| Capítulo 57- Fathomless
- Y ¿está muy lejos el sitio ese? – le preguntó
Tassei a su padre, terminando de preparar su mochila. Claro, la
mochila en la que no llevaría a Jiken, que esa estaba perfectamente
preparada para que el gatito fuese cómodamente. – A
Jiken no le gustará la playa – se rió un poco,
aunque enseriándose luego como si reírse fuera prohibido.
-Bueno… pues… ajo y agua, no recuerdo haber diseñado
una ruta turística para gatos…- el moreno se rió
sentado mientras se abrochaba las correas de las botas luchando
con el gato para que dejase en paz los cordones –Si tuvieras
un portátil ahora no tendrías que aburrirte…
- Pues ya tendré una......... – refunfuñó,
preguntándose cual era el apuro, ni que no le gustase pasar
tiempo con él , y tomó a Jiken en brazos para que
dejase en paz a su padre.
-No hay ningún apuro… eres tú el que quiere
cuidar de mí… ¿no?- lo miró alzando la
vista con el cigarro en los labios –Pues lo mismo hago yo…
y además estoy en mi derecho de padre de hacerlo…-
se levantó y lo sujetó por la cintura levantándolo
del suelo y caminando hacia fuera. Lo dejo acostado en el sofá
mientras se ponía la cazadora –Abrígate…
- ¿Puedo usar tu jersey? El que me prestaste el otro día...
– le pidió, enrojeciendo un poco y poniéndose
a jugar con el gato como quien no ha dicho nada.
-Puedes usar lo que quieras… está en el armario, pero
recuerda que se rompió un poco con los cristales… y
no lo he cosido…- lo miró de soslayo y sonrió
levemente sentándose –Pero te puedo dejar otro…
el que llevo puesto…- susurró desviando la mirada y
sonriendo de forma más abierta haciendo predicciones.
- No, está bien, ese lo necesitas y.... me gusta el otro.
– se puso de pie, corriendo al armario, y poniéndose
el jersey roto. En realidad, pensaba que si lo arreglaba, no sería
lo mismo, ese tenía un significado especial, aunque no lo
iba a admitir ni muerto.
-Te lo puedes quedar…- se rió entre dientes sin poder
evitarlo y se puso la bolsa de cuero gastado al hombro cogiendo
a Jiken en la mano y apoyándoselo a Tassei sobre las piernas.
–Vámonos… que si no cenaremos a las 2000.
- Vale – lo siguió contento de que se lo dejara, igual
tratando de fingir, y metiendo a Jiken en la neko-mochila, como
la había apodado en su mente y muy privadamente, llevándola
en brazos, como si fuera el rey de los gatos.
El moreno suspiró levemente subiéndose a la moto
y mirándolos, mientras se rascaba el cuello. Tiró
el cigarro al suelo y se echó un poco hacia atrás
en el asiento de cuero –Delante… ¿o prefieres
detrás?- bajó la cabeza porque de nuevo le daba la
risa. No podía creerse que era así pero de cualquier
modo… así era ¿no?
- Adelante, porque si no, no puedo agarrar bien a Jiken. –
le explicó innecesariamente, curioso de por qué se
reiría, y subiéndose a la moto. – Tal vez me
compre una moto también.
- No…- frunció el ceño casi sintiendo que era
una conversación que ya había tenido pero al revés
–Cuando seas mas mayor…- sentenció, prendiendo
el contacto y dirigiéndose hacia donde habían acordado.
- Ya soy mayor, es tonto- refunfuñó, maldiciendo
el que eligiera ser un padre tradicional justo en ese momento. -
¿Cuándo tuviste tu primera moto? No me mientas!
-Cuando tuve dieciocho años… cosa que tú no
tienes… y no era mi hijo el que podía partirse la cabeza,
si no yo… y no es tonto porque si te accidentas y te quedas
en una silla de ruedas luego te mataré…
- Bah..... pero si tú me enseñas, no me accidentaría,
lo sé. – murmuró de todos modos, con cara de
fastidio.
-La gente cree que puede pasar a cierta distancia de un coche…
lo hace y ups… falla, la consecuencia es que te abolla la
chapa del coche… pero cuando se trata de una moto, la consecuencia
es que te saca de la carretera, te caes contra otro coche que te
arrolla o cosas similares porque tu cuerpo es la chapa… ¿y
bien? Yo confío en ti… pero no en ellos, pero si quieres
una moto para no usarla en la ciudad… me parece bien…
Tassei suspiró, dándose por vencido, aún así
añadiendo. – Pero ¿me dejarás tener una
cuando sea mayor? No me lo dices ahora, sólo para que no
moleste, ¿o sí?
-No… me da igual si te molestas o no…- se rió,
echándose un poco más adelante chafándolo un
poco –Pero sí te he mentido… además…
- ¿Qué clase de padre eres?! ¿Qué no
sabes nada?! Y yo me puedo comprar una moto cuando sea mayor si
quiero! – protestó, echándose hacia delante
para que no lo chafase tanto. – No me puedes decir eso y luego
llevarme a todos lados en moto! Y menos... si tú tienes una
moto!
-Sí… claro que puedo… lo estoy haciendo…-
se rió por el cabreo que se estaba cogiendo con él.
De hecho, era el primer cabreo lógico que le había
comprendido y le parecía muy gracioso. No comprendía
ni siquiera por qué su padre se habían enfadado con
él por eso –Veamos… yo tuve mi primera moto porque
tu madre me la compró, que yo no tenía dinero…
y tenía dieciocho años… y un hijo…
¿quieres compararte conmigo? Adelante…hazlo…
pero no te voy a dejar tener una moto hasta que no seas mayor de
edad… ¿para qué tienes tanta prisa además?
- Es cosa de principio- sentenció, enrojeciendo y pensando
que su padre se veía cool en su moto y que deseaba seguir
los pasos de su padre, pero..... no tan literalmente. – No
debiste mentirme, y además.... no entiendes nada!
-Vamos… Si te decía que la había tenido a tu
edad te ibas a poner pesado… pero tu juventud y la mía
no se parecen en nada… ¿comprendes? Tú…-se
quedó callado pensando “eres un niño aún”
pero si decía eso… -Tú me tienes a mí
para protegerte… ¿vale? Y quiero hacerlo, no me quites
tiempo…serás mayor, independiente y maduro… pero
no ahora… no es necesario y no es tan divertido como parece…-
tragó saliva sintiéndose terriblemente sincero finalmente.
- No.... quiero ser ninguna de esas cosas aún. Sólo
quería una moto. Y que seas sincero. – le respondió,
enrojeciendo. Lo cierto es que estaba disfrutando mucho de tener
un padre, no recordaba ser tan feliz, a pesar de todo.
-Yo prefiero que no la tengas y llevarte conmigo…- le sujetó
una mano apoyándosela en el manillar y luego la otra bajo
las suyas, mirando que Jiken estuviera sujeto y tranquilo, pero
parecía más interesado en dormirse. Le empujó
un poco las manos bajo las suyas para subir la velocidad –Tú
tampoco eres sincero conmigo siempre…
- Pero no miento, no es lo mismo... – casi susurró,
dejando que su padre guiase sus manos, mucho más clamado
ahora.
-Está bien… no mentiré más, me limitaré
a ocultar la verdad como tú…- levantó los dedos
poco a poco y deslizó las manos por encima de las suyas,
soltándolo y agarrándose a la parte de atrás,
separado de él, aunque pendiente de si tenía que tomar
de nuevo el control. Sabía cual era la sensación de,
de pronto, notar que tienes que valerte por ti mismo cuando aún
no es el momento y no era agradable, pero también sabía
que no era fácil comprenderlo sin haber pasado por ello -¿Cómo
te sientes? ¿Libre? ¿O asustado?
- No sé, pero no me hables! – refunfuñó
el chico, concentrándose en dirigir el mando, y de paso,
demostrarle a su padre que sí podía con eso.
El moreno sonrió aún más al ver que se acercaba
un camión en sentido contrario –Deberías pegarte
mas al arcén o seguro que nos arrolla…- susurró
como si no tuviera ninguna importancia.
- Papá! – le gritó, sin poder creerse que se
lo tomase así, aún tratando de girar el mano con todo
su cuerpo, y de paso, a la vez, nervioso por no soltar a Jiken que
ni parecía enterarse de nada.
-¿Qué?- apoyó las manos sobre las suyas de
nuevo, echándose hacia un lado y acelerando sólo porque
le agradaba hacerlo. Podía verse el mar desde allí
ya, estaban muy cerca, había sentido incluso algo de la fuerza
centrífuga del otro vehículo al pasarlos –Aún
no puedes hacerlo tú solo… aún no eres un hombre…
aún sigues gritando papá… ¿lo ves?- le
susurró al oído –Podrás tener tu moto…
cuando no me necesites detrás de ti cuando tengas miedo…
pero antes de que empieces a gritar y todo eso…- dijo viendo
que ya estaba abriendo la boca –Cuando llegue ese día,
no voy a ser muy feliz… - le besó la mejilla cerrando
un poco los ojos.
Tassei bajó la mirada, suspirando y olvidando todos sus
argumentos anteriores, respondiendo con voz baja. – Yo siempre
voy a necesitarte, papá. Siempre.
El moreno sonrió levemente y le besó la nuca –Hueles
muy bien…- sonrió echándose hacia atrás
y dándole motivos para que le gritase, o más bien,
dejándole desahogarse gritándole lo que fuera, mientras
dejaba la moto aparcada entre las demás y algunos coches
que había por allí. Se bajó, empezando a coger
las bolsas.
- No digas esas cosas! Qué necio eres! De veras! –
protestó el chico, bajándose, rojo y sujetando al
gatito entre sus manos, que apenas miró alrededor somnoliento,
antes de dormirse de nuevo. Tassei suspiró, mirándolo
y bajando la cabeza, apenas mirando a su padre de soslayo, a través
del flequillo.
-Es verdad que hueles bien… - siguió en sus trece,
encendiendo un cigarro mientras caminaban por el campo que había
sido allanado para los campistas y empezó a montar la tienda
acuclillándose en el suelo –Te propongo algo…
montemos esto… cenemos… acuestas a Jiken y vamos a la
playa… ¿has ido a la playa alguna vez que recuerdes?
¿O con la piscina super pija de tu madre era suficiente?
Eso logró que Tassei riera aunque fuese un poco. –
Era suficiente, pero una vez fuimos a una. Hum.... pero era una
especie de club pijo y no me dejaba bajar a bañarme porque
no quería estarme cuidando, y tampoco quería mojarse
el cabello.
-Eso era lo que te decía, en realidad no quería arruinar
el kilo de maquillaje sin el cual mataría de infarto a cualquiera…-
murmuró con el cigarro entre los labios, sacudiendo la ceniza
con una mano, mientras se levantaba para clavar los hierros que
sujetaban la tienda –Bien… nosotros sí que iremos,
a riesgo de arruinar nuestro cabello… ¿de acuerdo?
Creo que podremos vivir con ello…
- Claro, tu cabello ya no tiene remedio igual – bromeó,
riéndose malditamente y colocando su mochila sobre el suelo.
-Mi cabello… no tiene nada extraño…- murmuró
echándose el pelo hacia atrás con una mano, frunciendo
el ceño sin comprender realmente qué pasaba con él
–Oh ya… tal vez debería decirle a Kenji que me
enseñe a peinarme como una maricona… Me pondré
un pantalón tan estrecho que tenga que aceitarme las piernas
para que me entre y luego una camiseta… fashionable…-
se sentó en el suelo alzando una ceja y buscando los bocadillos
que llevaban preparados porque lo cierto es que tenía hambre
–Y podrás llamarme mamá…
Tassei se rió aún más, y pero por la cara
que había puesto, y gateó, para llegar a su lado.
– Estaba bromeando, te ves bien así. Y Kenji no parece
maricona! Deja de decir eso! No es lo mismo....
-Claro que sí… ¿Por qué no? No es mucho
más joven que yo ¿sabías?... se le nota…
yo también podría llevar mi culo apretado si quisiera,
echarme colonia e ir al solarium…- se rió hasta él
solo con pensarlo y bajó la cabeza rascándose la nuca
- No! Porque da igual, son diferentes.... Pero Kenji es Kenji y
se ve bien así. Y tú... tú eres mi papá
y estás bien como estás. – finalizó,
como si fuera un argumento irrebatible.
-… ya veo… ya sé que los padres no son hombres…-
se rió suspirando y mirando a Jiken que salía como
quien no quiere la cosa de la bolsa. Lo cogió con una mano
apoyándoselo en las piernas y volteándolo panza arriba
para molestarlo. Se echó un poco más atrás
para apoyar la espalda contra la corteza de un árbol –Come…
- Tú también, y yo no dije eso – protestó
como si fuese a él al que lo hubieran volteado panza arriba,
y tomó uno de los bocadillos, metiéndoselo a la boca.
-Pero yo también fui hijo… y no quería ni pensar
en eso… Claro, que mi padre estaba calvo y mi madre gorda
además… - se rió sintiendo que olía a
sardinas chamuscadas y puso cara de asco –Debimos poner la
tienda en otro lugar…
- Aquí está bien. No nos la vamos a pasar toda la
noche moviendo la tienda de lugar – lo miró el chico,
examinando su cabello y riéndose con su propia bromita privada.
– Y dime... ¿por qué salías tú
con mi mamá?
-Bueno… no lo sé… ella vino a por mí
y siempre consigue lo que quiere ¿no es así? Vivíamos
cerca… y siempre la veía mientras sacaba al perro…
con sus amigas y eso… eran unas patéticas de estas
que te señalan y se ríen todo el tiempo… ya
sabes… al final se acercó y yo… me sentía
solo, me dijo lo que quería oír y punto… fue
suficiente para mí… además era bonita entonces…-
apagó el cigarro en la hierba dedicándose mejor a
comer y a beber un poco de cerveza.
- ¿Y la amaste alguna vez? O... ¿creíste que
al amabas? ¿Por qué te sentías solo? –
continuó preguntando, aún curioso, observándolo
con atención, tan solo retirando la mirada cuando sintió
la lengua rasposa de Jiken en su mano. Sonrió, sacando un
trocito de carne de su comida, para dejársela en el suelo.
El moreno se quedó observándolo por un tiempo, pensando
en que le había preguntado muchas cosas a la vez, pero suponía
que era lógico –Me sentía solo porque había
perdido a mi madre, mi padre era una mala bestia que creía
que estaba mal de la cabeza… no es que me pegase… es
sólo que era un ignorante… - carraspeó un poco
bebiendo un poco más –La quería… tanto
que no quise ver que me engañaba con cualquiera… aunque
me lo dijeran, pero bueno… del amor al odio sólo hay
un paso…
- Oh, debió doler..... Disculpa – murmuró de
pronto, bajando la cabeza, avergonzado por estar molestando.
-En realidad, no demasiado… porque en el fondo ya lo sabía…
me dolió más que me dijera que estaba loco o que no
eras mi hijo, que el hecho de saber que me era infiel o que quería
el divorcio… De todos modos, no es como que quede algún
sentimiento de aquello como para que esté triste o debas
disculparte…
- No lo sé, a veces cuando te ha pasado algo triste, igual
te sientes mal, aunque ya no estés triste – se explicó,
preguntándose si lo comprendería o le parecería
una idiotez. Alzó la cara, mirándolo a los ojos. –
Y sí soy tu hijo, más de lo que fui su hijo.
-Lo sé… - inclinó un poco la cabeza encogiéndose
de hombros –Porque eres igual que yo… sea como sea…
no estoy triste ahora.
- Hm... – murmuró, masticando y esperando a tragar
para añadir, sonriendo un poco, aun que con la cabeza gacha.
– Yo tampoco.
-¿Ah no?- se movió un poco sentándose a su
lado –Pues no tienes cara de estar muy feliz…
- Sí lo estoy! – recalcó, frunciendo el ceño.
– Pero.... pero.... me da vergüenza! ¿Vale? –
confesó, enrojeciendo y mirando neciamente hacia otro lado.
-¿Y siempre que algo te dé vergüenza vas a gritarme?-
preguntó bebiendo un poco más y estrujando la lata
con la mano que la sujetaba, antes de lanzarla a la ahora vacía
bolsa.
- Claro! ¿Por qué? ¿Te... molesta? –
preguntó, bajando la voz cohibido.
-Como te grite yo a ti te vas a mear encima…- susurró
al mismo volumen que le había hablado él ahora.
- Y eso.... – Tassei suspiró, recogiendo sus piernas
y frunciendo el ceño, pensando que no tenía idea de
qué le había querido decir con eso, pero no deseaba
preguntar.
-Y eso… nada… porque yo nunca grito… sólo
quería que supieras que no es agradable que te griten ¿sabes?
Y no eres el único que pasa vergüenza en este mundo…
aunque yo no la pase muy a menudo… pero ese tipo de comportamientos
podrían hacer que alguien quisiese decirte algo y decida
que es mejor no hacerlo… bueno… ahora ya lo sabes…-
le apoyó la mano en la cabeza levantándose -¿Ya
has acabado con eso?
- Sí... – asintió, aún con la voz baja,
y confundido, alzando un poco la mirada a pesar de seguir intentando
cubrirse con el flequillo. - ¿Quieres decirme algo?
-Que acuestes a Jiken y me acompañes a dar una vuelta por
la playa… ya dormí suficiente por la tarde… ¿o
tienes sueño?-lo miró, alzando una ceja y guardándose
las manos en los bolsillos de los jeans.
- No! – exclamó, negando con la cabeza, y sujetando
al gatito que maulló, balanceando las patas en el aire, como
queriendo escaparse del encierro que sabía que venía.
Aún así, Tassei se puso de pie, adentrándolo
en la tienda y susurrando. – Pórtate bien, y luego
te daré atún – le sonrió, cerrando la
tienda nuevamente.
-¿Vas a pescarlo? ¿O lo has traído?- preguntó
refiriéndose al pescado ya que él sólo había
traído comida para gatos y no se le había ocurrido
llevar algo tan apestoso sin una nevera. Sonrió echando a
caminar hacia la playa descalzo y alzó un poco la vista notando
que allí sí se veían las estrellas aún
más que en su casa. En la ciudad, la contaminación
no dejaba ver apenas nada. Se giró hacia Tassei y lo miró
desde la arena preguntándose a qué esperaba.
- La compraré en el camino a casa, mañana. Eso. –
le aclaró, mirándolo y siguiéndolo luego. Llevaban
una vida bastante extraña, pero en este aspecto no quería
que se terminara. Sujetó la mano del moreno, enrojeciendo
y siguiendo sus propios pasos por la arena.
-Vale… tal vez deberías encargarte tú de comprar
la comida… ya sabes…- le sujetó la mano –Aunque
yo vaya contigo… y si quieres comprarte algo más…
como yo qué sé… ropa o todas esas cosas de las
que yo jamás me percataré de que necesitas…
incluso si sólo son caprichos… recuerda que eres rico
y no dependes de mí para ello…toma…- se sacó
la cartera, soltándole la mano y entregándole una
tarjeta de crédito –Aquí… está
el dinero de tu madre, ahora es tuyo, yo lo he puesto ahí…
estaba esperando a ver si eras responsable antes de dártela…-sonrió
un poco pensando que parecía incluso más responsable
que él mismo.
- Soy responsable.... – murmuró, tomándola
y mirándola como si fuese un objeto extraño. –
Y no suelo comprar muchos caprichos- murmuró de nuevo, recordando
lo que Kenji le había dicho antes de que todo aquello comenzara,
y entregándole la tarjeta de nuevo a su padre. – Me
gusta depender de ti.
-Está bien, pero pídeme lo que quieras entonces…
no esperes que me percate… porque no soy muy… yo qué
sé… eso…- se guardó la tarjeta de nuevo,
aunque sonriendo un poco y pensando que era un desastre. Le sujetó
la mano de nuevo, subiendo por encima de las rocas, aunque lo cierto
era que los corales cortaban un poco y cada vez resbalaban más,
pero estaba acostumbrado –No vayas a caerte…
- No – sentenció el chico, porque además trataba
de concentrarse en no caerse para no tener que avergonzarse frente
a su padre. –Y ya lo sé, de todos modos, si me la das,
terminaré comprándome una moto – anunció,
muy serio, aunque bromeaba.
-Qué manía… te quitaría las llaves…
pero podrías limpiarla cada día, si te hace feliz-
se rió, caminando por las rocas hasta el borde que tocaba
casi al margen del agua, donde rompían las olas con fuerza.
Se quedó de pie aunque se mojaba bastante al salpicar el
agua, pensando que le recordaba un poco a cuando era niño,
y se sentó sobre la roca que había un poco mas atrás
porque estaba seca –Cuando era niño, me daba miedo
mirar al agua por la noche…
- ¿Por qué? Es ¿por qué está
oscura? – le preguntó el chico, sentándose a
su lado, sin soltarse de su mano.
-Sí… porque no se ve lo que hay al fondo… y
porque en los pueblos de pescadores, hay muchos mitos y leyendas
sobre seres del fondo del mar… que matan a la gente…
a los pescadores… Supongo que es un modo de superar la muerte
de sus maridos, de sus padres… los desaparecidos en el mar,
las viudas y los hijos no tienen donde llorarlos… ni siquiera
tienen la certeza de que estén muertos… había
algunas cruces en las rocas… y flores… y las mismas
ancianas que cada día iban allí a esperar a los maridos
que no volverían… ¿comprendes?- lo miró
a los ojos –En un pueblo… no se vive como aquí…
y todo eso… me causaba miedo…
- Pero eso suena muy triste... no saber si volverás a ver
a alguien a quien quieres... – murmuró, de nuevo recogiendo
sus piernas sobre la roca. – Así que supongo que tuviste
suerte, tu madre regresó de todas maneras, ¿no? Debió
quererte mucho.
-Sí, me quería mucho…- sonrió levemente,
dándole una calada profunda al cigarro y dejando salir el
humo lentamente –Seguramente sea peor ver que está
muerto… es mejor esperar, porque siempre tienes la esperanza…
una mujer de más de ochenta años, cada día
volviendo a la playa a esperar a su marido… es esperanza…
aunque ella sabe que está muerto en realidad… ¿comprendes?
Yo lo encontraba hermoso… no triste… pensaba que eso
debía ser el amor…de verdad…- arrancó
un mejillón con los dedos y mordió la cáscara
hasta partirla y se lo comió, poniendo cara de que no estaba
muy maravilloso –Está horrible…
- Ugh... pues no comas cosas que agarras así. – lo
miró, con cara de asco, y más porque lo había
sacado de sus pensamientos. – Yo no creo que yo pudiese esperar.
Antes, me iría mar adentro a buscar....
-¿Te dejarías morir? ¿Y si regresa y ya no
estás ahí? Incluso si ha muerto ¿y si regresa
como mi madre?
- No dije que me dejaría morir. Iría a buscarlo,
sólo eso. Y si ha muerto y regresa... me encontraría
de todos modos ¿no? – preguntó, sin querer pensar
en la única pregunta que no había respondido, porque
ya le dolía sin siquiera pensar en alguien específico.
-Seguro que sí… al menos si está esperando
por ti… no se irá dejándote solo…- lo
miró sonriendo un poco, a pesar de su cara tan seria -¿Sabes?
Hay muchas personas que aseguran haber estado en esa vida después
de la muerte a causa de una muerte clínica… y dicen
que te reúnes con todos los que has amado y han perecido,
que es una sensación maravillosa, han perdido el miedo a
morir… aunque los médicos dicen que es por una liberación
de ciertas sustancias por el cuerpo para hacer más liviana
la muerte, bueno, que cada cual piense lo que quiera… ¿Qué
piensas tú?
- Yo.... yo creo que es estúpido negar que haya vida después
de la muerte. Y pienso que yo sería más estúpido
en negarla ahora.... – le sonrió débilmente.
– Además, no me gustaría pensar que la gente
que quiero puede dejar de existir.
-La gente que niega la vida después de la muerte, es la
misma que niega la existencia de vida en otros planetas, creen que
lo saben todo o que son racionales por negar lo que no ven…
no consideran las pruebas tampoco… porque no quieren hacerlo…
prefieren pensar que son los únicos que existen y que sus
miedos no pueden extenderse de lo terrenal y comprobable…
y bueno… así viven mas tranquilos y felices…
¿no crees? La ignorancia es muy cómoda… para
los idiotas… pero no para quien le gusta pensar…- se
llevó la mano que sujetaba de Tassei a un charquito entre
las rocas hundiéndola con la suya –Está congelada…
- Sí.. – se estremeció, riendo suavemente de
todos modos, sólo porque se sentía feliz. –
Yo me siento más seguro si aprendo más de lo que no
conozco. Y.... tú sabes mucho – susurró, confesando
en cierta manera que lo hacía sentir seguro.
-De algunas cosas sí… de otras no, porque no me interesan…-
sonrió mirando al mar y pensando que eso había sido
un poco orgulloso por su parte, pero sincero al fin y al cabo –Pero
hay algo que se me da fatal… y es entender a la gente…
ya lo sabes… a ti se te da muy bien…
- ¿Por qué dices eso? Yo no entiendo nada... –
protestó, enrojeciendo y lo cierto es que no pensaba que
se le diera bien.
-Sí... claro que sí… te vi con Kenji en el
salón…
- Eso... – se sonrojó aún más porque
lo hubiera visto. – Eso es sólo porque Kenji es mi
amigo y siempre... me lo dice todo, no hay mucho que comprender
allí, si jamás se calla. – se rió, bajando
el rostro de nuevo. – Además, yo estaba muy solo antes
de que él viniera y le debo mucho.
-Lo sé… - lo miró pensando que él no
le decía nada y seguramente sólo causase que Tassei
no le dijera nada a él –Pero igual… Dios…-
se rió apagando el cigarro entre las rocas –Me pone
celoso… y no me grites… haz el favor…
El chico cerró la boca, con el grito muriendo en su garganta
cohibido, y murmurando. – Pues no te pongas celoso, es distinto
contigo. Y tras que siempre quise conocerte....
-Y no soy fácil de conocer, supongo…- susurró,
cogiendo una concha y jugando con ella entre los dedos, sintiendo
que estaba bastante mojada y se la apoyó contra la mejilla
hundiéndola un poco con un dedo –Deberíamos
volver… o seguir andando.
- No quiero volver aún.... – tomó la concha,
sonriendo, un poco rojo, y quedándosela.
-¿No?- se puso de pie en la roca, sonriendo levemente y
guardándose las manos en los bolsillos, mirando la luz de
un faro lejano girando. Sacó otro cigarro, girando el dedo
en el zippo varias veces sin encenderlo, en realidad con la mano
colgando junto a su pierna -¿Quieres seguir aquí?
¿O pasear un poco más?
- Sigamos paseando – decidió el chico, poniéndose
de pie, y por el momento, sin pensar en ninguna otra cosa.
-Vale…- le sujetó la mano, prendiendo el cigarro con
la otra y caminando de nuevo por las piedras hacia fuera. Sonrió
levemente de medio lado en cuanto apoyó los pies en la arena
húmeda y lo llevó con él hacia el agua –No
puede estar muy fría…- susurró observando el
oleaje y aún sonriendo como indicando sus intenciones.
- ¿Qué...qué estás pensando? Seguro
está helada, nos vamos a resfriar – se puso nervioso,
echándose un poco hacia atrás.
-No… seguro que no…- se rió tirando el cigarro,
aunque acababa de prenderlo y se quitó la camiseta y los
jeans, dejándolos en la zona donde la arena estaba seca –Ven…-
lo llamó aún sonriendo y caminando hacia el agua de
espaldas.
- Yo creo que estás loco... – lo miró, desconfiado,
aún así, quitándose los jeans porque recordaba
la sensación de la tela pegada a sus piernas y no era agradable.
Pero no se movió de donde estaba, tan sólo mirando
a su padre.
-Bueno… yo también lo creo… pero es igual…
De todos modos voy a meterme ahí… y tú también…-se
acercó, ya que no iba con él y le sacó el jersey
y la camiseta de una, sonriendo al ver su aspecto con el pelo revuelto.
Se quedó observándolo, notando que se estaba poniendo
serio y giró en torno a él, sujetándole los
hombros y llevándolo ahora a él de espaldas hacia
el agua, extrañamente observando sólo la pulsera metálica
que colgaba de su propia muñeca.
- De veras estás loco! – le gritó, olvidándose
de lo que habían hablado antes, enrojeciendo y poniéndose
nervioso porque estuviera tan serio. Pero igual, dejándose
llevar, estremeciéndose un poco al sentir el contacto del
agua contra sus tobillos.
Yûdan sonrió al ver que tenía el vello erizado
-¿Tienes frío?-preguntó, aunque imaginaba que
sí e igualmente sin dejar de llevarlo hacia el interior del
agua, sintiendo también sus piernas mojarse sin poder evitar
pensar que podría haber estado más caliente. Bajó
las manos por sus brazos, y le rodeó la cintura hasta abrazarlo
contra él, notando ya el agua en el abdomen y deteniéndose,
porque a Tassei le llegaba más arriba. De todos modos, no
tenía frío ya. Estaba nervioso, fuese lo depravado
que fuese aquel sentimiento.
Tassei permaneció allí abrazado, más nervioso,
sin saber por qué, y sin cerrar los ojos como lo hubiese
hecho en otro momento, sintiendo el agua a su alrededor. –
No, no tengo frío – susurró, por romper el silencio,
aunque respondía como mil siglos después y estaba
consciente de ese hecho.
-Yo tampoco…- le pasó la mano por el pelo, bajando
un poco la cara para observarlo y apretó las mandíbulas
rodeándole los hombros con un brazo. Quería besarlo,
de nuevo, quería besarlo y no podía pensar en otra
cosa salvo en esa, los latidos de su corazón y… que
estaba abusando de él y de que era su padre, para tocarlo.
Lo soltó, apoyando los labios en su cabello y cerrando los
ojos -¿Sabes nadar?
- No... - susurró, aún en un tono de voz bajita.
– Mi madre me pagó un profesor, pero no aprendí
porque quería llevarle la contraria. Pero puedo mantenerme
a flote. – explicó de más, para ocultar que
seguía nervioso.
-Bueno… yo tampoco sé… me da miedo el mar -
se rió, un poco nervioso aún, mirando hacia dentro
del mar. Se veía todo negro y seguía dándole
un poco de miedo como cuando era un niño - Así que
no vayas a meterte donde no haces pie…- se quedó mirando
el agua pensando que no era capaz de hundir la cabeza por nada del
mundo.
- No pensaba separarme de ti... – le aseguró, aún
así, alzando un poco el rostro para mirarlo. – Debí
haber aprendido, ¿no? – sonrió.
-No lo sé… eres un cabezón…- lo miró
sonriendo –Yo habría hecho lo mismo… y de todos
modos, no podrías conmigo y me ahogaría igual…-
se rió caminando un poco más hacia el agua mirando
para él y haciéndole una seña con el dedo para
que no lo siguiese. Se metió hasta el cuello y se hundió
por completo por culpa de una onda, aunque en realidad, era su intención.
Se apartó, respirando agobiado y se echó el pelo hacia
atrás con las dos manos –Está bien… sigo
sin soportarlo…- salió de nuevo hasta que le cubrió
solo por debajo del pecho –No lo soporto… me parece
que me voy a ahogar…- se paró delante de él
de nuevo sólo mirándolo.
- Pues no lo hagas!- lo riñó, quisiera que no, frunciendo
el ceño. – Y deja de asustarme! A ver si te parece
gracioso! – protestó, sentándose y hundiéndose
bajo el agua, aguantando la respiración.
Yûdan bajó la vista, aunque no lo veía, agobiándose
y se hundió para sacarlo del agua tirándole de los
brazos para emergerlo -¿Qué haces?! Te acabo de decir
que no lo soporto…- le sujetó los brazos con fuerza,
apretando las mandíbulas aún y bajando la cabeza.
Lo miró a los ojos, apoyando la frente contra la suya y apoyó
los labios contra los suyos, seguramente porque no estaba pensando
y lo soltó, apartándose un poco y pasándose
el brazo por los labios –Volvamos…
- Sólo estaba.... – el chico murmuró, agitado
y observando cómo se limpiaba los labios, bajando el rostro
y pasándole de largo hacia la orilla. – Sólo
te demostraba cómo se siente.
El moreno lo miró pasar por su lado casi como si no existiese,
y entreabrió los labios dolido, tratando de decir algo útil,
pero no era precisamente bueno en eso. Se puso los jeans por encima
de la ropa interior empapada y lo esperó para volver a la
tienda.
Sin embargo, el chico sólo se sentó en la arena,
al lado de sus propios jeans mojados, recogiendo las piernas y cruzando
sus brazos sobre ellas, mirando al mar, como si le fuera a decir
algo.
-Lo siento… ¿vale? … no quería hacer
eso, me puse nervioso…- carraspeó acuclillándose
detrás de él.
- Pero siempre estás haciendo cosas así, ya sea por
protegerme o lo que sea.... Y me asusta, no quiero perderte. Además...
– suspiró, nervioso, cerrando los ojos ahora. Se sentía
demasiado vulnerable.
-Esto no tenía nada que ver contigo…sólo lo
hice para saber si realmente aún tenía miedo, quería
enfrentarme a ello y no tenías que asustarte porque una ola
me cubra… Hacia pie y el agua no va a arrastrarme, no hay
un oleaje como para que eso suceda y tampoco me hubiera arriesgado,
pero no quiero ver a mi hijo hundido bajo el agua…- se pasó
una mano por la nariz sin saber qué hacer o decir. Le apoyó
las manos en los hombros sentándose tras él, dejándolo
entre sus piernas y rodeándolo con los brazos pegándole
su espalda al pecho –No vas a perderme… vivo para ti…-
le susurró bajando los labios contra su mejilla –…
el además… no ha sucedido….
- Sí ha sucedido- protestó, serio, aunque sin apartarse.
– Y no puedes decirme que no me asuste por algo y luego molestarte
tú. Y está oscuro...
-¿Y qué si está oscuro? Estoy en tu espalda…
y no creo que salga un tiburón del agua o algo así…-
suspiró, sujetándole un poco el pelo y soltándoselo
tratando de seguir negando lo ocurrido.
- Sabes de qué estoy hablando. No soy.... normal en estos
momentos. Y no quiero que andes haciendo esas cosas y luego te pase
algo.... – bajó el rostro, temblando de sólo
pensarlo, y murmurando. – No vale fingir, no estamos aquí
porque quieras pasear conmigo.
-No estamos cerca de ningún lugar… sólo estamos
en mitad de la arena de la playa… nada va a ocurrir…
aunque haga su aparición… incluso aunque utilice sus
mejores efectos especiales… no puede hacer nada aquí…
Necesita tener la energía concentrada en un lugar cerrado…-
suspiró apoyándole la mano en la frente y echándole
la cabeza hacia atrás para verle la cara –Estaríamos
aquí… de cualquier modo…
- Eres la persona más importante en mi vida. – le
confesó, mirándolo, aunque rojo, haciendo el esfuerzo
por no apartar la mirada. – No te apartes.
Yûdan lo miró a los ojos y le dio una calada al cigarro,
echando el humo a un lado de nuevo nervioso, manteniéndole
la mirada, aunque le estaba costando un mundo no besarlo de nuevo
-Sabes que no me apartaré…- susurró, desviando
un poco la mirada mientras le daba otra calada al cigarro.
- Sí, lo sé... – murmuró, aunque su
voz no sonaba tan segura. Había algo separándolos,
y ese gesto que había tenido antes....
El moreno lo miró de nuevo y luego la ropa que seguía
tendida en la arena. Sujetó el jersey y la camiseta con una
mano ayudándole a ponérselo –Vístete…
vas a coger frío…
- Sí – asintió el chico vistiéndose
de manera desganada y luego simplemente quedándose allí,
como esperando que le dijera qué sucedía a continuación.
-Vamos…- se levantó suspirando con fuerza y pegándole
otra calada profunda al cigarro, antes de tirarlo sobre la arena.
Lo cogió por los hombros, mirándolo de soslayo y dejando
escapar el humo -¿Aún estás enfadado?
Tassei negó con la cabeza, apoyándose contra el moreno.
– Sólo siento algo de frío... – murmuró,
sin mirarlo, pegándose más a él.
-Natural… estás mojado…- lo miró aún
aproximándolo más a él mientras caminaban ya
por la hierba hacia la tienda –Pasa… y cámbiate…
esperaré aquí fumándome un cigarro…
- No! ¿Qué pasa contigo?! – lo riñó
de pronto, bajando el rostro, con el ceño fruncido, y temblando
un poco de nuevo. – Te estoy pidiendo que me abraces! ¿Por
qué siempre tengo que explicarlo todo? – preguntó,
ahora bajando la voz, como si su petición hubiese sido de
lo más clara.
-Porque no leo mentes… ¿vale?... Te lo he dicho, si
quieres algo, más te vale pedirlo porque si estás
esperando a que yo lo note… pues esperar toda la vida, lo
siento pero no soy así…- frunció el ceño
agobiado y moviendo un poco la cabeza mientras lo abrazaba contra
él, a pesar de que le había gritado de nuevo y le
molestaba.
- No tienes que hacerlo si no quieres – murmuró, encogiéndose
bajo su brazo y deseando ponerse de pie y meterse en la tienda,
pero a la vez, no quería que lo dejara de abrazar.
Yûdan lo abrazó con más fuerza, negando un
poco con la cabeza y bajó el rostro observando cómo
parecía querer enterrarse en su pecho. Se separó un
poco, observando su rostro, alzándole la cara, apoyando los
labios contra los suyos de nuevo y sujetándole la nuca mientras
lo besaba, sujetando sus labios con los suyos y apretándoselos
contra ellos, respirando con fuerza aunque sin entrar en su boca
para nada. Debía haberse vuelto loco finalmente, al menos,
así se sentía.
Tassei no se movió, dejándose besar y cerrando los
ojos, con el corazón como loco en el pecho. La verdad no
estaba pensando en mucho, sólo sabía que se sentía
bien y que no deseaba que lo soltara. El moreno le sujetó
un poco el pelo en la nuca, despeinándolo y revolviéndole
el cabello hacia arriba, pegando las caderas a las suyas y lamiéndole
los labios, antes de entrar en su boca empujando la lengua contra
sus labios. Realmente no sabía muy bien qué demonios
hacía, si tratar de acabar de asustarlo de él o simplemente
dejarse llevar, pero de nuevo dejó escapar su respiración,
pesada contra sus labios, mirándolo fijamente. Lo apartó
de él mirándolo a los ojos –Cámbiate…
mientras me fumo un cigarro…- le pidió serio aunque
realmente estaba asustado, además de disgustado. A pesar
de estar realmente excitado además.
- Ya... voy... apenas susurró el chico, poniéndose
de pie, rojo, y claramente agitado, agachándose para entrar
en la tienda.
Yûdan apoyó la mano en la tienda prendiendo un cigarro
y mirando al suelo, siguiendo a Tassei mientras entraba en la tienda.
Se pasó la mano por la cara, cerrando los ojos como si no
pudiera creerse lo que había hecho –Avísame
cuando estés…- murmuró sentándose en
el suelo frente a la tienda.
Tassei no dijo nada, sólo se arrodilló, buscando
en su mochila, y cerrando la tienda tras de sí, cuando vio
que Jiken iba muy tranquilo para afuera. El gato se regresó,
sobándose contra su pierna como pidiéndole permiso
y el chico le susurró. – “Ahora no, Jiken, duerme...”-
Minutos más tarde, volvía a salir, con una camiseta
y unos pantalones secos, y se sentó al lado de su padre mirándolo.
–Ya estoy.
-No hacía falta que salieras de nuevo… ya voy yo…-
se acuclilló, tirando el cigarro al suelo y apagándolo
con un dedo –Venga, pasa…- lo miró de soslayo
haciendo un gesto con la cabeza para que entrase y pasó al
interior, desnudándose y poniéndose ropa interior
seca para dormir.
Tassei entró de nuevo, aún rojo y sin decir nada,
tomando a Jiken entre sus brazos, y acostándose de lado,
aún más rojo. – Papá..... no estás
molesto conmigo ¿verdad?
-No…-lo miró de soslayo sin saber qué decir
y permaneció sentado sobre la sábana -¿Y tu?
¿No estás molesto?- lo sujetó del hombro girándolo
de frente.
Tassei negó con la cabeza, observándolo a través
del flequillo, más rojo que nunca. - ¿Por qué
iba a estar molesto? Yo... a mí... me hizo sentir bien. –
sonrió tan sólo un poco, abrazando al confundido felino,
que se aferraba a su camiseta.
Yûdan lo miró, observando su sonrisa sin ser capaz
de devolvérsela, demasiado agobiado –Soy tu padre…
y tengo unos cuantos años más que tú…
Esto, no debería haber pasado, sé que estás
confundido y que es mi culpa…-bajó la vista tomando
aire con fuerza –Pero… es sólo eso… estás
confundido… - se quedó sentado apoyando las manos en
las rodillas.
- Y tú... ¿estás confundido entonces? ¿Por
qué lo hiciste? – el chico se sentó, cruzando
las piernas, observándolo, algo dolido. - ¿Qué
pasa si me despierto mañana y aún me siento así?
-No, yo no estoy confundido… sé perfectamente por
qué lo hice… pero no está bien y mañana
no seguirás sintiéndote así… Tú,
deberías conocer a chicos de tu edad… yo soy un hombre…
y definitivamente no es lo que tú buscas… ¿entiendes?...
No, claro que no…-lo miró a los ojos tragando saliva.
- Claro que no, porque tú sabes mejor que yo lo que yo siento.
– sentenció el chico, serio, girándose de espaldas
a él y suspirando. – Está bien.... buenas noches.
Yûdan se quedó sentado tal y como estaba, y abrió
una lata de cerveza bebiendo bastante de golpe y aún observándolo
-¿Qué es lo que tú sientes?- preguntó,
haciendo casi omiso a su aparente enfado.
- Te quiero, como no he querido a nadie antes. No lo sé,
eres... especial y desearía que dejases de empujarme y de
tratarme como si sólo por ser joven, no pudiese pensar. –
refunfuñó, dejando escapar al gato de entre sus brazos
por fin, pero sin girarse.
El moreno sonrió un poco, rascándose la nuca pensando
que no tenía idea de lo que estaba hablando. Claro, que nadie
la tenía al principio ¿no? –Vale… sé
que puedes pensar muy bien… ¿y por qué crees
que te empujo?
- Porque siempre estás huyendo, no creas que no lo noto-
refunfuñó, como si él no hiciera lo mismo.
– Y porque.... por ejemplo, en la playa, te limpiaste los
labios, ¿cómo crees que me hacen sentir esas cosas?
-Es verdad que huyo… ¿Qué quieres que haga?
También es difícil para mí… Estaría
en la cárcel si alguien supiera lo que he hecho… y
tampoco es fácil de asimilar… que me gusta mi hijo…
- bajó la mirada serio y lo miró a los ojos de nuevo
–Sólo te empujo por excitación… no tiene
nada que ver… con no sé… cualquier cosa que estés
pensando…
- Sólo me besaste. – murmuró, pensativo. –
Y no creo que sea justo... yo sé lo que hago, no es como
que.... abuses o algo.
-Sólo te besé… porque como tú dices…
huyo… pero soy un hombre, no creas que no he pensado en mucho
más que eso, que no he deseado mucho más… -
susurró observándolo y siguiendo aquella conversación
porque ambos necesitaban hablar de aquello –Tal vez la sociedad
juzgaría que estás solo… soy tu único
apoyo, te encuentras en un momento difícil para ti y yo te
he llevado a esto, si no, tú jamás habrías
hecho nada… o deseado que te besase… como lo deseabas
ahí fuera… y no sé si estarían equivocados…
- Pues no importa ¿no?! – le gritó, girándose
de pronto y sentándose. – Porque sea como sea, esto
es lo que pasa. Y porque no soy estúpido! Ya sé...
– enrojeció de nuevo, dándole la espalda una
vez más y acostándose como si lo anterior no hubiera
sucedido.
Yûdan alzó una ceja mirándolo un tanto shockeado
por lo rápido que se había colocado de nuevo en la
misma postura exacta como si hubiera imaginado lo anterior. Se acostó
en la tienda y levantó las mantas acercándose a él
–Mírame….- le pidió apoyándole
una mano en el hombro.
Tassei se giró, poco a poco, enrojecido, mirándolo
con ojos temerosos. - ¿Qué?
-No lo sé… siempre duermes abrazado a mí ¿verdad?-
preguntó mirándolo a los ojos y notando que tenía
miedo, dijera lo que dijera -¿Estás enamorado de mí?
¿Es eso?
- No lo sé.... pero me pongo celoso. Y no quiero que estés
con nadie más. – murmuró con la voz temblorosa.
– Y no quiero que dejes de estar conmigo y de abrazarme, y
a veces,.... también me pasan cosas. – confesó,
enrojeciendo aún más y bajando el rostro, neciamente.
-Bueno… pero eso no quiere decir que estés enamorado
de mí, sólo que eres posesivo… celoso, dependiente
y… adolescente, además de tener demasiados mimos…-
lo rodeó por la cintura con un brazo sonriendo de medio lado
–Si algún día estás enamorado de mí…
entonces, hablaremos de ello, por ahora… duérmete,
como un buen chico.
- Bien, como quieras – refunfuñó, claramente
molesto por su manera de tratarlo y cerrando los ojos como si se
fuese a dormir instantáneamente.
-Buenas noches…- lo miró, porque sabía que
lo había molestado. Parecía tenerlo todo muy claro,
pero él seguía preguntándose si no era un adolescente
asustado y confundido. Le besó los labios apoyándolos
en los suyos y rodeándole la cintura acercándolo más
hacia él, y bajando la mano a su cadera, cerrando los ojos
al fin, tratando de dormirse y deseando tener el cerebro organizado
a la mañana siguiente.
Tassei entreabrió los ojos, cauteloso, mirándolo,
y pegándose aún más a él, volviendo
a cerrarlos y susurrando de manera casi inaudible. – Te quiero.
-Yo a ti…- susurró de vuelta besándole la frente
y dejando los labios rozando su piel, mientras se dormía,
deslizando los dedos por el borde de la goma del pantalón
hasta rodearlo por completo, cobijándolo más contra
él, no muy seguro de que ninguno de ambos fueran a dormir
bien aquella noche.
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