Epílogo 5
Forever and Ever
Hayabusa le pasó la mano por el cabello al rubio
que leía recostado contra su pecho, revolviéndoselo un poco y
observándolo como si eso fuese suficiente entretenimiento. Alzó
una pierna un poco y le pasó el pie entre las piernas, cogiéndole
el libro de las manos y cerrándoselo. – Hazme caso…
– ¿Qué te haga caso? Pero si estoy acostado sobre
ti... – sonrió alzando la mirada y un brazo para hacerlo inclinarse
más sobre él.
El moreno le besó con suavidad y metió una mano por dentro de
su camisa para acariciarle el pecho. – No me llega… necesito el
100% de la atención… – deslizó la mano por su cuello y le masajeó
los hombros con suavidad. Su vida hoy por hoy era completamente
tranquila y no echaba para nada de menos su situación anterior.
Tsubasa era lo mejor que le había ocurrido. – ¿Estás cansado?
– No, no estoy cansado. ¿Por qué? – dejó el libro
en el piso, estirándose como para recibir más caricias, sonriendo.
– ¿Estás pensando en algo especial?
– No sé… tal vez… podríamos salir un poco y cuando
volvamos… ya veremos…– le pasó las manos por el pecho, abriéndole
más la camisa y observándolo, sonriendo y besándole el cabello.
– Haremos lo que tú quieras… – sonrió, observando su rostro. –
Eres precioso, Tsubasa…
– Y tú eres el hombre más guapo del mundo. No...
Del universo... – le sonrió nuevamente, levantándose. – Vayamos
a pasear. Hace tiempo que no me sacas por ahí... Es una lástima
que no sea la época de los cerezos.
– Cierto… – el moreno se levantó con él, pensando
que habían salido a pasear hacía sólo tres días pero para Tsubasa
siempre había algo de lo que quejarse, tampoco podía decir que
le desagradase aquello. – De todos modos ya es muy tarde… estará
oscuro, como a ti te gusta… – fue a buscar los abrigos y ayudó
al rubio a ponérselo antes de hacer lo mismo con el suyo.
Se apartó un poco al notar que abrían la puerta
y observó a los chicos, dejándolos entrar y besando la frente
de su hijo. – Vamos a salir.
– ¡Takara-kun! – Tsubasa se sujetó de su cuello
de pronto apartándolo un poco. – “¿Ya hiciste lo que te dije?
Además hay algo especial en la nevera, en una plato azul... sirve
de afrodi...”
– ¡Ya! Que no... – se apartó el chico rojo, viendo
cómo sonreía Tsubasa de todas maneras.
– ¿Y tú? ¿Koya? ¿Cómo has estado?
– Bien, gracias… De exámenes, por eso no he venido
estos días…– explicó, mirando al rubio reído y pensando que a
él no le hacía falta eso para nada con el tiempo que llevaba esperando.
– Pasadlo bien…– se despidió con una mano, apartándose un poco
porque no le gustaba cómo lo estaba mirando Hayabusa.
El mayor se cerró el abrigo sin dejar de mirarlo.
– Portaros bien…
– Muy bien... – se despidió Tsubasa, sujetándose
del brazo de Shingo. No le iba nada mal ese tipo de vida. Era
agradable aunque al principio hubiese pensado que convivir con
el hijo de tu amante era un problema. Pero Takara era maduro y
gracioso. Y lo mismo iba para Koya, de un modo bizarro. – No te
preocupes, sólo se están divirtiendo... – tranquilizó a Hayabusa.
– Ya… eso es lo que me preocupa… – se quejó el mayor,
sonriendo después. Antes le había parecido normal que su hijo
tuviese relaciones sexuales pero desde lo sucedido con Kenzo no
quería que nadie volviera a hacerle daño. Aún así… Koya se había
puesto a estudiar con él y había dejado el trabajo así que suponía
que podía confiar en él. – Hasta luego. – cerró la puerta saliendo
con el rubio. Koya suspirando con fuerza.
– Jo qué tensión con tu padre… – se quitó la chaqueta
y entró en el cuarto de Takara como acostumbraban, cogiendo una
lata de refresco de su mochila y sentándose en la cama mientras
la abría. Les había sobrado de lo del cine. Miró a Takara de soslayo
y le sonrió. – Siempre me acuerdo de la primera vez que nos besamos…
– Debajo del puente, en el acuario... – le sonrió
el chico, sentándose a su lado. – Me pusiste nervioso, baka. –
le metió un puñetazo ligero en el hombro.
– Te pusiste nervioso tú solo…– se rió, frotándose
el brazo. – A ver si te crees que yo estaba relajado…– le pasó
la lata, abriendo el póster que el chico había cogido en la entrada
del cine para pegarlo en la pared. – Es horrible… bueno… – se
rió observando la funda del cello de la que manaba sangre.
– Pero a mí me gusta... – el chico lo miró como
apreciándolo y luego de vuelta al moreno. – Pero yo sentía que
estaba haciendo algo malo. Y me gustaba... y me quería patear
a mí mismo.
– Sí, bueno yo también me sentía un poco mal de
estarte pidiendo eso…– suspiró suavemente, mirándolo a los ojos.
– ¿Me besas?– le pidió, sonriendo levemente.
Takara sonrió, poniéndose de pie y sujetándole el
rostro para besarlo con suavidad primero, profundizando después.
Koya alzó las manos, sujetándole las nalgas y apretándoselas
un poco, succionando su lengua para que no fuera a separarse a
pesar de que estaba comenzando a tocar su sexo por encima de los
jeans. No podía evitarlo, estaba deseando estar en su cuerpo.
Pero el chico no hizo ningún movimiento por separarse.
Koya tenía razón, lo había hecho esperar demasiado y además, él
también lo deseaba. Subió una pierna a un lado del chico, apoyándose
en el colchón para inclinarse más sobre él, moviendo su lengua
dentro de su boca.
El mayor respiró pesadamente, separando sus labios
y levantándole la camiseta, subiéndosela un poco, besando su abdomen
mientras le abría el pantalón. Deslizó la lengua entre la goma
del slip y su piel, sintiendo su sexo húmedo y caliente. Lo miró
a los ojos mientras le bajaba el pantalón, acostándose en la cama
y sujetando sus caderas para arrastrarlo con él, moviéndose contra
el colchón mientras deslizaba la lengua por todo su sexo.
Takara se apoyó en las manos, mirando hacia abajo
sin poder evitarlo, gimiendo calladamente. Su sexo se sentía sumamente
caliente, reaccionando a las lamidas de Koya, haciéndolo temblar
por completo.
Koya se coló bajo él, levantándose y desnudándose
a su espalda sin dejar de observarlo. Respiraba con fuerza y se
arrodilló en la cama, apoyando su sexo entre las nalgas alzadas
del chico, bajando la mano y acariciándolo, besándole la espalda.
– ¿Estás nervioso, Takara?... – le preguntó, sujetando sus manos
y llevándolas hacia atrás, haciéndolo sujetarse las nalgas, los
hombros del chico reposando entonces contra el colchón.
– Claro... que estoy nervioso... – sonrió, jadeante,
apretándose las nalgas con fuerza y mirando a los ojos azules
de Koya. – Pero... quiero que lo hagas. Quiero ser tuyo... por
completo.
– Esa frase tan guarra… – se rió con suavidad, acostándose
en la cama y deslizando la lengua por entre sus nalgas. La arrastró
dentro de su cuerpo, empujando tan fuerte como podía, metiéndola
y sacándola. Sintiéndose cada vez más enfebrecido. – Sabe bien…
tu cuerpo…– sujetó su sexo, echándolo hacia atrás y acariciándolo.
Succionando sus testículos antes de volver a su ano. Apretaba
tanto que casi no le dejaba entrar, le encantaba… era increíble.
– No fue... guarroh... – jadeó el chico, enrojeciendo
y apretando más los dedos en sus nalgas. Su manera de mover la
lengua... lo estaba volviendo loco. Su ano se apretujaba contra
ella tanto por el placer como por los nervios. Alzó la cabeza
observando la de Koya, temblando un poco por mantener el equilibrio.
El moreno sonrió un poco, inclinándose a lamer su
sexo de nuevo, acostándose entre sus piernas y tomando sus nalgas,
haciéndolo bajar dentro de su boca para que la penetrase por completo
hasta sentir los testículos del chico rozar sus labios. Lo mantuvo
allí tanto como podía y lo apartó, respirando agitadamente y volviendo
a succionarlo. Movía las nalgas del chico ahora, haciendo que
lo penetrase, su sexo caliente se golpeaba contra su lengua y
resbalaba por ella. Cerró los ojos, dejándose llevar por aquello
y notando el sabor de los fluidos del chico.
– Koya... – gimió Takara moviéndose en su boca.
Aquello era incomparable. Su sexo estaba pulsando como nunca.
Abrió más las piernas, sentándose tanto como podía para acariciar
el cabello de Koya con algo de dulzura. Estaba enamorado pero
se le dificultaba pensar con lo que estaba sintiendo. Subió un
poco las nalgas, conteniéndose luego porque sentía que se iba
a correr con demasiada rapidez.
Koya deslizó la lengua por el centro de su sexo
hasta arriba, sintiendo cómo la sangre recorría sus venas hinchándolo
a más no poder. – Puedes correrte… si me dejas seguir… Porque
no creo poder aguantarme sin hacerlo… – sonrió levemente, sujetando
la punta de su sexo entre los labios y succionándola con fuerza,
Pasó la lengua alrededor de ella y sonrió sin poder evitarlo,
tentándolo y a la vez deslizando un dedo por su ano, empujándolo
dentro de este profundamente y acariciando allí.
– No... yo... – se negó, resistiendo, pero sin éxito.
El semen brotó de su sexo impulsivamente, mojando la lengua y
los labios del moreno. El chico gimiendo descontrolado, un tanto
rojo aún sí.
El moreno entrecerró los ojos, deslizando la lengua
por el semen que aún brotaba aunque mucho más calmadamente, tragándose
el que había en su boca y lamiéndolo por completo. Ahora estaba
aún más duro, incluso temía hacerle daño, pero realmente no podía
esperarse más. Acarició el sexo del chico, aún si temblaba por
el reciente orgasmo, no le iba a dejar perder la erección. –Takara…
¿puedo?– le pidió aún así.
– Claro... claro que puedes... – jadeó, sonriendo
un poco por la manera en la que se lo preguntaba. Koya era extremadamente
considerado, siempre. – Eres increíble, Koya... – lo miró, deseando
besarlo pero no estaba seguro de si lo iba a interrumpir.
– ¿Quieres ponerte tú encima… o lo hago yo?– lo
miró a los ojos y alzó la mano, acariciando una de sus mejillas,
estremeciéndose sólo porque el chico rozase su sexo con las nalgas.
– No... Yo me pongo... – accedió, deseando complacerlo.
Koya tenía mucha experiencia. No se comparaba con la suya y no
deseaba decepcionarlo luego de haber esperado tanto. Lo besó de
todas maneras, olvidándose de todo lo demás por unos segundos
y saliendo de debajo de él luego para sentarse encima, nervioso
de nuevo, sintiendo cómo lo penetraba con cuidado.
– Takara…– el moreno apretó más su sexo, soltándolo
un momento y tomando sus nalgas, guiándolo, bajándolo contra él.
Se sentía como si fuera imposible penetrarlo de lo apretado que
entraba. Lo atrajo acostándolo sobre él. Alzando las caderas y
empujando sus nalgas para entrar completamente en su cuerpo. Temblando
ligeramente y besándolo. – Te amo,Takara… – susurró, deslizando
un dedo por el ano del chico, como si no se pudiera creer que
estaba dentro de él, comenzando a moverse despacio. – ¿Duele?
– Un poco... – jadeó, apretando los párpados y aferrándose
de Koya. Podía soportarlo, aquello no era nada. – Sólo un poco...
no pares... – le pidió seguro de que sólo de esa manera se le
pasaría el dolor.
– Vale…– jadeó, no muy seguro de que hubiera podido
detenerse, girándose de lado despacio. Levantó una de sus piernas
para penetrarlo mejor, entrecerrando los ojos y separando los
labios por el placer, jadeando, besándole los labios. – Se siente
muy bien… – le aseguró, bajando la vista al sexo del chico entre
ellos, acercándose para apretarlo contra sí.
– ¿Gra... cias?... – contestó el chico, sin saber
qué más decir, apretándose contra el cuerpo de Koya. El dolor
empezaba a ceder y su cuerpo a reaccionar nuevamente al contacto.
Sentía un calor increíble subir desde su ano, jamás había experimentado
aquello.
Koya sonrió, riéndose con suavidad porque le hubiera
dado las gracias y por ese gesto acalorado en su rostro. – Cute…–
salió de su cuerpo, girándolo boca abajo en la cama y tirando
hacia atrás de su sexo y sus testículos. Le cerró las piernas,
deslizando la lengua por ellos antes de penetrarlo de nuevo, notando
cómo sus nalgas lo apretaban y alzándoselas un poco, embistiéndolo
con más fuerza. Bajó la mano al sexo del chico que se agitaba
con cada penetración, sujetándolo y moviendo su mano con brío
en él. – ¿Te gustah…?
– Síh... –jadeó, estremeciéndose. Su sexo se estaba
irguiendo de nuevo, pulsando con renovadas fuerzas. Era asombrosa
aquella sensación dentro de su cuerpo. Empezó a gemir con fuerza,
aliviado de que su padre no estuviera, entrecerrando los ojos
un poco.
El moreno se arrodilló tras él, apartándose el cabello
con una mano sin dejar de moverse en su cuerpo, separando después
sus nalgas para ver cómo entraba y salía del mismo. Bajó la mano
de nuevo al cuerpo del chico, jugando con sus testículos y su
sexo, recostándose más sobre él para poder tocarlo con ambas manos.
Estaba empapado en sudor y no podía recordar haber estado tan
excitado en su vida. – Me voy a correr, Takara… – se movió un
poco más suave, dedicándose más que nada al sexo del chico, empujándose
profundamente y volviendo a moverse con fuerza.
– Hazlo... córrete, Koya... – contestó por si le
estaba preguntando, estremeciéndose de nuevo. Apoyó el rostro
completamente contra las sábanas dejándose caer casi por completo
a excepción de sus nalgas que continuaban recibiendo al moreno.
– ¡Hum!… Takara… – el moreno le apretó una nalga
con la mano sin soltarlo, apretarlo de aquel modo le excitaba
aún más. Su sexo dejó salir el abundante semen blanquecino, corriéndose
dentro de él y lamiendo su espalda. Le mordió el hombro suavemente
y le pasó su lengua después. Jadeando tan alto que le avergonzaba
incluso.
Takara, por el contrario, encontrándolo más excitante.
Le encantaba su voz de aquella manera. Dejó escapar un gemido
agudo, corriéndose por segunda vez sin poder ni querer detenerse,
sonriendo luego. – Koya...
El chico se quedó sobre él, masajeando su sexo empapado
y sonriendo con suavidad. Le abrazó y lo volteó para tenerlo sobre
él sin salir de su cuerpo, apoyando una mano para mantenerse allí.
La apartó poco a poco al sentir cómo salía por sí mismo de su
interior. –Hubiera querido estar dentro de ti para siempre… –
sonrió, besándolo con suavidad. – Me siento… feliz… y memo… –
cerró los ojos tratando de no emocionarse y quedar en ridículo.
Takara se rió también, abrazándolo de vuelta. –
Yo también me siento feliz, pero no memo... porque no soy cute...
– se vengó, besándolo, extremadamente contento en realidad. Había
sido aún mejor de lo que hubiera imaginado. – Te amo, Koya. Eres
mi caballito de mar... – se rió, porque sabía que acaba de decir
algo muy tonto e infantil.
Koya se rió, cubriéndolo con las sábanas y besándolo
de nuevo. – Entonces no puedes separarte nunca de mí… – lo rodeó
con fuerza, apoyándolo luego contra su pecho. –Sí eres cute…
–Necio, baka... Eres un baka, Koya, siempre has
sido un baka. Fuiste baka cuando te conocí... – se rió, metiéndose
con él de más por haberlo llamado cute, sonriendo contra su pecho
de todos modos. – Tú tampoco puedes separarte de mí...
– No, no puedo… porque me muero… – le tocó el cabello
con la mano y cerró los ojos. – ¿Fui baka? Yo creía que había
sido cool…
– Fuiste baka cool, que para el caso... te funcionó.
– sonrió, cerrando los ojos también y dejándose envolver por su
aroma.
FIN

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