Capítulo 61- Where There's Smoke, Once There Was Fire
Enki se sentó en la barra, pidiendo una cerveza, ya imaginando
que el estar sentados a una de las mesas, con todos mirándolos
y cuchicheando pero sin acercarse, no les iba a traer muchos resultados.
Aún se sentía un poco incómodo por la conversación
de antes, pero no podía dejar que eso interfiriese, sería
estúpido de su parte. – Y... ¿qué es
lo mejor del menú? – preguntó, tratando de hacer
conversación, aunque ya habían comido algo.
- Nada, si quieren vivir – se rió uno de los ancianos,
haciendo que el tío que atendía le lanzara una mirada
fulminante.
-No puede ser tan malo…- Yûdan sonrió mirando
la pizarra donde estaba escrito lo que servían ese día
–Cualquier cosa que sirvan hoy me irá bien… ¿conoce
a Manabu?-preguntó de paso ya que estaban, y bebiendo de
la cerveza que acababan de servirle también tras indicar
con la mano.
-Claro, todos lo conocemos… todos nos conocemos…- dijo
una señora que había tras la barra. Yûdan la
miró aliviado de ver a una mujer, ellas solían hablar
más fácilmente y ser más abiertas a ese tipo
de cosas.
-Queríamos preguntarle un poco sobre esta zona… por
ejemplo… ese chalet que están poniendo a la venta…
-¿En la urbanización de clase?- se rió la
mujer –Perdona pero no tienes el mismo aspecto que esa gente…
-Bueno… me alegro…-contestó el moreno –La
verdad es que soy escritor y estaba muy interesado en escuchar algunas
historias…
- ¿Acerca de la maldición? Por mí, que deberían
demoler ese lugar y ya.
- ¿Por qué? ¿Por lo de la maldición?
– preguntó Enki entusiasmado por le ambiente casual.
- ¿Bromeas? Claro que sí. A este ritmo, sólo
van a haber más “accidentes” – contestó
la mujer haciendo ademán de no creerse las historias oficiales.
- Eso es una tontería, no te vas a creer eso de veras...
– uno de los hombres protestó, haciendo un gesto con
la cara que a todas luces indicaba su inconformidad con la historia.
- Tontería o no, el hecho es que ha muerto mucha gente...
- ¿Desde cuando lleva ocurriendo esto? Quiero decir, que
debió haber alguna época en la que no hubieran muertes,
¿no? – el pelirrojo intervino, olvidándose de
su cerveza.
Yûdan bajó la cabeza comiendo como si hubiera hecho
suficiente con comenzar la conversación y ahora llegase con
limitarse a escuchar y apuntar en su libreta lo que le parecía
interesante.
-Siempre han ocurrido cosas ahí arriba… y ya se sabe
lo que dicen…
-Bobadas!-repitió su marido cruzándose de brazos
–Sólo dices bobadas
-Bueno… cállate, estoy hablando yo- la mujer frunció
el ceño golpeándole el brazo con la mano -Los rumores
sobre ese hombre que vivía en el pueblo… de pequeño
siempre fue problemático…
-Lo dice como si lo conociera!
-Calla! Me lo dijeron y es suficiente… el caso es que se
fue a estudiar fuera del pueblo… y ya se sabe lo que pasa
con esos chicos cuando se quedan solos…
- ¿Por qué? ¿Qué sucedió? –
sonrió el chico, pensando en que él debía estar
muy mal también entonces.
- Bueno.... cuando regresó, entonces empezaron, poco tiempo
después.... – la mujer se inclinó sobre la barra,
encantada de tener audiencia.
- ¿Qué cosa...? – preguntó el chico,
apoyándose en la misma también, como imitando su gesto,
aunque quisiera aparentar lo que quisiera, su interés era
sincero.
- Las desapariciones. La policía dijo que no tenían
relación entre ellas, pero es muy sospechoso...
Su marido suspiró sonoramente, como diciendo “Ahí
va de nuevo” y la mujer le dedicó una de esas miradas
que sólo las parejas que han vivido mucho tiempo junta son
capaces de intercambiar.
-La niña de nuestros vecinos desapareció a los tres
meses de volver él…
-Oh! No tiene que ver… era un pendejo, se fue con alguno
porque estaba harta de vivir aquí como todos los jóvenes…
-Que no! No le hagáis caso, es un ignorante…- lo apartó
con un brazo de nuevo –Y después hubo otras desapariciones,
de gente de los alrededores… muchas… fue una temporada
terrible…
-Una temporada en que mi mujer achacaba cualquier muerte en kilómetros
a la redonda a una misma persona de la que jamás se probó
una sola de sus supuestas fechorías…
-Y ¿alguna vez lo investigaron? – preguntó
de nuevo el chico, ahora más entusiasmado por la posibilidad
de haber dado con algo.
- No, pero qué casualidad que las desapariciones se detuvieron
cuando murió, ¿no? – la mujer lo miró
de soslayo, volviendo su mirada a Enki luego.
- Y ¿qué... sucedió con él?
- Se suicidó, en esa misma casa. Y recuerdo esa noche porque
todas las luces se fueron en el pueblo.
- Y fue un fallo de la compañía eléctrica.
Llevaba horas muerto, por Dios! – volvió a intervenir
su marido.
Yûdan alzó la cabeza de la comida porque entre otras
ya había acabado y le dio un trago al vaso de cerveza mirándolos
y alegrándose de tener el divorcio sólo con escucharlos
discutir -¿Y cual era su nombre?
-Aljer …no sé qué…- dijo la mujer que
estaba pensando en poner algo de fantasía al relato sólo
para llevarla contraria a su marido.
-¿Y trabajaba el campo también?-preguntó sacando
un cigarro y prendiéndolo.
-No… él tenía un cargo en algo… no sé…
en la ciudad, era alguien importante…- asintió la mujer
como si fuera su propio triunfo y haciendo que Yûdan se preguntase
si sería médico y eso ya les parecería importante.
- Pero nunca dijo nada de las desapariciones, ¿verdad?
- Sólo que eran lamentables y esas cosas. Aparentemente,
eso es lo que decía,- contestó la mujer.
- Rumores, el pobre hombre seguro tenía dolor de cabeza
sólo de pensar en la gente del pueblo.
- Sí, sí y era muy amable y considerado, ¿no?
Siempre dicen eso... – continuó la mujer. – La
cosa es que desde ese entonces, nada bueno pasa en esa casa.
Enki le sonrió a Yûdan, por si tenía algo más
que preguntar porque sinceramente no creía que sacasen nada
más en limpio, excepto una discusión eterna entre
marido y mujer.
-Bueno… muy amables… lamentablemente ya tengo que ir
a buscar a mi hijo al colegio, tenemos que irnos….- sonrió
todo lo encantadoramente que podía conseguir hacer eso de
compromiso, y se levantó dejando el dinero de la cuenta en
la mesa y algo de propina –Vamos…- le susurró
a Enki tocándole un poco la cintura
- Mucho gusto en conocerlos. – sonrió el pelirrojo,
poniéndose de pie, y alejándose un poco.
- ¿Van a volver a visitarnos? Puedo contarles más
cosas..... – sugirió la mujer, un tanto desanimada
de que se fuera su público.
- Muchas gracias por todo, de veras, fueron muy amables –
volvió a sonreír el chico, seguro de que estaba ennervando
a Yûdan, pero no quería ser grosero. Y tampoco quería
prometer cosas al azar. – Bye... – se despidió,
saliendo de allí, tan rápido como le fue posible,
sin correr.
|