.Novela homoerótica para mayores de edad.
 
Capítulo 29- The One Who Makes Me Feel Safe

Tassei se levantó, al día siguiente, y se giró para mirar a su padre que continuaba dormido. Se quedó mirándolo, como examinando su rostro y sonriendo de pronto, resistiendo los deseos que le daban de hacerle alguna maldad y se bajó con cuidado del sofá, preguntándose si tendría algo de comer en la refrigeradora o si el interior de la misma estaría en el mismo estado que el resto de la casa.

Yûdan entreabrió un ojo al sentir que se bajaba del sofá y lo sujetó de la tela de la ropa interior –Si vas a ir a la cocina… tráeme la jarra de café que hay en la encimera…

- Ya! Pero no me hales la ropa! – se la haló de vuelta, enrojeciendo y de paso aún más, ya que se había espantado cuando le habló.

-Bu…- el moreno sonrió de medio lado porque había notado que se había asustado y por eso le gritaba –Puedes soltarte los gallumbos ya…

- Puedes avisar antes de ... hacer eso – protestó el chico como si le fueran a decir “ estoy a punto de despertarme” y desapareció en la cocina, regresando un rato después con la jarra de café y un vaso de leche, aún quejándose como si no hubiera pasado el tiempo. - ...y al menos está fría, porque Enki me la dio caliente, y no me gusta. Creo que me intentaba dormir también.

-Es que tienes que dormir… y pudiste decirle que la preferías fría… - lo miró a los ojos cogiendo el café y bebiendo de la jarra directamente, pensando que iba a tener que hacer más para poder sobrevivir despierto y en plenas facultades –Estás muy delgado…

- Estoy bien, y prefiero el zumo – se sentó, mirándolo y bebiendo un poco de leche. – Además, estaban ocupados romanceando, Kenji también bebe directamente de las botellas.

-Ya… vale… después compramos cosas de niños…- murmuró pensando que ni podía recordar la última vez que había visto un zumo en directo –Y esto no es una botella, es una jarra, de la que sólo bebo yo, así que no hay nada de malo en ello… pero también bebo de las botellas… - admitió frunciendo el ceño –Y no voy a dejar de hacerlo.

- No, nunca dejan de hacerlo... – más bien meditó, dándolo por imposible. – Y no son cosas de niño. Son zumos... los zumos los bebe todo el mundo... – frunció el ceño molesto de que lo llamase niño.

-Yo qué sé…- contestó como sacándose de encima el tema comida sana y de paso pensando que se iba a llevar todo lo que encontrase útil de casa de Minako, comida incluida –No sé cocinar…

- Yo tampoco, siempre pedimos fuera. – le aclaró, indicándole que no esperaba que fuera un amo de casa tampoco.

-No puedo pedir fuera todos los días… pero estoy seguro de que tu madre te habrá dejado la empresa y dinero de sobra para que no te falte de nada… - comentó como despreciando aquello un poco, pero sólo porque estaba comparándose y él no podía darle nada de eso.

- No... no lo sé, no me han dicho nada. – miró el vaso de leche como desconcentrado porque no había pensado en eso y la verdad, no le cabía en la mente aún. No sabía cómo encargarse de nada. Lo miró, perdidamente. – Sea como sea, puedo comer emparedados, no me gusta lo gourmet.

Yûdan lo miró de soslayo y bajó un poco la mano para acariciarle el cabello, pensando que era un buen chico, no parecía que lo hubiera criado Minako. Se quedó a medias y la dejó de nuevo en el respaldo –Bueno… no te preocupes por nada, eso no es algo de lo que tú tengas que ocuparte…-suspiró levemente lamentando mucho tener que hacerle esa pregunta -¿Querrás ir al entierro? Yo creo que no deberías ir… pero si quieres ir, respetaré tu decisión y te acompañaré… si quieres.

- ¿Por qué no? De todos modos, era mi madre. Y... supongo que le hubiera gustado. – murmuró, sintiéndose extraño, y más aún porque a pesar del amor de su madre por las apariencias, dudaba que nadie pudiese decir que le gustaría que fuesen a su entierro. Eso era como decir “me quiero morir, se ve bien”.

-Porque yo no estoy seguro aún si esto tiene algo que ver o no con la noche, no es muy lógico o al menos jamás había escuchado hablar de eso… salvo hablando de apariciones… o espectros… y un cementerio es un lugar con mucha fuerza. De todos modos, sólo te servirá para pegarte una hartada de llorar- lo miró a los ojos –Yo preferiría que te quedases en casa que pensar que estás llorando por mí y viendo cómo me meten en una caja bajo tierra…

- ¿En serio? – le sostuvo la mirada aunque se sentía un poco expuesto así. – Pero ella no era esa clase de persona, ¿sabes? Sí lo sabes... – sonrió, a pesar de la conversación que estaban teniendo. – No me gustan los funerales... – añadió, sintiéndose culpable.

-A mí tampoco y de todos modos, son una estupidez…- susurró mirándolo a los ojos –Ya sé qué clase de persona era ella pero eso no me preocupa, sé que te quería y que no quiere que llores ni que tengas que aguantar como doscientas personas que ni conoces te den las condolencias y te miren asegurándose de si estás sufriendo lo suficiente o no, para luego poder comentar entre ellos… Iremos a visitar su tumba después si quieres.

- Gracias... – murmuró, bajando el rostro porque ya le era imposible seguir sosteniéndole la mirada. Se pasó la mano por la cara, sonriendo un poco luego, aunque seguía sin alzar el rostro. - ¿Cómo sigue tu hombro?

-¿Estás llorando?- preguntó un poco extrañado, y de nuevo pensando que no tenía ningún tacto.

- No estoy llorando! – le gritó, alzando el rostro y revelando que claramente, si lo estaba, aunque parecía pensar que fruncir el ceño ocultaba ese hecho.

Yûdan le alzó un poco más la cara con la mano un tanto bruscamente, aunque no con mala intención y le pasó el pulgar por la mejilla sintiendo que obviamente se humedecía –Entonces… ¿esto son mocos?- preguntó serio e internamente riéndose porque sabía que se iba a enfadar con él.

- No! ¿Cuál es tu problema? – protestó, apartando el rostro de nuevo, aunque sin moverse del sofá. – Piensas que soy un idiota, ¿verdad?

-No, pienso que tienes una mala hostia terrible y que te crees que puedes hablarme como si fuera cualquiera y ¿Cuál es tu problema? Eso se lo dices a Kenji si te deja…- frunció el ceño moviendo un hombro incómodo por haberle reñido cuando encima estaba llorando por su culpa. Se acuclilló en el suelo delante de él y apoyó las manos a los lados de su cuerpo, en el sofá, observándolo desde luego, sin disculparse más bien preguntándose qué debía hacerse en esos casos.

Se sacó la cartera del bolsillo y le puso sobre las piernas una foto bastante hecha polvo donde lo sujetaba en brazos, no tenía más de 17 años –Acababa de bañarte…

- Y estoy desnudo – murmuró enrojeciendo como si estar desnudo de bebé fuera algo terrible. Lo miró a los ojos, a pesar de todo el enrojecimiento. – Te ves muy joven.... mucho. – comentó, como queriendo compartir su vergüenza. – Y.... ¿siempre llevas esta foto contigo?

-Sí, pero tengo más- la guardó de nuevo en la cartera colocando algunos papeles innecesarios, porque estaba avergonzado por mostrar demasiado de él –Tenía dieciocho años… y claro que estás desnudo, no solía bañarte en shorts… De todas maneras ¿crees que te cambiabas los pañales tú mismo?- se rió sin poder evitarlo.

-Claro que no.... pero no había que tomarme una foto – protestó, aunque sonriendo un poco por el hecho de que guardase fotos suyas.

- … a mí me parecía que sí… - se levantó sujetando el cigarro con los dedos -¿Por qué tienes tanta vergüenza? Sólo eras un bebé… la tenías así de enana…- alzó la mano haciendo un gesto entre los dedos sonriendo de medio lado y mordiendo el cigarro.

- Deja! Da igual, da vergüenza... ¿Te gustaría que sacara una foto tuya de bebé desnudo, eh? No, seguro que no – lo miró frunciendo el ceño y de pronto deseando tener una para comprobar su teoría.

Yûdan lo miró a los ojos y se pasó las manos por la nuca volteándose hacia el librero. Sacó un sobre y empezó a pasar fotos –Mira, aquí tienes una, con mi madre… y me da igual, me da igual incluso que me veas ahora…

- Vale... eso es porque eres un fresco – protestó al ver que no le funcionaba su técnica, resoplando hasta lograr moverse el flequillo y cambiando de tema. – Aún no me dices cómo está tu hombro, y ni siquiera te has lavado la cara, mi camiseta no es mágica, no cura heridas.

-Está bien…- lo movió un poco apoyándose la mano en él –Me duelen más las manos…- murmuró mientras entraba en el baño a lavarse la cara –Ven… me vendaré las manos, tú dúchate… “tendré que comprar una cortina…” – murmuró haciendo un gesto de dolor al frotarse la cara, aunque en realidad solo le escocía.

- Pues sí! – lo riñó el chico sin que se le pasase por alto lo que murmuraba, parándose frente a la ducha y quitándose la ropa casi con furia, abriendo el grifo y metiéndose de una vez, completamente rojo y tratando de ducharse lo más rápido posible.

Yûdan miró al suelo la ropa que había lanzado y se echó crema en las manos para las quemaduras, vendándoselas distraídamente mirando el espejo –Te habría sido mejor esperar a que saliera el agua caliente.

- ¿Eh? – Tassei parpadeó maldiciéndose internamente, pero daba igual, sólo quería vestirse rápido. – No sabía que tenías agua caliente, cualquiera lo diría....

-Sí… pero no sale inmediatamente… hay que esperarse un poco…- el moreno lo miró de soslayo y sonrió levemente –Te traeré una toalla limpia…- susurró riéndose entre dientes en cuanto llegó al dormitorio. Se puso los jeans sujetando el cigarro con los dientes aún sonriendo y volvió al baño de nuevo tendiéndole la toalla y mirando a la puerta con aquella sonrisa torcida en sus labios.

- Gracias.... – Tassei tomó la toalla de sus manos como si lo fuera a atacar, y preguntándose a qué venía esa sonrisa, finalmente cerrando el grifo y envolviéndose con la toalla, intentando secarse un poco por encima.

-Ahora iremos a tratar de averiguar quien vivía antes en la casa de Minako… aunque no sé si tendremos suerte… no disponemos de la facilidad de un policía para estas cosas. Habrá que mirar en los archivos del periódico… o preguntar a los vecinos- lo miró mientras le hablaba, olvidándose de que no debía hacerlo y le pasó la mano por el pelo tratando de arreglar el revuelto que se había hecho.

- Pero no mires! – protestó, enrojeciendo de nuevo y cubriéndose más con la toalla, saliendo del baño como si pudiese escapar de él.

-Ah… Dios…- el moreno frunció el ceño y se sentó en el sofá del salón arrepentido de haberlo tocado, y cruzando una pierna sobre la otra, poniéndose una camiseta y dejándolo que fuera a vestirse solo, casi convencido de que nada sucedería a esas horas. Por más ilógico que le resultase de momento.

Tassei salió del cuarto unos minutos después, pasándose la mano por el cabello y bajando el flequillo sobre su frente y se quedó mirándolo serio. – Ya estoy listo.

Yûdan lo miró pensando si querría ponerse una caja en la cabeza para taparse más y se levantó del sillón, poniéndose la cazadora de cuero y buscando las llaves en el bolsillo –Vamos…- salió delante de él y sacó la moto del alpendre preguntándose en dónde sería mejor mirar primero. O más bien, donde había más probabilidades de tener suerte.

Tassei se subió a la moto, detrás de su padre, sujetándose de su cintura, y pensando que volvía a sentirse seguro, como la noche anterior, cuando lo cuidaba.

 
 

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