Capítulo
19
Accept No Substitutes
Reiji bajó las escaleras hacia el almacén, preguntándose
si no llegaría demasiado temprano, o si siquiera iría
alguien siendo domingo. En realidad no le daba miedo aquel lugar,
ya fuera porque allí no había pasado nada, o porque
a él no le había tocado ninguna misión. O tal
vez porque estaba demasiado colgado como para preocuparse. Se rió
un poco con esa última idea, bajando un poco la voz al divisar
la silueta que ya esperaba junto a la puerta, preguntándose
quien sería y si en vez de temprano no llegaba tarde.
El rubio caminó un poco hacia él, con la cara un tanto
golpeada, y sonrió al ver que se trataba de Reiji, aunque
ya le había parecido por la risa.
–Menos mal que llegas tú, quería preguntarte
una cosa. ¿Sabes cuantos miligramos de éxtasis dan
sobredosis? –preguntó mirándolo a los ojos.
Con la paliza que le habían dado por “perder”
una de las pastillas, ni siquiera habían querido preguntarles
a ellos, y eso que les había dado el dinero, pero claro,
conseguirlas era difícil, y no les había hecho gracia
ninguna.
El rostro de Reiji se puso serio al ver la cara del rubio, y se
acercó, sujetándolo por los hombros para verlo mejor.
–Olvídate de eso, mejor dime qué te pasó...
o... no me digas que tomaste éxtasis. ¿Hace cuanto?
¿Te sientes bien? –le preguntó preocupado porque
hubiese tomado demasiado y esa fuera la causa de su interrogante.
–No… –el rubio lo miró serio por un momento
–Yo sólo fumo porros, no tomo ninguna otra cosa, tienen
efectos secundarios muy burros. En realidad… no podíamos
conseguir que Subaru se callase y teníamos… que hacer
algo, se estaba poniendo muy histérica y se lo iba a contar
a la policía. Así que le di éxtasis. Lo llevaba
para venderlo a unos tíos, y claro… perdí una
pastilla y me partieron la cara… –finalizó de
pronto, riéndose como si fuera algo gracioso que te dejaran
la cara de verano.
–Bobo, no puedes jugar con esas cosas –lo riñó
a medias, pensando en que algunos de esos tíos que vendían
la droga eran bastante temibles como para enfadarlos –. ¿Cuánto
le diste?
–No jugaba, pero es que algo tenía que hacer, ¿no?
–el rubio se alteró un poco al volver con aquello,
y se llevó la mano a la cabeza, pensando –Un gramo…
–sentenció nervioso.
–¿Un... gramo? –Reiji bajó las manos,
bastante alarmado, retrocediendo un paso –¡¿Un
gramo?! Eso es... La dosis normal es de 80, 160 miligramos como
mucho... y aún así... Dusk... ¿Has sabido algo
de ella?
El rubio se llevó las manos a la cabeza.
–¿160 miligramos? Dios… Dios… Dios…
–el rubio empezó a dar vueltas caminando sin sentido
alguno, y se acuclilló en el suelo, revolviéndose
el cabello –. Dios, mierda… –se golpeó
la sien con una mano. ¿Para qué cojones querrían
entonces esos tíos tremenda bomba? ¿Para hacer varias
pastillas con esa? –Dios… –repitió medio
histérico. La había matado, ¿no? Es que era
de suponer, estaba muerta –. Mierda… mierda, está
muerta… la he matado, seguro.
–Tranquilo, a lo mejor... A lo mejor se la llevaron al hospital,
no lo sabemos, ¿no? –trató de tranquilizarlo
Reiji, aunque no muy convencido. La verdad, con una dosis así,
le sorprendía que no hubiera muerto instantáneamente.
–No lo creo… si hasta esperamos unos minutos para ver
que empezaba a hacerle efecto. Dios, y Yuki también ha muerto,
se suicidó en la bañera de la casa de Subaru…
–levantó la cara con los ojos un tanto llorosos. ¿Qué
iba a pasar ahora? Había matado a alguien, por mucho que
no hubiera sido adrede, la había matado –. Mierda…
La he matado, ¿verdad?
–Yo... creo que sí, pero... –Reiji le pasó
una mano por la cara, sin saber qué hacer en esa situación
y bastante asustado ahora por todo aquello –. No es tu culpa,
no lo sabías. Fue una mala decisión, pero... tú
no eres un asesino.
–Joder, pero me la he cargado –lo miró, riéndose
un poco de pronto sin saber por qué, seguramente por los
nervios –. Coño… Me he cargado a una tía,
mierda… ¿Y si nos vieron al salir de la cafetería?
O saliendo del callejón después de darle eso…
Mierda, mierda –el rubio se pasó las manos por la cara
de nuevo, frotándosela –. No puede ser que esto esté
pasando… –dijo angustiado de nuevo.
–Pues... es.... es una sobredosis, pensarán que se
la vendiste o algo, pero... –se pasó la mano por el
cabello, sin tener ni idea de cómo arreglar eso. Jamás
había estado en una situación así, y le daban
ganas de meterse algo, la verdad. Pero en vez de eso, rodeó
al rubio por los hombros –. Vamos adentro, mejor te sientas
un rato y... ya veremos.
–O.K… –el rubio se dejó llevar, donde Arai
ya estaba sentado escuchando música, e inundando el cuarto
de humo con ayuda de Lorenz, aunque el moreno parecía sumergido
en las notas que el profesor había entregado y este parecía
sumergido en… el sueño.
Abrió sus ojos grises para ver a los dos chicos que entraban.
–Dos menos… –sentenció subiéndose
las gafas –. Primero Yuki se suicida en casa de Subaru, y
después Subaru se encontraba tan mal por la muerte de su
mejor amiga, que acaba por drogarse hasta ingerir una cantidad impresionante
de droga, sí… –dijo viendo el gesto del rubio,
que lo miraba un tanto desencajado con aquellos ojos rojos –.
La encontraron tirada en un callejón, algunas personas la
vieron convulsionarse y notaron que escupía espuma por la
boca…
–Dioooos… mierda… –el rubio se vio a sí
mismo preocupándose más porque lo hubiesen visto y
pudiesen implicarlo, que por el hecho de haber matado a alguien,
y se metió la cabeza entre las rodillas.
Arai se bajó los auriculares de los cuales había bajado
el volumen con anterioridad.
–Tranquilo, Dusk… –le apoyó la mano en
el hombro, acariciándole después el pelo.
Reiji se sentó a su lado, sosteniéndole la mano, conmocionado
por la situación. Sabía que el rubio debía
sentirse terrible, así como sabía que no había
deseado hacer ningún mal, era un poco inconsciente, eso era
todo. Pero esa manera de describir las cosas del profesor, le helaba
la sangre, era demasiado real. Claro que, era algo real después
de todo.
Kiri entró como si nada, seguido de una Sachi bastante incómoda
por bajar las escaleras con el rubio. Le devolvió la libreta
que le había entregado la noche anterior el profesor, en
donde había escrito un más que detallado resumen de
lo acontecido.
–Aquí está el informe. ¿Ha sucedido algo
interesante? –preguntó al ver las caras de tragedia
de casi todos.
–¿Arai? –indagó la chica preocupada, sentándose
junto a su vecino como siempre.
–Hola… –el moreno los miró y después
bajó la cabeza un poco, pasando a repetir lo que el profesor
acababa de relatarles.
–¿Dónde está Kinsei? –preguntó
el rubio de pronto, en cuando Arai dejó de explicarles lo
sucedido –. Kinsei… ¿no se habrá enterado
y habrá decidido no venir, no? Mierda…
–¿Qué dices? –Arai se levantó de
pronto, bastante nervioso –. Habrá que ir a buscarlo,
ni se os ocurra hacer nada con esa mierda hasta que no lo traiga
–dijo refiriéndose a la guija, y sin esperar ni lógica
ni argumentos, salió por la puerta a buscarlo. Tal vez sólo
era que no había conseguido huir de sus padres aún,
pero como fuera… había que llevarlo. Se paró
de pronto en la escalera, pensando en si no la acabaría cagando
él por ayudarlo, y apretó el pasamanos, avanzando
por fin y continuando la subida a la carrera.
El moreno llegaba tranquilamente, un tanto distraído, preguntándose
si Subaru estaría bien después de todo. En realidad,
venía tan distraído, que por poco se estrella con
Arai. Se detuvo apenas a tiempo, preocupado.
–¿Pasó algo? Mis padres... ¿Por qué
venías corriendo? –volvió a preguntar, más
interesado en eso, que en dar excusas.
Arai se quedó parado.
–No, iba a buscarte… –bajó la cabeza, sintiéndose
memo de pronto por haber salido tan precipitadamente –. Subaru
ha muerto de sobredosis, según nos ha contado Lorenz. Los
medios mantienen que estaba desesperada y se suicidó…
–le agarró el brazo por si echaba a correr.
–¿Qué...? ¿Qué...? No... –el
moreno parecía haberse quedado petrificado, con los ojos
un tanto desorbitados por la sorpresa. La habían matado,
ellos dos. Esta vez no había duda, era su culpa.
–Sí… –el moreno se le quedó mirando
sin saber muy bien qué hacer, salvo no dejarlo irse por nada
del mundo –. Pero ella iba a acusarnos a la policía,
¿no? No podíamos dejarla… Yo habría hecho
lo mismo, ¿me oyes? Tranquilízate un poco, fue un
accidente.
–¡No! No fue un accidente. Yo lo sabía, sabía
que eso era peligrosos de todos modos... –se llevó
la mano que tenía libre a la cabeza, estrujándose
un poco el cabello –. ¿Cómo demonios se me ocurrió
acceder a eso?
–Tenías miedo. Es normal que actuaseis de ese modo.
Teníais miedo de que nos descubrieran e hicisteis lo necesario
para que se callara. No queríais matarla, pero salió
mal. ¿Y si no hubierais hecho nada? Acabaríamos en
la cárcel. ¿Por qué? ¿Por no haber hecho
nada? Ya sabes lo que pasaría allí, somos unos críos…
–Da igual, maté a alguien, ¿entiendes? No me
importan las razones, sigue estando mal. No sé qué
voy a hacer... –lo miró a los ojos, bastante desesperado.
Si no lloraba era porque estaba demasiado aturdido como para hacerlo.
–No vas a hacer nada, vas a venir conmigo ahí abajo,
y vamos a ver qué nos dice la guija. Después te irás
a tu casa a dormir o lo que sea. No harás nada, no has matado
a nadie, fue un accidente, así que vamos abajo… –dijo
rodeándolo con el brazo por la espalda y mirando a otro lado
–.Venga, vamos…
–Sí, claro, dos accidentes. El mundo está lleno
de accidentes... –murmuró un tanto ido, soltando una
risita nerviosa, dejándose llevar sin embargo.
El profesor se giró a ver a Kinsei, y cómo Arai se
sentaba de nuevo al lado de Sachi llevando al moreno consigo.
El chico se sentó en el suelo, apoyado contra la pared trayendo
a Kinsei contra su pecho para que reposara la cara en él,
acariciándole la mejilla, aunque no sabía si le estaba
molestando o ayudando.
–¿Y qué vamos a hacer ahora? –preguntó,
mirando al mayor y luego a Kiri, imaginándose que ya se lo
habían contado mientras él había ido a por
Kinsei.
–Supongo... que debería... –murmuró Reiji,
un tanto reacio a abandonar a Dusk así como estaba, aunque
ya había notado que se recuperaba rápido. Se levantó,
sacando la caja y colocando el tablero sobre el suelo, mirando a
todos los demás, antes de decidirse. Con la atmósfera
tan tensa, ya no le parecía tan divertido. Estaba a punto
de poner sus manos sobre el indicador, cuando sintió la mano
de Kiri sobre la suya.
–¿Me permites probar? –le preguntó el
chico completamente serio. Le parecía que era tan buena oportunidad
como cualquier otra.
–S... Sí... –Reiji se hizo a un lado, dejándole
espacio al rubio, que se sentó frente al tablero, colocando
sus propios dedos sobre el objeto.
–¿Está muerta Subaru? –preguntó,
aunque todos sabían la respuesta, pero quería comprobar
si funcionaba bien. Sin embargo, el indicador no llegó ni
a moverse. Insistió de nuevo, para ver qué sucedía
–¿Está muerta Subaru?
Esta vez el objeto sí que se movió, pero la respuesta
no era la esperada. –R... e... i... j... i...
El moreno contuvo la respiración, echándose hacia
atrás con ganas de salir huyendo, pero se contuvo, mordiéndose
el labio con fuerza.
–¿Qué quieres? –preguntó el rubio,
observando cómo el indicador se movía nuevamente deletreando
– R... e... i... j... i... h... a... c... e... l...
a... s... p... r... e... g... u... n... t... a... s...
El profesor entrecerró los ojos, apuntando en la libreta
de notas. Siempre transcribía las conversaciones, pero aquello
era muy interesante.
–Reiji, por favor, tome su lugar y pregúntele –el
moreno miró los ojos amatista del moreno y le sonrió
–. Parece que tiene asegurada su existencia, al menos por
el momento. Seguramente ha de ser el más empático
o algo así, y por lo tanto, el mejor medio de transmisión
para el ente… Aunque no sé mucho de esto por el momento…
–Eh... Sí –accedió el chico, aunque aquello
no le hacía mucha gracia, pero colocándose de igual
manera frente al tablero.
–Ahora, pregúntale el por qué –sugirió
el rubio, aunque sin alejarse mucho, demasiado curioso como para
eso.
El moreno colocó sus manos sobre el indicador, con algo de
miedo, preguntando.
–¿Por qué debo ser yo quien haga las preguntas?
El indicador permaneció inmóvil por unos segundos,
moviéndose luego para deletrear lo mismo. R... e...
i... j... i... h... a... c... e... l... a... s... p... r... e...g...
u... n... t... a... s...
–Sí, pero, ¿por qué? –volvió
a preguntar, un tanto exasperado, recibiendo sin embargo la misma
respuesta una y otra vez, por más veces que preguntase. Hasta
que por fin, el indicador se quedó totalmente quieto, como
si se negase a responder de nuevo aquello –. Estás...
¿estás enfadado? –preguntó entonces el
chico, pensando que a lo mejor lo mataba por pesado. No, fue la
respuesta sin embargo.
Reiji se pasó las manos por el rostro, pensando que hasta
un viaje con éxtasis malo era menos espeluznante que eso,
y volvió a colocar las manos sobre el indicador, rindiéndose.
–Está bien... ¿cuál es la misión
de hoy? –para su sorpresa, el indicador se quedó inmóvil
bajo sus manos.
–Pregúntale si no hay misión –sugirió
Arai, mirando a Reiji interesado, y apartándose un poco el
cabello de la cara.
–Y pregúntele cuándo debemos volver… –dijo
después el maestro, que había apuntado incluso el
número de veces que el tablero había respondido lo
mismo. Tal vez sería interesante hacerles unas cuantas preguntas
a todos los que estaban allí.
–¿Habrá misión esta noche? –preguntó,
bastante mareado ya el chico, esperando, y observando la respuesta.
No, respondió de nuevo.
Rei procedió a la siguiente pregunta.
–¿Cuándo debemos volver? M... a... ñ...
a... n... a... –leyó.
Arai miró el tablero, pensando que era un coñazo tener
que ir todas las noches, pero, aunque aún no se acababa de
acostumbrar, le gustaba el trato con aquella gente. O al menos,
con algunos de ellos.
–Mañana por la mañana en el instituto, quisiera
que viniese a mi despacho, Kiri. Quiero hablar con usted. Os iréis
reuniendo conmigo poco a poco para hablar del asunto, quiero haceros
unas preguntas y saber lo que opináis, ¿estáis
de acuerdo?
Arai asintió con la cabeza, y Dusk se encogió de hombros,
asintiendo después también, aunque ya estaba más
calmado, pero no pensaba ni loco ver un informativo.
–Por mí está bien. Allí estaré
–Kiri contestó, con una media sonrisa, preguntándose
si el hecho de que lo hubiese escogido a él, era por azar
también.
–Sí, yo también estoy de acuerdo –aceptó
Reiji, más que asustado por lo del tablero. Mientras que
Kinsei se limitó a asentir, aún entre los brazos de
Arai, sin querer siquiera levantar la vista, a la vez que la chica
asentía igual.
Lorenz le sonrió al rubio de forma un tanto extraña
también, levantándose sin saber muy bien a qué
venía aquella media sonrisa, e imaginando de pronto que debía
de ser por los rumores que circulaban en el instituto.
–Salgan todos… –dijo esperando en la puerta a
que todos salieran –y que nadie hable con nadie de esto, ¿entendido?
Sólo pondrá en peligro a esa persona. Si alguien necesita
hablar de ello, háganlo entre ustedes. Incluso conmigo si
lo necesitáis, todos tenéis mi teléfono, pero
con nadie más. ¿Comprendido?
Los estudiantes asintieron, y Arai se levantó, cogiendo a
Kinsei con el brazo aún.
–¿Quieres que te acompañe a casa? Llevamos a
Sachi, y después te ayudo a subir a tu habitación…
–le susurró, porque no quería que los demás
vieran lo que iba a sugerirle –¿Quieres que me quede
a dormir contigo? –le preguntó serio, mientras salía
por la puerta.
Dusk se levantó, revolviéndose un poco el pelo, bastante
serio para ser él.
–Hasta mañana todos… ¿Por dónde
vas a casa, Reiji?
–Por las mismas calles de anoche, vivo cerca de allí
–respondió el moreno, preguntándose si era porque
le preocupaba su bienestar, o porque no quería estar solo.
De cualquier forma, no le molestaba –. ¿Vienes conmigo?
–Sí, voy contigo, que si no... me rallo caminando solo
–dijo el rubio, más aliviado de llevar a Reiji de compañía
–Además... si no nos distanciamos y se pierde el feeling
–bromeó un poco, aunque en realidad no debería
estar haciéndolo.
Kinsei negó con la cabeza, aunque él sí que
no deseaba quedarse solo. Lo que deseaba era encontrar alguna manera
de olvidarse de todo, aunque fuese por unas horas. Siguió
sin separarse del moreno, como si le hubiera dicho que sí.
Arai se quedó un tanto parado sin saber muy bien qué
hacer y miró a Sachi, inclinando una ceja, como dándole
a entender que no comprendía nada.
–Como quieras… ¿Estás seguro que no quieres?
No me cuesta nada –le insistió, aunque en realidad
le molestaba hacerlo.
–Venga, Sachi, yo la llevo a casa –dijo el profesor,
animando a la chica a llevarla en coche y sonriendo levemente.
–Sí, muchas gracias, profesor. Acompaña a Kinsei
a casa, Arai. A lo mejor no se siente bien –lo empujó
un poquito, comprendiendo lo que sucedía, y que Arai jamás
se iba a dar cuenta.
–Vale… –Arai la miró, pensando en si sería
buena idea o no que se fuese con el profesor, pero era un profesor,
¿no? Por más tenebroso que fuera –Vamos…
–el moreno le pasó la mano por la mejilla, y sacó
un chicle, finalmente distrayéndose en mascarlo. Odiaba no
saber qué decir.
Reiji le pasó un brazo a Dusk alrededor del cuello, animándolo
a seguir así, ya que a él también le iba a
dar algo como siguieran pensando en eso.
–Conmigo nunca se pierde el feeling, Dusk. Además,
tendríamos que balancear, ¿no? –le sugirió,
refiriéndose al hecho de que él ya había dormido
en su casa.
–¿Me llevas a tu casa? –preguntó, sonriendo
de pronto algo rojo –Jo… tendré que llorar mas
a menudo.
–Vale, pero no tengo orégano ni leche, así que
o paramos en una tienda 24 horas o me odiarás por siempre,
¿no? –bromeó Reiji con el rubio, aunque la verdad,
igual iba a parar, porque en su casa... como mucho había
algunas gaseosas y botellas de cerveza, y hasta eso se le estaba
acabando. Le dirigió una mirada a Arai, observando cómo
se alejaba caminando con el otro chico, que parecía un zombie.
Se alegraba de no haber tenido que participar en ninguna de esas
misiones hasta ahora, pero no estaba tan tranquilo como antes, claro.
Por su parte, Kiri ya iba llegando a la esquina de la calle, cuando
el profesor detuvo el coche a su lado, abriendo la puerta.
–Suba… –murmuró con el cigarro en la boca,
mirándolo de soslayo –. No queremos que los fantasmas
se lleven a una de las pocas mentes privilegiadas del centro –sonrió
de pronto levemente, sujetando el cigarro con la mano del volante
y expulsando el humo –. Mire qué suerte, se quedó
con la chica –dijo sonriendo y mirando a otro lado ya.
Kiri se asomó al coche, saludando a la chica con la cabeza,
sin abandonar su seriedad, a lo que Sachi respondió con una
sonrisa más bien nerviosa.
–Eso no va a suceder, pero gracias de todos modos –respondió
el rubio al profesor, ya entrando en el coche. Tampoco veía
motivos para caminar hasta su casa si le ofrecían llevarlo.

Sigue Leyendo!
|