| Capítulo 5- 'Tis the wind and
nothing more!
Tassei abrió los ojos, alzándose un poco en la cama,
seguro de que algo lo había despertado aunque no podía
precisar el qué. Se restregó los ojos y se pasó
la mano por el cabello alborotado gracias a la almohada, sentándose
completamente, ahogando un bostezo y mirando hacia su mesita de
noche, súbitamente recordando que aún no desempacaba
el reloj. Bueno, de todos modos, tampoco había estado durmiendo
tan plácidamente, por alguna razón, no lograba sentirse
cómodo.
Miró hacia su puerta al escuchar un golpe fuera de su cuarto
y preguntándose si no se habría metido algún
ladrón. Ya sería bastante mala suerte que les robaran
su primera noche allí. Y aún más divertido
luego del día tan maravilloso que había pasado con
su madre. Aunque suponía que sí sería divertido
verla agitada y escandalizada porque se hubieran llevado alguna
de esas cosas inservibles que costaban tanto y sólo estorbaban.
Se rió malditamente, saliendo de la cama, para ir a asomarse,
no por valentía, si no porque estaba seguro de que sus teorías
no eran correctas, y abrió la puerta con sumo cuidado de
no hacer ruido, quisiera que no, sobresaltándose al escuchar
otra de las puertas del pasillo, cerrarse de golpe.
Se quedó un segundo en el umbral, su corazón palpitando
con fuerza, y finalmente, sacudiendo la cabeza, sintiéndose
como un tonto y asomándose, a pesar de que inconscientemente
aún contenía la respiración. Pero el pasillo
permanecía a oscuras y tan silencioso como antes de aquel
ruido, no podía escuchar voces ni ningún otro sonido
proveniente de abajo. Si hubiera ladrones, al menos sus pasos se
escucharían ¿no? Podían ser cuidadosos también,
pero él estaba escuchando específicamente para captar
sus sonidos.
Lanzó una mirada hacia el cuarto de su madre, pero al parecer,
ella no había escuchado nada o por lo menos, no le interesaba.
Un mechón de su propio cabello cayó sobre sus ojos,
haciéndolo saltar ligeramente por el susto. Frunció
el ceño, apartándoselo con furia, molesto consigo
mismo. Seguro era Kenji, su madre lo habría llamado para
que la consolara y estaría en su cuarto ahora mismo, haciendo
precisamente eso. Dios sabía que el tío no tenía
consideración con los demás, y lo más probable
es que hubiese tirado la puerta de aquella manera, luego de alguna
excursión a la cocina a beberse el agua directamente de la
botella como lo había visto hacer antes. Si tan sólo
se acercaba a la puerta, los escucharía y misterio resuelto.
Pero sinceramente, no era un misterio que le interesase resolver,
aquello le provocaría pesadillas de una índole muy
distinta y prefería las regulares.
Cerró la puerta, enfurruñado como si todo lo que
pasase en su mente fuera un hecho comprobado y por ende, tuviese
derecho a estar enfadado, y se abrazó a sí mismo,
temblando un poco al sentir el frío en su cuarto. –
Mierda... –susurró, contemplando el ir y venir con
el viento, de las cortinas que apenas acababa de instalar antes
de acostarse y se dirigió a la ventana para cerrarla una
vez más, asegurándola con fuerza como descargando
su mal humor, antes de meterse de vuelta en la cama cubriéndose
casi por completo con las sábanas.
|