.Novela homoerótica para mayores de edad.
 
Capítulo 16

Jigoku

–Bueno, Dusk, esta noche eres mío –se rió Reiji, colgando un brazo por el cuello del rubio –. ¿Algún lugar al que prefieras ir, o prefieres que te guíe yo?

–Sea mi profesor y guíeme por los caminos de la perdición que tanto ignoro –el rubio se rió sin poder aguantarse la jerga intelectual y arcaica –. ¿No queréis venir? –preguntó a los demás, pasando a Arai directamente y señalándolo con una mano –. ¡Arai! ¡Ven!

–¡Que no! ¡Joder, qué pesado eres conmigo!

–¡Si me agradas! ¡Ven! No seas ermitaño –protestó el rubio insistiendo –¡Va! Ven, ven, ven.

–Tengo que acompañar a Sachi y a Kinsei a casa –sentenció el moreno, poniéndose los auriculares como para frenar la negociación, y dándoles la espalda.

–Joder, qué muermos son todos… –protestó Dusk haciendo cara de fastidio, aunque no le duró un minuto y al segundo siguiente, ya estaba sujetando a Reiji de nuevo –. ¿Y dónde vamos?

– Pues... a donde suelo ir los fines de semana. Ji-go-ku. Tú sólo sígueme, seguro te gusta –le sonrió de nuevo, llevándolo en dirección a su lugar favorito.

–O.K. Qué misterioso te me pones… –el rubio se rió un poco, sin poder evitarlo, preguntándose a dónde demonios lo llevaría. En realidad, los sábados por la noches solía pasarlos haciendo skate en la plaza con algunos amigos que había hecho allí, y después solían recurrir al típico botellón callejero y acabar tirados por los portales. Claro, siempre estaba abierto a cualquier clase de sugerencia divertida –. Eh… yo quería que me tocara contigo, no con Kinsei.

–Claro, luego de lo que te propuse, pero ya te dije que no tienes que matar a nadie para recibir la recompensa –Reiji se rió, bromeando por supuesto, conduciéndolo por las calles que conocía de memoria –. No, seguro que te va bien con Kinsei, a ti te va bien con todos. Y no es misterioso si te digo el nombre del lugar, ¿no crees?

–Ya, pero no sé dónde está, así que mi ignorancia lo hace misterioso. Para tu info… no recuerdo qué me habías propuesto –el rubio se rió, porque sinceramente no lo recordaba, y se revolvió el flequillo sacando la lengua de medio lado –. Yo no digo que no me vaya bien, es sólo que me parece que es un poco muermo, ¿sabes? Un muermo… – el rubio se rió abiertamente –. Es buen chaval y todo eso, no creas, me cae bien. Claro, en realidad hay pocas personas que me caigan mal, pero es un muermo.

–Ya... –Reiji se rió, llevándolo de la mano hacia un callejón –Si tanto te aburres, vienes conmigo luego y yo te reanimo –dijo antes de meterlo por la puerta del abarrotado local, saludando al portero con la cabeza y sumergiendo al rubio entre el ruido y la casi total oscuridad, sólo perturbada por algunos haces de luz roja que circulaban metódicamente entre la multitud.

–Con esto, no hace falta colocarse, ya te coloca el ambiente solo –el chico se rió dejándose llevar al interior –. Lo malo de estos sitios, es que no se puede hablar con comodidad… –siguió charlando como si nada, levantando la voz para que pudiera oírlo, aunque apenas se escuchaba a sí mismo. Se sacó un porro del bolsillo, prendiéndolo e imaginándose que nadie le diría nada por fumárselo allí. Después de todo, era para consumo propio… o en teoría. Se rió con su propio pensamiento, sacando la lengua de nuevo –. ¿Por qué siempre me estás diciendo esas cosas de reanimarme y después no haces nada? ¿Es para que me haga poluciones nocturnas o qué? No, ya sé que es tu forma de ser. Y este sitio, ¿qué es? ¿Tu lugar de caza de incautos?

–Es donde vengo a relajarme, a pasármelo bien, y... a conseguir ciertas cosas a veces. Y sí puedes hablar –se giró de pronto, atrayéndolo hacia sí –...sólo tienes que acercarte más. ¿No te gusta? ¿O es que te he decepcionado tanto?

El rubio se echó un poco hacia atrás riéndose, aunque rojo.

–Nah… No es eso para nada. Es sólo que… ya sabes, la fama que tienes ¿no? Tampoco es como que la niegues –el rubio lo miró a los ojos un momento, manteniendo la sonrisa –. A veces creo que estás tratando de embaucarme para después pedirme dinero a cambio de tus favores… –suavizó, sin dejar de sonreír –. Y es muy lícito. Cada cual juega a lo que sabe lo mejor que puede, ¿no?

Reiji le sonrió, meneando la cabeza y alejándose un poco, aunque no demasiado para que aún pudiese escucharlo.
–No lo niego porque es cierto, aunque en realidad no pensaba embaucarte. Te invité aquí porque me caes bien. Tal vez no debí hacerlo –Se dio la vuelta para proseguir el camino hacia el bar, girando el rostro ligeramente para añadir –, pero si quieres darme dinero, no me opondré.

–¿Sí? ¿Realmente te caigo bien? –el rubio le saltó a la espalda, abrazándolo por atrás, y se hubiera colgado de él, de no ser más alto que el moreno –. No sé por qué no deberías de haberlo hecho. Aunque estuvieras tratando de embaucarme, no iba a molestarme. Cada cual es como es, a mí me gusta lo raro que eres. Si necesitas dinero puedo prestártelo, por cierto, ¿cuanto cobras? –dijo, como siempre, soltando a la carrera todo lo que le venía a la mente y aún sin dejar de estar pegado a su espalda –. De todas formas ya me embaucabas sin intentarlo.

–Y tú eres aún más extraño que yo –sonrió el moreno, sin creerse que estuviera así pegado a su espalda –. Cobro lo que me quieran pagar, no necesito que sea dinero. Y a veces... no cobro siquiera. Pero no quiero que me prestes tu dinero, que a ti tendría que devolvértelo y eso no es divertido... –se rió, apoyándose en el bar y pidiendo dos cervezas, sonriéndole al camarero.

–¿Qué, otro? –le preguntó, obviamente familiarizado con él, bromeando.

–No, es el mismo de la semana pasada.

–Siempre respondes lo mismo.

–Y tú siempre preguntas lo mismo –le respondió el moreno tomando las cervezas, mientras se subía a la barra un poco más, para besarlo profundamente, saltando luego al suelo de nuevo, dándole una de las botellas a Dusk –. Las dos primeras, siempre son gratis –explicó, sin ver la necesidad de detallar el hecho de que eran las únicas que solía buscar por sí mismo –. Vamos a un lugar más apartado.

–O.K. como gustes… Voy donde tú me pidas –el rubio se bebió un trago de la botella de cerveza –¿Entonces lo haces por diversión? No por dinero… ¡Eres ninfómano! –dijo como si hubiera hecho una gran deducción –. O tal vez es que no comprendí nada –dejó escapar una carcajada, observando alrededor mientras lo seguía, y fijándose en las pantallas que mostraban a la gente bailando en la penumbra. Alzó la vista para ver a las chicas que se columpiaban en el techo, ataviadas como si se tratasen de extrañas ninfas, envueltas en lentejuelas y gasas rojas. Sonrió, seguramente a causa de la droga –. Qué guay…

Reiji se rió, dejándose caer en uno de los sillones al fondo.
–Es que no comprendiste nada, no soy ninfómano, hay otras formas de pagar, ¿sabes? E incluso... Bueno, es lo que hago –se encogió de hombros, bebiendo de la cerveza e inclinándose un poco hacia el rubio –. Tal vez obtengas una reputación si pasa mucho tiempo conmigo, ¿sabes? O tal vez no, ¿quién sabe?

–A ver… normalmente, yo no comprendo nada, pero que sepas que no estás ayudando mucho con ese modo de hablar, pero sigue, me estoy divirtiendo –el rubio se rió, alejándose otro poco él, algo intimidado por aquella proximidad –. Me importa una polla mi reputación, y me importa una polla los que cuelgan las reputaciones. Si no, no andaría con quien ando, pero no es mi culpa si la gente normal me aburre, ¿no? –se rió de nuevo, revolviéndose el pelo con una mano y apoyándose en el respaldo del asiento mirándolo con una sonrisa en los labios –. ¿Qué otras formas de pagar? ¿Vives en casa de alguien? ¿Es eso? ¿Alquiler 24 horas?, parece oferta de videoclub.

Reiji se rió, apoyando la cabeza en una mano, divertido. Realmente le caía bien Dusk, además de que podía decir lo que quisiera frente a él y jamás parecía juzgarlo.

–Pues sí, pago la renta de esa manera, pero tampoco es algo constante, y... no sé si lo has notado, pero algunos vicios, no son precisamente baratos. Es más, es posible que esta noche deba dejarte solo por unos minutos... –sonrió, desviando un poco la mirada hacia la puerta –No te molestarás, ¿verdad? No tienes que esperarme si no quieres.

–No me molestaré. Como mucho, me aburriré y me piraré a la plaza –el rubio se encogió de hombros, pasándole lo que le quedaba del peta y colocándoselo en los labios, dejando salir el humo hacia abajo, aún como hipnotizado con aquellas ninfas destellantes –. ¿Y qué vas a hacer? –lo miró de soslayo, sin siquiera preguntarse si no estaría siendo imprudente con las preguntas –Y ya sé que no son baratos y menos los que tú te pegas, ¿no? –dijo apretándose la nariz de un lado, como dándole a entender que sabía que inhalaba droga.

–No, no es nada barato –sonrió el moreno, echándose hacia atrás para mirar hacia arriba también, absteniéndose de contestarle lo que iba a hacer. De todos modos, aún no lo sabía y eso también dependía de si le conseguían algo y de su calidad, claro –. Y dime... ¿siempre le hablas a todo el mundo?

–No. Siempre hablo con quien me parece interesante. Si después no me contestan o me dicen una bordería… pues qué se le va a hacer, ¿no? Al menos que no se diga que me quedé con las ganas –el rubio lo miró sonriendo –. ¿Por qué? ¿Es eso un defecto? Dime… ¿eres gay? ¿O te gusta la chicha y el bacalao? –se rió sin saber muy bien por qué, dándole un trago más a la botella de cerveza.

–La próxima vez, mejor dejo que tú escribas la poesía por mí –se rió, bebiendo él también, y mirándolo de nuevo –. Soy gay, ¿y tú?

–No sé… a veces creo que sí y otras que no –el rubio lo miró, alzando una ceja curioso –. Creo que todavía no me defino. Hay tíos que me gustan, me parece que están buenos…, pero aún no asimilo el factor polla… –se rió, imaginándose de pronto arrodillado entre las piernas de un tío, lamiéndosela –. Qué polla tan jugosa..., no, aún no asimilo eso de las pollas, aunque… tampoco asimilo los coños. Creo que necesito un polvo –se acabó la cerveza y la dejó en la mesa –. Me imagino diciéndole a un tío, O.K., hagamos lo que quieras, ¡pero no te comeré la polla! Y lo mismo para una tía, pero cambiando lo de la polla, claro… –dijo sin poder evitar que le entrase risa de nuevo.

–Pues eso espero... –se rió, observándolo y esperando que no le tocase un travestido, aunque ya lo imaginaba riéndose de todas maneras –. ¿Pero sí dejarías que te tocase otro hombre? Me refiero a tu polla... –indagó, un tanto curioso.

–Sí, claro –se rió, metiéndose las manos en los bolsillos y tirándose más en el respaldo –, o lo que fuera… Tampoco me importaría tocar una polla que no fuera la mía, claro, que no me la sujeto con pinzas para mear. Creo que el problema está entre mi lengua y el aparato urinario, meados más lengua, igual pis en lengua –se rió sin parar, llevándose la mano a la frente –. ¿Es que me la quieres tocar? –levantó una ceja con una sonrisa de oreja a oreja –Ya sé que soy un primor.

–¿Por qué? ¿Quieres que te la toque? Sólo preguntaba, pero... –le sonrió, acercándose más y subiendo una mano por su pierna, un tanto maliciosamente –. Al menos, yo me baño, ¿sabes? –bromeó acercándose aún más.

El rubio sintió que se le subían tanto los colores, como los calores, y le apoyó la mano encima de la suya al moreno, riéndose un poco nervioso. Sabía que sólo era un juego, pero eso no le quitaba el morbo al asunto.

–Sí, supongo que me gustaría mucho que lo hicieras, pero en el fondo tengo más vergüenza que inteligencia –se rió, mirándolo a los ojos –. Yo también me baño, pero aún así me da cosa. ¿Crees que sea sólo vergüenza? –se echó un poco hacia él, acercándose para besarle los labios. Finalmente los rozó tan sólo, para después lamerle la punta de la nariz –. ¿A qué saben las pollas? –preguntó riéndose –. He tratado de alcanzarla, pero aún no llego a esos grados de contorsionismo.

–No, mejor no lo hagas, luego tendré que ir yo a desenredarte –Reiji se rió, cubriéndose la boca con una mano y sacudiendo la cabeza –. No lo sé... No saben todas igual. A piel, supongo –se pasó el revés de la mano por la nariz, limpiándose la lamida del otro, y susurrando –. Si alguna vez se te pasa la vergüenza, ya sabes donde encontrarme –le pasó propia lengua por los labios al rubio.

–A piel… –Dusk se pasó la lengua por los labios, mordiendo el arito en el inferior y sonriendo, mientras jugaba con la lengua contra la plata, sintiéndose completamente rojo y nervioso –. A ver… ¿Cuánto me cuesta lamerte el cuello? –preguntó entre bromas y veras –. Toma, una china –dijo sacándose un trocito del bolsillo y dejándoselo en la mano –. ¿Qué tal así?

–Así es más que suficiente –le sonrió el moreno, pasando una mano por su nuca y acercándolo a él.

El rubio sonrió un poco, apoyando su mejilla contra la de Reiji y deslizando los labios por su cuello, besándolo poco a poco y sintiendo el aroma de su piel. Se le escapó la sonrisa de nuevo, sintiéndose rojo. Deslizó la lengua entre sus labios por fin para tocar su piel, deslizándola a lo largo de esta y parándose a lamerla en un mismo sitio, succionándolo un poco y arrastrando las bolitas violetas clavadas en su lengua por la piel de Reiji. Se apartó, sonriendo algo cortado.
–Ahora ya sé a qué sabe tu polla… –se rió después sin poder contenerse –y sabe bien.

–Pues muchas gracias... y lo disfruté tanto que no te voy a cobrar. No sería justo, ¿no? –se rió, devolviéndole su china, como si hubiese sido el gran pago –. Escucha... tengo que irme. Negocios, ya sabes... Si no quieres esperarme, no te culpo, pero al menos lo pasaste bien, ¿no? –dijo depositando un suave beso sobre sus labios, y poniéndose de pie para recibir a un chico de cabello castaño que lo saludó, besándolo profundamente y de paso, apretándole una nalga –. ¿Lo conseguiste?

–¿Qué crees que es esto? –le respondió el otro, con una sonrisa algo bromista, sacando una pequeña bolsita con la sustancia blanca y retirándola cuando Reiji intentó sujetarla –. Ah, ah, ah, primero lo primero...

–Si lo pones de esa manera... ¿quién podría resistirse? –Reiji le sonrió seductoramente al moreno, acariciando su pecho y empezando a caminar con el chico sujetándolo por la cintura. Giró la cabeza, para despedirse sin ninguna vergüenza –Hasta luego, Dusk. Te veo... cuando te vea –dijo, por supuesto, sin saber si lo esperaría o no, aunque lo más seguro era que no.

–¡Abur! –el rubio se despidió con una mano, sonriéndole y dejándose caer en el sofá. No sabía si finalmente lo esperaría o no, tampoco era como que le hubiese aclarado qué iba a hacer exactamente, aunque se lo imaginaba, claro. Se rió de sí mismo y devolvió la vista a las ninfas y sus gasas rojas, flotaban con cada movimiento del columpio. Se quedó observando a una de ellas, la más bonita de todas o al menos bajo su punto de vista –. Está llorando… –susurró, aunque la chica sólo se limitaba a mirar abajo sin apenas balancearse como sus compañeras, pero Dusk siguió sus movimientos como hipnotizado por sus manos blancas y su cabello rojo, por las gasas ondulantes –. Creo que me echaré un sueño mientras espero… –dijo no obstante lo suficientemente necio como para dedicarse a esperarlo, y mirando la hora que era por si para la próxima pasaba de hacerlo de nuevo.

yaoi, novela yaoi, fanfic yaoi, novela homoerotica
Sigue Leyendo!

 


 
 

Tambien puedes dejar tus comentarios y opiniones en la sección de este fic en el foro, solo tienes que presionar en Hansa.

foro yaoi

   
   

yaoi shop, yaoi t-shirts, uke t-shirts, wings on  the back