| Capítulo 19- The Boogeyman
Tassei se hundió más en el sofá, con el libro
frente a sus ojos, intentando distraerse, pero a cada pequeño
ruido, estaba que saltaba casi. Dirigió la mirada a su madre
que estaba bastante entretenida viendo aquella película que
a él le provocaba romper el televisor, pero al menos lo estaba
acompañando.
La morena lo miró de soslayo al notar que la observaba y
se llevó el vaso de zumo a los labios alzando una ceja y
volviendo la vista al televisor. Sintió al moreno pegar un
pequeño vote con el ruido de la madera del parque y suspiró
con fuerza –Se supone que seas un hombre… me dan ganas
de meterte en un armario oscuro… -se rió con su idea,
claro que no pensaba hacer algo tan raro.
- La casa entera es como un armario oscuro – protestó,
aunque sin alzar mucho la voz, tanto para no antagonizar a su madre
y que lo fuera a dejar solo, como para no alertar a cualquier cosa
que lo pudiese escuchar.
-A ver si nos va a comer el boogieman- sonrió de medio lado
y sintió como unas voces leves, apenas audibles. Bajó
el volumen del televisor preguntándose qué demonios
de vecino tendría tan alto el trasmisor y no escuchó
nada. Lo subió de nuevo escuchándolas otra vez –Debe
haber un cruce de señal… qué asco… - cambió
de canal para ver si se trataba de una mala emisión pero
seguía escuchándolas – Es igual…
- No es igual.... eso no es la televisión.... – murmuró
con la voz temblorosa, dejando el libro a un lado y pegándose
más hacia donde estaba sentada su madre.
-Oh… claro que lo es! ¿Es que no has visto que si
bajo el volumen ya no se escucha? Dios… cuando te pones paranoico
ya se ve que no hay forma de hacerte entrar en razón ¿eh?
Qué pesado… voy a la cocina, tengo sed…- se levantó
mirándolo con pesadez, frunciendo el ceño pero un
tanto susceptible a dejarlo ahí solo con esa cara de borrego
asustado -¿Te vas a quedar ahí?
- No! – exclamó saltando del sofá, y siguiéndola
a la cocina, mirando a todos lados como si algo le fuese a saltar
encima. Una sola vez se giró completamente, sobresaltado,
creyendo haber visto algo moverse tras él. Pero sólo
quedaban las sombras.
Minako le apoyó la mano en el hombro y Tassei se giró
sobresaltado de golpe hacia ella haciéndola reírse
-Qué voy a salir a darme un baño… hace un calor
insoportable…- negó con la cabeza renegando de lo cobarde,
a su forma de ver, que era el chico. Abrió la puerta del
jardín y esta se cerró de golpe de nuevo aunque no
había existido corriente de aire ninguna. Las sombras se
extendieron rápidamente hasta la misma entrada de la cocina
donde sólo quedaba Tassei. Minako se giró al escuchar
el ruido de golpe pensando en que con esas corrientes el cristal
acabaría por romperse. La sujetó tratando de abrirla
sin conseguirlo y golpeó el cristal un poco –Tassei,
abre esta condenada puerta… Dios…mandaré que
la cambien…
- ¿Mamá?! Mamá! No puedo abrir la puerta!
– le gritó, aún así, intentando abrirla
con todas sus fuerzas, incluso golpeando el cristal sin que este
se rajase siquiera. Sintió un viento frío rodearlo,
y una mano hecha de sombras apareció a su lado, simplemente
flotando en el aire. – AHHHHHHHHHHH! Mamá! –
el moreno, empezó a golpear la puerta con más fuerza,
sólo provocando un estruendo único.
-Tassei! Tranquilízate! Para ! – la morena lo miró
sólo a él, apenas viendo nada que no fuera el rostro
asustado de Tassei, escuchando sus gritos y preocupándose
de veras, aunque jamás hubiera pensado sentirse así.
Golpeó un poco la puerta sujetando la manilla y tratando
de abrir también. Sus ojos se abrieron terriblemente al observar
la oscuridad aproximándose al chico, ennegreciendo las baldosas,
las paredes. Se echó un poco atrás, apartándose
de la puerta observando una enorme boca dibujarse como entre humo,
abriéndose de forma descomunal y se llevó las manos
a los labios conteniendo un grito que ni siquiera salía de
entre sus labios.
- ¿Mamá? – el chico la llamó implorante,
girándose a pesar de que lo único que quería
era salir de allí y pegó otro grito, adhiriéndose
aún más al vidrio, empañándolo allí
donde apoyaba sus manos. Un par de ojos enormes se abrieron sobre
la boca, como dibujando un rostro salido del mismo infierno. El
chico se giró, respirando ajetreado y con los ojos llorosos,
tomando una silla cercana para intentar romper el vidrio, ya que
no veía otra salida.
Aquella masa negra pasó sobre el moreno como si de una enorme
ola se tratase, atravesó la puerta y se abalanzó sobre
Minako, que se echó hacia atrás cayendo sobre la mesa
de cristal del jardín. Dejó escapar un alarido al
sentir el golpe y cómo un trozo de cristal le rajaba cerca
de las costillas. Se echó atrás en la hierba con la
sangre helada y las manos temblando. La sombra se detuvo ante ella
tomando silueta humana, parada, como observándola.
Minako se quedó viendo aquella figura horrorizada sin ser
capaz de reaccionar tan solo tratando de recular por la hierba,
cortándose aún más con los cristales de la
mesa y gimoteando –Dios mío… Dios mío…
- ¿Mamá?! - el chico la llamó desesperado,
aún dentro de la casa, momentáneamente detenido en
su intento de romper el cristal por la sorpresa. – Corre!
–volvió a alzar la silla, a punto de lanzarla contra
el vidrió, cuando una ráfaga de viento repentina,
le arrebató el mueble de las manos de manera violenta, estrellándolo
contra la pared contraria y haciéndolo añicos, de
tal manera, que ni siquiera se hubiese podido reconocer de qué
se trataba.
La morena se levantó como activada por ese grito y echó
a correr por el jardín, sintiendo el corazón en la
boca de la garganta, un dolor y una quemazón horrible en
sus manos y sus costillas, aquella sombra aún detenida en
aquel lugar. Se detuvo un poco pensando en Tassei dentro de la casa,
pero tenía demasiado miedo, demasiado como para no ayudarse
a sí misma antes que a nadie. Se encerró dentro de
la caseta de la piscina y trató de encender la luz, golpeó
el interruptor casi con furia pero no se encendía. Se le
saltaban las lágrimas de lo aterrorizada que estaba. Se quedó
quieta al escuchar ruidos, maderas crepitando, algo casi morboso
deslizándose por el suelo, gimoteó aún más
al sentir su aliento y su piel helarse, un olor nauseabundo.
Tassei observó a su madre huir, por una parte aliviado de
verla bien, aunque por otra absolutamente aterrorizado de haberse
quedado solo con esa cosa allí. Logró por fin abrir
la puerta, y salió corriendo, helándose al ver cómo
la sombra se giraba observándolo. El chico sacó su
celular, eligiendo el número de Kenji con manos temblorosas,
como si fuera a llegar en un segundo al igual que un superhéroe.
La sombra se movió con rapidez, desapareciendo, y una mano
pálida emergió de entre la hierba, haciendo caer al
chico, que soltó el móvil, lanzando un grito agudo.
Kenji se despertó de golpe en la cama de Enki y el gato
lo observó alzando la cabeza, como espantado. Cogió
el móvil del bolsillo a toda prisa, incluso angustiado, ni
siquiera plateándose que pudiera ser alguien diferente a
Tassei y escuchó tan sólo como unas interferencias
terriblemente fuertes, después el grito del chico –Tassei!-
lo llamó levantándose de la cama y empezando a vestirse
con el móvil sujeto con el hombro esperando que por Dios
contestase pero sólo escuchó de nuevo aquellas interferencias
y la línea cortada.
-Por favor… por favor…Tassei- la morena en la cabaña
se tapó los ojos agachándose en el suelo y rezando
porque aquello era lo único que se le ocurría, llorando
y gimoteando, de pronto aún mas asustada al escuchar a su
hijo gritar, pero demasiado asustada para moverse. Cerró
los ojos con fuerza tapándose los oídos con las manos
cuando de pronto… todo se detuvo. Abrió los ojos y
frente a su rostro un rostro oscuro de cuencas vacías, observándola
a escasos centímetros, tan escasos que sintió su aliento
gélido –Ah….- casi susurró levantándose
pegada a la pared, aquel rostro levantándose a la par que
ella sin apartar aquel gesto inquietante de su rostro, su boca se
abrió dejando escapar un terrible grito ronco y ensordecedor.
La morena gritó sintiendo que se le aflojaban las piernas
y cómo estas se humedecían por los orines que se escapaban
con el terror. Gritó de nuevo sintiéndose paralizada,
notando como su corazón apenas bombeaba, mareándose.
- ¿Qué sucede? – Enki se despertó con
el grito y el ajetreo, observando a Kenji vestirse así, y
se puso de pie, poniéndose el pantalón, seguro de
que si estaba así, era algo grave.
- Tassei gritó de nuevo, pateando y consiguiendo que lo
soltase, casi gateando para ponerse de pie. – Mamá!!!
¿Dónde estás?!! – la llamó, cada
vez más aterrorizado, tanto, que ni siquiera se le ocurría
buscar el móvil e intentarlo de nuevo. – Mamá!!!!
– escuchó un estruendo tras él de nuevo, y se
giró para observar cómo se prendían y apagaban
todas las luces de la casa, la puerta de vidrio ahora golpeando
de manera violenta, hasta que finalmente estalló en mil pedazos,
forzándolo a cubrirse aunque algunos pedazos rozaron sus
brazos, cortándolo de todas maneras.
-No lo sé… he escuchado a Tassei gritar y luego solo
interferencias, tengo que ir a la casa….- Ni siquiera se abrochó
la camisa y se calzó a las prisas, buscando las llaves del
coche nerviosamente notando que las tenía en el bolsillo.
Sacudió la cabeza mirándolo y entregándole
el celular –Vamos… llámalo, de vez en cuando
a ver si te contesta, mientras vamos hacia allí…- le
pidió caminando ya por el salón en medio de aquella
histeria que eran sus nervios.
- Sí- asintió el chico empezando a marcar, preocupado.
Si algo le sucedía, no se lo iba a poder perdonar.
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