| Capítulo 6- The Biggest of Places
Hold the Smallest of Spaces
Minako observó su propia muñeca, notando que eran
más de las dos y Kenji no había ido a trabajar. ¿Tan
enfadado estaba con ella para no haber ido ni siquiera por el concesionario?
¿Sería posible que no quisiera verla más? De
ser así, iba a enterarse, lo iba a dejar sin nada, eso seguro
y luego que tratase de pagarse el coche y toda esa ropa de marca
que tanto le gustaba. Arrugó un papel y lo lanzó a
la basura dentro de su oficina.
Sonó la puerta y alzó la vista observando a otro
de sus vendedores en el umbral -¿S algo?- preguntó
observándolo impaciente porque no la molestasen más.
-No ha venido el jefe de ventas…
-Eso me resulta obvio, ¿crees que no sé quien viene
y quien no?! ¿Qué demonios quieres?- se levantó,
y el hombre retrocedió unos pasos. Aquella mujer sabía
desde luego cómo llevar un negocio, pero haber metido aquel
golfo de jefe de ventas no había sido seguramente una decisión
que hubiese tomado pensando “fríamente”
-Que necesito que firme unos papeles…- el hombre, como todo
proletario que tenía que dar de comer a sus hijos, se tragó
lo que pensaba y apoyó los papeles sobre la mesa. La morena
los leyó firmando todos y cada uno de ellos mientras Kenji
aparcaba el coche en la entrada del concesionario. Lo cierto era
que había estado trabajando hasta las cuatro y no se había
podido levantar tal y como había planeado.
Pasó al interior consciente de las miradas de “amor”
que todos le dedicaban, y sonrió de medio lado arreglándose
el cuello de la camisa, esperando no tener que salir de allí
tragándose su orgullo, pero tampoco había otra manera
posible de ser. Se quitó las gafas de sol parándose
detrás del comercial en el umbral. El hombre se volvió
de golpe y se apartó al sentir el calor a su espalda. Kenji
sonrió levemente pensando que debía haberle tocado
el culo a ver qué tal.
-Déjanos solos- Minako sacudió una mano echando al
hombre de la oficina y Kenji se volvió de lado para que tuviera
que pasar entre él y el marco de la puerta. El hombre se
inclinó un poco y luego pasó cohibido echándole
un leve vistazo al alto moreno que cerró la puerta en cuanto
salió.
Se apoyó en ella observando a Minako, que se cruzó
de brazos tratando de mantener la actitud de enfado por más
que le hiciese feliz que estuviera allí. Claro, que Kenji
sabía eso, estaba acostumbrado a tratar con la gente y también
con los enfados -¿nN se supone que debías haber llegado
hace horas?
Kenji la miró a los ojos sin embargo y meneó un poco
la cabeza apoyándose contra la madera y abriéndose
más la camisa, mirando a un lado hacia la ventana de la oficina
aunque en realidad lo hacía porque sabía que a ella
le encantaba ver su cuello y su mandíbula. Las apretó
acariciándose el cuello con la mano mirando abajo “echándose
el acto” –Lo siento…
-Oh… por Dios, Kenji! No me digas que aun estás enfadado
por la bobería de ayer… ya te dije que estaba estresada-
se acercó a él, deslizando un dedo por una de sus
clavículas. El moreno tuvo que contener la sonrisa al pensar
“Bingo!” pero finalmente lo hizo y la miró a
los ojos, cerrándolos de nuevo y sujetándole la mejilla,
besándola profundamente. Le sujetó la barrita de madera
con la que se prendía el cabello y se lo soltó, hundiendo
los dedos en él –Kenji… - Minako apoyó
las manos en su pecho desnudo dejándose besar el cuello y
tocar por aquellas manos fuertes -¿Qué hiciste ayer?
¿Con quien has estado?
-Con nadie…
-Mientes…- gimió suavemente y se sujetó contra
su cuerpo clavando los dedos en su espalda.
-No…- el moreno susurró contra su cuello y la morena
se apartó un poco abofeteándolo, haciéndole
girar la cara. Se colocó la camisa, abrochándosela
y poniéndose la chaqueta sacándose el cabello por
fuera, sin creerse una palabra.
-Llévame a la asesoría, Tassei ya debe haber llegado
a casa…- murmuró saliendo intacta de la oficina. El
moreno salió detrás de ella con las manos en los bolsillos
pasándose la lengua por el interior de la mejilla un tanto
adolorida. Ambos entraron en el coche y el moreno se puso las gafas
de sol de nuevo, tratando de ignorar las miradas –y no vuelvas
a jugar así con mi hijo.
-Como quieras. nena…
-Así me gusta y no me llames nena, haz el favor- sentenció
pintándose los labios de nuevo –No quiero que me lo
vuelvas como tú… eres un desviado y un pervertido…Dios…no
sé cómo te aguanto- lo miró de soslayo. Claro
que lo sabía, era porque sólo mirarlo era como una
droga, aquel perfil masculino, sus ojos azules, su piel suave y
perfecta, su sonrisa. El moreno cambió la marcha y ella bajó
la mirada a su mano, incluso sus manos, fuertes y cuidadas la atraían.
Aquella forma de ser encantadora e infantil a veces… Si no
fuera tan rematadamente chulo, mentiroso, hipócrita, prepotente…
El moreno la miró de soslayo a través de las lentes
y sonrió sabiendo que lo observaba, dejando su orgullo para
otro momento en el que no le hiciese falta el dinero, seguramente
cuando las ranas llevasen peluquín. Minako sacudió
la cabeza sonriendo después –Eres como un niño…
deja el coche aquí mismo…- el moreno aparcó
frente a la puerta y salió tomando aire con fuerza –Tengo
que ir a una junta y quiero que estés a comer así
que, quédate esperándome… pero no hagas nada
raro… ¿comprendido?-Kenji asintió con la cabeza
guardándose las manos en los bolsillos –Contesta.
– Que sí…- le besó los labios y cogió
las llaves que le tendía. La morena lo besó de vuelta
acariciándole un poco la mejilla que le había abofeteado
y guardándole un sobre con dinero en el bolsillo del pantalón.
-Y ahora compórtate… - se recogió el cabello
en un solo movimiento estudiado y salió caminando rápidamente.
Seguramente le había comprado el coche para que le hiciera
de chofer, al menos lo parecía. Suspiró de nuevo pasando
por el camino de piedras del jardín hacia la puerta tocando
el sobre dentro del bolsillo tratando de calcular cuando iba allí.
Tassei bajó las escaleras aprovechando que aún no
llegaba nadie, para ir a buscar algo de comer. Al menos a esa hora
podía estar relajado. Pero justo cuando llegaba ya casi a
la cocina, escuchó el sonido del carro aparcar enfrente.
– maldición.... – profirió en voz baja,
dudando de si volver a subir y decidiendo completar su viaje. Tal
vez aún tenía tiempo de tomar cualquier cosa y escapar
a su cuarto sin ser detectado demasiado pronto.
El moreno lo observó pasando por delante del salón
a plena vista caminando hacía la cocina como si quisiese
ser invisible. Lo siguió apoyándose en el marco de
la puerta y bajándose un poco las gafas de sol mientras lo
observaba –El efecto camaleón no te ha funcionado…sigue
probando.
El chico dio un salto, frunciendo el ceño enseguida y protestando
casi como si hablse consigo mismo. – Mierda! No sabía
que estabas ahí.... – abrió la nevera aún
contrariado, sacando una manzana.
-Tampoco te hagas pis encima…- se rió colgándose
las gafas de la camisa y se sentó en la mesa de la cocina
apoyando un pie en la encimera bloqueando la salida con la pierna
–Tu madre está en una junta.
- Y ¿a qué se debe tu presencia entonces? –
refunfuñó, observando su pierna como estudiando la
mejor manera de sobrepasar aquella barrera.
-¿A qué se debe mi presencia? Dios… ¿no
puedes hablar como un niño normal? – inclinó
un poco la cabeza notando que le estaba incomodando, como siempre,
sonrió sin moverse un ápice –Quiere que la esperemos
para comer…
- ¿Qué tiene de malo la manera en la que hablo? Dios,
tú y mi madre.... – protestó de nuevo, intentando
ocultarlo pero claramente ofuscado. – Déjame pasar
entonces, tengo tarea...
-Hum… no me apetece… porque si no, me voy a aburrir
que no veas esperando…y de todos modos tienes toda la tarde…
De todos modos, tus planes son estar ahí encerrado hasta
que mañana no te quede más remedio que ir al colegio
¿no?- meneó un poco la pierna atento a ver si iba
a hacer alguna cosa.
- Pues no soy tu entretenimiento! Yo qué culpa tengo de
que mi madre te deje solo. ¿Por qué no le pides un
jueguito portátil o algo...? – contestó, empujando
un poco su pierna tratando de que le cediera el paso y sintiéndose
algo ridículo.
-No… si con ella también me aburro…- sonrió
de medio lado –Aunque mira, me regaló un coche si quieres
calificarlo de jueguito portátil…- se levantó
parándose delante de él -¿Por qué así
de nuevo? Ayer te vi reírte… ¿te riñó?
- Sólo porque me haya reído no significa nada. Me
dio risa, es todo – refunfuñó de nuevo casi
ocultando su rostro por completo con su flequillo, enrojecido porque
lo hubiera visto y luego explicando. – Estaba insoportable,
tiene la estúpida idea de que le quiero quitar a su noviecito.
– como si no se tratase del mismo chico que tenía delante.
-Yo no creo que sea eso lo que le preocupe…- sonrió
porque sabía que no en realidad por lo que le había
dicho en el coche e inclinó un poco la cabeza observando
lo rojo que estaba -¿Quieres robarme?
- Claro que no! Qué idiotez! – lo empujó con
todas sus fuerzas, apretando la manzana con la otra mano e intentando
salir de la cocina a como diera lugar.
Kenji se rió apoyándole la mano en la cabeza y revolviéndole
el cabello –Vale… no hace falta que me empujes, sólo
bromeaba. No es como que pueda interesarme un niño pequeño…
encima nerd…- sonrió porque trataba de ver cuanto más
podía enfurruñarse con él.
- No soy un niño, ni mucho menos un nerd! Estoy harto!-
lo miró, intensamente enojado, dándose la vuelta y
procediendo a salir por la puerta trasera ya que no veía
más remedio, murmurando algo acerca de cómo siempre
lo estaban criticando.
Lo siguió hasta la puerta caminando a su lado y alzando
una ceja preguntándose por qué demonios estaba siguiendo
a ese chico por el jardín. Tal vez era demasiado divertido
comportarse como un adolescente de nuevo, en vez de estar rodeado
de adultos amargados y solitarios.
Tassei miró atrás disimuladamente haciéndose
el loco y caminando más rápido, ahora atravesando
el jardín en vez de dirigirse a la casa, con paso perfectamente
decidido, aunque no tenía idea de a donde iba, pero a lo
mejor y se cansaba ¿no?
-¿A dónde vamos? Igual Minako se cabrea si vuelve
y no estamos… creerá que estoy pervirtiéndote…-
sonrió de medio lado pasándose un dedo por los labios
y lo miró de soslayo -¿Crees que eres una persona
liberal? Quiero decir… ¿consideras que tienes prejuicios?-
deslizó el dedo por la cadena que llevaba al cuello bastante
seguro de que contestaría a su pregunta y dejaría
de hacerse el loco.
El moreno se detuvo, observándolo serio, y preguntándose
a qué venían esas preguntas ahora. – No sé!
No.... supongo que alguno tendré, no soy perfecto para nada.
Pero... creo que puedo manejar bastante bien las cosas. –
Frunció el ceño de nuevo, mirándolo a los ojos
ahora. – Y no tienes que seguirme, seguro que a mi madre no
le importa si me aparezco o no.
-Me da igual, no lo hago por eso, lo hago porque me aburro, ya
te lo he dicho…- lo observó serio también aunque
luego sonrió ante su cara de cabreo concentrado –Tu
madre no te agrada, no te interesa el dinero tampoco ¿cierto?
- Ya lo sabes, ¿para qué preguntas? – hizo
un gesto con la boca como diciendo que era una perdida de tiempo
y exhalando con fuerza.
-¿Entonces por qué me odias? ¿Es porque me
vendo? ¿Te da asco eso? ¿Hm? ¿O simplemente
no me soportas como persona? Porque no me conoces, pero bueno…
juzgar es tan sencillo desde fuera ¿verdad?- sonrió
aun más y le tapó la boca con un dedo –A ver…
cuenta hasta diez y entonces responde…
- No quiero! – se quitó el dedo de enfrente sujetándolo,
y molesto de que lo tratase como a un niño enfadado, a pesar
de que era cierto. – No la soporto! Y no te soporto tampoco!
Estás con ella ¿no? Y ella es una amargada que se
engaña a sí misma sólo porque cree que todo
el mundo es igual de cínico- Y tú.... a ti sólo
te interesa el dinero! Y además, siempre me están
criticando, y no me dejan en paz! – finalizó soltando
el dedo por fin, y echando a caminar de vuelta hacia la casa, ahora
rojo por la furia.
-Eh, eh… espera!...es…pe…ra…- se rió
sujetándolo por un hombro –Me acuesto con tu madre
pero eso no nos hace un partido político… ¿hm?...
Yo no te critico, sólo estaba jugando un poco… tienes
amigos ¿no? Ellos también te dirán cosas a
veces, que no van en serio…- suspiró pensando que era
imposible que comprendiese a esas alturas, se inclinó un
poco susurrándole al oído como si fuera a compartirle
una confidencia -¿Sabes que? No eres el único en este
mundo que está jodido…- se enderezó de nuevo
empujándole un poco la cabeza hacia delante y espelucándolo
–Vete a casa… vamos…
- Pero ya estoy en mi casa! – le gritó aunque menos
enfadado, bajando el rostro y continuando el camino hacia la casa
de todos modos. – No tengo amigos, de todos modos, me daría
vergüenza traerlos a mi casa. – murmuró, nervioso
por estar hablando de sí mismo.
El moreno lo miró sintiendo un poco de lástima. No
debía ser muy fácil que tu madre fuera una amargada
que te culpase de todo y que encima tuviese a un puto rondando por
la casa, pero casi se sentía como si fuese algo a extirpar
de la sociedad, por más que sólo fueran las palabras
de un crío enfurruñado –¿Ni siquiera
uno?
- No, ni siquiera uno. – lo miró por un momento, frunciendo
el ceño de nuevo. – Pero da igual, no es como que necesite
a nadie de todos modos.
-¿Sabes que no necesitas traer a tus amigos a casa para
poder tener amigos? ¿Sabes que compadecerse es una mierda?-
lo miró y alzó la vista al cielo un segundo –Todos
necesitan a alguien…
- ¿Ah, sÍ? Pues yo no! – le aseguró
molesto porque le dijese aquello, aunque sabía en el fondo
que tenía razón. – Y además, ¿tú
tienes amigos? Apuesto que no, apuesto a que te la pasas “trabajando”.
El moreno frunció un poco el ceño -¿Te sientes
mejor ahora?- se rascó el pecho con una mano de forma distraída
–Diciéndome eso… ¿te sientes mejor?
Tassei permaneció allí parado observándolo
sintiéndose terriblemente expuesto y mordiéndose el
labio inferior tratando de pensar con claridad, pero no lo lograba
y mucho menos porque Kenji parecía estar de lo más
tranquilo. – Sí! – le gritó por fin, lanzándole
la manzana y echando a correr hacia la casa.
Kenji la miró, girándola en la mano y arrancó
el rabito con los dientes escupiéndolo a un lado, mordiéndola
observando cómo corría hacia la casa. Se rió
bajando la vista y caminando hacia la casa también. Se tiró
en el sofá cogiendo una revista y echándole un vistazo
aunque en realidad no le interesaba mucho, pero comenzaba a preocuparle
que llegara Minako y aguantar sus berrinches. Mordió el corazón
de la manzana tragándose las semillas masticando el palito
entre los labios y escucho un ruido arriba. Sonrió con el
golpe pensando que seguramente sería el chaval cabreándose
por ahí.
Sin embargo, el chico ya estaba en su cuarto, sentando a su escritorio
frente al ordenador aunque con la cabeza hundida en sus brazos,
sin siquiera comprender por qué le afectaban tanto esas tonterías.
Alzó el rostro al escuchar el ruido, asomándose a
la puerta porque no soportaba sentirse así y que los demás
estuvieran tan contentos, gritando. – Y deja de tirar las
puertas!
El moreno miró a las escaleras desde abajo del salón
–¿Qué me cuentas?! Estoy en el sofá acostado…-
pasó otra hoja de la revista y de pronto varias se pasaron
de forma apresurada ante sus ojos. Miró a un lado buscando
la ventana que debía estar abierta y volvió las páginas
atrás sin querer levantarse a ver.
- Pues debe ser el fantasma! – le gritó de vuelta,
sumamente sarcástico, e imaginándolo de nuevo en la
cocina bebiendo de las botellas, de pronto pensando en qué
diría su madre de verlos gritándose así de
un lado a otro.
-Ajá!…el fantasma de los NERDS…- se rió
hojeando el reportaje y alzó la mirada hacia los cuartos
de arriba –Baja ya! Y deja de gritarme desde ahí! Venga!
- Bajo cuando me dé la gana! – le gritó de
todos modos, saliendo del cuarto y bajando por las escaleras, apenas
mirando detrás suyo al escuchar otro sonido. Algo debía
haberse caído en su habitación. Se quedó en
las escaleras observando a Kenji con recelo.
Kenji lo miró de soslayo alzando un poco la cabeza y exagerando
su gesto de recelo sonriendo de medio lado después –Ven
aquí…vamos… que pareces un gato callejero ¿te
doy leche a ver si así te aproximas…- se rió
entre dientes porque él mismo se comprendía con sus
bromitas.
- Bah, déjame en paz, no sé por qué siempre
me estás molestando... – murmuró, bajando del
todo y yendo a sentarse en un sillón cercano fingiendo que
no le importaba nada.
-Porque me caes simpático-le sonrió volviendo la
mirada a la revista –Aquí dice que el estrés
provoca arrugas y envejecimiento prematuro… en dos años
parecerás un abuelito…de hecho, en ese entrecejo tuyo
podrían plantarse patatas de lo profundo…- lo espió
por el borde de la revista y le lanzó un cojín.
- Idiota! – se agachó esquivando el cojín y
tratando de sujetarlo a la vez, llevándose luego la mano
al entrecejo, pensativo, y finalmente respondiendo. – Seguro
que mi madre se la ha pasado la vida estresada.
Kenji se aguantó la risa por unos segundos y después
dejó caer la cabeza contra el reposa brazos riéndose
abiertamente y con toda la malicia del mundo –Seguro que sí…-
carraspeó tratando de serenarse –Oye no le digas que…
- sintió que se le congelaba la sangre al escuchar de nuevo
una puerta cerrándose y miró hacia la del exterior,
sin embargo seguía cerrada.
Tassei le siguió la mirada poniéndose nervioso, y
susurrando de pronto. – Oye.... mi madre ¿no ha regresado?
Tal vez mientras estábamos en el jardín – sugirió
aunque conociéndola hubiera ido a buscarlos, haciéndose
sentir todo el camino.
-Pues… tú también has escuchado eso ¿no?-
se levantó caminando hacia la puerta de atrás preguntándose
si se habría largado cabreada al escucharlo reírse
por algo así, se sentía con el agua al cuello. Se
pasó la mano por la nuca, inquieto -¿Crees que estaba
aquí?
- Pues.... no lo sé, por eso pegunto. Pero ¿no crees
que nos hubiera dicho algo? – se puso de pie a su vez, mirando
a su alrededor, ahora sí nervioso de que hubiera algún
intruso en la casa.
-No lo sé… tal vez simplemente se marchase…
cabreada… montando un drama de los suyos y… shh!- se
tapó los labios con un dedo al escuchar la puerta de la casa
y se giró hacia allí.
La morena entró, observando la cara de los dos -¿A
qué vienen esas caras? ¿No estarías haciendo
nada raro, no?- miró al moreno que sonrió negando
con la cabeza, aliviado de verla actuar de forma natural.
-Oímos unos ruidos… y pensamos que había alguien
-Son los muebles, acabamos de mudarnos… ¿no me diréis
que estabais asustados? Dios mío… - murmuró
con cara de prepotencia aún así feliz de que todo
le hubiera salido bien en su reunión.
- Claro que no, sólo... – el chico se sentó
de nuevo, frunciendo el ceño sólo por verla. –
esta casa es muy ruidosa – se quejó, aún así
convencido de que no había sido un mueble, pero igual y era
el viento.
-Los ladrones existen, Minako… ¿sabías?- la
miró a los ojos sonriendo levemente y la mujer sacudió
en la mano como si los ladrones fueran monstruos de película
o algo así. Se abrazó a su cuello besándole
la barbilla.
-Aquí no hay ladrones, ni nada de nada… no seas bobo…habrían
saltado las alarmas… vamos a comer- miró a su hijo
de soslayo soltando al moreno –Venga, a comer…- canturreó
en una voz que a Kenji le pareció espeluznante, incluso verla
así de feliz y maternal le parecía mas espeluznante
aún.
-¿Salieron bien los negocios?
-Perfectos…- aclaró sonriendo aún más.
Tassei se levantó, observándola con sospecha y siguiéndolos
en silencio, mirando el piso.
-Bueno quería ampliar el local… así que estaba
tratando esos asuntos con mi asesor…- separó las sillas
calentando la comida que cada día iba a buscar a un restaurante
ya que no tenía ni la menor idea sobre cómo cocinar
ni el más simple de los platos –No quería invertir
esa suma tan grande en el local sin estar segura de ser una buena
idea… era demasiado riesgo, así que… bueno, a
vosotros no os importan esas cosas…
Kenji la observó jugando con una de las patillas de las
gafas contra su pecho, acariciándose, las cosas se ponían
más interesantes por momentos, siempre y cuando pudiera mantenerse
a su lado. Esa tía sabía cómo llenarse los
bolsillos y él… él hacía lo que podía
–Podemos celebrarlo… ¿hum?- se acercó
rodeándole la cintura por la espalda cariñosamente
-¿Quieres?
-Ya lo hago…- la morena sonrió tocándole un
brazo para que la soltase y apoyó la comida en la mesa –Siéntate
ya, Tassei, podías felicitarme ¿no? Todo esto será
para ti algún día, deberías estar feliz, de
que al menos yo me preocupe por tu futuro…- frunció
el ceño molesta porque no parecía importarle su triunfo.
-Pero yo me refiero a esta noche… a ti y a mí…-
el moreno se sentó también, interrumpiendo el regaño,
sentándose al lado de donde la mujer aún permanecía
de pie sirviendo los platos. Se apoyó en la mesa con un codo,
sonriéndole mientras la observaba y subió la otra
mano por uno de sus muslos bajo la falda rozándole entre
las piernas con los dedos –Podríamos ir a algún
lado… cenar fuera… pasar la noche juntos…- Minako
enrojeció por el estudiado tacto de sus dedos sobre la fina
tela, dejándose llevar aunque sabía que no era una
simple invitación, sabía que le saldría bien
caro, pero sonaba tan bien cuando lo decía con ese tono de
voz, que creerse sus palabras era irresistible.
-Está bien- se rió como si fuera una niña
y le apartó la mano disimulando antes de ir a coger vino,
copas y agua para Tassei –A Tassei no le importa cenar solo
¿verdad Tassei?- lo miró a los ojos sonriendo como
si no acabase de reprocharle hacia unos segundos.
El chico negó con la cabeza, pensando que por él
mejor y sentándose por fin, prefiriendo mirar la mesa fijamente
antes que ver aquellos espectáculos. – Voy a pedir
de afuera... – murmuró como si no fuera obvio.
-A ver qué pides…- el moreno lo miró de soslayo
sonriendo de medio lado –No llames a los hot-calls…
-Calla!- Minako le dio en un brazo sentándose y renegando
con la cabeza en parte molesta de verlo bromeando con él.
Tassei la miró, como contrariado porque le hubiese robado
su protesta y mirando luego a Kenji a través de su flequillo.
– Yo.... no iba a hacerlo........ no me interesa
-Debería interesarte… si no te interesa ahora…
-Ya déjalo en paz con eso ¿no?!- la morena lo miró
frunciendo el ceño –No me arruinéis el día…
El moreno se rascó el cuello y bebió un poco de vino
echándose atrás en la silla mientras comía
y mirando a Tassei sólo para notar si Minako lo observaba,
sonrió levemente -¿Y eres virgen?
-Claro que lo es! ¿No lo ves?! ¿A ti qué más
te da además?!
-Pero no te pongas celosa…- el moreno se rió mirándola
–Sólo tengo curiosidad…
- No se pregunta eso! – le gritó el chico, más
rojo que nunca y casi atragantándose con el agua. –
Y además, ni voy a llamar a una de esas líneas ni
me interesa poner celosa a nadie.
-No… con esa cara es que tu madre tiene razón…-
se rió Kenji.
-Por supuesto que la tengo… y no estoy celosa, es mi hijo
y me preocupo…- se excusó arreglándose un poco
el cabello
-¿Y entonces no te preocupa que se quede solo y venga un
repartidor a traerle la cena? Tal vez lo viole… o le robe…
Minako se rió comiendo y tapándose la boca –Qué
imaginación… por Dios… tal vez le de mal el cambio
y eso sea lo más peligroso, por Dios… no lo asustes
o no habrá forma de hacer nada sin que moleste.
- No soy un idiota! Ni que me fuera a creer eso... – refunfuñó,
molesto de que lo tratase como un niño miedoso. Ni que jamás
se hubiese quedado solo antes.
-Esas cosas suceden…- el moreno bebió otro poco y
se echó atrás cruzando los brazos sobre el pecho –y
otras peores…
-Oh… déjalo ya… ¿Por qué eres
tan malo?- la morena se rió mucho más feliz ahora
que se metía con él, al menos bajo su óptica,
aunque Kenji estaba meditando seriamente.
-Bueno… no sé…- miró la hora en el reloj
de su muñeca y Minako le echó un vistazo rápido
de refilón –Creo que debería irme
-¿Por qué?- preguntó de forma un tanto seca
-¿Has quedado con alguien?
El moreno sacudió la cabeza como diciendo que no le apetecía
de nuevo empezar con eso, lo cierto es que tenía una cita
con una mujer, con la cual seguramente follaría, cobraría
y se podría largar sin más en vez de una complicada
comida que apestaba a “familiar” –Con un amigo…
Tassei dejó escapar un sonido sarcástico de manera
casi inconsciente, jugando con la comida de su plato mientras. No
comprendía para qué su madre se molestaba si era de
lo más obvio y frecuente. De todos modos, ahora estaba un
poco preocupado por lo que había dicho Kenji antes, aunque
sabía que era una estupidez. Sólo quería molestar...
-A las nueve y media te quiero aquí…- la morena lo
miró a los ojos seria –y ponte un traje… no vengas
con ese aspecto de…
-¿De?- el moreno la miro a los ojos comenzando a dibujar
una sonrisa torcida en los labios -¿De?-le sujetó
la cara alzándosela un poco por la mandíbula y le
besó profundamente, tal vez de forma demasiado brusca y se
separó –No tengo corbatas
-Tendrás una… tú sólo ponte un traje
y ven a la hora que tienes que venir…- se sujetó la
cara con una mano sin decir nada de que le había hecho daño
sujetándola.
Kenji le pasó la mano por la cabeza a Tassei y le revolvió
el cabello –Te traeré algo bonito…- se rió
saliendo por la puerta de la cocina
-No le traigas nada raro!- la morena lo miró salir y el
chico alzó la mano aunque no había escuchado nada.
De todos modos, le hubiera dado igual.
Tassei se inclinó sobre su comida porque le había
hecho gracia, aunque le diera vergüenza que lo tratara así.
Pero con sólo ver la cara de su madre, ya le bastaba.
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