| Capítulo 72- Don't Let Yourself
Go
Tassei se recostó más contra su padre, cerrando los
ojos contra el viento, aún un poco sacudido por la discusión,
pero no quería ni recordárselo. - ¿A dónde
vamos hoy? –le preguntó en vez de eso, tratando de
concentrarse en el futuro inmediato.
-No lo sé… veamos… podemos simplemente conducir…
y ver a dónde podemos llegar sin quedarnos dormidos…
y ahí nos quedamos…- sonrió pensando que eso
era lo que solía hacer cuando se deprimía o algo así
-¿Qué te parece?
- Me parece bien, me agrada pasear contigo de todos modos. Y Jiken
siempre se queda dormido en la moto – se rió, porque
al principio había estado preocupado de que se pusiera nervioso,
pero parecían agradarle los viajes también.
-Sí…- soltó una mano besando la nuca de Tassei
y miró delante de nuevo –Lo siento… - carraspeó
un poco apretando las mandíbulas serio, parecía que
esa era su frase más gastada con Tassei. Miró un coche
parado a lo lejos casi le parecía que estuviera aparcado
frente a su casa pero a esa distancia no podía distinguirlo.
Desvió la vista al notar que se estaba moviendo.
- No.... yo lo siento, ya está bien. Te quiero – sonrió,
dejándose apretar mas contra él.
El moreno sonrió levemente, mientras pasaban por el cambio
de rasante hacia la casa y se echó un poco adelante al escuchar
el sonido del coche demasiado próximo. Las luces del auto
azul lo cegaron completamente. Abrió los ojos tratando de
apartarse como fuera aunque eso significase acabar en la zanja,
pero el coche giró haciendo chirriar las ruedas. Sintió
el olor de la goma quemada y el sonido del metal al chocarse. Miró
hacia dentro del coche sólo un segundo antes de abrazar con
fuerza a Tassei y tratar de tirarse a un lado. Después, sólo
el dolor de su piel al quemarse contra la carretera, su cuerpo golpeando
contra ella y rodando, notó cómo Tassei se desprendía
de sus brazos y el sonido del coche al alejarse rápidamente,
no sabía si tenía los ojos cerrados pero no veía
nada. No sintió nada más.
El chico rodó sólo una vez, amortiguado por el intento
de su padre de protegerlo, y se trató de arrodillar como
mejor podía, confundido y mareado. Ni comprendía lo
que había sucedido. Pero alguien lo estaba llamando. - ¿Papá?
¿Papá?! – lo llamó desesperado, tratando
de sacudirse el aturdimiento, y divisándolo por fin en la
carretera, sin moverse. Se paró tambaleante corriendo hacia
allí y arrodillándose a su lado, sacudiéndolo.
– Papá! Papá, despierta! - - sentía las
lágrimas calientes resbalando por sus mejillas y le dolía
la palma de su mano, pero eso no le importaba. Todo lo que le importaba
era que su padre lo mirase. Continuó sacudiéndolo
por unos segundos, hasta que sintió una mano tocarle el hombro.
Alzó la mirada sobresaltado para ver a su padre, allí
de pie junto a él.
- Está bien, Tassei. Todo va a estar bien, si vienes conmigo.
- NO! Aléjate! Tú no eres él! – le gritó
el chico, aterrorizado y cubriendo el cuerpo de Yûdan sin
saber cómo protegerlo.
- No estoy allí, Tassei, necesito que seas fuerte, ¿recuerdas?
– la figura de su padre continuó acercándose,
aún hablándole de la misma manera tranquilizadora.
– Yo no te haría daño. Pero tienes que venir
conmigo ahora, si quieres que todo termine. Confía en mí...
El chico iba a protestar de nuevo, ahora más confundido
que nunca, tratando de hacer que su padre despertase, pero aquella
imagen se arrodilló detrás de él, abrazándolo,
llenando su cabeza con aquella voz, haciéndolo sentir más
seguro. Y de pronto, todo tenía sentido, lo que tenía
que hacer.
Le besó la mejilla a Yüdan, susurrando. – Ya
lo sé, seré fuerte.... – y se puso de pie, empezando
a caminar.
...................................
La carretera estaba completamente vacía, solitaria, cuando
un coche se escuchó a lo lejos. Un hombre lo frenó
al ver las luces de la moto en el suelo, las frenadas en la carretera.
-Oh Dios mío! Hay alguien en el suelo!- una mujer rubia
sujetó el brazo de su marido que bajó del coche inmediatamente.
-Será mejor llevarlo a un hospital, Dios sabe cuanto tiempo
lleva aquí, no podemos dejarlo esperando a una ambulancia…
-¿Seguro? En estos casos siempre dicen que no debes moverlo…
Dios mío…- la mujer se bajó observando al moreno
en el suelo.
-Pues llama a una ambulancia!- el hombre la miró perdiendo
un poco los nervios y Yûdan entreabrió los ojos sin
ver nada realmente –Le sale sangre de la boca… rápido!
Llama de una vez!
-Ya lo hago!- la mujer telefoneó con el celular mientras
el hombre le practicaba los mínimos primeros auxilios, aunque
no sabía muy bien qué demonios estaba haciendo realmente.
.................
Tassei abrió la puerta, entrando a la casa, un poco nervioso
aún, pero no tenía por qué, su padre estaba
con él. Y así iba a ser para siempre. Todo lo que
tenía que hacer era permanecer en la casa y no permitir que
nadie se interpusiera.
- Tassei... – escuchó la voz de su madre llamarlo
desde su habitación y subió las escaleras con cuidado,
abriendo la puerta y observándola. – Por fin comprendes,
tengo dolor de cabeza... – se quejó como siempre.
El chico se sentó a su lado, medio adormecido. – Mi
padre viene pronto. No le agradas. Y Kenji ya tiene novio.... Sería
agradable que vinieran ellos también. Así podríamos
estar todos juntos.
- Entonces ya sabes lo que tienes que hacer. – le contestó
la mujer como poco interesada. – Lo hice por ti... –
murmuró, aún así, entregándole un cuchillo.
El chico lo alzó, clavándolo en su pecho, observando
la sangre brotar y cómo el cuerpo de su madre se convulsionaba
desapareciendo luego, como si jamás hubiese estado allí.
Tassei permaneció sentado en las sombras, sin sentir realmente
nada al respecto, sólo que deseaba estar con Yûdan.
.......
Los chicos de la ambulancia pasaron con el moreno en una camilla
rápidamente, atravesando los pasillos, no muy seguros de
su estado, aunque no parecía muy grave y no tenía
fracturas, sólo quemaduras y no parecía consciente.
Afuera, la pareja que lo había encontrado, les explicaba
nerviosamente a los hombres del hospital que no sabían de
quien se trataba. La policía también había
ido a retirar la moto de la carretera y ocuparse del caso. El hombre
miró a su esposa con el rostro descompuesto.
-Bueno… pueden irse, no hay nada más que puedan hacer,
muchas gracias…- una enfermera los despidió, demasiado
atareada para molestarse en ninguna ceremonia más.
Yûdan giró la cara contra la almohada en la camilla
y sintió que le apoyaban la mano en la frente -¿Tassei?-
preguntó sin poder abrir los ojos.
................
Tassei se puso de pie, un tanto impaciente ya, dirigiéndose
a su propio cuarto, observando la ventana abierta. Caminó
hacia ella, apoyando la mano contra el vidrio, y bajándola
hacia la pared luego, observando el rastro de sangre que iba dejando
y sintiendo que le ardía al contacto con el viento nocturno.
La giró, notando que se la había lastimado, pero no
era algo que le preocupase ahora. De todos modos, no iba a permanecer
en su cuerpo luego de esa noche. No luego de que estuviesen juntos.
Ahora comprendía lo que le había dicho su padre acerca
de las personas que no le temen a la muerte, esto no era una maldición,
era un regalo.
..............
El sonido de las máquinas, como un zumbido sordo fueron
lo único que el moreno alcanzó a escuchar cuando abrió
los ojos por completo, como si acabase de despertar de una pesadilla.
Tomó aire con fuerza, desubicado, se apoyó con las
manos en el colchón de la cama sintiendo el pulso latiendo
en sus sienes como un martilleo –Tassei!…- se levantó
de la cama y se quitó la aguja del suero, abrió los
armarios poniéndose los jeans rotos y quemados a toda prisa.
Se sacó la camisa del hospital, estaba vendado… casi
no recordaba lo sucedido, se puso la cazadora de cuero por encima
y salió al pasillo lentamente, asegurándose de que
no había nadie y atravesando después los pasillos
a toda prisa.
Se paró en la recepción golpeando un poco la mesa,
la enfermera observó al hombre que estaba frente a ella con
gasas de quemaduras en la cara y el cuello -¿Se encuentra
bien?
-¿Han ingresado a Tassei Masu… Amaya, Tassei Amaya?
-¿Quién es?
-Su padre…- apretó el puño esperando nervioso
y bajando la cabeza entre las manos.
- No, señor ¿está usted bien?
Yûdan se giró y salió del hospital a toda prisa
pasándose la mano por la frente, apretando las mandíbulas
–Dios…no Tassei- susurró entre sus labios sin
razonar nada salvo que tenía que encontrarlo. Recordó
el coche y cómo se le había echado encima, el sonido
de los hierros. Corrió aún más rápido
pero se estaba desesperando por el dolor de los golpes y las heridas,
sabía que estaba corriendo muy despacio, que iba a tardar
demasiado. Le temblaban las manos, necesitaba ir con él.
Sus pasos se detuvieron en seco al observar los taxis y se metió
en el primero que vio, dándole la dirección de la
casa de Minako y buscando la cartera en su bolsillo trasero –Rápido.
………………..
Dentro del hospital, la enfermera de pronto se levantó de
golpe, recordando lo que había venido diciendo un enfermo
que habían ingresado hacía sólo un poco –Tassei…-
repitió llevándose la mano en la boca y mirando en
los papeles la habitación del enfermo, corriendo por los
pasillos hacia la habitación donde habían internado
a Yûdan, estaba vacía –Se ha escapado un hombre…
se ha ido…- le dijo a otra de las enfermeras –Dios…
parecía descontrolado…
-Bueno… esto no es una cárcel, es un hospital…
- la otra mujer se encogió de hombros y la chica abrió
la boca ante su frialdad percatándose de que no había
nada que pudiera hacer, revisando de nuevo los papeles del moreno
………
-Cierre con más cuidado!- le gritó el taxista al
moreno que no le prestó ninguna atención, cerrando
la puerta de un golpe y corriendo hacia la casa. Abrió la
puerta y como si alguna extraña fuerza lo empujase al interior,
pasó entre la oscuridad absoluta de las sombras densas en
el interior. Casi se sentía que el ambiente pesaba y hacía
un frío gélido.
–Tassei!- gritó escuchando un gemido de dolor en su
mente. Respiró con fuerza observándolo tirado en la
carretera como si lo observase desde fuera, ajeno a la escena, su
cerebro desparramado por ella. Su piel se tornó totalmente
lívida y se giró hacia el televisor que se prendió
solo. Interferencias, el rostro de Tassei difuminado en ellas, gritando
sin sonido. Jadeó, sintiendo que le faltaba al aire y el
sudor frío le recorrió todo el cuerpo –Tassei!
Tassei!- lo llamó de nuevo a la desesperada, gritando mareado,
observando al moreno bajar por la escalera casi como si fuera una
visión fantasmal –Tassei…- caminó hacia
él sujetando su mano –Vámonos!- pero su mano
atravesó la del chico –Dios… no…- jadeó
perdiendo los nervios, no podía estar muerto.
Cerró los ojos, tratando de tranquilizarse, apretando las
mandíbulas con fuerza, y Tassei sonrió. Se puso de
puntillas besándole los labios, sintió el contacto
aunque frío, recordando aquellos besos que se habían
dado en el río, escuchando su voz en la cabeza “papá…”
Las lágrimas se derramaron por sus mejillas, sintiéndose
terriblemente mareado. Lo abrazó, tangible por un momento
y al instante se desvaneció entre sus brazos, dejando una
sensación fría en su cuerpo. Escuchaba voces en su
cabeza todas a la vez, gritando como luchando por ser escuchadas.
Se tambaleó un poco chocando con la espalda en los barrotes
de la escalera y bajó la cabeza por completo… sin que
apenas se hubiera dado cuenta de cómo había llegado
ahí, se encontró en la cocina. Abrió un cajón,
cogió un cuchillo, lo apretó en ….
Tassei se giró de la ventana sonriendo al escucharlo y salió
emocionado, asomándose desde arriba de las escaleras y bajando
un poco. - ¿Papá?! Estoy aquí..... –
bajó un poco más, esperando a que le contestase.
Yûdan salió de la cocina y apareció en el salón
sin levantar la cabeza, con el cabello cubriendo su mirada. Subió
varios escalones murmurando algo en una lengua extraña y
se rajó el pecho, haciéndose dos cortes como si formasen
un triángulo sobre su pecho. Apartó el cuchillo y
se rajó el estómago tajándose dos veces mas
como formando un rombo o dos extraños triángulos desiguales
-¿Sabes por qué estás aquí?- preguntó
con su propia voz, bajando la mano con el cuchillo ensangrentado
apretado en ella.
- Tú me dijiste que viniera. Para que estemos juntos para
siempre. – le sonrió, mostrándole su propio
cuchillo, aún sin caer en cuenta de nada. – Ya me encargué
de mamá......
-Tienes que morir… yo no voy a morir… yo no soy la
causa, tú eres la causa…- siguió avanzando escalón
a escalón –Vamos…
- ¿De qué hablas, papá? – el chico retrocedió
un poco, al mismo ritmo que su padre, su rostro tornándose
asustado, confundido. – Tú lo dijiste, dijiste que
de esta manera estaríamos juntos......
Yûdan sonrió con una expresión que no era suya,
y alzó la mirada a los ojos de Tassei como si no lo viera
realmente –Sabes que todo es tu culpa… muérete
ya… vamos… sabes que debes hacerlo, antes de que provoques
más daño…vamos!- le gritó como perdiendo
su voz en aquel momento por una más oscura, que no era suya.
Caminó hacia él llevándolo hacia su cuarto.
- No... no.... Tú no dirías eso.... No es mi culpa...
– empezó a murmurar el chico, perdiendo el control,
las lágrimas resbalando por sus mejillas. – No eres
él, tú no eres mi padre! – le gritó,
por fin, lanzándose por su lado, intentando huir.
El moreno le sujetó el brazo con fuerza, apretando cada
vez más y alzándolo con una fuerza sobrehumana lanzándolo
contra la puerta de su cuarto. Avanzó hacia él lentamente
de todos modos –Hazlo! Hazlo! Sabes que lo tienes que hacer,
abre la ventana… déjate caer…- la ventana se
abrió sola de golpe, el cristal estallando al chocar.
Tassei gritó, cubriéndose asustado, y sollozando.
– Detente, detente...No hagas esto... Papá, por favor...
-Yo no lo hago, tú lo harás… porque sabes que
lo debes hacer ¿verdad? Tú lo sabes, sé valiente…
vamos… hazlo… muérete por mí… -
lo arrinconó contra la pared levantándolo por la camiseta
y golpeándolo contra el hormigón. Cerró los
ojos apretando las mandíbulas y dejó escapar un grito
entre los dientes como de dolor. Se golpeó la frente contra
la pared y lo lanzó al suelo jadeando.
Tassei se puso de pie mareado, su instinto de supervivencia diciéndole
que debía correr, pero no podía dejarlo así.
No podía, alejarse, por más que le dijera esas cosas,
por más que lo golpease. Se acercó, tratando de convencerlo,
abrazándose a él. – No, papá.... no me
hagas hacerlo, sólo quédate conmigo. No lo haré
más, te lo prometo, no lo haré más. Sólo...
quédate conmigo... – le rogó, sin estar seguro
siquiera de qué prometía.
Yûdan lo apartó de sí, las voces surgiendo
de la casa, la oscuridad adueñándose de todo. Le sujetó
la mano arrastrándolo, de lo rápidamente que caminaba,
llevándolo con él. Abrió la puerta del ático
y subió las escaleras arrastrándolo por los peldaños.
- ¿A dónde vamos, papá? – le preguntó
aterrorizado, pero sin poder soltarse, el chico. De todos modos,
tenía la esperanza de que lo hubiera escuchado. – Papá....
te quiero... – susurró.
-¿A dónde?!- habló de nuevo con una voz que
no era la suya y se paró de nuevo, rozando la cabeza contra
la pared de lado apretando las mandíbulas y golpeándose
varias veces, escuchando aquellas voces en su cerebro sin poder
luchar contra ellas, consciente sólo por segundos de lo que
hacía, preguntándose en esos pocos segundos de claridad
mental si había perdido la cabeza finalmente, si estaba loco.
Deseando detenerse sin conseguirlo, tirando de él de nuevo,
sudando y subiendo las escaleras al tejado.
Lo empujó delante de él, haciéndolo caminar
hacia el borde del tejado. Lo sujetó por los hombros, situándolo
casi al borde de caer al vacío. Le subió las manos
por la cintura y le alzó los brazos en cruz. Se subió
tras él a su espalda y le susurró al oído –Déjate
ir… se acabó… se acabó…
- Te quiero.... – susurró Tassei sollozando y temblando,
asustado. Pero no podía luchar más, su padre no lo
dejaría ir. Y además, tenía razón, todo
era su culpa. Era el momento de aceptarlo.
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