.Novela homoerótica para mayores de edad.
 
Capítulo 1- Home, Sweet Home

El auto dio la curva una vez más, haciendo que el chico de cabello negro se preguntase cuanto más faltaba para llegar a su nueva casa. Apenas si miró fuera de la ventana observando de pasada el borrón de verde y cemento que conformaba su paisaje, y se hundió más en el asiento, cubriéndose el rostro casi totalmente con el grueso libro que llevaba horas fingiendo leer.

En realidad, le estaba dando dolor de cabeza pero cualquier cosa era mejor que arriesgarse a que su madre le dirigiera la palabra. No era que creyese ni por un momento en que tenía algún interés en conversar con él pero la gente hacía cosas muy extrañas por aburrimiento y ya llevaban horas viajando. Se le estaban durmiendo las piernas, no quería otra tortura encima.

Acalló un bostezo, cerrando por un momento sus ojos celeste claro, y atreviéndose por fin a observar por encima de su libro, al sentir que el auto empezaba a detenerse poco a poco. Así que esa era la casa, no estaba mal. Era bastante grande. Claro, que a él no le interesaban esas cosas, por el simple motivo de que a su madre sí, y eso lo hacía sentirse inclinado a estar en desacuerdo. Por lo menos el tamaño de la estructura le garantizaba que no tendría que estársela encontrando a cada paso, ni a ella ni a su noviecito.

Hizo un gesto de desagrado con la boca, bostezando de nuevo y hundiéndose en el asiento una vez más, sintiéndose adormecido de antemano al pensar en todo el ajetreo que vendría a continuación y cerrando los ojos, a pesar de que el auto acababa de detenerse por completo.

-Vamos, despierta!- la mujer en el asiento de al lado se subió las gafas de sol a la cabeza y le tiró de la manga de la sudadera sin molestarse mucho más.

Salió del coche mirando hacia la casa. Los chicos de la empresa de mudanzas metían las cosas en el interior de esta –Seguro que lo están poniendo todo perdido…- murmuró frunciendo el ceño y atravesando el camino de piedras entre la hierba para dirigirse allí.

Tassei hizo otro gesto, molesto, levantándose igual aunque con pereza y prácticamente deslizándose del auto más que bajándose. – Me despierto cuando me de la gana – refunfuñó aunque la mujer estaba fuera de su rango de voz, y dejó escapar un suspiro, preocupado de que no le fueran a tirar sus cosas por allí. Tras que no quería que se le mezclaran con las demás y luego tener que hacer aún más contacto humano para encontrarlas.

-¿Qué es esto?!-se oyó gritar a la mujer desde el interior de la casa –Aquí la pared está rallada!... Dios!... ¿es que nadie puede hacer las cosas como Dios manda?!

-Lo siento señora… la empresa lo reparará…- el transportador se inclinó un poco suspirando con el ceño fruncido en cuanto se volteó.

-Y eso no va ahí! Va allí! Vamos, vamos!- golpeó con las manos aplaudiendo como si fuera la directora de algún patio de colegio –Tassei…- murmuró al verlo pasar –Podrías ayudar un poco ¿o ya pretendes ir a encerrarte en tu cuarto? ¿Y qué demonios haces allí siempre? Porque desde luego que estudiar…- se rió levemente cruzándose de brazos –a la vista está que no…- los chicos se rieron por lo bajo observando la escena mientras colocaban las cosas.

- No, no estudio, porque cuando crezca, quiero ser de la mudanza. Será por eso que quieres que practique – contestó, sin soportarlo más y de paso mirando a los trabajadores, no porque creyese que su trabajo era humillante, pero ¿quién los mandaba reírse? Claro, suponía que no era su culpa, y ahora estaba rojo. Bajó el rostro alejándose un poco y refunfuñando. – Y ¿cómo voy a ir a mi cuarto si aún no sé cual es....?

-Pues lo estas haciendo muy bien! Con un poco de suerte pronto estarás trabajando con ellos!- la mujer lo siguió un poco, observando su ropa, los jeans gastados y esa sudadera a su entender “cochambrosa” –Ya incluso vistes como ellos…- sonrió de medio lado y le señalo las escaleras –En el segundo piso, la habitación con la cama de matrimonio es la mía, si es que no lo puedes deducir… así que luego puedes quedarte con la que quieras…

-Señora…- la llamó uno de los chicos atrás solo para que cortase el rollo porque hasta ya le daba lastima el niño -¿Dónde está la piscina?

-¿Cómo que donde esta?! Se ve claramente a través de los cristales de la cocina ¿no?! Y no me interrumpas mientras hablo… Dios… qué gente!- murmuró caminando escaleras arriba y dándole un empujoncito a su hijo para que subiera también.

- Ya voy! No me tienes que empujar! – protestó, haciéndose a un lado más bien y mirando atrás a los trabajadores, encogiéndose de hombros a manera de disculpa en su propia mente, subiendo luego para empezar a revisar las habitaciones. Lo que sí estaba claro, es que si era posible, quería la más alejada del cuarto de su madre.

-Tampoco te vayas a instalar en otro país…- suspiró Minako observando cómo caminaba por el pasillo alejándose de su cuarto. Si alguna vez había cometido algún error, ese había sido Tassei, uno irreparable que la había arrastrado a tomar otra decisión también errónea. Casarse con un majadero al que por suerte ya había despachado de su vida. Lo cierto es que hacía tiempo que no sabía nada de su existencia, sólo esperaba que con esa mudanza ya no tuviera que encontrárselo por la calle ni de milagro.

- Pues si encuentro uno, ojalá una de sus leyes es que no se aceptan madres- murmuró, continuando y entrando por fin en una de las habitaciones, bastante espaciosa y lo suficientemente alejada. Fue a la ventana confirmando que daba al jardín, así no tendría que ver a vecinos metejones.

La morena hizo un gesto de estar harta y lo siguió por el pasillo, los chicos abajo casi se encogieron un poco al escuchar el estruendo que hacían sus tacones al caminar de aquella forma apresurada –A mí no me hables así- cerró la puerta a su espalda porque no estaba por la labor de darle el show a nadie -¿Dónde crees que estarías si no fuera por mí? ¿Eh? Tienes tu cuarto, tu ordenador y todo lo que quieras ¿verdad? Y crees que puedes hablarme así… ni lo sueñes ¿me oyes? Y a ver si cambias tu actitud respecto a Kenji…

- ¿Por qué? ¿Se ofendió tu juguetito? – se giró, apoyándose en el alféizar, molesto porque lo siguiera hasta allá, y pensando que a lo mejor sin ella, estaría en un hogar adoptivo mucho más agradable, pero esa opinión se la guardaba. – De todos modos, sólo pensaba en voz alta.

-Pues guárdate tus pensamientos, porque no querrías escuchar los míos ahora mismo- lo miró pensando en sacudirlo por darle la espalda pero era imposible con él –No me ha dicho nada, al contrario que tú, no es un amargado y un imposible, es lo que yo misma he visto, haz el favor de tratarlo con respeto ¿me estás escuchando? Mira a las personas cuando te están hablando!

Tassei se giró de nuevo, suspirando y sin decir nada, a ver si se iba, de paso pensando que claro que no estaba amargado, si lo mantenía y además le regalaba hasta lo que no pedía. Claro, que dormir con su madre... ya bastaría para amargar a cualquiera con media pizca de gusto.

La morena lo miró fijamente, observando sus ojos. Tal vez eran azules como los suyos pero aquella mirada era igual que la de él -Ah! Dios! Eres igual que él!- se volteó tirando la puerta a su espalda y bajó las escaleras a toda prisa –Subid las cosas de mi hijo a su cuarto! Venga…- dispuso de nuevo mientras sacaba el teléfono móvil del bolso.

-¿Y cómo sabemos cuales son?- uno de los chicos la miro con cara de incógnita.

-Las que llevan su nombre! Dios…- se paseó por la casa llamando al teléfono y alejándose para estar sola.

El rubio se rió cogiendo una de las cajas –Y como para no saber cómo se llama después de esos gritos…

Tassei suspiró de nuevo apartándose un mechón de cabello del rostro y apoyándose contra la ventana, aliviado de que se hubiera ido. Se preguntaba si se daba cuenta de que a veces ni tenían sentido las cosas que decía. .- Pues hasta prefiero parecerme a un ornitorrinco que a ti – murmuró como si le fueran a llegar sus palabras por el aire, y alargó un brazo precisamente para cerrar completamente la ventana al sentir la brisa, aunque no recordaba haberla alzado para nada. Alzo la vista al escuchar los pasos de los trabajadores y se quedó mirando al rubio que entró, por un momento sin saber qué hacer y finalmente acercándose para ayudar perezosamente con una de las cajas, aunque sin decir nada.

El chico lo miró sonriendo un poco y recordando lo que había dicho -¿Estás practicando para cuando seas profesional?- se rió y salió del cuarto de nuevo a buscar más cajas -¿Por qué no bajas a ayudar con tus cosas? Tu madre esta fuera… - susurró.

Abajo la morena se apoyó contra la pared esperando a que Kenji le atendiera el teléfono ¿Qué tanto estaba haciendo que no podía contestarle? –Dios, Kenji… coge de una maldita vez…- murmuró con cara de pena ahora. Casi en actitud infantil

-¿No notas que suena tu celular?- preguntó el chico que estaba apoyado sobre el pecho de Kenji que, recostado sobre el sofá de su piso, no parecía muy dispuesto a coger

-Sí… pero ya sé qué viene…- sonrió el chico descolgando finalmente –Dime cielo…- hablo en tono conciliador jugando con los dedos en el hombro del chico y haciéndole una señal para que no hiciera ruido.

-¿Puedes venir? No lo soporto… te necesito aquí… o me tiraré por la ventana…- habló quejumbrosa y haciendo drama.

-No te tires… que es baja…- bromeó en realidad rascándose la oreja como si nada –Ya voy ¿de acuerdo? Dame unos minutos, estoy ocupado.

-¿En qué? Siempre estás ocupado con tus cosas y esos secretos… qué te traes… - apretó un poco la mano en el celular.

-Ya voy cielo…¿ vale? No tardo…- colgó sin más lanzando el celular por ahí –Joder… pesada…- se rió como si nada.

 
 

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