Capítulo
18
Un Gramo de Silencio
Dusk revolvió la nata de su batido de kivi, pensando que
Kinsei era un insípido, y lo peor es que se estaba aburriendo
mortalmente. Bostezó de forma sonora, mirando el líquido
verdoso y dándole un trago, manchándose el labio de
nata y lamiéndoselo después, con un ojo entreabierto
y el otro cerrado.
–¿Es que no piensa llegar? Qué pesada…
¿seguro que la citaste a esta hora?
–Ya te dije que sí, ¿no? –le respondió
el chico, un tanto exasperado –. Yo también quiero
salir de esto. No creas que me encanta pasar mi domingo así.
Mira, ahí está –señaló a la chica
que ya se acercaba, aunque no le parecía igual que siempre.
Se veía fatal en realidad.
–Hola... –saludó la pelirroja, sentándose
a la mesa con los ojos bastante enrojecidos –Es horrible,
¿no? Primero Yurei y ahora Yuki... ¡Y en mi casa! –exclamó
como si aquella fuese la mayor tragedia.
–¿De qué hablas? ¿Le ha pasado algo a
Yuki? –preguntó el rubio sonriendo después –.
Bueno, sí… Ya sé que pasó la gran vergüenza,
pero tampoco hay que hacer tanto drama, ¿no?
–¿No lo sabéis? Pensé que por eso me
habíais citado... –la pelirroja los miró a ambos
incrédula, como si el mundo girase alrededor de ella y todos
tuviesen que saber a fuerza de osmosis lo que le sucedía.
Kinsei negó con la cabeza, con gesto serio y poniéndose
bastante nervioso. Si algo había sucedido de nuevo...
–Ayer, Yuki vino a mi casa, luego de lo que pasó, dijo
que no podía estar sola. Me pidió darse una ducha
y... y... –echó a llorar de pronto, cubriéndose
la cara y balbuceando un poco ininteligiblemente –...estaba
sumergida en sangre, fue horrible, nunca lo voy a poder olvidar.
Dusk se levantó un tanto espantado, sentándose a su
lado y recogiéndola con un brazo.
–Es horrible, pero no llores… tranquila... –¿Cómo
no iba llorar? Claro, tenía motivos para hacerlo, pero no
le iba a decir, sí, llora, venga –. Y supongo que fue
la policía y todo eso, pero no les dirías nada, ¿verdad?
La chica se pasó una mano por la cara, limpiándose
las lágrimas y pegándose más al rubio.
–Es que Yuki no quiso contarme qué le había
sucedido, y no sabía qué decirles. Ahora... tengo
mucho miedo.
Kinsei se había quedado mirándola horrorizado. La
chica se había suicidado, y lo de Yurei había sido
un accidente. No tenía nada que ver una cosa con la otra,
nadie los había asesinado ni nada por el estilo, pero lo
cierto es que por más razones lógicas que se repitiese,
no parecía una simple coincidencia.
–Calma, no tienes por qué tener miedo. No la han asesinado
o algo así –intentó tranquilizarla, logrando
sólo que la chica se desbordase en llanto de nuevo –.
Disculpa, no quería decir eso. Es... Quise decir que no es
tu culpa, ni de nadie. Es triste, pero... –no sabía
qué más decir. Sentía que, aunque indirectamente,
era su culpa y culpa de todos. Pero tampoco veía qué
más podían hacer. Y ahora mucho menos sabía
cómo llegar a lo que supuestamente tenían que pedirle,
se iba a ver demasiado sospechoso.
–Lo mejor es que no digas nada. Porque si dices algo... probablemente…
Lo más probable es que algo malo suceda, ¿comprendes?
Porque así funciona esto. Y además, tú no viniste
el otro día a la reunión.
–¡Es que teníamos miedo! Teníamos miedo
y ahora…
El rubio miró a Kinsei, levantando la ceja de la que se prendía
un clavito plateado, mucho miedo, pero bien que no les importaba
para salir por ahí y echarse un polvo con cualquiera.
–Bueno, pero lo mejor es que no digas nada… porque si
no, algo malo va a suceder, ¿comprendes?
–¿Cómo... Cómo que algo malo va a pasar?
–la chica lo miró, claramente asustada y creyendo que
el rubio la amenazaba.
–Pues es que... –Kinsei suspiró, sin que se le
pasase la mirada del rubio. Aquello le parecía más
difícil de lo que había pensado –. Mira, si
desobedeces, suceden cosas malas. Es como dice Dusk. Pero no queremos
que pase nada más, por eso te citamos, para tratar de evitarlo.
No tienes que hacer nada, sólo quedarte callada y estarás
bien.
–No... Vosotros... ¿Estáis locos? ¿Qué
queréis decir? Vosotros le hicisteis algo a Yuki, ¿verdad?
–la chica fue separando un poco su silla, mirándolos
y retorciéndose las manos nerviosa –. Voy a hablar
con la policía, voy a decirles todo.
El rubio se levantó, agarrándola de la mano y reteniéndola.
Antes de darse cuenta de lo que hacía, ya le había
tapado la boca con la mano y miraba a los lados alterado, sintiendo
el corazón golpeándole en el pecho, más aún
al ver la mirada aterrorizada que le dedicaba la chica. Le bajó
la cara contra su cuello, ocultando su rostro de los demás,
sin dejar de taparle la boca. Reteniéndola contra él
y mirando a Kinsei, buscando que le dijera qué carajo podía
hacer.
El moreno lo miró asustado, preguntándose por qué
demonios lo miraba a él, si había sido su gran idea
agarrarla así. Sólo estaba empeorando las cosas. Pero
ya no había marcha atrás, a lo mejor si hablaban con
ella de manera más calmada, podían lograr convencerla.
–¡Vamos! –exclamó, indicándole que
lo siguiera fuera del local, e internándose hacia un callejón
en la parte trasera, bastante alejado de la calle y no muy limpio,
por cierto.
Dusk la sujetó de los brazos contra la pared, haciéndole
una seña para que no gritara, y soltándole la mano
de encima de los labios.
–Escucha… no puedes decir nada. El tablero nos amenazó,
nos dijo que si decías algo, morirías –explicó
mintiendo, pero es que al fin y al cabo eso sería lo que
pasaría como no se callase la boca, ¿no? No tenía
ni idea –. Nosotros no vamos a hacerte nada.
–No, no...Vosotros estáis locos. Dejad que me vaya...
–protestó, aterrorizada. Ya lo había comentado
con Yuki y Yurei, seguro se sentaban allí abajo a consumir
drogas y alucinar quien sabe qué, pero no esperaba que llegaran
tan lejos –. Los tableros no hablan.
–Pues este sí, y como digas algo... –Kinsei apretó
los puños, conteniéndose porque se estaba dejando
llevar, y le estaba colmando la paciencia que no comprendiese aquello.
No quería más muertes. ¿Por qué no podía
simplemente entender y quedarse callada? –. Mira, te estamos
diciendo la verdad. No vamos a perseguirte, ni a hacer nada para
que no hables, y no te estamos amenazando. Sólo te estamos
pidiendo que por favor, nos hagas caso. Nosotros tampoco queremos
esto.
–¡Joder, está histérica! A ver, tía,
escucha de una vez, te lo voy a explicar de nuevo. Si hablas, esa
cosa la tomará contigo y acabarás como Yuki. ¿Es
lo que quieres? No, ¿verdad? ¡Pues entonces cállate!
Tengo una idea… –dijo de pronto, mirando a Kinsei –Si
no se calla… –sintió que el corazón le
iba a toda máquina en el pecho y se metió las manos
en los bolsillos sacando lo que hacían casi dos gramos de
droga y mostrándoselas a Kinsei. Pero jamás la había
probado, y no sabía cuánto debía darle. Acababan
de pasárselas y eran para vendérselas a otro, él
sólo fumaba porros. Si tenía eso encima, no le creerían
nada, ¿no? Y menos si contaba algo tan descabellado como
lo sucedido.
–Pues... no sé. Espera –accedió Kinsei,
aunque no muy convencido, pero aquel plan... podía funcionar,
¿no? A lo mejor hasta se le olvidaba todo y pensaba que toda
esta conversación era alguna alucinación extraña.
Y por una vez, no pasaba nada, ¿cierto? No, sí, podía
pasar algo, pero no sabía qué más hacer –.
Mira, Subaru, de verdad, te lo pido una vez más. No digas
nada, es lo mejor para todos –le rogó nuevamente.
La chica negó con la cabeza llorando.
–¡No puedo no decir nada! ¡Además, todos
estáis locos¡ Tú eras el único normal
y te has vuelto como ellos. ¡Unos frikis raros y asquerosos!
¡Estáis locos todos! ¡Todos!
Dusk la miró, deseando pegarle una bofetada y conteniéndose.
–Agárrala –le pidió empujándola
contra él, sudando sin parar y totalmente nervioso, mirando
las pastillas en su mano. No tenía ni idea –. No estoy
muy seguro de la cantidad… –le explicó al moreno
con las manos temblando –¿Un gramo?–preguntó
mirando al otro –Esto pone… pone un gramo…
Kinsei la sujetó, tal y cómo le pedía el rubio,
bastante molesto por sus palabras. Ya sabía que lo que le
estaban diciendo era difícil de creer, pero es que sólo
había que tener medio cerebro para saber que incluso si tenías
razón y te estaban amenazando, lo mejor era callarse, ¿no?
Al menos, él lo hubiera hecho.
–No sé... –respondió mirando al rubio
–ni siquiera he fumado un porro en mi vida. Supongo... supongo
que está bien, ¿no? –imaginaba que si la vendían
en una sola pastilla, tenía que ser la cantidad correcta.
Si no, era más lógico que cada pastilla fuese de menos.
–Bueno… pues, lo que sea… –el rubio trató
de empujarlas en su boca, sin conseguirlo, y arrastró los
dedos dentro de ella, tapándosela después –.
Da igual, si no se la traga, se deshará… y… no
sé… Creo que empieza a funcionar como en veinte minutos
o así… no sé… –se pasó la
mano por el pelo, echándoselo atrás y deseando que
estuviera Reiji allí. A lo mejor él sabía cuanto
era lo que había que administrar –. El caso es que
será mejor que nos quedemos, no vaya a ser que las vomite.
–Sí, es lo mejor... –murmuró Kinsei aún
sujetando a la chica, sin poder mirar directamente su rostro, porque
le hacía sentirse terrible estar haciendo eso –. ¿Crees
que funcione...? Quiero decir... –deseaba comprobar si el
rubio tenía la misma duda que él rondándole
la cabeza, pero le parecía de mal gusto preguntar aquello
delante de la chica.
–Sí… No lo sé. Como sea, se creerán
que estaba drogada si les cuenta esa historia y bueno… tampoco
es la primera vez que se drogan estas dos, porque alguna vez me
han pedido algo. Deberíamos irnos ya, mejor… Vámonos
ya.
–Sí... mejor, vámonos –acordó Kinsei,
aún nervioso, soltando a la chica que no parecía realmente
ni estar allí ya, si no alucinando quien sabe qué
cosas.
–Creo que puede dar paranoia, pero no lo sé…
desorientación y no sé qué más cosas,
pero es que no sé si la cantidad que le he dado sería
suficiente, o demasiado o… Yo qué sé…
–Dusk se pasó la mano por el pelo de nuevo, revolviéndoselo
sin saber qué hacer –. Hagamos… Hagamos algo,
¿quieres, Kinsei? Vamos a algún lado, a hacer algo
normal, ¿si?
–Sí, hagamos eso. Necesito relajarme –le respondió
el moreno, apenas volviendo la vista un instante, para ver que la
chica se había sentado –. Si no, estaré pensando
en esto el resto del día.
–Vale –el rubio se encendió un porro en los labios,
aunque le hubiera gustado poder fumarse cuatro de golpe para estar
bien volado y reírse un poco –. Dios… eso fue
horrible… –dijo sin poder evitar pensar en aquello de
todos modos –, pero no sé qué podemos hacer.
¿Qué haces tú? Tú eres normal, ¿no?
Hagamos algo de lo que tú haces. Vamos al cine, eso.
–Y supongo que ser normal, me convierte en un bicho raro,
¿no? –Kinsei lo miró, un tanto molesto por la
forma en la que lo decía y por otro lado, concentrándose
en cualquier estupidez para apartar de su mente lo que acababa de
pasar –. O.K. Vamos al cine, pero nada de terror, por Dios.
–Terror no, vamos a ver una romántica de esas que sales
enamorado de cualquiera que se te siente al lado… –el
rubio se rió un poco, tratando de tomar las riendas de su
cordura de nuevo, sólo porque le había hecho gracia
lo de que ser normal lo convertía en un bicho raro –.
No, yo pensaba que el bicho raro era yo por decirte normal…
–le sonrió, suspirando un poco –Venga ya…
no hemos hecho nada, solo lo que debíamos, ¿no? No
quiero que nos acusen de cosas que no hemos hecho, sólo porque
no van a comprendernos ni a hacernos caso… y menos por culpa
de una pija asquerosa.
Kinsei sonrió un poco ante aquella recuperación milagrosa
del ánimo.
–Pues yo no quiero que le suceda nada, aunque no me agrade.
Da igual, no quiero más muertes, pero... tampoco quiero terminar
en la cárcel o algo peor. Espero que con esto sea suficiente.
–Ya, pero yo prefiero que le pase algo malo a ella y no a
mí o a ti. Ella me cae mal… –se rió un
poco, mirándolo y tocándole las puntas del pelo –.
Además, ¿viste cómo hablaba de nosotros? Como
si fuésemos lo peor del mundo sólo por no ser unos
pijos de mierda como ella, pues que le den por saco. ¡Ayer
dormí con Reiji! –dijo de pronto felizmente, contándole
con toda la confianza, como si fueran amigos de toda la vida –Wa...
Reiji siempre me pareció tan cool… Me parece elegante,
¿sabes? Y no sé… tiene clase, ¿verdad
que sí? No parece un tío cualquiera, lo ves y te vuelves,
ya sea para criticarlo o para alabarlo, pero no pasa desapercibido.
No es como lo pintan…
–Pues... No sé, no lo conozco tan bien, la verdad,
pero... supongo que sí llama la atención –respondió
algo inseguro, preguntándose si tan sólo habrían
dormido y decidiendo que no era asunto suyo de todas maneras, pero
sí que estaba emocionado el rubio.
–¿Te gusta Reiji? Te digo… lo vi en ropa interior,
y nos abrazamos –se puso rojo mientras relataba, notando que
se le levantaba de nuevo, sin prestarle atención alguna al
hecho –. Dormimos abrazados, qué palo… –bajó
la cabeza, riéndose. Ya hasta se había olvidado de
lo sucedido y del cabreo que se iba a coger el tío que le
había dado esas pastillas para venderlas –. Y olía…
muy bien. Y es muy sincero, o al menos eso me parece, y le di un
beso y me lo devolvió… qué palo… Además
me dio mi primer beso. Claro, que fue una broma y no es lo mismo…
¿Ya has besado alguna vez? Un beso con lengua… –siguió
hablando sin parar y casi sin pausa.
–No –respondió el chico, negando súbita
y enérgicamente con la cabeza, algo rojo porque le preguntase
eso de repente, aunque suponía que era mayor para no haber
besado aún. Y el sólo pensar en eso, le dio aún
más vergüenza, así que giró el rostro
a otro lado –. Nunca he besado, no...Y Reiji, no se ve desagradable,
supongo. Nunca me ha hecho nada, así que... A ti sí
te gusta, ¿no? –desvió el tema, aún pensando
en lo del beso.
–Sí, claro que me gusta, es muy divertido, pero no
estoy enamorado de él si es lo que me estás preguntando
–el rubio lo miró sonriendo y notando su vergüenza
–. Que no te dé vergüenza, que no es ningún
pecado. Sólo tienes un año más que yo, y a
mí me lo robaron –se rió de nuevo, sacando la
lengua –. Si quieres te beso yo.
–No... Está bien, no lo decía por eso... –respondió,
aún más avergonzado, y girando más la cara,
en realidad, parecía que iba a hacer un giro de 180 grados
con el cuello, como siguiera así.
–Que era una broma, hombre, qué tímido –se
agarró a sus hombros, aplastándolo un poco contra
él y besándole la mejilla –. Mira… ¿te
gusta alguna chica?
–No... No me siento muy atraído por las chicas –murmuró
como pudo, y de manera un tanto confusa, porque aunque no solía
comportarse así todo el tiempo, el rubio no estaba ayudando
a que se relajase para nada. Giró un tanto el cuello de nuevo
hacia él, más avergonzado porque se lo hubiese señalado.
–Vamos, que eres gay. Mira, te voy a contar un cotilleo –se
rió entre dientes, atrayéndolo para susurrarle el
cotilleo en sí –. Bueno, no te avergüences, porque
yo no sé ni qué me gusta. Reiji es gay, Arai es bisexual,
el nuevo no sé, ese sólo es raro creo, pero ahora
viene lo creepy –se rió de nuevo parándose en
una plaza para comprar una bolsa de caramelos y sentándose.
Ya había cambiado la idea de la película por la de
hablar de cualquier cosa rara –. Coge los que quieras –le
invitó – ¿Te digo lo que cuentan del profesor
Isamu?
–Gracias... –contestó Kinsei, tomando algunos
caramelos, y observando al chico entre divertido y confundido –.
¿Te parece bien estar hablando así de los demás?
–le riño, aunque añadiendo gracias a la curiosidad
–¿Qué dicen del profesor?
–Dicen que está divorciado, y eso fue porque en el
otro colegio en el que trabajaba… estaba con uno de los alumnos.
Se acostaba con él todos los días en el mismísimo
instituto, y lo descubrieron. Quisieron prohibirle seguir con la
enseñanza, pero no lo consiguieron, porque el chico jamás
quiso declarar en su contra, y por eso se vino a Japón. Antes
trabajaba en Italia, porque es medio italiano… Bueno, el caso
es que tras eso, se dijo que varios alumnos más habían
tenido relaciones con él por sus notas. Me pregunto si Reiji
el otro día, cuando le mandó quedarse a redactar una
redacción sobre el sexo oral…
–¿De veras dicen todo eso? –el chico lo miró
con ojos agrandados, porque jamás se hubiera imaginado tamaño
rumor –Pues... No sé, es que no me parece que el profesor
Lorenz... Es creepy, pero de allí a... Bueno, igual son sólo
rumores. Tal vez sí sucedió algo y lo han exagerado,
¿no crees? En cuanto a Reiji, sí había escuchado
que hace eso, pero también son rumores, ¿no? Todos
tuvimos que leer ese poema –se rió, un tanto rojo,
aunque menos que antes.
–No, Reiji se prostituye. Claro que, no sé si se habrá
tirado a Lorenz, o si habrán hecho oral… o si no han
hecho nada –se rió, después de haber eliminado
la posibilidad más lógica –. De todos modos,
tampoco es ninguna cosa mala, ¿no? Que le gusten sus alumnos,
si a ellos les agrada el profesor. ¿Por qué no pueden
acostarse con él sólo porque les dé clases?
Es una bobería. ¿Si te gustase Lorenz dejarías
de acostarte con él sólo porque es tu profesor? A
mí me daría igual…
–No... Bueno, no sé, es algo... –Kinsei suspiró,
un poco liado. Suponía que si te enamorabas no importaba
de quien fuera, ibas a querer estar con esa persona, pero no podía
evitar sentirse afectado porque fuera un profesor –Pero es
que también es muy distinto que te guste alguien, a que te
acuestes con él por tu nota, ¿no? No sería
muy buen profesor, ¿no crees? –pensándolo bien,
le parecía aún más factible que fueran rumores,
porque con la cantidad de tarea extra que le ponía...
–No sé… igual se acostaba con ellos y después
les ponía mala nota de todos modos –el rubio se partió
de risa, aunque de verdad, le parecía digno del profesor
Isamu. Tenía ese aire extraño y hacía esa clase
de bromas con las cuales jamás sabías si te mentía
o estaba siendo terriblemente sincero –. Bueno… son
las tres, deberíamos comer. ¿Te invito en mi casa
o te esperan tus padres?
–Gracias, pero... debo regresar. Siempre comemos juntos los
domingos –desgraciadamente, finalizó para sí
–. Tal vez en otra ocasión, ¿vale? –le
sonrió, comenzando a caminar hacia su casa, olvidándose
de cualquier otra cosa que no fuera lo pesado y aburrido que era
comer con sus padres.

Sigue Leyendo!
|