| Capítulo 33- Don't Get Hurt
and Please Don't Die
Tassei tomó varias latas de zumo colocándolas en
la carretilla del supermercado y mirando de soslayo a su padre como
para que no fuera a decir que eran cosas de niño. - ¿Necesitas
algo de este pasillo?
-No… yo no necesito nada, sólo coge lo que tú
quieras…- miro las latas en el carro y luego a Tassei, el
cigarro colgando de sus labios mientras lo observaba –Ese
Kenji… sólo sois amigos…
- Claro que sí! – lo miró preguntándose
qué estaba pensando y enrojeciendo, de todos modos, tomando
unas latas de café para su padre, ya que se había
fijado en la marca que compraba.
-Vale…-se rió para sus adentros y bajó la mirada
a las latas de café sonriendo levemente -¿No tienes
amigos de tu edad?
- No, Kenji es mi primer amigo – negó con la cabeza
sintiéndose desadaptado y empujando el carrito, como para
huir.
-Yo tampoco tenía amigos…y de todos modos, no te pierdes
mucho- murmuró caminando un poco más atrás
de él, y mirando algunas botellas de licor decidiendo no
caer en la tentación, mirando la espalda de Tassei. Ahora
ya ni siquiera tenía una buena excusa para emborracharse
–Acuérdate de coger comida para… el gato…
- Claro. - Murmuró, sonriendo levemente ahora que no lo
veía, y aclarando. – se llama Jiken... – por
si no se acordaba.
-Sí…- murmuró como si lo hubiera sabido desde
un principio, y cogiendo varias latas de cerveza, comida congelada
y fiambre. Lo miró de soslayo parándose al lado del
carro y pensando “no sé cocinar” pero sin querer
disculparse de nuevo por lo mismo. Se rascó la nuca, siguiendo
adelante por los pasillos bostezando contra su mano y mirando abajo,
deseando volver a la casa porque era en el único lugar que
sentía la suficiente intimidad como para dirigirse a Tassei
con más de dos frases seguidas.
- ¿De veras no quieres nada? ¿Qué no comes?
– le preguntó el chico, deteniéndose de pronto
para tomar una caja de cereal y girándose para mirarlo.
-La comida congelada es comida… y el fiambre también…-
lo miró a los ojos preguntándose si es que nunca se
lo había comido o qué y señalando el carro
por si no lo había visto meterlo dentro –Aunque a veces
no como… si no me apetece hacerme la comida, pero no te preocupes,
a ti te la prepararé… aunque quede hecha una mierda…-
murmuró con el ceño fruncido.
-No se puede fumar en el establecimiento…
-Ya…- el moreno le dio el cigarro al chico que se quedó
mirando la colilla como si nunca hubiera visto una –Vamos…
ahí le queda…
- No tienes que prepararme nada, me preocupaba por ti – refunfuñó
el chico caminando y dejando al empleado del super allí,
como si ni hubiera existido.
Yûdan le apoyó la mano en el hombro deteniendo los
bríos con los que se iba acelerado por el pasillo y le pasó
la mano por la nuca acariciándolo, aunque mirando hacia la
cajera mientras ponía las cosas sobre la cinta. Lo soltó
mirando la cartera para sacar el dinero y pagarle a la mujer que
los miraba como extrañada por algún motivo que seguramente
sólo ella comprendía.
Tassei esperó a que les hubiesen empacado las bolsas para
tomar una, aún sin decir nada, un tanto sonrojado por la
caricia.
-Vamos…- el moreno cogió las bolsas en una mano caminando
hacia el exterior aliviado en cierto modo por salir de allí
y dirigiéndose caminando hacia la casa que en cierto modo
estaba cerca -¿Quieres ver el terreno donde pasaremos la
noche?- preguntó ahora más cómodo porque no
hubiese nadie más cerca.
- Claro! Digo... está bien- carraspeó, como si eso
eliminase su emoción incicial.
-Vale… - se rió un poco sujetando el cigarro entre
los dientes –Primero dejamos la comida en casa… cojes
a… al gato… y vamos a cenar afuera… ¿quieres?
- Sí! –asintió sonriendo y pensando que ya
no tenía sentido fingir. - ¿Pasas mucho tiempo al
aire libre?
-Sí… no me gusta encerrarme… - le explicó
mirándolo de soslayo y observando la casa a lo lejos –Me
agobia…aunque ahora no es lo mismo…
- ¿No lo es? – repitió, enrojeciendo y acelerando
un poco el paso. - Ya casi llegamos....
-Sí…- murmuró observando cómo se adelantaba
y preguntándose para qué le cuestionaba eso si después
salía corriendo sin escuchar la respuesta. Aceleró
el paso para alcanzarlo y abrió la puerta pasando al interior
y alzando un pie para no pisar al gato que había atravesado
la cocina corriendo en busca de Tassei. Suspiró, entrando
en la cocina y cogiendo el pan que acababan de comprar para hacer
un bocadillo para cada uno, sintiéndose extraño por
no estar solo –Ven… a ver que te pones…
- No importa, confío en ti... –murmuró aún
así siguiéndolo, ahora con el gato entre los brazos,
pegado a su camiseta. – Oye..... ¿de veras no pasó
nada grave esta tarde?
-De veras… sólo… escuchamos cosas… que
ya habían sucedido… - le explicó preparando
aquello entonces de todos modos –Estuvimos haciendo pruebas
en el televisor como te conté… y vimos algunas cosas…
nada relevante por el momento- murmuró prefiriendo no decirle
la visión de Enki. Guardó la comida en una bolsa plástica
y cogió una lata de cerveza y otra de zumo –Vamos…salgamos
por la puerta de la cocina ya….- abrió la puerta metálica
esperando a que su hijo pasase delante de él, tal vez demasiado
precavido, pero no podía evitarlo.
- Ya voy... – pasó con cara de desconfianza, pensando
en que siempre le ocultaban algo, y eso era obvio.
-¿Qué pasa?- preguntó el mayor observando
su rostro y notando el gesto de desconfianza –No te gusta
que te oculte cosas ¿verdad? ¿Ni siquiera si es para
protegerte?- lo miró de soslayo y le dio una calada al cigarro
tirándolo a la hierba y pisándolo antes de bajar por
la cuesta de helechos y hojarasca para bajar al terreno –Cuidado,
no resbales…
- No voy a resbalar! – protestó, mirando hacia atrás.
– No, no me gusta. Y además.... ¿cómo
sé que no les pasa nada? ¿Crees que voy a estar bien
si te pierdo a ti también? – refunfuñó,
girando el rostro de nuevo, rojo por haber revelado demasiado de
sus miedos y porque también había estado a punto de
resbalarse por no mirar en donde pisaba.
-Cuidado…- el moreno espero a que estuviese a su lado y se
internó un poco entre los árboles frutales que rebelaban
que aquello había sido una huerta alguna vez. Se quitó
la cazadora y sentó al lado –Ponte ahí…
olvidé coger algo…- dejó la bolsa en el suelo
y abrió la lata de cerveza bebiendo un poco y cogiendo después
su bocadillo –Te diré lo que quieras… sólo
tenías que pedírmelo- lo miró entregándole
el suyo –Enki nos vio muertos… en la televisión
Tassei lo miró a los ojos, predeciblemente asustado y desviando
la mirada luego. – Te dije que era peligroso, estar cerca
de mí. No quiero que nadie muera......
-No vamos a morir…- el moreno extendió la mano apoyándola
en el espacio de tierra entre ellos y mirando adelante esperando
a ver si se la sujetaba
Tassei sujetó su mando, olvidándose por el momento
de la vergüenza y mirándolo a los ojos. – No te
mueras.... No importa lo que pase, si es muy peligroso, aléjate.
-Esto es muy peligroso, pero no voy a alejarme, ni aunque lo intentases
con toda tu alma volvería alejarme de ti…- le apretó
un poco la mano rozándosela con el pulgar –Y no voy
a abandonarte de nuevo….
Tassei bajó el rostro, sin poder evitar sentirse aliviado
por aquello, a pesar de lo que le acababa de pedir, y apretó
los labios para que no se le fueran a salir las lágrimas,
arrancando un trozo de hierba con la otra mano.
Yûdan lo miró de soslayo arqueando una ceja y rascándose
la nuca con la otra mano, no lo había dicho para que se pusiera
así precisamente. Le soltó la mano sujetándolo
por los hombros y lo aproximó a él, apoyándolo
contra su pecho y cogiéndole la mejilla con la otra mano,
tapándolo –Lo siento…
- No.... tienes que disculparte – murmuró, sollozando
contra su pecho, porque así, ya no podía contenerse,
e intentando que su voz no temblase. Se aferró a su camiseta
como si fuera Jiken, temblando un poco.
-Vale… no llores, ya te he dicho que no pasará nada…-
lo miró sonriendo un poco por ver cómo se sujetaba
a su camiseta –Siempre llorabas por las noches… y no
querías que Minako te cogiera, tenía que levantarme
yo… A tu madre le enfadaba…
- No estoy llorando – se limpió los ojos con un brazo,
claramente mintiendo, y desviando la mirada a otro lado, apartándose
un poco, aunque seguía sujeto a su camiseta con una mano,
sin darse cuenta. – Ya no soy un bebé.
-Eso ya lo veo… pero a mí me hacía ilusión
que prefirieses que yo te cogiera, por eso te lo cuento- mintió
también, como si no estuviera claro que sabía que
lloraba y como si su mano no estuviera húmeda de eso.
Tassei sonrió, ahora sí, dejándolo ir, más
que nada porque sabía que también estaba mintiendo.
- Eso es porque lo sabía, sabía que te importaba....
– respondió como si pudiese recordarlo aún.
-Los bebés saben esas cosas…- sonrió señalándole
la comida –Venga… come anda… mañana veremos
si podemos hacer algo… aún no sé qué…
- Pero lo sabrás ¿verdad? Yo sé que sí.
– le aseguró, tomando un bocadillo y comiendo, pasando
de decir que le había gustad, lo cual igual no era necesario
por la manera en la que comía. – Enki cree mucho en
ti. – comentó, haciéndose el desentendido.
-Enki… es agradable trabajar con él, es muy inteligente-
sonrió pensando que Enki le decía que su hijo confiaba
en él y su hijo, que Enki lo hacía –Y tú…
¿crees en mí?
. No hagas preguntas tontas. – protestó, como si estuviese
enfadado, aunque el color de su rostro revelaba la verdad para cualquiera
que lo conociese. – Claro que sí... – contestó,
bajando la voz casi a un susurro.
-Que no me respondas así…- le apoyó la mano
en la cabeza bajándosela un poco más -No se escucha
ningún ruido aquí… será un buen lugar
para quedarse mañana…- lo miró de soslayo aún
con la mano sobre su cabeza como si hubiera olvidado ya que la tenía
allí –Sabes que probablemente esta noche de nuevo ocurra
algo ¿verdad?
- ¿Por qué? ¿No fueron a cansarlo ustedes?
– se rió nervioso, con mirada de pesadumbre, dejando
lo de la risa luego, porque no se estaba convenciendo ni a sí
mismo, y asintiendo. – Lo sé..... ¿no podemos
quedarnos aquí fuera?
-Creía que eso sería mañana… pero tal
vez dos noches sea mejor para asegurarnos de que no es casual…
no lo sé… podría pasar algo y estaríamos
solos ¿No te sientes mas protegido en la casa?- le preguntó,
planteándoselo, porque no le costaba nada y si era lo que
quería, tampoco había problema en hacerlo.
- Pero tú dijiste que no pasaría nada fuera de la
casa- lo miró esperanzado, intentando aferrarse a eso. –
Yo... me siento seguro contigo. Pero prefiero que no pase nada.
- No soy futurólogo… dije que queríamos probar,
pero sólo es una teoría… tal vez podría
ocurrir algo, lo ignoro…- lo miró a los ojos limpiándose
las manos con la servilleta que estaba en el bocadillo y se llevó
la cerveza a los labios –Entonces… ¿Qué
quieres hacer?
Tassei lo miró por largo rato, intentando decidir, meditando
las cosas., y luego mirando a Jiken como si él le pudiese
dar alguna respuesta. – Quisiera quedarme afuera, pero.....
no puedo dejar a Jiken así. Y no quiero ser un problema.
-¿Así? ¿Sin hacer pis o algo así?-
lo miró alzando una ceja –Igual mañana Jiken
también tendrá que aguantarse si tiene ganas de hacer
pis por la noche… - encendió un cigarro mirando adelante
preguntándose cómo es que no le daba más miedo
estar allí donde ni siquiera se veía donde acababa,
comenzaba a oscurecer y la arboleda hacía la visión
aún menos accesible –No eres un problema… cogeremos
la tienda… está en el alpendre.
- No! – protestó, sonriendo luego. – A eso me
refería.... a que no lo puedo dejar por ahí suelto....
– murmuró, siguiendo la mirada de su padre y acercándose
más a él.
Yûdan lo miró de soslayo y se acercó también,
apoyando la mano detrás del chico sobre la hierba, confundido
respecto al no que había gritado, y a si el problema era
sólo que no podía quedarse suelto el gato. Ahora no
sabía si finalmente quería quedarse fuera o no, pero
ya no quería preguntar.
Tassei tomó al gato entre brazos y se recostó contra
su padre, preguntándose porqué no irían a buscar
la tienda entonces, pero no quería presionar tampoco. Además,
no podía negar que le agradaba estar cerca de él,
por más vergüenza que le diera confesarlo.
El moreno lo miró confundido porque no hubiese dicho nada
para aclararle. Claro, que tampoco le había preguntado. Se
llevó el cigarro a los labios alzando una ceja y pensando
que los dos eran un caso. Lo rodeó por la cintura y bajó
la vista al gato que estaba dormido contra Tassei –No le importará
tener poco espacio, seguro que se la pasa durmiendo- aventuró.
- No, no le importará, se siente seguro conmigo. –
murmuró como haciendo eco de sus propios sentimientos, pero
sin tener la necesidad de revelarlos. - ¿Vamos a buscar la
tienda? Y una linterna..... – añadió, casualmente.
-Sí… ya tengo en la bolsa…- le mostró
abriendo la bolsa de cuero y sujetando el cigarro entre los labios
mientras le entregaba una por si le hacía sentir mejor. Se
levantó aunque no tenía ganas y le extendió
la mano –La tengo en el alpendre… así que no
hay que entrar en la casa… De todos modos, tú espérame
en la puerta…
- Vale, pero no me dejes..... no te demores! – gritó
de pronto, porque ya le parecía que se estaba viendo demasiado
débil y sinceramente, lo ponía nervioso.
-No te preocupes… sólo es una caseta pequeña…-
lo miró de soslayo subiendo con él por la pequeña
cuesta de hojas y entró en el alpendre encendiendo la luz
antes que nada –Sujeta la puerta con fuerza… por si
acaso…- le pidió, aunque el gato estaba tranquilo y
eso lo tranquilizaba a él,. Cogió la bolsa de la tienda
y salió de nuevo, cerrando la puerta a su espalda, aliviado
sobre todo por Tassei de que nada hubiera sucedido.
Tassei sonrió, aunque ya había encendido la linterna
por si acaso, y se quedó esperando porque no quería
caminar sólo, pero tampoco quería tomar la mano de
su padre y verse como un niño pequeño.
- Vamos…- susurró sujetándole la muñeca
mientras bajaban por la cuesta de nuevo, temiendo que pudiera caerse
y más aún con lo oscuro que se estaba poniendo ya.
Se quedó donde se habían sentado a comer y abrió
la bolsa de la tienda –Sólo hay que clavar las piquetas…
- explicó acuclillándose y hundiéndolas a base
de pisarlas con la bota pensando de pronto que seguramente olía
a humedad dentro –Ábrela… seguramente huela a
cerrado y mientras hacemos esto, se ventila… dentro hay unas
mantas… sácalas y las sacudimos…- murmuró
con el cigarro entre los labios y acabando de clavarlas, pensando
en que no podía fumar adentro.
Tassei hizo lo que le pedía, abriendo la tienda y sacudiendo
las mantas mientras la misma se ventilaba, observando la silueta
de su padre, a pesar de la oscuridad. - ¿Sí? Aquí
estoy – le dijo de pronto.
-¿Hm?- el moreno lo miró a los ojos preguntándose
si había dicho algo y levantó las puertas de la tienda
por comprobar si olía demasiado a cerrado -¿Me has
dicho algo?
- ¿No me llamaste? Acabo de escuchar.... – el moreno
se quedó quieto, abriendo los ojos más al escuchar
aquello de nuevo. Era una voz débil, lejana, pero definitivamente
no se lo estaba imaginando. – Es..... la voz de mi madre.
¿No,,, la escuchas? – el chico retrocedió, girándose
en la dirección de la casa.
-No- lo sujetó de la muñeca por si acaso se le ocurría
ir hacia allí y notó cómo la luz del salón
se encendía, una sombra a través de la ventana. Encendió
una grabadora y la dejó en el suelo sin soltar la muñeca
de Tassei -¿Qué dice? ¿Estás seguro
de que es ella?
- Sólo me está llamando..... Pidiéndome que
vaya con ella.... – Tassei respondió con la voz claramente
temblorosa. – No lo sé, ella no estaría aquí
¿verdad? ¿Por qué estaría aquí?
-No es verdad, no es ella, sólo su voz- le soltó
la muñeca sujetándole el brazo más arriba.
Pero el moreno también observó cómo las cortinas
se movían, también observó la silueta de Minako
en la ventana, no tenía ninguna duda. Tragó saliva
tensándose un poco.
- Pero es ella! ¿Qué pasa si de veras está
allí? ¿Si necesita mi ayuda? – lo miró
entre temeroso e indeciso. – Tú me dijiste que tu madre
regresó...
-Pero ella no es tu madre!- se quedó callado arrepentido
de haberle alzado la voz y lo sujetó con más fuerza,
para que no fuera a marcharse –Si fuera ella estaría
aquí contigo… no estaría tratando de apartarte
de mí… de llevarte a la casa… - se quedó
mirando la silueta que se giraba asustada hacia atrás, una
sombra oscura tras ella e incluso él sintió entonces
el grito y su propia piel recorrida por un escalofrío. Echó
a correr quizás estúpidamente hacia la casa con Tassei
de la mano.
- Mamá?! – la llamó el chico ahora más
asustado aún, pero igualmente corriendo, dejándose
llevar por su padre. Pero al llegar a la casa, ya no se escuchaba
la voz de su madre, aunque las luces de la sala, estaban parpadeando
ahora.
Yûdan se quedó frente a la puerta de la casa con el
corazón golpeándole en el pecho. Le sujetó
la mano con fuerza, caminando por el borde de la pared lentamente
hacia la ventana de la cocina. Tiró el cigarro a un lado
nervioso en el momento de ponerse frente al cristal. La oscuridad,
sólo eso junto a un terrible frío que hubiera helado
la sangre de cualquiera –Minako… ¿eres tú?-
preguntó consciente de que seguramente no obtendría
una respuesta que pudiese escuchar sino a través de la cinta.
La ventana se bajó de golpe y el moreno se volteó
un poco abrazando a Tassei contra él cubriéndole la
cara al suponer, como efectivamente sucedió, que el cristal
se partiría estallando con violencia, aunque no se había
imaginado que saldrían despedidos los trozos con aquella
fuerza. Apretó las mandíbulas al sentir que un trozo
no muy grande se clavaba en su espalda. Y se giró hacia la
ventana de nuevo caminando hacia atrás sin soltar a Tassei.
- Papá.... tienes.... – el chico notó la sangre
en su espalda, su respiración agitándose como si se
empezara a hiperventilar.
- Tassei......... – escuchó de nuevo ahora en una
voz rasposa, definitivamente no emitida por ninguna garganta normal,
y una corriente helada los rodeó, como sujetándolo,
intentando atraerlo hacia la casa.
El moreno lo sujetó contra él, golpeándose
contra la pared y haciendo saltar la pintura cascada por el fuerte
impacto. Lo sujetó contra él sintiendo un fuerte golpe
en la pared por el otro lado –No le escuches… atiéndeme!…-le
sujetó la cara para que lo mirase a los ojos - No le escuches…
tenemos que alejarnos… eso es todo… y se detendrá…
te lo prometo… y Jiken ha huido hacia la huerta… tienes
que ir a buscarlo.
- Jiken! – gritó como sorprendido por eso, y maldiciéndose
a sí mismo sin saber qué hacer. Miró a la casa
una vez más, aunque su padre le sujetaba el rostro y volvió
a mirar los ojos del moreno. – Ven conmigo, no te quedes aquí...
por favor...
- No… - le sujetó la mano con fuerza, pero no podía
levantarse de la presión que aquello estaba haciendo en su
cuerpo contra la pared. Casi jadeó, apartándose a
la fuerza y se quedó sobre Tassei en el suelo, escuchando
un ruido ensordecedor, un grito para nada humano, sujetándolo,
como si algo pudiera arrebatarlo de debajo de su cuerpo –Vámonos!
El chico gateó un poco, poniéndose de pie, con su
padre y echando a correr, a pesar de que había sentido unas
manos intentando sujetarlo, rozando su piel, su cabello. –
Jiken! Jiken!!! – lo llamó, concentrándose en
eso.
El moreno bajó por la cuesta recordando lo que Enki le había
dicho de que aquel día, el fenómeno se había
detenido porque Tassei había pensado que funcionaría,
agradeciendo que le hubiera dado ese consejo aunque sin comentarle
nada a su hijo para que no se fuera a sentir culpable de modo alguno.
- Jiken! – el moreno lo siguió llamando desesperado,
cada vez más preocupado, y aferrado a esa idea, aunque deteniéndose
en cuanto llegaron a la tienda de nuevo.
-Seguro que está dentro…- susurró el moreno
que no podía dejar de mirar hacia la casa desde que se habían
detenido junto a la tienda –Sí…- susurró
señalando al interior. Se apoyó en el tronco de un
árbol con el hombro, sacando otro cigarro y sintiendo que
le temblaban las manos, sin prestar mucha atención a eso
ni al dolor que tenía en la espalda. Solo podía mirar
hacia la casa, las sombras en el interior… más oscuras
que la oscuridad que ya de por sí envolvía el lugar.
- Sí... sonrió el chico agachándose y acariciando
al gato, haciéndole ver que todo había terminado,
aunque seguía temblando, pero al menos no los seguía
allí fuera. – Y estás lastimado de nuevo....
– susurró, bajando el rostro, y luego poniéndose
de pie de nuevo, observando a su padre.
-Sí… creo que tengo el cristal ahí aún…-
se sacó la camiseta haciendo un gesto de dolor mal disimulado
y se sentó en el suelo –Lo siento, pero tendrás
que quitármelo tú…- susurró deseando
haberse comprando aquel licor después de todo.
- Es... está bien.... – accedió nervioso, sentándose
tras el moreno y revisando el área. – Hay... hay mucha
sangre... – explicó innecesariamente, más que
nada por calmarse a sí mismo al hablar. Sujetó la
punta del cristal. – Ya.... listo.. – le advirtió,
apretándola y halándola de una sola vez, en el proceso,
cortándose un poco la mano también por sujetarla con
tanta fuerza. – Ya está...... – susurró,
fingiendo que no le había sucedido nada.
-¿Estás mareado?- preguntó mirando de soslayo
hacia atrás y observando la sangre en su mano. Le quitó
el cristal más que nada, por observar cuanto se había
clavado en él y se quedó observando su mano -¿Cuándo
te has cortado? ¿Ahora?
- Sí, pero.... no es nada. Hay que limpiarte la herida...
– frunció el ceño, ocultando su mano tras de
su espalda y pensando que no quería volver a dormir dentro
de una casa más nunca.
El moreno extendió su propia mano mirándolo a los
ojos y haciéndole una seña con los dedos para que
volviese a poner la mano delante como si fuera un animalito. Cogió
el botellín de agua de la bolsa de cuero y partió
un trozo de camiseta para vendársela con ella –La puedes
mover bien ¿verdad? Sólo es superficial… ahora
no podemos ir a un médico… no sé si podría
ocurrir allí…
- Que no es nada! – protestó enrojeciendo aunque le
había gustado su manera de tratarlo y le quitó el
botellín de la mano, colocándose tras él, y
mojando su herida, observando cómo la sangre se iba deslizando
por su espalda. – Deja de ser tan descuidado contigo mismo.
-¿Qué quieres que haga?- Yûdan sonrió
mirando adelante y partió un trozo de camiseta tratando de
que no se partiese por las costuras, y que fuera lo suficientemente
largo como para rodearle la espalda, y lo echó atrás
donde estaba Tassei. Le dio una calada al cigarro sintiendo el frío
del agua sobre la herida y apoyó la frente en su mano cerrando
los ojos tratando de pensar.
- No te dejes lastimar por mí... – susurró
el chico, rodeando su torso con el trozo de camiseta y tratando
de tapar la herida tanto como podía. – Y no te pongas
a cuidar cortadas superficiales cuando eres tú el que está
herido. ¿Sabes? Enki puede decir que eres un profesor increíble,
muy famoso en tu campo o lo que sea pero nunca prestas atención
a lo que haces. – continuó refunfuñando su tono
pasando de triste a enojado cada vez más, su mecanismo de
defensa entrando en acción.
-Pero yo nunca he dicho que sea un profesor increíble, eso
lo dirá Enki…- murmuró un poco cansado –Hago
esa clase de cosas porque te quiero y no porque piense que debo
hacerlas, ni siquiera pienso antes de hacerlo… así
que aunque quisiera, no podía evitarlo- frunció el
ceño dejando salir el humo entre los labios –Por lo
tanto deja de protestar…
- Sí protesto! Tampoco me va a hacer feliz si te pasa algo
grave.... Y además, el problema es que luego no te cuidas.
Te ibas a quedar así, con el cristal clavado ¿no?
Si no te lo recuerdo... – continuó de todos modos,
como inspirado.
-No… en algún momento recordaría quitármelo
seguramente…- se rió levemente sin separar los labios
y se echó hacia atrás apoyándose en Tassei
y cerrando los ojos moviéndose sólo para ponerse de
nuevo el cigarro entre los labios.
- En algún momento... cuando te acostases de espaldas y
te lo enterraras aún más. Luego te lo iban a tener
que remover de la espina dorsal. Idiota, mi padre es un idiota...
– se rió malditamente, de todos modos, pasándole
la mano por el cabello.
-Lo sé…- Yûdan sonrió levemente contento
de verlo reírse después de aquello, aunque fuera a
su costa -¿Estás cansado?- entreabrió los ojos
apagando la colilla contra la tierra y moviendo un poco la lata
de cerveza de antes, comprobando que estuviera vacía.
- Un poco... –admitió, asintiendo aunque no pudiese
verlo en esa posición y mirando dentro de la tienda. –
Todo está bien.... Jiken ya se durmió.
-Pues duérmete tú también…- se apartó
de él suspirando un poco porque no se encontraba muy bien,
como era de imaginar, y cogió la lata de zumo de Tassei comprobando
que ahí sí quedaba algo y bebiendo un poco haciendo
cara de desagrado después –Veneno… - susurró
levantándose.
- Es zumo de naranja! ¿Qué pasa? ¿Tienes el
cuerpo tan corrompido que ya no puedes beber nada saludable?! –
protestó con una furia, que cualquiera hubiese creído
que era él quien había preparado el zumo, y gateó,
entrando en la tienda y acostándose, rodeando al gato con
un brazo, preguntando luego como si todo ese escándalo hubiese
sido producto de la imaginación de Yûdan. - ¿No
vienes?
-Sí…- murmuró suspirando y frunciendo el ceño
con el mal genio del chico –Sabe a jarabe de azúcar
y cáscaras…- se rió para sus adentros, entrando
y cerrando las cremalleras, levantando la manta y colándose
en el interior aunque no creía poder dormirse después
de lo sucedido y mucho menos ignorar que le dolía. Se giró
para no aplastarse la zona herida –Deberías trabajar
en ese mal genio… - murmuró.
Tassei frunció el ceño, murmurando de vuelta. –
No puedo, es hereditario.
El moreno desvió la mirada hacia atrás aunque no
lo veía así girado como estaba, y frunció el
ceño aún más pensando que si ese era el respeto
que le tenía a él que apenas lo conocía, ni
quería pensar en las que debía haber montado con Minako.
Seguro que discutían como dos críos –Duérmete…
cardo borriquero…
- Tú también duérmete.... borde silencioso
– le devolvió sin mucho sentido porque no se le había
ocurrido nada más. E intentó permanecer serio, como
si estuviese muy enfadado, pero no pudo evitar echarse a reír.
Yûdan alzó una mano tapándole la boca –Si
me dejaras, lo haría… - frunció el ceño
de nuevo cerrando los ojos y sonriendo sin poder evitarlo.
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