos.

–A tu padre no le hables así, ¿me has oído? –dijo el hombre escupiendo al hablar y balbuceando no muy claramente –Eres un inútil…

–Sí, ya lo sé, papá, ahora déjame en paz…

–No me hables así… te digo, chico… –el hombre insistió y Arai miró a otro lado, apretando las mandíbulas avergonzado. El hombre le dio una bofetada, sonriendo un poco –Mira cuando te hablan.

–Kinsei… ¿no quieres ir subiendo al cuarto de Arai? –preguntó la mujer cogiéndolo por la cintura y ya empujándolo.
Arai tomó aire, notando que le temblaba la respiración de lo tenso que estaba. Pensar que podía tirarlo de un puñetazo y estaba aguantando eso. Ya ni siquiera estaba prestando atención a lo que farfullaba.

–Mamá… –dijo el moreno, apretando el puño dentro del pantalón.

–Ya vale, Bunta… deja a los chicos… –dijo empujándolo a la cocina, azorada, mientras el hombre farfullaba insistiendo para salir de nuevo.

Arai le cogió la mano a Kinsei, caminando hacia la habitación y mirando al suelo.

El chico se dejó llevar por no darle problemas a Arai, aunque estaba rojo, tanto de la vergüenza como de la furia. ¿Cómo era posible que lo tratasen así? Y él que creía que sus padres eran insoportables. Lo cierto es que tenía ganas de regresar y decirles más de cuatro cosas. No, más de cien, la verdad. Pero en vez de eso esperó a que el moreno cerrara la puerta de su habitación tras ellos, para besarlo profundamente.

Arai abrió los ojos de pronto, un tanto sorprendido por aquello, dejando caer la mochila de su mano y echando un brazo atrás para correr el pestillo. Le pasó la mano por el pelo, acariciándole la nuca e inclinando la cabeza un poco, empujando su lengua contra la de Kinsei. Se separó un poco, besándole los labios y después el cuello, arrastrando los labios con fuerza contra él y acariciándolos después con su oreja.

–Lo siento… –susurró avergonzado y humillado, hundiendo la nariz en su cabello.

–No digas eso, no es tu culpa –le respondió de manera un tanto brusca por el enfado, aunque entrecerrando los ojos, llevado por las caricias de Arai, y pasándole los dedos por la mejilla en donde su padre lo había abofeteado.

–Es igual, no debí invitarte… –sonrió levemente porque estuviese enfadado, aunque sin querer delatarle, y echó la cabeza hacia atrás, apoyándola contra la madera y mirándolo serio –Pero quería estar contigo… sin preocuparme de si iba a venir alguien –apretó las mandíbulas, sintiendo el cabello sobre sus ojos de nuevo. Deslizó las manos por su cintura, colándolas bajo su camiseta, acariciándolo. Alzó una rodilla rozándola entre las de Kinsei y observándolo fijamente.

–No importa, estoy feliz de haber venido... –confesó aún rojo y subiendo sus manos para apartarle el cabello de los ojos, reprimiendo un poco cómo se sentía por vergüenza, y bajando la mirada, abrazándose a él para que no lo estuviera mirando, susurrando –. En lo que a mí respecta, pase lo que pase, sólo somos tú y yo en este momento.

El moreno sonrió levemente al notar cómo se escondía, y desvió una mano desde su espalda a sus nalgas, acariciándolas sobre los jeans y tomándolas entonces con ambas manos. Lo subió a lo largo de su pierna para pegarlo más, rozándolo contra ella. Sin detenerse un momento, bajó la cara buscando su cuello, besándolo y lamiéndolo, respirando con fuerza contra su piel.

El chico dejó escapar un gemido, sintiendo que lo recorría un escalofrío con tanta caricia. Padeciendo algo de vergüenza aún de que se fuera a excitar demasiado rápido y Arai fuese a pensar que era un pervertido o algo así.

–Tengo... Estoy nervioso –se corrigió, ya que eso de decir “tengo miedo” le parecía digno de un crío.

–Tranquilo. Si algo te desagrada, sólo dímelo –susurró el moreno, dejando salir la voz algo más suavizada por la excitación. Bajó la pierna, echándose un poco hacia atrás y sacándose la camiseta, mirándolo a los ojos como esperando a que hiciera lo mismo, finalmente levantándosela él mismo para quitársela. Lo observó, apretando un poco las mandíbulas, excitado –. ¿Quieres ir a la cama?

Kinsei asintió, sin atreverse a decirlo, sonriendo un poco y siguiéndolo hasta el colchón, acostándose boca abajo por esconderse un poco, aunque en realidad deseaba besarlo. Ahora ni sabía por qué actuaba tan estúpidamente, si él mismo le había pedido que lo hiciera, tenía ganas de abofetearse a sí mismo. Se quitó el pantalón como cabreado, sólo por llevarle la contraria a su propia inseguridad.

Arai se arrodilló, deslizando una pierna entre las de Kinsei, apartándole el pantalón a un lado y besándole la espalda, lo volvió de frente por los hombros.

–Así mejor… –susurró contra sus labios antes de besarlo profundamente y deslizar los dedos por sus pezones, acariciándolos y sosteniendo uno entre dos dedos, jugando con él, lamiéndole los labios, excitado. Se apartó un poco mirándolo y jugando con su lengua fuera de la boca contra la del moreno.

–Ah... –Kinsei dejó escapar otro gemido, sintiendo cómo su pezón reaccionaba, endureciéndose y enviándole estremecimientos placenteros por todo el cuerpo, totalmente consciente de que eso no era lo único que estaba funcionando.
Se movió bajo Arai, rozando su lengua con la suya, mirándolo a los ojos por un momento, ávido, más empujado por el deseo que por cualquier otra cosa, rodeando su cuello con una mano.

Arai sintió una quemazón entre las piernas, al notar su mirada y bajó profundizando en su boca de nuevo, deslizando la otra mano hasta su sexo para acariciarlo sobre la ropa y apoyándose con una mano al lado de la cara de Kinsei. Con la otra le alzó un poco las caderas, desnudándolo. Respiró con fuerza sobre sus labios, sosteniendo sus testículos y subiendo la mano por su sexo, sujetándolo con firmeza y notando el calor y la inflamación en el mismo.

Sentía como su propio sexo se apretaba contra los botones de los jeans, pero no hizo nada por liberarlo, no quería dejar aquello.

El chico jadeaba encendido, sin apartar la mirada, aunque rojo, jamás se había sentido así antes, no de esa manera. Se mordió un labio, moviéndose bajo las manos de Arai, y pasando las suyas por su espalda, acariciando su piel desnuda, rodeando su abdomen, y apenas atreviéndose a bajar una un poco por entre los jeans y la piel.

–Espera… –el moreno se levantó recorriéndolo con la vista y se lamió el labio inferior humedeciéndoselo, sentía la boca seca por los nervios. Se desabrochó los pantalones, cogiendo la botella de agua de al lado de la cama para beber un poco antes de dejarla a un lado de nuevo, y desprendiéndose de ellos, dejándose sin embargo la ropa interior por no cohibirlo más. Se acostó sobre él otra vez, sosteniéndose con una mano y besándole el pecho. Tomó su sexo una vez más, moviendo la mano contra él y cogió la del moreno, apoyándola contra su propio sexo sobre la tela y besándolo, mientras le apartaba el flequillo de la cara, rozándole con el suyo.

Kinsei pasó los dedos por encima de la tela, sintiendo el contorno del sexo del moreno y acariciando luego con más confianza, con aquel calor bajo su tacto, entreabriendo los labios, sin poder evitar que se le escapasen algunos gemidos, su propio sexo pulsando. Le pasó su otra mano a Arai por el cabello, echando la cabeza hacia atrás, mirando el techo.

Arai deslizó las manos por su cuerpo, bajando por el mismo, besándolo hasta llegar a su sexo, apreciando el aroma intenso de su piel. Arrastró los labios hasta sus testículos, empujándolos al interior de su boca, lamiéndolos y sosteniendo sus piernas para separarlas.

–Ah... –Kinsei cerró los ojos, estremeciéndose, dejando que la cabeza del moreno se deslizara bajo su mano, y llevándose la otra a los labios, lamiéndola como si así pudiese probar el sabor del otro, bastante perdido en sus sensaciones como para preocuparse por el momento de lo que estaba pasando.

Arai alzó la vista, observándolo mientras deslizaba la lengua por su sexo, empapándolo. Lo envolvió con ella, deslizando las manos bajo sus nalgas, apretándolas y alzándolo para empujar el sexo del chico dentro de su garganta. Se separó un poco, jadeando y moviendo la mano de nuevo sobre él, deslizándola por la piel mojada. Lo dejó bajar sobre el colchón, mirándolo encendido mientras bajaba la ropa interior, desprendiéndose de ella y acostándose sobre Kinsei, abrazándolo y empujando su sexo contra el suyo a la vez que lo besaba.

–Te quiero... –le susurró el chico, dejando salir su aliento caliente, que se mezclaba con el del moreno, deslizando la lengua dentro de su boca luego, mientras se movía con algo de urgencia contra su sexo, sintiendo que cada roce le quemaba.

–Te quiero –repitió Arai abrazándolo con fuerza y volteándose en la cama para subirlo sobre él, deslizando las manos por su espalda y acariciando sus nalgas. Las apretó con fuerza, respirando algo entrecortado por la excitación, acariciando la entrada del chico con dos dedos y empujándola un poco para sentir su piel tensa contra ellos –. ¿Quieres probar esto? –preguntó buscando su mirada.

Kinsei lo miró rojo, y con el corazón a mil, lamiéndose un labio, ahora sí, nervioso, aunque asintiendo finalmente.

–Ya... te dije que quiero que lo hagas... –se agachó, abrazándolo y mirándolo de nuevo de pronto, exclamando –¡Pero...! No... nada –bajó el rostro rojo de nuevo, ocultándose un poco entre su cabello y el hombro del moreno.

–¿Pero…? –preguntó el moreno sonriendo levemente mientras se aguantaba la risa, mordiéndose el labio y alzándole el rostro para verlo –Dime… –le pidió acariciándole la mejilla –No tenemos que hacerlo ahora, tenemos toda la vida… –repasó sus labios con la yema del dedo –No iba a hacer eso.

–No, no es eso, es sólo que... –bajó el rostro un poco, dejando que el flequillo le cubriese los ojos a pesar de no esconderse totalmente –Iba a pedirte que lo hicieras con cuidado, pero parece algo de nena.

–No voy a hacerte daño. Es normal que estés asustado –aseguró, llevándose los dedos a los labios y lamiéndoselos, mientras lo miraba a los ojos. Los deslizó sobre los de Kinsei, humedeciéndolos y empujándolos contra su lengua, sujetándola entre ellos y entrecerrando un poco los ojos.

El chico cerró los labios alrededor de estos, succionándolos con lentitud, observándolo ahora, paseando su mirada por cada uno de los rasgos del moreno, moviendo la lengua entre sus dedos, mientras empezaba a moverse de nuevo sobre el moreno.

Arai entreabrió los labios, dejando escapar un leve jadeo entre estos, saliendo de su boca y deslizándolos entre sus nalgas hasta su entrada, humedeciéndola y apoyando uno de ellos contra esta, empujándolo a su interior y moviéndolo lentamente dentro de él, antes de empujarlo un poco más y repetir lo mismo, moviéndolo en círculos dentro de él.

Kinsei apretó los dientes, sintiendo el ligero dolor y sujetándose a los hombros del moreno, aunque recordando relajarse, poco a poco cediendo la presión, jadeando sobre el rostro de Arai.

–Ya está… –el moreno lo miró, sintiéndose arder y notando el aliento caliente en sus labios. Deslizó el dedo de dentro hacia afuera de su cuerpo, alzando más las caderas para sentir su sexo más presionado contra el de Kinsei, y se volvió de medio lado, abrazándolo y poniéndose al contrario. Le separó las piernas, subiendo una por encima de él y lamiendo la piel caliente del chico, empujando la lengua en su interior y separándole las nalgas.

Se echó un poco hacia delante, rozando su sexo contra su rostro.

Kinsei se estremeció de nuevo al sentir el contacto, moviendo un poco la cara, casi acariciándose con el inflamado sexo, antes de introducirlo en su boca, succionando y lamiéndolo, saboreándolo. Por una parte, deseaba que lo poseyera de una vez, y por la otra, que aquello no acabara nunca.

Arai apretó las mandíbulas aguantándose las muestras de placer y miró hacia abajo un momento, observándolo y sintiendo que su cuerpo se convulsionaba débilmente. Empujó el sexo del chico de nuevo dentro de su boca y se movió en la misma como si estuviera penetrándolo, sólo que lentamente, metiendo los dedos otra vez entre sus nalgas.

–Mmm... –el chico gimió contra su sexo, ahora sintiendo placer más que incomodidad, empezando a succionar con más rapidez, a la vez que la respiración salía pesada por su nariz.

–Espera… –el moreno lo detuvo, apartándose y levantándose, tendiéndole una mano –Ven… –le llamó, encendiendo la cadena musical con la otra mano y alzando el volumen por si acaso, sonriendo levemente y mirando hacia otro lado –. Quiero hacerte el amor.

Kinsei lo miró confundido, aunque aceptando la mano y poniéndose de pie.

–¿No... es eso lo que hacíamos? ¿Lo estoy haciendo mal? Ya sé, voy muy rápido, ¿verdad? –indagó, con la respiración entrecortada y molesto consigo mismo, porque a pesar de todo, estaba intentando aguantarse. Se pasó una mano por su propio sexo, comprobando que estaba tan inflamado como debía estar, y produciéndose a sí mismo un estremecimiento sin querer.

–No, lo haces muy bien… –el moreno sonrió un poco, mirando hacia abajo y abrazándolo. Se giró a su espalda, acariciando su cuello y besándoselo para que lo inclinara. Lo echó adelante y le sujetó las manos apoyándoselas en la puerta –. Si no, no puedo tocarte bien… –explicó detrás de él, separándole las piernas con las manos y agachándose un momento a lamer su entrada una vez más, antes de pegarse a él, colocando su sexo en la entrada de chico y separando sus nalgas con suavidad. Lo abrazó, penetrándolo de una vez y sintiendo su cuerpo vibrar por el placer –. Te quieroh… –lo apretó aun más entre sus brazos, besándole la nuca, y tomando su sexo con una mano, moviéndola sobre él –. Me encanta tu cuerpo, Kinsei… tus ojos…tus labios. Eres precioso… Te amo…

Kinsei gemía, ignorando el dolor que ya iba dando paso al placer intenso, y sonrojándose con esas palabras, casi empujando la puerta más que sosteniéndose.

–Yo... también... tu cuerpo... ¡Ah!... mm... –cerró los ojos sin girarse, pensando en el cuerpo tan atractivo de Arai, en sus piernas, en sus brazos cuando lo rodeaban... Bajó la mirada, observando cómo contrastaba ese mismo brazo contra su abdomen, aquella mano acariciando su sexo. Extendió la suya sobre la superficie de madera, gimiendo más alto –Ah... ¡Arai!... –exclamó, corriéndose contra la misma sin poder contenerse más.

–Kinsei… –lo llamó el moreno, jadeando al sentir cómo se derramaba sobre su mano y observando cómo el líquido blanquecino bajaba por la madera. Gimió un poco, volviéndolo de frente a él y tomándolo en brazos, moviéndolo sobre su cuerpo. No se había esperado que se corriese con tanta rapidez. Se apoyó contra la pared apretándolo contra él y moviéndolo con urgencia –. Lo siento… –dijo por seguir con aquello cuando el moreno ya se había corrido.

–No... lo sientas –contestó Kinsei, jadeando y abrazándose a él, aunque ni sabía por qué se disculpaba –. Te amo, bésame... cuando te corras, por favor...

El moreno echó la cabeza hacia atrás, haciendo fuerza con los brazos. Jadeó con fuerza, besándolo entonces y separándose un poco.

–Ah… –apretó las mandíbulas, retomando el beso, jadeando dentro de su boca y sintiendo cómo se derramaba en su interior.

Se dejó caer al suelo, le temblaban las piernas, dormidas por el cansancio, y lo abrazó sobre ellas, rompiendo el beso por fin para sujetar su rostro, cobijándolo en su pecho a pesar de estar un tanto sudoroso.

–Lo siento, peso mucho... –murmuró el chico, besándole el pecho varias veces, con los ojos cerrados. No podía creerlo, era como si toda la tensión que sentía se hubiese esfumado de golpe.

–No pesas nada… –el moreno sonrió levemente sin dejar de acariciarlo y echó la cabeza hacia atrás, apartándose el cabello húmedo del rostro. Lo tomó en brazos, levantándose a pesar de estar cansado y acostándolo en la cama.

Bebió de la botella de nuevo y se pasó la mano por la frente. Acostándose a su lado y abrazándolo antes de apagar la música, escuchando su respiración como si fuera lo más hermoso que jamás hubiera sentido. Lo miró, deslizando un dedo por el puente de su nariz hasta sus labios.

–Ahora me siento muy bien –susurró acariciándole el cuello y cerrando los ojos –. Cuando me sienta solo, pensaré en ti para poder sentirme bien de nuevo. Protégeme, yo te protegeré a ti.

–Así será... –respondió Kinsei, sonriendo feliz, y dejándose acariciar –Haré lo que pueda para que no vuelvas a sentirte solo, porque quiero verte sonreír. Incluso si sólo te estás metiendo conmigo.

–No me meto contigo… –respondió el moreno pese que a veces sí lo hacía, y sonrió levemente abrazándolo más y tapándose bajo las sábanas. Se hundió un poco más en la cama arrastrándolo con él.

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