Capítulo 7- The Giggolo and the Student
El chico de cabello castaño rojizo, apoyó su quijada
sobre una mano, sonriendo el mesero que le colocó la taza
de café delante. El moreno se giró alejándose
para atender a otro cliente con cara de andar en modo automático,
y Enki suspiró, aliviado de no haber dicho “gracias”
en voz alta. Esa clase de cosas le resultaba algo incómoda.
Procedió a echar sobre tras sobre de azúcar en el
café, observándose de soslayo en el espejo de la barra
y preguntándose si no serían muy notables sus ojeras.
Pero entre las clases y su trabajo final, no era como que tuviese
mucho tiempo para dormir. Bueno, suponía que el mundo no
iba a sufrir porque él no se viera como un supermodelo.
Kenji se echó atrás en la silla y miró la
hora de nuevo. Eran las siete y aquella tía no había
venido, seguro que se había rajado como la mayoría
de las mujeres casadas, al final acababan pensando que las vecinas
las señalarían con el dedo o que sus maridos notarían
o etc, etc, Al menos había sacado una buena cantidad de la
anterior. Se quedó mirando al chico que había entrado
hacía un rato y se levantó para sentarse a su lado.
Limitándose a observarlo por el momento aunque de forma descarada,
sin importarle lo más mínimo.
Enki lo miró de soslayo asegurándose de que lo estuviera
mirando de veras, y no fuera alguna otra cosa. Y finalmente giró
el rostro, aún apoyado en su mano. - ¿Tengo algo en
la cara? – le preguntó, aunque no de ninguna manera
molesta ni desagradable.
-Varias cosas… pero no creo que quieras quitártelas…-
sonrió apoyándose en su propia mano y se sacó
las gafas de sol colgándoselas de la camisa que llevaba abierta
como siempre -¿Estás esperando a alguien?- preguntó
sin dejar de mirarlo fijamente, mirando su aspecto e imaginando
que se trataba de un estudiante, de ahí no podía quitar
básicamente… NADA, pero al menos era guapo.
- No... – sacudió la cabeza riéndose por su
comentario y mostrándole la taza luego. – Sólo
bebía un poco de café. Y ¿tú?
-Hum…- desvió la mirada hacia el espejo que había
en frente tras la barra fijándose que estuviese perfecto
y lo miró de nuevo aún sonriendo –Me han dado
calabazas… es difícil de creer… lo sé…-
sonrió abiertamente –y pensé… ¿Por
qué no molestar un poco a ese que acaba de entrar?
- ¿Oh? Así que soy el repuesto, ¿eh? –
se rió de nuevo, revolviendo su café y observando
el líquido negro pensativo. – Y entonces, ¿es
esto un intento de conquista o sólo te aburrías?
-Ooh… qué directo…- se rió sinceramente
sin poder evitarlo –Créeme que hubiera preferido haberme
citado contigo en un principio…y entonces…- lo imitó
aún sonriendo -¿Debería haberme quedado simplemente
mirando, pudiendo acercarme? Me llamo Kenji…- extendió
la mano hacia él esperando a ver si le decía su nombre
.
- Enki.- Le sonrió estrechando su mano sin pensarlo dos
veces. – Y no, yo también estaba aburrido la verdad.
¿Por qué te citas con gente con la que no deseas citarte?
-Era alguien de mi familia, una vieja…- enarcó un
poco una ceja salvándose de decir la verdad mintiendo un
poco y sujetándole aún la mano, más tiempo
del necesario –Antes bromeaba… ¿Quién
podría darme calabazas a mí?- se rió acariciándole
la mano antes de soltársela por fin -¿Te puedo contar
algo?
- Siempre y cuando no me convierta en cómplice de un crimen...
– bromeó, observando su mano un tanto cohibido y ocultándolo
fingiendo recolocarse los lentes, aunque no se le habían
movido ni un milímetro.
-No…- sonrió, lo cierto es que le agradaba –Espera…-
le sujetó un poco la camisa al camarero cuando pasaba como
un autómata por delante de la barra –Ponme un San Francisco
¿quieres?- el camarero asintió mirándose el
brazo y el moreno le sonrió de oreja a oreja desviando su
atención de nuevo al recién conocido –Hay un
niño que conozco… me tiene manía… y se
mete conmigo porque no tengo amigos… ¿Qué crees?
Yo creo que podrías ayudarme… - se apoyó de
nuevo en la barra cruzando los brazos en ella y girándose
hacia él.
- Pues.... nunca me había abordado para conquistarme como
amigo – lo miró extrañado. – Y te ves
un poco grande como para que te molesten en la escuela... –
Voy a suponer que ese niño, o te agrada mucho o es una verdadera
peste.
El moreno se rió de nuevo –Es un poco peste, pero
me agrada… es sólo una pestecita… graciosa…-
bajó la cabeza un poco aún aguantándose la
risa y lo miró de nuevo aunque poniéndose más
serio -¿Y? ¿No quieres ser mi amigo? – se aproximó
un poco más rozándole una pierna con las suyas –O
lo que sea…
El chico bajó la mirada, aún sonriendo aunque estaba
ligeramente rojo. – Pues... si te quedas en tu parte de la
barra, aceptaré ser tu amigo. Tampoco estaría de más
para mí.
-No te asustes, que no te comeré…- sonrió apoyando
la mano en su pierna y echándose hacia atrás de nuevo
aguantándose el reírse. Tomó la bebida de la
barra que ni había notado cuando le había llegado
y le dio un trago mirando de nuevo el espejo -¿Eres estudiante?
- Sí, aunque pronto terminaré. – le comentó
observando su reflejo en el espejo, como si le hablara a eso en
vez de a él, pero así era un poco menos directo, ¿no?
Kenji se giró hacia él con la copa en la mano -¿Cuántos
años tienes? Te echo… ¿veintidós?- lamió
un poco el azúcar en el borde de la copa y se quedó
mirando a un hombre que había más atrás observándolo,
tal vez lo conocía de algo, no estaba seguro, pero le incomodaba
en aquel momento.
- Veinticinco, pero gracias – le sonrió, siguiendo
su mirada. – Preguntaría si es un amigo tuyo, pero
dada nuestra conversación, imagino que no.
-Hum… no lo conozco de nada… estará enamorado…-
desvió la mirada hacia el chico y le apoyó el dedo
en el puente de la nariz, deslizándolo para bajarle las gafas
y verle los ojos mejor -¿Por qué no nos vamos?- preguntó
aún serio porque seguía preocupado.
- No tengo el hábito de irme por ahí con desconocidos,
pero ahora somos amigos, ¿no es así? – se colocó
de nuevo los lentes, preguntándose si no estaría cometiendo
una estupidez, pero no le parecía. Sacó el dinero
de lo que debía, dejándolo sobre la barra, seguro
de que el chico robot tendría un radar para eso, y poniéndose
de pie. – Y ¿a dónde huimos de tu enamorado?
-No lo sé… a donde corra el aire, para que estés
seguro de que no voy a hacerte nada…- sonrió esta vez
de la forma más encantadora que pudo, poniéndose de
pie también y dejando unas monedas sobre la barra. Se puso
las gafas de sol de nuevo y le pasó el brazo por los hombros
mientras salían.
-Kenji…- el hombre se levantó tras ellos y el moreno
apretó las mandíbulas girándose hacia atrás
y bajándose un poco las gafas gesticulando un “piérdete”
y rogando porque de veras lo hiciera.
- Pues él parece conocerte... – murmuró el chico
que aunque no había hecho ningún intento aún
por separarse del moreno, estaba meditando en la manera de apartarse
sin ofenderlo. Tanta proximidad lo ponía un poco nervioso.
-Pero… ¿puedo llamarte?- preguntó el hombre
susurrando como si así no estuviera hablando. El moreno respiró
un poco nervioso y se forzó a sonreír.
-Yo te llamaré…- salió de la cafetería
con el chico de forma un tanto apresurada pensando que ahora ya….
Bueno igual aún no se notaba.
- Eso fue extraño... Hum.. lo consideraré un acosador,
¿entonces? – se planteó, sonriendo y observando
al moreno. – Kenji, puedes relajarte, no nos está persiguiendo.
-Estoy relajado…- sonrió guardándose las manos
en los bolsillos –No lo sé, tal vez lo conozco y no
me acuerdo, trabajo de comercial en un concesionario, no sé…
conozco a muchas personas todos los días… es sólo
que no me gusta que me molesten así…- decidió
seguir caminando sin mirar atrás aunque sentía que
seguía mirándolo. Tenía la paranoia de que
todos sabían a qué se dedicaba con solo mirarlo, se
rió levemente tratando de relajarse –Tengo una cita
a las nueve y media, podríamos dar una vuelta antes…
¿quieres?
- No me vendría mal relajarme a mí. – accedió,
pensando en que no debía haberle dicho que lo iba a llamar
si no lo recordaba, aunque claro, no le creía del todo su
historia, pero no era su asunto.
-¿Por qué estás nervioso?- miró adelante
sintiéndose un poco mal y apretó las mandíbula.
.- No nervioso precisamente, más bien agotado – se
estiró, sacudiéndose un poco el cabello luego. –
Ya te dije que casi termino los estudios, estoy en trabajos finales.
No he tenido mucho contacto humano últimamente si no es para
estudiar o algo parecido...
-Ah… yo te pongo nervioso…- sonrió pensando
que después de todo, sólo era eso aunque más
bien trataba de limitarse a creérselo, fuera cierto o no.
Le pasó la mano por el brazo sujetándose a él
–¿Estás cansado?... ¿o será que
quieres deshacerte de mí?
- Dije que estaba cansado, y que me vendría bien un paseo.
¿Qué crees que quise decir con eso? – lo miró
de soslayo, sonriendo ligeramente y bajando la mirada a su brazo.
-Que te gusto, estás loco por mí y no quieres que
esta tarde acabe nunca…- se rió mirando su brazo también
–Tranquilo… sigo sin comerte…- le susurró
acercándose un poco más.
- Sigues sin.... aún... – se rió, alejándose
un poco, sonrojado. – Acabo de conocerte, ya somos amigos
y a los pocos minutos, me estás abrazando de esta manera.
Al paso al que vamos, esta noche tendremos nietos....
- No… eso no… no me digas que eres una mujer…
me romperás el corazón…- se rió mirando
hacia delante con la cabeza alzada -¿Te molesta que te sujete?
Es mi forma de ser… pero tampoco quiero ponerte incómodo…
por más que te sonrojes y te pongas bonito.
El chico se rió aunque más era por una mezcla entre
su vergüenza y el sentirse halagado. – Creo que ha quedado
claramente establecida tu homosexualidad. Puedo asegurarte que no
soy mujer en lo absoluto, pero... eso no significa nada, claro –
se volvió a reír, observándolo. – Es
sólo que no estoy acostumbrado a este tipo de trato, pero
no me parece que tengas malas intenciones.
- No las tengo… ¿te parece que tengo cara de mala
persona?- se bajó las gafas mirándolo a los ojos y
se las subió de nuevo –Nunca he hecho nada malo…
y nunca dije una mentira…- se rió suavemente pensando
que hacía siglos que no tenía una conversación
medianamente normal con alguien de su edad -¿Vives por aquí?
- No, en realidad, venía de la biblioteca. Vivo un poco
lejos. – lo miró pensativo, sin creerle. – Nunca
has dicho una mentira ¿eh? Todo el mundo ha dicho alguna
mentira al menos alguna vez. El hecho de que asegures algo así,
ya te hace un mentiroso.
-Claro que las digo…- sonrió pensando que las decía
sin parar –Pero todas son mentiras sin maldad… y eso
sí es cierto…- lo miró un poco serio, más
que nada porque viera que no estaba bromeando en eso – No
me marees… ¿eh? A ver si va a resultar que en realidad
tú eres el malvado violador… que quiere aprovecharse
de mí…
Enki se echó a reír respondiendo aún sin dejar
de hacerlo. – Me has descubierto. Desde un principio, me senté
en la cafetería a sabiendas de que te acercarías a
mí. Y una vez mareado, no podrías rechazarme...
-Tenías razón… por favor… no arrebates
mi virginidad…- se rió haciendo un poco de drama –Lo
cierto es que yo soy tu stalker… y suelo vigilarte todos los
días… cuando vas a la piscina… al oculista…
y cuando los domingos comes con tu madre…
- Pues te voy a regalar unos binoculares, mi madre ni siquiera
vive en la ciudad.... – se rió, siguiéndole
el juego. – Me celaré si vigilas a otro por error.
Eso quiere decir que me parezco a cualquiera...
El moreno se rió –Vale… era una mentira…
no tengo tiempo para espiar a nadie…- confesó como
si en algún momento alguien pudiera haberle creído
esa historia –No todo el mundo tiene unos ojos como los tuyos…-
lo miró a los ojos de nuevo bajándole un poco las
gafas –Tal vez deberías proponerte unas lentillas en
tu próxima cita al oculista… así te los vería
mejor…
- No, así estoy bien, gracias... – se rió,
un poco nervioso de nuevo, subiéndose las gafas.
-Recuerda que no te comeré…- le guiñó
un ojo sonriendo y mirando la hora en su reloj un tanto decepcionado
por lo rápido que había transcurrido el tiempo –Tendré
que irme ¿quieres que te acompañe a casa?
- No, está bien, puedo encontrar el camino solo –
bromeó, contestándole más seriamente luego.
– De todos modos, tendrías que desviarte mucho seguro.
-No importa… puedo llevarte en coche…- lo miró
de soslayo porque temía que le ocurría -¿Estás
preocupado? Es normal, no es como que vaya a ofenderme.
Enki sacudió la cabeza negando enérgicamente. –
No, ya te dije, no creo que tengas malas intenciones. Y si estoy
equivocado, entonces estoy equivocado, ¿qué se le
va a hacer? Además, un buen stalker necesita conocer donde
vive su sujeto, en caso de que tengas tiempo algún día...
El moreno sonrió suavemente –Vamos… cogeré
el coche ¿de acuerdo? No me cuesta nada dejarte en tu casa
¿vives solo?- Preguntó llevándolo del brazo
para cruzar, ya que tenía el coche una calle más al
fondo.
- Sí, aunque supongo que no debería decirte eso...
– lo miró sonriendo y pensando que de veras no debería
habérselo dicho por más relajado que se sintiera.
-Está bien… sólo te dejaré enfrente
del portal y me iré, estate tranquilo…- sonrió
abriéndole la puerta del coche y pasando por delante para
entrar por su lado –Sé que es extraño que me
haya acercado a ti sin más… pero es que no practico
mucho la vergüenza y tampoco tengo muchas oportunidades de
conocer a gente interesante… - le explicó girándose
un poco atrás para mirar de sacar el coche sin hacerle un
rasguño.
- Gracias.... al menos me alegro de que mi forma de beber café
te haya parecido interesante – se rió, tomándolo
a broma, y observando el interior del coche. Debía ganar
bastante en el concesionario. - ¿Lo acabas de comprar?
- Sí… bueno, es más barato cuando trabajas
allí… soy… el jefe de ventas…- miró
adelante un poco molesto por no ser del todo sincero, pero tampoco
podía decirle que era un regalo de la tía para la
que se prostituía entre otros muchos a los que se pasaba
por la piedra a cambio de dinero, sería lo idóneo…
para que le saliera huyendo, claro –En realidad me fijé
en ti cuando me pasaste por delante, antes de que vaciaras todo
ese azúcar en tu café…- se rió un poco
abriendo la ventana por relajarse de paso -¿A dónde
voy? ¿Por aquí?
- Sí, vas bien. – le señaló la siguiente
calle, observándolo luego. – No me agradan las cosas
amargas, es todo... Y a ti no parece agradarte mucho tu empleo,
pero tiene sus ventajas ¿no es así? Tal vez estoy
llegando demasiado lejos. – se disculpó, pensando en
que se estaba dejando llevar demasiado por ese juego de que eran
amigos.
-No… vas bien…- sonrió mirándolo de soslayo
e imitando su frase aunque para responder a algo muy distinto –No
me gusta mucho… pero no tengo nada mejor ahora- cambió
de marcha y se pasó la mano por la nuca volviendo a tomar
el volante y apoyando el otro brazo en el marco de la ventana -¿Me
darás tu teléfono?- lo miró de soslayo de nuevo
un momento -¿O prefieres que yo te dé el mío
y tú decides?- sintió un nerviosismo extraño
al formular aquella pregunta y golpeó la chapa del coche
con la mano que llevaba por fuera.
- ¿Por qué no los intercambiamos simplemente? Así
llegamos a un compromiso.- le sugirió, mirando hacia fuera
luego. Se sentía realmente agradable aquella familiaridad.
– Me agradaría volver a reunirme contigo.
-Vale…- sonrió mordiéndose un poco el labio
inferior para aguantarse lo mucho que quería abrirse aquella
sonrisa y deslizó la mano del exterior del coche para sujetar
el volante con ella mientras rebuscaba el móvil en su bolsillo.
Lo miró un momento escribiendo el número allí
y se lo pasó –Ese es el mío, si necesitas un
bolígrafo… abre la guantera… y después
apúntame el tuyo… ¿tengo que torcer por aquí?
- ¿Seguro que no eres mi stalker? – le sonrió,
observándolo de soslayo mientras abría la guantera.
– Sí, por aquí.... – se rió luego
recordando que llevaba su celular consigo, y rebuscando en su bolsillo,
apuntando el teléfono del moreno en el suyo, y luego apuntándole
el suyo al otro chico, en un trozo de papel. – Es este, no
lo vayas a perder....
-No lo perderé, eso seguro- sonrió estirando la mano
hacia él y sujetando el papel guardándoselo en el
bolsillo de la camisa –No sé… pensé que
por estas calles hay muchos pisos de estudiantes… - se paró
en la acera girándose un poco para verlo –Le daré
las gracias al niño peste… - comentó aunque
más bien pensaba un poco en alto -¿Te puedo llamar
mañana?- sonrió pensando que no perdía oportunidad.
- No veo por qué no, sólo..... no me llames muy temprano,
¿quieres? Creo que me trasnocharé hoy.... –comentó,
por su parte, también pensando en voz alta y mirándolo
luego. – Aunque no me das la impresión de ser alguien
que madruga. Claro que con tu empleo, supongo que debes hacerlo.
La siguiente. – le indicó, señalando la calle.
-Vale…- se rió un poco sintiéndose taxista
pero sin decir nada por no cohibirlo –Si puedo quedar, seguramente
sea por la tarde o por la noche…- lo miró un poco de
soslayo pensando que aún así tendría que arreglárselas
-¿Te trasnocharás estudiando?- cotilleó sin
pensar ni por un momento en que tal vez aquella era una pregunta
muy personal.
- Sí –le sonrió, asintiendo con la cabeza.
– No tengo pintas de fiestero ¿o sí?
-La gente no siempre es lo que parece… no sé…
- se rió haciendo cara de sospecha aunque sólo bromeaba.
Lo cierto es que no, mucho aspecto de juerguista no tenía
–Los estudiantes de universidad sois todos unos pendones…-
sonrió mirando a un lado buscando un sitio donde aparcar
-¿Aquí está bien?
- Sí, está bien, gracias. – lo observó
un poco serio nuevamente, aunque ya abriendo la puerta. –
Entonces, me llamas mañana, ¿vale? No me dejes plantado.
-No lo haré…- sonrió observándolo y
se inclinó hacia él para besarle una mejilla –Para
que no te enfríes por el camino…- se rió echándose
hacia su asiento de nuevo –Ahora me quedo aquí como
te prometí, siendo un niño bueno…
Enki alzó una ceja, sonrojado, y ya saliendo del auto, inclinándose
un poco para despedirse. – Ahora sí sé que mientes,
no pareces un niño bueno....para nada – se rió,
irguiéndose y alejándose por fin.
Kenji se quedó observándolo irse, pasándose
la mano por la nuca sonriendo y se miró la muñeca
notando que se le hacía tarde. Se subió un poco las
gafas aunque ya era de noche y más le estorbaban que otra
cosa, pero ya sentía como que formaban parte de él.
De todos modos, seguramente Minako aún estaba tratando de
rejuvenecer unos cuantos años en cuestión de horas
frente a su espejo.
|