.Novela homoerótica para mayores de edad.
 
Capítulo 4- The "Easy" Life

-Siéntate- la voz del hombre de cabello canoso sonó un tanto rasgada por la edad y Kenji se sentó sin más apoyando los brazos en el respaldo, observándolo acercarse y sentarse a su lado. El hombre le apoyó la mano en la cabeza y se la recostó contra el respaldo desabrochándole la camisa –No me mires, me haces sentir culpable con mi mujer.

-Comprendo- dijo sin más Kenji mirando al techo y recostándose un poco más en el sofá sintiendo las manos, bruscas sobre su pecho, la lengua en su cuello. Cerró los ojos forzándose a pensar en alguien que estuviera bueno, acudiendo a su compañero de piso como eterna tabla de salvación. Aunque aquel tacto tan rudo no le ayudaba nada. Siempre era igual, lo tocaba, lo masturbaba, alguna vez lo había observado sin que lo notase, sabía que no podía tener erecciones y por eso no quería otra clase de servicios. Lo de su mujer seguramente era una mentira, ni siquiera usaba anillos. Salió al cabo de media hora del hotel y miró los mensajes en su celular consultando.

-Holaaa…- se colocó un poco el pelo, sonriendo mientras hacia su papel -¿Me has llamado verdad, cielo? Sí… lo siento… estaba ocupado…sí… a las dos está bien… de acuerdo, nena…- colgó dejando caer el aparato dentro de su bolsillo y se apoyó contra la pared mirando a la gente pasar, consciente de que estar apoyado en la pared de un love hotel y su aspecto bronceado, incluso su ropa apestaba a vulgar, su reflejo en el espejo le decía que era un chico de la calle… No importaba la ropa cara que usase, siempre se veía así…al menos eso veía él. Pero no pasaba desapercibido y estaba buscando la forma de no desaprovechar el tiempo.

Sus ojos se encontraron con los de un hombre que lo recorrió de arriba abajo con la mirada. La retiró notando que iba de la mano de una niña, seguramente su hija. Lo miró de nuevo y se encontró cruzando la mirada con otro, aunque mayor para su gusto, al menos con un buen aspecto. Le sonrió observando que fumaba y se llevó un cigarro a los labios haciéndole la seña de si tenía fuego para que se sintiese seguro de acercarse a él sin llamar la atención. Era un juego ridículo, todo el mundo sabía lo que iban a hacer en el momento en que se acercase, además él ni siquiera fumaba.

-¿Necesitas fuego?- preguntó el hombre cohibido tendiéndole su mechero, era ridículo ver a uno de esos hombres de negocios temblando ante él, pero sentir cómo dominaba a aquellos “triunfadores” le hacía sentirse bien. Quería su dinero, no tenía casi nada, nunca le era suficiente, quería tener todo lo que nunca había tenido, pero también sabía que la edad no le permitiría aquel trabajo como algo duradero. A los hombres como aquellos les gustaban los jovencitos, a las mujeres aún podría trabajárselas más tiempo, pero ellas le costaban más trabajo. No se conformaban con un polvo por lo normal y siempre iban acompañadas de problemas. Necesitaba tener dinero y asegurarse de que le duraría. Uno no cotiza por prostituirse.

Lo miró a los ojos sacándose el cigarro de los labios y sonriendo. Bajó la vista apenas un poco revisando su ropa, asegurándose de que manejaba dinero como para pagarle bien –Ya tengo fuego…- prendió el cigarro poniéndolo de nuevo en los labios del hombre y alzo un poco una pierna apoyando la suela de la bota contra la pared rozando con su rodilla entre las del otro, observando su erección y sus ojos de nuevo -¿Necesitas fuego?- Ya era suyo…

-Yo… no soy un maricón…- susurró el hombre violentándose. A veces sucedía… era el miedo, lo veía en sus ojos. Sonrió de medio lado girando la vista y apartándose de él. No le interesaban los que pudieran echarle una llorada después o que le explicasen por qué necesitaban sentirse cabalgados por él en vez de hacerlo con sus esposas. Sólo quería hacer un trabajo rápido. Sin complicaciones.
–Eh! No me ignores!- sintió que lo sujetaba por el brazo y se giró un tanto asustado. ¿Le había tocado el chalado de turno? -¿Creías que podéis ignorarme?! Tú y ellas! Sólo eres un zorrón…- susurró apretándolo contra la pared por el cuello.

-Soy un zorrón… lo sé… ¿quieres follar? Follemos… vamos…- le sujetó la mano esperando que se calmase, no tenía ganas de que le golpease la cara o a saber, no podía permitirse eso –No te enfades, haremos lo que quieras…

-Te he dicho que no soy un maricón!- le golpeó el estómago y el moreno sintió cómo la espalda le golpeaba contra la pared. Se quedó sin aire por un momento y tosió agachándose y volviendo a toser violentamente, vomitando lo que había comido hacía una hora. Y había pensado que lo tenía… maldito reprimido…

La gente los estaba mirando, los sentía hablar y observarlos. El hombre se marchó indignado, pregonando que aquel maricón le había tratado de manosear. Se sacó un pañuelo del bolsillo limpiándose los labios, se había manchado la ropa, ahora no le quedaría más remedio que volver a casa. Apretó las mandíbulas un poco adolorido.

-Le ruego que circule… por favor… váyase… váyase…- le invitó el dueño del hotel alertado por la gente de lo que se había montado allí –o llamaré a la policía.

-Ya me voy… tranquilo cariño…- sonrió amargamente, con los labios cerrados casi suspirando antes de subirse al coche ¿Qué hacía él dentro de ese coche? Era un regalo de Minako, necesitaba mantenerla más tiempo, era la única clienta de dinero que le había durado como para hacerle esa clase de regalos. Pero las cosas se estaban poniendo feas con ella. No le interesaba jugar a eso.

Se miró en el retrovisor y apartó la mirada arrancando el vehículo, lo mejor sería darse una ducha si pretendía cumplir con su cita de las dos. Ya iría a ver a Minako y trataría de arreglarlo, no podía perder su fuente de ingresos, por más insoportable que fuera. Era mejor que estar en la calle… Recordó al hijo de Minako lanzándose con jeans al agua y se rió sintiéndose imbécil por reírse teniendo en cuanta el espectáculo tan patético que acababa de darse y salió de allí esperando olvidarse pronto del dolor en el estómago y la espalda, rogando por no haber quedado marcado.


 
 

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