Capítulo
4
Demiurgo
Arai se quedó en la entrada del instituto,
un tanto dudoso de si entrar o no. Le parecía demasiado raro
que Sachi lo hubiera citado allí, pero después de
todos los favores que le hacía, al final no había
podido evitar ir a asegurarse. El edifico parecía cerrado.
Se acercó a las verjas, tratando de abrirlas sin conseguirlo.
Finalmente saltó, trepando por ellas para colarse al otro
lado, descubriendo, para su desgracia, a Dusk tratando de infiltrarse
en el edifico. Le tocó el hombro con la punta del dedo y
el rubio se volteó lívido.
–¡Ah! Joder... –se quitó el porro de los
labios, ya que por poco se le había caído al suelo,
y después estalló en carcajadas, un tanto atontado
–¿Qué pasa? –preguntó como si fuera
lo más normal del mundo tratar de forzar la cerradura.
–No lo sé, pero tengo que entrar –dijo sin poder
evitar sonreír por el susto que le había dado.
–Sí... Yo estoy aquí con Reiji. Vamos a recuperar
mi monopatín, que me lo han confiscado los muy hijos de puta...
–dijo abriendo la puerta al fin –¡Vamos Reiji!
–dijo llamándolo y riéndose.
Arai se volvió, buscando al otro chico con la mirada. Bueno,
si al menos era Reiji, no era tanta la desgracia, siempre le había
llamado la atención.
–¡Ya voy, ya voy! –le contestó el otro
chico riéndose, y llegando desde más lejos, deteniéndose
al ver al otro –¿Eh? Arai, no sabía que te gustaba
esto. Bueno... mientras más, mejor –se encogió
de hombros, entrando tras el rubio, que cada vez le caía
mejor.
Sachi llegó, mirando a su alrededor un tanto nerviosa, porque
lo cierto es que siempre le había parecido que la escuela
se veía tenebrosa cuando no había nadie. Se acercó
bastante aliviada, saludando con la mano en el aire al ver a los
tres chicos que entraban, aunque confundida de por qué Arai
habría llevado a más gente si trataba aquello con
tanto misterio.
–¡Arai! Aquí estoy, ¿para qué querías
hablarme con tanta urgencia?
Arai la miró confundido.
–Yo no quería hablarte de nada, si hubiera querido
hacerlo, habría cruzado la calle hasta tu casa en lugar de
citarte aquí. Pensaba que habías sido tú…
la de la nota roja.
–¿Qué nota roja? ¿Una de amor? ¿Os
amáis en secreto? Yo amo a Reiji y Reiji a mí, ¿ves?
–el rubio se colgó del chico que vestía de negro,
abrazándolo –Nos vamos a casar. Pero antes mi monopatín,
vamos –dijo empujándolos a todos para dentro, implicados
o no.
–Yo paso de entrar para nada. Aprovecharé para robar
el examen de ciencias sociales –murmuró el moreno no
obstante, sin olvidarse del tema de la nota –. Entonces la
nota no era tuya ni tampoco del otro tío…
–¿Qué tío? Yo encontré la nota
entre tus apuntes. Si hubiera sido yo, también hubiese cruzado,
¿no? Con lo que me gusta venir aquí sola –murmuró
la chica, siguiéndolos sólo porque no veía
razones para regresar a casa sola, si podía esperar a que
Arai la acompañase, mientras Reiji seguía al rubio,
riendo y bromeando con él.
–Vaale, te amooo, pero no me voy a casar contigo, ¿eh?
Lo más que puedo ser es tu amante –dejó escapar
la risa de nuevo, besándole un cachete y pasándole
la lengua sólo por molestar.
–¡Ah! ¡Me ha lamido! ¡Lámeme otra
vez! –el rubio se rio, rojo como un tomate. Mientras Arai
no podía evitar esbozar una sonrisa que camufló bajando
la cabeza aún más, ya parecía que se quería
dar con el suelo –¿Dónde se suponía que
os citaba esa nota?
–En el almacén del gimnasio, pero lo cerraron hace
años creo… –murmuró el moreno mirando
a un lado, tal vez era una nota de Kinsei, ¿no? –Creo
que yo voy a bajar hasta ahí –dijo deshaciéndose
del grupo y encaminándose a las escaleras. Estaba todo realmente
oscuro –. No se ve una mierda – comentó, más
bien para el cuello de su camisa.
–Encendamos una lu… –la mano del chico de mechas
rojas fue inmediatamente detenida por Arai, casi a punto de presionar
el interruptor.
–Nos descubrirán y nos meterán un paquete por
allanamiento de morada –le soltó la mano de nuevo,
continuando el camino –Mejor os vais.
–No, mejor vamos contigo, yo también quiero ver.
–Eh... ¿crees que alguien esté enamorada de
Arai? –preguntó Reiji, tocando suavemente a Dusk como
haciéndolo cómplice para molestar al moreno.
–Oye, que yo también vi la nota, ¿eh? –
protestó la chica siguiéndolos de cerca.
El moreno se echó algunas mechas de cabello hacia atrás,
aún apoyado en Dusk.
–Sí, pero estaba entre las notas de Arai... O tal vez,
alguien quiere un threesome –sugirió Reiji, sin poder
evitar reírse de nuevo, a causa de lo intoxicado que estaba,
viendo a duras penas cómo la chica se sonrojaba en la oscuridad,
y preguntándose si Arai también se estaría
sonrojando, mientras le entraba más la risa.
Mientras, arriba, Kinsei empujaba la puerta, bastante sorprendido
y nervioso de más, porque estuviese forzada la cerradura,
aunque era de imaginar que si alguien lo citaba allí, debía
saber cómo entrar, o hubiese escogido otro lugar.
–¿Ho... hola...? ¿Hay alguien aquí? –preguntó
nervioso, y creyendo escuchar una risa a lo lejos, lo cual no lo
tranquilizaba –Mierda... y yo, ¿para qué vengo?
–se riñó a sí mismo, sin embargo procediendo
a entrar.
–Shhh… –Arai se volvió, llevándose
un dedo a los labios al escuchar la voz a lo lejos –Acaba
de entrar alguien –se acercó al pasamanos y echó
a correr escaleras abajo, como alma que lleva el diablo –.
Vamos, si es la poli o un bedel, siempre podemos escaparnos por
las verjas del gimnasio… tú tranquila –le pidió
después a Sachi, cogiéndola de la manga de la camisa
para que corriese escaleras abajo. Ella era una tía normal,
no se metía en problemas y lo ayudaba mucho sin tener por
qué. Le jodía que estuviese allí metiéndose
en un lío.
–¿Y si no era un bedel y era el admirador secreto ese?
Era un tío, eso seguro –el rubio corrió escaleras
abajo de todos modos, tirándose por los pasamanos como si
aquello fuera de lo más divertido. Claro que con la de porros
que se había fumado, hasta respirar le parecía gracioso
–. Vamos al sitio ese a ver si hay alguien –dijo saltando
al último piso y mirando a los demás algo más
arriba –. Vamos…
–¡Espérame, amor, no me dejes sólo! –se
rio Reiji, siguiéndolo, pensando por un momento, que sería
bueno poder dejar de reírse por un momento, pero hasta aquello
le daba risa.
Kinsei se dirigió a las escaleras, asomándose un poco,
pensando que estaba demasiado oscuro, pero había escuchado
pasos, ¿no? Seguramente, al final resultaba ser una broma,
pero se iba a cabrear bastante como le hubieran hecho ir allí
sólo para reírse de él.
–¿Hola...? ¿Hay alguien? ¿Arai? –lo
llamó aventurándose, porque ni quería mencionar
el nombre de una de las pijas, no se le fuera a aparecer como cuando
invocas a una bruja o algo así.
Sachi lo detuvo un momento, volteando el rostro.
–¿Has oído eso? Creo que te han llamado... Al
final, sí va a ser para ti.
El moreno miró atrás comenzando a subir las escaleras.
–Esperad aquí –si alguien quería hablar
con él, cosa que le parecía improbable, desde luego
no le gustaría que hubiera llevado a una tropa consigo. Es
más, ni siquiera a él le gustaba llevarla.
–Sí, sí, te esperamos. Mientras, vamos buscando
la puerta –dijo Dusk agachándose un poco y abriendo
los brazos –¡A mis brazos, corazón! –le
dijo a Reiji, riéndose y agarrándolo de las escaleras,
dejándolo en el suelo –Vamos, Sachi, busquemos eso
–echó a caminar de nuevo, mirando los nombres en las
puertas, buscando el almacén.
Arai subió las escaleras hasta encontrarse con Kinsei arriba.
–Hola –dijo sin saber qué más decir y
bajando la cabeza de nuevo, y golpeando el pasamanos con las yemas
de los dedos.
–¡Ah! Hola... –sonrió el chico, avergonzado
de haberse espantado así y rascándose la cabeza –¿Fuiste
tú quien me dejó esa nota? Por favor, di que fuiste
tú... –añadió porque la otra posibilidad
lo fastidiaba.
–No fui yo –el moreno lo miró a los ojos, preguntándose
por qué tanto empeño en que fuese él –.
Creo que estaba en uno de tus libros. Como no estaba seguro, vine
igual. Hay más gente ahí abajo, si quieres venir…
–el moreno se volvió de espaldas, comenzando a bajar
las escaleras
–No, demonios... –bajó un poco el rostro, seguro
ahora de que era una de las pijas y eso sí era horrible –Tal
vez debería irme. Oye... ¿por qué hay más
gente abajo? ¿Hay alguna reunión secreta o algo así?
–preguntó desde el comienzo de las escaleras, observándolo.
–No, en realidad… –se quedó parado, volteándose
a verlo –En realidad ahora tengo curiosidad por saber qué
hay en el almacén –dijo subiendo las escaleras hacia
él de nuevo –. En teoría lo cerraron hace años.
Además, no sabemos a quién pertenecía la nota,
cuando lleguemos abajo, tal vez se nos aclare, ¿no? ¿Tienes
miedo? Podemos salir por el gimnasio si algo ocurre, ven –dijo
ofreciéndole su mano –. No pasará nada.
–No, estoy bien, gracias –dijo, aunque tomándole
la mano de todas maneras. En realidad, se sentía más
relajado ahora que sabía que todas esas risas, pasos y murmullos,
eran a causa de Arai y quienes estuviesen allí –. Cabe
la posibilidad de que sea de una de esas niñas de mi clase,
¿sabes? En todo caso, te lo dejo a ti –murmuró,
siguiéndolo con una sonrisa algo maliciosa en los labios.
–Ya… –Arai no pudo evitar sonreír ante
aquello y preguntarse por qué lo llevaba de la mano, si sólo
había sido un gesto para que lo siguiera, pero igualmente
no lo soltó, un tanto cortado. No sabía cómo
hacerlo sin que quedase grosero y le echase un regaño milenario
de nuevo. Miró a los otros tres que iban por el final del
pasillo, y se llevó la mano a los labios silbando –.
No es por ahí –dijo soltándolo para abrir la
puerta bajo las escaleras. Allí sí que estaba oscuro
y las escaleras era muy estrechas. Apoyó ambas manos a los
lados de la pared bajando despacio.
–¡Ah! Haberlo dicho –el rubio se giró al
otro lado siguiéndolo por las escaleras –. Es que como
tú eres ancient, te conoces todo el instituto, pero nosotros
no somos elders, tienes que comprenderlo –dijo subiéndose
un poco sobre Kinsei para pasarle un mechero. El moreno lo encendió,
sin dejar de descender. Como apareciese alguien ahí abajo
de pronto, le iba a dar un infarto.
–No sé si debamos... –dijo la chica, un tanto
nerviosa, viéndose apoyada por Kinsei, aunque tampoco le
atraía la idea de quedarse allí arriba solo ahora.
–Yo tampoco, ¿eh? Por algo estaba cerrado. ¿Y
si está podrida la escalera?
–Pues entonces nos caemos todos juntos –se rio Reiji,
dándoles un empujoncito a ambos, como si fuese lo más
gracioso del mundo.
–La escalera está bien. ¿Qué creéis
que hay abajo? ¿Jack el destripador? –Reiji sonrió
sin poder evitarlo.
–Si nos cogen, yo me hago responsable –dijo Arai.
–No creas que te vas a quedar con todo el mérito, ¡yo
también quiero ser responsable por una vez!– el rubio
se rio con lo que Reiji había dicho –¡Que nadie
meta mano a nadie, salvo a mí!
Arai se paró al final de la escalera, sin poder evitar sonreír,
mirando alrededor.
–Parece que no hay ventanas –dijo ya serio de nuevo,
observando la cantidad de cosas que había por todas partes
–, pero debería de haber otra puerta, la del almacén
en sí, no la veo.
–Bueno, pero tiene que estar por aquí, ¿no?
¿Para qué enviaría alguien una nota, citando
a otra persona en un lugar que no se puede ni encontrar? –preguntó
Kinsei, por fin bajando también, y mirando a su alrededor,
lo que podía ver gracias al mechero de Arai –¿Alguien
más ve algo?
–A mí no me preguntes, estoy ocupado metiéndole
mano a Dusk –respondió Reiji riéndose, aunque
de por sí no lo estaba ni tocando.
–Joder, pues no seas tan delicado que no lo noto –el
rubio se rio, pasando entre todos y buscando.
–Tal vez esté por aquí… escondida –
dijo Arai, empujando uno de los caballetes con cajas apiladas encima,
le había parecido ver algo allí –. Sí,
aquí –la empujó con ayuda de Dusk.
–A ver si está abierta… –Dusk sujetó
la manilla, empujando la puerta y abriéndola de golpe –Dios,
qué pestazo a cerrado –protestó, subiéndose
la camiseta a la nariz y entrando primero, sin miedo alguno –.
Aquí podemos encender la luz, no hay ventanas –dijo
pulsando el interruptor y haciendo que el fluorescente parpadease
unas cuantas veces hasta encenderse con una luz mortecina, que apenas
iluminaba en penumbra.
–¿Y ahora qué? –se preguntó Kinsei,
caminando por el lugar y observando las estanterías llenas
de polvo, con algunas pelotas viejas y más o menos desinfladas.
–Pues si era una cita de amor, debe de ser la persona menos
romántica del mundo... –apuntó la chica, sin
atreverse ni a apoyarse en las paredes.
Reiji entró luego, con una sonrisita que denotaba sus ganas
de reírse de nuevo, aunque se estaba aguantando un poco.
–No sé yo, se citan en un lugar que hasta la puerta
tiene escondida. Querrán hacer algo prohibido a lo mejor
–se cubrió la boca, riéndose sin poder aguantar
más.
El chico rubio bajó las escaleras, guiándose por el
sonido de sus voces, y entró al gimnasio, dirigiéndose
con toda tranquilidad, hacia la puerta que veía iluminada,
como si estuviera en su casa –¿Y quién de vosotros
fue? –preguntó de pronto, sobresaltándolos un
poco y pasando por el medio, paseando la vista por el lugar como
analizándolo y girándose para observar ahora al grupo
–¿Es algo así como la bienvenida al chico nuevo?
¿Ahora me diréis que el lugar está embrujado
y que debo pasar aquí la noche o no me aceptarán,
o es algo más interesante? –le dirigió una mirada
de reojo a Reiji, que se había empezado a reír de
nuevo.
–No, ahora te diremos que nos la comas a todos y si lo haces
bien, te daremos unas palmaditas y diremos buen chico. Si no, te
cenarás tus propios dientes. ¿De qué vas? –Arai
lo miró, adelantándose a los demás e inclinando
la cabeza, haciendo que su mirada se cubriera aún más
por el cabello –. Todos estamos aquí por lo mismo,
y nadie de nosotros te ha mandado nada –lo miró fijamente,
preguntándose qué carajo pasaba con él o si
es que se creía que era el “Rey del mambo”.
–Bueeno… hola –el otro rubio le aplaudió,
como celebrando, actuando como si nada hubiera sucedido –.
Así que eres nuevo, a todos les llegó esa cartita
y por eso estamos aquí, pero aún no sabemos a quién
pertenece ni nada en realidad.
–Eres gracioso, ¿no? –le sonrió de medio
lado al moreno, imitando su gesto y mirándolo a través
del flequillo, de manera un tanto perturbadora, girándose
luego hacia el rubio para prestarle atención a él
–Así que todos recibimos la misma nota. Esta... –se
metió la mano en el bolsillo para buscarla, pero al parecer
la había perdido. Se encogió de hombros, sentándose
en el suelo, como si no le importase el polvo en absoluto –Entonces,
es que sí es interesante...
Ahora fue Kinsei quien se rio un poco, aunque cubriéndose
la boca con una mano, susurrándole a Arai.
–Oye, guarda energía, que si son las pijas... vas a
necesitarla.
Reiji se dejó caer a su lado, porque la verdad, así
como estaba de volado, a él sí que no le importaba
el polvo, pero igual tosiendo al levantar una nube a su alrededor.
–Oye... ¿cómo te llamas?
–Aoyama Kiri –respondió seriamente el chico.
–Kuroda Reiji –le respondió, fingiendo estar
igual de serio, pero muerto de risa, procediendo a presentar a los
demás, señalándolos con el dedo, mientras decía
sus nombres –. Arai, Dusk, Sachi y...
–Kinsei –agregó el chico, que tampoco había
sido presentado formalmente con Reiji.
Arai miró a Kinsei, apoyándose contra la pared.
–Llega aquí, soltando esas cosas como si le debiésemos
algo, no sé qué carajo se cree, pero me ha hinchado
los cojones…
–Así que Kiri –preguntó el otro rubio,
sentándose frente a él a mirarlo, como si fuera realmente
interesante –. Arai no es gracioso, es que no es muy sociable,
pero te advierto que tú tampoco lo pareces. Además,
si quieres hacer amigos ese no es un buen método –se
puso a explicarle, aunque en realidad no sabía ni lo que
decía y procedió a encender un porro pasándoselo
a Reiji –. Toma que si tú no lo fumas, no me sabe igual
de bien –se rio –Oh no… –el rubio se rio
de nuevo, tapándose la cabeza con las manos –. No,
nooo –dijo al escuchar las risitas chirriantes que se acercaban.
–Holaaa. ¿Qué hacéis todos aquí?
–preguntaron las dos chicas entre risitas, acompañadas
por un crío rubio bastante menudo, que solía sentarse
al lado de Kinsei.
–Hola, Kinsei –susurró el chico, acercándose
a él de inmediato y procediendo a examinar con algo de reproche
a los otros individuos, preguntándose qué haría
con ellos.
–Oh, sí... –se rio Reiji, dándole una
calada al porro y acercándose a él para besarlo profundamente,
sólo porque sabía que eso iba a repeler a los indeseables
que acababan de llegar.
–Hola –respondió Kinsei al saludo del rubio,
cubriéndose la cara como si le acabara de caer una tragedia
encima.
Kiri alzó la vista, sin fijarse en lo que hacían los
chicos a su lado, y continuando con la conversación como
si nada.
–Aún no sé quién envió esa nota,
y no parece del todo improbable que se tratase de una broma de grupo,
así que tomo la ofensiva. ¿No es absolutamente natural?
Además... –paseó la mirada por la habitación,
estudiando a los demás –Si esa es la actitud que debo
tomar, prefiero no tener amigos –añadió, refiriéndose
a los recién llegados, por supuesto.
Dusk sonrió, rojo como un tomate, sentándose al lado
de Reiji.
–Reiji… ese era mi primer beso con lengua. Me alegra
que haya sido por parte de un profesional…pf... –estalló
en carcajadas, agachando la cabeza entre las piernas –. Ya
relájate, hombre ¿no me quieres tú también
dar un beso para calmarte? ¿Una calada?– dijo mostrándole
el peta a Kiri.
–No, gracias... No fumo –rechazó el chico con
una mano, apoyándose luego en las mismas, como esperando
a que sucediese algo.
– Más para nosotros – intervino Reiji, quitándole
el porro de la mano a Dusk y dando otra calada. – Siento haberte
quitado tu primer beso, ahora no podrás olvidarme nunca y
querrás que te quite tu primer todo. – bromeó,
sin enterarse de nada más, aunque la verdad, sí se
sentía algo culpable por haberle robado aquello.
–Es igual… tampoco pensaba hacer una ceremonia ni nada
por el estilo… – el rubio se rio, dando una calada y
pasándoselo de nuevo.
Arai bajó aún más la cabeza, poniéndose
los auriculares y odiando aquello, odiaba a esa gente, odiaba estar
allí y odiaba sobre todo a ese rubio engreído. Aunque
ahora no sabía si hacerlo o no, aún no entendía
si se refería a ellos, o a los pijos. En el fondo no sabía
ni por qué lo odiaba sólo por ser borde, cuando él
también lo era, pero ahora estaba un tanto alterado.
Se giró al notar que estaba apoyado en algo que se movía,
y notó que era una caja de madera negra, con unas letras
doradas en ella que decían: “Demiourgós”
La abrió, fijándose en que estaba llena de polvo,
parecía una güija o algo así.
–¿Sabes latín? –preguntó a Kinsei,
pensando que se trataba de aquella lengua antigua.
–Ni idea... –respondió el chico, negando con
la cabeza, y aliviado de poder salirse de la tediosa conversación
con el crío ese.
Kiri alzó la mirada hacia Arai y Kinsei, y más específicamente
al objeto entre sus manos, con un destello de curiosidad en la mirada.
–¿Alguien sabe latín? –preguntó
el moreno, observando la caja como un tanto hipnotizado por aquello,
aunque no sabía ni cómo se utilizaba, pero había
oído hablar de ellas y siempre le había resultado
interesante.
De pronto la puerta fue golpeada, y todos se volvieron hacia esta
cuando el profesor la abrió, apoyándose en el marco
y examinando con la mirada al extraño grupo de chicos.
–¿Qué hacen aquí todos ustedes? –dijo
notando el olor a porro, y dirigiendo la vista al chico de su clase,
que lo apagó contra el suelo con una sonrisita nerviosa –Incluso
hay alumnos míos, Kinsei… no me esperaba algo así
de usted.
–Yo... Yo... ¡Yo sólo vine porque alguien me
lo pidió! –contestó nervioso y un tanto exaltado
de más, aunque no estaba haciendo nada malo.
Reiji se llevó una mano a la cabeza, riéndose en bajito
sin poder evitarlo y de pronto preguntándose si todo aquello
no era alguna especie de lección bizarra del profesor, y
todas esas notas eran obra de él. Después de que lo
hubiera obligado a escribir ese poema, se esperaba cualquier cosa.
–Y Reiji… a usted sí me lo esperaba –dijo
pasando al interior y observándolos a todos y cada uno –Señoritas…
señorito… –dijo no sin malicia, refiriéndose
al chico que estaba pegado a Kinsei como una lapa.
–En realidad, profe, le voy a explicar –comenzó
el rubio, levantándose apoyado en Reiji –. La cosa
es… que una nota roja, eso. Todos leímos una nota roja
que nos citaba aquí hace unos… veinte minutos, pero
usted llegó tarde, como siempre… Después de
aclarar eso, no sé qué más… pero el caso
es que no es culpa nuestra si nos citan aquí y para ello
tenemos que forzar la cerradura, es más, la culpa es de Arai
–dijo, ya que el moreno se había ofrecido como responsable.
El chico lo miró como si nada, cogiendo la caja bajo el brazo.
–Ya nos largamos, no hemos hecho nada…
–¿Y quién dice que nos… largamos? –dijo
el profesor, cerrando la puerta a su espalda –¿Qué
es eso que lleva bajo el brazo? Sentaos todos, no nos moveremos
de aquí hasta que sepa quién ha mandado esa nota.
–Una caja… No lo sé –dijo sentándose
finalmente, apartado de los demás y dejándola en el
suelo en medio del círculo que comenzaba a formarse.
– Pero ni Dusk ni yo recibimos ninguna nota, sólo pasábamos
por aquí... –aclaró Reiji, por si acaso aquello
los excusaba de algo, y maldiciendo un poco el hecho de que hubiesen
tenido que apagar el porro.
–¿Sabe latín? Es un profesor, ¿cierto?
–se manifestó de pronto Kiri, inclinándose hacia
delante, más interesado en la caja, que en cualquier regaño,
o lo que fuera que estuviese pasando.
–Soy un profesor, pero eso no me hace saber latín,
soy profesor de filosofía y literatura, no de lenguas muertas…
–dijo mirándolo, reconociendo de inmediato al chico
nuevo que había visto en las fichas que había entregado
a Kinsei.
Seguramente así había perdido la nota, su mirada pasó
a la caja, observándola –. Además, esto es griego.
Demiurgo es lo que pone, Kinsei diles qué es el demiurgo…
–el profesor, que se había sentado entre ellos como
si nada, sacó un cigarro encendiéndolo y observando
al chico.
–Pues –el chico casi se pone de pie por la costumbre,
intentando recordar las clases, y maldiciendo que hasta en su tiempo
libre lo mandasen responder preguntas –. Creo... Creo que
significa artífice, ¿no?
– Artífice... del universo, la materia –lo ayudó
de pronto Kiri, sonriendo de medio lado súbitamente. –
Algunos lo relacionan con la imperfección, otros con la maldad,
¿estoy en lo correcto?
–Ajá… –el profesor lo miró, lamentando
que no fuera en su aula y deseando cambiarlo por Reiji de inmediato.
–Es el ser divino que según las teorías de Platón,
fue el creador del universo –apuntó después
Dusk la definición del libro, puesto que tenía una
memoria casi fotográfica. A pesar de que no estudiaba nada,
tenía unas notas brillantes.
Arai miró la caja de nuevo, y cómo el profesor la
abría, sacando la güija del interior y posándola
en el suelo.
–Esto sí es latín –dijo leyendo la nota
roja en su interior, apreciando que era el mismo tipo de papel y
tinta. –"Ex nihilo nihil, ad nihilum nihil posse reverti"
–los miró a todos, traduciéndolo, porque al
fin y al cabo sí sabía latín. Pero le gustaba
molestar –De la nada, nada surge y a la nada, nada puede retornar…no
sé qué quieren decirnos con ese mensaje… –observó
la güija en el suelo, examinándola –¿Alguien
sabe qué es la Gnosis como movimiento religioso?
Kinsei dirigió su mirada a la caja, esperando que no le fuese
a preguntar de nuevo, e inclinándose hacia delante antes
de que pudiese detenerse, exclamando.
–¿Eh? ¿No es el mismo papel de la nota?
–Pues parece que alguien quiere que juguemos –comentó
el rubio calmadamente, contestando a grandes rasgos luego –.
La gnosis... El conocimiento de Cristo a través de la revelación,
un descubrimiento introspectivo de lo divino, la fe no basta...
y el hombre debe salvarse a sí mismo –recitó,
entrecerrando un poco los ojos, como si estuviese recordando algo
leído hacía tiempo.
–Ne, Dusk –susurró Reiji, un tanto harto de tanta
enseñanza, comenzaba a confirmar su sospecha de que aquello
sí era alguna especie de lección extraña del
profesor –. ¿No tienes un poco de gnosis en tus bolsillos?
Creo que quiero contactarme con lo divino... –continuó,
riéndose tan bajito como podía.
–Si te refieres a mi polla… No sé si esté
preparado para elevarte tan alto, teniendo en cuenta tu experiencia.
¿Serías mi profesor? –se rio a carcajadas, sabiendo
a lo que se refería y dedicándose a liar otro porro,
viendo que el profesor fumaba, tratando de matarles los pulmones
con alquitrán. Pues él también podía
fumar sano, ¿no? –Aprendo rápido… –añadió
después, pasándole el encendedor al moreno.
–Sí… lo cual nos da un punto de vista…
bastante sectario y ocultista de la creación del mundo ¿no
es así? –dijo Lorenz, mirando al rubio como si fuera
la única persona inteligente de la sala en esos momentos
–Su base es, que el mundo material no fue creado por Dios,
sino por el Demiurgo, el Abraxas, un ángel loco y ciego…
Por lo tanto el mundo al haber sido creado por él, era algo
corrupto, caótico, una prisión para las almas puras
que habían sido… –le dio una calada al cigarro,
apoyando la espalda en uno de los muebles viejos –creadas
por el Dios verdadero. Ahora creo que tenemos una definición
de Demiurgo mucho más adecuada a nuestro caso. ¿Alguien
sabe usar una güija? ¿Tal vez Reiji?
Arai miró al chico de nuevo y después a Kinsei. No
comprendía qué hacían esas pijas y el rubiales
que tenía al lado el chico, si total no paraban de cuchichear
y no atendían, para algo interesante que ocurría en
el instituto.
Kinsei le devolvió la mirada al moreno, como resignado y
moviéndose un poco para intentar alejarse de los otros sin
que se dieran cuenta, ya que eran capaces de pegársele más.
Por lo menos, sí que le aliviaba el hecho de que el chico
nuevo estuviese allí. Le parecía extraño, pero
gracias a él, el profesor parecía prestarle menos
atención.
–¿Por qué cree que yo sé
usarla? Acaso...tengo cara de ocultista o...? ¡Ah! –se
giró de pronto, pensando en que probablemente no le hablaría
así al profesor si no estuviese tan volado, pero precisamente
era la mejor manera de estar, ¿no? –Vale, lo haré,
seré como esos shamanes que huelen hierbas y luego ya están
preparados... –bromeó, acercándose a gatas hasta
la caja, y dirigiéndole una mirada de reojo al profesor de
pronto –Al fin y al cabo, estoy dispuesto a hacer de todo...al
menos por una vez.
Lorenz miró al chico y sonrió de una forma un tanto
extraña por un momento.
–Adelante, Reiji, haz lo que sabes… –dijo sin
aclarar por qué lo sabía o no. En realidad lo ignoraba,
sólo le había parecido el adecuado para manejarla,
por algún extraño motivo –¿Alguien quiere
marcharse? Ahora es el momento… –anunció el profesor,
mirándolos a todos y cada uno.
El chico rubio y menudo se levantó un tanto nervioso.
–Yo me marcho… A mí estas cosas no me gustan
nada… –dijo levantándose y echando a correr por
la puerta.
–Joder, qué cagado… –Dusk se rio, apoyándose
en el suelo con el peta colgando de los labios –¡A ver
Reiji, haz lo que sabes! –repitió felizmente.
–Si quieres... pero yo creo que mejor me concentro en la güija
por ahora –colocó el tablero sobre el suelo, poniendo
sus dedos sobre el triángulo de madera que venía con
el mismo, imaginando que así se hacía, según
todas las películas y libros en los que había visto
mencionar una. Pero lo cierto es que parecía una versión
antigua y macabra, a diferencia de la que vendían en todas
las jugueterías –. Y bueno... ¿qué se
supone que debo preguntar? ¿Quién envió la
nota? O... ¿por qué estamos aquí? –indagó,
ya que no sabía si las preguntas tenían que ser formuladas
de alguna forma específica, además de que no le parecía
que debiese decidir por todos.
–Pregunta por qué nos ha traído aquí
esa persona o lo que sea. Creo que es mejor –sugirió
Arai, cruzando los brazos y recordando todas las historias tenebrosas
que había oído sobre güijas en su vida, a cada
cual menos alentadora. Aun así, estaba demasiado interesado
como para irse. Tampoco es que tuviera miedo, sólo era inquietante.
Sachi le agarró la mano de pronto, aunque sabía que
al moreno no le iban a gustar mucho esas cosas, pero estaba un tanto
nerviosa, a pesar de que también estaba interesada. De todos
modos, sólo era un juego, ¿no?
Arai miró la mano de la chica, un tanto incómodo,
apretándosela de todos modos un poco.
–Sólo es un juego, Sachi-chan –dijo por meterse
con ella un poco.
– Ya sé, no seas pesado – protestó la
chica, soltándolo enseguida y cruzando los brazos orgullosa.
Mientras, Kinsei se pateaba a sí mismo por hacerle caso a
notitas anónimas. No tenía idea de por qué
alguien los citaría a jugar a eso, pero sí que era
extraño. Estaría mejor viendo TV. en su casa o cualquier
otra cosa.
–Bien... –Reiji se arrodilló, volviendo a colocar
sus manos sobre el tablero, preguntando, aunque aún riéndose
–¿Por qué nos han traído aquí?
–notó cómo el triángulo empezaba a moverse
solo, buscando cada una de las letras lentamente –“P...
a... r... a... j... u... g... a... r... ” –eso ya lo
sabían.
–Qué obvio, ¿no? –Dusk echó una
carcajada mirando a Reiji –¿Cuál es el juego?
–preguntó como sugerencia.
–Pues... ¿cuál es el juego? –preguntó
Reiji, sintiendo un hormigueo en las manos, y aún sin creerse
que aquello le estuviese contestando, pero él no estaba haciendo
nada, así que el truco no venía por su parte. Observó
de nuevo cómo se movía, esta vez por una larga cantidad
de tiempo –“D... o...s... d... e...v... o... s... o...
t... r...o... s... h... a... r...é... i... s... u... n...
a... p...r...u... e... b...a”
–¿Qué prueba? –preguntó de pronto
Kiri, que había permanecido callado hasta ese momento.
Reiji levantó el rostro, observándolo y repitiendo
su pregunta al tablero.
–¿Qué prueba? –esperó unos segundos,
hasta que empezó a moverse de nuevo –“U... n...a...
b... r...o...m...a...p... a... r... a... e... l... c... o... b...
a...r...d...e...Y...u...r... e...i...”
–¿Quiénes? –preguntó Arai, mirando
a Reiji y preguntándose si no estaría haciéndolo
él, aunque lo cierto es que no lo creía, no sabía
si porque Reiji le caía bien, o porque le parecía
una prueba muy interesante. Sonrió un poco, pensando en que
a él no le importaría asustar un poco a ese enano
llorica.
El profesor se acercó un poco más observando a Reiji
y después la güija.
–Una broma eh… interesante.
–Pues... Yo no estoy haciendo nada –dijo Reiji por si
acaso era alguna indirecta, y preguntándose si alguien de
allí estaría controlando eso con control remoto o
qué –. Muy bien, ¿quiénes? –preguntó,
una vez más recibiendo respuesta luego de unos segundos –“L...
o... r... e... n... z... y... K... i... n... s... e... i...”
–¡¿Qué?! –exclamó el chico
antes de que pudiera contenerse, tapándose la boca inmediatamente,
y mirando para cualquier otro lado que no fuese el profesor.
–¿Ocurre algo, Kinsei? Usted podía haberse retirado
cuando se le ofreció, ¿no es así? –el
profesor lo miró buscando ver qué le ocurría
después de todo –¿O el problema es que su pareja
sea yo? A Kinsei siempre le toca bailar con la más fea. Si
prefería a una de las señoritas…
–No, no es eso. Es que... no esperaba que saliera yo, es todo.
Me ha sorprendido –se disculpó, riéndose un
poco nerviosamente, y maldiciendo internamente a su suerte. ¿Acaso
siempre le tenía que caer todo a él? Y además
con el profesor... Ahora parecía asignatura extra.
–Bueno, en todo caso, no tenéis que hacerlo, sólo
porque lo dice un juguete “supuestamente” mágico,
¿no? Si no queréis hacerlo... –Kiri les dirigió
una mirada a ambos, sonriendo un poco luego –¿Qué
creéis?
–A mí me parece demasiado interesante, ya sea solo
o con él, lo haré, e imagino que mañana por
la noche todos habremos de volver aquí, ¿no es así?
O al menos todos los que no se hayan acobardado también...
¿Me pregunto qué nos ordenarán para los siguientes
que no vengan? –sonrió un poco, apagando la colilla
en el suelo.
Arai miró al profesor un tanto nervioso, y alegrándose
de que no le diera clase, aunque él estaba pensando en lo
mismo. Si se retiraban, seguramente otro “castigo” llegaría
para quien lo hiciera. Claro que, él no estaba por retirarse.
Sólo esperaba que cuando le tocase a él, fuera con
cualquiera menos una de esas dos pijas.
–No, yo lo haré también –accedió
Kinsei, pensando en que si se le hubiera pasado por alto ese detalle,
las palabras del profesor serían suficientes para asustarlo
hasta la médula. Además, no era la gran cosa, ¿no?
No era algo que solía hacer, pero a lo mejor le servía
para sacarse al crío ese de encima de una vez por todas.
–Bien… –el profesor se levantó, mirando
a Kinsei y ofreciéndole su mano para que también se
levantase.
–Creo… que ahora es el momento idóneo para encontrarlo
y gastarle esa broma. Me pregunto si ya habrá llegado a casa.
Ha de estar muy asustado –lo miró a los ojos –¿Le
parece bien?
–No ha llegado a casa porque tiene que coger el bus y luego
el metro para llegar –aclaró una de las rubias que
se veía bastante asustada con el tema –. Pero no os
paséis, es un buen chico.
–A mí me hubiera gustado que me tocase –Dusk
se echó a reír, mirando el tablero y a Reiji –.
¿A ti no, Reiji?
–A mí sí… –Arai miró fijamente
al rubio de mechas –A mí me habría gustado.
Reiji se quedó mirando el tablero, levantándolo luego
para ver si tenía algo por debajo, incluso sacudiéndolo,
pero sólo parecía ser eso, un tablero. Lo dejó
en el suelo de nuevo, sonriendo y mirando a Dusk.
–No os peleéis. Ya sé que los dos queréis
salir conmigo, pero hay otras formas... –se rio, contestando
luego en serio –No lo sé, suena divertido. ¿Por
qué no?
Kinsei tomó la mano del profesor, aceptando su ayuda, y sacudiéndose
los pantalones luego.
–Sí, mejor cuanto antes, ¿no? –contestó
decidiendo que era aún más extraño de lo que
creía antes, no podía pensar en ningún otro
profesor que fuese a acceder a algo así.
–Entonces, yo me voy. Os veo mañana –se despidió
Kiri como si nada, poniéndose de pie y dirigiéndose
a la puerta.
–Kiri –el profesor lo detuvo, sujetándole el
hombro y soltándolo una vez lo hubo volteado –. Mañana
irás a clase.
–Sí, eso tenía pensado –le contestó
medio serio, aunque en realidad le parecía gracioso responderle
aquello –. ¿Lo veré entonces?
–No eres alumno mío, por desgracia, pero sí
nos veremos… –el moreno sonrió un poco, ajustándose
las gafas –Reiji, esconde eso, no queremos que nos descubran,
¿cierto? –preguntó el profesor, cogiendo a Kinsei
por la nuca y saliendo con él hacia las escaleras –Vengan
todos conmigo hasta la salida…
Arai se levantó, poniéndose los auriculares casi por
reflejo automático y ayudó a levantarse a Sachi, tendiéndole
la mano.
–Vamos juntos a casa. Es muy tarde – dijo viendo la
hora y decidiendo que no era buena idea dejar a una chica sola,
aunque le hubiera gustado ir a ver como lo castigaban por capullo.
–Sí, mejor –respondió la chica, que no
se encontraba nada cómoda con aquello, sonriéndole
agradecida.
Reiji guardó la güija en su caja y la colocó
donde la habían encontrado. Total, si allí estaba,
ese debía ser su lugar, ¿no?
–Ya está, vámonos... –confirmó,
empujando un poco a Dusk, tras el profesor.
–Voy, voy, no hace falta que me empotres contra el teacher,
que no es mi tipo. Verás... está un tanto mayor para
mí. Además, él es delantero y yo también…
No hay posibilidades… –se rio, apartándose lo
máximo posible del profesor.

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