.Novela homoerótica para mayores de edad.
 
Capítulo 44- Burning Faith

Yûdan se quedó en el medio de la carretera. Frenó la moto mucho antes de llegar a la casa, entre los campos de plantación que había a ambos lados del pavimento –No creo que sea buena idea pasar la noche en la casa, Tassei… pero habría que quedarse demasiado lejos de cualquier lado…

- Y ¿dónde vamos a quedarnos? Ya viste lo que pasó la otra noche... – murmuró, recordando su promesa de ser fuerte, pero no se sentía muy seguro en ningún lado a menos que fuese de día.

-Sí… vi que tuvimos que alejarnos mucho de la casa para poder estar tranquilos, pero al final lo conseguimos ¿o no?- se llevó un cigarro a los labios y le dio una profunda calada como meditando que hacer –Hagamos otra prueba ¿quieres?

- Pero..... a lo mejor no funcionó, a lo mejor es que ya se había cansado....- comentó, nervioso, y pasándose una mano por el brazo, subiéndola para apartarse el cabello del rostro.

-A lo mejor, y a lo mejor no. ¿Qué es lo que podemos perder? ¿Crees en Dios?-el moreno se giró un poco para verlo mejor.

- No lo sé, mi madre no era religiosa.... – lo miró, más nervioso aunque intentando ocultarlo tras su fruncido ceño. – Creo que hay algo....

-No, ya sé que no… Bueno, es igual, no tiene importancia…-le sujetó las manos contra la cintura para que no fuera a soltarse, y condujo hacia la parroquia del pueblo –Vamos a hablar con una persona…

- ¿Un cura? ¿Vas a pedir un exorcismo? – preguntó, ya asustándose por ver tantas películas de horror, como si la ceremonia en sí fuera maligna. – No es un demonio, ¿verdad? No me está siguiendo un demonio....

-No voy a pedir ningún exorcismo… puedes estar tranquilo…- suspiró levemente –No creo que estés poseído- “al menos no por el momento” pensó un poco preocupado pese a todo –Sólo quiero contarle lo que pasa y saber qué opina él, además de pedirle que nos deje pasar ahí la noche… Yo no sé si creo en Dios, pero existen las mismas pruebas de su existencia que de la de fantasmas...por así decirlo.

- Está bien.... ¿Es tu amigo? – preguntó medio aliviado y deseando más que nunca, que Dios existiese. Así no pasaría la noche asustado.

-Podría decirse… Hemos estado juntos alguna vez y nos llevamos bien, es un cura, es difícil llevarse mal con él… por otra parte…- murmuró tirando el cigarro al suelo y dejó la moto aparcada cerca de la entrada –Hay que probar… vamos…

- Vamos... – murmuró mirando el lugar y pensando que los curas también podían ser desagradables, eran humanos después de todo. Aceleró un poco el paso, para tomar la mano de su padre, aunque mirando a otro lado como si fuera pura coincidencia que su mano tocara la del moreno.

Yûdan se la apretó un poco cuando sintió que se la tomaba, y entró en la iglesia con él. Olía a cirios y a incienso de una forma intensa, era un lugar no muy espacioso con no más de veinte filas de bancas a cada lado del pasillo. Se notaba que era una iglesia de pueblo. El Cristo presidía el altar derramando sangre desde su corona y cada una de sus heridas, mirando debajo de una forma que siempre le había resultado inquietante.

Tal vez no era el sitio más acogedor para un no creyente, y aunque él no se consideraba especialmente religioso, no podía negar que los curas tenían algún tipo de “poder” para vencer a los demonios… Estaba seguro, lo había presenciado.

- ¿Sabes? Esto va a sonar raro, pero nunca he estado en una iglesia antes. – le confesó, pensando en que con la cantidad de tiempo que pasaba en su cuarto, seguro habían un montón de lugares en los que nunca había estado, pero no era algo que le preocupase. – Eso es un poco creepy- señaló al Cristo, seguro de que lo iba a reñir, pero sin poder detenerse.

-Sí…-le sujetó la mano, bajándosela para que no señalase, porque había visto al cura dentro de la sacristía rondando sin enterarse de nada –Deberían escoger otro icono… menos dramático… - murmuró pensando que no era el mejor momento para recordar… o tal vez sí… por mas dramático que resultase.

El hombre de cabello canoso, se giró en la puerta y salio sonriente, aunque lo cierto era que aún no alcanzaba a apreciar de quienes se trataban a esa distancia y a través de los gruesos cristales de las gafas –Buenas noches….- sonrió y pasó de largo con unas sotanas en la mano hacia otra puerta, dejando a Yûdan con las ganas de hablarle.

-No se entera de nada…- se sentó en el banco cruzando una pierna sobre la otra y esperando a que apareciese de nuevo.

- Pues... ¿ no deberíamos tocarle la puerta y decirle? A lo mejor no regresa. – suspiró, sentándose a su lado y mirando el techo. Seguro que ahí se quedaban esperando hasta el día siguiente.

-Habrá ido a guardar esas cosas… déjalo estar, ya volverá. No tengas prisa, que de todos modos, no tenemos a donde ir…- cerró los ojos echando la cabeza hacia atrás y le sujetó la mano entre las dos suyas tocándole los dedos porque se sentían pequeños y le hacía gracia –Padre!- el moreno se levantó de golpe parándose delante de él, antes de que se fuera de nuevo, parecía como que no se podía estar sin hacer nada ni unos segundos.

-Dime, ah! Yûdan… dime…- repitió sonriendo.

-Es por mi hijo ¿tiene un momento?

-¿Tu hijo? No sabía que tenías un hijo…- se acercó al chico como reparando que estaba allí. No vestía con sotana, si no con pantalones y camisa además, de un jérsey un tanto raído. Tiró de un banquito y se sentó delante del chico como si fuera a darle una iluminación sobre lo que ocurría, de pronto.

- Soy nuevo. No nuevo.... acabo de mudarme con él. Me llamo Tassei – se presentó, extendiendo su mano, muy serio.

El hombre se la extendió, sonriendo un poco -¿Y qué es lo que te pasa?- preguntó suponiendo que su madre debía haber fallecido y era algo al respecto. Yûdan pensó en contestar pero se volteó a mirar una imagen de la virgen que había a un lado dejándolo hablar por sí mismo ya que a él le ponía enfermo que su padre contestase por él.

- Hay algo raro persiguiéndome y me hace ver cosas horribles y me habla, y.... lanza objetos, cosas así. – le explicó, preguntándose si se estaría explicando bien. – No es un demonio ¿verdad?

-Podría serlo, pero también podría ser otra clase de cosa… no lo sabremos… a ver…-se levantó aún sonriendo, aunque más serio cuando se volteó mirando a Yûdan y aproximándose. Le tocó el hombro y el moreno se inclinó, porque era realmente bajo aquel hombre -¿Lo has llevado a un siquiatra?

-No!- se apartó un poco mirándolo de soslayo aunque sabía que era un procedimiento necesario para asegurarse.

-Yûdan, ya sé lo que piensas de eso, pero no puedes ignorar ciertas cosas… ciertas reglas…

- … yo lo he visto… y créame que no es algo con su cabeza…- susurró de vuelta, aunque alterado.

-Esta bien… está bien… pero te recomiendo que si nada sucede con esto… lo lleves a uno… podrías ponerlo en peligro por culpa de tus propios miedos…- siguió caminando hacia la sacristía con cara de mártir.

- No estoy loco! Dile, papá... dile lo que has visto. – insistió Tassei que no había dejado de escuchar, a pesar de la manera confidencial en la que el sacerdote se había acercado a su padre. – En realidad, lo preferiría...

-Sh! No digas eso!-se sentó a su lado mirándolo a los ojos –Esto tiene solución, lo otro no, ¿de acuerdo? Y lo vamos a solucionar… él no te conoce, por eso quiere seguir unas normas, pero yo estoy seguro… Sé que estás bien…- tiró un poco de él y lo sujetó sobre sus piernas besándole la nuca.

El hombre apareció de nuevo, meneando la cabeza un poco contrariado de que lo hubieran escuchado –Es un procedimiento necesario… siempre se hace…-le explicó disculpándose un poco, aunque era la absoluta verdad. Le mostró una caja donde dentro había un trozo de tela -¿Por qué no sujetas esto?- le pidió un tanto expectante.

_ Para qué? – preguntó, igual extendiendo la mano y tocándolo, sin comprender mucho. Lo levantó, observándolo un poco y sintiéndose mareado. Súbitamente, Tassei lanzó un grito y soltó el trozo de tela como si el mismo le hubiese quemado la mano- ¿Qué fue eso?!

-Esto… es una reliquia…- explicó el cura que comenzaba a alarmarse gravemente.

-Tassei no es creyente…- explicó Yûdan que lo había rodeado con los brazos al escucharlo gritar casi como si le doliese a él mismo –Se supone que es un trozo del manto de una virgen…- le explicó a su hijo no sin quitarse de la cabeza las horribles imágenes de exorcizados, no quería que pasase por algo así, no quería eso por nada del mundo.

-No se supone Yûdan, lo es… lo es…- se levantó sonriendo ahora y se fue hacia la sacristía de nuevo para guardarlo y traer algo más.

- Y ¿qué se supone que haga? Me quemó..... – explicó el chico por si no se enteraba. Un momento estaba bien y luego.... No voy a sufrir de combustión espontánea, ¿o sí? – alzó la mirada preocupado.

-Claro que no…- el moreno le apoyó la mano en la frente, suspirando con fuerza y bajando la vista –Esto no tiene nada que ver con la combustión espontánea…

-¿Pero qué le has estado contando?- el hombre sacudió la cabeza renegando –Es una reacción de algunos… endemoniados a las reliquias…

-La combustión espontánea es un hecho probado padre…-lanzó Yûdan contrariado.

-Pues no deberías llenarle la cabeza de esa clase de cosas… ¿había experimentado alguna de esas cosas antes de vivir contigo?

-Sí…- contestó como si fuera un niño regañado que no quiere aguantar la bronca.

-¿Jugaste guija o has hecho espiritismo de algún otro modo? ¿Algún rito satánico?- preguntó el hombre al chico ahora, ignorando la cara de enfado de Yûdan y sonriendo levemente mientras le mostraba unos sobres cerrados y lacrados.

- No! No soy satánico- renegó, frunciendo el ceño y añadiendo. – Y no es culpa de mi padre, él es muy inteligente. – enrojeció, quisiera que no, por decir eso, mirando los sobres, pero sin atreverse a tocarlos, no tenía ganas de quemarse de nuevo. – Y ¿eso qué es?

-Unos sobres que quiero que cojas, uno a uno… -el hombre sonrió un poco por su enfado ante que lo llamasen satánico y Yûdan le apoyó la mano en la cabeza. Había visto eso en otra ocasiones, también, el padre extendía al supuesto endemoniado unos sobres en los cuales sólo dentro de algunos había estampas de santos y sin poder saberlo de ningún modo, sin que el subconsciente de la persona pudiera afectar en absoluto, estos se sentían quemados al sujetar los que contenían las estampas.

- Vale..... – accedió, alzando la cabeza para mirar a su padre, nervioso y frunciendo el ceño de nuevo luego. -.... pero si me pasa algo, voy a gritar! – advirtió como si no estuviese gritando ya y extendió la mano, tomando uno sin que nada sucediese. -¿Tengo que ver lo que hay dentro?

-No, sólo quiero que las cojas una a una y las vayas dejando sobre el banco… - el hombre esperó, observando al chico simplemente, esperando a ver si alguna le daba alguna reacción.

- Vale.... – contestó de nuevo, pensando que era algo estúpido, pero accediendo de todos modos. Tomó otro sobre, sin que sucediese nada y lo dejó sobre el banco, procediendo a tomar el siguiente, esta vez soltándolo enseguida, y dejándolo caer al suelo, sacudiendo la mano. – Mierda! ¿Tengo que seguir haciendo esto?!
-Vaya modales…- el anciano lo reprendió –estás en la casa de Dios…

-Yo creo que con esa es suficiente…- aseguró Yûdan más por protegerlo que por otro motivo, y desde luego sin inmutarse por los modales de su hijo. Si le quemaba, no iba encima a hacer fiesta.

El cura abrió los sobres, rebelando cartones blancos en unos y una estampa de la virgen en el que Tassei había sentido que le quemaba –Parece bastante claro, pero sabes que yo no puedo realizar un exorcismo sin una serie de trámites…

-Pero él nunca ha estado poseído… es otra cosa… tiene que ser otra cosa distinta… Sí hay síntomas PKER pero no de posesión… su personalidad no está alterada y todo sucede si estamos en un recinto, sino, nada ocurre y …- sintió la mano del hombre sobre su brazo y lo miró a los ojos

-Reflexiónalo… hoy ya es muy tarde…- dijo como para que se calmara. Le pasó la mano por el pelo a Tassei de forma cariñosa.

-Padre… ¿podemos quedarnos en la iglesia?

-Hay un cuarto vacío aquí… solía usarlo el otro padre… pero está de viaje…- explicó caminando hacia el dormitorio repleto de estampas, cuadros y un crucifijo sobre la cama.

Tassei los siguió, murmurando. – Lo siento... – por haber gritado de esa manera, pero se los había advertido, ¿no? Se quedó mirando el cuarto, un poco creepeado, y aún más asustado luego de lo que había sucedido.

-No pasa nada, es comprensible…- Yûdan miró al cura por si iba a reprenderlo. Bastante tenía con pasar por lo que estaba pasando, claro, que también comprendía al cura. Pero el hombre sólo sonrió, agradeciendo la disculpa.

-Pasad la noche aquí… mañana será otro día y hablaremos esto de nuevo… Si algo sucede durante la noche, yo estaré en mi cuarto… ahí cerca… - anunció señalando –Buenas noches… y que Dios esté con vosotros- los dejó en aquel cuarto que olía a cirios y a antigüedad y Yûdan se sentó en el borde de la cama pasándose una mano por el rostro sin comprender nada.

- ¿Estoy endemoniado? – preguntó Tassei, sentándose a su lado, tentativamente, y observando el lugar, arrugando la nariz luego. – Realmente no hice nada..... de lo que dijo el padre. Ni siquiera salí de mi habitación casi mientras estuve en esa casa.

-Lo sé… pero se supone que por más que el demonio pueda estar cerca de ti, él no tiene paso si tú no lo dejas entrar… en el caso de la posesión, y de todos modos, tampoco creo que estés poseído por ningún demonio, Tassei… No actúas como ellos… Creo que es otra cosa… algo muy inteligente… que está tratando de engañarnos…- sacó un cigarro observándolo y preguntándose si debía encenderlo, auto respondiéndose un no y haciéndolo acto seguido.

- Bien, pues yo no quiero estar poseído... – murmuró bajando la cabeza. Claro, que el hecho de que fuese algo lo suficientemente inteligente como para actuar así, tampoco lo tranquilizaba. – Ah! Dejamos a Jiken solo! – se alarmó de repente, mirando el humo que salía del cigarro de su padre.

Yûdan lo miró de soslayo, imaginando la cara del cura de haber metido un gato en la cama del otro padre –Estará bien, estamos muy lejos de la casa…- lo sujetó por los hombros porque sabía que no era agradable que te dijeran que estaría bien al no estar tú cerca.

- Ya sé, pero le prometí que lo iba a cuidar... – murmuró, enrojeciendo y dejándose abrazar, cerrando los ojos.

-Luego le explicas…- murmuró como si eso fuera posible, claro que si prometérselo lo era, explicarle y que comprendiese, también. Sonrió levemente y abrió la cama por la colcha sin levantar la sábana, porque no las tenía todas consigo sobre si esas sábanas eran nuevas o no, y lo soltó señalando el interior de la cama con un dedo.

- Vale... – accedió, no muy convencido, y metiéndose bajo la colcha. – Este lugar huele a viejo- protestó de todos modos, frunciendo el ceño.

-Es lo que suele pasar cuando un lugar es viejo está lleno de cosas viejas y además lo utiliza para dormir un viejo… Tassei… ahora olerá a tabaco…- sonrió levemente observando cómo se metía bajo la colcha con cara de negación y le pasó la mano por el cabello, preocupado. No sabía ni a qué se estaban enfrentando, se sentía más confundido que antes, ahora. Aunque tal vez también se reaccionase de ese modo si algún ser de otro mundo estaba alimentándose de tu energía sin necesidad de estar poseído. Sus labios se cerraron en una mueca seria. Necesitaba hablar con Enki.

- ¿Papá? ¿No te acuestas conmigo? – le pidió el chico, rojo nuevamente. Por otro lado, no le gustaba la cara que tenía, necesitaba verlo seguro. Le sujetó la mano, por si acaso no se acostaba.

-Está bien…- murmuró, nada seducido por acostarse en la cama de un cura por algún motivo extraño que no quería explicarse a sí mismo, pero de todos modos, no podía resistirse si se lo pedía con esa cara. Se recostó cerca de él y lo miró a los ojos girándose de cara a él –No estás poseído…

Tassei negó con la cabeza, sonriendo un poco. Si se lo decía su padre, estaba seguro de que era verdad. El cura podría saber todo lo que quería, pero su padre sabía más. – Es otra cosa....

-Otra cosa… que acabará por marcharse, encontraremos el modo de acabar con ella… Hoy has sido muy valiente…- le sujetó la mano observando que no tuviese ninguna marca de haberse sentido quemado –Algunos poseídos obtienen heridas al contacto con el agua bendita…

- Pero yo no toqué agua bendita, ¿o sí? – lo miró con sospecha por si le habían puesto alguna trampa, y a la vez, enrojeciendo porque le dijese que había sido valiente. – No me gustan las pruebas.

-Y a mí no me gusta que te las hagan, pero no se trata de lo que nos guste, si no de lo que sea o no necesario, y no… no has tocado agua bendita y no lo veo necesario…Hay demasiados cabos sueltos como para que esto sea una posesión…Tú te comportas como siempre, nunca has sido poseído o al menos nunca has actuado como tal… no hay motivos para que sucediese… y los otros casos… escucharon voces que los obligaron a hacer cosas… tal vez… pueda poseerte por un tiempo… pero no es un demonio… No lo creo…

- Yo he escuchado voces... ¿Crees que pueda obligarme a hacer cosas? ´- lo miró a los ojos, preocupado, recordando lo que había visto cuando hicieron lo del monitor. – Tal vez.... tal vez deberían encerrarme de noche...

-No voy a encerrarte y no vas a hacer nada, eres fuerte, podrás contra él y nosotros te ayudaremos… ¿Cómo pretendes que te encierre? ¿Crees que podría hacer algo así? Sé que tienes miedo…y no sólo eso, algo podría ocurrirte, además… ya no me gusta dormir solo.

- Vale... pero si tienes que golpearme o algo... para que no haga nada... hazlo. Yo comprenderé, de veras – le insistió, casi sacudiéndole la mano.

-¿Ah sí? Creo que de todos modos, no lo haré…- se rió levemente mirando sus aspavientos -No lo necesito de todos modos… puedo agarrarte para que te estés quieto…- lo rodeó con un brazo, sonriendo de medio lado y apretándolo para que no pudiera escaparse, aplastándolo contra él. Claro, que la fuerza de un poseído no era para nada la de un adolescente, pero extrañamente tenía ganas de jugar.

- Baka!- Se rió el chico, revolviéndose sólo por llevarle la contraria y riendo. – Eso no va a servir de nada. Juego sucio! – declaró, haciéndole cosquillas a su padre como podía, olvidándose de las preocupaciones por el momento.

-No tengo…- el moreno se rió levemente, pero porque le hacía gracia su risa. Lo soltó porque si no, iba a acabar haciéndolo papilla, se revolvía como un gato cuando no quiere estar en brazos. Lo miró aún sonriendo levemente y le apoyó la mano en la mejilla tapándosela y parte de un ojo, subiendo el otro brazo bajo su propia cabeza para apoyar la cara sobre él en vez de en la almohada.

- Me asfixio! – protestó el chico, aún riendo y rojo. Lo cierto era que estar con su padre era lo mejor que le había pasado en la vida, a pesar de todo lo demás.

-Vale… ya paro - se rió soltándolo y cerró los ojos, entreabriéndolos, y alzando un brazo para ver si lo abrazaba –No tengo sueño…

- Yo tampoco – se abrazó a él como respuesta automática, acurrucándose contra su cuerpo.

-Pero aquí no se puede hacer nada…sólo hablar… Tienes suerte de que Minako no fuera religiosa, así nunca has tenido que ir a una misa…- lo miró a los ojos pensando que eran iguales que los de ella, al menos el color, aunque no la expresión -¿Desde cuando son Kenji y Enki novios?

- Hace poco, creo, porque Kenji me dijo “ya tengo un amigo” y luego me presentó a Enki y eso fue hace poco. Me dijo “amigo” pero yo creo que ya eran novios, no se trataban como amigos. – meditó, observándolo de nuevo. - ¿Por qué?

-No lo sé… porque me gusta Kenji…- dijo muy serio a pesar de que se moría de risa. Lo cierto es que lo había preguntado para ver si se explicaba por qué eran tan pegajosos.

- No digas eso! No te va! – lo empujó un poco, enrojeciendo y preguntando un poco más serio luego. - ¿De veras eres gay? Como dijo Kenji....

Yûdan se rió un poco bajando la cabeza –No me gusta, no me gusta nada… y no soy gay, me da lo mismo…

- Te da lo mismo... – repitió el chico pensando que en nada le había aclarado sus dudas.

-Sí… me van bien las dos cosas…-le aclaró, viendo su cara de confusión y cómo repetía sus palabras –Aunque sólo me he acostado con un hombre… - meditó pensando que no le iría tan bien si tuviera que contar mujeres.

- Oh – comprendió, suspirando. – Vale....

-No te pongas así… sea como sea, ahora no estoy por interesarme en esas cosas… sólo me interesas tú… - le revolvió el pelo con la mano y le rozó con los dedos la nuca. pensando que tenía cara de desconcierto.

- Pero no me ponía de ninguna manera, sólo quería saber.... No soy como mi madre. – lo miró, recordando cómo se ponía cada vez que los veía a él y a Kenji juntos.

-¿Y cómo es ella?- preguntó sin saber a qué se refería.

- Pues.... se ponía histérica si Kenji me abrazaba o algo, y una vez le dijo que me iba a volver como él. – se encogió de hombros, a él le parecía una estupidez.

-¿Te gusta Kenji?- sonrió levemente mientras lo preguntaba –La homosexualidad no es contagiosa… Tendría miedo de que le levantaras al novio… tiene su lógica.

- Claro que no me gusta Kenji! Y no pensaba hacer eso! Además, era él el que me perseguía – protestó, enrojeciendo y girándose de espaldas. – Y ya sé que no es contagiosa...

Yûdan sonrió, viendo su contrariedad y lo rodeó por la cintura atrayéndolo contra él –Aunque te pongas de espaldas, no vas a escaparte de mí…- se apoyó en un codo dejando la mejilla contra su mano, observándolo y tocándole la nariz con el dedo –No irás a dormirte enfadado conmigo…

- Pero si no estoy enfadado! ¿Por qué crees que estoy enfadado? – preguntó, frunciendo el ceño, aunque sin voltearse.

-Pues si no estás enfadado… nada…- lo soltó, acostándose de frente con la mano sobre los labios, rascándose la mandíbula y frunciendo el ceño con el genio que tenía.

Tassei permaneció acostado de la misma manera, en silencio, esperando que su padre le dijera algo, y al no recibir respuesta, girándose de nuevo, observándolo. - ¿Estás enfadado tú?

-No…- mintió a medias, porque sólo estaba molesto por su forma de hablar. Levantó la muñeca mirando la hora, aun eran sólo las dos y media, pero al menos ya habían pasado con creces las doce de la noche -¿Por qué no te duermes?

- Vale... accedió, aún pensando que sí estaba enfadado y deseando que lo abrazara, pero no se lo iba a pedir. Cerró los ojos enrojeciendo y tratando de ocultar la mayor parte de su rostro bajo la colcha.

-¿No te abrazas a mí hoy?-preguntó, mirándolo y aguantándose la sonrisa, imaginando que estaba así por pura necedad.

- Ya voy – refunfuñó como si le molestase aquello, pero abrazándose igual y sonriendo un poco, con la cabeza medio escondida aún.

Yûdan alzo una ceja, deseando estrujarle el cuello, pero armándose de paciencia y rodeándolo con los brazos, aunque seguía sin tener el más mínimo sueño. Bajó un poco la cara, besándole la frente y acariciándole la espalda sin moverse de cómo estaba de frente al techo, observando la lámpara que colgaba sobre ellos, imitando a las velas.

- Yo... – empezó a decir inconsciente y automáticamente el chico, traicionándose, y enrojeciendo. Bajó la voz, seguro de que igual si no terminaba la frase, su padre le preguntaría. -... te quiero...

-Yo también- susurró el moreno, deslizando un dedo por su nariz y apretándole la punta y sonriendo inconscientemente.


 
 

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