.Novela homoerótica para mayores de edad.
 

Capítulo 17

The Memory of Tears

Reiji regresó algún tiempo después, ya solo y obviamente colgado. Sorprendiéndose al ver al rubio aún allí, aunque definitivamente no debería haberse quedado dormido en un sitio así. Se dejó caer al lado de Dusk, acariciándose un poco la mandíbula, y pasando una mano por su cabello con suavidad luego.
–Eh... Dusk. ¿Me esperabas o sólo te quedaste dormido?

–Decidí esperarte y me quedé dormido, combo por dos –el rubio se rió, mirando el reloj en su muñeca. Bueno, tampoco había tardado tanto. Seguía sin haberle salido ni un pelo de barba y aún no parecía criar telarañas. Sonrió, enderezándose y revolviéndose el pelo para peinárselo –. Pero ahora tengo sueño… –se rió de nuevo un poco, enterrándose los dedos en el cabello y bajando la cabeza entre las manos, mientras bostezaba –¿Quieres dormir conmigo? –le preguntó apoyándose en una mano y mirándolo con una sonrisa bastante adormilada –¿O aún tienes más trabajos que hacer?

–No es como que tenga un horario, ¿sabes? –le sonrió el chico, sin dejar de mirarlo –. Y ya tengo lo que necesitaba, así que... ¿tu casa o la mía?

–Vámonos a mi casa, que si no me pongo mi pijama para dormir no es lo mismo –el rubio se rió, levantándose finalmente y ofreciéndole la mano –. Además, que me quiero tomar un vaso de leche con huevo y orégano antes de acostarme, y debo hacer mis rarezas en mi casa para sentirme realizado –se rió de nuevo, aunque hablaba muy en serio acerca de sus hábitos bizarros. Alzó la vista para ver si la chica ya se movía de nuevo como las otras, pero sólo restaba un trozo de la gasa y la pelirroja ya no estaba. Seguramente se había ido antes que las demás. La seda se desprendió y el rubio se agachó a cogerla del suelo, jugando con ella entre los dedos –. Estaba llorando –explicó, aunque ni el Papa hubiera comprendo de qué hablaba.

–¿Quién? –le preguntó el moreno extrañado, y cortando en medio su risa, aceptando su mano para ponerse de pie, un poco cansado también. Observó el trozo de gasa roja sin comprender por qué la tomaba y preguntándose si no habría tenido algún sueño extraño.

–Pues la chica que estaba en este columpio, estaba llorando antes… No sé, se habrá ido, imagino –el rubio lo miró, sonriendo un poco –. Tendría mal de amores, pero me dio pena… Bueno, vámonos, o me quedaré dormido por el camino y tendrás que llevarme en brazos –se enrolló la gasa en la muñeca, atándosela.

Reiji le sonrió con algo de dulzura, sin poder evitarlo. Por alguna razón, le enternecía que le hubiera dado pena aquella chica, aunque no supiera ni quien era. Luego se apoyó en él, volviendo un poco a su sonrisa habitual.
–Mejor no vayas a dormirte, que nos quedamos los dos tirados por la calle.

El rubio se rió, sin poder evitar pensar que iba a dormir con Reiji. Si los chicos de clase se enteraban de que se lo había llevado a su casa a pasar la noche y no iban a hacer nada, seguramente le caerían collejas por todos los lados.

–La mayoría de los tíos del instituto cuando hablan de ti dicen que eres como una tía fácil, sólo que más guarra aún. También dicen que eres un colgado, y las tías dicen que te crees una putita con clase. Eso dicen, sí –Dusk sonrió, mirándolo a los ojos y enganchándolo a su brazo –. Es verdad que te prostituyes, comprobado –se rió como si no fuera relevante –. Y ahora me pregunto qué más eres. Arai cree que eres interesante, me dijo que le hubiera gustado atreverse a hablar contigo, habla mucho cuando está fumado… –se rió de nuevo de forma un tanto estruendosa para el silencio de la calle –. Por eso sé que le caigo bien, aunque siempre se esté apartando de mí. Cuando está fumado me cuenta bastantes cosas de él, y te das cuenta de que no es como lo pintan o que al menos tiene sus motivos. Por eso me pregunto si tú tampoco eres como te pintan y como tú mismo te pintas… –Dusk se detuvo un momento, girando la calle y abriendo el portal –. Vivo solo en esta casa, me la pagan mis tíos para que no viva con ellos y no eche a perder a sus hijos –se rió subiendo tres escalones y abriendo el bajo –. ¡Tachán! –le dio paso a lo que era una enorme habitación de paredes verdes, forrada con posters de cantantes japoneses y hojas secas de maría clavadas con chinchetas, aparte de algún que otro dibujo bizarro hecho por él, una tele bastante grande de pantalla plana, un colchón de matrimonio en el medio cubierto con una manta de rayas rojas, negras y amarillas, llena de peluches y otros tantos regados por el suelo –. Algunas cosas me las compro con lo que gano haciendo cosillas –explicó, ante lo bizarro de no tener cama, pero sí una tele enorme, consola, ordenador y otras tantas cosas caras –. ¿Te gusta?

–Me encanta, es perfecto –sonrió, pasando más adentro y observándolo todo –. Y ahora me pregunto... si serás tú como te pintan, y qué cosillas harás para ganar dinero... –bromeó un poco, paseando la mirada por los posters de la pared, dándole la espalda por un momento –. En cuanto a mí, no hay ningún misterio. Lo que dicen de mí... lo que has visto... es lo que soy, supongo. Y lo cierto, es que yo también pienso que Arai es interesante, pero... siempre he pensado que si lo molesto mucho, me meterá un puñetazo. Tal vez debería molestarlo de todas formas –se giró riéndose y añadiendo –. Lo que sí no imaginaba es que fumara eso.

–No sé cómo me pintan –el rubio se rió, metiéndose en la cocina para prepararse el consabido vaso de leche –. ¿Quieres tomarte algo? ¿Un café? ¿Un batido? Creo que hay casi de todo en mi cocina… Bueno, tú abre los armarios y busca –metió el vaso en el microondas, esperando –. No creo que te pegue un puñetazo, no es así. Es sólo que no soporta que le gente venga con según qué aires de prepotencia o que lo ande juzgando. Es normal, supongo. Aunque yo no reaccionaría de ese modo –revolvió el huevo con el orégano, mezclándolo con la leche y bebiéndoselo de un golpe, sirviéndose zumo seguidamente –. Tampoco es que lo fume asiduamente, pero alguna vez prueba un canuto que otro, cuando está amargado –se rió como si eso tuviera alguna gracia y señaló la televisión –. Vendo maría, la tengo plantada en el patio –por su cara parecía que bromeaba, aunque lo decía en serio –, y bueno, además hago algunos trabajos en la peluquería de una amiga poniendo piercings. Me enseñó ella, así que si nos cogen sin título, nos caerá un paquete –se rió como si nada, bebiéndose el vaso de zumo de naranja –. ¿Quieres un pijama?

–No, gracias, no suelo dormir con mucha ropa. ¿Está bien si me como esto? –preguntó, sacando un paquete de cereales, ya que más que sed, tenía algo de hambre, y de paso pensando en el revoltijo que debía de tener el otro en el estómago –.Ya imaginaba que hacías algo así, lo de la maría, lo de los piercings... ni idea, pero suena bien.

–Sí, cómete lo que quieras y duerme sin lo que quieras –el rubio se rió felizmente –. Wa… qué ilusión me hace que te quedes conmigo esta noche. Debo de parecer bobo, no, es que soy bobo… –se rió de nuevo, sacando el pijama de debajo de la almohada con los dedos de los pies y lanzando la ropa usada por el suelo, quedándose en calzoncillos antes de ponerse la camiseta y los pantalones felizmente. Como si el hecho de llevar focas blancas en pequeño como estampado, no fuera rematadamente infantil. Se sentó en el colchón, golpeándolo para que fuera a su lado –. ¿Hablamos? ¿O tienes sueño?
–No... Estoy cansado, pero prefiero hablar contigo –le contestó, riéndose y dejando la caja de cereales a un lado, para quitarse los pantalones, quedándose sólo con los ajustados calzoncillos negros. Lo cierto es que no solía quedarse a pasar la noche con alguien que sólo quisiese hablar, además, le hacía gracia su pijama. Tomó la caja de nuevo, sentándose a su lado, cruzando las piernas y dejando ver un moretón bastante grande, que ya empezaba a sanar, en la parte interna de uno de sus muslos. Colocó la caja en el medio –. Hablemos hasta que nos durmamos...

–De acuerdo, pero tardo mucho en dormirme –lo miró, riéndose un poco y metiendo la mano en la caja para coger también cereales –. ¿Y eso?–preguntó, tocándole la marca con la yema del dedo y aún con la otra mano dentro de los cereales sin percatarse, sacándola de pronto y regando unos cuantos por la cama –. ¿Te lo hizo alguien?–preguntó, imaginándose que sí.
–De vez en cuando algún chico se pone un poco violento, no es nada –se rió de pronto, cubriéndose la boca –. ¿A que no adivinas quien hizo eso?

–No, aún no se me contagia lo de ser médium. Tendré que acercarme más a ti –dijo riéndose, aunque en el fondo se le había revuelto un poco el estómago –. ¿Quién fue?

–Pues, ningún otro que el autor del famoso poema, Takase –dejó escapar otra suave risa, aunque más queda que la anterior, acercando su rostro de nuevo –. ¿Sabes que dicen... que a veces... los poderes de los médium se pueden traspasar con un beso? –preguntó, sólo por ver cómo reaccionaba.

El rubio se echó un poco hacia atrás, riéndose en bajito y sin estar muy seguro de si lo vacilaba de nuevo o es que le quería dar un beso.

–Qué hijo de puta. Bueno, quiero decir… que es un animal, ¿no? Porque es muy grande. ¿Cómo te lo hizo? –preguntó rojo aún por lo del beso, saltando de pronto –¿Quieres besarme o es que me estás vacilando? Porque… –se rió, frotándose la nariz un poco –eres un cabrito.

–Pero te ves tan lindo así de rojo... –le sonrió seductoramente, besándole la nariz de todas maneras –Y digamos que Takase-kun es tan poético en su forma de hacer el amor, como lo es con sus obras literarias. Y estaba siendo un “poco” brusco, así que cerré las piernas inadvertidamente. Como imaginarás, no le gustó eso –hizo un gesto con la mano, cerrando el puño y colocándolo contra el moretón, sonriendo un poco, aunque con la cabeza baja. Lo cierto es que no era la única marca que le había dejado, pero era la única que pensaba enseñarle a Dusk, porque ya se veía bastante horrorizado con eso.

–Oye… Eso no tiene gracia, ¿te pegó por eso? ¿Te tratan mal? Yo no pensaba… Bueno, no sé lo que pensaba, pero eso no… –no sabía por qué, pero él siempre se había imaginado que se acostaban con él con cierta gentileza. Tal vez que no lo tratasen con cariño, o tal vez lo tratasen sólo como a un juguete, pero eso… Le puso la mano encima del moretón en el muslo, acariciándoselo un poco –. ¿Quieres ponerte una pomada? Hay pomadas para eso…

–Eres muy amable, Dusk –le sonrió sinceramente, colocando una mano sobre la que acariciaba su muslo –. Pero estoy bien, ya sanará. De todas formas, no todos son así. Ya te dije que es sólo a veces. No es que siempre estén golpeándome...Y yo ya sé a lo que me atengo.

–Bueno… Yo qué sé. Haz lo que quieras –el rubio le sonrió un poco, aunque aún andaba nervioso y le estaba cogiendo un poco de manía a Takase. Se preguntaba si podría pedirle a Arai que le pegase, aunque él no haría algo así, ¿no? Pegarle a otra persona porque se lo pidiera. ¿Y él mismo, haría algo así? ¿Pedirle a alguien que le pegase a otra persona? Sinceramente sentía la tentación… Se levantó de todos modos, cogiendo la pomada y pasando de él –. Huele mal, así que mejor será que te laves las piernas antes de tu próxima víctima, pero como dijiste que te duchabas, pueees… –se rió, extendiéndole la crema por el muslo –. Está calentito –se rió un poco rojo, acabando y limpiándose las manos con el borde de la sábana –. Ahora dormiremos con olor a emplaste asqueroso… ¿Y no querrías tener un novio? –se dejó caer en el colchón, acostándose y apoyando la cara en una mano –Uno que te quisiera de verdad.

–Sería agradable, supongo... Pero eso no va a suceder, ¿cierto? –le sonrió, sacando un poco de la pomada con los dedos, y untándosela al rubio. La verdad es que se sentía bien, aunque olía a rayos. Hubiera deseado meterse una dosis mayor, a ver si así podía ignorar el olor.

–¿Por qué no? Eres muy popular entre los tíos. Bueno, creen que eres fácil, pero también creen que eres mucho más guapo que ninguna tía. Al menos, muchos de ellos creen eso, los gays, supongo –se rió un poco, quitándose la pomada –. ¿Por qué no te acuestas a mi lado? Te abrazo –se rió, sacando la lengua –. Si quieres, claro, y si no me cobras.

–No te voy a cobrar por abrazarme... –Reiji se rió, dejándose resbalar a su lado en el colchón, hasta quedar totalmente acostado –. El que me crean atractivo no significa que vayan a quererme, ¿sabes? Además, ¿querrías tú un novio como yo? Sabiendo lo que hago, lo que he hecho y... que no me voy a detener.

–No lo sé… Si me enamoro de ti, no me va a importar nada, porque si ya sé eso por adelantado… pues no tengo derecho a quejarme, ¿verdad que no? –el rubio lo rodeó, abrazándolo contra su pecho y preguntándose sinceramente qué lo habría llevado hasta el punto en el que se encontraba, no era normal –. Si no, pues no sé… sería que quiero ser el novio de tu cuerpo, o tal vez de un subproducto, pero si me gustas tú, es porque me agrada cómo eres. ¿Por qué querría que dejases de ser así? No tiene lógica, dejarías de gustarme entonces. No lo sé, es complicado porque nunca tuve pareja. ¿Por qué no te detendrías?

–No sé hacer nada más, y si dejo de hacerlo, no podría costearme la heroína y... tampoco me gusta depender de nadie –le contestó, cerrando los ojos y sintiéndose bien entre sus brazos, incluso por sus palabras –. Tampoco es que me lamente, ¿sabes? No es tan malo.

–Qué cara más dura tienes… “No sé hacer nada más” Podrías hacer muchas cosas, no las haces porque no quieres. Eres guapo y agradable, podrías simplemente estar trabajando de dependiente, de camarero, de un montón de cosas que no necesitan ser un genio, sólo tener buen aspecto y ser agradable. A mí, sin embargo, no me importa depender de quien sea mientras no me molesten demasiado y me den dinero –se rió un poco, jugando con su cabello plateado y mezclándolo con el azabache, sintiendo que se estaba empalmando sólo con tenerlo tan cerca, y riéndose un poco, aunque sin apartarte –. No hagas caso, ya se me pasa, es que soy jovencito, si no pasase es que sería raro... Más raro.
Reiji se rió sin poder evitarlo.

–Como si no estuviera acostumbrado a que se empalmen mientras me abrazan. Si quieres, te lo alivio... –bromeó, aunque si aceptaba, igual lo hacía. No le importaba mucho, la verdad –. Y todas esas cosas son ciertas, pero no dan el suficiente dinero. Además... creo que soy demasiado irresponsable. Por cierto, Dusk, ¿qué hay de tus padres? –preguntó, recordando que había dicho que vivía solo para no molestar a sus tíos.

–Mis padres se murieron en un accidente de tráfico, y a mí me encontraron por una de esas cosas de “bebé a bordo” que se pegan en los cristales –se rió un poco, aunque en realidad estaba con un tomate con la bromita de Reiji –. Como mi tía tenía mi custodia… pues se quedó conmigo. Creía que era mi madre hasta que le dio por gritarme y decirme que jamás debió haberme adoptado, que se notaba que no era su hijo y blablabla… y bueno, por eso es que vivo solo y no puede abandonarme, o la denuncio –se rió triunfante, aunque en el fondo sí le hacía daño aquello –. ¿Y los tuyos? –preguntó, bajando un poco más por el colchón para verle a la cara –. Me gustan tus ojos.

–Muchas gracias –le sonrió, un tanto avergonzado por haberle preguntado, pero claro, él no podía saberlo –. Mis padres me echaron de casa hará como un año, cuando descubrieron mi vicio y lo que hacía. Bueno, mi padre, pero mi madre no dijo nada, así que asumo que estaba de acuerdo. No es de extrañar, ¿no? –giró el rostro un poco, aún sonriendo, aunque menos, y añadiendo luego –Sólo voy a la escuela porque ya habían pagado por adelantado, pero no sé ni para qué. El próximo año ya no estaré.

–A mí se me dan bien las clases, tengo un sobresaliente de media, así que seguiré estudiando hasta que me saque una carrera y consiga un trabajo en el que no tenga que hacer casi nada y me paguen mucho –se rió un poco, mirándolo –. No, no es de extrañar, mi madr… tía, se puso como una loca cuando me encontró todo fumado… –se rió de nuevo, mirando su sonrisa –Después de todo sí eras interesante… ¿y por qué empezaste con esto?

–Con lo simpático que eres cuando fumas –se rió el chico, girándose de nuevo –. Yo creo que serás entrevistador de T.V. Empecé... casi sin darme cuenta, ¿sabes? Solía salir con un chico de la universidad, y él lo hacía, así que insistió para que yo lo hiciera también. Y luego... ya no podía dejarlo. Y cuando se me acabó el dinero, busqué formas más creativas de pagar, y él me ayudaba también –se mordió un labio sin mucha fuerza. Lo cierto es que era él quien lo ayudaba a conseguir la droga –. Y bueno... ya no estamos juntos, se fue a estudiar fuera y eso es todo. Supongo que mi historia no es muy original, tendrás que conseguirte a otro sujeto de entrevistas... –finalizó riéndose.

–Bueno… los periodistas cobran bien, tendré que planteármelo –se rió, aunque ahora sí se lo estaba pensando realmente –. No puedo evitarlo, es que me das mucha curiosidad y no puedo dejar de querer saber cosas. Última pregunta y dormimos, ¿vale? ¿Aún te gusta ese tío? –preguntó, porque había visto cómo se mordía un poco el labio al hablar de aquello.

–No, no me malinterpretes. No tuvimos una ruptura horrible, ni nada así. Pero esa clase de cosas... Bueno, no son precisamente buenas para una relación. Creo que dejó de verme como su novio y más como un medio para conseguir drogas y yo... pues, dejé de verlo igual, así que se acabó –se pasó una mano por el cabello, echándose uno de los mechones hacia atrás –. Y ahora sólo lo veo cuando viene de vacaciones y se pasa por el piso, tampoco es tan terrible la cosa. ¿He satisfecho tu curiosidad? –le preguntó, pasándole un dedo por el pecho y sonriéndole tenuemente.

–Bueno, un poquito, aunque aún tengo más preguntas, pero las raciono –se rió nervioso por el gesto, tanto como por su sonrisa, mirándolo a los ojos –. ¿Podemos dormir así? –preguntó, cogiéndole la mano y rodeándolo con el otro brazo –. Me hace ilusión…

–Podemos dormir como tú quieras, y eso que ni me has pagado. Parece que estoy perdiendo mi toque de negociante, pero mejor aprovechas –bromeó, riéndose un poco y acomodándose contra él, sin que le desagradase en lo más mínimo aquella postura.

–Bueno, pues si te pones así… lo haré –el rubio sonrió un momento, poniéndose rojo al instante y acercando sus labios a los de Reiji, posándolos contra los suyos y entreabriéndolos un poco, respirando agitado y separándose –. Buenas noches –sonrió, mirándolo a los ojos y cerrando los suyos después –. Me gustas mucho, Reiji.

–Y yo no quiero que me pagues –murmuró el moreno como toda respuesta, haciendo lo propio.

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