Capítulo 9
Kiss and Tell
Kenzo miró la hora y se despidió de los chicos,
que protestaron un poco. –Venga… chicos, lo siento… no puedo dividirme…
y tengo una cita a solas… – les guiñó un ojo sonriendo y se alejó
entre la gente con cara de estar un poco dormido por el alcohol
y cansado de no dormir.
Mientras, Takara se aproximaba al local de manera
sigilosa, como si su padre fuera a salir tras él en cualquier
momento y detenerlo. Ya era grande para andarse ocultando así,
pero no quería enfadarlo de nuevo.
– ¿Ha llegado ya Takara-san?– preguntó el pelirrojo
a Tatsuya, apoyándose en la barra del bar.
– Aún no, ¿seguro que le dijiste bien la hora?–
le preguntó, siendo interrumpido, por la voz del chico.
– Kenzo... perdón, tuve que... Hola – se puso serio
de pronto, observando al bartender como percatándose por primera
vez de que estaba allí.
– Ah… ya estás aquí…– sonrió a Tatsuya y se separó
de la barra. – No te preocupes… qué sorpresa esta mañana… me preguntaba
si vendrías… – lo sujetó por la cintura para llevarlo con él a
la puerta de salida. –Verás, Takara… lo siento… pero supongo que
tendrás que irte… ahora que sé que tu padre es Hayabusa-san… podría
meterme en un jaleo demasiado grande si me ven contigo… lo único
que se me ocurre…
– Dime... – lo miró, serio, casi asustado. Se le
había parado el corazón cuando le había dicho aquello. No podía
ser que la única persona que le agradara le dijese que se fuera.
– Las salas privadas… pero no creo que puedas permitírtelo…
a no ser que le pidas dinero a tu padre o algo así… Realmente
no quiero que te vayas… ya lo sabes… pero tampoco quiero que te
gastes un dinero que no tienes… – le apoyó la mano en la mejilla
acariciándolo y lo miró a los ojos. – ¿Qué podemos hacer?
– No importa, puedo pagarlo, por esta vez... – le
aseguró, sin pensarlo dos veces. Ni siquiera estaba razonando
mucho, le daba miedo que lo echara de su lado. – No le voy a decir
a papá...
– Vale… no te preocupes… Lo haremos de modo que
nadie se entere…– se lo llevó por los hombros a una de las salas
privadas y avisó a un chico que pasaba. –Vamos aquí…– abrió un
poco las cortinas y pasó con él donde había unos sillones y una
mesita. También había karaoke, pero no había sitio para más de
cuatro allí. –Tendré que pedirte algo de beber… ¿cerveza?
– Sí, por favor – le sonrió aliviado, observando
el lugar y dejándose caer en uno de los sillones, era cómodo la
verdad.
– Vale… – sonrió y fue a buscar una, dejándola sobre
la mesa y sentándose a su lado tras correr las cortinas azules
de nuevo. –Así que tu padre es Hayabusa-san… Jamás lo hubiera
pensando… y sin embargo os veíais muy felices juntos…
– Sí, fue la primera vez en mucho tiempo que pasó
tiempo conmigo... – sonrió, un poco rojo, tomando la cerveza entre
sus manos. – Fue agradable, aunque no podamos hacerlo a menudo.
Kenzo sonrió levemente, apoyándose en el respaldo
y apretando las mandíbulas lejos de su vista. Le pasó la mano
por la espalda y lo atrajo hacia él, quitándole la cerveza de
la mano y recostándolo en sus piernas, sonriendo ahora que lo
veía de nuevo. –Al principio creía que habías conocido a otro…
Me puse celoso… creí que se me iba a salir el corazón del pecho…
– No es cierto... ¿cómo te vas a poner celoso? –
se rió, seguro de que jugaba con él. – Si apenas me conoces.
– No importa… me gustas… ¿crees que me arriesgaría
así de ser de otro modo?...– lo miró serio y le pasó el dedo por
la garganta. – ¿Quieres beber? No me gusta ser el único que ha
bebido…
– Vale, te acompaño... – accedió, mirándolo preguntándose
si sería cierto. – Yo también... pensé que ese chico era tu novio.
– No… lo conocí ayer por la noche y se lo he presentado
al jefe para ver si lo emplea… – sonrió separándole los labios
con cuidado y vertiendo cerveza en su boca, vigilando que se la
tragase sin derramar nada. – Cuidado…– deslizó el dedo por una
de las gotas y recorrió el camino de vuelta hasta sus labios.
–No te manches…
Takara tragó, enrojeciendo sin poder controlarlo
y tragando luego. – Le dije a mi padre de ti, pero le inventé
casi todo...
– Has hecho bien… Seguro que no le gusta nada que
estés aquí…porque soy un host… pero él también lo es… y debió
estar enamorado alguna vez si tuvo un niño… ¿verdad? Ah… – se
rió un poco. – Me parece increíble que sea tu padre… No os parecéis
mucho…
– ¿No? Lo mismo dice él... Es porque me parezco
a mi madre – le aclaró, un tanto serio luego. – Mi padre sí estuvo
enamorado. Me pregunto cómo era en ese tiempo...
– No lo sé… hace poco que lo conozco… pero debió
tenerte muy joven… – le sujetó una mano y se la llevó a la mejilla,
acariciándose un poco.
– Sí, así es... pero siempre se ocupó de mí. – sonrió
un poco, sintiendo aquella caricia indirecta agradable. – Kenzo,
¿tienes familia?
– No, mi madre murió… – lo miró a los ojos y le
besó la palma de la mano. – ¿Seguro que quieres hablar de estas
cosas? Yo quería que te divirtieses… conmigo…
– Sí, pero es que quiero conocerte... Dijiste que
nos parecíamos, ¿no? – le tocó el rostro con la otra mano, tentativamente.
– Pero no quiero ponerte triste.
–Sí… tienes razón… tú nunca pensarías nada extraño
de mí… ni te alejarías… te contase lo que te contase ¿verdad?
– bajó la cara entre sus manos y lo miró a los ojos entre el cabello
que caía delante de estos.
El chico negó, con las mejillas rojas de que lo
mirase así. – Yo ya soy bastante extraño por mí solo...
– Mi padre nos abandonó… y mi madre murió a causa
de la prostitución… contrajo una enfermedad… pero no dejó de trabajar…
Al final… pasó lo que tenía que pasar… así que me quedé en la
calle al poco tiempo… – cerró los ojos porque los tenía aguados.
Takara se levantó, observándolo y abrazándolo de
pronto, aún rojo. – Yo nunca te voy a abandonar, Kenzo... No voy
a dejarte solo.
– Lo siento… eso… no tenía que haber pasado… – le
pasó la mano por el pelo, aproximándolo a él y sentándolo a horcajadas
en sus piernas sin dejarlo moverse de cómo lo había acercado a
su cuello hasta que ya fuese demasiado tarde como para querer
resistirse. El calor de otra persona… no era fácil de rechazar…
– No me importa, me alegra que confíes en mí. –
le aseguró, sin moverse él tampoco. – Y ahora puedo comprenderte
mejor... por qué dijiste lo que dijiste. Yo no soy como tus clientes,
Kenzo, no vengo a que me entretengas o me engañes. Así que si
necesitas hablar en algún momento... puedes hacerlo.
– Estoy bien… solo sigue abrazándome un poco más…–
le acarició la espalda con suavidad, jugando con sus dedos en
ella sobre la camiseta y sonriendo contra su cabello. – ¿Sabes?
Solía dormir en los baños públicos de los parques… Allí… lo hice
unas cuantas veces por dinero… – le explicó serio de nuevo.
– Debió ser horrible. – comentó el chico, frunciendo
el ceño, sin querer imaginarse cómo era aquello, pero imaginándolo
de todos modos. – Al menos lograste salir de eso...
– Sí… al menos salí de aquello… No perderé este
empleo por nada del mundo… – se echó hacia atrás contra el respaldo
para mirarlo a los ojos. –¿Qué haces en mis piernas, eh? ¿Aprovechándote
de mi momento de debilidad?– sonrió, metiéndose con él y sujetándole
la cintura con las manos para que no fuera a levantarse.
– Es tu culpa, tu me pusiste allí– protestó, moviéndose
para liberarse y hallándolo imposible. – Eres un baka... – lo
miró con el ceño fruncido, aunque sonriendo un poco.
– A ti te gusta que lo sea… ¿no?– sonrió de medio
lado y le pasó los dedos por el contorno del rostro, era muy suave…
– ¿Tu padre no notó nada raro, verdad? ¿Es muy protector? Nunca
nos había hablado de ti… – lo miró a los ojos tras la última frase.
– Mucho, no puedo decirle casi nada sin que me mire
como si fuera a robar un banco – sonrió, aunque aquello lo hacía
sentir bien por una parte. Por la otra... era un tanto molesto.
– Me dijo hoy que no quiere que termine como él, no sé por qué...
– ¿No lo sabes?...– sonrió levemente –Porque es
tu padre… por eso… o tal vez le preocupa que le quites su lugar…
– No lo creo, sería un pésimo host. No me gusta
mentirle a la gente ni aguantar boberías. – negó enérgicamente.
– Creo que los mataría a la primera.
Kenzo se rió con suavidad. –No todos los host dicen
boberías… me pregunto qué pensarías si me vieras a mí actuar de
ese modo… para alguien…
– No... me refiero a los clientes. Seguro ellos
sí dicen muchas boberías, ¿no? – lo miró a los ojos, rojo. – A
mí no me parece mal tu trabajo, ni el de mi padre. Creo que son
mejores personas que yo.
– ¿Por qué dices eso? No es verdad… – lo miró a
los ojos fijamente. –¿Es que eres una mala persona tú? No te creo…
– No, mala, mala, no creo, pero... – desvió la mirada
un poco, enrojeciendo de nuevo. – Si a mí me vienen con esas cosas,
los largaría. Y ya termino rechazando a gente que de por sí se
sentía sola... Luego no tengo derecho a quejarme...
– No digas eso… no lo hacemos por amor al arte…
no somos una sociedad benéfica…– suspiró con fuerza y le sujetó
la cara con suavidad para buscar su mirada de nuevo.
– Pero son buenas personas. – le aseguró de todos
modos. – Yo sé que no lo hacen por eso, pero yo ni por el dinero
podría hacerlo, es que me molesto con facilidad, ¿sabes? – confesó,
sonriendo nervioso.
–Ya veo… – sonrió levemente y alzó una ceja, alzando
una pierna para apartar la mesa del medio del pequeño cuarto.
Levantándose con el chico en brazos y dejándolo bajar. – ¿Has
bailado alguna vez? Así de cerca… – le sujetó una mano y se la
apoyó en el pecho, tomándole la otra con la suya y rodeándole
la cintura al chico, sonriéndole – ¿Te sigue gustando estar conmigo?
– Más aún... me agradas mucho, Kenzo. Yo... – cerró
los ojos, apoyando la mejilla en su hombro avergonzado. – ....No
tengo amigos. ¡Pero no es por eso! En serio me agradas tú, como
persona.
Kenzo se rió con suavidad. –Bueno… no importa el
motivo, el caso es que estás aquí…– le besó la mejilla, bailando
con él y susurrándole al oído. –“Queda muy poco…ya…Tendrás que
escapar antes de que se rompa el hechizo…”
– “No quiero irme...” – susurró de vuelta, serio.
– ¿Cuándo te volveré a ver? ¿No podemos vernos fuera de aquí?
– Sólo durante mis días libres… Tengo que dormir
en algún momento… Además, tu padre descubriría que no estás a
las horas que salgo, lo sabes… – le acarició el cabello con suavidad
y lo miró a los ojos. – Libro los viernes… pero este viernes tengo
un compromiso… esta semana no podrá ser…
– Está bien, volveré el lunes entonces, aunque es
mucho... toda una semana – sonrió, pensando que no le quedaba
mucho dinero ya. Tendría que rebuscar para poder pagar por un
día más, lo sabía. Pero no quería perder su amistad. Además, era
algo emocionante estarse viendo a escondidas, no podía negarlo.
– Estaré esperándote… – lo aproximó a él de nuevo
y le besó el cabello con suavidad, alzándole la cara un poco para
que lo mirase a los ojos. – “No te olvides de mí... ¿tienes teléfono
particular o sólo el de casa?”
– Tengo un móvil. – se metió la mano en el bolsillo,
sacando uno negro, con un adorno de gatito también negro guindando
del mismo.
– A ver… – el pelirrojo sacó el suyo del empleo
y esperó a que lo detectase para enviarle una llamada. –Ahí tienes
mi número… puedes llamarme o mandarme mensajes cuando quieras…
Takara sonrió, llamándolo. – Y ahora tú tienes el
mío.
– Te daría otra cosa… – sonrió levemente y le besó
los labios con suavidad. – ¿La quieres?
– S... sí... –asintió, completamente rojo por aquel
beso, lamiéndose los labios luego, más que nada por la sensación.
Kenzo le besó los labios con suavidad de nuevo,
separándoselos con los suyos y besándolo de ese modo, devorando
sus labios apasionadamente de pronto. Le acarició el rostro y
luego tomó su nuca con delicadeza, empujando la lengua en su boca
y observando su rostro mientras rodeaba su cintura, el chico con
los ojos abiertos y rojo a más no poder.
Sentía que le saltaba el corazón en el pecho, incluso
se sentía caliente. No recordaba haberse sentido así nunca. Cerró
los ojos por fin, aferrándose un poco a su ropa.
El pelirrojo rompió el beso y observó sus labios,
mirándolo a los ojos después, no podía negar que había sentido
algo… aunque no estuviera muy seguro del motivo real… podían ser
tantos… en aquel caso… – ¿Tu primer beso?
– Sí... – lo miró a los ojos, su rostro al parecer
ardiendo por la sangre que se amotinaba en sus mejillas. Se veía
falto de aliento incluso.
– Ahora no te olvidarás de mí nunca…– sonrió levemente
y le tocó lo labios con un dedo. –Ya tengo que irme… – se inclinó
hacia él y le habló al oído. – “También es mi primer beso…”
– “Mentira...” – susurró el chico sin creerle, aunque
no le importaba mucho. Para él, había sido lo suficientemente
especial.
– No miento… – se rió porque no lo hacía. –Bueno…
al menos el primer beso… “profundo”– sonrió y lo miró a los ojos.
–Yo no beso a mis clientes… no creo que muchos lo hagan… es… asqueroso....
No podemos ponerles preservativos en la lengua… – se rió y le
revolvió el cabello. –Así que desconfiando de mí…
– Bueno, es que creí que los besos esos en los ascensores...
– se rió, avergonzado por desconfiar. – He averiguado.
– Detective Takara-san… no se crea todo lo que lee
por ahí… – se rió y lo acompañó afuera, fijándose en no encontrarse
con nadie importante por el camino. – Ve por las escaleras… así
nos aseguramos de que no te ven salir de aquí… ¿vale?– se apoyó
en el pasillo y lo miró. –Vamos…
– Kenzo... – el chico se detuvo mirándolo, rojo,
y serio, por unos momentos, antes de sonreír un poco, sacudiendo
la cabeza. – No, nada, nos vemos... – se despidió, echando a correr
por la vergüenza que le daba de pronto.
El pelirrojo sonrió, observándolo correr y entrando
de nuevo en el local, sacudiendo un poco la cabeza y buscando
al rubio con la mirada.

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