Capítulo
20
BreakDown
Arai se sentó en el marco de la ventana fumándose
un cigarro mientras esperaba a que Kinsei volviera de coger agua
en la cocina. Dejó caer la ceniza y apagó el cigarro
en el marco levantándose. Las cosas se estaban complicando
cada vez más y no sabía cómo acabarían,
pero estaba seguro de que bien no, y los que más le preocupaban
eran Kinsei y Sachi, porque se veían peor que ninguno de
ellos. Claro que, a Kinsei también le había tocado
lo peor de todo. De momento, ni Sachi ni Reiji habían sido
escogidos, lo de Reiji tenía media lógica, pero Sachi…
Alzó la vista un poco, pese a no levantar la cabeza y miró
al moreno, sentándose en el marco de la ventana de nuevo.
–Gracias –dijo refiriéndose al agua.
–De nada –contestó el chico, sentándose
en la cama y bebiéndose su vaso casi de un golpe –.
No quería incomodarte, ¿sabes? –intentó
disculparse por haberlo hecho ir hasta allí y por su actitud
anterior, aunque aún no se recuperaba del todo, y dudaba
que jamás fuera a hacerlo.
–¿Por qué? No me molesta quedarme. Si me molestase,
ya no te lo habría ofrecido… –se quedó
callado, pensando que tal vez había sonado un tanto bestia
–. Me gusta estar contigo, eres agradable –el moreno
lo miró, respirando profundamente como si estuviera algo
cansado y se apartó un poco el pelo, cogiendo el vaso de
agua y parándose frente a él a bebérsela –.
Jamás pensé que esto acabaría así, no
sé… pensaba que el papelito era de Sachi o tuyo.
–Sí, yo también pensé que era tuyo o
de alguna de las pijas, pero... –se pasó una mano por
la cara, sin poder evitar recordar la cara de terror de la chica,
aquellas palabras de Arai “muerta” –. No debimos
empezar a jugar a esto.
–Da igual, ahora ya ha empezado y no va a detenerse hasta
que lo desee. No parece que eso vaya a ocurrir pronto, así
que mejor será que estés preparado para afrontar lo
que venga, no sirve de nada lamentarse… –el moreno giró
el vaso sobre la mesa, mirando alrededor en su habitación
–Últimamente estoy dándome cuenta de que este
juego comienza a ser de supervivencia, es nuestra vida o las suyas,
nos está obligando a matar. Puede que pronto nos pida que
nos matemos entre nosotros.
–¿Y eso te parece bien? ¿Matar para sobrevivir?
–se levantó un tanto bruscamente de la cama, bastante
alterado –. ¿Estás dispuesto a matar a quien
sea para vivir, eh? ¿Me matarías a mí? ¿Matarías
a Sachi? ¿A quien matarías, Arai? Yo no puedo, no
pienso matar a más nadie. No quiero morir, pero a ese precio...
–Me parece bien matar para sobrevivir, sí, sobrevivir…
como sea –el moreno lo miró a los ojos sin alterarse,
siguiéndolo con la mirada y apartando la vista después,
pasándose la mano por la nuca y revolviéndose un poco
el cabello negro –, pero no os mataría a vosotros,
aunque sí lo haría para protegeros. ¿Crees
que es mejor morir tú para que no se muera otro que a lo
mejor ni siquiera soportas? ¿Por qué vale más
su vida que la tuya? –se acercó, mirándolo a
los ojos y guardándose las manos en los pantalones. Seguramente
si se tratase de otra persona se habría alterado, pero sabía
que Kinsei estaba nervioso.
–¿Y por qué vale más mi vida que la suya?
–lo miró, devolviéndole la pregunta –¿Acaso
vale la pena vivir así? ¿Ser un asesino? ¿Crees
que alguna vez voy a olvidar estas cosas, Arai? –le dirigió
una mirada desesperada, tocándose la cabeza como si aquellas
imágenes se fuesen a desbordar –No, nunca. Yo no tengo
derecho a decidir que mi vida es mejor que la de los demás,
y tampoco tengo los nervios para andar por ahí matando gente
a sangre fría.
–Siempre vale la pena vivir si tienes ganas de hacerlo. ¿Tienes
ganas de vivir? Entonces mereces vivir. Si no tienes ganas…
entonces seguramente estarás tirando tu vida de todos modos.
Para mí vale más tu vida que la de mucha gente, es
mi opinión, tú puedes tener la tuya, nadie te la va
a negar. Siempre gana el que tiene más ganas de vivir…
–el moreno se volvió, pensando inevitablemente que
ya se empezaban a conocer demasiado como para que siguiera agradándole,
y dirigió su mirada a la pared, sonriendo un poco, camuflándose
con el cabello.
–Así es, ¿no? Pero no es así... –el
moreno se apoyó en el marco de la ventana, mirando hacia
fuera, aunque en realidad no veía más que lo que estaba
dentro de su mente –No es una pelea, no es una guerra... Ni
siquiera saben que pueden morir, no es lo mismo –giró
el rostro hacia Arai, observándolo de pronto –. Una
chica murió por algo que hiciste, incluso Yurei murió
por algo que hicimos, pero... podía decir “fue un accidente”
o “fue su decisión” Pero esta vez... yo la sujeté,
Dusk le metió la pastilla en la boca a la fuerza. Sabíamos
que no era del todo seguro, que podía resultar mal. Y lo
hicimos de todas maneras. A eso no se le puede llamar accidente.
Y tampoco podemos decir que fue su decisión.
–Fue un accidente, no tratabais de matarla. Se trataba de
su vida o la vuestra, y consciente o inconscientemente, elegisteis
la propia –el moreno se acercó a él, observándolo
a los ojos, parado frente al chico –¿Y si ahora te
agarro por el cuello y te tiro por la ventana, Kinsei? Seguro que
te matas.
–Seguro, sí. ¿Y si la Guija te ordenase hacer
algo así? ¿Lo llamarías un accidente porque
no lo decidiste tú? –alzó sus ojos rojos al
moreno, sin ningún temor en ese sentido –. Sí,
es una locura. Estamos haciéndole caso a una tabla de madera
antigua, y la estamos dejando dirigir nuestras vidas.
–No lo llamaría nada, simplemente no lo haría,
¿pero… y si tratase de hacerlo, Kinsei? Tenemos que
obedecer, es la única salida… –el moreno se acercó
un poco más, hasta que casi sentía su calor, y levantó
la mano a su cuello, sujetándolo con algo de firmeza y empujándolo
un poco hacia fuera –. ¿Qué harías tú?
¿Te dejarías asesinar porque no quieres matar de nuevo?
–preguntó, mirándolo a los ojos y sintiendo
una extraña sensación en el estómago.
–No... No lo sé... No sé qué haría
–respondió un tanto nervioso, pero no sabía
por qué si confiaba en Arai –. Si alguien me atacase,
supongo que me defendería, pero...no es lo mismo hacer algo
que resulte en la muerte de otra persona sin que esta lo sepa. No
es lo mismo –dirigió su mirada hacia abajo, sintiendo
de pronto el impulso de saltar, aunque nunca antes en su vida había
tenido esas ideas. Volvió a mirar al moreno, ignorando aquello.
–Esto es como un ataque. Ese ente nos matará si no
matamos, es lo mismo, estamos a un paso del vacío. O matas
o te mata… –el moreno se acercó más, apoyando
la rodilla en el marco de la ventana y agarrándose a la pared
con la otra mano, dejando resbalar la que tenía en el cuello
de Kinsei por su pecho, acercándose a su boca sin saber muy
bien lo que hacía, respirando contra esta y apartándose
para mirarlo a los ojos –. ¿Nunca has sentido el deseo
de pegarle a alguien y no detenerte jamás? ¿De hacer
daño?
–¡No! –Kinsei lo empujó, tratando de enderezarse
un poco, más que nada, porque le estaba poniendo nervioso
–. Es decir, sí. He tenido ganas de pegarle a alguien,
o de gritarle, o de... no sé, pero nunca de esa manera, no.
–Pero me has gritado y me estás empujando. Yo no te
estoy haciendo daño. Si supieras que vas a morir si no matas…
a ese señor –dijo señalando a un hombre cualquiera
que pasaba por la calle –. ¿Crees que no lo harías?
Bueno, no… Tal vez tú no –se apartó, atrayéndolo
al interior de nuevo y sentándose en el borde de la cama,
mirándose las manos y deseando abstraerse, o de pronto borrar
toda aquella conversación –. ¿Quieres que me
vaya?
–No, no quiero quedarme solo, pero... pero no quiero seguir
hablando de esto –se dejó resbalar por la pared, hasta
quedar sentado en el suelo –. Quiero... –dejó
escapar un suspiro, pensando que a lo mejor estaba siendo egoísta
reteniendo a Arai. Él no tenía por qué comprenderlo,
no había estado allí. Y de todas maneras, eran distintos,
¿no? Y mucho.
El moreno lo miró, cruzando los brazos sobre las rodillas.
–Aunque no hablemos de eso, yo seguiré siendo así.
Aunque no hablemos, seguirá existiendo eso que no soportas
de mí –se levantó, parándose frente a
él y le dio un poco con un pie en el suyo, agachándose
después –Siempre digo lo que pienso y normalmente no
suele agradarle a nadie. Lo siento, creo que esperabas otra cosa
de mí.
–No esperaba nada de ti. Ya te lo he dicho, no me gusta juzgar
a las personas sin conocerlas –suspiró, bajando la
cabeza, dejando que el flequillo le cubriese los ojos –. Sólo...
no sé qué hacer. No creo poder continuar. Es como
si algo se hubiese roto dentro de mí.
–Es igual. Hay cosas que no te esperas que alguien haga y
cuando las hace… a veces te decepcionas –se sentó
en el suelo, apoyándole las manos en las rodillas y mirándolo
–. Tienes que continuar, porque si no, ya sabes lo que ocurrirá.
Creía que eras más fuerte.
–Ya, y también creías que era un buen chico
y ya ves... –le sonrió, aunque no muy animado, alzando
un poco la mirada.
–Eres un buen chico, aún me lo sigue pareciendo –sonrió
un poco contagiado –. Te arrepientes y te sientes mal. Yo
no. Ni siquiera estoy… No lo sé. Es como si nada hubiera
sucedido.
–Pero tú no hiciste lo que yo hice, es distinto –
la sonrisa se extendió un poco, aunque algo cínica
ahora –. Soy un buen chico. Eso quiere decir que si me arrepiento
y sufro cada vez que mato a alguien, puedo seguir matando y seguir
siendo bueno a la vez. No me lo parece.
–No lo sé, pero a mí me parece que eres una
buena persona, y no creo que realmente pienses que eres malo –Arai
se levantó, tendiéndole la mano –. Deja de estar
ahí tirado en el suelo lamentándote.
–Cierto, mejor voy a lamentarme a la cama –el chico
bromeó un poco, a pesar de todo, aceptando la mano que le
tendía el otro y poniéndose de pie –. No, yo
no soy malo. El tablero de Guija me hizo hacerlo, las voces me dijeron
que lo hiciera, Doraemon me dio las órdenes... –murmuró,
pensando en la infinidad de locos y asesinos que se consideraban
a sí mismos como buenas personas.
–¡Vale, Kinsei, eres un loco! ¡Un asesino! ¡Un
cabrón! –el moreno lo miró a los ojos, sujetándolo
por los hombros y perdiendo la paciencia por un momento –¿Te
gusta así, Kinsei? ¡Eres un hijo de puta! Mataste a
dos personas para no morirte tú. Qué cabronazo...
¿Por qué no vas a suicidarte? –lo soltó,
levantando las manos –Líbranos de tus impulsos homicidas,
vamos.
–Vete –contestó el chico de pronto, mirándolo
con los ojos algo aguados, aunque intentando retener las lágrimas
–. Si no vas a comprenderme... lo mejor es que te vayas.
–Bien… me voy porque no te comprendo, y como a mí
no me comprende nadie, es mejor que siga en mi mundo, ¿verdad?
Siento haber profanado el tuyo –el moreno cogió la
bolsa, descolgándose por la ventana y saltando al suelo.
Se pasó la mano por el pelo, golpeando la tubería
del desagüe y guardándose ambas manos después
en los bolsillos, subiéndose los auriculares. No debía
haberlo intentado siquiera.
Kinsei lo siguió con la vista a través de la ventana,
sintiéndose un poco culpable, pero tampoco iba a negar sus
propios sentimientos. Se dejó caer de nuevo contra la pared,
permitiendo que las lágrimas resbalaran por sus mejillas
silenciosamente. Jamás en su vida se había sentido
peor, y jamás se había sentido tan solo.

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