.Novela homoerótica para mayores de edad.
 
Capítulo 49- Everyone's Got A Cross to Bear

- La pasé muy bien con Kenji hoy... – le comentó Tassei a su padre, a pesar de estar hablando en contra del viento, aferrándose a la motocicleta. – Y me compró helado y.... eso es todo. La pasé bien – finalizó de pronto, sintiéndose como un chiquillo y enrojeciendo al recordar el abrazo que le había dado.

-Qué bien…- el moreno que estaba mirando la carretera, lo miró un momento suspirando con algo de pesadez. Se dirigían a la iglesia esta vez con el gato incluido dentro de la mochila, “ojos que no ven, corazón que no siente” o al menos eso había pensado Yûdan sin pensar en consultarle para nada al cura su opinión acerca de añadir al animal como otro de sus invitados -¿Estuviste en su casa no?

- Sí, y era un desastre, menos su cuarto. Kenji es muy ordenado. – “demasiado” pensó, riendo un poco, aunque lo cierto es que lo había impresionado. No se esperaba eso.

-Y muy pijo… - puntualizó el moreno que estaba empezando a molestarse de nuevo al hacer comparativas, recordando de pronto que además sabía cocinar. Dejó la moto aparcada cerca de un cortijo, decidiendo acabar el camino a pie para poder fumarse un cigarro entre que llegaban a la iglesia y se sacó un cigarro prendiéndolo en sus labios casi con un gesto aliviado en los labios.

- No es pijo! Lo parece, pero no lo es.... – protestó Tassei preguntándose si estaría molesto de que pasara tiempo con Kenji. Se bajó de la moto, sujetando la mochila frente a él asegurándose de que Jiken estuviese bien y luchando con él para que no saltara al suelo.

-¿Cómo es eso? ¿Superman? Que parece pardillo pero es un dandi… - el moreno sonrió de medio lado, apartando el cigarro de sus labios un momento y expulsando el humo lentamente.

- No, le gusta verse bien, pero no es pijo de personalidad. – aclaró el chico mirándolo y siguiendo la trayectoria del humo con la mirada. – Le dije que soy gay.

-¿Qué?...- Yûdan tuvo que controlarse para que no se le alterase la voz y lo miró de soslayo, pensando en lo de que habían estado abrazados durante tanto rato -¿Y por qué sabes que eres gay? ¿Por qué se lo dices a el así?

- Porque me estaba preguntando que si me gustaba alguien. Y yo ya lo sabía pero no lo había dicho antes, porque a mi madre seguro le daba un ataque, aunque sí había pensado decírselo pero no aún – explicó, sin poder evitar sonreír malditamente y luego poniéndose serio de nuevo.

-Ya veo…- carraspeó un poco en parte tranquilizándose porque no podía dejar de hacerse historias mentales entre Kenji y su hijo, sentía que se le hinchaba la vena del cuello sólo con pensar en ello –E igual tu madre no tiene que decir sobre moral… ella era… bueno, es igual ahora…

- Es igual ahora.... y a ti no te importa ¿verdad? Porque dijiste que no te importaba – le recordó, esperando que no fuera a tener ninguna idea de esas de “haz lo que digo y no lo que hago”.

-¿Qué seas gay o que tu madre fuera una… infiel?- suavizó porque iba a decir puta directamente.

- Que sea gay... – lo miró de soslayo bajando la voz un poco, porque no sabía que su madre había sido infiel, aunque claro, qué iba a saber él, si ni se acordaba de su padre.

-No… no me importa, me parece bien, si es lo que tú sientes, nadie puede decir nada al respecto, no tiene que parecerme de ningún modo…- sacudió un poco la ceniza y le pasó la mano por el pelo porque sabía que no se expresaba de la forma más encantadora del mundo ni intentándolo.

- Vale. – sonrió el chico, escondido bajo su flequillo y sin hacer ningún otro movimiento porque ya llevaba bastante con el gatito, que seguía queriendo bajarse de la mochila. – Entramos ¿entonces?

-Espera que me acabe el cigarro…- le dio otra calada, apurándolo un poco por si estaba cansado o algo así, y mirándolo mientras luchaba con el gato para mantenerlo dentro y escondido allí –Ya…- tiró la colilla al suelo y la pisó, dirigiéndose hacia la puerta de la iglesia preguntándose si el padre estaría por allí.

- Ojalá no le molesté que traigamos a Jiken. – comentó el chico, frunciendo el ceño y más bien pensando “ojalá ni se dé cuenta”, mientras seguía a su padre hacia dentro de la iglesia, notando que estaba desierta. Escuchó un sonido en el pasillo y dirigió sus ojos hacia allí, apenas viendo la punta de la sotana alejarse. – Padre! – lo llamó, seguro de que ni los escuchaba.

-Tú simplemente no le digas nada…- el moreno miró a la mochila con el gatito, observando su cabello algo erizado y poniéndose un tanto en vilo, aunque sin darle mucha importancia. Seguramente le molestaba estar en ese lugar extraño y que encima no lo soltasen de una vez –Padre!- repitió al ver que seguía caminando como si nada –Está sordísimo… joder… - lo siguió hasta la puerta de la sacristía y llamó varias veces –Padre ¿está ocupado?

- Quédate quieto, Jiken! Te van a descubrir... – lo riñó el chico, volviéndolo a meter contra la mochila, aunque el felino ahora estaba gruñendo a bajo volumen. – Papá.... algo le pasa a Jiken – le avisó, poniéndose nervioso también.

-Ya lo he notado…- suspiró con fuerza escuchando unos pasos. Mró hacia el pasillo de la iglesia entre los bancos,pero allí no veía a nadie –Tranquilo… Tassei, tú tienes que estar tranquilo… por mí, por Jiken… - le pidió sujetándolo por los hombros y alzando la mano para abrir la puerta del cuarto, no quería esperarse más. Se escuchó el ruido de madera crujiendo y echó la mano hacia atrás mirando a un lado, hacia el altar, la mano del cristo cerrándose con fuerza y tirando hacia fuera como si quisiese salir de la cruz. Tragó saliva apartando la mirada y tratando de convencerse de que se estaba sugestionando. Sujetó la manija de la puerta y la viró hasta abrirla de golpe –Padre!

Tassei contuvo la respiración, tratando de permanecer tranquilo, aún sujetando al gatito. – Por ti... – susurró la voz del sacerdote, aunque sus pies guindaban inertes bajo el resto de su cuerpo, que se balanceaba. Los ojos blancos mirándolos desde su rostro sin vida, la lengua colgando de entre sus labios, tremendamente amoratada e hinchada, al igual que las venas que se marcaban rojas en sus ojos, la espuma goteando de sus labios.

-Vámonos!- sujetó a Tassei, levantándolo en brazos y corriendo con él hacia la salida, los bancos se movieron todos casi a un tiempo como si se tratase de un dominó, cerrándoles el paso y golpeándose unos con otros. El moreno miró atrás al altar, a ese Cristo al cual ahora le colgaba una mano pero que aparecía allí igual de inerte… de madera, igual que siempre. La figura alzó su mirada observándolos, haciendo que se le helase la sangre, sintiendo que jugaba con aquello que le hacía sentir miedo, que había jugado con ellos haciéndolos creer que en la iglesia estaban protegidos. Los cristales de las vidrieras comenzaron a temblar rajándose incluso.

- No más... – murmuró Tassei aferrándose a su padre, las lágrimas resbalando por sus mejillas quisiera o no. Las luces empezaron a parpadear como en las demás ocasiones, una de las ventanas explotando por fin, hacia dentro, haciendo caer una lluvia de cristales, mientras la puerta de la sacristía se abría del todo, como si el sacerdote fuese a salir por allí en cualquier momento, siguiéndolos. Tassei cerró los ojos, ocultando su rostro contra el pecho de su padre, recordando lo que había sucedido cuando acamparon, intentando ser fuerte.

El hombre empezó a hablar en latín, en lo que a Yûdan le pareció reconocer el rituale romanun de exorcismo. ¿Qué pretendía? ¿Se estaba burlando? Una risa macabra salió del interior del cuarto de la sacristía y el ruido de la cuerda le hacía pensar que o bien ese cuerpo se estaba balanceando o se estaba soltando.

-Tenemos que salir como sea…- apretó más a su hijo contra él y lo dejó en el suelo, sujetándole la mano y saltando por encima de los bancos como podía, porque de nuevo empezaron a moverse, las figuras y las paredes temblaron, cayendo al suelo de piedra y creando el estruendo propio de la porcelana al partirse.

Tassei lo siguió, saltando también. Tropezó y cayó al suelo, el gatito escapándose de sus brazos, y el moreno, contra su mejor juicio, se soltó de su padre, corriendo tras él, consiguiendo atraparlo de nuevo. – Tranquilo... no huyas... – susurró, concentrándose en protegerlo, como si eso eliminase el peligro para sí mismo. Se giró, corriendo a toda velocidad hacia su padre de nuevo, los cristales de las ventanas que aún quedaban intactas, haciéndose añicos, algunos trozos rozándolo sin lograr que se detuviese.

-Tassei! ¿Quieres no hacer eso?!- le gritó más bien asustado al ver los cristales romperse sobre él, e incluso el color de su sangre a través de alguna cortadura. Lo sujetó del brazo corriendo hacia fuera de la iglesia y parándose de golpe frente a la puerta al observar aquella sombra negra de nuevo en el marco, observándolos, como prohibiéndoles la salida. Le sujetó la mano con fuerza y lo cogió en brazos contra él – No, a él no lo tendrás…- intentó atravesar, pero las puertas se cerraron contra ellos golpeándole el brazo. El moreno miró a su alrededor buscando otra salida, a través del púlpito… donde estaba el órgano… no veía otra salida.

-¿Quién está ahí?!- preguntó una voz mayor desde afuera.

-Padre! Ábranos! Estamos encerrados!

- Ábranos!!!!!!!! – gritó el chico también, desesperado y olvidándose de permanecer tranquilo al escuchar la voz al otro lado. Alzó la mirada observando como una gran cantidad de trozos de estatuas, vitrales, ventanas y algunas cosas que no lograba identificar, se cernían sobre ellos, flotando en el aire. – Abran!

La puerta se abrió de golpe, los objetos flotantes cayendo como si la fuerza que los retenía allí hubiese desaparecido. La sombra tampoco estaba ya.

El cura se quedó observando a aquellos dos que acababan de salir de la iglesia corriendo a toda prisa, observando después el desastre completo que era el interior de aquel lugar-El padre…se ha colgado… en la sacristía…- le dijo Yûdan al hombre que los observó como si no comprendiese nada.

-¿Qué ha sucedido?...

-No lo sabemos… sólo veníamos a hablar con el padre y nos lo hemos encontrado en la sacristía…

-Pero es imposible… el cuerpo del padre fue encontrado hoy por la mañana… - explicó el hombre –Decidió abandonarnos ayer noche… pero… ¿Qué ha pasado aquí?- volvió a preguntar el hombre que no daba crédito a aquello.

Yûdan lo miró a los ojos teniéndolo todo muy claro –Debería realizarse un exorcismo en esta iglesia… el hombre asintió pensando que aquello debía ser causa del horrible pecado que el otro cura había cometido al suicidarse en aquel lugar santo. Como perdido en los destrozos de las figuras y vidrieras.
Tassei permaneció mirando hacia abajo, con el flequillo cubriendo su rostro, y acariciando al gatito que ya estaba mucho más calmado. Apenas sentía las cortadas en su cuerpo, tan sólo podía pensar en la imagen del sacerdote allí colgado. No era posible, no estaban seguros en ningún lado.

El moreno apenas miró al cura una vez más, sujetando a Tassei entre sus brazos y caminando con él de ese modo, a lo largo del pueblo, tratando de mantenerse alejado de cualquier edificio, incapaz de decir nada, consciente de lo terrible que debía sentirse, sin que ninguna palabra de consuelo pudiera llegar a sus labios -¿Alguna vez has visto una catarata? El agua está congelada allí…

- No, nunca... – apenas susurró el chico, sin levantar la mirada. No se atrevía a mirar a su padre a los ojos, porque ya sabía lo que le diría, pero seguro que ni él lo podía negar ahora.

-Bueno, pues vamos…- dijo tranquilamente como si nada hubiera sucedido, observando disimuladamente los cortes en su piel, tratando de no darles importancia. Fue caminando con él bajo su brazo hacia la moto –Estoy seguro de que te gustará… aunque es bastante pequeña…

Tassei se dejó llevar, mirándolo de soslayo a través de su flequillo, y preguntándose si de veras podía ser tan.... ni sabía cómo llamarle. - ¿Escuchaste lo que dijo...? – preguntó de todos modos.

-¿Hum? ¿Qué cosa?- preguntó por si era algo diferente de lo que él hubiera escuchado y se subió a la moto atrás, esperando a que se pusiera delante porque así podía tenerlo más vigilado.

- “Por ti”. – sentenció el chico, aún así subiéndose a la moto, y sujetando bien la mochila, no fuera Jiken a salirse, mientras viajaban.

-Sí ¿y qué? Sólo repetía… ¿o es que crees otra cosa?- lo miró un momento antes de prender la moto porque tenían que ir bastante lejos, pero de todos modos, tampoco dormiría marchándose de vuelta a casa, sólo seria peor.

- Sabes lo que significa. No importa lo que digas, no soy idiota. Si yo no hubiera ido a esa iglesia, el padre estaría vivo... Es mi culpa – murmuró, las lágrimas recorriendo su rostro de nuevo, quisiera que no, y ocultándose tras su flequillo, apretando al gatito contra sí. Se sentía patético, horrible, y completamente perdido.

-No es tu culpa, basta ya de eso!… Lo mató porque creyó que era una amenaza para él, lo mató porque era débil y se dejó matar- paró la moto un momento a un lado de la carretera al escucharlo llorar –Yo estoy aquí contigo, cada día… y no permitiré que me aparte de ti… yo estoy contigo- le repitió -Tú no eres ninguna maldición, eres lo mejor que me ha pasado y no te permito que hables de ti como si fueras una desgracia…

- Pero todos mueren o salen lastimados. – sollozó, de todos modos, sin levantar el rostro. – No quiero que siga pasando. No quiero que te pase algo a ti, ni a Kenji o a Enki.... a nadie. No importa lo que digan, sigue pasando....

-Y seguirá pasando hasta que lo arreglemos… así son las cosas y hay que afrontarlas, no conseguirás nada llorando…- le apoyó la mano en la frente echándole la cabeza hacia atrás contra su pecho y observando su rostro mojado por las lágrimas –Pase lo que pase, estaré contigo siempre…-bajó la mano rozándole debajo del ojo con el costado del pulgar sintiendo la humedad y aún sin dejar de observarlo, pensando que a pesar de que se le encogía el corazón al verlo así se veía hermoso.

- Ya lo sé.... pero no puedo evitarlo. – lo observó a los ojos, las lágrimas aún escapando de sus ojos, para reemplazar las que su padre limpiaba. – Lo siento.

-No… lo siento yo… que no puedo hacer nada para detener esto ahora mismo… - le apoyó la mano en la mejilla sintiendo las lágrimas mojarle los dedos y le rozó los labios con las yemas de los dedos, humedeciéndoselos, los tenía enrojecidos de llorar. Bajó la mano apartándola de su rostro para posarla en su pecho –Ojalá supiera qué hacer para que dejaras de llorar Tassei… como cuando eras un bebé…- se levantó de la moto y lo cogió en brazos apretándolo contra él imitando de todos modos ese gesto.

- Papá... ya no soy un bebé.... – protestó el chico, sonriendo de todos modos, a través de las lágrimas y limpiándose el rostro con las manos. Cerró los ojos contra su pecho sintiéndose protegido de igual manera. – Debiste tener un hijo más fuerte....

-No… a mí me gusta este, tal y como es- sonrió levemente porque le hubiera reñido por tratarlo así e igualmente había sonreído, así que tan malo no podía ser –Estás lleno de cortadas…- susurró observando su piel.

- Es igual, no me duelen – respondió, encogiéndose de hombros y quitándole importancia. – Me ibas a mostrar una catarata.

-Ya estabas haciendo tú dos propias…- se metió con él un poco, observando sus ojos y subiéndose a la moto de nuevo con el chico delante –A ver… tenemos que ir bajando toda esta cuesta… y después recorrer esta carretera….- apoyó la cara contra la suya rodeándole la cintura con un brazo, señalando con el otro hacia la derecha y arriba –por el monte… está un poco lejos… pero hay mucha luz por esta carretera… ¿vamos?

- Vamos.... – asintió el chico, sonriendo un poco más, y susurrando como si le fuera a llegar por osmosis más que por el sentido del oído. – Te quiero.

-Yo también te quiero…- le rozó un poco la cara con la mandíbula para rascarlo con toda la mala intención y le besó el cabello prendiendo la moto de nuevo –Dormir por las mañanas es mucho mejor, ahora todo es más bonito… y no hay gente…


 
 

Tambien puedes dejar tus comentarios y opiniones en la sección de este fic en el foro, solo tienes que presionar en Hansa.

foro yaoi
yaoi shop, yaoi t-shirts, uke t-shirts, wings on  the back