.Novela homoerótica para mayores de edad.
 
Capítulo 84- Don't Change Your Life For Me

Se quedó parado un poco antes de llegar al lugar acordado y encendió otro cigarro tirando la colilla del que tenía en la mano. Dejó escapar el humo empujándolo fuertemente entre sus labios y apoyó la espalda contra el tronco de un árbol observando al interior. Mirando aquella mansión en la que había sido citado. Estaba seguro de que iba a morir o al menos casi seguro, por más que no lo desease e incluso aunque sintiera el deseo fugaz de coger a Tassei y huir con el a donde fuera… tan lejos como le fuera posible pero sabía que no hallaría solución en eso, que Tassei jamás tendría una vida normal.

Prefería morir que ponerse de nuevo al límite de matar el mismo a su propio hijo… todo aquello entre medias de la promesa de matar a Tassei de negarse a ir.

Observó como el cigarro se consumía y cerró los ojos bajando la cabeza mientras fumaba, pensando en Tassei, en su rostro cuando sonreía y su voz cuando lo llamaba, como le había prometido volver con el… No sabía como…

Su espalda se separó del tronco y caminó hacia el interior, el cigarro se desprendió de sus dedos mientras las verjas se abrían solas para el como si hubieran estado vigilándolo todo aquel tiempo. Sus pasos lo dirigieron no a la entrada principal si no a recorrer el jardín tal y como le habían dado instrucciones, lo que le hacía pensar que no era a toda la logia a lo que se enfrentaban si no solo a una parte de ella… se había imaginado que alguien iría a buscarlo pero no salió nadie… sonrió de medio lado pensando que sabían que lo tenían por los huevos. Empujó los portones de una sala con ambas manos observando a los cinco hombres que a cada lado se cubrían con capas y capuchones blancos. Avanzó por el túnel formado entre ellos mirando al frente y observó de soslayo como uno se separaba de estos espetando un seco.

-sígueme- y adelantándose escaleras arriba, el moreno lo siguió observando el mármol en el pasamanos y las escaleras, rosa y crema, cuadros en las paredes desde todo punto de vista realmente caros y magníficos. Tampoco hubiera esperado menos.

Se detuvieron tras atravesar un largo pasillo frente a un cuarto, ni siquiera se aseguraron de que no estuviese armado –entra ahí Aljer quiere hablarte…- le ordenó abriendo la puerta y dejándolo entrar. El moreno pasó observando los libros que había por todas partes, papeles y demás y al fondo un sofá rojo y dorado de aspecto viejo y cadente.

-así que has venido…- susurró el anciano con una voz decrépita en la que aún así podía reconocerse aquella voz en la casa. Yûdan no le contestó se quedó parado a mas de un metro de distancia pensando en matarlo y preguntándose de nuevo porque no había comprobado si no estaba armado. El hombre giró el sillón observándolo, se veía delgado, viejo, tal vez enfermo –te preguntas que haces aquí… a solas conmigo…- se rió de forma gastada –piensas en lo mucho que te gustaría matar a este anciano… pero mataríamos a tu hijo si hicieras eso… ahora mismo ya están con el.

Yûdan sintió como si la sangre se helase en sus venas y lo miró serio, furioso, apretando las manos con fuerza por la impotencia, pensando, cerró los ojos tratando de tranquilizarse, sabía que el actuar de forma inconsciente, con violencia no conseguiría nada contra ellos.

-¿sabes porque estás aquí?

El moreno entreabrió los ojos –quieres mi cuerpo… estás muriéndote…

El viejo se rió de nuevo –si… estoy muriéndome… no soy más que un viejo enfermo…

-y un hijo de puta…- puntualizó el moreno observando sus ojos rodeados de surcos de arrugas profundos -¿Por qué tengo la suerte de que me hayas elegido?- preguntó irónico en reconocer su suerte.

-porque tu eres un hijo de puta superdotado… japonés… joven y fuerte que además posee un conocimiento de lo esotérico enormemente basto… eres perfecto para ser yo… ¿no crees?- se rió con voz cascada de nuevo. Levantándose con un esfuerzo terrible –ahora acompáñame….

Ambos salieron a los pasillos de nuevo el hombre y el viejo seguidos por Yûdan, lo hacían todo tan educadamente como si estuvieras allí por voluntad propia, para cumplir tu encargo, o tu destino en la vida. Recorrieron los pasillos en silencio hasta llegar a una pequeña sala redonda con un ojo en el centro, tallado en el mármol con profundos surcos.

-vete… quiero estar a solas con el…- le ordenó al otro que no parecía estar muy convencido con dejarlos a solas –no puede hacerme nada…- se rió de nuevo –el quiere a su hijo…- Yûdan respiró con fuerza, tenía miedo, estaba claro estaba aterrado –quítate la ropa… ponte esto…- extendió una túnica blanca en sus manos y el moreno la observó dejándola en el suelo. Tirando su propia ropa allí también hasta desnudarse por completo. Se colocó la túnica por encima y el anciano cogió un cuchillo acercándose a el.

Yûdan le sujetó la temblorosa mano al ver que lo acercaba a su pecho y se lo puso contra el cuello, nervioso, defendiéndose inconscientemente, sin entregarse a morir. El viejo se rió de nuevo susurrando –Tassei…- como si fuera un embrujo el moreno se soltó dejando caer las manos a los lados, respirando hondamente mirando al tejado de cristaleras que proyectaba luces de colores en el suelo, pero en vez de sentir dolor solo sintió como le rasgaba las ropas para dejar a la vista el símbolo que había en su pecho y abdomen –túmbate ahí.

El moreno obedeció tumbándose sobre la pupila del ojo tallado y el viejo cogió un frasco acercándose a el recitando unas palabras en hebreo antiguo que el moreno podía comprender a pesar de no reconocer el sacrificio, vertió toda aquella sangre sobre su pecho y el olor le hizo sentir nauseas… mareo… y una horrible ansiedad. Sus dedos se hundieron en los surcos de la piedra pensando que todo olía a muerte allí. Incluso el humo que estaban quemando en la sala… se sentía adormecido y enfermo…


...................................

- Papá…. Va a regresar ¿verdad?

Enki miró al chico, sonriendo un poco aunque se notaba su preocupación. – No te preocupes, confías en él ¿no? Y no vamos a quedarnos sin hacer nada....

- Disculpen. ¿Podrían venir conmigo un momento?

Enki se giró enseguida, halando a Tassei para atrás, y encontrándose cara a cara con el hombre que los había estado siguiendo. – No se acerque! – le gritó, alterado, tapando al chico con su cuerpo. Y mirando de soslayo a su alrededor para ver por donde podían escapar.

- Cálmese. No voy a hacerles daño. Y creo que necesitan mi ayuda. Por favor... – el hombre les mostró sus manos, para asegurarles que no tenía ningún arma y mirando a los ojos del pelirrojo. – Quieren salvar al profesor Masurao, ¿no es cierto?

- Enki.... – Tassei le haló el abrigo, esperanzado ante esas palabras, y Enki suspiró, resignado. No tenían más pistas, y tratar de entrar sin un plan, era un suicidio realmente.

- Está bien.... ¿qué podemos hacer? – preguntó, aún así cubriendo a Tassei tras de sí.

..........

Minutos después se encontraban dentro de su coche, mientras el hombre les explicaba lo difícil que le había sido aproximarse antes, debido al grado de vigilancia que les rodeaba. Pero ahora que Yüdan se había entregado, no veían por qué continuar. Era claro que no los consideraban una amenaza.

- Y ¿usted? ¿Por qué nos ayuda? – Enki lo miró, aún con sospecha y a la defensiva en caso de que fuera alguna trampa contra Tassei. Era claro que querían a Yüdan pero aún así, no iba a bajar la guardia.

- No todos estamos de acuerdo con los métodos de Aljer. Ni con sus ideas. Está comprometiendo a toda la logia por llevar a cabo sus propios fines personales. Pero no podemos luchar contra él de una manera abierta. Hay demasiada gente poderosa, secretos..... Sin embargo, no podemos permitirle que haga esto. Es una locura, ya ha matado a demasiada gente, y ese hombre va a morir por gusto.

- No va a morir! – le gritó el chico desde el asiento trasero, provocando que el pelirrojo lo mirase.

- No, no va a morir, nosotros los detendremos. ¿Qué quiere decir? – el chico estiró una mano para sujetar la de Tassei.

- Ya ha intentado esto antes, una vez. Claro, dice que ahora será diferente, que el profesor Masurao es perfecto, pero no podemos seguir permitiendo esta.... abominación.

- Bien, bien, ¿cómo vamos a entrar? – Enki suspiró, pensando que no le apetecía seguir escuchando sus justificaciones. Estaba claro que no era un ángel tampoco, pero necesitaba cualquier ayuda que pudiera recibir ahora.

- Tendrán que ponerse esas túnicas. Entrar al establecimiento no será difícil, tengo un hombre de confianza que nos permitirá el paso. Pero una vez dentro, estarán por su cuenta, deberán cruzar el jardín, y no hablar con nadie, ¿comprenden? Ni quitarse la capucha. Puede ser incómodo, pero la mitad de los hermanos ha visto su foto. Y no sabremos quienes simpaticen con Aljer.

- Tassei... ¿puedes hacerlo? ¿Puedes permanecer calmado? Por tu padre... – le pidió, aunque no le hacía gracia la idea de llevarlo allí, pero dejarlo solo o con ese tío tampoco era una opción.

El chico asintió con la cabeza agradecido de que no le dijera que se quedase fuera.

Enki tomó la túnica que le ofrecía el hombre poniéndosela por encima, y entregándole otra a Tassei, respirando nervioso, mientras giraban la esquina para ver la enorme entrada hacia los estacionamientos.

.................................

Yûdan se levantó de pronto apoyando las manos en el suelo, se giró de espaldas dejando la frente contra la piedra, mareado, no tenía fuerza en los brazos, jadeaba, el hombre seguía recitando aquellas palabras que ya apenas comprendía por mas de que tratase de permanecer sereno y amarrarse a la lógica. Se sentía como un animal agonizante…

Enki sujetó la mano de Tassei sólo porque estaban solos en el enorme pasillo, susurrando. – No te separes de mí, por nada, sin importar lo que pase ¿quieres? Ni se te ocurra, Tassei, esto es muy importante. Y...trata de no hablar luego de esto.

. Ya sé, puedo hacerlo. Deja... – se quejó el chico, aunque sabía que lo hacía por protegerlo. El pelirrojo se enderezó, soltando su mano, y saliendo al jardín, caminando presuroso y por supuesto revisando de soslayo que Tassei hiciera lo mismo.

Cruzaron hasta el otro lado, entrando en aquellas salas, y manteniendo la cabeza baja, sin saber si el silencio era bueno o malo, pero se sentía mucho poder allí. Y eso no lo tranquilizaba. Sólo una de las salas estaba iluminada, debía ser esa. Se acercaron, siendo detenidos silenciosamente por uno de los que vigilaba.

-Aljer. – pronunció Enki simplemente, como si lo hubiese enviado a llamar y para no delatar su acento, utilizando todo el aire de seguridad del que era capaz.
El hombre se apartó, dándoles paso, y el pelirrojo empujó la puerta, observando la escena.

El anciano se agachó costosamente sobre él, empuñando el cuchillo y continuando con su recital de palabras casi de forma automática. Yûdan lo miró con los ojos un poco entrecerrados por las drogas o lo que fuera que estaban quemando allí, sí, olía a algún tipo de droga. Sintió cómo le cortaba la espalda con el cuchillo, dibujando algo pero apenas le dolía en aquel estado que se encontraba. Se giró de golpe, apoyándose contra la piedra y resistiéndose a la idea de dejarse matar. Lo miró a los ojos de pronto todo muy claro, cual era su destino, qué debía hacer. Se sentó en el mármol sin que ninguno de ambos dejase de mirarse a los ojos y comenzó a repetir las palabras del viejo al mismo tiempo que él, el anciano sonrió y él también.

Sujetó las manos en las que mantenía el puñal y se lo clavó en la garganta retorciéndolo y tirando de él a un lado, rajándole la mitad el cuello. Se levantó tambaleante, cubierto de sangre y miró a los que acaban de entrar con gesto de superioridad. Tirando el puñal al suelo.

Enki sintió a Tassei acelerar el paso y lo detuvo, susurrando. – Espera... – no muy seguro de lo que acababa de pasar. - ¿Yûdan? – preguntó, mirándolo a los ojos aún sin quitarse la capucha, y mirando un poco al anciano muerto en el piso.

El moreno lo miró sin aparentar expresión alguna, salvo el terrible estado en el que se encontraba y se paseó por la sala con la túnica ensangrentada –Os dije que no entraseis- sentenció –que podía hacerlo solo, no soy tan viejo…- explicó mientras caminaba aún tambaleante –Ya podéis decirles que se deshagan del cuerpo. - Abrió las puertas y atravesó los pasillos. Se quedó de pie al borde de las escaleras y los miró desde allí –Ropa limpia… estaré en mi cuarto- ordenó sin más.

- N... – Enki sujetó al chico, sin querer creerse lo que había sucedido. Habían llegado demasiado tarde. Sintió la humedad al cubrir la boca de Tassei, a sabiendas de que lloraba, y lo haló consigo, rogando porque se controlase. Tenía que sacarlo de allí, a como diera lugar. - Enki.... no. Mi padre... – protestó el chico, girándose en cuanto estuvieron fuera de la mirada de los demás que se habían apresurado a seguir las órdenes de su líder, por supuesto.

- Tu padre no te quiere muerto. – sentenció, demasiado severo tal vez, pero tampoco le era fácil aceptar aquello. – Hazme caso, Tassei – le susurró con más suavidad, convencido de que la única razón por la que le obedecía era por el shock.

Yûdan se sumergió en el agua de la bañera, lavándose de forma calmada aún cuando llegaron dos hombres y lo observaron –Muchos van a tener que tragarse sus palabras ahora- espetó levantándose del agua y secándose sin esperar un segundo para vestirse.

Le extendieron un vaso con un líquido y se lo bebió inmediatamente, mirándose al espejo mientras se abrochaba el traje negro, cerrándose el chaleco y guardándose la corbata por dentro entre miradas de admiración. Sonrió, observando su rostro y sus manos. Se colocó en el dedo el anillo de la logia que acababan de traerle perfectamente limpio.

-¿Vas a descansar?- preguntó uno de los hombres bajándose la capucha.

-No, ya he descansado demasiado…- espetó atravesando el cuarto para calzarse y abriendo el armario buscando un abrigo.

-Espera!- lo sujetaron del brazo y el moreno miró la mano y después sus ojos como si pensase arrancárselos –Lo siento… ¿te sientes mejor después de bebértelo?

-Mucho mejor- aclaró subiéndose los cuellos del abrigo –La documentación del profesor Masurao- ordenó obteniéndola en su mano segundos después –y las llaves de mi coche…- continuó ordenando sin dejar de mirarse al espejo como extasiado. Sonriendo ante su juventud recuperada –Deshaceos del cuerpo de una vez.

 
 

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