.Novela homoerótica para mayores de edad.
 
Capítulo 46- Hush, Little Baby, Don't You Cry

Yûdan se paró delante de la recepción observando a la enfermera que se recogía el cabello en un moño, girándose después a saludarlos –Buenas tardes…- saludo con cara de pregunta.

-Buenas tardes, llamé esta mañana para preguntaros por una interna… Kazumi Fujiwara…

-Ah… sí… -dijo, pasando unos papeles como yendo a revisar la llamada -¿Son familia?

-Amigo de la familia- mintió el moreno directamente y sin dudarlo un momento.

-Vale, no sé si han venido antes a verla, pero está muy calmada. De hecho, nunca es agresiva… pero le dan crisis nerviosas… así que por eso… no podemos tenerla sin la camisa de fuerza… trata de dañarse a sí misma… - explicó, sin que nadie le preguntase, dirigiéndolos por los pasillos y subiendo al ascensor.

Yûdan entrecerró los ojos escuchando algunos gritos y frunció el ceño porque ya fuera por el hecho de que estaban enfermos o no, lo cierto es que resultaba sobrecogedor aquel lugar, como si cientos de energías y sufrimientos se agolpasen allí.

Enki lo miró de soslayo y luego a su alrededor, como nervioso, aún meditando en aquello de que intentase hacerse daño. Se preguntaba si sería por la culpabilidad, o por lo mismo que había matado a los demás.

La enfermera salió del ascensor, aún guiándolos, y abrió una puerta, anunciando con una voz como si estuvieran en un lugar agradable en vez de allí. – Kazumi... tienes visita...

La mujer apenas los miró de soslayo, sentada en aquella silla blanca, las paredes blancas, Yûdan tomó aire con fuerza. No soportaba estar en un lugar como ese, sentía que incluso se le aceleraba el pulso –Hola…- saludó de pronto, era la primera vez que tenía una visita que ella recordase.

-Bueno… os dejo solos, pero si hay algún problema….- les señaló una zona en la pared y sonrió antes de salir, el moreno la siguió con la mirada pensando que debía ser una mujer muy entregada para estar de humor en un lugar así.

-Hola…- Yûdan se sentó en una de las sillas de enfrente y la miró a los ojos, no parecía alguien mal de la cabeza aunque si se veía sedada –Necesitamos hablar contigo…

- No suelo recibir visitas... – los ojos de la mujer se dirigieron a Enki y luego al moreno de nuevo. De veras parecía que fuese una visita social.

El pelirrojo se pasó la mano por el cabello, sonriendo, porque no sabía qué más hacer, sentándose en otra de las sillas, lamentando tener que molestarla de esa manera.

-Le hemos dicho a la enfermera que somos amigos de su familia pero en realidad no es así…- comenzó el moreno por sincerarse –Lo cierto es que creemos poder necesitarse ayuda…

-¿Mi ayuda? Yo no puedo ayudar a nadie…- se balanceó un poco en la silla y Yûdan la observó, apoyando la mano en la mesa.

-Pero nosotros sabemos lo que te sucedió…

-No me sucedió nada… - se rozó la cara con un hombro y miró a la ventana moviendo el labio de forma nerviosa sin que pareciera estar haciéndoles ningún caso.

-Sí te sucedió… y a mi hijo le está sucediendo… yo creo que escuchaste esas voces… porque yo también las he oído…

-No…- casi gimió negando con la cabeza –aún las escucho… las escucho ahora…

-No puede hacerte daño…- le sujetó los brazos por encima de aquella camisa blanca y la mujerlo miró a los ojos –Puedes ayudarnos ¿verdad?

-No sé…- se movió de nuevo en la silla pero al parecer más tranquila de nuevo.

- Sí puedes.... puedes decirnos qué te dice, cómo actúa.......... – le pidió Enki, sintiendo un escalofrío en la espalda y poniéndose alerta inmediatamente. – No podrá hacerte daño si no le escuchas...

La mujer lo miró, su labio temblando de nuevo, indecisa.- Creí que hacía lo correcto.... no quise hacerle daño....

Yûdan se sacó la cartera del bolsillo preguntándose si realmente ahora aquel espíritu o lo que fuera estaba allí. Miró se soslayo a Enki sin perderse su gesto –Mira, este es mi hijo…

-Yo también tenía un bebé…- dijo sonriendo y observando la fotografía como si ellos no supieran aquello –No quería matarlo… a mi bebé… yo no … no… no… - apoyó la cabeza contra el marco de la ventana y se golpeó a toques cada vez más fuertes con el marco. Yûdan se levantó y le sujetó la cara con una mano desde atrás, acariciándole el rostro sin dejarle seguir con aquello y rodeándole los brazos con el otro. Era terrible estar haciéndolo revivir aquellos momentos, casi cruel, pero debía seguir por Tassei. De todos modos, estaba seguro de que esa madre, esa mujer, revivía el mismo momento cada día de su vida.

-Mi hijo escucha esas voces… su madre ha muerto… eso la ha matado, tienes que ayudarme… tú lo veías ¿verdad?- la mujer asintió con la cabeza con los ojos apretados, llorando sin hacer nada por apartarse del abrazo de aquel extraño -¿Qué te decía?

- … a veces no comprendía y… yo no quería escucharlo…- Yûdan le apartó el pelo negro que le cubría la cara.

-¿Quisiste acabar con tu vida?- le preguntó el moreno para asegurarse de si había sido un intento de suicidio real, pero la mujer negó con la cabeza enérgicamente.

-Yo quería llevar a mi niño… quería llevarlo a un médico- el moreno apretó las mandíbulas. Era horrible escuchar aquella voz torturada por el dolor –pero tenía que hacerlo…- Yûdan entrecerró los ojos observando al pelirrojo, estaba teniendo una idea aunque no sabía si acababa de ser muy posible –Lo escucho…- sonrió de nuevo, apoyando la cara contra la mano del moreno –y está llorando…debería estar con él…- bajó la cabeza aún sonriendo y se rió levemente dejándose caer de golpe contra la mesa, golpeándose la frente con ella, violentamente, gritando. Yûdan la sujetó pero le costaba demasiado –Llama a una enfermera!

Enki se quedó paralizado por unos segundos, sacudiendo su cabeza luego antes de salir corriendo dela habitación.- Enfermera! Enfermera!

- ¿Qué sucede...?- le sujetó el brazo ala mujer que acababa de doblar el pasillo, halándola, sin pensar mucho en si estaba siendo amable o no.

- No hay tiempo, se está golpeando....



 
 

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