| Capítulo 86- Rest Assured, Nothing's
Real
Yûdan se ajustó la corbata de nuevo y cogió
el teléfono marcando un número en silencio -¿se
han ido ya?-preguntó al hombre del hotel, sus redes se extendían
de una punta a la otra de la ciudad y más allá mucho
más allá.
-si señor… a estas horas ya estarán en Japón
-bien- colgó el aparato y se levantó cogiendo un
maletín lleno de folios que había estado preparando
todo aquel tiempo. Se vistió con el abrigo negro y alzó
los cuellos saliendo de la habitación. Bajó las escaleras
de mármol lentamente y se cruzó con otro hombre vestido
elegantemente –Marcus, voy a salir esperadme a las…-
miró el reloj de oro en su muñeca –a las once
y media… quiero compartir mi nuevo descubrimiento con vosotros…-
sonrió y el rubio sonrió también un poco excitado
por saber cual sería la revelación de aquel que ahora
era como un Dios, un genio.
Salió de la mansión y se subió al Jaguar XK
azul. Girando la llave en su contacto y dirigiéndose por
la ciudad totalmente seguro de lo que hacía. Se detuvo frente
al edificio de la comisaría y bajó con el maletín
en la mano, sabía quienes eran de los suyos allí,
lo sabía de sobra.
Atravesó los pasillos y un hombre lo detuvo -¿Dónde
va señor?
-a hablar con el comisario jefe, de parte de Aljer, lo miró
a los ojos rascándose la mandíbula y dejándole
ver el anillo con toda la intención sutil.
-venga por aquí…
-si…- siguió hablando con el en un perfecto ingles.
Entró en la sala y se sentó frente al hombre que llevaba
el mismo anillo en su mano. Apoyó la maleta sobre la mesa
del despacho y la abrió mostrándole una serie de papeles
y pruebas –creo que hay ciertas personas de la logia que no
son muy bien vistas… ¿verdad?
-no se de que me hablas Aljer- el rubio lo miró serio porque
claramente no le agradaba para nada su presencia
-Masurao- le corrigió
-como sea…- el hombre se levantó abriéndole
la puerta para que se fuera y Yûdan suspiró con fuerza
–largo, no eres bienvenido.
-¿crees que es posible meterte en el cuerpo de una persona
de esta forma por un miserable ritual?… pensaba que serias
algo más inteligente comisario- el moreno aprovechó
para encender un cigarro negro y el hombre observó lo que
fumaba incrédulo, cerrando la puerta y sentándose
de nuevo. Confundido.
-¿es usted realmente el profesor Masurao?
-si…- se echó atrás cruzando las piernas y
pasándole una serie de papeles y enseres –aquí
tienes las pruebas para acabar con esto… detenlos… son
diez y estarán a las once y media esperando por mi en la
sala redonda.
-Dios… mío…- observó las pruebas como
si se hubiera abierto un nuevo camino –todo esto…
-la logia está en contra de ellos ¿verdad?- se cruzó
de brazos murmurando con el cigarro entre los labios –es vuestra
oportunidad, tomadla
-si… eso haremos, eso haré- el hombre se levantó
desplegando una serie de hombres con el –el resto de la logia…
-no me interesa- Yûdan lo miró a los ojos levantándose
también –solo me interesa que me dejen en paz, me iré
del país, no tengo nada más que hacer aquí
y no revelaré nada del resto, no soy un héroe…
ni tengo nada en contra vuestra, solo de ellos y solo quiero estar
con mi hijo… así que… quédate con el mérito,
a cambio… dejadnos en paz- lo miró a los ojos serio.
Claro que tenia en su contra, el que no hubieran hecho nada, el
que hubieran permitido todo aquello y mucho más que había
averiguado pero no, no era un héroe, solo quería volver
con su hijo, nada más.
-¿Cómo lo has conseguido?- preguntó el hombre
haciendo que Yûdan lo mirase.
-el creía que mediante ese ritual por unos segundos el alma
del invocador entraba en el cuerpo del invocado por un estado de
hipnosis, que se compartía en ambos, invocador e invocado…
era un ritual imposible… pero tal y como el eligió
a alguien que tuviese unos conocimientos similares a los suyos y
un dominio de las lenguas, me limité a repetir sus palabras,
a hacerle creer su propia fantasía y… lo maté…ya
estaba muerto… todos me creyeron… fin del cuento…
Le dio la espalda y salió de la comisaría entrando
en el coche de nuevo, metiéndose la mano en el bolsillo interior
del abrigo, observando su billete de avión. Se hospedó
en un hotel de mala muerte en el que seguro no lo buscarían
de ser el caso y dejó toda aquella ropa sobre la cama, cambiándose
por la que había comprado en una de sus salidas, aliviado
de prescindir de aquello que le hacía sentir disfrazado.
Se sentó en el borde de la cama mirando la tele sobre la
mesita de madera carcomida y se quedó dormido contra la pared.
Despertó horas más tarde, agitado y sudando como
si hubiera venido de una pesadilla. Se sentó en la cama de
nuevo, mirando la hora, por poco se le pasaba, encendió la
televisión no se hablaba en los medios de aquello…
ya pasaban mas de dos horas, volvió atrás en los canales
y observó la pantalla.
“Un equipo de diez terroristas han sido detenidos en un piso
franco desde donde operaban hacia varios años… se dice
que recibirán la pena máxima…”
Se echó adelante en la cama y sonrió, riéndose
con suavidad tapándose la boca con la mano. Percatándose
de nuevo de algo tan simple como que necesitaba afeitarse, susurró.
- Marcus…- cuando sus ojos se cruzaron con los ojos azules
en la pantalla. Se puso una cazadora de cuero por encima y bajó
los escalones para tomar un taxi, dejando las llaves del coche en
la habitación que había ocupado
–al aeropuerto…- ordenó -¿te importa
si fumo?
-adelante…- le convidó el hombre llevándolo
hacía el aeropuerto tal y como le pedía y observando
por el retrovisor la sonrisa del moreno mientras fumaba.
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