Capítulo
6
Psychology
Arai se quedó en la puerta del instituto. Por primera en
siglos, había ido hasta allí a primera hora. Había
visto en las noticias de la mañana lo sucedido a Yurei y
obviamente, deseaba saber qué demonios había sucedido,
tal vez alguien lo supiese. De todos modos, en el recreo, iría
a hablar con Kinsei.
Echó a andar por los pasillos de camino al aula, cruzándose
con Dusk, que lo saludó con un simple movimiento de cabeza,
lo cual era bastante extraño para tratarse del rubio. Pero
claramente, todos debían estar alterados, si no era por una
cosa, sería por otra. Además, había un coche
de policía aparcado fuera del instituto y había visto
a unos oficiales haciendo preguntas a los profesores.
Kiri entró en el instituto, dirigiendo una mirada de reojo
a los policías. También había visto las noticias,
y aunque apenas lo había visto una vez, no había sido
difícil reconocer la foto del rubio. Entró al salón,
reconociendo al moreno “gracioso” de la noche anterior,
saludándolo con un movimiento de cabeza, decidiéndose
luego por hacerlo de palabra.
–Buenos días –dijo a la vez que se sentaba en
un pupitre vacío, al parecer como si nada.
Arai se bajó los auriculares, guardándolos en la mochila
y mirándolo de soslayo, preguntándose por qué
demonios tenía que ir en su clase y aún más,
por qué había de sentarse a su lado. Tal vez no era
tan capullo y sólo se había llevado una mala impresión.
Hizo un gesto con la cabeza a modo de todo saludo, mirando después
por la ventana a pesar de que la profesora ya había entrado
y procedía a soltarles un rollo sobre el desgraciado accidente
que, según ella, el profesor Isamu había tratado de
evitar. Después siguió, aleccionándolos sobre
sus posibilidades de acudir al psicólogo del centro cuando
tenían un problema. El moreno se apoyó en la mano,
mirando al nuevo de soslayo, cubierto por el cabello negro que caía
sobre sus ojos. Parecía como si nada. ¿Qué
estaría pensando de eso?
–Pero si todo fue un accidente, no tiene sentido todo eso
acerca de ir al psicólogo. ¿O se supone que sepamos
cuando nos va a atropellar el metro? –murmuró el rubio,
como si estuviese meditando sobre aquello, aunque en un tono de
voz lo bastante alto como para que al menos los que se sentaban
a su alrededor pudiesen escucharlo.
–¿Qué quieres decir, chico? –preguntó
la mujer mirando al rubio sin comprenderlo –¿Insinúas
que sabes algo? Si es así, la policía estará
encantada de que se lo digas –insistió la anciana mirándolo
fijamente por debajo de sus gruesísimas lentes.
Arai miró a otro lado, tapándose la boca con la mano
para que no se notase que sonreía.
–No, no insinúo nada. Sólo señalaba el
hecho de que ir al psicólogo no va a prevenir que tengamos
accidentes, ¿o sí? Y usted dijo que se trataba de
un accidente. No comprendo la relación –respondió
igual de inmutable, aunque mirando al moreno de reojo, sin que se
le pasase por alto que sonreía, y sin poder evitar una ligera
sonrisa apenas imperceptible.
–Tal vez con psicólogos podríamos evitar los
desastres naturales entonces… –murmuró el moreno
mirando entonces hacia la ventana sin importarle lo más mínimo.
–El señor Hanasaki sólo viene a molestar a las
clases, y el señor Aoyama parece querer seguirle el ejemplo
y no servir de nada en este mundo, ¿es así? ¿O
es que alguno de los dos ha venido a atender? ¿No les importa
ni siquiera el accidente de su compañero? – dijo la
profesora, como haciendo ver que a la juventud hoy en día
no le interesaba nada.
Arai hizo un globo azul con el chicle, levantándose finalmente
y poniéndose los auriculares. No sabía para qué
iba si no aguantaba ni diez minutos en la clase sin que le pusieran
enfermo.
–No era mi compañero…
–¿Adónde va? –preguntó la mujer
señalándolo, como si de ese modo fuera a retenerlo.
–A hablar con el psicólogo… –murmuró
el moreno mirándola de soslayo y escupiendo el chicle a la
papelera desde la puerta antes de salir –A ver si así
no me suicido, o si no cometo un asesinato.
–Será mejor que le acompañe, no vaya a ser que
le suceda algún accidente por el camino –Kiri se levantó,
siguiéndolo ante las protestas de la mujer, sonriendo de
medio lado al salir por la puerta y resistiendo el decirle alguna
otra cosa. De todos modos, no le preocupaban las consecuencias.
Con tal de que aprobase su asignatura al final, era suficiente,
¿no?
Arai se volvió al sentir la puerta de nuevo, y se bajó
los auriculares al ver que se trataba del rubio. Le sonrió
un poco de medio lado, definitivamente no podía ser tan malo
si pasaba de los profesores de ese modo.
–¿Crees que fue un accidente? –murmuró,
mirando al suelo de nuevo y encaminándose a los baños
para poder encerrarse allí sin que los vieran fuera del aula
hasta el cambio de clase –Vamos a los baños, no me
apetece aguantar rollos.
El rubio lo siguió sin decir palabra hasta que hubieron entrado,
rompiendo el silencio entonces.
–No tengo ni idea de si fue un accidente o no. Eso habría
que preguntárselo a quienes estuvieron allí. No es
del todo imposible, pero lo dudo mucho. Ahora, cabría averiguar
si la culpa fue de quienes tenían la “misión”
o de algo más.
El moreno se sentó en los lavabos, apoyando la bota negra
en el fondo del fregadero y metiéndose otro chicle azulado
en la boca, mirando a la pared y después el reflejo del rubio
en el espejo.
–Algo más… ¿un fantasma? –se rió
entre dientes, mirándolo de soslayo y apoyando la cabeza
contra la pared –No lo creo, aún me pregunto si esto
no es todo algo que ha organizado Lorenz. Ese profesor… está
como una puta cabra, además es un sádico.
–¿Es tan descabellado creer que existan los fantasmas?
Por cierto... no dije que pensara que era culpa de un fantasma.
Y aún no sabemos de dónde salió esa nota. Puede
ser uno de nosotros. Incluso podría ser yo, ¿no lo
crees? –sugirió, sonriendo de medio lado y apoyándose
en la pared con los brazos cruzados también –Así
que el profesor Lorenz está como una cabra y es sádico...
A mí me pareció muy interesante. ¿Y qué
me dices de Kinsei? ¿Crees que es alguien capaz de matar?
–En mi opinión, todos somos capaces de matar…
sólo necesitamos el detonante justo, pero Kinsei no mató
a ese crío. Le parecía un imbécil, como a mí
y como a… la minoría no pija, pero no lo mataría,
Kinsei es un buen chico –Arai se giró un poco, mirándolo
de soslayo de nuevo –. Reiji es alguien interesante. Ese tío,
es alguien creepy –hizo un globo, de nuevo mirando al techo
–Y tú… ¿serías capaz de matar?
¿Has visto a un fantasma? Pareces muy seguro de algunas cosas,
¿o es que te gusta jugar?
–¿Yo? –el chico se señaló a sí
mismo con aquella sonrisa burlona en el rostro –No, yo no
estoy seguro de nada. Precisamente por eso no descartaría
ninguna posibilidad, hasta que no haya comprobado lo contrario.
Este mundo es bastante más incierto de lo que la gente cree,
¿no es así? –se encogió de hombros, retirando
un mechón de cabello tras su oreja derecha, dejando ver los
aros que la adornaban –. En cuanto a si soy capaz de matar,
comparto tu opinión. Todos somos capaces de matar, dependiendo
de las circunstancias, aunque me pregunto si realmente crees eso.
Arai lo miró a los ojos, apartándose el flequillo
a un lado con la mano.
–Si no lo creyera, no lo habría puesto en mi boca.
Además, no entiendo muy bien qué quieres decir con
eso –se apoyó en una mano, saltando del lavabo y apoyándose
en él con un pie, guardándose las manos en el bolsillo
y mirándolo –. Explícate.
–Primero dices que todos somos capaces de matar bajo las circunstancias
adecuadas, y luego que Kinsei no lo mató, porque es un buen
chico. Te contradices –explicó tranquilamente, siguiendo
sus movimientos con la mirada.
–No me contradigo, he dicho que todos seríamos capaces
de matar con el detonante adecuado, pero estoy seguro de que ese…
Yurei no hizo nada como para que alguien como Kinsei desease matarlo.
No me contradigo, tal vez te gusta más ahora, puntualizado.
Tú no los conoces… –y yo tampoco, pensó,
sin decirlo desde luego, sonriendo un poco y escupiendo el chicle
al suelo.
–No, no los conozco. Tal vez por eso pueda ser más
objetivo, o tal vez tú tengas razón, ¿quién
sabe? –se encogió de hombros de nuevo, observando el
chicle en el suelo, y sonriendo como si aquello hubiese sido una
gracia. De todos modos, no estaba convencido de que se pudiese llegar
a conocer a alguien realmente –. En todo caso, no podemos
saber si se dio o no un detonante anoche. Sólo podemos suponer.
–Eres extraño… –Arai sonrió un poco,
acercándose más –¿Cuántos años
tienes? –preguntó, mirándolo a los ojos entonces
y apartándose el flequillo, moviendo la cabeza de nuevo.
–Dieciocho y... tú no eres tan normal tampoco –lo
miró de vuelta, sonriendo como si acabase de hacerle un cumplido.
–Pensaba que serías mas mayor, te ves maduro para tu
edad –sonrió un poco de nuevo, apoyándose en
la pared con un hombro, a su lado –. Voy a hablar con Kinsei
en el recreo, ¿quieres venir? Yo ahora me voy… no voy
a clase… salvo a gimnasia…
–Hum... tal vez, aún no lo sé –se apartó
de la pared, descruzando los brazos y metiéndose las manos
en los bolsillos –. Por ahora regreso a clase. Te veré
luego.
–Tal vez –el moreno le pasó al lado, mirando
la hora y calculando para que la profesora no lo cogiese por los
pasillos en plena escapada. Se subió los auriculares, ajustando
el sonido aún más alto –. Que te sea leve –dijo
ya de espaldas, levantando la mano para despedirse.

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