Capítulo 8- Friends Come in the Weirdest Shapes
Kenji se miró en el espejo del retrovisor una vez más,
asegurándose de que tenía buen aspecto. Debía
de ser una de las personas que más duchas recibía
al día, una después de cada cita, por no hablar de
cuando le hacían ducharse antes del sexo para asegurarse.
Lo comprendía, así que tampoco hacía ningún
drama, por más pesado que le resultase.
Se pasó la mano por la mandíbula y bajó la
mirada al volante, no le apetecía nada tener aquella cena
en la que probablemente sólo escucharía hablar de
negocios y en la que estaría regañándole casi
todo el tiempo por no ser lo suficientemente fino haciendo una u
otra cosa. Se había puesto el traje tal y como le había
pedido, pero de todos modos, llevaba la camisa abierta hasta la
mitad del abdomen, ya se la abrocharía cuando no quedase
más remedio. Se sentía más desganado que nunca,
seguramente porque estaba comparando su rato de la tarde con el
que estaba por venir y no le seducía mucho la idea.
Salió del coche por fin y llamó a la puerta, pero
no le abría nadie. Llamó una vez más guardándose
después las manos en los bolsillos preguntándose que
demonios pasaba.
Tassei abrió la puerta por fin, profiriendo una maldición
mientras miraba de reojo hacia las escaleras. – Lo siento,
mi madre aún anda embadurnándose la cara.
-¿No le has dicho que acabaría antes metiendo la
cara en una maceta?- le susurró al oído apoyándole
una mano en la cabeza y besándole la mejilla –Yo ya
he hecho un amigo… ahora te toca a ti… te traje esto…-
le apoyó un peluche de un gato en el pecho –Por si
tienes miedo…- se rió tirándose en el sofá
a esperar.
Tassei apretó el peluche contra su pecho, enrojeciendo y
refunfuñando. – Yo no paso miedo! Y no me beses! –
igual, se sentó en el asiento contrario al sofá, observándolo.
- ¿Cómo que hiciste un amigo...?
-Yo qué sé… lo vi y me acerqué…
le dije que te metías conmigo porque no tengo amigos…
fuimos a dar una vuelta y ya está…- le mostró
el papel con el teléfono apuntado, recordando grabarlo en
la memoria del celular de paso –Por eso te beso, era para
darte las gracias… y no disimules… sé que te
gustó, todos pasamos miedo…- murmuró distraído
mientras guardaba el teléfono en su bolsillo.
- No seas idiota, no me metía contigo... – desvió
la mirada, más enrojecido y sin querer admitir que sólo
se lo había dicho para quitarse la atención de encima.
– Además, no se le acerca uno a la gente y ya está....
-¿Por qué no?- se acercó un poco más
por el asiento para poder hablar con él en bajo –no
le digas a tu madre… se pondría insoportable…
¿hm?- le guiñó un ojo sonriendo –y tú…
¿no quieres ser mi amigo?
- No! Así no se hace.... y además... yo no puedo.
Y mi madre es idiota – exclamó, bajando el rostro aún
más rojo y ahora abrazando el peluche gato de peluche como
si lo fuese a salvar de todo mal.
-Claro que puedes…- lo miró apoyándole la mano
en el pelo y se sentó en el reposa brazos pegándolo
a él un poco –¿Seguro que no tendrás
miedo?- susurró.
- No voy a tener miedo... ¿por qué? – lo miró
de pronto, preocupado de que le fuera a decir alguna otra cosa como
lo de la comida, aunque sin apartarse, fingiendo que todo era muy
normal claro.
-No sé… porque cuando yo tenía tu edad no me
gustaba nada quedarme solo en casa por las noches… todavía
podemos hablar con Minako… podrías venir también.
- No! – se apartó con brusquedad, aunque sin ponerse
de pie aún. – Mi madre no me quiere allí y tú
sólo quieres que vaya porque te aburre.... Y de todos modos,
no quiero ir. Luego tengo que estarlos viendo a ustedes y.... –
hizo gesto de asco.
-Yo sólo quería que no pasaras miedo…- contestó
con sinceridad suspirando un poco y rascándose la nuca con
una mano. Se giró al escuchar los pasos en la escalera y
miró a la morena que los observaba desde allí efectivamente
con una capa de maquillaje en la cara que no sabía ni cómo
no se caía con su propio peso –Estás preciosa…-
sonrió levantándose y disimulando.
La mujer lo miró sin fiarse demasiado porque había
escuchado el grito de su hijo –Gracias…- dijo de todos
modos pensando que tal vez tendría que apartar a Kenji más
de Tassei -¿Por qué has gritado?- le preguntó
a su hijo en tono seco bajando la vista al peluche negro.
- Por nada.... es que no quería pensar en cosas feas –
contestó, el chico, enseguida refunfuñando de nuevo
y bajando la mirada para que no lo molestase.
Minako acabó de bajar las escaleras porque Kenji había
ido a buscarla y le sujetó la mano, soltándosela después
y poniendo caras de sufrimiento –Te dije que vinieras en condiciones…-
suspiró abrochándole la camisa hasta arriba y colocándole
una corbata que había comprado para él por la tarde.
Se quedó mirándolo a los ojos y el moreno bajó
un poco la vista para devolverle la mirada a pesar de estar alzando
la cara. Le besó los labios, empujando la lengua dentro de
su boca sujetándole la cintura, y la morena apoyó
las manos en su pecho sonriendo cuando se rompió el beso
–No seas bobo… ¿quieres esperar?- “de por
vida esperaría” pensó el moreno sonriendo sin
decir nada y llevándola hacia la puerta - Tienes dinero en
el cajón de la cómoda, pero no te vayas a ordenar
ninguna guarrada para cenar- lo señaló con un dedo
como advirtiéndole –y no hagas chorradas….- puntualizó
antes de salir.
-Si tienes miedo… llama… no seas… tú-
el moreno inclinó una ceja esperando un momento porque le
daba un poco de pena.
-¿Qué miedo ni que nada? Por Dios…- la morena
cerró la puerta de forma estrepitosa –No sé
qué te pasa… antes ni le prestabas atención…
-Fuiste tú quien me metió en tu casa…- murmuró
el moreno aunque su voz ya se estaba perdiendo a lo lejos de la
casa.
Tassei se quedó observando la puerta, sacándole la
lengua a su madre aunque no lo viera, claro. – Yo no tengo
miedo...- murmuró, cabreado, en la casa vacía y subiendo
ya las escaleras para ir a su habitación, llevándose
consigo el peluche que le había regalado Kenji.
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