Capítulo
15
Just a Game
Lorenz se giró en el sofá y se frotó la frente,
revolviéndose un poco el cabello. Se apoyó en una
mano, levantándose y quitándose la camisa, caminando
hacia el baño. Seguramente iba a llegar tarde, y se preguntaba
si lo próximo que diría la guija sería, “matar
a Lorenz por informal” Se vistió con una camisa nueva,
sin mucha prisa, y salió de la casa, enlazándose la
corbata por el camino, revolviéndose un poco el pelo en el
ascensor para peinárselo, y colocándose las gafas,
subiéndoselas por el puente de la nariz.
Mientras tanto, los demás se preguntaban en el almacén
del gimnasio, por qué demonios sólo estaban ellos
cuatro en la sala, y nadie más había llegado. Lo de
Arai y Kiri, tenía una media explicación, que se dibujaba
en la mente de todos, pero en cuanto al profesor…
–¿Crees que les haya pasado algo? –preguntó
el rubio, revolviendo sus mechas rojas con una mano, y sujetando
el peta entre los labios, mirando a Reiji.
–¡No digas eso! –exclamó la chica, que
bastante preocupada estaba ya por Arai desde que le había
tocado su turno.
–Tranquila, seguro están bien y sólo se han
retrasado... –la calmó Kinsei, que llevaba tanto tiempo
allí abajo, que empezaba a sentirse como si estuviesen en
una película sobre el Apocalipsis, esperando que se disipase
la energía nuclear de arriba o algo así.
–Sí... Seguro que se enamoraron y se han quedado enrollados,
o se estarán mirando devotamente a los ojos aún –bromeó
Reiji, sacándole el peta de entre los labios a Dusk, para
darle una calada él, y dejándose caer luego, con la
cabeza recostada sobre las piernas del rubio –. En cuanto
a Lorenz... no sé, estará haciendo alguna cosa creepy
sádica o algo así... –se rió, devolviéndole
el porro al chico.
Dusk lo miró apoyarse en sus piernas con todo el morro y
dejó escapar una carcajada.
–Oye… qué morro tienes, pero no te preocupes,
no me molesta, que conste –le aseguró sonriendo y pasando
el dedo por las piedrecitas del collar del chico, mientras miraba
a Sachi –. No te pongas nerviosa, si están haciendo
su prueba es normal que se retrasen, ¿no? Yo qué sé…
puede ser por cualquier cosa, tal vez no encuentran a Yuki, o a
saber… En cuanto a lo de que se enamoren, me da a mí
que no, ¿eh? Yo creo que no se llevan muy bien y no es que
yo sea muy sagaz, pero…
El profesor abrió la puerta y se sentó, dejando en
el suelo varios bloques de impresión anillados. Se había
pasado todo el día anterior, y hasta que se había
quedado dormido, estudiando sobre todos aquellos temas que pudiesen
estar relacionados con la brujería, los entes y cualquier
otra cosa esotérica que le había parecido interesante.
Tenía apuntes redactados para entregarle a cada uno.
–Uno para cada uno, os lo leéis. Cuanto antes, mejor.
–¿Qué? ¿Tarea...? –murmuró
Kinsei, sin poder contenerse, tapándose la boca inmediatamente
por costumbre.
Reiji se levantó de las piernas de Dusk, tan sólo
estirándose a través del suelo para tomar uno de los
bloques con una mano, de forma perezosa, preguntándose si
no habría forma de que alguien más lo leyera por él.
–Tarea que puede salvarle la vida, le aseguro que no le pondré
nota, dejo a su propia elección si desea o no leer esos apuntes.
¿Qué le parece, Kinsei? ¿Cree que lo hará?
No crea que yo me he divertido redactándolos para ustedes…
–el moreno sacó un cigarro, parándose detrás
de Dusk y metiendo las manos en ambos bolsillos del sorprendido
rubio, que esperó hasta que el profesor finalmente encontró
un encendedor con el que prendió el cigarro que sujetaba
en los labios, antes de proceder a sentarse de nuevo en el suelo,
guardándoselo en el bolsillo y dejando escapar el humo.
–Al menos podría devolvérmelo… –protestó
el rubio, aunque no demasiado por si acaso, observando entonces
una sonrisa un tanto tenebrosa por parte del profesor, que se lo
lanzó de vuelta –Gracias… –se rió
el rubio sin saber muy bien por qué, y cogiendo un bloque
de apuntes. A él sí le parecía interesante.
–Lo de los apuntes, lo siento es... la costumbre –murmuró
Kinsei bastante avergonzado, tomando uno de los bloques y pasándole
otro a Sachi, abriendo el suyo para hojearlo por encima, y de paso,
se tapaba el rostro.
–Me parece que el señor Kinsei acabará deseando
matarme para que deje de mandarle tareas… –murmuró
el profesor, apoyándose en la pared y rascándose la
rodilla con un dedo para eliminar un rastro de ceniza sobre la tela
del pantalón –. ¿Quién cree que podría
matar a sangre fría?
–Yo no –aseguró el rubio mirando al profesor.
–Ajá… ¿los demás? –preguntó
mirando a los otros dos chicos.
–Yo tampoco podría...Y no quiero matar a nadie –contestó
Kinsei, saliendo de detrás de los apuntes, mirando al profesor
algo extrañado por esa pregunta.
–Y yo tampoco, a menos que hablemos de metáforas, pero
para eso... a sangre fría no, que así no vale la pena
–bromeó Reiji, pasándose una mano por el cabello
y tomándoselo a la ligera como prefería hacerlo.
–¡Mátame! –el rubio se tiró en el
suelo al lado de Reiji, abriendo los brazos en plan crucifixión
–. ¡Por favor!
–¿Y si fuera por defender a alguien o… por defender
tu propia vida? –preguntó entonces el moreno con algo
de malicia, entrecerrando los ojos mientras se subía las
gafas.
–No lo sé… creo que entonces… No, tampoco
lo creo, huiría… –respondió Dusk, aunque
no muy seguro de ello de todos modos.
–Bueno, creo que si mi vida estuviera en peligro... No, no
lo creo –Kinsei sacudió la cabeza enérgicamente,
negándolo –Pero... tal vez, si fuera una persona a
la que quiero mucho y no hubiera otra opción. No lo sé,
depende de las circunstancias, siempre buscaría otra manera.
–Yo no querría matar a nadie, la verdad, no veo por
qué –se encogió de hombros Reiji –. Supongo
que si alguien me ataca o algo, tal vez me defendería y entonces,
pero sería involuntario, ¿no? No soy alguien que recurra
a la violencia –sonrió maliciosamente, halando a Dusk
hacia sí por la nuca y depositando un beso sobre sus labios
–. Ahí tienes, al menos quedas moribundo, ¿no?
–Yo sí lo haría –respondió Kiri
de pronto, entrando por la puerta seguido de Arai, y más
bien respondiendo a lo que acababa de decir Reiji, puesto que no
había escuchado lo anterior –. Haría lo que
tuviera que hacer para proteger mi vida. Y si se trata de escoger
entre mi vida y la de otro, la decisión es clara.
–Yo también lo haría por mí, por proteger
a alguien, o incluso tal vez aunque mi vida no estuviese amenazada,
si me viese sometido a mucha presión. Entonces creo que lo
haría –el moreno entró tras Kiri, pasando directamente
entre todos y cogiendo uno de los bloques de notas del suelo, al
observar que los demás tenían uno, pisándole
una pierna a Dusk y sentándose al lado de Kinsei.
–¡No me pises que no soy una alfombra! –el rubio
se rió, sentándose de nuevo al lado de Reiji y aproximándose
a Arai.
–Regocíjate, podría haberte pisado los huevos
y no lo he hecho… –murmuró el moreno, que aún
no se quitaba la alegría de haber visto a Yuki vejada de
semejante modo.
–¿Y qué tal salió la cosa? –preguntó
el chico de las mechas rojas, jugando con el piercing de su labio
inferior, rozándolo con su lengua también perforada
por dos bolitas violeta.
–Perfectamente…
–Entonces, no murió, ¿cierto? –preguntó
Sachi, que mal que le pesase, estaba más tranquila por ver
al moreno sano y salvo, que preocupada por el bienestar de Yuki.
–Pues, si no cuentas su vanidad y orgullo... no, yo diría
que no ha muerto –le contestó Kiri, tomando el último
de los bloques que quedaba y sentándose en el suelo, completando
el círculo que siempre se formaba, ya fuese consciente o
inconscientemente.
–No –el moreno no pudo evitar bajar la cabeza al reírse,
dejando escapar la respiración por sus fosas nasales, como
siempre, sin separar los labios tan siquiera –. Hizo lo que
más le gusta, mostrarse…
–¿Qué quieres decir con eso? –preguntó
Dusk, apoyándose de rodillas en el suelo, mirándolo
emocionado –¿En pelotas? ¿La dejasteis en pelotas?
–Y mojadita, se cayó al suelo y todo –Arai sonrió
de medio lado, apoyando la espalda en el banquete de atrás
y metiéndose un chicle en la boca –. Deberías
haberla visto correr, sólo con la cazadora de uno de los
guardias y los tacones, toda histérica…
–¡Dios! ¡Hubiera querido verlo! Claro... y quien
no quiere ver a Yuki desnuda... –finalizó, dejando
escapar una carcajada.
El profesor los miró interesado por lo que contaban. Al parecer,
habían elaborado un plan bastante interesante. Les lanzó
una libreta donde redactaba lo ocurrido entre él y Kinsei
durante la primera prueba.
–Quiero que narréis lo sucedido esta noche. Por ejemplo,
tú, Kiri ¿querrás hacerlo? Creo que será
interesante para todos leer lo que cada uno ha hecho.
–Por supuesto... –contestó sobrio el rubio, tomando
la libreta, y pensando que era mejor que lo escribiera él,
o quien sabe lo que terminaba poniendo Arai.
Reiji, por su parte, seguía riéndose a carcajadas
de sólo pensar en esa imagen.
–A lo mejor y hasta le sirve de algo... –sugirió,
sin poder dejar de reírse.
–Pues yo no lo veo tan gracioso. Ya, pues... Sí, se
lo merecía y todo, pero hay mejores maneras, ¿no?
–Kinsei bajó la cabeza, sin poder evitar que también
le hiciera gracia. Sobre todo ahora que sabía que no había
habido ninguna fatalidad.
–Pues lo verías si hubieras estado allí –Arai
no pudo evitar sonreír igualmente, con el rostro bajo y jugando
con uno de los agujeros de sus jeans –. No creo que le sirva
de nada. Bueno, a no ser que te refieras a su búsqueda y
captura de marido.
–De marido… –Dusk lo miró, riéndose
sin poder evitarlo, como si la palabra marido fuera el chiste más
bueno del mundo.
–Bien, Reiji, ya sabes lo que tienes que hacer, ¿verdad?
–preguntó el profesor un tanto cansado de tanta juerga
infantil y deseando volverse a su casa a concentrarse en otras tareas
más importantes.
–Yo siempre sé lo que tengo que hacer –le sonrió
el chico, pasándose un dedo por uno de sus mechones plateados
y levantándose a buscar el objeto, sentándose una
vez más en el centro del círculo con sus dedos sobre
el indicador del tablero.
El rubio se inclinó hacia delante, aún con la libreta
en su regazo, observando con atención lo que sucedía.
Cuando Reiji hacía las preguntas, el tablero simplemente
contestaba. Se preguntaba si era porque sólo él tenía
sus manos sobre el mismo, o si la mezcla de sus caracteres formaba
un todo armonioso.
El profesor apagó el cigarro concentrándose en el
tablero y observándolo.
–Antes de nada, pregunta si Yuki está viva… –sugirió
el profesor, mirando a Reiji de soslayo y dibujando un circulito
de humo en el aire con su aliento.
Kinsei alzó el rostro, nervioso y sin saber por qué,
si ya habían dicho que lo estaba.
–O.K. –Reiji cerró los ojos, un tanto sonreído,
preguntando aquello. Volvió a abrirlos apenas sintió
el indicador moverse –S... í... –sonrió
de medio lado, recalcando –¿Veis? Un poco de humildad
nunca mató a nadie...
Kinsei se dejó caer hacia atrás contra una pared,
respirando aliviado.
–Nunca está de más asegurarse… –dejó
escapar el profesor entre los labios –Deseaba completar mis
notas –sonrió un tanto extrañamente, apuntando
algunas cosas en una pequeña libreta, y guardándosela
en el bolsillo de la camisa –. Adelante con la siguiente prueba
entonces.
–Entonces... ¿cuál es el juego esta vez? –preguntó
Reiji, esperando, sintiendo aquel cosquilleo en los dedos de nuevo,
y leyendo en voz alta como siempre –A... s... e...
g... u... r... a... o... s... d... e... q... u... e... S... u...
b... a... r... u... n... o... r... e...v... e... l... e... e...
l... s... e... c... r... e... t... o... –volvió
a preguntar –¿Quiénes deben llevar esta misión
a cabo? –la respuesta no se hizo esperar –D...
u... s... k... y... K... i... n... s... e... i...
El moreno de puntas violeta se llevó una mano a la cabeza,
suspirando. ¿Por qué él de nuevo? Bueno...
al menos la cosa no estaba tan mal. Después de todo, Yuki
estaba viva, ¿no?
Dusk miró a Kinsei y luego al tablero.
–Nooo, yo no quiero –se quejó riéndose
a pesar de todo –. Y encima que a ti no te toca, Reiji, eres
el enchufado –bromeó el rubio aún protestando
y mirando a Kinsei –. Bueno, Kinsei, vayamos mañana
a hablar con ella y ya está, ¿no? ¿No estás
aliviado de que nos toque algo así de sencillo?
El profesor sonrió un poco, cogiéndole el mechero
y encendiendo otro cigarro, pensando que desde luego no siempre
era tan sencillo hacer que alguien se callase. Paseó la mirada
por los estudiantes, deteniéndose en el chico nuevo y observándolo,
preguntándose ciertas cosas acerca de él. Había
leído en sus papeles que había sufrido bastantes problemas
de adaptación, era normal en los niños con un intelecto
superior a la media, aunque lo que más le llamaba la atención
era lo referente a aquel accidente que había sufrido. Se
preguntaba si aún estaba en manos de profesionales. Dejó
escapar el humo entre los labios sin apartar la mirada del estudiante
y se levantó como para dar por terminada la sesión.
–Es que yo soy su médium y líder espiritual.
Además... ¿qué harían en la escuela
sin Kuroda Reiji? Se aburrirían mucho, ¿no crees?
–se rió el chico, comenzando a guardar las cosas, y
pensando en que no solía pasar los sábados por la
noche así. Seguramente iría a alguna discoteca, se
preguntaba si Dusk querría acompañarle.
Kinsei sacudió la cabeza, sonriéndole al rubio.
–Sí, al menos le agrado. Seguro que si le hablo, la
puedo convencer. De todos modos, no tiene por qué relacionar
lo sucedido hoy con esto.
Por su parte, Kiri se puso de pie también, devolviéndole
la mirada al profesor y sonriendo un poco.
–Por cierto, Arai y yo estuvimos haciendo averiguaciones –declaró
de pronto, como si no fuera importante.
–¿Y qué averiguaron? –preguntó
el profesor aún mirándolo como si nada, devolviéndole
la sonrisa, de pronto, intrigado.
–Estuvimos en la biblioteca buscando información y
después se nos ocurrió utilizar una guija entre los
dos, y preguntar algunas cosas. Pero el plástico que teníamos
debajo del vaso salió volando… y pasó esto –dijo
Arai, mostrando el cojín que llevaba en la mochila y tirándolo
en el centro del suelo.
–Joder… espero que nunca salga el tablero volando aquí
y se lleve a Reiji de por medio… –dijo de pronto el
rubio, realmente preocupado, aunque su manera de ser no le permitiese
expresarlo de mejor modo.
–Cierto, nos quedaríamos sin médium y eso es
un problema –murmuró el profesor con una sonrisa en
los labios –, y desde luego el mundo perdería a un
gran poeta de la carne.
Reiji dejó escapar una sonrisa, moviendo un poco la cabeza
de manera que su flequillo se resbaló por ambos lados de
su rostro.
–La vida sería tan triste para todos...Y ya puede parar
con ese poema, que ya sé que media escuela lo ha leído
–declaró, riéndose un poco a pesar de todo.
–No creo que eso vaya a pasar aquí –comentó
Kiri, seguro de que aquello había sucedido a causa de sus
personalidades conflictivas, además de que en este caso,
lo que fuera, parecía querer que las cosas se diesen así
–. Pero me gustaría ver... si alguien más puede
hacerlo la próxima vez. No estaría de más asegurarse.
–Hágalo usted mismo si lo desea, la próxima
vez –sugirió el profesor, que opinaba que para experimentar,
siempre había que ofrecerse uno mismo como sujeto de prueba
en primer lugar –. Estoy seguro de que no tendrá ningún
problema en intentarlo de nuevo.

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