.Novela homoerótica para mayores de edad.
 
Capítulo 64- The Guard in the Lighthouse

Yûdan se echó un poco hacia atrás tras haber cenado y colocado la tienda. Abrió la segunda lata de cerveza mirando distraídamente hacia el bosque. Finalmente lo había llevado a una montaña, estaba claro que ahí sí que no habría ningún edificio. Casi le estaban preocupando más los lobos o cosas por el estilo. Sonrió con su pensamiento despreocupado y lo miró - ¿Sabes?… arriba de este monte está el faro que se veía el otro día desde la playa…

- ¿De veras? ¿Podemos ir a verlo? – preguntó entusiasmado Tassei, enseriándose de pronto. – Pero... tal vez sea mejor que vayamos de día.

- Bueno… podemos ir a verlo desde fuera si quieres, no es como que podamos entrar de todos modos, estará cerrado con llave…- lo miró a los ojos porque él también había pensado en ir a verlo –Ahora ya no viven personas en los faros…

- Es una lástima, me hubiera gustado subir – confesó, un poco rojo, y sonriendo. – Podemos verlo desde fuera. Te prometo no asustarme si pasa algo extraño, sólo no iremos, ¿vale?

-Está bien… -bebió un poco más de la lata –Si pasa algo nos vamos y punto… de todos modos no nos acercaremos tanto, pero no te preocupes, ya iremos a verlo por dentro otro día entonces, esto u otro… aunque te aseguro que acabas cansado de subir todas esas escaleras…- alzó una ceja y se rozó la mandíbula sólo porque tenía la costumbre, recordando que estaba afeitado al notarse suave. Se levantó encendiendo un cigarro y pasándole una linterna –Creo que lo peor que podría pasar sería… encontrarnos con lobos…

- ¿Lobos?! – exclamó alarmado, mirando a la tienda y pensando en Jiken. - ¿Debería llevarlo con nosotros? ¿Estará bien?

-Estará bien… no creo que haya lobos aquí… conejos en todo caso…algún zorro… pero no se acercan a donde haya gente, ni tampoco a donde huelan humanos… Ellos nos tienen más miedo del que nosotros les tenemos… no atacan a las personas… por norma general… pero puedes llevarlo si te sientes mejor…

- Sí, voy a llevarlo, es muy pequeño – se excusó, porque le daba vergüenza, entrando en la tienda y metiendo al felino en su mochila especial, sonriendo al ver cómo paraba las orejas, y cerrándola lo suficiente para que pudiese ver pero no escapar. – Vamos de paseo, Jiken.

-Sí… vamos…- el mayor suspiró pensando que trataba a ese gato como si fuera su hijo o algo así, y lo sujetó por los hombros usando él la linterna, más que nada para que Tassei pudiera sujetar a Jiken. El camino estaba bastante oscuro, el bosque era muy cerrado y el sendero estrecho, se notaba que hacía tiempo nadie lo atravesaba con asiduidad y los matorrales comenzaban a invadir la tierra –Ten cuidado con las zarzas…

- Vale... ¿has subido aquí antes? – le preguntó, mirando al piso, para no tropezarse, y siguiendo un poco la luz de la linterna con la mirada.

-Algunas veces…- murmuró porque llevaba el cigarro en los labios y no había quien fumara sujetando a Tassei y la linterna a la vez. Se lo sacó de los labios y lo pisó en el suelo porque sólo le estaba cabreando el hecho de no poder fumárselo a gusto. Se giró un poco al escuchar las hierbas y ramitas crujir tras ellos y siguió caminando –Será un animal…

- Pues espero que no sea un lobo... – susurró, nervioso, apretando a Jiken contra sí, feliz de haberlo llevado consigo.

-No…- se rió pensando que ese sonido tan leve era casi imposible que fuera de un lobo –Además ellos suelen ir en manadas…- explicó meditando después –aunque a veces uno va antes y luego avisa a los demás y rodean a su presa. Después se abalanzan todos contra ella… cazan en grupo…

- Vale, no es un lobo... – murmuró, ahora más asustado en realidad, pero tratando de que no se le notase. – No, sería mucha casualidad, no iba a venir un lobo... – casi pega un salto al escuchar otra ramita crujir tras ellos.

Yûdan sonrió mirando atrás de soslayo y se giró, alumbrando con la linterna el camino y la zona del bosque a los lados de este –Nada…- susurró en bajito junto a su oído –a no ser que sea algo tan pequeño que este escondido entre los arbustos… además…mira que tranquilo está … el gato.

- Sí... – el chico bajó la mirada a Jiken que lo miró de vuelta, curioso como si estuviera interrumpiendo algún momento privado. – Está tranquilo....

-Yo también…- susurró al salir de la zona del bosque y llegar a terreno abierto pensando que también aquello le tranquilizaría a Tassei. Hinchó el pecho respirando profundamente la brisa del mar y observando el acantilado por el camino que se enroscaba alrededor del faro estrechándose y subiendo cada vez más -¿Lo ves? Ahí arriba… acerquémonos un poco más…

- Es... – sonrió, enrojeciendo y frunciendo el ceño luego, porque no quería decir “bonito” y no se le ocurría ninguna otra palabra. – Vamos! – exclamó, fingiendo un poco y acelerando el paso.

-Vamos…- susurró el moreno apagando la linterna porque aquel faro era un monumento y por aquella zona, estaba iluminado por farolas además de por la propia luz del faro, pero en realidad no parecía haber nadie. Al menos, no a esas horas, aunque al otro lado del faro era fácil llegar por la carretera y podía ver algunos coches aparcados en el espacio debajo del monte –Igual hay alguien montándoselo por aquí…- comentó por fin pudiendo encender otro cigarro.

- Uff.... están en todos lados.... – comentó como si tuviera mucha experiencia, observando el paisaje, y adelantándose un poco, pensando que de veras era hermoso, aunque no pudiera decirlo.

Yûdan lo miró un poco nervioso de que se alejase de él, aunque era una bobada y si seguía sobreprotegiéndolo de esa manera, se asustaría de cualquier cosa. Se guardó una mano en los bolsillos de los jeans limitándose a fumar porque además lo tranquilizaba –Si no tienes casa, lo haces donde buenamente puedes… más si eres joven…

- Tú eras así, ¿cierto, papá? – se giró mirándolo con una sonrisa maldita en el rostro. – Seguro a que tuviste muchas novias en la escuela...

-Seguro…- murmuró desviando la mirada penando que novias técnicamente no –Ligues… novias no- concretó después de todos modos, volviendo a mirarlo porque seguía nervioso con no llevarlo a su lado –Tú también podrías tenerlas si quisieras.

- Pero yo no quiero, no me gustan las niñas, me gustas tú – se acercó un poco, reacomodando la mochila, ya que el gato había empezado a moverse un poco contra él, seguro molesto porque no lo dejasen explorar.

-Vale…- le apoyó la mano en la cabeza sonriendo un poco, de hecho aliviado de tenerlo de nuevo a su lado –A lo mejor no te gustan porque no has probado…- insistió un poco en realidad porque temía estar haciendo lo incorrecto por aceptar que se amaban y mirando a Jiken, notando su alteración y alzando la vista al faro. Se quedó parado en la cuesta observando una sombra moverse en el interior –Parece que sí que hay alguien…

- No me gustan! – protestó, más concentrado en eso, y luego mirando hacia arriba. – A lo mejor dejan a alguien de noche para que cuide. – se quedó mirando cómo la sombra se detenía en una de las ventanas observándolos, poniéndolo nervioso. – No está prohibido estar aquí arriba, ¿o sí?

-No… es un monumento, todo el mundo puede venir aquí. Supongo que si trabaja ahí arriba se aburre demasiado y por eso está mirando, o tal vez cree que le vamos a dar el show de la noche y tiene los dedos cruzados mientras espera con la bragueta abierta….- Empezó a inventar un poco porque estaba casi seguro de que ahí arriba no había nada humano –Volvamos… estoy un poco cansado. - Se giró llevándoselo con él hacia el bosque de nuevo.

- Vale! – contestó, el chico sonriendo de manera muy poco característica, porque lo cierto es que no le creía pero quería hacerlo. Le apretó la mano cuando escuchó el zumbido de las luces tras de sí, a la vez que parpadeaban como intentando evitar que se alejasen. Se concentró en mirar al suelo, murmurando. – Pero no es cierto.

-Vale...no lo es… pero no me asustan los efectos especiales – sujetó a Tassei cogiéndolo en brazos y sintiendo que el gato se revolvía entre ellos. Aceleró el paso atravesando el campo llano y bajando de nuevo por el sendero con algo de prisa. Cerró los ojos al sentir el golpe de una zarza en la cara y cómo le rasgaba la piel bajo el ojo y en la mandíbula. Renegó interiormente por no haberla visto y se quedó parado en la mitad del sendero pensando de nuevo en tranquilizarse y nada más, sólo eso, sintiendo cómo se calmaba a pesar de notar al gato aún alterado y el corazón de Tassei bombeando con fuerza.

- No puede seguirnos aquí, no puede seguirnos aquí... – murmuró el chico, abrazando al gato contra él y pegándose a su padre, aunque claramente estaba asustado. Cerró los ojos, escuchando algunas ramitas quebrarse a su alrededor, y dejando escapar un sonidito de miedo, aunque le avergonzase luego.

-No, no puede…- el moreno suspiró con fuerza prendiendo la linterna y sujetando a Tassei con un brazo, aunque le estaba costando bastante, no era un niño pequeño precisamente. Se sentía observado, además de notar sombras entre los árboles. Siguió caminando por el sendero parándose ante la sombra que estaba detenida frente a él como aquella ocasión en el puente -¿Es tu límite?- preguntó serio a más no poder y algo alterado, además de cansado de cargar a Tassei –No puedes llegar más lejos… y no puedes detenernos.

- Y.... y te odio!! – le gritó el chico, como si eso la fuera a espantar.

La sombra se movió, una boca enorme y poco natural apareciendo en su rostro, y Tassei volvió a cerrar los ojos, contra su padre, murmurando. – Voy a ignorarla... voy a ser fuerte... – con voz temblorosa.
Yûdan se quedó observando aquella figura frente a él, era grotesco. Bajó la cara observando el terror en el rostro de Tassei por más que tratase de luchar contra el miedo de forma desesperada. Comenzó a escuchar un zumbido como de insectos y la sombra se deshizo, como en pequeñas bolitas negras que pronto tomaron la forma de moscas, el ambiente inundándose de un hedor horrible –Dios…- murmuró apretando más a Tassei contra él y bajando la cara sintiendo como si tratasen de meterse en sus ojos y su boca. Se sacó un lado de la cazadora pasándosela a Tassei por encima y atravesó la zona, notando como un grito estridente dentro de su cabeza. Apretó las mandíbulas sudado, por el dolor sin poder moverse, notándose como si todo le pesara y dio un paso más alejándose y mirando atrás como si hubiera atravesado algo denso y oscuro, sólido, y ahora estuviera de nuevo libre, como liviano.

- ¿Se fue? – preguntó el chico, alzando un poco el rostro y viendo la cara de cansancio de su padre. – Puedes bajarme...

-No- sentenció aún tenso apretándolo contra él, y sintiendo la espalda empapada en sudor al igual que el pecho. Cerró los ojos respirando cada vez más tranquilo y dejándolo bajar pegado a su cuerpo. Entreabrió los ojos, mirando atrás aunque todo lo que veía era oscuridad en la densidad del bosque. Echó la mano atrás sujetando la de Tassei de golpe como temiendo que algo pudiera alejarlo de él sólo con voltearse. Se pasó un dedo por la cara limpiándose un poco la sangre y lamiéndoselo antes de llevarlo con él hacia la tienda. Bajando la cuesta con rapidez.

- Estás herido, de nuevo... – protestó el chico, cabizbajo. – Jiken.... Jiken está tranquilo, papá. Lo está, de veras.

-Sí…vale…- contestó después, porque el primer sí había sido sin prestar atención realmente a lo que le habían dicho. Le soltó la mano igual, haciéndolo andar delante de él entonces como si lo que le hubiera pedido fuera que lo soltase –No, eso fue por mi culpa por no mirar…- se rozó la cara de nuevo como en otro mundo –y sólo es un arañazo.

- Para mí no es “sólo” nada. No quiero que te lastimes, de ninguna manera. - Protestó el chico, cansado de todo aquello también. Desearía poder protegerlo a él alguna vez, en vez de ser tan.... inútil. Abrazó al gatito contra sí, mirando atrás de soslayo.

-Me corto todo el tiempo cuando me afeito por ejemplo…- se encogió de hombros quitándole importancia –Y ya te he dicho que fue mi culpa por no mirar por donde iba…- se acuclilló, abriendo la tienda –Vamos… entra, nos sentiremos más seguros así.

Tassei entró, aunque no muy contento con la respuesta, y dejó la mochila en el suelo, dejando que el gatito saliera de ella. Se sentó, con los brazos, rodeando sus piernas, esperando a su padre, que entró tras él, dejando la cazadora a un lado, cabreado y disimulándolo fatal como cada vez que trataba de disimular algo. Se sacó el jersey también mirando el aspecto de Tassei y preguntándose qué podía hacer.

El chico lo miró, preguntándose si no estaría harto ya de lo mismo siempre. - ¿Estás... enojado?

-Sí… pero no contigo… conmigo, por no arreglar esto de una puta vez…-se frotó la mandíbula para quitarse la sangre seca y se dejó caer acostado sobre las mantas –Deberíamos comprar un edredón si vamos a estar yendo de viaje…

- Deberíamos... – repitió el chico, girándose y colocándose sobre él, sacando un pañuelo para limpiarle mejor el corte. – No es tu culpa tampoco..... yo sé... que lo lograrás, aunque tenga miedo, siempre confío en ti.

Yûdan lo miró a los ojos excitándose un poco al sentirlo sobre él y sintiéndose un tanto depravado y quitándole el pañuelo -¿Por qué no haces eso con la lengua?- giró el rostro dejando el lado de los cortes hacia arriba y mirándolo de soslayo.

Tassei sonrió un poco, a pesar de todo, inclinándose más para lamer sus cortes como si se tratase de un gato, entrecerrando los ojos.

-Así merece la pena haberme cortado…- volvió la cara, entreabriendo los labios para hacerlo entrar en su boca y lo miró a los ojos, con los suyos entreabiertos, apoyándole la mano en la cintura, manteniéndolo pegado a él y succionándole la lengua dentro de su boca. Cerró un ojo al sentir a Jiken lamiéndole la cara y lo chafó con una mano por no romper el beso aún aunque sin poder evitarlo, sonriendo quisiera que no.

Tassei se echó a reír, aunque seguía besándolo, y se dejó caer por completo sobre el moreno, riendo, y acariciándose contra su rostro, mientras Jiken volvía a por el segundo intento.

-No, Jiken… no eres mi tipo…- el moreno volvió la cara hacia el otro lado, sonriendo y sintiendo cómo Tassei se acariciaba contra él, sin poder evitar pensar en él como si también fuera un gato –Venga… a dormir los dos…- le dio una palmada en las nalgas y dejó la mano sobre ellas sintiendo un subidón y sin moverla de allí -¿Te vas a dormir encima?

- ¿Por qué no? ¿Te molestaría? – lo miró sonriendo, allí estaba muy cómodo. – Le agradas mucho a Jiken... – murmuró, como otorgándole un honor. Claro, que eso era muy importante para él.

-No… pero se va a poner un poco incómodo… - aseguró igualmente quitándose la camiseta porque estaba asándose con Tassei encima. Se quedó mirando al techo de la tienda, pensando en lo que podrían hacer mañana y dispuesto a averiguar más acerca de ese tal Aljer. No lo había probado a llamar porque estaba sólo con Tassei.

- ¿Papá? Me siento seguro contigo....Quiero que sepas eso. Siempre es así – le confesó Tassei, enrojeciendo y bajando el rostro contra su pecho, pensando luego en que debía de haberse desvestido, pero ahora no se quería mover, por temor a perder su lugar.

-Lo sé…- le pasó la mano por el pelo mirándolo y desviando la vista del techo como si hubiera vuelto al mundo de los humanos. Le metió la mano por la cintura bajo la camiseta acariciándole la espalda con los dedos -¿No tienes calor?

- Un poco.... ¿está bien si me la quito? – le preguntó, como diciéndole que igual volvía a la misma posición.

-Sí, pero no te desnudes del todo… - lo miró cuestionándose si era eso lo que le preguntaba, porque no había comprendido bien y de todos modos, ya había comprobado que no era tan inocentito como él había pensado, claro que era normal a su edad –Porque nunca se sabe lo que podría pasar- siguió como si hubiera recordado de pronto volver de sus pensamientos.

- Claro... – asintió el chico sin comprender si estaba bromeando o se refería a los sucesos, pero aún así quitándose los pantalones. Nunca dormía bien con pantalones. Y volviendo a abrazarse a su padre, sonriendo un poco al escuchar el latido de su corazón.

El moreno respiró profundamente y le pasó la mano por la espalda de nuevo acariciándolo con los dedos y sujetándole una pierna con la otra bajo la nalga –Ahora ya duérmete… - susurró besándole el cabello y observando a Jiken ir a acostarse al lado de su cara. Puso cara de suplicio y sonrió, apartándola.

 

 
 

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