Capítulo
26
Kiss Me Goodnight
Arai miró a Kinsei, parándose en la puerta de su
casa y apoyándose en la valla.
–Lo cierto es que sí podrías ayudarme con algo.
¿Me dejas que me quede a dormir en tu casa? No quiero ir
a la mía… –inclinó un poco la cabeza,
mirándolo a los ojos, como estudiando su posible reacción.
–Sí, claro –accedió sonriendo, un poco
nervioso por la mirada del moreno, y rogando porque sus padres estuviesen
profundamente dormidos, si no, le iban a echar la bronca –.
Hoy no voy a echarte –abrió la puerta con cuidado,
llevándose un dedo a los labios para que se mantuviera en
silencio, al menos hasta llegar a su habitación.
El moreno se quitó las botas negras en la entrada, llevándolas
en la mano hasta entrar en la habitación de Kinsei. Ya estaba
acostumbrado a entrar a hurtadillas en su propia casa.
–Creía que dejaría de jugar a ninjas en la primaria,
y mira… –bromeó, caminando a su espalda y sonriendo
levemente, cubriéndose con el cabello y mirando al suelo.
Lo cierto es que la noche anterior se había congelado un
poco durmiendo en la calle, pero también le agradaba hacerlo.
–Pues ya ves, no... –Kinsei le sonrió de vuelta,
susurrando y abriendo la puerta de su habitación. Lo dejó
entrar y la cerró a sus espaldas –Lo siento, mis padres
creen que estoy enfermo y descansando. Si saben que he salido, a
lo mejor me castigan y luego... a ver cómo me escapo mañana.
–Yo lo haré por la ventana –dijo dejando la mochila
en el suelo y escondiendo las botas por cualquier lado –.
Oye… –le apoyó la mano en el hombro para que
se volviese a verlo –¿No se levantarán cuando
estemos en la cama, no? Porque les puede dar un infarto si te ven
con un tío, ¿no crees?
–No... No vendrán en medio de la noche. Además,
le puse cerrojo a la puerta por si acaso –le sonrió,
apartándose un poco para buscar ropa de dormir y mirándolo
de nuevo, preguntando de pronto –. Por qué... ¿Por
qué no quieres dormir en tu casa? Está bien que pregunte,
¿no? Porque si no me lo quieres decir... –añadió
nervioso por si se estaba entrometiendo.
–Porque no me soportan, y yo no los soporto a ellos, por eso…
–se quitó la camiseta, dejándola sobre la mochila
y pasándose la mano por el pecho hasta el abdomen, observando
lo que hacía el otro –, pero voy en horas de clase
a ducharme y esas cosas. A esas horas están trabajando. De
todos modos, no se enteran apenas de si vuelvo o no.
–Ya, aquí se enteran demasiado... –sonrió
nervioso, imaginando que hablaba de sus padres, ya que había
se había explicado como si la conversación hubiera
comenzado en su mente. Se quitó la camiseta, poniéndose
otra más holgada y bajándose los pantalones, enrojeciendo
al recordar que Arai estaba detrás, y procurando no girarse.
De todas formas, sólo le iba a dar más vergüenza
si lo miraba –. Yo... Ya sé que te lo dije más
o menos, pero... siento el haberme portado así ayer. Estaba
bastante alterado.
El moreno se paró a su espalda tras acercarse un poco, y
deslizó los dedos por las cadenas que colgaban de sus gastados
jeans, haciéndolas entrechocar.
–No importa, siempre acabo del mismo modo con todo el mundo,
así que, asumo que es culpa mía… –dijo,
a su modo, disculpándose por su comportamiento –¿Por
qué estás nervioso?
–No estoy nervioso. ¿Quién dijo que estoy nervioso?
–contestó el chico más rojo, agachándose
para subirse los pantalones del pijama, aún sin voltearse
por nada del mundo –Y... los dos tuvimos la culpa.
Arai sonrió levemente.
–Está bien… –se pegó a su espalda,
susurrándole al oído y guardándose las manos
en los bolsillos, empujando un tanto las caderas contra las posaderas
de Kinsei –Lo de hoy ha sido muy raro. Es la primera vez que
escoge a Reiji, y justo es para castigar a alguien que le hizo daño.
Dusk me lo dijo.
–¿Sí...? ¿De verdad..? –preguntó,
bajando el rostro mucho más nervioso, ni siquiera sabía
por qué estaba haciendo eso, pero no quería repetir
algo como lo de la noche anterior –Pero... sólo sé
lo de la poesía. No parece algo tan grave tampoco. Es la
primera vez que la toma con alguien que no está incluido
–comentó, aunque le costaba trabajo concentrarse.
–Sí –el moreno apoyó la mejilla contra
el cabello de Kinsei, bajando un poco más la cabeza –.
Reiji se acostó con él, y al parecer se puso un poco
bestia mientras hacían el amor. Dusk dijo que tenía
hematomas bastante grandes.
–Ya... Es espantoso, ¿no? ¿Qué crees...
que pasará? –preguntó sin moverse, sintiendo
que le latía un poco fuerte el corazón. Lo peor de
todo es que estaban hablando de algo serio y él con esas
tonterías.
–Pues, seguramente le pegaré… y con suerte, nada
más. No lo sé, Reiji no me parece del tipo de persona
que vaya a vengarse, imagino que las cosas quedaran así –el
moreno sacó una de las manos de sus bolsillos, acariciándole
el pelo y echándole la cara a un lado –. Esta vez sí
creo que se lo merece… un castigo.
–Ten cuidado, Arai –lo miró de reojo, olvidándose
un poco de su vergüenza para dar paso a la preocupación
por un momento –. Ya sé que parece que no fuera a pasar
nada, pero ten en cuenta lo que ha sucedido antes.
–Ya. Siempre tengo cuidado cuando voy a pegarle a alguien
–el moreno sonrió levemente –. Pase lo que pase…
es mejor hacer lo que nos manda, ¿no crees? –lo miró
a los ojos, sujetándole la mandíbula y deslizando
los dedos por su garganta, soltándolo.
–Sí, es lo mejor... –respondió, inconscientemente
siguiendo con la mirada, la trayectoria de sus dedos al soltarlo
–. Arai... lo que dijiste anoche. ¿Crees que soy débil?
Lo soy, ¿no es cierto?
–No, sólo quería que no te vinieras abajo. Los
débiles ya no están. Es así, por crudo que
parezca. Seguramente por eso se ha detenido dando muerte a los que
formamos el círculo –le pasó la mano por el
pecho, deslizándola por uno de sus pectorales, apretándolo
un poco en su mano y pegándolo después contra su cuerpo
–. Tal vez buscaba a las personas adecuadas. Debí abrazarte
ayer –le rodeó la cintura con el otro brazo, sujetándole
una cadera con la mano.
–Arai... ¿Por qué estás abrazándome
ahora? –Kinsei bajó el rostro, algo rojo de nuevo,
le gustaba, pero se preguntaba si no sería una manera extraña
de disculparse del moreno –¿Qué crees que pasará
ahora?
El moreno subió la mano por su pecho de nuevo, recorriendo
su cuello y sujetándolo. Acarició su piel con las
yemas de los dedos, mientras lo miraba a los ojos.
–Que te besaré… y después, ya no sé
más… –se inclinó un poco sobre él,
besándolo y sujetando aún con más firmeza su
cintura, acariciando una de sus caderas.
Kinsei dejó escapar un sonido entre sus labios, que más
bien podía interpretarse como una pregunta, agrandando los
ojos, tomado por sorpresa y sintiendo que su rostro empezaba a cubrirse
de rojo de nuevo. No tenía ni idea de qué estaba pasando,
ni de por qué estaba haciendo eso, pero ni se atrevía
a moverse. Y no, lo cierto es que no deseaba moverse tampoco.
Arai separó sus labios de los del chico apenas unos milímetros,
rozándolos contra ellos.
–Ya nos vamos a dormir… –le susurró, hablando
contra estos, besándolo de nuevo y deslizando un dedo por
su cadera, recorriendo la cintura de la ropa interior entre la piel
y la camiseta, apoyando finalmente la mano en su abdomen. Su piel
se sentía caliente y firme. Rompió el beso de nuevo,
acariciando una de sus mejillas con los labios –Vamos.
Kinsei sólo parpadeó, más confundido aún,
apenas balbuceando.
–¿Qué... Qué ha sido eso? ¿Me...
Me besas y luego nos vamos a dormir? ¿Así, sin explicación?
–preguntó, recuperándose un poco.
–Eso fue algo que tú también deseabas…
–el moreno deslizó la mano por su abdomen aún
bajo la camiseta, sintiendo el calor que provocaba aquel tacto tan
íntimo, y besando la piel que asomaba en su cuello hasta
el hombro. Lo cogió de los brazos con ambas manos para volverlo
de frente a él –. Realmente… ¿hace falta
una explicación? Podemos seguir besándonos, pero creo
que deberías dormir –dijo ahora, aunque totalmente
serio, más bien por burlarse un poco.
–Eso no es a lo que me refería. ¿Cómo
sabes que lo deseaba? No puedes ir por ahí haciendo esa clase
de suposiciones –le contestó, aún más
rojo, separándose y moviéndose casi enérgicamente,
fingiendo estar más molesto de lo que realmente estaba, y
metiéndose bajo las sábanas –. ¿No íbamos
a dormir?
Arai lo miró un tanto sorprendido por el arranque repentino,
y sonrió un poco, bajando la cabeza.
–¿No lo deseabas? –preguntó, desabrochándose
los pantalones para quedarse en boxers. Se paró frente a
él, levantando las sábanas y lo empujándolo
un poco con su propio cuerpo, acostándose de frente al chico
y abrazándolo mientras deslizaba una pierna entre las suyas,
cerrando los ojos – Ahora dormimos.
–Oye... –susurró Kinsei, enrojeciendo todavía
un poco más y sintiendo que se le cortaba la respiración
–Sí, mejor dormimos –murmuró, cerrando
los ojos y refunfuñando en su mente que era un abusón.
Sin embargo, no hizo ningún movimiento para apartarse.
–Shh… –el moreno le besó los labios superficialmente
y después la frente, como la primera noche que habían
dormido juntos, sonriendo levemente después.

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