| Capítulo 22
One on One
Lorenz cruzó una pierna sobre la otra, repasando las fichas
de cada uno de los alumnos que estaban inmiscuidos en aquello. Todos
parecían más o menos “normales”. Sonrió
con aquel pensamiento, por algún motivo que seguramente sólo
él conocía y separó a un lado la de Kiri y
la de Arai, la del segundo más que nada, por conflictivo.
Aún no estaba muy seguro de qué iba a preguntarles
a cada uno, pero seguía interesado en conocerlos mejor y
así, de algún modo, poder juzgar sus pautas de comportamiento.
Se aflojó la corbata, desabrochándose unos cuantos
botones de la camisa, sujetando el cigarro entre los labios y esperando
a que el rubio llegase, observando el reloj de pasada. Aún
no era la hora del recreo.
Kiri se dirigió a la oficina del profesor, en cuanto sonó
el timbre. No veía por qué retrasar aquello, además
de que él también estaba interesado. Tocó a
la puerta, entrando sin embargo, sin esperar a que le dieran permiso
de entrar. Igual, si no estaba, pues se iba y ya. – Lorenz
sensei?
-Siéntese…- el moreno dejó el informe del rubio
sobre la mesa sin ver motivo alguno por el que ocultar que había
estado estudiándolos, cuando resultaba obvio para cualquiera
con media neurona que lo haría -Su teoría…-
dijo sin más, mirándolo a los ojos entonces -¿Un
café?
- Sí, gracias. – le respondió, sentándose
pasando los ojos por el informe y luego mirando al profesor. –
Mi teoría......aún no tengo ninguna concreta. Primero
pensé que alguien podría estar intentando castigarnos
por nuestros “pecados” pero.....entonces, ni Sachi ni
Kinsei tendrían sentido. Lo que sí creo es que esto
no es por azar. Todos estamos allí por alguna razón.
-Pero no se me ocurre ningún punto en común entre
nosotros seis… De todos modos, ha dicho algo un tanto incierto
¿verdad?- el moreno se levantó, sirviéndole
una taza de café y ofreciéndosela al tiempo que se
sentaba de nuevo, apoyando los pies cruzados sobre la mesa -Usted
ha dicho que alguien podría estar tratando de castigarnos
por nuestros pecados pero entonces ni Sachi ni Kinsei tendrían
sentido… ¿Por qué? ¿Los conoce usted
tan bien… y ¿de qué pecado se me acusa?…
- Tiene razón – contestó, sonriendo un poco.
– Sólo estaba ajustándome a lo que leí
en cierto libro....Y en ese contexto, no encuentro ninguna razón
para acusar ni a Sachi ni a Kinsei, pero lo cierto es que todo son
suposiciones. Ni siquiera he cruzado palabra con ninguno de ellos
prácticamente. – comentó, meditando en que simplemente
se dejaba llevar por la visión que tenía Arai de ellos
y eso no era algo en lo que confiar precisamente. – Así
mismo, el único pecado en el que puedo pensar para usted
es el de abuso del intelecto. Tampoco le conozco tanto, como para
saber si cae en algún otro, ¿no es así?
-Así es… ¿azúcar?- preguntó,
devolviéndole la sonrisa y acercándole el tarrito
de porcelana blanca y rosa -Es cierto… que ha estado investigando-
dijo en un tono en el que parecía que se le había
olvidado -y dígame… ¿aún va al psicólogo?
¿O ya no lo necesita?- preguntó, revolviendo su propia
taza y dejándola a un lado.
- No, ya no. Nunca lo necesité, o quizás sí,
¿quién sabe? – sonrió, apoyando su rostro
en una mano, y pasando del azúcar. En vez, de eso, dedicándose
a beber el café así mismo como estaba.
-Pues si no sabe si lo necesitaba, entonces tampoco sabemos si aún
lo necesita…- el moreno dejó escapar el humo entre
sus labios observándolo, era muy extraño, como la
mayoría de personas con un intelecto superior, quizás
más aún -He de imaginar que usted considera que su
pecado es el mismo que el mío… ¿y qué
más pecados venían en ese libro? ¿De qué
trataba? ¿De la Gnosis?
- Sí, en realidad el libro lo encontró Arai, así
que no puedo llevarme todo el crédito. – contestó,
pasando del otro comentario. Después de todo, no le parecía
una conclusión equivocada, para nada. – Un tanto exagerado
debo admitir, pero no es de suponer que lo que sea que esté
haciendo esto sea extremadamente racional. Además de ese
pecado, hablaba del abuso al cuerpo, las drogas, las relaciones
homosexuales.
-Entonces… en cierto modo, una de sus posibles teorías
sería que existe un ser… gnóstico… que
nos obliga a hacer esto, o nos invita más bien…- sonrió
con lo que decía mirando hacia la ventana y bajando las piernas
de la mesa para acercarse un poco más y apoyarse en esta
observándolo entonces, mientras se subía las lentes
-Si fuera así, nos estaría tratando de ayudar ¿no
es así? Liberándonos de esta tumba para el alma que
es nuestro cuerpo y por lo tanto, los eliminados serían los
premiados…
- Es una teoría como otra cualquiera. – le sonrió
el chico observándolo atentamente a los ojos. –Por
otra parte, el tablero decía Demiurgo. Y si suponemos que
es él quien nos ha encerrado en esta...”prisión”
de la materia, y que el tablero proviene de allí, entonces
al cumplir sus deseos, sólo nos encerramos aún más.
Claro que.....aunque todo eso fuese cierto, no estoy muy seguro
de querer ser liberado. ¿Y usted?
-Prefiero regocijarme en mis pecados…- el moreno se levantó
de pronto con una sonrisa en los labios -Si el Demiurgo existe como
Dios inferior y maléfico… entonces todo este mundo
material es un horrible error obra suya y por lo tanto estaríamos
inmersos en el catastrófico caos de almas bellas y perfectas,
encerradas en sus cuerpos materiales…- dejó escapar
la risa entre sus labios, apagando el cigarro en el cenicero sobre
la mesa y se apoyó en esta, observando a Kiri -Aún
si creyésemos en esa alocada teoría falta de demasiada
base seguiríamos con la duda de ¿Por qué nosotros?
Estoy seguro de que todos hemos pecado, pero no nosotros seis, si
no la humanidad al completo… No estamos llegando a ningún
punto… Dijo usted que mataría, primero usted mismo
que nadie ¿no es así?
- Cierto, no veo por qué sacrificar mi vida a favor de ninguna
otra. – le respondió sosteniéndole la mirada.
– En cuanto a la pregunta de ¿por qué nosotros?
también habría que hacerse la de ¿por qué
no? Por algún lugar se tiene que empezar, y también
está la posibilidad de que no seamos los primeros. Lo único
claro es que algo está sucediendo.
-Si no fuimos los primeros entonces me preguntaré por qué
somos los siguientes o por qué los últimos…
eso es indiferente… ¿Por qué nosotros? Sigue
siendo una cuestión interesante… el número va
decreciendo… - el profesor se levantó de la mesa cogiendo
unas notas y sentándose sobre la mesa a su lado nuevamente
-¿Qué opina de sus compañeros? Hay algo que
está claro, los fuertes vivirán… al menos más
tiempo y los débiles se amarrarán a estos para hacerlo
o morirán… nos estamos limitando a obedecer sus órdenes
y tal vez haya un modo de acabar con esto - era realmente molesto
salir cada noche a reunirse con un grupo de chiquillos de los cuales
tenia ración suficiente en la mañana…
- Hum......no lo sé. Creo que viven bastante engañados,
como la mayoría de las personas. Están bastante seguros
de que sus amigos no los van a traicionar, o de que ciertas cosas
no son posibles.....Pero creo que algunos de ellos tienen posibilidades.
– se apoyó hacia delante, entrelazando los dedos de
sus manos para apoyar su rostro en ellos, habiendo terminado ya
su café.
El profesor le giró la silla para verle bien a la cara -Usted
cree que tiene muchas posibilidades, que es superior a los demás
intelectualmente y por lo tanto un ganador nato… y fuerte
claro…
- Sí lo creo, porque no ando por la vida con los ojos vendados.
– lo miró serio de pronto. – No sé si
seré tan superior a los demás, pero no pienso dejarme
vencer sólo por aferrarme a ilusiones o por no estar atento
a las posibilidades.
-Yo opino lo mismo- el moreno lo miró a los ojos del mismo
modo sonriendo levemente después de un modo algo torcido
-Se pone a la defensiva… pero nadie lo estaba atacando…
sólo constataba un hecho… ¿no desea compartir
nada conmigo? Lo veo muy callado ¿está teniendo dificultades
para adaptarse o ya ha conseguido apartar a todo ser humano de usted
con la suficiente rapidez como para no notarlo?
El chico le sostuvo la mirada sin cambiar de expresión,
aunque con un leve indicio de incomodidad en sus ojos turquesa,
si tan sólo por un breve segundo. – Estoy hablando
con usted. Y por lo que sé, usted es un ser humano, ¿no
es así? – dejó asomar una sonrisa lentamente,
enderezándose un poco sobre su asiento. – No tengo
ninguna dificultad en adaptarme, ya que no hay necesidad de adaptarse
a nada.
-Si cree que no es necesario adaptarse a la sociedad es que no
es usted tan inteligente como parecía- el moreno sonrió
un poco encendiendo un cigarro y dejando escapar el humo a un lado.
- Entonces, no soy tan inteligente como le parecía a usted.
– le respondió, aún sonriendo. – Para
mí, la sociedad sólo es un montón de reglas
estúpidas, creadas por gente demasiado ciega para ver un
poco más allá de sus narices.
-Desde luego yo sólo puedo juzgar las cosas desde mi punto
de vista, al igual que todo el mundo y tiene razón, eso es
la sociedad, el cinismo y aún así usted tiene que
vivir en ella. Eso desde luego, si quiere llegar a algo en su vida.
Si no, puede permanecer siendo un ermitaño… que no
poseerá trabajo, porque entonces pasaría a pertenecer
a la sociedad, pero aún así sería un mendigo
muy inteligente y seguramente estaría usted muy orgulloso
de sí mismo… ¿no es así?- el profesor
lo miró a los ojos dejando caer la ceniza en el continente
plateado.
- Probablemente, sí. – le sonrió aún
más, negándose a retroceder ni un centímetro.
– Aún así, el tener un trabajo no implica adaptarse
a los demás, al menos no para mí.
-Es usted realmente necio… pero por algún motivo,
la idea de usted tirado en una calle y sonriendo, no acaba de cuajar
en mi mente, a no ser claro que en ese momento yo pasase por delante
y su sonrisa fuera sólo… para ser más necio
que yo…- lo miró con el cigarro colgando de los labios
y dejó escapar una sonrisa entre sus labios -Sus compañeros
deben odiarlo… ¿cree que puede vivir sin que nadie
lo aprecie y estar satisfecho?
- Pues.....hasta ahora, creo que lo he hecho muy bien. –
se pasó una mano por el cabello, colocándose un mechón
tras la oreja, sin dejar de mirar al profesor, preguntándole
con todo el morro del mundo. - ¿Qué tal usted? ¿Amigos?
¿Amantes? ¿Esposa? No es muy usual para un profesor
pasar todas las noches con un grupo de alumnos.
-Yo no he dicho que esté satisfecho ¿verdad?- el
profesor sonrió levemente observándolo y sujetando
el cigarro entre dos dedos, apoyando la mano en la mesa -Mis motivos
para ir cada noche creo que están bastante claros como para
confundirlos con un recreo con chiquillos, pero si cree que necesita
recurrir a tan pobres argumentos … no pasa nada, sólo
es un poco infantil. Por otra parte atacar a quien pregunta también
lo es. No hablábamos de mí, sino de usted…
- Yo nunca dije que no fuera infantil, eso lo asumió usted,
y no lo atacaba, sólo preguntaba. – sonrió de
medio lado, sin dejar de mirarlo aún. – Y ¿por
qué hablamos de mí exactamente?
-Porque yo lo llamé para conocerlo mejor, por lo tanto,
necesito que me hable de usted. Ahora, que si tiene alguna pregunta
que hacerme, también sería justo, aunque no tengo
por qué responderle, así que ¿hay algo que
desee saber sin ser motivado por niñerías?
- No, todo lo que quería preguntarle está motivado
por niñerías. – contestó, un tanto cínico
sin poder ni querer evitarlo. De todos modos, seguro que el profesor
pensaba eso.
El moreno dejó escapar la risa entre los labios -Bien …
no lo creo… entonces querré saber esas preguntas de
todos modos…
- Bien.... – le sonrió el chico, dejando escapar una
ligera risita él también. – Quisiera saber....¿por
qué fue esa noche? No conozco a muchas personas, aparte de
mí claro, que acudan a citas anónimas. Y..si tiene
alguna teoría personal de por qué fue elegido usted
particularmente.
-Fui porque sentía curiosidad. Por otra parte, tenía
dudas de si esa nota pertenecía a Kinsei, que fue, quien
en cierto modo me la entregó… y no sé por qué
he sido escogido, eso creo que podría juzgarlo en base al
por qué estamos allí… De cualquier modo, desde
un primer momento me resultó extraño ser el único
“adulto”.
- Y no cualquier adulto, ¿no cree? – observó
algo más pensativo. – Un adulto con ciertos conocimientos,
que pudiese reconocer aquellas palabras y aquel mensaje a la perfección,
un profesor...... pero no un profesor de matemáticas ni de
gimnasia tampoco. Casi parece que alguien estuviese armando una
especie de clase. – murmuró sólo porque esa
era la impresión que le daba.
-Ya lo había pensado, soy profesor de literatura y filosofía,
pero también tengo conocimiento en lenguas muertas…
aunque no tanto como desearía…- observó el profesor
que apagó la colilla en el cenicero -realmente parece un
experimento sociológico. Tal vez un día nos aparezcan
con una cámara para decirnos que era una investigación
del ser humano… De cualquier modo, aún no hemos matado
a nadie de forma directa ¿no es así? Reiji podría
estar haciendo eso por dinero, no sería de extrañar
en él pero… después de lo sucedido con usted
y Arai… eso está descartado. Por más inverosímil
que parezca, hay un ente…- sonrió de medio lado abrochándose
dos botones de la camisa y ajustándose un poco más
la corbata al tiempo que separaba al rubio de la mesa -Tiene clase…
- Cierto.....- suspiró el rubio, al que le parecía
mucho más interesante lo que estaban discutiendo en esos
momentos, que cualquier cosa que fueran a “enseñarle”
los profesores. Se puso de pie, dirigiéndose a la puerta,
y añadiendo sin embargo. - ¿De veras cree eso? ¿Qué
sea un ente? – preguntó curioso y a la vez un tanto
extrañado de que no le hubiese preguntado alguna otra cosa.
-No lo sé… pero no lo descarto. Sólo porque
no sepamos con certeza que existan, no hay que eliminarlo como posibilidad
¿no es así?- el moreno lo sujetó por los hombros
saliendo de la sala y cerrando la puerta a sus espaldas -No me considero
un escéptico, de cualquier modo… seguiremos conversando
¿no es así? Tal vez encuentre en mí lo que
no haya encontrado en sus compañeros…- el moreno echó
un vistazo a dos de sus colegas que lo miraban con un trazo espantado
y sonrió, subiéndose las gafas. Ya sabía lo
que decían…
- Tal vez. – sonrió, al escuchar parte de sus ideas
reflejadas, aunque sin especificar si se refería a seguir
conversando o a lo segundo.
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