.Novela homoerótica para mayores de edad.
 
Capítulo 11

Just Like Brothers

Arai ayudó a Kinsei a subirse por la ventana hasta la habitación, y se coló en el dormitorio, sujetándose con los brazos en el marco y procurando no hacer ruido. Habían dejado la luz encendida para que la madre de Kinsei no molestase, sólo esperaba que no hubiera entrado mientras no estaban.
–¿Estás pensando en esa mierda? –preguntó, mirándolo ya dentro de la habitación y cerrando la ventana.

–Un poco, la verdad –le sonrió, preguntándose si pensaría que era un cobarde por preocuparse tanto –. Bueno, es tonto, ¿no? Lo de ayer fue un accidente, pero igual... es que todo es muy extraño.

–No sé si es tonto… Es normal que estés con eso en la cabeza. Ver a alguien morirse, y más si estabas implicado, no debe ser algo que se supere fácilmente… –lo miró a los ojos, pensando en si no estaría complicándole más el cerebro en vez de ayudarlo –. Ayer dijiste que apenas pudiste dormir, tal vez hoy que no estás solo lo hagas… –murmuró más para sí mirando la habitación y repasándola –. ¿Dónde duermo? ¿Aquí contigo, o en otra?

–No, quédate a dormir aquí. Puedes usar mi cama si quieres, tengo un saco de dormir –ofreció, pensando en que no tenía que ver con estar solo. Más bien, el ver un cadáver destrozado no era una imagen que se te fuese con facilidad del cerebro. Y una vez que cerraba los ojos, se hacía más vívida –. Gracias por comprenderlo... –murmuró, sonriendo un poco de todas maneras.

Arai lo miró sonriendo y bajando la cabeza.
–Sí que eres un buen chico… No pienso dormir en tu cama y tú tirado en el suelo. Yo dormiré en el saco, o durmamos los dos en la cama –se apartó el flequillo de la cara, enganchando la mochila con un pie y agarrándola para buscar más chicles de nuevo.

–Bien, dormimos los dos en la cama entonces –accedió, pensando en que el saco tal vez era muy pequeño, si a él mismo casi le quedaba ajustado de lo viejo que era –. Pensé que a lo mejor te incomodaba. Como... –se contuvo antes de llamarlo antisocial, autista o cualquiera de las cosas que se le estaban pasando por la cabeza. No lo había pensado con mala intención, pero seguro que se ofendía.

–Como… ¿Qué? –el moreno lo miró a los ojos, dejando caer la mochila al suelo y tirando el papelito del chicle en el interior. Se quitó la camiseta, dejándola caer sobre esta sin dejar de mirarlo, pensando en a saber con qué le salía –. Si te incomoda a ti, es otra cosa…

–No, no, yo estoy bien... Me refería a que... no te gusta mucho la gente, a eso –intentó disculparse, riñéndose a sí mismo por no saber controlar su lengua y siempre meterse en problemas de esa clase.

–No, pero si tú no me gustases no estaría en tu habitación, y mucho menos me quedaría a dormir contigo, ¿no crees? ¿Tienes un baño particular, o es el de toda la casa? Como no me fume un pitillo acabaré sin dientes con tanto chicle. O podemos abrir la ventana y me pongo ahí. ¿Ya estarán tus viejos dormidos? No quiero que te formen un escándalo por mi culpa –sus ojos ya se paseaban por el calendario, notando que mañana era sábado y no había clase –Mañana es sábado.

–Oh, cierto...Y entonces, ¿qué haréis? –preguntó, percatándose. Con tanta preocupación, no se había dado cuenta. Y el hecho de que el profesor hiciera ese comentario, tampoco había sido de gran ayuda –. Puedes ponerte en la ventana, no hay problema. Duermen muy temprano.

–Vale… –el moreno abrió la ventana, de nuevo buscando el mechero en los bolsillos y encendiendo un cigarro por fin. Sólo había aguantado dos semanas sin fumar y le dolían las mandíbulas de mascar chicles. Eso, por no pensar en las caries que se iba a ganar como siguiera con ello –. No lo sé… ni sé donde vive, ni tengo su teléfono, sólo el de Dusk en algún lado… si es que aún no lo tiré… –dio una calada, sintiéndose un tanto aliviado, y se volvió contra el marco, mirándolo a los ojos –¿Qué hace un chico como tú metido en algo así? Seguramente la otra pija sea la siguiente ,¿y después? Tú… yo… Lorenz… ¿quien será?

–No hables como si todos fuéramos a morir... –se abrazó a sí mismo, sintiendo un escalofrío recorrerle la espina dorsal y prefiriendo pensar que se trataba de la brisa que entraba por la ventana abierta –Sólo fue un accidente, ¿no? No significa que vaya suceder cada vez. Y... recibí esa nota, como todos los demás –se fue a sentar en la cama, sintiéndose un poco como un bicho raro de tanto que le decía que era buen chico y eso –. Yo sé donde vive, fui a dejarle algunos libros y tareas. Tal vez fue así como recibió la nota, ¿no? Porque... creo que la dejé dentro del libro.

–Ah... bueno, si tú sabes donde vive... entonces no me quedará más remedio que pasarme por su casa. No sabemos qué puede suceder si desobedeces, pero seguro que nada bueno –le dio una calada más al cigarro, apagándolo después contra la cornisa y lanzándolo por la ventana antes de cerrarla –. No lo sé… –dijo expulsando un poco de humo mientras se quitaba los vaqueros –No todos recibieron esa nota… y de momento sólo nos han llamado a los que la vimos… ¿no? –se sentó en la cama, dejándose caer después en el colchón, contra la pared. Apoyándose en un codo y rascándose la mandíbula, pensativo.

–¿Crees que tiene algo que ver con nosotros? Tal vez tengamos algo en común, ¿no? –lo miró, preguntándoselo y luego poniéndose de pie, pensando en que debía cambiarse para dormir, pero sin querer abandonar la conversación –. ¿De verdad crees que esa tabla nos está diciendo todo eso? ¿O será una broma de alguien? –Una broma de muy mal gusto, añadió en su mente.

–Pero el que nos da las órdenes es Reiji, y sinceramente, no me lo imagino tendiendo una complicada trama sólo para… no sé –sonrió un poco, mirándolo entre el cabello –. Reiji es una persona muy extraña, y creo que está bastante enganchado. Sólo se me ocurre que Lorenz estuviese pagándole o algo, para que hiciese eso, pero… tampoco me parece posible.

–Pues no, a mí tampoco me lo parece, pero no sé. A lo mejor hay otra forma... –sacudió la cabeza contrariado –Es que no tiene sentido. ¿Para qué iban a querer que hiciésemos estas cosas? ¿Y por qué nosotros precisamente?

–No lo sé... Porque si no, otros también se habrían preguntado que por qué ellos precisamente… No todo tiene un sentido, a veces las cosas simplemente ocurren –Arai lo miró sonriendo un poco de pronto –. ¿Vas a dormir así, o es que te da vergüenza que te vea cambiarte? Si quieres, me vuelvo o algo…

–No, está bien, es que no quería interrumpir... –se giró, quitándose la camisa y buscando unos pantalones de pijama y una camiseta. Y lo cierto es que ahora que lo había mencionado, sí le daba vergüenza, aunque no le hubiese dado antes –. Yo no creo en eso –murmuró.

–¿No crees en el azar? ¿Y por qué estoy ahora durmiendo en tu cama? ¿Acaso era algo planeado o que alguien estuvieses buscando? Entonces comenzaré a pensar mal… –sonrió, mirándolo cambiarse, aunque le parecía que sí le daba vergüenza pese a todo.

–¡No, no es eso! –protestó, apenas mirándolo y evidenciando un poco su sonrojo, girándose de nuevo para quitarse los pantalones, riñéndose una vez más por ser tan tonto de avergonzarse por algo así –. Pero sí creo que las cosas tienen una razón de ser, sobre todo algo tan complicado como esto... ¿Quieres decir que alguien escribió esa nota y la metió en algún libro para ver quien se presentaba allí? ¿Y si sólo se hubiesen presentado pijas y críos? No hubiera servido de nada.

Arai lo miró incrédulo por el grito de vergüenza, tanto como por la ocurrencia, riéndose un poco sin poder evitarlo y tapándose la boca con la mano.
–Pasaría que seguramente todos morirían y el papel de algún modo, llegaría a otros, y así… Tal vez… ese papel no ha llegado a nosotros en primer lugar, ¿no crees? Era una caja muy antigua. Muchos habrán jugado ya antes que nosotros. Perdona, no quería meterme contigo, es decir, sí, pero no quería que te pusieras así.

–No, no importa, no me puse de ninguna manera... –contradijo, aún dándole la espalda y terminando de ponerse los pantalones y la camiseta. Se giró, sentándose sobre el colchón, aún un poco sonrojado y tocándose una de las puntas violeta de su cabello como para relajarse –. Pues entonces, es peor, ¿no? Oye... ¿sabes tú por qué el almacén estaba cerrado? –indagó de pronto, curioso. Ya el que lo cerraran era una cosa, pero además, la puerta parecía escondida.

–No lo sé. Debió de ocurrir algo antes de que yo llegara, podríamos preguntarle a Lorenz. O mejor dicho, podrías, porque tú pareces agradarle –sonrió de nuevo un poco, viendo cómo jugaba con el cabello, nervioso. Lo cogió del hombro, tirándolo en la cama y tapándolo a pesar de que él estaba sobre las sábanas –. No me gusta mirar arriba para hablar. Acuéstate ya, que no voy a comerte mientras duermes.

–No pensaba eso... deja de decir cosas vergonzosas, como si estuviera nervioso, porque... no estoy nervioso, ¿sabes? –negó, haciendo bastante aparente que sí lo estaba, y llevándose una mano a la cabeza luego –. ¿Tú crees que le agrado? Yo más bien pienso que le agrada ponerme tareas extras y asustarme.

–Pero que yo sepa, no he dicho nada vergonzoso, ¿o sí? –de todos modos, le hacía gracia verlo nervioso. Sonrió un poco extrañado, sin comprenderlo muy bien –. Yo creo que le agradas, lo que pasa es que a él le agrada poner tareas extra y asustar. Además de que se ve divertido molestarte. A mí me agradas y te molesto igual. No sé qué vamos a hacer para joder a Yuki… –dijo de pronto, como hilando pensamientos.

–Pues es que eres... –hizo un gesto de contrariedad con la boca, bastante tentado de darle con una almohada en la cabeza por andarlo molestando, pero apenas oyó aquello, se le pasaron las ganas. Se giró un poco para mirarlo mejor a la cara, serio –. Oye... Lo que sea que vayáis a hacer, tened cuidado. Sólo por si acaso, ¿eh? Pero... el nuevo tiene razón. Lo que más les importa a esas chicas es lo que piense la gente de ellas –se acostó boca arriba de nuevo, pensando en que si era una cosa de esas, a lo mejor no había posibilidades de que algo saliese mal. Después de todo, no tenía por qué salir huyendo ni nada así.

–Se me está ocurriendo algo… –el moreno se volvió de frente sobre las sábanas, mirando arriba, y se pasó la mano por el pecho como acariciándoselo, comenzando a dibujar una tenue sonrisa en los labios y pensando que mejor se lo comentaba a Kiri y no a Kinsei, a quien le parecería horrible, por supuesto. Giró un poco la cabeza para verlo mejor –Pues es que soy... ¿Qué? –preguntó, recordando de pronto –¿Qué pensabas de mí antes de conocerme?

El chico lo miró, girando el rostro de nuevo, sonriendo un poco.
–Que pasas demasiado tiempo faltando a clases más que nada, pero no es que pensase demasiado en ti. No me gusta hacerme ideas de la gente de esa manera, prefiero conocerlos primero –volvió a girar el rostro, pensando que precisamente por eso se metía en problemas, y luego andaba con lapas indeseables pegadas a él.

–Pues yo no puedo evitar hacerme una idea preconcebida de todo el mundo. Después no tengo ningún problema en admitirlo, si me he equivocado…, pero no puedo evitar hacerme una idea. Tú eres un buen chico, un buen hijo, un buen estudiante, un buen chico… –miró al techo como divagando –Kiri es un tío extraño, muy maduro para su edad y demasiado orgulloso para mi gusto, Reiji… aparte de drogata y salido… no lo sé, es interesante, Dusk es el típico tío que vive la vida feliz y es amigo hasta del diablo, Sachi es una buena chica, Lorenz es un sádico de la enseñanza… Tal vez me equivoque, pero de todos modos no puedo evitar pensar en eso por el momento.

–Vaya, pues nos tienes a todos estudiados. Cualquiera lo diría con esa cara de que no prestas atención a nada... –Kinsei se rió, dándose la vuelta, agarrado a su almohada. La verdad es que lo cohibía con eso de que era buen chico, pero tampoco podía debatírselo. No solía meterse en problemas, siempre iba a clase, y si bien no era el primero en cuanto a notas, tampoco estaba fracasando.

–No suelo hablar con nadie, es normal que me haga ideas de la gente. Me paso la mayor parte del tiempo en el tejado del instituto, me aburro y observo… y si no, me tiro en la plaza, y ahí también veo a la gente. Acabas haciéndote una idea de cómo son… –se giró de medio lado, mirando hacia él y pasándole un dedo desde el codo al hombro –¿Estás molesto? –preguntó, metiéndose finalmente bajo las sábanas y volviendo a colocarse de medio lado –Suelo hablar con demasiada sinceridad a veces.

–No, no estoy molesto –contestó el chico, girándose, un tanto cogido por sorpresa por el contacto, pero intentando no evidenciarlo –. A mí me gusta eso de ti, el que hables con sinceridad. Yo... suelo ponerme muy nervioso por cualquier tontería y luego termino metiendo la pata.

–Ya lo noto –sonrió un poco, mirándolo a los ojos aunque un tanto oculto por su cabello –, pero no creo que metas la pata. ¿Te importa que me quede hasta las doce o así? Olvidé las llaves de casa y hasta esa hora no hay nadie…

–No, quédate todo el tiempo que quieras. De todos modos es sábado... –le recordó, preguntándose de pronto si tendrían que reunirse también los fines de semana o si era como si fuese un deber extra, lo que, con su suerte, tampoco le extrañaría.

–Vale… gracias –le pasó la mano por el pelo, echándoselo atrás y besándole la frente antes de voltearse de espaldas a él –. Si no puedes dormir, despiértame… duermo mal –dijo estirando la mano para coger los auriculares que había dejado por encima de la cama.

–No... No te preocupes, tú duerme –le sonrió un poco tímido, imaginándose que de nuevo no dormiría. Pero lo cierto es que se sentía más relajado. Eso de dormir juntos... era como tener un hermano.



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