Capítulo
9
Stay A While
Arai se detuvo delante de la casa de Kinsei, y se pasó un
poco la mano por el pelo. Odiaba esos momentos en los que entrabas
en la casa de un amigo, y sus padres te medían de arriba
abajo, para finalmente acabar revisando los agujeros de tus pantalones,
como presos de un efecto hipnótico. Se bajó los auriculares
sólo para que no le regañase y entró mirando
al suelo, llamando a la puerta con los nudillos. Esperaba no tener
que decir “Soy Arai” o algo así… quería
que simplemente le abrieran y ya.
–¡Kinsei, la puerta! –se escuchó una voz
femenina desde dentro, a lo que el chico respondió.
–¡Ya voy! –bajó apresurado las escaleras,
ya que la mayoría de las casas en esa calle eran de dos pisos.
Seguramente para ahorrar espacio. Abrió la puerta, luego
de observar por la mirilla –Arai, ya sabía que eras
tú. Pasa.
El moreno pasó un tanto aliviado, mirando de soslayo, deseando
no cruzarse con su madre ni nada, y mucho menos que se la presentaran
o algo así.
–¿Tus padres te dejan salir por la noche así
como así? –preguntó, mirándolo extrañado
y echando un vistazo. Se veía una casa bastante normal, hasta
estaba tan organizada que le parecía extraño. Por
un momento, deseó que su casa se pareciera a esa en lo más
mínimo.
–No, shhh –se llevó un dedo a los labios, acallándolo
y susurrando luego –. Mis padres no saben nada de eso. Mejor
vamos a mi habitación, ven –tiró un poco de
su mano, guiándolo escaleras arriba.
–Kinsei...
El chico se asomó por la parte alta de las mismas, para observar
a su madre que lo llamaba, con el típico tono maternal.
–Parece que me estés evitando. No hagáis mucho
ruido, ¿eh? ¿Queréis que os lleve algo de comer?
–No... No te preocupes, sólo vamos a estudiar.
–Bueno, pero si te da hambre...
–Ya, claro, gracias, mamá –respondió casi
huyendo, sin molestarse en decir nada acerca de su amigo. No porque
le diese vergüenza, si no porque si lo hacía, no iban
a acabar nunca.
–Gracias… No quería que comenzase a hacer preguntas
y todos esos rollos de madres –el moreno entró tras
el chico, aún sujeto de su mano. De nuevo un tanto incómodo,
preguntándose si debía soltarla o seguir agarrándola
y cual de las dos cosas quedaría peor. Sumido como estaba
en aquello, sin embargo, se dedicaba a observar la habitación
ordenada y limpia del chico –Eres un buen chico, ¿eh?
–preguntó con una sonrisa en los labios apenas perceptible.
–Cuando lo dices así, suena un poco... vergonzoso,
¿no? –Kinsei se rió suavemente, soltándole
la mano al darse cuenta de que aún se la agarraba y ya buscando
sus libros en el escritorio –Oye... Si luego te da hambre
o algo, yo bajo, que tampoco tengo ganas de aguantar esas cosas
de madre. Espero no estar siendo descortés.
–Nah… es comprensible –El moreno se sentó
en el suelo, apoyando el brazo sobre la mesita baja. Ya le estaba
dando miedo pensar para qué cogía tanta cosa si sólo
eran unos ejercicios –. No lo digo por mal, está bien
ser un buen chico… supongo. ¿Qué haremos, escaparnos
por la ventana? Yo le he dicho a mi madre que dormiría en
tu casa –sonrió un poco, sacando la libreta y los lápices
de la mochila.
–Pues... sí, eso es lo que hago –contestó,
regresando con varios libros y sentándose frente a él,
preguntándose si le parecería una cosa muy infantil
aquello de escaparse por la ventana –. Le diré a mi
madre que duermes aquí, entonces. Seguro que no nos molesta
si piensa que vamos a estudiar, y a dormir después.
–No… No lo decía para quedarme a dormir de verdad,
no te preocupes, puedo quedarme en casa de mi vecina. Es como mi
hermana mayor, sólo que pequeña –sonrió,
mirando a la mesa algo cortado por sentir que había insinuado
eso –. Aunque tampoco es que no me quiera quedar… –miró
a un lado frunciendo el ceño, se le daban horrible las personas
–Si te pones frente a mí, en vez de a mi lado, veré
los números cabeza abajo ,y no creo que entienda mucho…
ya me va a costar del derecho.
Kinsei se rió un poco, observándolo.
–Bueno... Hay una técnica nueva muy efectiva. Se llama
“girar el cuaderno” pero... –se levantó,
sentándose a su lado –No tienes que quedarte si no
quieres, no lo hagas por compromiso. Sólo lo decía
porque así nos funcionaba a los dos de excusa.
–No, sí que quiero, pero no quería que pensaras…
Da igual, quiero quedarme –acortó, hartándose
casi de inmediato de tener que explicar todo aquello –. Me
pregunto si alguno de nosotros será hoy seleccionado para
hacer algo. Deberíamos preguntar si hay un tiempo límite
para las pruebas –lo miró de soslayo, girándose
para hacerlo después fijamente –. Creí por un
momento que esto era un juego de Lorenz, pero tras lo de ayer…
–Pues no lo sé. A veces pienso que sí, a veces
que no. Es que es muy extraño, ¿no? Y me dijo eso
de que era un excelente experimento sociológico, pero creo
que anoche, al menos por un segundo estuvo tan sorprendido como
yo –le aseguró Kinsei, aunque no estaba seguro para
nada. Podría haber sido su cara de asco al mancharse de sangre,
pero no creía que fuese un asesino, por atemorizante que
fuera –. Yo sólo espero que no me toque de nuevo, o
acabaré pensando que el universo me la tiene jurada.
–No digas eso… o seguro que te toca –el moreno
sonrió un poco, echándose hacia adelante en la mesa
y pasando varias hojas del libro –. Estos ya los sé
hacer, pero estos otros no –dijo, señalándole
con el dedo los que no comprendía –. Es la asignatura
que más odio, aunque las odio todas menos gimnasia –sonrió
un poco de nuevo, notando el cabello negro delante de los ojos.

Sigue Leyendo!
|