| Capítulo 2- The Thoughts and
Musings of a Boy-Toy
-¿Ya te vas con la tía esa?...- murmuró como
cansado.
El moreno se levantó del sofá estirándose
y observando cómo el otro chico se dejaba caer sobre el sofá
como si estuviera demasiado dormido para reaccionar. Sonrió
cogiendo la camisa de encima de otro de los sofás, abrochándosela
sin dejar de observarlo –Eso dicen… se acaba de mudar…
así que tiene un drama con su hijo… como siempre…
-¿Por qué no la mandas a la mierda?- se rió
girándose en el sofá un poco y descolgando un pie
por fuera.
-Porque tengo la tarjeta del banco hinchada…- sonrió
de medio lado –un cochazo nuevo aparcado en la puerta de mi
piso… y un trabajo por el que me pagan sin hacer nada- se
abrochó los pantalones de tela suspirando agotado de pensar
en el rollo que le iba a soltar de sus penas.
-sS supiera que te sigues prostituyendo igualmente…- se rió
el chico observándolo.
-He nacido para el amor… - se rió Kenji poniéndose
la chaqueta y cogiendo las gafas de sol, engominándose el
cabello delante del espejo y lavándose las manos –Me
voy…- le besó los labios sonriendo –échame
de menos…- le guiñó un ojo antes de bajar para
dirigirse al deportivo.
Mientras, en su habitación, Tassei ya había comenzado
la labor de arreglar sus cosas, aunque ya le estaba dando pereza.
No tenía que hacerlo todo apenas llegasen suponía.
Mientras fuera capaz de encontrar sus cosas necesarias.... Se pasó
la mano por el cabello, y salió de la habitación,
primero asomándose para asegurarse de que su madre no estuviese
deambulando por los pasillos, y luego revisando desde la parte de
arriba de la escalera, no fuera a ser que aún estuviesen
los de la mudanza y tras que el rubio ese no había dejado
de molestar todo el tiempo....
Kenji aparcó en la entrada de la casa que había visitado
varias veces ya con Minako antes de que se decidiera finalmente
por una. Se guardó las llaves en el bolsillo y llamó
a la puerta guardándose después las manos en el bolsillo
mirando a un lado, observando la zona distraídamente.
La morena fue hacia la puerta ignorando al universo, segura de
que era Kenji y lo abrazó en cuanto lo vio en el umbral.
El chico le pasó la mano por el cabello como si fuera una
chiquilla aunque en realidad ella le llevaba bastantes años
-¿Qué?...- habló suavemente mirando abajo a
la morena que se apoyaba en la piel de su pecho entre la camisa
abierta. Cerró la puerta a su espalda y recibió el
beso de la mujer, devolviéndoselo y acariciándole
el rostro.
-Está insoportable… y no deja de desafiarme…
no lo soporto… de veras, Kenji… no sé qué
hacer… no lo aguanto…- se quejó antes de que
el moreno le preguntase lo más mínimo. Observando
sus ojos azules fijamente, esperando palabras de apoyo.
-Ya sé… es la edad… ¿eh? Estás
preciosa… ¿seguro que estabas disgustada? No se nota…
- Agh... – el chico frunció el ceño desde lo
alto de la escalera aún como si acabase de ver lo más
horrible del mundo, y se giró, para regresar a su cuarto
lo más rápido que pudiese sin que lo vieran.
-¿Lo ves?- lo miró como si la torturasen y se giró
frunciendo el ceño observándolo subir por las escaleras
–Tassei! Saluda! Ven aquí!
El moreno la sujetó por la cintura cuando ya iba a ir tras
él y le hizo apoyar la espalda contra su cuerpo mientras
la abrazaba, agachándose un poco para besarle el cuello –Déjalo…
mejor enséñame tu cuarto…- subió las
manos bajo la chaqueta del traje de Minako sujetándole los
pechos.
-Deja eso…ahora no- la morena se rió volteándose
hacia él y besándolo al observar su sonrisa, rodeándole
el cuello con los brazos –Te enseñaré nuestro
cuarto.
Kenji sintió como si se le congelase la sangre con la mera
palabra “nuestro” en todo ese asunto pero decidió
no ponerla de peor humor por el momento –Enséñame
toda la casa… no la he visto con muebles…- sonrió
disimulando perfectamente. ¿Que dejara eso? ¿Y qué
demonios quería que hiciera entonces?
-Sí…- sonrió llevándoselo de la mano
y besándosela. El moreno la miró de soslayo, suspirando
suavemente y colgándose las gafas de sol del cuello de la
camisa -¿Te quedarás a comer?
-Cielo…- susurró el chico.
-Hoy de veras lo necesito!- insistió mirándolo a
los ojos casi ordenándole –Y sabes lo que hay…-
murmuró después mucho más seria sin mirarlo.
El chico asintió con la cabeza aunque ya no lo miraba, claro
que sabía lo que había, lo que no comprendía
era cómo podía creerse tanto aquella fantasía
que le estaba dando… -Está bien… me quedaré
hasta las ocho… ¿hm? ¿Qué tal?
-¿Por qué? ¿A dçonde tienes que ir
más tarde?- lo metió con ella en el cuarto y cerró
la puerta porque no quería que los oyera Tassei.
-Voy a salir por la noche… no empieces con eso.
-¿Salir? Kenji…- movió un poco la cabeza como
diciéndole que no se creía nada y completamente celosa.
-Recuerda que aún soy un chiquillo…- le besó
los labios y ella giró un poco el rostro, haciéndole
sonreír porque ni deseos tenia de besarla. Claro, que no
podía perder su fuente de ingresos por una bobada –Cielo…-
le pasó la mano por el rostro –tenemos un acuerdo…
¿lo olvidas? Yo tengo mi libertad… mi vida…-
la arrinconó contra la pared sujetando sus pechos de nuevo
y estrujándolos un poco, bajando el rostro, rozándolo
contra ellos y besándolos mientras le abría la falda.
-No…- jadeó apoyándole las manos en los hombros
–Crees que todo se arregla con esto…- susurró
apartándolo un poco –El acuerdo era que sólo
lo harías conmigo por lo pronto…
-Y así es… para eso estoy aquí…- la levantó
en brazos recostándola en el colchón con cuidado.
Las gafas pendularon de su camisa y la morena la abrió por
completo dejándolas a un lado, acariciándole el pecho,
observando su piel suave, dorada por el sol, y abrazándolo
para que se recostase a su lado, lloriqueando contra él y
matándole las pocas ganas que tuviera de hacérselo.
-Eres un imbécil, Kenji…- musitó jugando con
la cadena plateada en su cuello –Yo no quiero eso…
-Minako…- le apartó la mano levantándose serio
–Creo que iré a ver la casa, a ti te hace falta pensar…
y aclararte la mente, necesitas estar sola… yo… -sacudió
una mano saliendo del cuarto con las gafas en la mano y sin abrocharse
la camisa de nuevo.
-No te vayas! De veras… voy… voy a ducharme…
me sentiré bien… estoy bien, no es lo que piensas…-
aseguró sonriendo a medias, fingidamente y apoyándose
en el colchón para verse más entera –Es sólo
que estoy estresada. No te vayas… Kenji… - le rogó.
-Vale..- Sonrió levemente comprensivo–Sólo
voy a echar un vistazo…- No soportaba cuando las clientas
se ponían así… las mujeres eran unas problemáticas.
Cerró la puerta rascándose el cuello y mirando hacia
donde había ido el hijo de Minako caminando hacia su cuarto
y golpeando la puerta la puerta apoyándose contra la pared
mientras esperaba.
Tassei alzó la mirada contrariado, y se levantó abriendo
la puerta de golpe, frunciendo más el ceño al ver
de quien se trataba. – Y ¿ahora qué? Te recuerdo
que la del dinero es mi madre – comentó sarcásticamente,
al ver cómo llevaba la camisa.
-¿Eh? ¿Qué dinero es de tu madre? ¿El
mío? ¿O te refieres al suyo?- se rascó el cuello
pensando que esa casa era como un pozo negro, se sentía aplastado
con sólo llegar a tremendo ambiente -¿Ya has visto
la casa o sólo te has encerrado ahí?
- No, no he visto la casa aún – murmuró, suspirando
de nuevo contrariado, pero por lo menos no trataba de engañarlo,
cosa que lo hubiese molestado más aún.
-Venga, sal de ahí!- le tiró de la mano sacándolo
del cuarto casi a propulsión y le apoyó la mano en
la cabeza cerrándole la puerta del cuarto –Pareces
un mormón…
- Pues prefiero ser un mormón! – sacudió la
cabeza, retirándole la mano y lanzando una mirada hacia el
cuarto de su madre, deseando retirarse de nuevo al suyo.
El moreno miró al cuarto de ella también y luego
al chico preguntándose si le molestaba más que estuviera
con su madre, que la hiciese llorar o su sola presencia. En todo
caso, no le importaba mucho, pero estar solo le aburría mortalmente.
Tampoco esperaba que comprendiera esa clase de cosas–No lo
prefieres… los mormones son un coñazo… vamos
a echar un vistazo…- lo cogió por los hombros abriendo
los cuartos al azar.
- Los mormones no tienen que soportar a mi madre... – murmuró,
aún refunfuñando mientras observaba los cuartos que
iba abriendo el chico. – Ya vi algunos de estos... cuando
elegía el mío.
-Bueno, yo también los vi con Minako pero no estaba prestando
mucha atención…- se rió por lo que había
dicho de soportar a su madre –Hay una piscina… ¿hum?
¿No quieres ir?- sonrió levemente girando el rostro
hacia él y observándolo –Los mormones tienen
que soportar misa…
- Aún así.... mejor que a mi madre – contestó
de vuelta, pensando que al menos en misa podía ponerse a
pensar en otras cosas. – Y ya lo sé, se puede ver la
piscina desde mi cuarto. – comentó un poco por llevar
la contraria, ya que aunque era cierto, no se veía del todo
clara.
-Yo te pregunté si querías ir conmigo… no si
sabias de su existencia…- se rió revolviéndole
el cabello de nuevo y apoyando la mano en su cabeza –Venga,
vamos… no me odies tanto… no te sirve de nada…
- Y ¿qué se supone que haga? Eres una sanguijuela
adherida a mi madre, y ya a ella la odio lo suficiente sin necesidad
de accesorios. – lo insultó, riéndose malditamente
luego aunque intentando ocultar ese hecho tras su flequillo largo.
-Una sanguijuela adherida… hum… deberías salir
más y leer menos… Dios…- se rió bajando
las escaleras –Anda, ven sanguijuelo … ¿no sería
mas fácil llamarme puto? Sanguijuela adherida…
- No, a un puto le pagas, hace lo que tiene que hacer y se va,
tú no te vas nunca.... – lo miró de soslayo,
pensando sarcásticamente en el “buen” consejo
que le daba, aún así, bajando con él.
El moreno asintió con la cabeza poniéndose las gafas
de sol sonriendo –Cierto… soy…- lo señaló
con un dedo chasqueándolos luego –eterno… como
un Dios… el Dios sanguijuela…- le guiñó
un ojo sacándose la camisa y dejándola colgada del
pasamanos -Se entra por la cocina a la piscina, ¿no?
- No lo sé.... – confesó en sentencia corta
porque estaba reprimiendo las ganas de reírse y eso ya ocupaba
bastantes de sus energías.
-Bueno… habrá que ver entonces…- abrió
la puerta de la cocina observando el campo y un poco más
lejos la piscina, una cabaña pequeñita de madera –Lo
típico…- comentó en voz alta –Lo típico
en una casa para pijos…- se rió abriendo la nevera
y preguntándose si ya habría algo en ella. Sacó
una botella de agua y le dio un trago a morro guardándola
de nuevo como si estuviera en su casa –Tiene que ser la hostia
ser un crío y tener ya todo esto ¿no?
- Yo no tengo nada, es de mi madre...... – contestó,
examinando el lugar con ojo crítico. – No es lo mismo.
Y no hagas eso, es cochino.
-¿Qué?- señaló la nevera por si se
refería a beber de la botella –Eso es lo menos cochino
que hago habitualmente- se rió abiertamente abriendo la puerta
de metal y cristal saliendo al jardín y haciéndole
una seña con una mano para que saliera también –Es
de tu madre… pero es lo mismo, tú también disfrutas
de estas cosas… y te compra lo que le pidas… no te puedes
quejar…- se giró guardándose las manos en los
bolsillos del pantalón.
- Pues tú menos en tal caso. Yo no estoy tan interesado
en todo esto... Con que me deje en paz – terminó murmurando
como siempre, achicando un poco los ojos a la luz del sol.
-¿Qué? Ya hasta el sol te quema de estar encerrado
en tu cuarto haciendo yo qué sé qué…
¿jugando rollos de esos?¿no?- se giró hacia
él sujetándolo por los hombros y llevándolo
a la piscina delante de él a remolque –Yo nunca he
tenido nada de esto…- murmuró.
- ¿De qué hablas? Como si no fuera tuyo con la madre
que tengo.... – refunfuñó, molesto porque lo
llevase así y sin aclarar qué hacía en su habitación,
no era asunto de nadie. – No sé cómo alguien
la puede soportar.
“Yo tampoco…” pensó inevitablemente riendo
y cruzando los brazos sobre sus hombros rodeándole el cuello
como si quisiera estrangularlo aunque en realidad lo usaba de mueble
-¿Sabes por qué las parejas rompen? No es por nada
de lo que te hayan contado… y me refiero a las parejas de
verdad, a esas que dicen quererse.
- Porque.... ¿se cansan? El amor se acaba, ¿no? –
murmuró, observando el jardín y pensando en que reagradable
estar allí afuera aunque no lo iba a admitir. – Un
día te despiertas y te das cuenta de que ya no quieres a
la persona que duerme a tu lado. Si es que existe el amor claro....
-Yo creo que no… - apoyó la barbilla sobre su cabeza
–Y sí, es porque se cansan… si te cansas de alguien
a quien supuestamente amabas… si te cansas de alguien con
quien creíste que podrías pasar tu vida entera…
¿Cuánto crees que tarda en cansarse alguien de un
gigoló? Ni siquiera le debe nada… simplemente deja
de sonar el teléfono… yo no tengo nada… hoy sí…
mañana tal vez ya no…- se corrigió después
–Pero no es tan malo como suena…- lo soltó parándose
delante de él sonreído –Vamos… quítate
la camiseta…- le sujetó el borde para sacársela,
riéndose –y la inauguramos…
- Deja eso! Tengo bañador! ¿Sabes? – se sujetó
el borde de la camiseta, bajándosela, rojo y desconcentrado
por lo que le acababa de decir, como para que lo atacase de aquella
manera de pronto.
-Pues si lo tienes mejor, úsalo…- se rió mirando
lo rojo que se había puesto -¿Te ha dado pena?- le
alzó un poco la cara porque no había sido su intención
y luego le bajó la cabeza chafándole el cabello y
quedándose un poco más serio preguntándose
si le molestaba que le quitase la camiseta porque se trataba de
él –Sólo estaba jugando…- se sentó
en una de las sillas de esparto quitándose los zapatos y
dejando las gafas sobre la mesita de cristal, una mesa de cristal
en un jardín… increíble.
- No me dio pena! – protestó porque le daba más
pena y se sentó en la silla de al lado. – Y ya sé,
no pensaba otras cosas... - - lo miró de soslayo, nerviosos
sólo por hablarle de manera natural y porque no sabía
si luego resultaba que eso también era juego. - ¿Y
por qué lo haces?
El moreno se levantó sacándose el pantalón
y dejándolo estirado sobre la mesa –Me voy a destrozar
el cabello…- comentó pensando en el desastre que sería
mojárselo sin darle ninguna importancia a no tener bañador
y usar la ropa interior –Vamos, sácate eso ya…
- Idiota... – murmuró el chico, molesto porque no
le contestase, y para colmo le insistiera con eso. – No quiero.
-¿Por qué no?- lo miró a los ojos sentándose
en el borde del cristal –Será divertido… y aunque
te pongas un poco a la luz del sol no vas a derretirte…¿ahora
por qué te enfadas de nuevo?- sonrió abiertamente
tocándose el cabello de nuevo pensando que se lo iba a destrozar.
- Por nada – contestó, rehusándose a explicar
y sacándose por fin la camiseta, lanzándose al agua
y sumergiéndose, intentando quedarse abajo todo el tiempo
que le fuera posible, como si así le fuese a dejar de prestar
atención.
El moreno lo miró al fondo de la piscina desde arriba rascándose
una oreja y preguntándose qué demonios hacía.
Se tiró al agua y apoyó la mano sobre su cabeza riéndose
–Te ayudaré, creo que solo no podrás ahogarte
aquí…
Minako bajó las escaleras buscando al moreno en silencio
mientras se secaba el cabello con una toalla, y se quedó
observando la camisa en el borde del pasamanos de las escaleras.
La cogió llevándola consigo hasta la cocina al escucharlo
hablar de lejos. Se quedó observándolo por una de
las ventanas, apoyándose contra la pared como si la hubieran
golpeado.
Taissei, manoteó, de veras necesitando aire y sujetándose
al brazo del moreno por fin, consiguiendo que lo soltase y saliendo
por fin, respirando agitado. – Idiota... casi me ahogas de
veras....
-¿A quien se le ocurre quedarse ahí hundido?- se
rió arrinconándolo contra la piscina y sujetando la
cintura de sus jeans para quitárselos. Tiró de ellos
sacudiendo un poco la cabeza sonriendo y apartándose el cabello
mojado –Tampoco iba a ahogarte… mira que eres raro…
La morena apretó la camisa dentro de su mano observándolos
y escuchando al moreno reírse. Se mordió un poco el
labio tocándoselo con un dedo. Debatiéndose entre
si entrar o esperar un poco más.
- Deja eso! – lo empujó el chico, enrojeciendo de
nuevo y quitándole la mirada. – Y mira quien lo dice,
la gente no se tira a la piscina apenas la ve, sin bañador
ni nada.... – protestó como si no llevara los jeans
puestos.
-¿Qué más da? ¿Crees que me importa
que me veas la ropa interior?- se rió sujetándolo
para sacarle el pantalón igualmente, aunque así mojado
no había quien pudiera, al menos no sin dejarlo en pelotas
pero eso le hacía más gracia aún.
-Kenji!- la morena salió finalmente perdiendo los nervios
-… ¿Qué demonios haces?- el moreno se giró
a mirarla apartando las manos del chico sumamente serio.
-Sólo estábamos jugando…
-Y tú … ¿Por qué estás ahí
con ropa?! Sal ahora mismo!
-Tranquilízate…- el moreno la observó pasándose
una mano por el cabello hacia atrás, apartándoselo.
- Da igual, ya me voy.... – el chico salió de la piscina
chorreando agua y sintiendo el peso del jeans mojado, ahora en su
totalidad. – No que se fuera a contaminar el agua... –
murmuró yendo a buscar su camiseta.
-No digas estupideces!... Es sólo que… no deberías
estar vestido en la piscina… es peligroso… y…
no tienes motivos… ¿es que estás loco? ¿No
puedes hacer cosas normales?
Kenji se quedó en la piscina observando salir al chico sin
ser capaz ni de mirarla, apoyando los codos en el borde de la piscina
y apretando las mandíbulas tenso, rozándose los labios
y la mandíbula con los dedos. Sintió que lo miraba
pero no le devolvió la mirada.
- ¿Peligroso? – murmuró el chico sonriendo
un tanto sarcástico y seguro de que por él, no se
estaba preocupando, contestando con toda la maldad que le era posible.
– Sólo intentaba cambiar mi actitud para con Kenji,
como me pediste. – se inclinó para ponerse la camiseta,
caminando hacia la casa sin molestarse en secarse ni en sacudirse
siquiera, con toda la intención de mojar los pisos.
La mujer entreabrió los labios sin saber qué decir
porque le había desarmado aquel argumento y Kenji salió
del agua cogiendo una toalla que colgaba de la pared, secándose
con ella como si no estuviera nadie más allí. Se desnudó,
poniéndose el pantalón y apoyando la ropa interior
mojada sobre la mesa. La miró de soslayo inclinando la cabeza
sonriendo de medio lado y poniéndose la camisa.
-¿Estás enfadado, Kenji?- preguntó acercándose
un poco –Es que…
-Déjalo… no me interesa…- se sentó calzándose
como si nada.
-Pensé que est…
- He dicho que no me interesa- golpeó el cristal con una
mano y los anillos metálicos sonaron casi dañinamente
contra la superficie. Se levantó sin querer observar su rostro
seguro de que estaba haciendo drama –Me largo
-¿No te quedas a comer?- insistió sonriendo y tratando
de arreglar las cosas.
-Llámame cuando quieras un polvo…- le guiño
un ojo aun sonriendo de medio lado, con un gesto que la morena ya
reconocía a la perfección de que estaba realmente
cabreado. Le apoyó la ropa interior mojada sobre las manos
y le besó los labios bruscamente –Ciao nena…
Tassei llegó a su habitación, casi tirando la puerta
tras de sí, habiendo dejado un pequeño río
por las escaleras, y se asomó a la ventana, observando que
Kenji ya no estaba a pesar de que su madre seguía allí.
– Hmpf! – se encogió de hombros, cerrando la
ligera apertura nuevamente, así como estaba, se iba a resfriar.
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