Capítulo
21
Grandma Never Said There'd Be Days Like
This
–A ver... ¿no te molesta que te haya traído
de compras, verdad? –preguntó Reiji cuando ya salían
de la tienda de conveniencia, con una bolsa en la mano, de pronto
pensando en que a lo mejor Dusk hubiese preferido ir directamente
a casa –. Es que... no tengo casi nada que ofrecerte y si
no te tomas tu leche con orégano y yo qué sé
qué más, pues... a lo mejor no duermes –añadió,
como si se tratase de una criatura que necesitara un cuidado especial.
–Sí, es verdad. Si no me tomo eso, no me concilio el
sueño –el rubio se rió, sacándose algunos
chocolates que se había metido en los bolsillos del pantalón
–. Además, yo también tenía que comprar,
¿ves? –dejó escapar la risa, metiéndose
uno en la boca, aunque ahora estaban un tanto blandengues –.
¿Quieres un chocolate? –preguntó, cogiéndole
la bolsa –Te la llevo porque eres guapo… –se rió
con una expresión un tanto infantil en la sonrisa –¿Es
que no comes? Te alimentas de heroína y sexo…
Reiji dejó escapar una carcajada, preguntándose cómo
es que podía bromear tanto luego de lo sucedido.
–Sí, algo así, más o menos. No compro
mucha comida –extendió una mano, tomando uno de los
chocolates del rubio y metiéndoselo en la boca.
El rubio lo miró, caminando a su lado.
–El ente está enamorado de ti, sólo quiere hacerte
a ti sus confesiones, y además no te manda hacer pruebas
–sonrió de pronto –. Seguro que tienes un pacto
con Lucifer –echó una mirada alrededor, pensando en
si viviría por alguno de esos edificios.
–No bromees con eso –contestó Reiji, sintiendo
un escalofrío –. No sé por qué me habrá
elegido a mí, pero igual... es muy creepy –. Se pasó
las manos por los brazos, como protegiéndose de algún
frío que seguramente sólo él sentía,
y guiándolo como era de suponer, a uno de los edificios cercanos,
dirigiéndose a un ascensor bastante pequeño y alzando
manualmente la “puerta” al estilo antiguo.
–¡Oye! ¡Nunca había visto un ascensor de
estos! Qué guapo, son como los de las películas…
y además son un tanto tétricos –Dusk se rió
mirando la verjita metálica de la puerta con algo de curiosidad
–. No vivirás con ningún maromo que vaya a partirme
la cara, ¿no? Que por hoy, ya me ha llegado de hostias –dijo,
pese a todo con una sonrisa.
–No, ¿cómo crees que iba a invitarte si ese
fuera el caso? –lo tocó en el hombro, haciéndolo
entrar al ascensor y pulsando el número para subir –.
Es un edifico viejo, pero se vive bien. Claro, tampoco es un palacio
–comentó sonriendo, de pronto pensando que no había
comprado pomada y que debía haberlo hecho.
–No sé, igual pensabas que no se aparecía –se
rió como si tuviera gracia que le partiesen los dientes –.
Sí, se ve un poco viejo, pero a mí eso me la suda.
Bueno, ya has visto que mi casa no es un palacio, el caso es que
a mí me da igual cómo se vea por fuera, si para el
caso vivo dentro –sonrió, metiéndose otro bombón
en la boca.
–Pues entonces, no hay ningún problema, ¿eh?
– le sonrió, abriendo la verjita de nuevo al detenerse
el ascensor en el piso 7, y bajándose, guiándolo hasta
su apartamento. Abrió la puerta, haciéndose a un lado
para que pasara. No era un sitio lujoso, pero sí bastante
amplio y lo suficientemente amueblado. O al menos, tenía
lo que Reiji quería, que más bien era lo estrictamente
necesario, ya que casi sólo paraba allí a dormir.
–O.K. cualquiera diría que nadie vive aquí.
Recuérdame que te regale un esqueje de mi plantita, a ver
si así parece un poco vivo –se rió, pensando
que seguro que hasta a la pobre plantita la dejaba morir sin regarla.
Pasó al interior, dejándose caer en uno de los sofás
–. Bueno… al menos tú tienes sofás y si
no duermes en uno de ellos, debes tener un dormitorio también.
–Claro, aunque si te soy sincero, a veces estoy tan cansado
que ni siquiera llego allí –se rió, pensando
en que también dependía de si regresaba solo –.
Y mejor no traigas una planta aquí. Seguro que hasta me habla
sólo para que le preste atención. No paso casi tiempo
en casa –explicó, dirigiéndose a la cocina para
guardar las cosas y asomándose de nuevo, para mirar al rubio
–¿Quieres que guarde tus bombones en la nevera un rato?
Así no se te derriten más.
–Bueno, sabiendo el tipo de planta que es, tal vez sí
te hable y tú a ella, y puede que nazca una hermosa historia
de amor entre ambos. Y no, porque ya sólo me quedan tres…
–dijo, procediendo a desenvolverlos y metérselos en
la boca del golpe para evitar que pareciera que se había
cagado en los bolsillos. Lo siguió hasta la cocina, colgándose
de los marcos de la puerta y balanceándose un tanto –.
¿Duermes en casa de tus novios? Creía que te los tirabas
y por la sombra…
Reiji lo miró, sin poder evitar reírse ante esa actitud
de niño hiperactivo que tenía.
–Bueno, yo no los llamaría mis novios, pero sí
y no, depende. A veces me quedo con ellos, a veces ellos se quedan
aquí. Y a veces... es como en el bar, ¿ves? ¿Quieres
algo de beber, o ya te vas a tomar el preparado especial y mágico
de Dusk? –preguntó, sacando una botella de cerveza
de la nevera para él mismo.
–¿Como en un bar? Quiero un Reiji, ¿me lo sirves
caliente por favor? Y con dos terrones de azúcar moreno,
a poder ser –se rió, entrando finalmente y cogiendo
la leche de la bolsa –. Ya me hago mi guarrada, es porque…
la yema con orégano y leche caliente, aunque sabe…
a… no sé, pero muy mal –se rió de nuevo
mientras lo preparaba –. Me ayuda a dormir, ya te lo dije…
e igual necesito mi peluche, pero esta noche te aplasto a ti en
compensación.
–Eres muy extraño, Dusk –se rió, mirándolo
intrigado y bebiendo de su botella–. Tendría que cobrarte
por mis servicios de peluche si no fuera porque es... bizarro.
–Y porque no puedo pagártelos –se rió,
revolviendo el contenido del vaso y mirándolo un tanto serio.
Tanto, que parecía querer agriar la leche. Sonrió
de nuevo al instante –. Tú me invitaste a venir, así
que, debería ser yo quien te cobrase los servicios de plushie
–se bebió el contenido del vaso, dejándolo en
el fregadero y pasándole un poco de agua –. Qué
horrible sabe…
–¿Por qué necesitas beber eso para dormir? No
lo comprendo –indagó el moreno, curioso. Aquello a
él, más bien lo despertaría. Claro, él
necesitaba otras cosas y a cada cual lo suyo, ¿no?
–Yo que sé… Mi abuela decía que así
te entraba el sueño, y como era mi abuela, debía de
tener razón, ¿no? O al menos eso piensan todos los
nietos. Es igual, estás obsesionado con mi ponche, ¡olvídalo
ya! –se rió a carcajadas, sentándose en la encimera
–¿Tú por qué necesitas la heroína?
–Porque mi abuela no daba muy buenos consejos –bromeó
riéndose –. Y hablando de eso... –avisó,
dirigiéndose a la sala y sentándose en el sofá,
sacando la bolsita de polvo blanco y colocándola sobre un
pequeño espejo sobre sus rodillas –. No te molesta,
¿verdad? –preguntó por si acaso.
–Mientras no vayas a meterlo por mi nariz… no –el
rubio apoyó su hombro contra el marco de la puerta, observándolo
–. Verás… a mí eso me da asco, te lo vas
a meter por la nariz, se te va a pegotear en los mocos… y…
–se rió, revolviéndose un poco el pelo –Mi
abuela te diría “vas a acabar mal, mijito”
El moreno terminó de absorber el polvo, guardándose
de nuevo el billete de baja denominación en un bolsillo,
aunque dejando el espejo en el sofá, y dándole otro
trago a su botella, dejándose caer hacia atrás de
nuevo.
–Bueno, la mayoría de las cosas tienden a acabar como
empiezan, pero al menos, nunca me ha pasado eso de los mocos hasta
ahora –se rió, extendiendo una mano hacia él
–. Ven aquí, Dusk y pretende que eres mi abuela. Así
me riñes con más propiedad.
El rubio se rió, acercándose.
–Pero es que yo no tengo las tetas grandes… y una abuela
nunca es lo mismo si no tiene las tetas enormes –sonrió,
cogiéndole la mano algo rojo y sentándose en el sofá,
cruzando las piernas sobre el cojín a su lado –. Esperemos
que no acaben como empezaron, nadie quiere que Reiji use pañales…
–Dusk se rió un poco, acercándose –. ¿Recuerdas
ese anuncio antidroga que para simbolizar la heroína una
larva enorme y blanca se colaba por la nariz del tío? Jamás
pude prestarle atención, sólo podía mirar los
pelos que colgaban de ese agujero enorme… en serio –se
rió a carcajadas, echándose atrás en el sofá
también –. Qué asco, debieron coger a otra persona.
Claro, muy poca gente dejaría que le metiesen tremendo gusano
en la napia.
–No sé yo si se lo habrán metido. Lo más
probable es que lo hiciesen con ordenadores o algo así –Reiji
se rió ante las ideas del rubio, y dirigió una mirada
a la ventana. Sólo podía verse el cielo nocturno,
completamente oscuro, desde la posición en la que se encontraba
–. ¿Sabes? Me gusta la vista desde este piso –comentó
sin embargo –. No es lo que alguien llamaría hermoso,
seguramente, pero... me agrada ver la ciudad, especialmente de noche.
–¿Alguna vez te quedaste dormido en la calle? Una vez
me dormí en la hierba de un jardín. Te sientes terriblemente
expuesto a cualquier peligro, y terriblemente solo, pero aún
así no puedes levantarte de allí. Eso sí, cuando
te levantas a la mañana siguiente, tienes un dolor de riñones
horrible, y te han picado y anidado 200 bichos asquerosos –se
rió, arrodillándose y apoyando un brazo en el respaldo
para acercarse más.
–No... No puedo decir que haya pasado por esa experiencia.
Pero la próxima vez que te estés quedando inconsciente
en un jardín, vienes a mi casa y ya está –se
rió un poco, estirando una mano para tocarle el cabello –.
Aunque sí he dormido en lugares no muy recomendables.
–Normalmente, cuando eso sucede, es porque estoy demasiado
subido como para pensar razonablemente –el rubio se rió
un poco, enrojeciendo al sentir el contacto –. En lugares
no muy recomendables, ¿la casa de algún tío
de esos? –preguntó el rubio, apoyando más la
cabeza hacia la mano de Reiji para que lo acariciara –. Tampoco
es que te lo hagas con cualquiera, ¿no?
–¿No? Yo creía que sí –se rió,
siguiéndole el movimiento y acariciándole la cabeza
–. ¿Por qué? ¿Te estoy dando asco o quieres
hacerlo?
–No me das asco, y no es por eso –el rubio lo miró
de soslayo, más rojo imposible, y carraspeó un poco,
removiéndose en el asiento y riéndose después
–. Para, sólo quieres vacilarme, te digo… Verás,
la cosa es que sólo me estaba preocupando por ti y tú
ya lo sabías, así que para de cachondearte.
–En realidad, pensé que sólo tenías curisidad,
pero... –lo miró sonriendo y girando uno de sus mechones
con un dedo –...lo haría contigo, ¿sabes? Si
quisieras. Así que si alguna vez quieres, sólo tienes
que pedírmelo.
El rubio se echó un poco más atrás en el asiento,
un tanto cohibido, cogiéndole la mano con la que lo acariciaba
y sonriendo rojo.
–¿Es… bueno… es… porque tú
quieres acostarte conmigo? ¿O es que me haces ese favor?
–se echó un poco más atrás, sintiendo
que ya rozaba el borde del sofá –Porque me estás
poniendo nervioso –se rió, apretujándole un
tanto la mano.
–Eso ya lo sé –le sonrió, tirando un poco
de él para que no se fuera a caerse –. Tranquilo, que
tampoco te voy a violar, y no como gente. Te digo que si quieres,
o si llegas a querer algún día, no te cortes sólo
porque somos amigos. Para mí... no sería precisamente
una tortura, ¿entiendes?
Dusk asintió con la cabeza, un tanto enérgicamente
de más, chafándose la nariz y mirando a otro lado,
riéndose después.
–Comprendo… Yo te gusto. Tú me gustas…
Claro, tú le gustas a mucha gente… ya estás
acostumbrado –murmuró después, como dándose
la charla a sí mismo y pegándose un poquito más,
sintiendo que se ponía tremendamente serio mientras besaba
su mentón y después sus labios. Se separó sonriendo
–. Estás volado…
–Como un avión –le contestó el moreno,
riéndose y echando la cabeza hacia atrás en el respaldo
del sofá –. Pero lo decía en serio, ¿eh?
Además, no creo que al resto de la gente le guste como te
gusto a ti. Y... no sé si a ti te gusto como pienso que te
gusto –sonrió, pensando que probablemente lo estaba
mareando –. Cuando quieras dormir, nos vamos a la cama. Hay
más espacio.
–Yo sólo sé seguro que me estás mareando
con tanto juego de palabras… –Dusk se rió un
poco, apretando la mano que aún sujetaba y entrelazando los
dedos con los suyos –. Me gustas como crees que me gustas…
–susurró en bajito, mirando su mano –¡Vamos
a la cama! Hay más espacio –se rió, levantándose
y revolviéndose el pelo con ambas manos, dándole la
espalda –. Te sigo.
–Vamos –Reiji le sonrió, levantándose
y llevándolo de la mano hasta su habitación, que a
diferencia al resto del apartamento, sí se veía bastante
utilizada, con excepción del escritorio con sus cosas de
escuela, al cual lo cubría una fina capa de polvo. Los únicos
libros sin polvo eran los que estaban en su mochila, y no solía
cambiarlos mucho de todas maneras. Le soltó la mano, quitándose
los pantalones y dejándose caer sobre el colchón de
la cama tamaño familiar, observándolo –. No
tengo pijama... Si quieres te presto alguna camiseta de esas estiradas
o algo así, disculpa.
–Nah… Si no tienen focas no es lo mismo –se rió
un poco, quitándose la camiseta y el jersey, tirándolos
al suelo y fijándose en los polvorientos libros de texto
–. Estudias mucho… –comentó, con una sonrisa
en los labios que denotaba su ironía. Se sacudió los
pantalones, dejándolos caer sobre el resto de la ropa y se
sentó en el colchón, lanzando los calcetines a la
pila –. ¿Seguro que no vas a estudiar más? Hay
becas para estudiar gratis… –explicó el rubio,
pasándose los dedos por el arito en uno de sus pezones y
jugueteando con él.
–Sí, pero yo no me creo capaz de ganar una beca –se
apoyó de lado sobre uno de sus brazos, observando el movimiento
de su dedo sobre el aro –. Esas cosas no son para gente como
yo.
–¿Por qué? Yo tengo una beca… ¿te
gusta? –preguntó, refiriéndose al arito y parando
ya de “amasárselo”, sin poder evitar ponerse
rojo, aunque era una manía que jamás podía
abandonar cuando estaba sin camiseta –. Dolió…y
a veces me lo engancho con los jerseys… y te cagas –se
rió, tirándose en el colchón y pasándose
la mano por el abdomen, girándose de medio lado –.
¿Puedo decirte algo sin que te enfades?
–Puedes decirme lo que quieras... –le sonrió
el moreno, pasándole un dedo por el arito con suavidad –.
No suelo enfadarme de todas maneras.
El rubio se mordió el labio, jugando con el pendiente en
este y poniéndose aún más rojo. Se estaba excitando
bastante y le daba la risa por más estúpido que pareciese.
Sonrió, aún sujetándose el labio.
–Creía que los tíos no sentían nada ahí,
pero eso no es lo que quería decirte –carraspeó
de nuevo, cogiéndole la mano –. Así no puedo
concentrarme, es algo serio, escucha… verás. Hum…
–lo miró a los ojos a pesar de estar rojo y levemente
empalmado, tratando de parecer serio –. No puedes estar prostituyéndote
toda la vida, así que, o sigues estudiando, o te buscas otro
empleo además de ese. O acabarás tirado en cualquier
rincón, colgado y viviendo de limosnas, y eso no puede ser.
–¿Y por qué no puede ser, Dusk? Quizás
ni siquiera viva para eso. O quizás, me consiga un amante
rico que me mantenga –se rió, dejándose caer
de espaldas de nuevo –. No pongas esa cara, que no es tan
grave. Mi única manera de conseguir una beca, es haciendo
lo que hago mejor. Y no creo que me la den así.
–Porque yo no quiero que acabes así –el rubio
lo miró serio, sonriendo después y mirando la colcha
–. Jo… encima pides a uno rico para mantenerte. Sí
que eres un gatito fino después de todo. Voy a tener que
currarme más lo del empleo –se rió, bajando
un poco la mano hasta su cara y acariciándole una mejilla,
un tanto cortado, aunque si le decía que le dejaría
hacerle el amor… acariciarle la cara no era nada, ¿no?
Claro que para él sí, hacía mucho tiempo que
le gustaba, aunque no del mismo modo. Le pasó las yemas de
los dedos por los párpados, haciéndole cerrar los
ojos y bajándolas hasta sus labios, deteniéndose allí
y bajando la mano a su mandíbula, dejando escapar una sonrisa
–. ¿Cómo te gusto yo a ti?
Reiji sonrió, aún sin abrir los ojos, dejándose
acariciar.
–No lo sé, me agrada estar contigo. No me juzgas, y
no estás aquí sólo por una necesidad básica.
Es agradable, poder conversar así.
–A no ser que vayas a ser mi desayuno, creo que no puedes
ser ninguna de mis necesidades básicas. Bueno… entonces
te gusto del mismo modo que tú a mí, porque…
–se rió de sí mismo y de todas las vueltas que
tenía que dar para una tontería –no quería
sólo que me dejaras besarte –se agachó un poco,
rozando los labios con sus pestañas y arrastrándolos
con suavidad por una de sus mejillas hasta sus labios, besándolo
tiernamente y sintiendo que temblaba un poco.
Reiji lo besó de vuelta, tocando su rostro con una mano,
acariciándolo y dejando resbalar su lengua entre los labios
del rubio, sin decir más.
Dusk deslizó la lengua contra la suya nervioso, tirándose
de medio lado de nuevo y abrazándolo contra él, deslizando
las manos sobre su camiseta con rapidez, tal vez de una forma demasiado
firme, pero ahora sólo podía limitarse a besarlo,
y torció un poco el rostro abriendo los labios y jugando
con su lengua contra la de Reiji, observando cómo se acariciaban.
El moreno se separó un poco, sonriendo y pasándole
la lengua por el aro del labio, volviendo a introducirla en su boca,
acariciándole los brazos para girarlo un poco, quedando casi
sobre él.
–Te quito esto… –anunció, hablando con
rapidez, sacándole la camiseta, apenas dejando de besarlo
por unos segundos y retomando sus labios de nuevo, ahora acariciándole
la piel, respirando con fuerza contra sus labios, apartándose
para lamer su cuello y girarse sobre él.
–Ah... –Reiji dejó escapar una ligera protesta
involuntaria al sentir el roce contra uno de sus pezones, que había
quedado lastimado aún de su “encuentro romántico”
con Takase, así como el otro moretón que tenía
sobre sus costillas. De todas maneras, lo acercó de nuevo
a su rostro, besándolo profundamente, y apretándole
las nalgas contra sí, subiendo una de sus manos para revolverle
el cabello.
El rubio se apartó un poco entonces, al sentir el quejido.
Observó la herida en su pecho, así como el hematoma
en sus costillas, aguantándose en los brazos para mirarlo.
–Lo siento… –se agachó para besarle donde
le había lastimado y se arrodilló en el colchón,
con una de las piernas de Reiji entre las suyas, pasándose
la mano por el pelo, echándoselo hacia atrás sin dejar
de mirarlo a los ojos –. Joder, perdona, se me había
olvidado… –dijo un tanto cohibido además de rojo.
–No te preocupes, no es tu culpa. Además, no lo sabías
–sonrió, recordando que sólo le había
mostrado lo del muslo y alzando una mano para acariciarle la mejilla
–. No tienes por qué detenerte...
–Bueno… sí tengo por qué, estás
lastimado… –se acostó a su lado de nuevo, pasándole
la mano por las costillas, acariciándolo y besándole
la mejilla, esperando que no se fuera a sentir mal porque se hubiese
detenido. Se detenía por él, no quería hacerle
daño. Si hacía eso, no había mucha diferencia
entre él y Takase –. ¿Te echas crema?
–Olvidé comprarla –dejó escapar una risita,
guiñándole un ojo, aunque sin decirle que si la hubiese
comprado, hubiera sido realmente por el rubio, porque él
solía dejar que las cosas le sanasen a lo natural. Suavizó
un poco su sonrisa, observándolo –. Si sigues siendo
tan amable conmigo me malcriarás, y entonces mis clientes
se enfadarán contigo.
–Bueno, de todos modos no tengo planeado tratar de ser su
amigo… –el rubio sonrió un poco cohibido –.
No importa, mañana te llevaré la mía…
que si no, sé que no te la comprarás jamás.
Siempre hay algo mejor en lo que gastarse el dinero –sonrió
de medio lado, acostándose completamente y pegando la nariz
a su mejilla, abrazándolo –. No creo que te esté
tratando demasiado bien, no te mereces otra cosa.
–Gracias... –sonrió el chico, tanto por sus palabras
como por lo de la pomada –¿No la necesitas tú
también?
–Nah… Es igual, a mí me quedan de duro…
–se rió, tirando un poco de él para abrazarlo
más, acariciándole la nuca. Seguro que no era nada
bueno, pero se estaba enamorando de él, a pesar de todo –.
Me estoy enamorando de ti… –soltó casi como llevado
por la inercia de sus pensamientos –. Ya sé, no digas
nada, pero igual... yo tenía que decirlo.
Reiji se quedó un tanto sorprendido. ¿Enamorándose
de él? ¿Pero en qué estaba pensando? Sonrió
contra su pecho, pasando su mano suavemente por su espalda.
–Seguro que sí... Eso es que aún no me conoces
lo suficiente o... que tienes muchas ganas de hacerlo –dejó
escapar una suave risa, sin dejar de acariciarlo.
–No te burles… Bueno, es igual… puedes burlarte,
no sé, me estás mareando y no comprendí bien,
pero da igual –se rió por lo bajo, agachando la cara
y refugiando la nariz entre su cabello –. Estoy dormido, no
he hablado.
–No me burlo, yo tampoco he dicho nada –se rió,
siguiéndole el juego y acurrucándose contra él
con los ojos cerrados.

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