Capítulo
31
I Know What you Want
Reiji se dejó caer sobre la cama de Dusk, llevándose
una mano a la frente y revisando en sus pantalones para ver si había
llevado algo, lo necesitaba más que nunca. Al final habían
terminado dirigiéndose hacia allí, ya que ambos se
sentían más seguros en la casa del rubio.
–¿No te molesta que me quede aquí de nuevo,
verdad? Un poco más y me mudo –bromeó, a pesar
de que aún estaba bastante agitado por dentro.
–No, porque si no, te habría perseguido hasta tu casa,
yo no me quedo solo hoy, ni loco… –el rubio se rió
un poco en la cocina, llevándose el vaso de leche a los labios.
Sonrió luego, tratando de parecer normal, pero estaba asustado,
no era para menos –. Además… ¡estoy enamorado
de ti! –le gritó desde allí –Quiero verte
a todas horas –se rió de nuevo, bebiendo después
un vaso de zumo –. ¿Quieres algo?
–No, estoy bien, gracias –le contestó, riéndose
por su declaración, y procediendo a efectuar su “ceremonia”
con aquel polvo blanco. Sabía que era algo peligroso hacerlo
tan seguido, pero no se aguantaba, necesitaba tranquilizarse como
fuese, y dudaba que un porro o una taza de té fueran a causar
el mismo efecto.
Dusk se acostó a su lado, observándolo y pensando
que ya había tomado antes de ir al almacén.
–¿No te pasas con eso? Yo no tengo ni idea, y no es
mi problema, ¿pero no te estarás pasando? Mira que
no quiero encontrar un cadáver espumoso a mi lado mañana.
Reiji lo miró, sonriendo un poco, enternecido de que se preocupase
por él y guardando la bolsita por fin.
–Lo siento, es sólo que... lo necesito. Vale, si me
muero, procuraré no echar espuma por la boca al menos –bromeó
de manera un tanto macabra, aunque no era su intención –.
Disculpa, estoy algo alterado –se excusó, dejándose
caer de nuevo sobre el colchón.
–Al menos muere como viviste… macizo –Dusk se
rió, encendiendo la televisión como siempre, y buscando
un canal que sabía que retransmitía programas sobre
skateboard a esas horas de la noche. Se apoyó en un codo,
mirándolo y recostándose a su lado. Ya debía
de hacer unos días que no se acostaba con nadie y comenzaría
a necesitar dinero si se le acababa la droga, se estaba poniendo
nervioso de sólo pensarlo. Finalmente, se levantó
como en un arranque, para meterse en la cocina y rebuscar en los
cajones de los cubiertos.
Reiji se recostó de lado, preguntándose a donde habría
ido el rubio y por qué tanta urgencia de pronto, y pensando
en que tal vez estaba nervioso. Ya era bastante hiperactivo cuando
estaba normal, y a lo mejor le daba peor si se sentía asustado.
Extendió una mano, planteándose el seguirlo, pero
se sentía un poco atontado, como adormecido.
Dusk volvió un tanto rojo, y se sentó con las piernas
cruzadas en el colchón, frotándose la nariz con una
mano y mirando abajo. Le mostró los billetes que ahorraba
de lo que le iba sobrando de la manutención de su tía
de aquel mes.
–Toma… para que no tengas que… bueno –miró
a otro lado y al suelo de nuevo, bajando la cabeza y metiendo los
dedos entre su cabello pajizo.
Reiji entreabrió los ojos, observando los billetes y sonriendo,
irguiéndose un poco.
–No hagas eso, Dusk, es tu dinero...Y ya te dije que a ti
no pensaba cobrarte, ¿no?
El rubio carraspeó un poco.
–No quiero que hagas nada a cambio, sólo que te lo
quedes. Bueno, sí… –se rió un poco, aunque
sólo por los nervios –Querría que no te acostases
con otros. Es… es algo válido también, ¿no?
El caso es que tienes el dinero, ¿verdad? Es lo que quieres…
–Cierto, es lo que quiero... el dinero –le respondió,
arrastrando un poco las palabras, y acercándose más
a él –. ¿Aún no lo comprendes, Dusk?
Esto es lo que soy, esto es lo que hago. ¿Estás enamorado
de mí? –estiró una mano, tocando el sexo del
rubio de repente, pegándose más a él –¿Sabes
con cuantos me he acostado? ¿Sabes las cosas que he hecho
por dinero? Tal vez... si me pagas lo suficiente diré que
te amo también. Abriré mis piernas para ti, haré
todo lo que me pidas y... diré que te amo.
–Yo no quiero eso… –Dusk le agarró la mano,
apartándola a su pierna sin levantar la cabeza –¡No
todo se arregla tocándome la polla! ¡No conmigo! –se
revolvió el cabello con la otra mano, jugando con el pendiente
que llevaba en el labio, mordiéndolo –Estoy enamorado
de ti, ¿con cuantos te has acostado? No te acuerdas, ¿verdad?
Y a mí me da igual… Sólo me importa con cuantos
te vas a acostar. ¿Qué cosas has hecho? Si quieres
decírmelas, hazlo, y si no, no lo hagas. No me importa…Te
va a dar igual lo que diga, ¿verdad? –dijo aún
sin mirarlo siquiera.
–Todo... lo que puedas pensar, lo he hecho. Siempre y cuando
la paga sea buena, los dejo hacer lo que deseen con mi cuerpo, y
aún cuando la paga no es buena... –Reiji continuó,
riéndose un poco, como si el rubio no le hubiese hecho ninguna
pregunta, empezando a quitarse la ropa de pronto –. Tengo
un cuerpo sucio, una boca sucia y un corazón... Eh, Dusk,
¿crees que tengo corazón? ¿O sólo quieres
lo que todos quieren? Yo sé lo que quieres... –susurró,
dejándose caer boca abajo sobre la cama, retorciéndose
contra esta de forma obscena.
Dusk abrió los ojos, mirándolo con la respiración
un tanto pesada, entreabriendo los labios y apretando las mandíbulas
sin poder apartar la vista de él.
–¡Claro que te deseo! Estoy enamorado de ti. ¿Por
qué no quieres creerme? –todo lo que decía,
lo que hacía, parecía que trataba de dañarlo
–Ya basta, Reiji. No quiero… –lo agarró
por debajo de los brazos, atrayéndolo contra él y
abrazándolo –No quiero eso –dijo, aunque pese
a todo, su sexo estaba firme bajo la tela de sus pantalones y lo
sentía pulsar caliente.
–¿No quieres? Pero puedo sentirlo –murmuró
el chico, respirando agitado, apretándose contra el sexo
erguido del rubio –. ¿Es esto con lo que me amas tanto?
Amor, amor... –canturreó, riendo pérfidamente,
y clavándole un poco las uñas en la espalda –¿No
empiezas a odiarme? ¿No deseas silenciarme? Hazlo, Dusk,
lastímame, destrúyeme. No valgo nada, no soy nada.
Sólo soy una putita con clase –finalizó, riéndose
nuevamente.
–¡Para ya! –el rubio le gritó, apretándole
los hombros para separarlo de él, mirando al colchón.
Jadeó angustiado, estaba nervioso, incluso sudaba y no sabía
qué hacer. ¿Por qué? ¿Por qué
estaba pasando eso? ¿Realmente era así? ¿Todo
lo demás había sido un juego? Se rió un poco,
más bien por desesperación. Tal vez aquel comportamiento
era por culpa de las drogas –Dormiré en el baño…
–dijo separándose de él y levantándose
–Tú… descansa y tápate. Sí, eso…
–cogió la manta de rayas, tapándolo con ella
y frotándose la nariz de nuevo –Mañana te sentirás
mejor.
–No, no lo haré... –murmuró el moreno
entrecerrando los ojos, como si de pronto todas las fuerzas lo hubieran
abandonado.
Dusk lo miró sin saber qué hacer, y se apretó
la lana del jersey con la mano izquierda, volviendo a su lado y
arrodillándose frente a él.
–¿Quieres ir a un médico, Reiji?
–¿Eh? ¿Por qué querría ir a un
médico? –preguntó, abriendo los ojos de nuevo
sin entenderlo.
–Porque creo que te has pasado un poco con eso hoy –el
rubio se revolvió un poco el pelo, mirando sus rodillas desnudas
–. Yo… –le pasó las manos a lo largo de
las piernas, apoyando la frente en sus rodillas y sujetándole
la cintura –No vas a conseguir que me aleje sólo con
eso. Vas a tener que esforzarte más… –sonrió
necio, aunque sentía los ojos aguados. Lo estaba pasando
fatal, y más después de lo ocurrido por la noche.
–¿De qué hablas, Dusk? Yo... Yo no quiero que
te alejes. Sólo... –le sujetó el rostro, mirándolo
a los ojos, notando que estaban aguados. ¿Tan preocupado
estaba por él? –Lo siento si te asusté, ya sé
que usé más de la cuenta, pero... estoy bien, ¿ves?
Sólo... debo haberme quedado dormido, es todo, a veces pasa
–le sonrió, atrayéndolo hacia la cama por una
mano –. ¿Y qué haces tan lejos? Al menos, vigílame
el sueño.
El rubio lo miró desencajado, sin saber a qué atenerse.
–Pero las cosas que dijiste… Es igual –se recostó
a su lado, metiendo una mano bajo la almohada y llevándoselo
con él, rodeándolo con la otra y acariciándole
una mejilla. Le miraba al pecho para no hacerlo a los ojos –.
Yo no quiero eso –insistió, mirando los billetes anudados
y guardándoselos en el pantalón.
Reiji parpadeó confundido, alzándole el rostro de
todas maneras.
–¿Yo dije algo? –sonrió de nuevo, abrazándose
a él –No prestes atención, seguro que hablaba
en sueños. Quien sabe lo que soñaría –luego
de lo que había sucedido, no le extrañaría
haber tenido pesadillas.
–Sí, en sueños… –el rubio apretó
las mandíbulas sin saber muy bien en qué pensar, pero
comenzaban a hacerse ideas extrañas en su cabeza, incluso
más extrañas de lo habitual en él –.
¿Por qué estás desnudo? ¿Lo sabes?
–¿No lo hiciste tú? Creí que a lo mejor
pensabas que tenía fiebre o algo así. O... –le
tocó a nariz con un dedo, bromeando –tal vez tratabas
de aprovecharte mientras estaba inconsciente.
–Bobo… –el rubio no se pudo aguantar la risa,
y decidió achacar lo sucedido a la heroína, porque
en su mente era lo que prefería creer –Tú te
desnudaste solo, estúpido… –se rió de
nuevo, abrazándolo –¡Duérmete! –apagó
la tele –Y a mí no me gusta aprovecharme de personas
que no se mueven. No tiene gracia.
–Y entonces, ¿por qué te ríes? –le
contestó, riéndose él también –Ya,
sólo bromeaba. Debo haber usado demasiada, nunca había
hecho algo así –murmuró, cerrando los ojos,
y recostándose más contra el rubio.
–¡Me río porque soy bobo! –se rió,
mirándolo y revolviéndole el pelo –Aun así,
sigo enamorado, enamorado… creo que es una canción
de Chayanne –se rió todavía más, pegándolo
a él y apagando la luz. Besándolo en la oscuridad
–. Buenas noches.
–Buenas noches, bobo –sonrió el moreno entre
sus brazos, ya relajado.

Sigue Leyendo
|