.Novela homoerótica para mayores de edad.
 
Capítulo 27

Harder, Faster

Arai se había levantado sin despertar a Kinsei, y había salido por la ventana hacía al menos ya unos veinte minutos, no quería darle problemas con sus padres. Ahora esperaba sentado en la puerta del instituto tal y como había acordado con Reiji.
Subió el volumen de los auriculares al escuchar cómo la gente parloteaba a su alrededor sobre los recientes suicidios, todos de chicos de la misma clase, que además eran amigos. Sonrió de medio lado, negando con la cabeza.

–Eh, Reiji… aún me gustas –Dusk se colgó de su cuello, abrazándolo y besándole la mejilla –. No me estás haciendo caso... ¡Hola! –le dijo entonces al moreno, pegándole una patada en la pierna de buenos días.

Arai levantó la vista, bajándose los auriculares y alzando una pierna de improvisto para darle en los mismísimos a Dusk, que cerró las suyas a tiempo, haciendo que el moreno se riese un poco.

–Vamos, vamos, chicos, no os dañéis la mercancía que luego no conseguís novia –bromeó Reiji de manera bastante alegre, habiendo olvidado sus preocupaciones por el momento –. Es la primera vez que llego temprano a clase, creo.

–Será porque sabes que no vienes a asistir –Arai cogió la mano que el rubio le tendía, levantándose y tirando de él adrede, estampándolo contra su cuerpo.

–Oi… ¡Qué cavernícola! Me has conquistado –Dusk saltó encima de él, besándole las mejillas sin aguantarse la risa. Claro, naturalmente estaba más contento e hiperactivo de lo habitual.

–¿Qué te has tomado? –preguntó el moreno, tratando de sacárselo de encima sin mucho éxito y sonriendo a pesar de todo, hasta que logró quitárselo.

–Es el amor, pero Reiji no me quiere. Dile que me acepte mi pedida de mano… –bromeó Dusk, colgándose la mochila al hombro para entrar.

–Acepta su pedida de mano –dijo Arai en un tono sentencioso que no parecía invitar mucho.

–¿Y dejarlo que haga un hombre honesto de mí? –se rió, apoyándose en el hombro del rubio para darle un beso en la mejilla –Aún no, a ver qué opinas en un par de días más.

–Jooo… Bueno, pero trata de no dejarte sobar por otros hombres con el mismo placer –se rió de lo que decía, sonrojándose un poco y amarrándolo del hombro para besarle los labios y lamérselos –. Vale, ya me voy –se rió, besándoselos de nuevo –. El último… –dijo volviendo, a pesar de que uno de sus compañeros le tiraba del jersey, riéndose –¡Ahh! Espera –dijo soltándose y besándolo una vez más –. ¡Aún me gustas! –gritó desde arriba de las escaleras.

–Y cuando suba tres peldaños más, aún le gustarás… –murmuró el moreno, sacando un cigarro del bolsillo de los raídos jeans –. Bueno… ¿vamos a eso?

–Sí... –murmuró Reiji, aún mirando a donde había estado el rubio segundos, y desviando la mirada hacia Arai luego –Ah, sí, hagamos eso.

Arai suspiró un poco, estirándose y rascándose después el pecho por el corte de la camiseta.

–Dime, ¿cómo es ese tío? Le pego y ya está. No nos compliquemos la vida. No me apetece ver más gente traumatizada.

–Sí, a mí tampoco, la verdad –asintió el chico, explicando –. Tampoco creo que te dé demasiada pelea, no es que sea... Bueno, digamos que me sorprendió un poco que se pusiera así en ese momento. No lo conozco demasiado, pero me parece un tío normal. Un tanto empalagoso, eso sí –dejó escapar una risita, preguntándose luego por qué se reía si le iban a pegar a alguien, y decidiendo no contestarse a esa pregunta –. Si quieres, puedo llevarlo a un lugar apartado.

–Bueno, no tenía pensada una exhibición de arte cavernícola… –el moreno se apartó un poco el pelo, dándole otra calada al cigarro, sonriendo un poco al recordar lo que había dicho Dusk –. ¿Dónde te espero?

–Hum... ¿qué te parece en el jardín interior, tras las escaleras? Todos estarán dando clases, así que no habrá nadie.

–Vale –el moreno se apartó de él, apagando el cigarro en el muro del instituto y entrando –. Te espero allí –dijo dejando escapar el humo entre sus labios a la vez, subiéndose los auriculares de nuevo.

–A ver si me escuchas llegar –bromeó Reiji, seguro de que ni lo escuchaba decirle eso y alejándose hacia su clase. Una vez allí, esperó a que Takase fuese aproximándose a la puerta, para atraerlo del brazo, sonriendo.

–Reiji, ¿qué...? –el chico lo miró, vigilando luego a los demás, preocupado de que lo vieran con él.

–¿No me has extrañado, Takase? –preguntó el chico sonriendo y pegándose un poco a él, mirándolo a los ojos.

El otro lo miró extrañado, murmurando.

–Reiji, ¿qué haces? Te dije que aquí no.

–Pero... es que te extraño. Vamos, no seas malo, te necesito –se le pegó aún más, acariciándolo con una mano, y sorprendiéndose de lo fácil que le estaba resultando aquello –. Además...

–¿Qué? Necesitas dinero? –le sonrió el otro chico, aún cuidándose de que no les prestasen atención –. Si quieres, nos vemos luego, puedo pasar por tu casa y...

–No. Es que te necesito ahora. ¿No te das cuenta? –le insistió, bajando su mano hasta el sexo del chico y empezando a frotarlo, aunque ya estaba bastante excitado. No le sorprendía que se hubiera excitado sólo con que lo tocara.

–Que no, después de clase... –le respondió Takase, un tanto molesto por tanta insistencia, pero igual apretándose un poco contra su mano. Estaba demasiado excitado como para aguantarse hasta entonces, así que cambió de idea en menos de un parpadeo –. Está bien, voy contigo, pero apresúrate antes de que se den cuenta.

Reiji le sonrió, echando a caminar hacia el jardín, sin ninguna duda lo seguiría.

Arai se bajó los auriculares al escuchar los ruidos de personas acercándose, y se asomó un poco desde el fondo de los lavabos para ver simplemente que eran dos profesores. Suspiró, rascándose un poco el cuello y levantando la cabeza pensativo, seguramente no le era muy difícil convencerlo, comenzaba a parecer un voyeur entre Kiri y ahora esto…
Se sentó en las repisas de los lavabos al ver entrar a Reiji, y sonrió de medio lado al ver que iba acompañado, pero esperaría un poco más, a que estuviera más distraído. Lo sentía por Reiji, pero seguramente a él le daba igual, y así se cuidaba de que le cayera alguna, aunque el tipo no parecía ningún “figther”, no quería aguantar a sus padres si lo veían con la cara marcada.

–Reiji... –apenas esperó a que hubiesen llegado, para agarrarlo por la cintura, girándolo y besándolo profundamente. Lo apretó contra él, pegándolo contra la pared, e introduciendo una de sus manos en el pantalón para estrujar una de las nalgas de Reiji. Dejó que uno de sus dedos acariciase su entrada, de manera un tanto apresurada.

Arai sonrió. Tampoco esperaba a un Don Juan, pero al menos que supiera lo que eran los preliminares, no estaría de más. Se levantó de los lavabos, saltando al suelo y dejando la mochila apoyada en estos. No era la primera vez que le pegaba a alguien que ni siquiera conocía, aunque la mayor parte de las veces lo había hecho por dinero para comprarse música o cosas así.

Pasó una mano entre la cara del chico y la de Reiji, apartando a su compañero y empujándole la cabeza al otro para que se pegase con la frente en la pared, sin que le diera ni tiempo a pensar en por qué le pegaban.

–Eh, Takase… –le llamó sin poder evitar sonreír un poco, le había hecho gracia el sonido de su cabeza contra el cemento.

El chico se giró sorprendido, con cara de mal genio, llevándose una mano a la frente.

–¿Y tú qué quieres? Espera tu turno, ¿no?

–Pero este es su turno... –respondió Reiji, alejándose un poco, dejándose llevar por el momento.

–¡Reiji! ¡Ven aquí enseguida! ¿Qué te has creído? –le gritó el otro, como si fuese su padre o algo así.

–Déjalo… Hoy yo me ocupo de ti –Arai lo agarró del brazo, retorciéndoselo y pegándolo contra el muro –. No soy tan bueno como Reiji en otras cosas, pero como a ti te gusta tanto esto…–sonrió de medio lado, levantando el otro brazo y pegándole un codazo en la cabeza. Le soltó la mano para cogerlo del pelo y golpearlo de nuevo contra la pared, apartándose después –. ¿Te gustó? ¿O aún no lo hago tan bien como tú? ¿Sigo? Preguntémosle a Reiji. Pregúntale si ya lo hice tan bien como tú, o si debo seguir. Vamos…–murmuró como si no le importara nada, con las manos en los bolsillos. Estaba claro que no valía para nada.

Takase lo miró, obviamente furioso y humillado, revolviéndose, intentando soltarse, pero Arai era bastante más fuerte que él.
–¿Haces esto por él? ¿Por ese pedazo de mierda? ¿Sabes lo que es? ¿O es que te la mamó para que me golpearas? –empezó a insultarle, aún revolviéndose. Y más cabreado que nunca, porque lo cierto es que le gustaba Reiji, y no soportaba que lo rechazase a él –. ¿Me escuchas, Reiji? ¡No eres más que una mierda! ¡No voy a jugar a tus jueguitos, ven aquí y enfréntame como un hombre! ¡Puta! Sí, muy lindo, pero una puta al fin y al cabo. Y una puta a la que le cuesta mantener las piernas abiertas, ni siquiera para eso sirves. ¡¿Me oyes, Reiji?!

El chico lo miró, cruzándose de brazos, bastante serio, ignorándolo luego y alzando la mirada para observar a Arai.
–No, creo que aún necesita un poco más –se giró porque no tenía ganas de ver aquello, pero tampoco quería detenerlo.
Arai sonrió de medio lado. El tío era un enfermo, se lo merecía al fin y al cabo. Se había equivocado, Reiji sí era vengativo.

–Lo cierto, es que lo hago porque me das asco… –el moreno le estampó un puñetazo para tirarlo al suelo, golpeándole el estomago con una de las botas negras, sintiendo como el cuerpo del otro se doblaba. Notó cómo le agarraba la pierna y se apartó, pisándole la mano, tal vez le había roto algún dedo. Jamás había machacado a nadie de semejante modo. ¿Entonces porque no se detenía? Basta, basta, basta, no podía dejar de repetírselo mientras con aquella sola bota le golpeaba el estomago y las costillas.

Reiji aún estaba de espaldas, escuchando los golpes y los quejidos del otro, le parecía que pasaba mucho tiempo. Se giró para observar a Arai aún pisoteándolo con fuerza, a pesar de que Takase ya ni siquiera parecía intentar defenderse. Sacudió la cabeza, entrando un poco en razón, preguntándose qué demonios estaban haciendo.

–¡Basta! –gritó, acercándose con rapidez y aferrándose al brazo de Arai –Basta, vas a matarlo.

Arai lo miró de pronto como si ni siquiera comprendiese lo que estaba haciendo. Lo empujó con el pie para volverlo de frente en la hierba, y se apartó el cabello que le caía delante de los ojos, apartándose de él y sintiendo un sudor frío recorrer su espalda.

Le pasó la mano por la cintura a Reiji, sacándolo de allí.
–Vámonos… –murmuró casi en un susurro, sintiendo que el corazón le latía con fuerza en el pecho –. No sé qué me ha pasado… –dijo pensando en alto y apartándose el cabello de la frente. Le había dado una paliza terrible, matarlo, no lo había matado, pero la paliza que le había pegado…

–Está bien, yo tampoco. No suelo ser así –le contestó, pensando en que debieron de haberse detenido tras la primera paliza –. No importa, está vivo, ¿no? Y no creo que se vaya a suicidar, así que... –argumentó, intentando excusar tanto a Arai como a sí mismo.

–No, no lo creo… –el moreno lo miró serio, deteniéndose en el pasillo –. Como me denuncie en el colegio la voy a cagar bien –miró a un lado, apretándose un labio con dos dedos. No, eso no pasaría –. Yo me largo, no estoy ni para esperar a coger los ejercicios.

–Yo también. Creo que iré a casa de Dusk –comentó por si acaso debía localizarlo. Después de todo, el rubio le había dicho que podía regresar allí si quería –. Por cierto, no creo que te denuncie, pero si lo hace... yo también cargaré con la culpa.

–No –el moreno se frotó la mandíbula con una mano –. Tú sólo no digas nada. ¿Para qué cargarla dos, si la puede cargar uno? No voy a rayarme con eso. Mejor vámonos ya, y esperemos que no diga nada.

–Sí, mejor vámonos. De todos modos... –se detuvo antes de finalizar el pensamiento que se había colado en su mente. Ya imaginaba que si intentaba decir algo o hacerles daño de alguna manera, su vida no sería muy larga. Pero el simple hecho de que se le hubiese ocurrido pensar eso, le producía un escalofrío por todo el cuerpo.

–Sí –dijo el moreno –. No quiero joderme la vida –lo miró a los ojos esperando a ver si decía lo contrario. Era mejor saber lo que pensaba al respecto.

–Ni yo. Esperemos que no diga nada –Reiji le respondió, comprendiendo y devolviéndole la mirada con sus ojos violeta, aunque un poco asustado interiormente.

–Bien –el moreno se volteó, deteniéndose a mitad del camino –. ¿Voy contigo? –preguntó, subiéndose ya los auriculares y ajustándose la mochila al hombro.

–No, no te preocupes. Seguro tienes cosas mejores que hacer –le sonrió como siempre, ya más relajado por cambiar de tema.

–No tengo nada que hacer, pero bueno… –el moreno lo miró a los ojos, sonriendo un poco al pensar que a lo mejor aquello había sido su forma de quitárselo de encima –. Abur.

–No, espera –Reiji lo sujetó del brazo, antes de que pudiera marcharse –. Si es así, entonces no me vendría mal algo de compañía –sugirió, pensando en que faltaba mucho para que se acabasen las clases, y lo único que haría sería estar allí solo, comiéndose el coco probablemente.

–Como quieras. Pensaba que era tu sutil modo de largarme –lo miró a los ojos, apartándose un poco el cabello, moviendo la cabeza a un lado –. Podemos ir a casa de Dusk de todos modos, o esperarlo en la plaza si quieres, como prefieras.

–No te largaba, sólo no quería que pensaras que tenías que hacer de niñera o algo así –se rió, cubriéndose un poco la boca –. Vamos a la plaza entonces, mientras menos solo, mejor –decidió, refiriéndose a que si regresaba a donde Dusk, lo que terminaría haciendo sería metiéndose otra dosis, y por más que la necesitara, no estaba seguro de que fuese recomendable. Ya lo había hecho antes de salir.

–No sería una buena niñera, y no creo que tú necesites una –el moreno lo miró de soslayo y se tiró sentado en la plaza, mirándose las manos con la cabeza baja, sacando una lata de Pepsi de la mochila y dándole un trago. La arrastró por el suelo hacia él, ofreciéndosela –. No soy así –murmuró girando la lata con una mano, sujetándola en las puntas de los dedos.

–Gracias –aceptó el chico, bebiendo un trago y colocándola en el suelo de nuevo, observándolo –. ¿Así cómo?

–La paliza que le pegué a ese tío –sacó un cigarro del bolsillo, prendiéndolo en sus labios y apoyándose la mano en la rodilla, expulsando el humo –. Ya sabes lo que dicen –sonrió un poco, levantando la cabeza y dándole otra calada al cigarro –. Normalmente los rumores tienen un quince por ciento de verdad.

–Creo que en mi caso, los rumores tienen un 100 % de verdad –Reiji sonrió, apoyándose hacia atrás –, pero te creo. Yo tampoco soy así... como hace un rato. Ni siquiera me importaba realmente.

–¿Sí? ¿Se la has mamado al profesor Lorenz para que te apruebe? –preguntó en tono irónico –La cantidad de memeces que la gente puede inventarse cuando siente que su vida es demasiado aburrida como para hablar de ella, si te digo la verdad… –el moreno sacudió la ceniza, mirándolo –trataba de detenerme, pero no podía, era como si lo viese desde una tercera persona.

–Cuando te vi... es que... tenías una expresión en la cara que no parecía... Bueno, por eso te detuve, pero si no te hubiera mirado... La verdad es que no pensaba detenerte –se apartó un mechón de color plateado del rostro, dejándolo caer hacia atrás –. Y ya que preguntas, no, con el profesor Lorenz no, pero sí con otros. Y... no es que no se lo insinuara, pero no coló. O es muy denso, o es que realmente quería ponerme a estudiar.

–Creo que le ponía más cachondo ponerte a estudiar. Es tan sádico, que se la ponen dura esas cosas –bromeó acabándose la lata. La estrujó con una mano, lanzándola hacia atrás, al césped –. ¿Qué pasa con Dusk? ¿Estáis enrollados?

–Sí, ¿eh? –se rió por la broma acerca del profesor, suspirando luego –. No lo sé. No creo que lleguemos a tanto. Él dice que está enamorado de mí, pero.... creo que se le va a pasar en cualquier momento.

–No sé, puede ser muy pesado –el moreno lo miró de soslayo, sintiéndose como si dejase a Dusk como un martirio –, aunque es una de las pocas personas que conozco que merecen la pena –se apoyó en el borde del muro con un brazo, pasándose los dedos por el flequillo –. No soporto al nuevo.

–No me digas, pensé que era amor a primera vista –se rió un poco, observándolo –. No es de extrañar, es muy “simpático” –aunque en realidad no le importaba mucho. Cuando alguien no le llegaba a agradar lo suficiente como para acercarse, simplemente no lo hacía y punto –. Me gusta estar con él. Con Dusk, quiero decir... –aclaró para que no lo malinterpretara.
–Ya, imagino que con Kiri no, de todos modos a él no le agradaría estar contigo, ni con nadie que no sea él mismo. Dusk es muy buen chaval, aunque es un poco hiperactivo –suspiró, apagando la colilla y metiéndose un chicle en la boca –. ¿Quieres? –le preguntó, mirando la fuente que acababa de encenderse.

–Por favor –asintió, sonriendo y observando la fuente también. Siempre le había atraído la visión del agua corriendo –. ¿Sucedió algo con Kiri, o sólo querías saber mi opinión?

El moreno se acercó un poco, extendiendo la mano con el chicle azul en la palma.

–No. Me trató como si fuera imbécil, sólo eso… –hizo un globo, estallándolo con los dientes. Realmente no tenía mucha importancia, pero eso no hacía que le agradase para ser exactos. Echó la cabeza hacia atrás, cerrando los ojos y apoyándola en el muro, entreabriéndolos de nuevo para jugar con los mechones del cabello de Reiji –. ¿Qué hora es?

–No lo sé, pero ya ha pasado bastante tiempo, ¿no? Hasta empiezo a tener sueño –se rió, dejándose caer completamente hacia atrás y haciendo un globo tan grande como podía.

–Deberíamos estar preocupados, sería lo normal –el moreno giró la cara para verlo, y sonrió un poco, apoyándose la mano en el pecho –. Traumatízate un poco o algo… Creo que ya salen.

Reiji dejó escapar una ligera risa sin poder evitarlo.

–No quiero, hazlo tú primero –se sintió culpable luego de haber dicho eso, pero ya ni sabía lo que le pasaba.

–Yo paso… –el moreno se rió un poco sin separar los labios, teniendo la sensación de que el cielo se ensombrecía de pronto, entreabriendo los ojos para sentir cómo el rubio le plantaba un beso en los labios. Se giró sonriendo –Tío.

–¡Amor! ¡Mi marido troglodita! –Dusk se rió en su cara, inclinándose después sobre Reiji –. Aún me sigues gustando… –susurró sonriendo y besándolo, tratando de entrar entre sus labios y robándole la goma de mascar. Hizo un globo, acuclillándose a espaldas de ambos –. Ya lo saben hasta las tizas –dijo refiriéndose a lo ocurrido a Takase.

–Bobo... –Reiji sonrió, girándose un poco para quedar acostado sobre su estómago, mirando al rubio –¿Y qué dicen?
–Dice que le robaron y le pegaron una paliza entre cuatro –el rubio dibujó una media sonrisa sin poder evitar reírse finalmente, y bajó la cabeza –. Pero te pasaste, tío. Le rompiste dos costillas y varios dedos de la mano izquierda.

–Bueno, que se haga las pajas con la derecha –Arai cerró los ojos de nuevo. No le gustaba mucho recordar cómo se había puesto, pero a lo hecho pecho.

–Qué basto… –el rubio se rió un poco, en el fondo feliz. Sí, le había caído una paliza, tal vez mayor de la que se merecía, pero al menos nadie había muerto, y eso sí era un logro por más macabro que resultase.

–Bueno, pero... ya pasó –soltó Reiji, sonriendo porque las cosas parecían estar saliendo un poco mejor, y subiéndose sobre sus propios brazos, para acercarse a Dusk –. Y ahora... me devuelves lo que me robaste –se rió, besándolo y moviendo la lengua para arrebatarle el chicle de nuevo.

–Arai… –el rubio sonrió de oreja a oreja, mirando al moreno.

–Ni se te ocurra –el moreno se levantó, viéndole las intenciones y sonriendo, aunque sabía que había sido una broma. Le tiró un chicle poco menos que a la cabeza, y el rubio se rió, metiéndoselo en la boca –. Bueno, yo me abro, a ver si mi vieja ha decidido cocinar por una vez… –se pasó la mano por el pelo, dudándolo mucho –Por la sombra.

–Abur… –el rubio se despidió con una mano, sentándose al lado de Reiji –. Nosotros no tenemos vieja. ¿Qué haremos?
–No lo sé, ¿pedir asilo en un orfanato? –se rió, aunque era un chiste un poco maldito –. Podemos ir a tu casa o a la mía. O simplemente quedarnos aquí y no hacer nada –alzó la vista, siguiendo una nube que pasaba lentamente.

–Vamos a mi casa y así comemos algo. Yo como, ¿sabes? No vivo de puro vicio –el rubio sonrió, besándole la mejilla y dejándose resbalar por su pecho hasta sus piernas, mirándolo –. Un beso…

–Un beso, vale –respondió el moreno, cerrando los ojos y acercando sus labios a los del rubio, esperando que él tomase la iniciativa.

Dusk se levantó un poco, sentándose a horcajadas sobre él, sintiendo que el calor le quemaba en las mejillas y el estómago. Apoyó los labios sobre los de Reiji, arrastrándolos contra los suyos y separándolos con la lengua, en busca de la del moreno, arrastrándola contra la suya, encendido. Entreabrió los ojos mirándolo y sujetó sus mejillas con las manos, abrazándolo después con fuerza.

Reiji separó un poco su rostro del rubio, sonriendo.
–Si sigues así, me vas a comer a mí.

–Bueh… tampoco es tan mala merienda… –sonrió, levantándose y ofreciéndole las manos, notando su sexo al mirar abajo. Ya se estaba acostumbrando a pasarse así todo el rato cuando estaba con Reiji, y se soltó aún un poco más el amplio jersey –. Vamos, haré algo comestible.

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