Kenji se quedó observando cómo Enki vertía varias
cucharadas de azúcar en el café tras haber cenado y
hablado durante horas y dejó asomar una sonrisa en sus labios.
Desvió la mirada a Tassei un momento.
-¿Por qué no te vas a dormir? Es muy tarde…
y tienes cara de zombi trasnochado…
- No tengo cara de nada! – protestó, ya habiendo entrado
en completa confianza, al menos para gritar, y luego murmurando.
– Ya, ya me acuesto... – igual inclinándose para
llevarse a Jiken consigo, aunque el felino estaba perfectamente
a sus anchas en aquel lugar.
-¿Tienes miedo?-preguntó el moreno mirándolo
de soslayo y apenas susurrando la cuestión, sujetándole
una pierna con la mano cuando iba a irse.
- No... – murmuró, en bajito, enrojeciendo y asintiendo
contradictoriamente.
Enki bebió un sorbo de su café sin decir absolutamente
nada. No quería avergonzar al chico y se notaba que se avergonzaba
con facilidad.
-Ya… ¿sabes que es muy difícil asentir con
la cabeza mientras niegas hablando… eres un crack…-
se rió golpeando el sofá con una mano –Seguro
que este sofá está cómodo… y Enki puede
dejarnos una manta…
- Idiota... – protestó, aunque subiéndose al
sofá inmediatamente, Jiken saltando de sus brazos, contento,
y corriendo por el apartamento seguramente a explorar nuevo territorio.
-
- Son un caso los dos, pueden usar la cama, es lo mismo ¿no?
– les sugirió Enki, con ganas de reírse.
-No… porque tú no estás en la cama…-Kenji
lo miró con cara de pena y sonriendo a la vez. Abrió
la sonrisa riéndose un poco –Además… es
pronto para mí, suelo acostarme a las tres o cuatro…
son las dos… ayer ya dormí en un sofá…empiezo
a sentirlo familiar…
- Bueno, pero cállate, así no hay quien duerma –
protestó Tassei, recostándose contra sus piernas mientras
Enki se ponía de pie para ir a buscar una manta, riendo.
Regresó al minuto, cubriendo al moreno, que apenas lo miró
de soslayo, un tanto cohibido.
-Vale… pero te advierto que no voy a callarme y que además
estas piernas son mías, no puedes darme órdenes mientras
te apoyas en ellas…Es más… esto debería
costarte una pasta… ¿Sabes la de horas que me has tenido
aquí?-se rió rozándole el cabello con un dedo
y apartándoselo de la cara.
- No digas tonterías.... – el chico se recogió
más aunque sin apartarse de sus piernas, murmurando. –
Si quieres te pago...
-No tienes ni para pagarme dos horas… por eso me follo viejos,
son los únicos que pueden hacerlo… - sonrió
apoyándole la mano en el hombro tratando de hacerlo sentir
tranquilo y de paso intentando borrar esa última frase porque
lo había dicho sin pensar un mínimo y no le hacía
muy feliz delante de Enki. Lo miró de soslayo y desvió
la mirada a la pared -¿Alguna vez te ha pasado algo así
Enki? Con fantasmas o lo que sea…
. Idiota... – murmuró de nuevo el chico cerrando los
ojos esta vez.
Enki negó con la cabeza, aún bebiendo su café.
– Es raro de por sí encontrarse con algo así.
He visto muchas cosas antes, y he sentido presencias, pero jamás
de una manera tan contundente.
-Has sentido presencias… yo me cagaría…- dijo
en cierto modo como si no pensase demasiado en lo sucedido como
algo real –Y esa voz que se escuchaba… creí que
los fantasmas no hablaban… o al menos no con voz… claro
que por no hacer.. ni películas veo y menos de esas…
- Algunos no lo hacen, otros sí, depende del tipo. –
le explicó, tranquilamente. – Otros pueden escribir
o necesitan de un médium que les ayude. Y claro, están
las posesiones..
-Oh… qué bien…- se rió un poco pasándose
la mano por la mandíbula y rozándose los labios con
los dedos, preguntándose cómo podía dormir
estudiando esa clase de cosas –No me extraña que no
haya muchas universidades de parasicología… es como
estudiar para no dormir…
Enki se rió, alejando la taza de su rostro para no derramarla.
– Bueno, pero cuando puedes sentir esas cosas naturalmente,
te acostumbras a ellas. No hay de otra, de todos modos. Pero no
es tan terrible, no es como que todo sean demonios y niñas
del exorcista, ¿sabes?
-Yo prefiero no relacionarme con fantasmas, me lo prohibió
mi madre y yo nunca la desobedezco-se rió por lo bajo y se
escurrió un poco por el asiento para recostarse más
contra el respaldo, apoyando a Tassei más arriba –Mañana
tengo que ir pronto al concesionario… y lo dejaré en
clase… así que no te despierto… ¿vale?
Te lo digo para que no llores pensando que fui a por tabaco y no
regresé.
- Prometo no llorar entonces. Y como soy adivino, puedes decirle
a Tassei que Jiken puede quedarse aquí esperando por él.
– le sugirió, imaginando que el chico no querría
dejar el gato solo en esa casa y tampoco podría llevarlo
a la escuela.
-Vale… se me había olvidado el gato que por cierto
se te cagará por ahí… en cualquier maceta…-
se rió en bajo por no despertar al moreno que por fin se
veía dormido y miró el reloj pensando que mañana
por la mañana se pasaría antes por su casa a cambiarse
de ropa. Seguro que se le arrugaba de dormir. Apoyó las gafas
en la mesita que tenía al lado y las hizo girar entre dos
dedos –No sé qué va a pasar… no puede
estar así… mañana tendrá que volver a
su casa… y no sé si será capaz…
- Lo sé, es una situación difícil, pero al
menos espero poder conseguir ayuda mañana. Por mi parte,
te habrás dado cuenta de que apenas soy un principiante,
pero como te dije antes...... – su voz fue interrumpida, por
el sonido de platos rotos en la cocina. Enki dirigió su mirada
hacia allá como era natural y luego a Tassei. El chico seguía
dormido, pero estaba temblando.
-Se ha caído algo…- anunció el moreno como
si no fuese de lo más obvio y no tuviera importancia. Miró
a Tassei entonces y le apretó un poco el hombro preguntándose
si debía despertarlo o no -¿Voy a ver?- miró
hacia la puerta de la cocina y las bisagras hicieron un ruido chirriante
conforme esta se cerraba lentamente, pegando un portazo al final.
Kenji sintió que se le aceleraba el corazón en el
pecho, como si aquel fenómeno lo hubiera escuchado –Es…
¿lo mismo?- susurró como si de ese modo se pudiera
esconder de aquello. Sintió golpes en la pared, leves, apenas
audibles, a su espalda, se le estaba acelerando aún más
el pulso
- Eso o tengo otro en mi casa y lo dudo. – Enki se puso de
pie, acercándose al sofá y notando que la respiración
de Tassei se hacía aún más agitada, como si
le costase respirar. El gato pasó casi volando por sus pies,
sobresaltándolo y yendo a esconderse bajo el sofá.
– Espera, Kenji, mejor no te alejes de aquí. –
le advirtió el pelirrojo, girándose de golpe al ver
una sombra pasar por el rabillo de su ojo.
-Tú tampoco…- lo miró, nervioso, pensando en
lo que le había sucedido antes. Parecía que aquel
fenómeno la tuviese especialmente tomada en su contra, se
quedó callado observando la sombra detenerse reflejada en
la pared, con forma humana, allí parada como observándolos.
Sintió las pulsaciones en los oídos de lo fuerte que
le latía el corazón.
- ¿Qué quieres? – le preguntó Enki,
observándola, con la esperanza de que le dijese algo que
pudiera ayudarlos. Habló de nuevo, en voz clara y demandante,
a sabiendas de que no debía hacerle creer a lo que fuera
eso, que tenía el poder. – Esta no es tu casa, es mi
casa, y deseo saber qué es lo que quieres.
Tassei, emitió un sonido como de estarse ahogando, aún
sin despertar, su pecho moviéndose rápidamente, el
aliento saliendo blanco de su boca, mientras la sombra permanecía
allí de pie frente a ellos, sin decir nada. Enki estaba a
puntote preguntarle de nuevo, poniéndose nervioso por el
chico, cuando una de las botellas de soda que habían acompañado
la cena, se elevó en el aire, volando directamente hacia
su cabeza, apenas dándole tiempo para agacharse.
Kenji sintió que le temblaban un poco las manos y sujetó
a Tassei mejor, cogiéndolo sobre sus piernas y rodeándolo
sin comprender por qué demonios no se despertaba, le estaba
sacando de quicio. No era como para seguir dormido con ese ruido
–Dios!- se encogió al notar que varias cosas que había
por la habitación subían violentamente hacia arriba
pegándose al techo. Se levantó con el chico en brazos
alejándose de aquella sombra –Vámonos…-
le pidió a Enki aunque sabía que no podían
huir. Los objetos bajaron de nuevo cayendo violentamente como si
hubieran sido lanzados desde una distancia mucho mayor y de forma
absolutamente deliberada y violenta. Se sintió golpeado por
varias cosas y se echó contra la pared.
- No, no podemos irnos. Tassei! – Lo remeció aún
entre los brazos del moreno. – Despiértalo, haz lo
que sea, pero despiértalo.- El pelirrojo lo haló de
un brazo, corriendo hacia el cuarto, y empujando la puerta con todas
sus fuerzas, ya que parecía como si un huracán la
estuviera empujando en contra de ellos.
El moreno lo bajó de sus brazos pero no se sostenía
por su propio pie, trató de remecerlo intentando que se despertara
y empujando la puerta con la espalda. Sintió de pronto como
si un viento gélido los traspasase –Tassei! Despierta!
Mierda… - se golpeó contra la puerta deseando que se
abriese de una vez.
- Tassei! – le gritó el otro chico a un volumen que
hubiese quedado exagerado en cualquier otra circunstancia.
El moreno por fin abrió los ojos, poco a poco, como confundido.
- ¿Qué? Ah! – se pegó a Kenji aterrado,
aunque todos los objetos que estaban en el aire, cayeron al piso,
apneas hubo despertado por completo.
Enki empujó la puerta logrando abrirla a la fuerza y entró
como una tromba, rebuscando entre sus papeles, y maldiciéndose
a sí mismo por no estar preparado, pero no esperaba algo
de tal fuerza a esa distancia de la casa, aunque siguiera al chico...
Kenji se metió en el cuarto rápidamente apoyándose
en la puerta como si allí pudiesen estar a salvo de cualquier
cosa y abrazó al moreno contra sí, ni siquiera estaba
más seguro de cual de ambos estaba más asustado, pero
no podía dejar de mirar cómo Enki rebuscaba entre
los folios sin encontrarle ninguna lógica -¿Qué
esto? ¿Por qué para ahora? Enki!- lo llamó
como tratando de que dejase eso ahora.
- Porque Tassei está despierto – contestó,
apresurado, prefiriendo explicarle luego.
- Y ¿eso qué? – preguntó el chico aún
espantado y mirando la puerta fijamente.
La misma se abrió violentamente, la sombra apareciendo ante
ellos nuevamente.
-Jo…der!....- el moreno se echó hacia atrás
sin soltar a Tassei como si fuera a protegerle el estar agarrado
a un chaval que además era el origen de aquello o al menos
eso le parecía a él.
“los muertos….”
Una voz de nuevo apenas audible, pero femenina se escuchó
como susurrada, los armarios abriéndose lentamente, los cajones
se cayeron seguidos unos de otros lanzados contra la pared de enfrente
como si alguien los estuviese sacando a la fuerza.
-Esto no puede ser…- Kenji se echó contra la pared
de enfrente sin dejar de mirar aquella sombra.
Enki se enderezó, empezando a leer un papel en rumano, intentando
pronunciarlo bien aunque no tenía mucha idea. Pero parecía
estar funcionando, la sombra se hizo menos sustancial, aunque la
voz seguía escuchándose a nivel de susurro, aparentemente
llorando y riéndose a la vez.
Tassei sintió una mano fría rozarle la mejilla y
aguantó la respiración, pegándose incluso más
a Kenji. No gritaba porque estaba demasiado asustado para siquiera
pensar en esa posibilidad.
El moreno lo sujetó con más fuerza girándolo
más hacia él para que no mirase, aunque no había
mucho que ver, era todo, el frío, la sensación de
estar siendo observados por miles de miradas, las voces susurrantes,
los propios latidos de su corazón acelerado y los latidos
de Tassei contra su cuerpo. Se agachó un poco haciendo que
Tassei fuera con él contra la pared, casi arrinconándose
en la esquina del cuarto”se va”pensó convencido
o más bien deseando convencerse.
Enki terminó de leer, alzando la mirada para asegurarse
de que estuviera funcionando, aunque no era algo garantizado. Hubiese
podido intentar cualquier otra cosa con el mismo porcentaje de éxito.
El viento sopló una vez más con violencia, finalmente
desapareciendo, y dejando la habitación en el más
absoluto de los silencios.
- Ya.... ¿Ya se fue? – preguntó Tassei, con
la voz temblorosa, queriendo aparentar valentía y fallando
claro. Pero no era para menos.
- Creo que sí.... – se escuchó el sonido de
vidrio roto en otra parte de la casa, y luego, silencio de nuevo.
-Joder…- susurró Kenji que sentía que era lo
único que podía alcanzar a articular desde que aquello
había estallado. Se quedó donde estaba, sentado en
el suelo con Tassei entre las piernas y le apoyó la mano
en la cabeza, aflojando el abrazo y dejando la cabeza contra la
pared –Esto es horrible… -susurró.
El chico estaba temblando nuevamente, sin poder controlarse por
el susto que había pasado. – Jiken...? – susurró
de pronto preocupado, sus ojos llenándose de lágrimas
a pesar de que intentaba no llorar.
- Está bien, seguro... Lo vi esconderse, iré a buscarlo,
¿vale? – lo intentó tranquilizar el chico de
cabello castaño rojizo, aunque se sentía tan agotado
por la experiencia como los otros dos, y salió del cuarto,
observando con alivio que el sofá, seguía en el mismo
lugar a pesar de que su sala era un caos.
Kenji se levantó ayudando al moreno y se sentó en
el borde de la cama pasándose una mano por el cabello. Lo
miró de soslayo y le rodeó la cintura –El enano
fue más listo que nosotros…
- Aquí está – anunció Enki, mostrándole
al erizado animal que llevaba en brazos y entregándoselo
a su dueño.
Tassei lo sujetó contra sí como si fuera el consuelo
más grande del mundo, encorvándose sobre el gatito
como protegiéndolo.
-Ahora ya no va a dormir ni Dios …-suspiró con fuerza
de nuevo dejándose caer en el colchón y tapándose
la cara con una mano, mientras se guardaba la otra en el bolsillo.
Tratando de pensar en cosas triviales que le hiciesen dejar de pensar
en eso si es que era posible, se frotó las sienes sintiendo
que hasta le daba dolor de cabeza todo aquello –Te ayudaré
a recoger un poco…-susurró levantándose por
fin y recogiendo las cosas que se habían salido volando de
los cajones, colocándolas cuidadosamente de nuevo.
- No es realmente necesario, todos estamos cansados... –
comentó, aunque le daba la impresión de que lo ayudaba
distraerse con esa tarea y comenzó a recoger también.
- ¿Por qué? ¿Por qué me persigue? Yo
no he hecho nada – susurró Tassei, demasiado estremecido
aún como para poder poner cara dura a todo aquello.
-No lo sé…- el moreno lo miró colocando uno
de los cajones efectivamente distrayéndose en aquello. Más
que cansado, estaba hiperactivo, quería echar a correr de
esa casa y no saber más de aquello en su vida –Claro
que no has hecho nada, no es tu culpa…
- No, no es tu culpa, estas cosas simplemente pasan... –
Enki se agachó a su lado, observando al chico, aunque este
giró la cara como cabreado, pero en realidad era porque no
quería que lo vieran así como estaba. – Es difícil,
¿no? Pero no puedes darle más poder del que ya tiene.
No dejes que gobierne tu vida.
Kenji los miró de soslayo mientras cerraba el armario pensando
que era un alivio ver el cuarto más o menos como si nada
hubiera pasado y se apoyó en la puerta frotándose
la frente de nuevo, volviendo a pensar que le dolía la cabeza.
Se acostó en la cama otra vez con la mano sobre los ojos
–Hay que hacer algo…como sea… y hay que decirle
a tu madre…
- Ella no me va a creer! Dirá que estoy loco! – protestó
el chico, negando con la cabeza.
- De todas maneras hay que decirle. También vive en la casa
¿no? Lo que significa que está en peligro.- lo contrarrestó
el pelirrojo, suspirando y pensando que tenía que apresurarse.
No era una situación que se pudiese tomar a la ligera ni
por un segundo.
-Además no lo sabes, podrías darle una oportunidad,
tal vez quiera protegerte, Tassei Tampoco es tan mala, sólo
egoísta y repelente…-susurró el moreno que ya
casi solo podía pensar en el dolor pulsante que sentía
en la sien –Es tu madre… ¿Qué harás
mañana si no? Si nadie más lo sabe…
- No lo sé.... – Tassei se encogió más
sobre sí mismo y el gato, pensando que estaba equivocado.
Su madre no lo quería para nada, no le iba a importar lo
que le sucediera.
-Yo estaré contigo cuando se lo digas… mañana
te llevaré a clase…y después iré a buscarte
¿quieres eso?-preguntó pensando que nunca se había
molestado tanto por nadie que no fuera él mismo –Al
menos dale la oportunidad… tampoco hay mucha más opción…
Tassei asintió en silencio, mirándolo luego de soslayo,
a sabiendas de que tenía razón, tenía que decírselo.
Pero seguía creyendo que no le haría caso.
- Ya sé que no lo parece ahora mismo, pero las cosas se
van a solucionar. – le aseguró Enki, poniéndose
de pie para no molestarlo más, porque ya parecía que
se iba a volver un caracol con un gato en el medio.
-No te vayas…- murmuró Kenji sólo porque había
sentido que se levantaba de la cama aunque seguía sin apartarse
la mano de la cara y la dejó resbalar con suavidad para observarlos
a ambos –Nos quedamos los tres aquí…siempre quise
hacer un trío con un niño y un friki...- susurró
aún ahora sonriendo un poco.
- Cállate, idiota! – protestó Tassei recuperando
un poco de su ánimo para insultar, y sonriendo ligeramente.
- Y deja de llamarme friki.... o perderás el derecho a la
siguiente cita... – bromeó Enki, subiéndose
a la cama, y quitándose las gafas, dejándolas a un
lado.
-No… de eso nada, esto me lo vas a tener que compensar, los
dos tenéis que compensármelo… exijo compensación
ya…- se rió suavemente tirando de Tassei para que se
acostase a su lado y golpeó el colchón de otro lado
mirando a Enki –Aquí hay un sitio para ti… -canturreó.
- Eres imposible. – le aseguró Enki, acercándose
aunque rojo, pero no era como que se lo fuera a comer.
- No, es necio e idiota y guarro – se rió Tassei,
mucho más tranquilo, acurrucándose.
- Bueno, por lo menos, ambos son extremadamente honestos...
Kenji se rió pasando el brazo bajo el cuello de Tassei para
que apoyase la cara en él y le apoyó la mano en el
cabello, girándose un poco para mirar a Enki y llamándolo
con un dedo para que se acercase más –Prometo no comerte
con Tassei delante…
- Que no digas esas cosas! – protestó el moreno remeciéndolo
y alterando un poco al gato, que no salió corriendo, sólo
porque allí estaba calentito.
Enki se acercó más, aún sonrojado, y susurrando.
– Te tomo la palabra entonces.
-Vale…no digo más…- el moreno se rió
pensando que le estaba dejando el dolor de cabeza hecho una papilla
y le besó la frente antes de mirar a Enki susurrándole
“Te has librado del tercero porque no ha habido despedida
hoy… de mañana no pasa…”-bajó la
mano sujetando la suya y acariciándola, mirándolo
como si no hiciera nada.
El chico le sonrió, cohibido y sin comprender cómo
podía comportarse así en esos momentos. Se recuperaba
rápido, de eso no había duda. Kenji le subió
la mano apoyándola en su pecho y cubriéndosela con
la propia. Se giró para mirar al techo y cerró los
ojos deseando dormirse si era posible, pero no sabía si podría
conseguirlo.
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