.Novela homoerótica para mayores de edad.
 
Capítulo 10- Jiken

Kenji detuvo el coche un poco alejado de la casa y se bajó, aprovechando que Minako le había dicho que tendría una reunión esta tarde. De todos modos, la situación por la mañana había sido realmente tensa hasta que la había acompañado a la ducha, siempre decía que las cosas así no se arreglaban, pero todo apuntaba a que con ella así era. De todos modos y aunque ya no estuviera de morros, desde luego no quería que se enterase de esto o se pondría insoportable de nuevo.

Entró por el jardín y llamó a la puerta de atrás imaginando que Tassei aún estaría asustado con lo sucedido en la noche. Además, quería saber qué había pasado exactamente. Se quedó mirando a través de cristal al salón y notó pasar una sombra. Se acercó un poco más asustado y llamó otra vez.

- Ya voy, ya voy! – gritó el chico desde su cuarto, lugar en el que prefería estar encerrado, lo más entretenido posible y rodeado de sus cosas, como si eso ofreciese algún tipo de protección. Sabía que era absurdo pero igual lo hacía sentir mejor. Dejó el peluche del gato a un lado, poniéndose de pie y bajando rápidamente, ya de por sí pensando en que si no había nadie en la puerta, por ahí mismo se iba y a su madre que la partiera un rayo. Pero para su alivio, se trataba de Kenji. - ¿Qué haces aquí? – preguntó un tanto tosco, tratando de ocultar lo que seguramente se reflejaba en su rostro.

Kenji le sujetó la mano decidiendo no comentarle nada acerca de la sombra y como siempre, ignorando lo tosco que fuera con él. De cualquier forma, no era como que la gente lo tratase de una forma encantadora normalmente –He venido a buscarte para que vengas a dar un paseo conmigo ¿hm? Somos amigos…- sonrió y miro hacia él. iró de golpe apartándolo hacia él y se quedó observando una bruma negra tras el chico que parecía disiparse de un modo, desde luego no muy natural. Seguro de que estaba demasiado cansado y ya hasta veía cosas.

- ¿Qué sucede? – Tassei se giró, asustado, aunque no alcanzó a ver nada esta vez, pero no por eso descartaba que Kenji hubiese visto algo. - ¿Qué....? ¿Por qué me halaste así? – preguntó, intentando no mostrarse cobarde.

-Yo qué sé… me pareció ver una sombra y me sorprendió, no me hables así, que sé que tú también estas asustado…- se rió llevándolo hacia fuera –Por el momento, vámonos de tu casa de una vez… más me asusta Minako.

Tassei se rió, sin poder evitarlo, encogiéndose de hombros luego y bajando el rostro para que no le viera la cara. – Lo siento... te metí en problemas anoche, ¿no es así?

-Es igual, si no es una cosa es otra, de todos modos no es algo que no pudiera arreglar esta mañana….- le soltó la mano y se rascó la nuca –Pensé que estarías asustado si te quedabas solo. Además, quería que me contases lo que sucedió sin gritos por el medio…- lo miró de soslayo y se guardó las manos en los bolsillos -¿Crees que eran fantasmas o algo así?

- No lo sé... al principio creí que era mi imaginación, ¿sabes? Pero.... pero no sé qué más podría ser. - le explicó, aliviado de que le creyese. – Ya había escuchado ruidos la noche anterior, pero supuse que serías tú. Sé que mi madre a veces te llama en el medio de la noche.

-No, ayer noche estaba trabajando afuera- se rió porque de pronto se sintió como si fuera fontanero 24 horas. Lo cierto es que por el momento, él no creía que fueran fantasmas, le parecía demasiado bizarro para asimilarlo, pero tal vez simplemente era eso, se negaba a creerlo -¿Tú crees que los fantasmas juegan con la luz y hacen temblar escaleras… y llaman por teléfono?- se rió sin poder evitarlo y le apoyó la mano en la cabeza.

- Suena estúpido, ¿no? – lo miró de soslayo, seguro de que tampoco le creía. Y tal vez tenía razón, a la luz del día era posible que se estuviera dejando llevar y exagerando las cosas.

-No, estúpido no suena, yo me hubiera cagado…- se rió pero era cierto. No se hubiera quedado en la casa ni por un minuto de tener su edad –Y tampoco tengo mucha idea de qué hace un fantasma o no, nunca conocí a ninguno, lo que está claro es que tu madre no va a mudarse así por así…. Lo sabes ¿verdad?

- Lo sé... – murmuró decaído. - ¿No puedes quedarte con nosotros? Kenji... ¿de veras me hubieras llevado contigo anoche? – lo miró más directamente, sin darle tiempo a contestar la otra pregunta porque ya sabía la respuesta.

-Sí, claro, a mi casa, pero no es el mejor lugar del mundo…- sonrió levemente sintiéndose un tanto escrutado por esa mirada y se rió con suavidad echándole el flequillo adelante para taparle la vista –Y no puedo quedarme… necesito trabajar, además de que si me quedo con tu madre por tanto tiempo, luego ya ni ella me pagará por quedarme, le parecerá natural ¿entiendes? Necesito el dinero…- sonrió un poco desviando la mirada y acercándose a la puerta de una casa.

- Sí, necesitas el dinero... – murmuró enfurruñado, a pesar de que no tenía derecho. – Cualquier lugar es mejor que aquí, y mejor aún si es lejos de ella.... De veras que no sé cómo la aguantas, con dinero o sin él.

-Porque me paga… y además créeme que es de lo mejor que consigo, la prefiero a ella que a otros, si al menos sólo fuera el polvo y me dejara en paz… - suspiró pensando que de todos modos con los tíos tan raros que a veces le tocaban, podía darse con un canto en los dientes con Minako. Llamó a la puerta y una señora salió mirándolos con una sonrisa –Llamé antes por teléfono…he venido con un amigo- Kenji le sonrió de vuelta seguro de que después Minako le iba a echar una buena bronca.

-Ah, vale… venid, no os quedéis en la puerta…- sonrió caminando por un pasillo tan estrecho, que parecía que su culo fuera a chocar con ambos lados, cosa que hizo a Kenji sonreír y bajó la cabeza llevando al moreno de la mano.

- ¿Dónde estamos? – preguntó el chico con su habitual tacto y sutileza, mirando a todos lados con sospecha.

-Está claro, en la casa de esta señora…- Kenji se rió y la mujer sonrió quitándole importancia al tacto del niño. Al fin y al cabo, sólo era un niño.

-Mi hijo también tiene un genio horrible… Dios… los adolescentes, a veces se necesita mucha paciencia…están ahí…- explicó sentándose en un sofá y señalándoles una cajita.

Kenji llevó al moreno por los hombros y lo agachó delante de él para que viese a los gatos que la señora les mostraba –A ver… escoge uno…

-Si no, los regalo… no sé qué haré, no me los puedo quedar todos…- siguió hablando la mujer explicando que su marido trabajaba repartiendo butano y no se cuantas cosas más.

Tassei se agachó observando a los gatitos, sonriendo quisiera que no. No podía creerlo, seguro que a su madre le daba algo, pero le importaba muy poco. Lo cierto es que si hubiera podido, se los habría llevado a todos. Uno de ellos se pasó en dos patas, atacando su dedo y cayendo sentado hacia atrás, como confundido, y el chico lo alzó, acariciándolo. Era completamente negro a no ser por una mancha blanca alrededor del ojo derecho. Parecía un gato en negativo. – Este... ¿en serio puedo llevármelo?

Kenji le pasó un dedo por encima, acariciándolo.

-Claro que sí, hijo- la mujer lo miró sonriendo feliz de al menos encontrar una casa para uno de ellos, además de que le hacía gracia la cara del chico. Kenji sonrió levemente y le pasó la mano por el pelo, parecía mentira qué tonterías podían hacerlo feliz. Tenía de todo siendo hijo de Minako, pero le hacía feliz un gato que seguramente de no cogerlo él habría acabado en la calle abandonado. –Me alegro de haber puesto el anuncio en el diario….- suspiró mientras se levantaba como si le costase un mundo –Os acompaño a la puerta.

-Gracias- Kenji le tocó en un hombro sonriendo, esperando para que se levantara con él, porque parecía tener prisa por que la dejasen a solas, cosa que comprendía, más siendo una anciana, no le haría mucha ilusión tener a unos desconocidos en su casa. Igual que tampoco le hacía ilusión a él, pensar en explicarle a Minako el asunto del gato, sólo esperaba que no se pusiese muy insoportable, o tendría que quedárselo él y no tenía mucho tiempo para dedicarle precisamente.

Tassei lo siguió, abrazando al gatito contra sí, aunque igual parecía querer adherirse a su camiseta. – Sh.... quieto... – le susurró, como si sólo él pudiese escucharlo y susurrando luego en una dirección general. – Gracias....

-De nada…- le susurró de vuelta sonriendo de todos modos –Vamos a comprarle sus cosas ¿quieres? Y esperemos que Minako no se ponga muy insoportable…- miró hacia arriba pensando que seguro que sí, aunque sólo fuera por el hecho de haberse llevado a Tassei con él, como si tuviese algún derecho de exclusividad sobre él.

- No me importa, yo voy a cuidarlo, así que no es su problema. – refunfuñó, frunciendo el ceño de nuevo, decidido a no obedecerla en esto de todos modos.

-Claro- sonrió revolviéndole el pelo –De todos modos es mi culpa ¿ no? Así que no te preocupes, ya me soltara el rollo a mí… y ya sabes que sé cómo hacer que se calle…- lo rodeó por los hombros y le puso delante un papelito con su teléfono –Es mi móvil… por si tienes miedo…

- No me hagas pensar en esas cosas – protestó, sintiendo un escalofrío más por lo de su madre que por la casa, y tomó el papel como podía sin soltar al gato, guardándoselo. - ¿Por qué eres tan agradable conmigo, Kenji?

-¿Por qué no iba a serlo? Es sólo que soy así de agradable pero tú no querías saberlo ¿hm?- le echó un poco la cabeza hacia atrás para que lo mirase a la cara y sonrió –Yo también estaba muy solo de pequeño… ahora también… pero bueno…

- No estoy... – empezó a protestar, enrojeciendo y quedándose a media frase. - ¿No tienes familia o algo...? No importa, está bien, seré tu amigo si aún quieres... – murmuró inseguro aunque aparentado que acababa de tomar la decisión.

-Yo creía que ya éramos amigos hace rato…- enarcó una ceja y se subió las gafas de sol ajustándoselas mejor, sonriendo y desde luego vacilándolo –Tengo padre pero él no quiere verme delante… comprensible ¿no crees?-lo llevó al interior de un super mercado y empezó a buscar las cosas para los animales –Tienes suerte… los gatos cagan en casa…- se rió agachándose para coger varias cosas.

Tassei se rió, ignorando lo de que fueran amigos antes, porque le daba vergüenza que lo expusiera así. – Yo nunca conocí a mi padre, mi madre dice que es un perdedor. Hum.... imagino que sí, porque estaba con ella en primer lugar ¿no? – bromeó malditamente, tomando una pelotita de un estante sólo porque el felino parecía empecinado en atraparla.

-Si la dejó es que tan perdedor no era… depende de la óptica con la que lo mires ¿no crees?- se rió caminando hacia la caja registradora - … de todos modos cuando eres adulto… pasan muchas cosas que ahora no podrías comprender y que te hacen tomar decisiones… extrañas, debes opinar por ti mismo… ¿no querrías saber cómo es realmente? Si ella se enamoró de él… si tuvo un hijo con él y se casó con él… es que tan perdedor no debió de parecerle… ¿no crees?

- Supongo, pero de todos modos, no creo que le importe, si me dejó con ella... – murmuró, acariciando al gato distraídamente. – Y además, el que a mi madre le haya agradado, no es buen argumento. – se encogió de hombros, sin meditar mucho lo que decía.

-Yo le agrado a tu madre… y a ti también…- le pagó a la chica sonriendo mientras le entregaba el dinero y salía de nuevo con Tassei –Y también soy un perdedor… a mí me importas y sin embargo no podría hacer nada por ti si tu madre se lo propusiera… ¿comprendes? Existen leyes… y situaciones… es fácil juzgar sin saber… es mejor esperar, preguntar… ¿hm?

- Pero es distinto! Tú no eres mi padre! Y no te llames perdedor... – refunfuñó, bajando la cabeza.

-Vale…- le concedió tratando de recordar no decir eso delante de él –Tú sólo me ves con tu madre… no eres capaz de imaginar cómo es la vida de alguien como yo… bueno… - sonrió ajustándose un lado del cuello de la camisa -¿Y cómo lo vas a llamar?

Tassei lo miró de soslayo, aún serio, aunque sonriendo luego al mirar al gatito que jugaba contra su pecho. – Jiken.... son las sílabas de tu nombre al revés.

-Vale…- se rió pasando al jardín –Será mejor que vaya contigo… -murmuró suponiendo que Minako ya habría llegado –Supongo que ahora tendré que irme… acuérdate… de que puedes llamarme… ¿vale? Anda… abre la puerta.

- Sí... gracias, Kenji- murmuró a toda prisa, abriendo la puerta con una mano y entrando, enseguida sujetando al gato mejor, como si necesitase protegerlo.

Kenji pasó al salón observando que la morena no estaba allí, claro, se sentía como un crío que hubiera hecho una travesura, ni que ella supiese lo que había hecho. Minako entró en la cocina justo en ese instante, apoyando una mano en la encimera y bebiendo. Al parecer debía venir de la piscina por que llevaba solo un bikini y una camisa.

-¿Y tú aquí?- sonrió hasta que vio que venía con Tassei –Ya me parecía a mí extraño que mi hijo hubiera salido por su propio pie… a veces creo que es como un mueble… hace lo mismo que ellos, pero sirve para menos…- salió entrecerrando los ojos como si no pudiese distinguir un gato a la distancia.

-Es un gato…- Kenji sonrió sin poder evitarlo.

-Eso ya lo veo... ¿Por qué esta aquí? No soporto a los animales Tassei, ya lo sabes! Lo dejan todo lleno de pelos, dan infecciones y son sucios

-Está vacunado y limpio- mintió mirándola a los ojos.

-Me da igual! No puedes regalarle un asqueroso bicho sin mi permiso!

- No es un asqueroso bicho! Se llama Jiken y es muy limpio! – gritó como si eso estuviese garantizado, el gato erizando la cola por los gritos.- Además, ¿qué más te da? Si va a estar conmigo...

-Y tú no estás con él… así que… asunto arreglado… - empujó un poco al moreno para que subiera la escaleras apenas mirándolo un segundo y sonriendo a Minako.

-Pero esta es mi casa Kenji! Dios! Te estas poniendo insufrible…

-¿Será que te gustan los calavera?- sonrió de medio lado y la morena le pegó una bofetada. Kenji le sujetó la mano aún sonriendo y le besó el brazo atrayéndola hacia él y besándola un poco a la fuerza en un principio aunque siempre acababa cediendo. Se la llevó hacia la cocina pensando que de paso se ganaba algo.

Tassei subió las escaleras con rapidez, prefiriendo ni pensar en lo que estaba sucediendo abajo. Ahora que le agradaba Kenji hasta le parecía peor tener que soportar aquello. Entró en su habitación, cerrando la puerta tras de sí y colocando al gatito sobre su cama. – Vale, tú no te preocupes, yo te voy a cuidar – le susurró, acariciándolo, ahora que estaban solos y observando cómo iba a esconderse tras de su almohada. Debía estar nervioso, seguro.


 
 

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