Capítulo 44- Burning Faith
Yûdan se quedó en el medio de la carretera. Frenó
la moto mucho antes de llegar a la casa, entre los campos de plantación
que había a ambos lados del pavimento –No creo que
sea buena idea pasar la noche en la casa, Tassei… pero habría
que quedarse demasiado lejos de cualquier lado…
- Y ¿dónde vamos a quedarnos? Ya viste lo que pasó
la otra noche... – murmuró, recordando su promesa de
ser fuerte, pero no se sentía muy seguro en ningún
lado a menos que fuese de día.
-Sí… vi que tuvimos que alejarnos mucho de la casa
para poder estar tranquilos, pero al final lo conseguimos ¿o
no?- se llevó un cigarro a los labios y le dio una profunda
calada como meditando que hacer –Hagamos otra prueba ¿quieres?
- Pero..... a lo mejor no funcionó, a lo mejor es que ya
se había cansado....- comentó, nervioso, y pasándose
una mano por el brazo, subiéndola para apartarse el cabello
del rostro.
-A lo mejor, y a lo mejor no. ¿Qué es lo que podemos
perder? ¿Crees en Dios?-el moreno se giró un poco
para verlo mejor.
- No lo sé, mi madre no era religiosa.... – lo miró,
más nervioso aunque intentando ocultarlo tras su fruncido
ceño. – Creo que hay algo....
-No, ya sé que no… Bueno, es igual, no tiene importancia…-le
sujetó las manos contra la cintura para que no fuera a soltarse,
y condujo hacia la parroquia del pueblo –Vamos a hablar con
una persona…
- ¿Un cura? ¿Vas a pedir un exorcismo? – preguntó,
ya asustándose por ver tantas películas de horror,
como si la ceremonia en sí fuera maligna. – No es un
demonio, ¿verdad? No me está siguiendo un demonio....
-No voy a pedir ningún exorcismo… puedes estar tranquilo…-
suspiró levemente –No creo que estés poseído-
“al menos no por el momento” pensó un poco preocupado
pese a todo –Sólo quiero contarle lo que pasa y saber
qué opina él, además de pedirle que nos deje
pasar ahí la noche… Yo no sé si creo en Dios,
pero existen las mismas pruebas de su existencia que de la de fantasmas...por
así decirlo.
- Está bien.... ¿Es tu amigo? – preguntó
medio aliviado y deseando más que nunca, que Dios existiese.
Así no pasaría la noche asustado.
-Podría decirse… Hemos estado juntos alguna vez y
nos llevamos bien, es un cura, es difícil llevarse mal con
él… por otra parte…- murmuró tirando el
cigarro al suelo y dejó la moto aparcada cerca de la entrada
–Hay que probar… vamos…
- Vamos... – murmuró mirando el lugar y pensando que
los curas también podían ser desagradables, eran humanos
después de todo. Aceleró un poco el paso, para tomar
la mano de su padre, aunque mirando a otro lado como si fuera pura
coincidencia que su mano tocara la del moreno.
Yûdan se la apretó un poco cuando sintió que
se la tomaba, y entró en la iglesia con él. Olía
a cirios y a incienso de una forma intensa, era un lugar no muy
espacioso con no más de veinte filas de bancas a cada lado
del pasillo. Se notaba que era una iglesia de pueblo. El Cristo
presidía el altar derramando sangre desde su corona y cada
una de sus heridas, mirando debajo de una forma que siempre le había
resultado inquietante.
Tal vez no era el sitio más acogedor para un no creyente,
y aunque él no se consideraba especialmente religioso, no
podía negar que los curas tenían algún tipo
de “poder” para vencer a los demonios… Estaba
seguro, lo había presenciado.
- ¿Sabes? Esto va a sonar raro, pero nunca he estado en
una iglesia antes. – le confesó, pensando en que con
la cantidad de tiempo que pasaba en su cuarto, seguro habían
un montón de lugares en los que nunca había estado,
pero no era algo que le preocupase. – Eso es un poco creepy-
señaló al Cristo, seguro de que lo iba a reñir,
pero sin poder detenerse.
-Sí…-le sujetó la mano, bajándosela
para que no señalase, porque había visto al cura dentro
de la sacristía rondando sin enterarse de nada –Deberían
escoger otro icono… menos dramático… - murmuró
pensando que no era el mejor momento para recordar… o tal
vez sí… por mas dramático que resultase.
El hombre de cabello canoso, se giró en la puerta y salio
sonriente, aunque lo cierto era que aún no alcanzaba a apreciar
de quienes se trataban a esa distancia y a través de los
gruesos cristales de las gafas –Buenas noches….- sonrió
y pasó de largo con unas sotanas en la mano hacia otra puerta,
dejando a Yûdan con las ganas de hablarle.
-No se entera de nada…- se sentó en el banco cruzando
una pierna sobre la otra y esperando a que apareciese de nuevo.
- Pues... ¿ no deberíamos tocarle la puerta y decirle?
A lo mejor no regresa. – suspiró, sentándose
a su lado y mirando el techo. Seguro que ahí se quedaban
esperando hasta el día siguiente.
-Habrá ido a guardar esas cosas… déjalo estar,
ya volverá. No tengas prisa, que de todos modos, no tenemos
a donde ir…- cerró los ojos echando la cabeza hacia
atrás y le sujetó la mano entre las dos suyas tocándole
los dedos porque se sentían pequeños y le hacía
gracia –Padre!- el moreno se levantó de golpe parándose
delante de él, antes de que se fuera de nuevo, parecía
como que no se podía estar sin hacer nada ni unos segundos.
-Dime, ah! Yûdan… dime…- repitió sonriendo.
-Es por mi hijo ¿tiene un momento?
-¿Tu hijo? No sabía que tenías un hijo…-
se acercó al chico como reparando que estaba allí.
No vestía con sotana, si no con pantalones y camisa además,
de un jérsey un tanto raído. Tiró de un banquito
y se sentó delante del chico como si fuera a darle una iluminación
sobre lo que ocurría, de pronto.
- Soy nuevo. No nuevo.... acabo de mudarme con él. Me llamo
Tassei – se presentó, extendiendo su mano, muy serio.
El hombre se la extendió, sonriendo un poco -¿Y qué
es lo que te pasa?- preguntó suponiendo que su madre debía
haber fallecido y era algo al respecto. Yûdan pensó
en contestar pero se volteó a mirar una imagen de la virgen
que había a un lado dejándolo hablar por sí
mismo ya que a él le ponía enfermo que su padre contestase
por él.
- Hay algo raro persiguiéndome y me hace ver cosas horribles
y me habla, y.... lanza objetos, cosas así. – le explicó,
preguntándose si se estaría explicando bien. –
No es un demonio ¿verdad?
-Podría serlo, pero también podría ser otra
clase de cosa… no lo sabremos… a ver…-se levantó
aún sonriendo, aunque más serio cuando se volteó
mirando a Yûdan y aproximándose. Le tocó el
hombro y el moreno se inclinó, porque era realmente bajo
aquel hombre -¿Lo has llevado a un siquiatra?
-No!- se apartó un poco mirándolo de soslayo aunque
sabía que era un procedimiento necesario para asegurarse.
-Yûdan, ya sé lo que piensas de eso, pero no puedes
ignorar ciertas cosas… ciertas reglas…
- … yo lo he visto… y créame que no es algo
con su cabeza…- susurró de vuelta, aunque alterado.
-Esta bien… está bien… pero te recomiendo que
si nada sucede con esto… lo lleves a uno… podrías
ponerlo en peligro por culpa de tus propios miedos…- siguió
caminando hacia la sacristía con cara de mártir.
- No estoy loco! Dile, papá... dile lo que has visto. –
insistió Tassei que no había dejado de escuchar, a
pesar de la manera confidencial en la que el sacerdote se había
acercado a su padre. – En realidad, lo preferiría...
-Sh! No digas eso!-se sentó a su lado mirándolo a
los ojos –Esto tiene solución, lo otro no, ¿de
acuerdo? Y lo vamos a solucionar… él no te conoce,
por eso quiere seguir unas normas, pero yo estoy seguro… Sé
que estás bien…- tiró un poco de él y
lo sujetó sobre sus piernas besándole la nuca.
El hombre apareció de nuevo, meneando la cabeza un poco
contrariado de que lo hubieran escuchado –Es un procedimiento
necesario… siempre se hace…-le explicó disculpándose
un poco, aunque era la absoluta verdad. Le mostró una caja
donde dentro había un trozo de tela -¿Por qué
no sujetas esto?- le pidió un tanto expectante.
_ Para qué? – preguntó, igual extendiendo la
mano y tocándolo, sin comprender mucho. Lo levantó,
observándolo un poco y sintiéndose mareado. Súbitamente,
Tassei lanzó un grito y soltó el trozo de tela como
si el mismo le hubiese quemado la mano- ¿Qué fue eso?!
-Esto… es una reliquia…- explicó el cura que
comenzaba a alarmarse gravemente.
-Tassei no es creyente…- explicó Yûdan que lo
había rodeado con los brazos al escucharlo gritar casi como
si le doliese a él mismo –Se supone que es un trozo
del manto de una virgen…- le explicó a su hijo no sin
quitarse de la cabeza las horribles imágenes de exorcizados,
no quería que pasase por algo así, no quería
eso por nada del mundo.
-No se supone Yûdan, lo es… lo es…- se levantó
sonriendo ahora y se fue hacia la sacristía de nuevo para
guardarlo y traer algo más.
- Y ¿qué se supone que haga? Me quemó.....
– explicó el chico por si no se enteraba. Un momento
estaba bien y luego.... No voy a sufrir de combustión espontánea,
¿o sí? – alzó la mirada preocupado.
-Claro que no…- el moreno le apoyó la mano en la frente,
suspirando con fuerza y bajando la vista –Esto no tiene nada
que ver con la combustión espontánea…
-¿Pero qué le has estado contando?- el hombre sacudió
la cabeza renegando –Es una reacción de algunos…
endemoniados a las reliquias…
-La combustión espontánea es un hecho probado padre…-lanzó
Yûdan contrariado.
-Pues no deberías llenarle la cabeza de esa clase de cosas…
¿había experimentado alguna de esas cosas antes de
vivir contigo?
-Sí…- contestó como si fuera un niño
regañado que no quiere aguantar la bronca.
-¿Jugaste guija o has hecho espiritismo de algún
otro modo? ¿Algún rito satánico?- preguntó
el hombre al chico ahora, ignorando la cara de enfado de Yûdan
y sonriendo levemente mientras le mostraba unos sobres cerrados
y lacrados.
- No! No soy satánico- renegó, frunciendo el ceño
y añadiendo. – Y no es culpa de mi padre, él
es muy inteligente. – enrojeció, quisiera que no, por
decir eso, mirando los sobres, pero sin atreverse a tocarlos, no
tenía ganas de quemarse de nuevo. – Y ¿eso qué
es?
-Unos sobres que quiero que cojas, uno a uno… -el hombre
sonrió un poco por su enfado ante que lo llamasen satánico
y Yûdan le apoyó la mano en la cabeza. Había
visto eso en otra ocasiones, también, el padre extendía
al supuesto endemoniado unos sobres en los cuales sólo dentro
de algunos había estampas de santos y sin poder saberlo de
ningún modo, sin que el subconsciente de la persona pudiera
afectar en absoluto, estos se sentían quemados al sujetar
los que contenían las estampas.
- Vale..... – accedió, alzando la cabeza para mirar
a su padre, nervioso y frunciendo el ceño de nuevo luego.
-.... pero si me pasa algo, voy a gritar! – advirtió
como si no estuviese gritando ya y extendió la mano, tomando
uno sin que nada sucediese. -¿Tengo que ver lo que hay dentro?
-No, sólo quiero que las cojas una a una y las vayas dejando
sobre el banco… - el hombre esperó, observando al chico
simplemente, esperando a ver si alguna le daba alguna reacción.
- Vale.... – contestó de nuevo, pensando que era algo
estúpido, pero accediendo de todos modos. Tomó otro
sobre, sin que sucediese nada y lo dejó sobre el banco, procediendo
a tomar el siguiente, esta vez soltándolo enseguida, y dejándolo
caer al suelo, sacudiendo la mano. – Mierda! ¿Tengo
que seguir haciendo esto?!
-Vaya modales…- el anciano lo reprendió –estás
en la casa de Dios…
-Yo creo que con esa es suficiente…- aseguró Yûdan
más por protegerlo que por otro motivo, y desde luego sin
inmutarse por los modales de su hijo. Si le quemaba, no iba encima
a hacer fiesta.
El cura abrió los sobres, rebelando cartones blancos en
unos y una estampa de la virgen en el que Tassei había sentido
que le quemaba –Parece bastante claro, pero sabes que yo no
puedo realizar un exorcismo sin una serie de trámites…
-Pero él nunca ha estado poseído… es otra cosa…
tiene que ser otra cosa distinta… Sí hay síntomas
PKER pero no de posesión… su personalidad no está
alterada y todo sucede si estamos en un recinto, sino, nada ocurre
y …- sintió la mano del hombre sobre su brazo y lo
miró a los ojos
-Reflexiónalo… hoy ya es muy tarde…- dijo como
para que se calmara. Le pasó la mano por el pelo a Tassei
de forma cariñosa.
-Padre… ¿podemos quedarnos en la iglesia?
-Hay un cuarto vacío aquí… solía usarlo
el otro padre… pero está de viaje…- explicó
caminando hacia el dormitorio repleto de estampas, cuadros y un
crucifijo sobre la cama.
Tassei los siguió, murmurando. – Lo siento... –
por haber gritado de esa manera, pero se los había advertido,
¿no? Se quedó mirando el cuarto, un poco creepeado,
y aún más asustado luego de lo que había sucedido.
-No pasa nada, es comprensible…- Yûdan miró
al cura por si iba a reprenderlo. Bastante tenía con pasar
por lo que estaba pasando, claro, que también comprendía
al cura. Pero el hombre sólo sonrió, agradeciendo
la disculpa.
-Pasad la noche aquí… mañana será otro
día y hablaremos esto de nuevo… Si algo sucede durante
la noche, yo estaré en mi cuarto… ahí cerca…
- anunció señalando –Buenas noches… y
que Dios esté con vosotros- los dejó en aquel cuarto
que olía a cirios y a antigüedad y Yûdan se sentó
en el borde de la cama pasándose una mano por el rostro sin
comprender nada.
- ¿Estoy endemoniado? – preguntó Tassei, sentándose
a su lado, tentativamente, y observando el lugar, arrugando la nariz
luego. – Realmente no hice nada..... de lo que dijo el padre.
Ni siquiera salí de mi habitación casi mientras estuve
en esa casa.
-Lo sé… pero se supone que por más que el demonio
pueda estar cerca de ti, él no tiene paso si tú no
lo dejas entrar… en el caso de la posesión, y de todos
modos, tampoco creo que estés poseído por ningún
demonio, Tassei… No actúas como ellos… Creo que
es otra cosa… algo muy inteligente… que está
tratando de engañarnos…- sacó un cigarro observándolo
y preguntándose si debía encenderlo, auto respondiéndose
un no y haciéndolo acto seguido.
- Bien, pues yo no quiero estar poseído... – murmuró
bajando la cabeza. Claro, que el hecho de que fuese algo lo suficientemente
inteligente como para actuar así, tampoco lo tranquilizaba.
– Ah! Dejamos a Jiken solo! – se alarmó de repente,
mirando el humo que salía del cigarro de su padre.
Yûdan lo miró de soslayo, imaginando la cara del cura
de haber metido un gato en la cama del otro padre –Estará
bien, estamos muy lejos de la casa…- lo sujetó por
los hombros porque sabía que no era agradable que te dijeran
que estaría bien al no estar tú cerca.
- Ya sé, pero le prometí que lo iba a cuidar... –
murmuró, enrojeciendo y dejándose abrazar, cerrando
los ojos.
-Luego le explicas…- murmuró como si eso fuera posible,
claro que si prometérselo lo era, explicarle y que comprendiese,
también. Sonrió levemente y abrió la cama por
la colcha sin levantar la sábana, porque no las tenía
todas consigo sobre si esas sábanas eran nuevas o no, y lo
soltó señalando el interior de la cama con un dedo.
- Vale... – accedió, no muy convencido, y metiéndose
bajo la colcha. – Este lugar huele a viejo- protestó
de todos modos, frunciendo el ceño.
-Es lo que suele pasar cuando un lugar es viejo está lleno
de cosas viejas y además lo utiliza para dormir un viejo…
Tassei… ahora olerá a tabaco…- sonrió
levemente observando cómo se metía bajo la colcha
con cara de negación y le pasó la mano por el cabello,
preocupado. No sabía ni a qué se estaban enfrentando,
se sentía más confundido que antes, ahora. Aunque
tal vez también se reaccionase de ese modo si algún
ser de otro mundo estaba alimentándose de tu energía
sin necesidad de estar poseído. Sus labios se cerraron en
una mueca seria. Necesitaba hablar con Enki.
- ¿Papá? ¿No te acuestas conmigo? –
le pidió el chico, rojo nuevamente. Por otro lado, no le
gustaba la cara que tenía, necesitaba verlo seguro. Le sujetó
la mano, por si acaso no se acostaba.
-Está bien…- murmuró, nada seducido por acostarse
en la cama de un cura por algún motivo extraño que
no quería explicarse a sí mismo, pero de todos modos,
no podía resistirse si se lo pedía con esa cara. Se
recostó cerca de él y lo miró a los ojos girándose
de cara a él –No estás poseído…
Tassei negó con la cabeza, sonriendo un poco. Si se lo decía
su padre, estaba seguro de que era verdad. El cura podría
saber todo lo que quería, pero su padre sabía más.
– Es otra cosa....
-Otra cosa… que acabará por marcharse, encontraremos
el modo de acabar con ella… Hoy has sido muy valiente…-
le sujetó la mano observando que no tuviese ninguna marca
de haberse sentido quemado –Algunos poseídos obtienen
heridas al contacto con el agua bendita…
- Pero yo no toqué agua bendita, ¿o sí? –
lo miró con sospecha por si le habían puesto alguna
trampa, y a la vez, enrojeciendo porque le dijese que había
sido valiente. – No me gustan las pruebas.
-Y a mí no me gusta que te las hagan, pero no se trata de
lo que nos guste, si no de lo que sea o no necesario, y no…
no has tocado agua bendita y no lo veo necesario…Hay demasiados
cabos sueltos como para que esto sea una posesión…Tú
te comportas como siempre, nunca has sido poseído o al menos
nunca has actuado como tal… no hay motivos para que sucediese…
y los otros casos… escucharon voces que los obligaron a hacer
cosas… tal vez… pueda poseerte por un tiempo…
pero no es un demonio… No lo creo…
- Yo he escuchado voces... ¿Crees que pueda obligarme a
hacer cosas? ´- lo miró a los ojos, preocupado, recordando
lo que había visto cuando hicieron lo del monitor. –
Tal vez.... tal vez deberían encerrarme de noche...
-No voy a encerrarte y no vas a hacer nada, eres fuerte, podrás
contra él y nosotros te ayudaremos… ¿Cómo
pretendes que te encierre? ¿Crees que podría hacer
algo así? Sé que tienes miedo…y no sólo
eso, algo podría ocurrirte, además… ya no me
gusta dormir solo.
- Vale... pero si tienes que golpearme o algo... para que no haga
nada... hazlo. Yo comprenderé, de veras – le insistió,
casi sacudiéndole la mano.
-¿Ah sí? Creo que de todos modos, no lo haré…-
se rió levemente mirando sus aspavientos -No lo necesito
de todos modos… puedo agarrarte para que te estés quieto…-
lo rodeó con un brazo, sonriendo de medio lado y apretándolo
para que no pudiera escaparse, aplastándolo contra él.
Claro, que la fuerza de un poseído no era para nada la de
un adolescente, pero extrañamente tenía ganas de jugar.
- Baka!- Se rió el chico, revolviéndose sólo
por llevarle la contraria y riendo. – Eso no va a servir de
nada. Juego sucio! – declaró, haciéndole cosquillas
a su padre como podía, olvidándose de las preocupaciones
por el momento.
-No tengo…- el moreno se rió levemente, pero porque
le hacía gracia su risa. Lo soltó porque si no, iba
a acabar haciéndolo papilla, se revolvía como un gato
cuando no quiere estar en brazos. Lo miró aún sonriendo
levemente y le apoyó la mano en la mejilla tapándosela
y parte de un ojo, subiendo el otro brazo bajo su propia cabeza
para apoyar la cara sobre él en vez de en la almohada.
- Me asfixio! – protestó el chico, aún riendo
y rojo. Lo cierto era que estar con su padre era lo mejor que le
había pasado en la vida, a pesar de todo lo demás.
-Vale… ya paro - se rió soltándolo y cerró
los ojos, entreabriéndolos, y alzando un brazo para ver si
lo abrazaba –No tengo sueño…
- Yo tampoco – se abrazó a él como respuesta
automática, acurrucándose contra su cuerpo.
-Pero aquí no se puede hacer nada…sólo hablar…
Tienes suerte de que Minako no fuera religiosa, así nunca
has tenido que ir a una misa…- lo miró a los ojos pensando
que eran iguales que los de ella, al menos el color, aunque no la
expresión -¿Desde cuando son Kenji y Enki novios?
- Hace poco, creo, porque Kenji me dijo “ya tengo un amigo”
y luego me presentó a Enki y eso fue hace poco. Me dijo “amigo”
pero yo creo que ya eran novios, no se trataban como amigos. –
meditó, observándolo de nuevo. - ¿Por qué?
-No lo sé… porque me gusta Kenji…- dijo muy
serio a pesar de que se moría de risa. Lo cierto es que lo
había preguntado para ver si se explicaba por qué
eran tan pegajosos.
- No digas eso! No te va! – lo empujó un poco, enrojeciendo
y preguntando un poco más serio luego. - ¿De veras
eres gay? Como dijo Kenji....
Yûdan se rió un poco bajando la cabeza –No me
gusta, no me gusta nada… y no soy gay, me da lo mismo…
- Te da lo mismo... – repitió el chico pensando que
en nada le había aclarado sus dudas.
-Sí… me van bien las dos cosas…-le aclaró,
viendo su cara de confusión y cómo repetía
sus palabras –Aunque sólo me he acostado con un hombre…
- meditó pensando que no le iría tan bien si tuviera
que contar mujeres.
- Oh – comprendió, suspirando. – Vale....
-No te pongas así… sea como sea, ahora no estoy por
interesarme en esas cosas… sólo me interesas tú…
- le revolvió el pelo con la mano y le rozó con los
dedos la nuca. pensando que tenía cara de desconcierto.
- Pero no me ponía de ninguna manera, sólo quería
saber.... No soy como mi madre. – lo miró, recordando
cómo se ponía cada vez que los veía a él
y a Kenji juntos.
-¿Y cómo es ella?- preguntó sin saber a qué
se refería.
- Pues.... se ponía histérica si Kenji me abrazaba
o algo, y una vez le dijo que me iba a volver como él. –
se encogió de hombros, a él le parecía una
estupidez.
-¿Te gusta Kenji?- sonrió levemente mientras lo preguntaba
–La homosexualidad no es contagiosa… Tendría
miedo de que le levantaras al novio… tiene su lógica.
- Claro que no me gusta Kenji! Y no pensaba hacer eso! Además,
era él el que me perseguía – protestó,
enrojeciendo y girándose de espaldas. – Y ya sé
que no es contagiosa...
Yûdan sonrió, viendo su contrariedad y lo rodeó
por la cintura atrayéndolo contra él –Aunque
te pongas de espaldas, no vas a escaparte de mí…- se
apoyó en un codo dejando la mejilla contra su mano, observándolo
y tocándole la nariz con el dedo –No irás a
dormirte enfadado conmigo…
- Pero si no estoy enfadado! ¿Por qué crees que estoy
enfadado? – preguntó, frunciendo el ceño, aunque
sin voltearse.
-Pues si no estás enfadado… nada…- lo soltó,
acostándose de frente con la mano sobre los labios, rascándose
la mandíbula y frunciendo el ceño con el genio que
tenía.
Tassei permaneció acostado de la misma manera, en silencio,
esperando que su padre le dijera algo, y al no recibir respuesta,
girándose de nuevo, observándolo. - ¿Estás
enfadado tú?
-No…- mintió a medias, porque sólo estaba molesto
por su forma de hablar. Levantó la muñeca mirando
la hora, aun eran sólo las dos y media, pero al menos ya
habían pasado con creces las doce de la noche -¿Por
qué no te duermes?
- Vale... accedió, aún pensando que sí estaba
enfadado y deseando que lo abrazara, pero no se lo iba a pedir.
Cerró los ojos enrojeciendo y tratando de ocultar la mayor
parte de su rostro bajo la colcha.
-¿No te abrazas a mí hoy?-preguntó, mirándolo
y aguantándose la sonrisa, imaginando que estaba así
por pura necedad.
- Ya voy – refunfuñó como si le molestase aquello,
pero abrazándose igual y sonriendo un poco, con la cabeza
medio escondida aún.
Yûdan alzo una ceja, deseando estrujarle el cuello, pero
armándose de paciencia y rodeándolo con los brazos,
aunque seguía sin tener el más mínimo sueño.
Bajó un poco la cara, besándole la frente y acariciándole
la espalda sin moverse de cómo estaba de frente al techo,
observando la lámpara que colgaba sobre ellos, imitando a
las velas.
- Yo... – empezó a decir inconsciente y automáticamente
el chico, traicionándose, y enrojeciendo. Bajó la
voz, seguro de que igual si no terminaba la frase, su padre le preguntaría.
-... te quiero...
-Yo también- susurró el moreno, deslizando un dedo
por su nariz y apretándole la punta y sonriendo inconscientemente.
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