.Novela homoerótica para mayores de edad.
 

Capítulo 73- Lord of the Dead

Sujetó sus hombros apretándoselos un poco y pasando las manos con suavidad hacia su cuello, resbalando en el sudor. No habían dejado de hacerlo desde que se habían quedado solos. Le empujó la espalda entre los omóplatos, clavando un poco los dedos en su piel y acariciándolo hasta la cintura de nuevo, subiendo las manos a su cuello golpeándose contra sus nalgas, penetrándolo. Se sentía cansado y extasiado a la vez en una mezcla extraña de pasión y extenuación que le hacía sentir todo más intenso.

Se dejó caer contra su espalda suavemente, deslizando una mano bajo las piernas de Enki, sujetando su sexo, cubiertos por la penumbra de la luz apagada y las persianas abiertas a la noche. La brisa sacudió las cortinas dejando entrar el frescor, el sudor brillaba en la pálida piel de Enki, brillaba en la pálida piel de Enki, resbalando cada vez que el moreno lo embestía de nuevo.

- Ah... – el pelirrojo gimió con suavidad, los ojos entrecerrados, una leve sonrisa extendiéndose por sus labios. Por más veces que lo hicieran, y así de exhausto como lo dejase, jamás lo dejaba de disfrutar, y cada vez se sentía más cercano a él. – Más... Kenji... – jadeó, sólo por jugar un poco con él.

-¿Más?- pregunto sonriendo con los labios entreabiertos, jadeando y empujándose con fuerza, totalmente dentro de su cuerpo, manteniéndose allí, notando la presión caliente y húmeda de su interior -¿Así?- susurró contra su cabello, pasándole la mano por encima y revolviéndoselo, lamiéndole la mejilla.

- A.. síh... – jadeó, estremeciéndose y sintiendo su sexo pulsar nuevamente, aún más al sentir su aliento sobre su piel. Alzó una mano, acariciando el rostro del moreno, y sujetándolo contra el suyo, cerrando los ojos.

-Síh….- Kenji sonrió, cerrando los ojos y le sujetó las caderas, alzándole las nalgas y rozando su pecho contra la espalda del pelirrojo, penetrándolo con fuerza, profundamente, jadeando sin tratar de contenerse para nada. Apartándose un poco y echándose hacia atrás. Lo volteó para ver su rostro y sonrió de nuevo, con los labios entreabiertos, apoyando las manos a los lados de la cabeza de Enki, jadeando y sonriendo, humedeciéndose los labios y sintiendo que el sudor bajaba por la línea de su nariz cayendo sobre el pelirrojo –Quiero ver como lo haces…- bajó la vista a su sexo y lo miró a los ojos de nuevo sonriendo más.

El chico le sonrió, humedeciendo sus propios labios también y bajando la mano por su pecho, hasta llegar a su sexo, sujetándolo y empezando a acariciarlo, sintiéndolo crecer aún un poco más en su mano, jadeando, sin dejar de mirar al moreno. Lo excitaba la manera en la que lo miraba. Abrió más sus piernas, acelerando el movimiento.

-Hum…- se mordió el labio, observando el movimiento se su mano, el líquido transparente que se deslizaba del sexo del pelirrojo y le pasó las manos por los muslos saliendo de él y dejando pasar su sexo dentro de la boca hasta chocar con su mano, succionándolo con fuerza y apartándose, penetrándolo de nuevo. Con fuerza, mirando su sexo palpitar, empapado en su saliva que resbalaba por encima de la mano de Enki. Se inclinó sobre él, moviéndose más urgentemente dentro de él jadeando en su boca –Me corro…

- Córrete.... – le jadeó el chico de vuelta, besándolo luego, jugando con su lengua en su boca, sintiendo que él tampoco aguantaría mucho más, y se aferró de sus hombros, soltando su sexo y permitiendo que el abdomen de Kenji continuase el trabajo, gimiendo cada vez con más fuerza, a medida que el orgasmo se apoderaba de su cuerpo. – Ken...ji.... córrete... le pidió, ahora, de forma distinta.

-Ahhh!...hum…- lo besó con fuerza, empujándose contra él con todo el cuerpo, bajando las caderas contra su sexo, estremeciéndose y rompiendo el beso, apoyando la frente contra la de Enki, jadeando entre dientes, cerrando los ojos y mordiéndose el labio inferior de nuevo, entreabriendo los labios, jadeando y estremeciéndose mientras se corría dentro de él, notando cómo el semen brotaba del cuerpo del pelirrojo conforme se movía.

- Ah.... Kenji.... – gimió el chico, relajándose por fin una vez se hubo corrido y sonriendo de nuevo, acariciándolo y atrayéndolo para besarlo, susurrando contra sus labios. – Te aaaaaaaaaaaaaaaamoooooooo....

-Te amo…- jadeó con fuerza aún, tan agotado, que sentía que no podría levantarse ni queriendo. Le besó los labios con suavidad, sonriendo y dejándose caer a su lado acariciándole el pecho –… te amo…- se rió un poco, suavemente, sujetándole la mejilla con una mano y metiendo los dedos entre su cabello mojado.

- ¿Estás contento? Mira que mañana no me culpes de nada con tu ídolo, ¿eh? – sonrió, observándolo. – Al menos así sólo pensarás en mí.

-Siempre pienso sólo en ti…- lo miró un poco más serio sin poder borrar totalmente la sonrisa de sus labios, apoyando la nariz contra la suya, y besándole los labios con suavidad –No le diré nada a Ayase… no quiero que te imagine… - frunció un poco los labios jugando y sonrió otra vez –Nunca me había sentido así…

- Yo tampoco.... – le sonrió, acariciando su cabello y observándolo como maravillado, hasta que sonó su móvil. – Uff..... – protestó con pereza, pero luego pensando que podía ser Yüdan. – Tengo que contestar, ¿vale? – le pidió, para que lo dejase levantarse.

-No vale…pero bueno…- sonrió dejándolo ir –Como sea una frikez, me lo voy a cobrar en especies…- bromeó, porque de veras no podía mover el culo ni un milímetro.

- Estaré encantado de pagar el precio.. – sonrió, saliendo de debajo suyo, y tomando el móvil. - ¿Hola? ¿Sucedió algo?.... Sí, él habla. – contestó algo más serio, al ver que no era Yüdan quien lo llamaba. - ¿Quién...? ¿Cómo?! No... no... voy enseguida... sí – colgó, antes de que la mujer al otro lado de la línea pudiese siquiera terminar de explicarle, lanzando el móvil a la cama, y buscando su ropa interior. – Es Yüdan, ha tenido un accidente....

-¿Y Tassei?- el moreno se levantó de golpe olvidándose de que estaba cansado y vistiéndose rápidamente -¿En qué hospital están ingresados?

- No dijeron nada acerca de Tassei, es en el que está a dos calles de su casa. Parece que el accidente no fue lejos de allí. – le contestó, terminando de ponerse la camiseta y tomando las llaves.

Kenji sacó su teléfono y le cogió a Enki el suyo del bolsillo, mirando el teléfono desde el cual acababan de llamar, saliendo por la puerta sin abrocharse la camisa siquiera –Sí… acaban de llamar a este número para informarnos de que habían ingresado a Yûdan Masurao ¿estaba solo? ¿No estaba con un niño?... Tassei Amaya… - salió del ascensor con Enki caminando hacia el coche y esperando a que comprobasen unos papeles.

Otra chica se puso al teléfono -¿Señor?

-Sí…

-El hombre venía solo, pero yo lo escuché preguntar por el chico ese… después se nos escapó…

-¿Cómo?- se metió en el coche y lo encendió esperando a que entrase Enki

-Que huyó de la cama donde estaba… lo siento…- Kenji le dio el móvil a Enki colgando –Yûdan se escapó del hospital, lo ingresaron sólo a él…

- Esto es aún peor.... Vamos, sabes a dónde ir ¿verdad? – le preguntó, imaginando a donde habría ido Yûdan y más si Tassei no estaba con él.

-¿A su casa?- preguntó nervioso sin saber realmente a dónde y al ver la mirada de Enki, percatándose –Ya… sé a donde…

- No te preocupes.... sólo.... Dios – murmuró el pelirrojo, rindiéndose. Realmente no estaba para tranquilizar a nadie. – van a estar bien – murmuró como convenciéndose.

-Sí…- Kenji le apretó la pierna sonriendo un poco, nada seguro de lo que afirmaba, pero desde luego, sin estar por la labor para nada de derrumbarse –Estarán bien- devolvió la mano al volante, pasando el coche de vueltas y apretando las mandíbulas apurándose en llegar lo antes posible a la casa.

Apenas hubieron estacionado, Enki se bajó del auto como impulsado por un resorte, llevaba nervioso todo el camino y cada vez se ponía peor. Las luces estaban parpadeando en alguna habitación de adentro, apenas se notaba por la persiana. – Kenji... ten cuidado.. – le pidió, porque no sabía con qué se iban a encontrar, y ya sabía que si veía a Tassei, era capaz de abalanzarse a lo que fuera.

-Sí…- el moreno asintió, nada centrado, abriendo la puerta sin pensar en lo más mínimo –Tassei!- lo llamó nervioso, sin ver nada, golpeando los interruptores de la luz sin que estos respondiesen. De pronto, las luces parpadeando y permitiéndole ver un rostro oscuro de ojos desorbitados y enormes ante su rostro –Dios!- sujetó a Enki del brazo tras su espalda y se pegó a la pared. Todo se oscureció de nuevo, pero podía sentir como una respiración contra su rostro, un olor nauseabundo y un frío gélido, la sensación inquietante de estar siendo observado –Tassei!

- Tassei! – lo llamó el pelirrojo también, preocupado. Los escuchaba, escuchaba todas aquellas voces, llenándole la cabeza, pero no podía dejarse confundir ahora. Apretó la mano de Kenji y empezó a correr, subiendo por las escaleras sólo porque imaginaba que estaría en su cuarto de estar en algún sitio. – Tassei. – Las escaleras empezaron a tambalearse con fuerza, haciéndolo caer de rodillas, mientras aquella voz volvía a invadir su cerebro.

- Vete....

Kenji lo cubrió con su cuerpo, levantándolo con fuerza, subiendo casi a cuatro patas por las escaleras para no caerse –Tassei!- le gritó de nuevo, ajeno a lo que pasaba por la cabeza de Enki, totalmente insensible hacia aquellas cosas –Tassei por favor!- le gritó a la desesperada, caminando contra la pared hacia el cuarto del moreno. La puerta los golpeó tirándolos al suelo hacia atrás.

- No lo vamos a dejar! – gritó el pelirrojo, llevándose una mano a la frente, y susurrando. – Había sangre en las escaleras... – se puso de pie, pateando la puerta y asustándose más al ver la sangre en la ventana, justo como la había visto antes. – Kenji! – lo llamó, ayudándolo a ponerse de pie, y corriendo hacia la misma para asegurarse de que Tassei no estuviese allí abajo.

-No…- el moreno se echó atrás de la ventana al no verlo allí, no podía creérselo, tenía que estar bien, en algún lugar de la casa –Tassei!- miró la sangre en la escalera tal y como Enki le había dicho, y lo llevó de la mano al ver la puerta de la azotea abierta, subiendo con él rápidamente hacia allí. Abrió la puerta del tejado de golpe y se echó atrás sorprendido, se quedó observando a Yûdan frente a ella, con el pecho y el abdomen cortado, el cabello delante de los ojos, ensangrentado por completo y sujetando aquel enorme cuchillo de filo enrojecido.

- Yûdan! – Enki le gritó, asustado. – Yüdan, ¿dónde está Tassei? ¿Qué hiciste?

-¿Dónde esta?!- Kenji se adelantó, tratando de empujarlo, pero era como un muro, no habían quien demonios lo apartase de allí, ni siquiera moverlo un poco –Apártate! Apártate! Tassei! Dios!- sintió que estaba perdiendo el control y le pegó un puñetazo en la cara, el moreno sólo torció la cara y sonrió, riéndose y escupiéndole saliva y sangre a la cara. Kenji se apartó un poco, limpiándose la cara, notando que aquello era casi inhumano, no reaccionaba.

-Los muertos… son míos…- habló con una voz que no era la suya y miró a Enki a los ojos –Vete!- el pelirrojo salió despedido contra la pared.

- NO! – le gritó apenas pudo reaccionar, mareado por el golpe. – Ellos dos no! – se levantó, murmurando. – Kenji.... está poseído..

- A...yuda... – la voz de Tassei apenas se escuchó, con el viento.

- Tassei! - El pelirrojo lo llamó, buscando con la mirada aunque no lo veía.

-Me importa una mierda como esté! Tassei! Maldita sea! Apártate, Yûdan!- lo empujó tirándose sobre él y el moreno se cayó al suelo con Kenji encima. Se revolvió, subiéndose sobre él, el moreno cara arriba observando a Tassei oscilando del techo –Dios! Enki, está en el techo- le pegó una patada en los testículos a Yûdan y el moreno se encogió un poco pero le golpeó con la frente en la suya haciéndolo chocar de rebote contra el suelo. Dejó escapar un quejido intentando sacárselo de encima algo atontado por el golpe.

- Tassei! Aguanta! – le gritó Enki, mirando a su alrededor y observando un trozo de metal, probablemente parte algún material de reparación, que Minako no se había molestado en retirar por no subir a la azotea. Lo sujeto y lo apretó entre sus manos, temeroso. Al menos estaba en buenas condiciones, pero no deseaba cometer un error. Seguía siendo Yüdan, posesionado o no, podía matarlo. La alzó en el aire, listo para golpearlo, respirando trabajosamente.

Yûdan cayó encima de Kenji, tras haber sido golpeado en la espalda. Kenji rodó de debajo de él por fin, y se subió a su espalda casi arrancándole la cazadora de cuero y se la ató a la espalda anudándole los brazos. Le sacó el cinturón del pantalón luchando por retenerlo, y le ató los tobillos, pese a que estaba gritando de forma antinatural. Se levantó, tropezándose y casi cayendo de nuevo. Corrió donde estaba Enki. Empujando los armarios al suelo y subiendo por ellos, alzó a Tassei para que dejase de ahogarse –Déjame el cuchillo… date prisa… necesito cortar la cuerda… Tassei!- le gritó sólo porque necesitaba escuchar su voz.

- Ken....ji....- lo llamó el chico, apenas observándolo borroso.

Enki tomó el cuchillo, cuidando de no dejarse tocar por Yûdan, que seguía intentando soltarse como fuera, y corrió junto a su novio, entregándole el cuchillo y arrodillándose a su lado.

Kenji cortó la cuerda, tratando de darse la mayor prisa posible, y sintió cómo el peso de Tassei cedía sobre su cuerpo. Lo sujetó sobre su cuerpo y miró a Yûdan en el suelo -¿Qué hacemos? Tenemos que salir de aquí… no podemos llevarlo…- dio un paso adelante y sintió cómo hacía aún más frío y una cantidad imprecisa de gritos al unísono, estridentes.

-Papá....- protestó el chico aún así, jadeando por aire, entre los brazos de Kenji.

- No, tenemos que llevarlo. – el pelirrojo lo miró, comprendiendo su preocupación. - Si lo dejamos aquí, es como condenarlo.

-Pues no sé cómo hacerlo y tampoco puedo!- le gritó sólo porque estaba nervioso –No puedo con él… y no puedo aguantar sus golpes… realmente… no puedo hacerlo… - se quedó parado observándolo con Tassei en brazos, observando aquel rostro en el que difícilmente se reconocía al moreno y le pasó a Tassei a Enki.

Se acercó a Yûdan que de nuevo le habló en una lengua extraña que no comprendía para nada, no había dejado de tratar de soltarse y había sangre en sus brazos de forcejear. No sabía por donde cogerlo, era como enfrentarse a un animal salvaje. Lo sujetó por la cazadora y luego los brazos, el moreno se sacudió soltándose de él y cayendo de lado al tener los pies atados pero por nada del mundo se los soltaría. Lo sujetó por los brazos de nuevo y lo rodeó con los suyos, apoyándole la espalda contra su propio pecho, caminando de espaldas hacia fuera, escaleras abajo.

Tassei volvió a balbucear algo, aún demasiado débil como para tener sentido, y Enki lo abrazó contra él, tratando de calmarlo. – Sh.... vamos a salir de aquí. No te preocupes.... – sintió un viento frío a su espalda, y aceleró el paso, aunque le costaba con el chico.

-Dios!- Kenji arrastró a Yûdan como podía, escaleras abajo, tropezándose y sujetándose a la barandilla, sudando por cargar con todo aquel peso, además de tener que luchar con él a cada paso porque se dejase arrastrar. Sintió como si hubiera llegado al paraíso al bajar las escaleras y siguió caminando, arrastrando al moreno y jadeando agotado.

Enki se adelantó, apoyándose contra la pared para tratar de abrir la puerta, ya que era obvio que Kenji no podría, pero la misma no se movía. Era como si fuese una puerta de hierro, y no la que tenían enfrente. – Yûdan! Sé que aún estás ahí. Necesito que luches por Tassei. Envía a ese Aljer al infierno, sé que puedes! – le pidió, desesperado, imaginando que si el moreno lograba sobreponerse, aquello perdería su fuerza, aunque fuera momentáneamente.

Yûdan se rió entre dientes y Kenji lo dejó a un lado contra uno de los sillones, se secó la frente alzando las manos –Así no vamos a hacer nada… de nada… no va a hacernos caso… está jodidamente loco… colgó a Tassei! Por Dios! – miró a Enki sin pensar siquiera, fuera de control y totalmente nervioso, levantó la mesita del salón y la lanzó contra una de las ventanas. Los perros comenzaron a aullar y ladrar afuera.

- Kenji! – le gritó Enki, tratando de tranquilizarlo, pero él no estaba muy calmado que digamos. No tenía idea de qué hacer. Volvió a escuchar aquellas voces en su cerebro. En realidad, nunca había dejado de escucharlas, pero empezaban a tomar fuerza de nuevo, ahora que estaba perdiendo el control. – No... – murmuró, sacudiendo la cabeza. – Tassei, quiero que seas fuerte, y permanezcas tranquilo... – le susurró, mirando luego a Kenji. – Lo mejor es que te lleves a Tassei y luego me ayudes con Yûdan. – le pidió, porque no se atrevía dejarlo solo en esa casa.

-No… saldremos ahora mismo todos….- sujetó a Yûdan, tirando de él, a pesar de lo mucho que se resistía, y lo levantó haciendo acopio de la fuerza que le quedaba dejándolo caer por la ventana del jardín al exterior de la casa –Vámonos…- le dijo a Enki mirando para él y vigilando por momentos a Yûdan que estaba en el jardín boca arriba y extrañamente quieto de pronto, mirando al cielo.

El pelirrojo salió, apretando a Tassei contra sí, y cayendo de rodillas , levantándose tan pronto como pudo, y girándose. - ¿Yûdan? ¿Yûdan? – lo llamó por ver si respondía.

Kenji se acercó al moreno y lo sacudió un poco, nervioso y más porque él lo había tirado por la ventana, pero tampoco sabía qué otra cosa hacer. Se llevó la mano a la frente y lo sacudió de nuevo con fuerza –Yûdan…

El moreno se volteó de medio lado de golpe y apretó las mandíbulas como si ahora notase el dolor de los golpes y las heridas, incluso las que él mismo se había infringido –Tassei… - murmuró.

El chico giró el rostro de lado, murmurando. - ¿Papá...?- pero aún así, Enki no lo soltaba por si acaso fuese un truco.

- Debemos llevarlos al hospital...- sugirió, sin saber cómo demonios iban a explicar aquello. Volvió a mirar la casa al escuchar el vidrió de la otra ventana romperse. Había una sombra allí, haciéndose cada vez más clara, una niña. Poco apoco, otras figuras empezaron a reunirse tras ella, cada vez más espectros, sus voces llegando a él, aunque mucho más débiles ahora que estaba en el exterior.

- “Ayúdanos...llevénnos con ustedes...” “ él no abre la puerta....” – La puerta comenzó a temblar como si alguien intentase desesperadamente abrirla, cada vez con más fuerza, hasta que parecía que se iba a romper, para finalmente quedar en silencio, todas las luces apagándose como si hubiese sido su imaginación.

-Tassei…- Yûdan se giró en la hierba esperando a que lo desataran –Soltadme… estoy bien…-susurró, igualmente agotado y dolorido, lo suficiente como para no poder mover un dedo. Kenji lo miró algo desconfiado y aún así le desató la cazadora y se la ayudó a poner porque no llevaba más que eso en el pecho.

-¿Seguro que estás bien ya?- preguntó sin separarse de él y también tratando de no ser demasiado grosero.

-Sí…- se sacó el cinturón de los tobillos y miró a Tassei de soslayo –No podemos llevarlo a un hospital… es de noche…

- No sólo a él... – Enki lo miró de soslayo como pensativo, porque ahora sólo podía pensar en las palabras de Yûdan cuando lo encontraron en la azotea. Y en la razón de por qué aquellos espectros no podían salir de la casa, aunque los habían atacado en lugares cercanos a estructuras antes. Tal vez intentaban decirle algo... –Lo sé! – exclamó de pronto, recordando ahora la sensación que había tenido en el cementerio, no era específicamente acerca de aquella tumba. – Están aquí, no pueden irse porque sus cuerpos están aquí....

Kenji lo miró como si viera pasar un avión –Genial… vámonos de aquí… ya! Ahora mismo… ¿te puedes levantar?- le preguntó a Yûdan que asintió con la cabeza levantándose y haciendo cara de sufrimiento. Kenji arrugó un poco el ceño al ver que le brotaba sangre de las heridas en el torso y lo ayudó a caminar –Vamos al coche aunque sea….

Yûdan miró a Tassei de soslayo sin atreverse a tocarlo ni siquiera y apartó la mirada cerrando los ojos y maldiciéndose interiormente al ver las marcas de golpes y la zona amoratada en su cuello.

- ¿Tassei? Tassei ¿me escuchas? – el pelirrojo acercó el oído a sus labios, notando que ahora estaba inconsciente, pero respiraba normal. Seguro había sido mucho el esfuerzo. Lo levantó llevándolo hacia el coche, y abriendo la puerta trasera para recostarlo. - ¿Yûdan? ¿Puedes sujetarlo? O ¿quieres que vaya con él? – lo miró, sin poder imaginar siquiera cómo se sentiría, pero confiaba en su juicio de todas maneras. Yûdan haría lo que fuera mejor para su hijo.

-No!... no… quédate tú con él… yo me quedaré aquí… fuera…- se sentó en el capó de coche y Kenji se quedó a su lado mirándolo

-No te puedes quedar ahí, hace frío y ni siquiera tienes camiseta… - Yûdan se cerró la cazadora, mirándolo a los ojos como echándolo de su vista.

-No voy a entrar… así que entrad… y dejadme solo…- susurró finalmente metiéndose las manos en los bolsillos y cogiendo el paquete de cigarros, aliviado de que aún estuviera ahí. Sin prestar ninguna atención a Kenji que entraba en el coche renegando un poco con la cabeza y mirando a Tassei

-¿Está bien, no?-le preguntó a Enki.

El chico asintió, apartándole el cabello de la frente. – Creo que sólo está exhausto y adolorido, pero estará bien. Aún así, tendremos que regresar a casa para tratar sus heridas y las de Yûdan. – suspiró, mirando la espalda del moreno a través de la ventana.

-Es igual… él tiene razón… no podemos volver a casa de noche…- se pasó la mano por la cara y miró a Tassei pasándole la mano por la cara –Mira… yo me voy… quédate aquí… tengo… que… voy a comprar cosas… y vendas… y eso…- carraspeó, saliendo del coche porque además no soportaba ver así a Tassei. No quería ni imaginarse qué estaba sintiendo Yûdan.

- Vale, no pensaba irme... –le sonrió, observándolo marcharse y recostando un poco mas a Tassei, lamentando no haber llevado una cazadora para acomodar su cabeza mejor.

Yûdan lo miró marcharse y se acercó al coche, observando a Tassei a través del cristal. Apoyó la mano en él bajando la cabeza, y dejó la frente contra el techo del coche, girándose de espaldas de nuevo y pasándose las manos por la cara. Tiró el cigarro al suelo y se fue caminando hacia la casa por más que le estuviera costando un mundo.

- Yûdan! ¿Qué haces?! – Enki se asomó, bajando la ventana preocupado. –Yûdan! - pero el moreno siguió caminando hacia la casa y cerró la valla a su espalda, mirando al coche un momento y girándose, caminando sobre la hierba del jardín hacia la caseta. Sabía lo que buscaba y qué le esperaba allí porque lo estaba escuchando… ella se lo estaba diciendo.

 
 

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