Capítulo
24
Poetic Justice
Lorenz se sentó sobre el caballete con las piernas abiertas
y las manos con la que sujetaba el cigarro, colgando entre estas.
Para variar, había llegado temprano, o más bien, la
reunión de profesores de la que acababa de salir, lo había
hecho hacerlo. Había extendido el tablero en el suelo y se
limitaba a observarlo como si de algún modo, de un momento
a otro, este fuera a darle explicaciones.
Mientras tanto, en el exterior, Arai esperaba en la entrada haciendo
globos con un chicle azul, mientras pensaba en si Kinsei vendría
o no. Debía de haber ido a verlo, si después no le
avisaban de lo que había sucedido... Claro, que tampoco tenían
cómo hacerlo.
Reiji llegó, tan alegre como siempre luego de haberse fumado
unos porros, y por supuesto, riéndose un tanto alto junto
a Dusk, de pronto pensando que mejor no se hubiera fumado nada,
porque ahora no podría parar de reírse. Se mordió
un labio, intentando ponerse algo más serio, cuando vio al
moreno parado afuera.
–¿Qué? ¿Aún no llega?
–Ya ves, no, no llega aún. Es como la regla, lo hace
cuando menos te lo esperas –el moreno levantó un poco
la cabeza para mirarlos –. ¿Qué?
–Mi general, no sabemos si vendrá –el rubio se
rió sin poder aguantar más la cara seria del moreno
–. Cuentas mal las cosas, te echó porque fuiste un
bruto.
–Yo no dije que fuera su culpa, dije “discutimos y me
echó” ¿Vendrá o no?
–No lo sé. Yo creo que sí vendrá, pero
está tan cabreado que no sé si te hablará…
–Dusk le contestó, burlándose interiormente
y colgándose de los hombros de Reiji.
El moreno lo miró a los ojos, aunque sí estaba rayándose
y giró la cara hacia un lado.
–Él sabrá.
–No te hagas el duro, Arai –le sonrió Reiji,
sin poder evitar soltar una risita después –. Yo sí
creo que vendrá, deja de preocuparte.
–Hola –Kiri les pasó al lado, saludando con una
mano en el aire como por inercia, y pasando directamente al almacén,
como si nada.
–Hola. No me hago el duro. Si quieres, me pongo a rogar que
me hable, pero sinceramente… –el moreno lo miró
a los ojos con una sonrisa en los labios –es igual.
–Entremos, dejémosles su intimidad –se rió
Dusk –. ¡Hola, Kiri! –se fue al lado del rubio,
poco menos que remolcando a Reiji con él –¿Qué
tal?
–¡Sólo admite que te preocupas! –exclamó
Reiji, girándose un poco, aunque ya por donde iban, más
bien se lo decía a la pared.
–Aún vivo. Y tú... tan lúcido como siempre,
veo. –le contestó Kiri, un tanto extrañado de
que lo asaltase así.
Arai se rió, bajando la cabeza y escupiendo el chicle al
suelo, observando la bolita masticada y descolorida, metiéndole
una patada.
–Estoy lúcido, si te refieres a los porros… forman
parte de mi ser. Además, no es tan malo, pero Kiri…
¿Por qué nos odias? –preguntó, aunque
sentía que le daba la risa de nuevo –A mí me
caes bien.
–Hace dos noches no confiabas en mí. ¿Y ahora
te caigo bien? –Kiri sonrió de medio lado, aunque aún
cogido por sorpresa, encogiéndose de hombros y yendo a sentarse
en una esquina –. No os odio, no tengo ningún motivo
para odiaros.
Fuera, Kinsei se pasó una mano por el cabello, pensando en
lo que le había costado que lo dejasen solo por fin, nunca
lo dejaban en paz. Se detuvo un segundo, al ver al moreno allí
parado, y se acercó, un poco nervioso sin poder evitarlo.
–Hola... Hum... Deberíamos entrar... –murmuró,
sin saber siquiera si le iba a hablar, ni si debía estarle
hablando él.
Arai levantó la vista para observarlo, asintiendo con la
cabeza, internamente aliviado.
–Te estaba esperando… –le tendió la mano
para levantarse de la pared, inclinando un poco la cara para apartarse
el cabello negro de delante –. No quería hacerte llorar.
–No me hiciste llorar. Quiero decir, me hiciste sentir...
Bueno, creo que hubiera llorado de todas maneras –le sonrió
un poco avergonzado, metiéndose las manos en los bolsillos
–. Yo tampoco debería haberte echado así, exageré
En el interior, Dusk se rió sentándose detrás
de Reiji y abrazándolo por la cintura apoyándose en
su hombro.
–Verás… Es que el otro día estaba un poco
histérico… –se rió de nuevo –. Yo
también puedo ponerme histérico, como las niñas.
–No, Dusk. Tu histerismo es completamente original, créeme
–se rió Reiji sin poder aguantarse, agarrando los brazos
del rubio, ante la mirada del otro, que ahora apoyaba su rostro
en una mano.
–Pues no deberías ponerte histérico. Sobre todo
en una situación como esta, ¿no crees? Aunque sí
yo fuera tú, tampoco confiaría en mí, ni en
nadie.
–No, si no te preocupes que no confío en ti –Dusk
se rió apoyando la cara en la espalda del moreno, besándole
la nuca y después el cuello –. Confío en Reiji
y en Arai, porque son mis amigos, y en Kinsei, porque me cae bien
–arregló, mirando al profesor de soslayo y sonriéndole
después –. En usted no, porque es tétrico, y
una vez me suspendió un examen.
–Lo tenías suspenso, además de que ambos tienen
un negativo por haber faltado a clase esta mañana, y ahora
quiero que se aprendan un poema y me lo reciten mañana delante
de la clase. Eso, como extra de los deberes que amablemente les
he traído –dijo levantándose y pasándoles
las hojas.
Arai entró con Kinsei y se sentó a su lado, formando
de nuevo aquel círculo de personas.
–¿Y Sachi?
Justo en ese momento entró la chica, bastante apresurada,
sonriendo aliviada por haber llegado a tiempo.
–Perdón, creí que no llegaba... –se disculpó,
sentándose al lado de Arai como siempre, intentando recuperar
el aliento, mientras Reiji se dedicaba a repasar las tareas con
cara de sufrido.
–Joder, tía… –Arai le revolvió el
pelo, sonriendo ligeramente. Lo cierto es que se había preocupado,
pero no le parecía tan estúpida como para no ir a
la reunión.
Lorenz se sentó al lado de Kiri, por fin apagando el cigarro
en el suelo en el que cada vez había mas colillas, y giró
la tabla hacia Reiji.
–Vamos allá…
–Bien, pero si me pasa algo raro de nuevo, me perdona la tarea
–le sonrió, riéndose un poco y recordando por
qué se había fumado aquellos porros al colocar sus
manos sobre el indicador, y llevándose un susto, cuando se
empezó a mover arbitrariamente – S... í... –el
chico lo miró confundido, preguntando ahora –Sí...
¿qué? –lo que quería era alejarse de
aquello –S... í... h... a... b... r... á...
j... u... e... g... o... e... s... t... a... n... o... c... h...
e.
Reiji lo soltó como si se estuviera quemando, preguntándose
si no se habría pasado de dosis o algo. Lo cierto es que
había estado pensando en eso, pero no recordaba haber abierto
la boca.
–Yo...yo no hice ninguna pregunta, ¿verdad? –
les preguntó a los demás por si acaso.
–No… –el rubio se acercó más a él,
pegando las manos a sus piernas desde atrás, y apretándole
un poco los muslos –Tranquilo, no pasa nada, es que el ente
hoy está hablador, no hay por qué alarmarse, es colega
ya… –sintió que le daba la risa, y se mordió
el labio para que el resto de los presentes no lo matara.
–¿Cuál es el juego hoy? –preguntó
Arai, mirando a Reiji y después al tablero. Parecía
que cada vez se manifestaba de manera más clara. Observó
cómo Lorenz apuntaba lo que sucedía de nuevo en la
libreta, le ponía nervioso eso, aunque le parecía
lógico y útil.
Kiri permaneció en silencio, observando interesado. Ya había
leído algo sobre eso antes.
–Dusk, ya creía que alucinaba –se rió
el moreno, asintiendo luego ante la pregunta de Arai y colocando
de nuevo las manos sobre el indicador, preguntando antes de que
se fuera a mover sólo otra vez –¿Cuál
es el juego? –no esperó mucho para recibir la respuesta
–U... n... a... l... e... c... c... i... o... n...
p... a... r... a...T... a... k... a... s... e.
Dusk se quedó helado por un momento, parecía que aquel
ser tenía una obsesión con Reiji.
–Pregúntale quienes deben ir esta vez… –rodeó
un poco más al chico, ahora bastante más serio y alzando
la mirada hacia Arai.
–¿Estás bien? –preguntó el moreno,
desviando sus ojos marrones hacia él.
–Sí –el rubio le sonrió levemente.
Reiji carraspeó, obviamente incómodo, no porque le
importase mucho Takase, ni siquiera lo que había sucedido,
si no más bien, porque aquello ya era demasiado extraño.
–Vale... ¿quiénes deben ir? –se quedó
estupefacto mirando el tablero, al comprender lo que deletreaba
la respuesta aún antes de que acabase –A...
r... a... i... y...R... e... i... j... i.
–¿Estás bien, Reiji? –Kinsei se inclinó
hacia delante, pensando que a lo mejor se había traumado
porque era la primera vez que le tocaba. Lo cierto es que se veía
más pálido de lo habitual.
–No, no, estoy bien, creo que me hizo mal un porro –bromeó,
sonriendo un poco, aunque la verdad, sentía que ya necesitaba
otra dosis, y no precisamente de lo que usaba Dusk.
El rubio bajó la cara contra su espalda, besándosela
por encima de la tela.
–Tranquilo, no pasa nada. No tiene por qué pasar nada…
–deslizó la mano por donde sabía que estaba
herido, pero él también lo estaba pensando, que aquella
cosa además de castigar a quien había dañado
a Reiji, lo elegía justo a él por fin. Era demasiado
extraño –. ¿Quieres quedarte conmigo esta noche?
Arai se echó hacia atrás en el caballete, apartándose
el pelo.
–¿Quién es ese tío? –preguntó
encendiendo un cigarro e interpretando también que el problema
era que jamás le había tocado.
–Creo que es el autor de la poesía ¿no? Ya sabéis,
la oda... –respondió Kinsei, riéndose un poco
sin poder evitarlo, a pesar de todo. No podía evitar sentir
un poco de alivio de que no le hubiese tocado de nuevo.
–Sí, eso... –sonrió Reiji, girando un
poco el rostro para observar a Dusk –Claro, es muy aburrido
dormir solo. ¿No prefieres que vayamos a tu casa?
–Sí donde quieras, ¿llevas...? –se quedó
callado, sabiendo que ya lo entendería o suponiéndolo
al menos –porque si no, igual pasamos por tu casa antes si
quieres –el rubio le acarició el pelo, echándolo
sobre su pecho y besándole la mejilla –. Se lo merece,
él sí… –le susurró al oído
–. Además vas con Arai, él te va a cuidar.
Arai se levantó entonces, suspirando como cansado.
–Reiji, mañana hablamos eso entonces. Te espero por
la mañana en la entrada del instituto, ¿vale?
–Sí, vale –asintió el chico, alzando la
mirada y sonriéndole de nuevo al rubio –. Estoy bien,
de verdad, pero... sí necesito buscarla –se mordió
un labio, dejando escapar una leve risa.
–Bueno, entonces creo que es hora de que nos vayamos, ¿no?
–comentó Kiri, poniéndose de pie para irse,
sin comprender por qué tanto drama. Todos habían tenido
que pasar por eso, ¿no?
Lorenz se levantó también, cogiendo a Reiji por los
hombros y apartándolo con él a un lado, lejos de los
demás, seguido por la vista de Dusk que se quedó parado,
haciendo que Arai se detuviese también a mirar, a ver qué
sucedía.
–¿Qué sucede, Reiji? ¿Por qué
hay que castigarlo? –preguntó el moreno más
que interesado.
–No es nada, en serio –Reiji se pasó una mano
por el cabello, sonriendo un tanto nervioso. De pronto se le ocurría
que así, sí que iban a pensar que él estaba
haciendo algo –. No, bueno. Se puso un poco rudo cuando estaba
conmigo, ya sabe, nada del otro mundo tampoco.
–Ya, pero lo curioso es que la guija haya decidido castigar
al que se ha propasado con usted, ¿no? Seguramente usted
está pensando lo mismo, ¿no es así? –preguntó
sonriendo levemente de pronto –De acuerdo, váyase…
y castíguenlo –dijo entonces un poco más alto
–. Por una vez, estoy de acuerdo… –declaró,
saliendo entre ellos por fin y dejando caer la ceniza a un lado
–. Sachi y Kiri, vengan conmigo, los dejo en casa.
–Sí, gracias –respondió la chica, dándole
una palmadita en el hombro a Arai, quisiera o no –. Te veo
mañana.
Kiri se limitó a seguirlos en silencio, aunque mirando de
reojo a Reiji y luego a Dusk, un tanto curioso luego de las palabras
del profesor.
Por su parte, Reiji se había quedado un tanto confundido,
aunque de todas maneras, hubiese preferido que no dijera aquello
en voz alta. Igual se acercó a Dusk de nuevo, sonriendo.
–Vamos, tengo que ir a buscar mi preparado especial –bromeó
con el chico, mientras que Kinsei se aproximaba también a
la salida.
–Bueno... yo me voy también. Si necesitas algo me avisas,
Reiji –le ofreció Kinsei, más que nada, por
la amabilidad que habían tenido con él por la tarde,
y añadiendo luego, algo rojo –. Tú también,
Arai –aunque imaginaba que no iba a necesitar nada.

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