.Novela homoerótica para mayores de edad.
 
Capítulo 28- You Can't Run Away, You Can't Hide

Tassei se giró en la cama, pegándose inconscientemente a su padre, sin percatarse de que Jiken acababa de huir de su lugar preferencial por encima de su cabeza, para meterse bajo la cama. El chico abrió un ojo asueñado, un tanto incómodo por la cantidad de movimiento en la cama que sentía tras de sí, preocupándose al notar el rostro del moreno frente al suyo. Pero entonces no tenía sentido la conmoción a su espalda, Jiken no pesaba tanto.

El cuarto comenzó a inundarse de un aire frío y denso, los movimientos en la cama cesaron sólo para que, como un golpe, sacudiese el colchón entero bajo ellos. Yûdan abrió los ojos, observando a su hijo sin moverse y desvió la mirada por el cuarto totalmente oscuro, a pesar de todo, podía observar sombras moviéndose más oscuras aún. Voces débiles que parecían estar dentro de su cabeza, era imposible comprender lo que decían de ese modo. Bajó una mano al suelo buscando la grabadora y la prendió, pero el aparato salió despedido contra la pared golpeándose. Le apoyó un dedo en los labios a Tassei sin pronunciar palabra aún.

El chico contuvo la respiración, mirándolo aterrorizado. Lo cierto es que si no hubiese sido por ese gesto de su padre, hubiese comenzado a gritar. Se recogió más en la cama, abrazando sus rodillas y pegándose a la pared, girando el rostro cada vez que escuchaba el más mínimo sonido. Súbitamente, la sábana con la que aún se cubría, salió volando de la cama como si alguien la hubiese halado con fuerza, y permaneció en el aire, flotando como un infantil disfraz de Halloween.

Yûdan se arrodilló en la cama sujetando la sabana y la apartó bruscamente- Se echó atrás incluso él impresionado por el grito masculino y profundo que surgió entonces, un rostro oscuro iluminándose, a la vez que la luz parpadeaba colgando del techo. La casa entera tembló, como si un terremoto potentísimo la estuviera sacudiendo. Empujó a Tassei detrás de él contra la pared, agarrándole un brazo demasiado fuerte por los nervios –Fuera de mi casa!- le ordenó tratando de no ceder al nerviosismo.

- No.... – Tassei intentó hablar, decirle que aquello no iba a funcionar, en realidad pensaba que debía salir ellos de la casa, ni siquiera sintiendo el ligero dolor del apretón de su padre, con el terror que llevaba encima. El rostro se acercó aún más, observándolos, sin que siquiera se viera afectado por aquella orden. Y justo en ese momento, Tassei gritó, sin poder contenerse más, observando como varias siluetas, todas en sombras, surgían de las paredes a su alrededor acechándolos.

El moreno abrió el cajón de la mesilla tratando de coger una linterna del interior y este se cerró, golpeándole la mano y sujetándosela. Dejó escapar un grito sintiendo cómo sus tendones eran presionados por la madera al punto de sentir que se partirían y dio un tirón más, rompiendo la puertecilla del cajón. La linterna rodó por el suelo encendiéndose y girando de forma antinatural provocando un efecto casi mareante –No se puede huir de esto…- susurró, más bien hablando con Tassei, sabía que no serviría de nada ir a otro lugar, también sabía que no debía cederle terreno. Le sujetaba aún el brazo cuando se levantó descalzo en el piso, llevándolo con él y sintiendo el suelo mojado. Escuchó pasos sobre la superficie empapada cada vez más cercanos, pero la oscuridad de nuevo era absoluta de no ser por la pequeña iluminación de la linterna que había rodado bajo la cama.

Tassei se pegó más a su padre, su aliento cortado por el terror y el frío poco natural que hacía, sus piernas estaban temblando y el piso mojado, no ayudaba en nada. Escuchó al gato gruñir y lo sintió pasar casi volando junto a su pierna, justo en el momento en que la linterna empezaba a dar vueltas de nuevo bajo la cama, permitiéndole ver su silueta por un segundo. – Jiken! – lo llamó, soltándose de su padre y echando a correr tras él antes de que su mente pudiera razonar cualquier otra cosa. Algo pasó, rozándole la mejilla, seguido de un golpe que lo envío al suelo con un chapoteo al caer. Sacudió la cabeza, mareado y temblando violentamente, escuchando los pasos acercarse a él.

-Tassei!- el moreno echó a correr maldiciéndolo por salir así del cuarto, a oscuras en una casa que ni siquiera conocía. La puerta se cerró, golpeándole y salió despedido contra los pies de la cama –Mierda!- cerró un poco el ojo al notar la sangre caliente bajar desde su ceja partida por el impacto de la puerta. Se golpeó contra la puerta tratando de abrirla –Tassei! Sal de la casa!

La salita comenzó a inundarse de pequeños orbes blanquecinos que iluminaron la estancia apenas un poco.

-Sal de la casa!- le gritó de nuevo golpeando la madera con el hombro y haciendo que la madera se astillase cerca de las bisagras.

- Papá?! – el chico se puso de pie, mirando a todos lados, ahora que podía ver, y sin saber qué pensar de nada, estaba demasiado asustado. – No! Papá, abre la puerta! – lo llamó, igual corriendo hacia ella y golpeándola, haciendo caso omiso de todo lo demás. Se estaba muriendo del miedo y sin darse ni cuenta, había comenzado a llorar, pero no quería que sucediera lo mismo de nuevo.

- Papá!- escuchó en una voz que para nada era la de su hijo, más bien la de un hombre adulto, tratando de imitarla o burlarse.

-Sal ahora mismo!- la puerta de la casa se abrió y se cerró de nuevo de golpe, el moreno empujó la puerta del cuarto de nuevo, imaginando que por fin le había hecho caso y otra vez más, haciendo que se partiese por las bisagras superiores. El pomo salió despedido y el moreno se sujetó el hombro magullado, la puerta colgando por la segunda bisagra atravesando el marco.

Tassei cayó sentado en el suelo, por la fuerza con la que se abrió la puerta, inmediatamente siendo arrastrado por el piso, hasta chocar con la pared contraria. Alzó la mirada aturdido, sintiendo un extraño calor dentro de todo ese frío.

Yûdan corrió hacia él, apartándolo de las cortinas que ardían en llamas detrás de él y sujetó el pomo de la puerta de la casa, tratando de abrirla sin conseguirlo. Golpeó la ventana con un pie partiéndola y de nuevo la casa entera tembló. Se agarró a un armario con Tassei entre este y su cuerpo. Sujetó un libro tratando de quitar los cristales cortantes en los bordes y lo sujetó en brazos echándolo fuera de la casa.

El chico cayó al otro lado, rodando sobre sí mismo, más aturdido aún, y se sentó, intentando enfocar la vista. – Papà! – lo llamó, logrando ver tan sólo la humareda que desprendían las cortinas.

-Apártate de la ventana!- El moreno en el interior, arrancó las cortinas apretando las mandíbulas, sintiendo un escalofrío por el dolor, pero no podía permitir que su casa ardiese. Mucho menos ahora que sentía que el fenómeno había cesado. Las tiró por la ventana, apagando la alfombra como podía, tirando la tierra de una maceta por encima y respiró con fuerza acercándose a la puerta y abriéndola, observando a Tassei. Se acuclilló delante de él alzándole la cara y mirándolo nerviosamente, comprobando que estaba bien.

Se sentó en el suelo respirando agotado, sudando y lleno de tizne con el hombro morado y la sangre mojándole la cara. Jamás había visto ni escuchado hablar de algo tan violento. Se sentía perdido, pero también retado.

- Estás lastimado. – susurró el chico, observándolo y colocándose de rodillas, arrancándose una manga de la camiseta, intentando limpiar la sangre que resbalaba por su rostro. – Deberíamos... deberíamos... – murmuró incapaz de hablar más allá de eso, y alzando la mirada de nuevo hacia la ventana al escuchar un sonido. Pero sólo era Jiken, saliendo ahora que todo el peligro había pasado.

-¿Deberíamos?- preguntó el moreno mirándolo y sujetándole la mano con la que lo estaba limpiando. Se levantó a coger al gato del marco de la ventana desde donde miraba a Tassei dudoso y se lo entregó, abriendo la puerta de la casa donde todavía salía humo abundante. Miró hacia atrás al chico observando su rostro afectado –No me gustaban esas cortinas…

Tassei lo miró como en shock de que hiciera semejante comentario, y sonriendo finalmente, apretando al gato contra sí, y acariciándolo, susurrándole. – “Lo siento...” –antes de mirar a su padre de nuevo, intentando hablar con voz más firme y verse más valiente. – Deberíamos llevarte a un hospital.

-No… no iría ni loco y mucho menos te dejaría solo mientras me cosen una ceja, no me motiva ni una ni otra cosa…-murmuró totalmente reticente a acercarse a un médico ni de lejos –Tú estás bien ¿verdad?- preguntó, mirando al gato.

- Yo estoy bien. - Tassei se puso de pie acercándose, frunciendo el ceño y tocándole el hombre amoratado sin ninguna ceremonia. – No te puedes quedar así.....

Yûdan encogió un poco el hombro al notar el dolor, frunciendo el ceño y lo miró, alzando una ceja señalando el interior de la casa para que pasase –Puedo y lo haré… porque soy tu padre y tú me harás caso como un buen chico… no como antes…

- No iba a irme así... – protestó, renegando y sin ningunos deseos de soltar el gato por el resto de la noche. – Y un buen chico se preocupa, ¿no? Así que ahí tienes. ¿Cómo sabes que no hay nada roto? – entró, mirando a todos lados, aún nervioso.

-Porque puedo moverlo, porque no me duele lo suficiente como para estar roto y porque sé que sólo está magullado…- cerró la puerta a su espalda y movió el mueble de los libros, empujándolo para tapiar la ventana con él. Empujó el sofá contra este para evitar que lo empujasen desde fuera, y se pasó la mano por la cara pensando que realmente los sucesos sí eran por la noche tal y como Enki le habían señalado. Lo cual era bastante extraño –Siempre suele haber un cuarto… una zona de la casa donde la actividad es menor…- murmuró apoyando la mano en el pelo de Tassei, revolviéndoselo un poco a modo de cariño aunque seguía costándole un mundo –Aunque no creo que pase de nuevo nada ya… está amaneciendo…

- No importa, vamos a quedarnos aquí, los dos, y a ... no dormir. – insistió el chico, sintiendo las piernas cansadas, pero sin atreverse a sentarse en ningún lado.

Yûdan se rió entre dientes porque le había hecho gracia su forma de expresarse y lo llevó de la mano hacia el sofá del salón. Se sentó, esperando a que hiciese lo mismo y separó un brazo subiéndolo por encima del reposa cabezas –Ahora ya no pasa nada…

- Pero mira lo que pasó.... – suspiró, encogiéndose completamente en el sofá, y mirando alrededor de esa manera. - ¿Ahora comprendes?

-Comprendo… pero no tengo miedo- le aseguró mirando hacia la cocina y bajando el brazo ahora apoyando la mano en su pecho y recostándolo contra él, girándose un poco en el sofá aún así sin mirarlo. Giró el rostro buscando un cigarro y encendiéndolo mirándolo un poco entonces de soslayo.

- Puedes detenerlo, ¿cierto? Sí puedes.... – murmuró el chico, aún preocupado, observándolo también aunque disimuladamente.

-Aún no sé cómo pero conseguiremos detenerlo, está claro- lo miró de forma más directa ahora pensando en que debería ir a buscar la liberta a la habitación para apuntarlo todo antes de que algo pudiera pasársele por alto, pero por más estúpido que le pareciese, incluso a él mismo, ahora no quería moverse que bastante le había costado decidirse a aproximarlo a él –Cuando quieras volver a ir a clase me lo dices, mientras tanto… no es necesario que vuelvas, ni siquiera si pierdes un año de clase, no pasa nada…- murmuró con el cigarro entre los labios, cruzando los pies sobre la alfombra.

- Gracias.... – susurró, encogiéndose de nuevo sobre sí mismo, aunque sin alejarse del moreno, e imaginándose lo que sucedería si algo así ocurría en el salón de clases. ¿Sería posible eso? Bueno, no era lo que más le preocupaba exactamente, sólo intentaba distraerse.

-Existe un pueblo… donde un día llegó un perro por la carretera… No era de nadie que se supiese, simplemente llegó… la gente le tomó cariño y empezó a cuidar de él, aunque otros muchos sentían terror… el perro sabía cuando la gente iba a morir…- empezó a narrarle observando el humo que salía de su cigarro preguntándose si ya no le apestaba.

- Y ¿cómo lo sabían? A lo mejor era un perro psíquico. ¿Lo era? – comentó, interesado, y tratando de concentrarse en aquella historia que nada tenía que ver con él.

-Lo sabían porque cuando alguien se ponía muy enfermo, el perro esperaba frente a la casa del enfermo… la familia sabía entonces que esa persona iba a morir… el perro esperaba allí hasta el día del entierro… acompañaba al muerto hasta el cementerio y una vez enterrado volvía al pueblo… lo hacía para acompañarlos… incluso cuando alguien del pueblo moría fuera… cuando él sentía que había muerto esperaba en la carretera y cuando llegaba el coche fúnebre… lo seguía… No sé si era psíquico… los animales son especiales…

- ¿Especiales? – sonrió, observando al gatito que ahora dormía entre sus brazos, satisfecho con las caricias que le prodigaba su dueño. – Creo... que es una historia bonita. Eso... ¿crees que cuando las personas mueren no se van inmediatamente? – preguntó, más bien porque no le parecía que el perro sólo quisiera acompañar a sus cuerpos.

-Supongo que no, que pasa un tiempo hasta que abandonan totalmente “este mundo” incluso a veces pienso que tienen miedo, se pierden, o que incluso algunos no saben que han muerto o no quieren admitirlo… - explicó sin profundizar mucho en el tema para no asustarlo –Hubiera sido una historia bonita, pero mataron al perro brutalmente…- susurró sacudiendo la ceniza en un platito metálico.

- ¿Por qué? – se levantó, mirándolo angustiado como si hubiese sido su perro y sobresaltando al gatito que sólo lo miró a medias y se volvió a dormir enseguida como si no hubiera sucedido nada.

-Porque la gente suele rechazar lo que le causa temor o desconocimiento… por eso lo mataron… el resto del pueblo tenía mucho cariño a aquel perro, le hicieron una estatua… y estoy seguro de que no murió solo…- lo miró a los ojos preguntándose si debía haberse saltado el final de la historia, pero no había esperado que fuera tan susceptible.

- No, seguro que no... – murmuró, bajando la vista y añadiendo de manera venenosa. – La mayoría de la gente es idiota, espero que hayan pagado....

-Si no lo pagaron, entonces seguro que acabarán por hacerlo… - sonrió de medio lado pensando que tenía mal genio –¿No quieres dormir un poco? Después tenemos trabajo que hacer…

- No puedo dormir... – negó, aunque estaba cansado.

-No lo has intentado…- el moreno lo miró a los ojos –El gato está tranquilo… eso es que no pasa nada… - le explicó para que también se ayudase de ello para estar prevenido –Además yo no voy a dormirme.

- Como quieras, pero si pasa algo... – lo miró de soslayo como desconfiando, susurrando. – Y no dejes que le pase nada a Jiken tampoco...

-Jiken sabe cuidarse solo mejor que yo aún, eres tú quien me preocupa- murmuró alzando una ceja incrédulo de que lo mirase con esa cara de desconfianza –Ponte a dormir- le mandó cacheteándole una pierna –Vamos- insistió moviendo un poco la cabeza.

- Ya voy, ya voy – hizo un gesto con la boca, absteniéndose de mandarlo a dormir también, porque lo cierto es que le daba miedo, aunque no lo quisiera admitir, y cerró los ojos, acomodándose un poco.

Yûdan tiró de la colcha que estaba sobre el respaldo, y se la puso por encima observando los ojos del gato brillando entre los brazos de Tassei bajo la tela. Lo miró a los ojos y bajó la colcha tapándolo también –Cuando te despiertes, será para ducharte… así que procura dormir mucho…- anunció con maldad antes de estirar el brazo para coger una hoja y un boli del librero e ir apuntando.

Tassei enrojeció violentamente, frunciendo el ceño, aunque tomando la decisión de no abrir los ojos ni revelar que seguía despierto, como si fuera posible dormirse así de rápido.

El mayor lo miró de soslayo y frunció el ceño sólo porque lo había visto a él hacerlo, finalmente riéndose entre dientes sin poder evitarlo, al ver lo rojo que estaba, pensando que debía haber surgido efecto su amenaza.


 
 

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