Epílogo 3
Anniversary
Murakami se pasó las manos por el cabello negro,
hundiendo los dedos en la cresta y despeinándose un poco mientras
se echaba hacia atrás en la silla, descolgando la cabeza hacia
delante. Se levantó de pronto, poniéndose el abrigo para salir
a la calle.
– ¿Murakami-san?– preguntó la secretaria que se
había levantado al verlo salir tan de pronto de la oficina. –Recuerde
que su padre va a venir en un cuarto de hora…
– Lo sé. – sentenció el moreno encendiendo un cigarro.
–Dile que me surgió algo importante, llámalo. – le cortó, saliendo
por la puerta y tomando el ascensor. Bajó al coche,. dirigiéndose
al club donde Toru estaba trabajando desde hacía un año ya como
jefe de camareros. Iban a dar una fiesta así que seguramente estaría
ocupado, pero aquello era más importante.
– Sí... No, primero saca las botellas de champán...
Estas, sí... – le aclaró Toru al chico nuevo, ayudándolo a cargarlas
en una bandeja. Le agradaba su empleo, era completamente distinto
al anterior, por supuesto. Era extraño sentirse respetado pero
lo que más le agradaba era aquel ambiente. Salió de la bodega,
sonriendo y saludando a uno de los clientes frecuentes, sus ojos
iluminándose luego al divisar al moreno que acababa de llegar.
No importaba cuanto tiempo pasase, seguía alegrándose enormemente
cada vez que lo veía. – ¿No deberías estar con tu padre hoy?
– Puede esperar, aún no se va a morir, es demasiado
malo para eso… – el moreno alzó una ceja, sacándose el cigarro
de los labios para recibir el beso del pelirrojo que se apoyaba
con las manos en su pecho. – Además… hay algo que no me está dejando
trabajar… y que sólo tú puedes solucionar. – lo levantó por las
nalgas con una mano, aún y si había gente delante. No perdonaba
ni la más mínima falta de respeto a Toru y ya todos lo sabían.
– ¿Qué vas a hacer?... ¿Demasiado ocupado para mí?
– Nunca estoy demasiado ocupado para el jefe...
– le sonrió seductoramente, acariciando su rostro. – Tu padre
me odiará, Koza...
– No… Ya sabes que nos parecemos demasiado para
que pueda odiarte… Es su cara, no tiene otra… – se burló, refiriéndose
a la expresión agresiva de su padre como si la suya fuera muy
distinta. Entró en el despacho del pelirrojo y lo sentó en la
mesa, quitándose el abrigo a las prisas mientras lo besaba. Abriéndose
el chaleco y la camisa. Pasando de eso después y sacándole la
camiseta al pelirrojo. Besando sus pezones y oliendo profundamente
su piel.
– A mí me gusta mucho tu cara... – jadeó el chico
entrecerrando los ojos y revolviéndole el cabello, sonriendo.
Arqueó la espalda, abriendo las piernas y bajando sus manos por
los hombros de Koza, la camisa negra bajando por estos a la vez
que el moreno separaba las piernas del chico y hundía su rostro
entre ellas, lamiendo su sexo y devorándolo apresuradamente.
Murakami se levantó, acostándolo en la mesa y observándolo
agitado. Le sujetó las piernas y las alzó con las manos, deslizando
la lengua por una de ellas y lamiendo las plantas de sus pies,
besándoselos.
Toru se rió un poco porque le daban cosquillas,
era increíble cómo lo hacía sentir, tan deseado, como si fuera
algo precioso. No importaba lo que sucediera ahora, era como vivir
en el cielo. – Koza... ahn... – se levantó sobre sus codos, observándolo
subir por sus piernas de nuevo y masajeándose su propio sexo.
El moreno sonrió, deslizando la lengua por el filo
de sus dientes y quitándose la camisa por completo, abriéndose
el pantalón sin dejar de observar aquella mano delicada acariciarse.
Se escupió en la mano, acariciando su propio sexo también, apoyándose
después entre sus nalgas. Sujetó sus tobillos y alzó sus piernas,
separándoselas mientras entraba en su cuerpo.
Apretó las mandíbulas sintiendo cómo su cuerpo entero
era recorrido por descargas de placer, aquello… sólo se había
sentido así con él. Jadeó entre dientes, moviéndose con fuerza
en su cuerpo, haciendo que la mesa se corriese un poco por el
parquet y apoyando una de sus rodillas también sobre esta.
– Koza... – gimió Toru, estremeciéndose por aquella
fuerza que sentía en el moreno al moverse dentro de su cuerpo.
Soltó su sexo, rodeando su espalda, acercándolo a su cuerpo para
que la fricción hiciese su trabajo, estaba encendido. Siempre
lo ponía así, lo hacía olvidar cualquier otra cosa. – Te amo,
Koza...
–Yo también te amo… – jadeó el moreno, pasándole
las manos por debajo y levantándolo poco a poco sobre su propio
cuerpo, moviéndolo contra él, sintiendo aquel peso ligero y agradable
en sus brazos. El cuerpo de Toru… No había nada mejor que aquello,
su espalda perlada de sudor, la piel le ardía por completo. Lo
besó profundamente, lamiendo después su mandíbula y besándole
el cuello.
El aliento del pelirrojo rebotando contra su hombro,
encendiéndolo todavía más. Apretó sus nalgas con las manos, estrujándolas
y oprimiendo el sexo entre ellas, el chico estremeciéndose, abrazándose
completamente a él, gimiendo sin ningún tipo de recato.
Su sexo estaba pulsando con urgencia, aún así deseaba
que durase un poco más. Sentir cómo le apretaba, moviéndolo, soportando
su peso como si su vida misma dependiese de aquellos brazos fuertes
y amables.
Koza lo apretó más contra sí, una de sus manos apoyándose
en su espalda para mantenerlo contra su cuerpo. Miró entre ellos
para ver el sexo del chico aprisionado contra sus abdominales,
resbalando en el sudor y los flujos transparentes que se derramaban
de él. – Estás a punto…– sonrió, besándolo de nuevo una y otra
vez. Succionaba su lengua, jadeando en su boca y estrechándolo
con fuerza entre sus brazos, rompiendo el beso para apretar los
dientes mientras se corría irremisiblemente.
– Murakami-san... – lo llamó, sólo por molestar
un poco, besándolo luego apasionada y profundamente, liberando
su cuerpo de toda tensión, permitiendo que el orgasmo tomase el
control. El semen resbalaba entre ambos, mientras el chico gemía
dentro de la boca del moreno, estremeciéndose por los espasmos.
– Ah… Toru… – el moreno sonrió ampliamente, sentándose
en el sillón con el chico sobre las piernas y acariciándole el
abdomen. – No podía dejar de pensar en ti… seguro que estabas
muy ocupado… – le sujetó la mandíbula para hacer que lo mirase.
– No importa, lo más importante en mi vida eres
tú, Koza... – se observó reflejado en aquellos ojos, sonriendo.
No había sido tan feliz en toda su vida, no podía creerlo. – Amo
tus ojos, y tus manos... y tu sonrisa... – sonrió, besándolo con
suavidad de nuevo.
–Yo también te amo… – le apretó un muslo, girándolo
para que se sentase a horcajadas sobre él. – Hum… me encanta tenerte
desnudo para mí… – le pasó las manos por todo el cuerpo, deslizando
una por su pecho y su cuello, inclinándole un poco la cabeza hacia
atrás. –Me temo que no podré volver al trabajo hasta mañana… y
tú deberás tomar un descanso para cenar conmigo… Hoy es el día
que nos conocimos… no lo recordabas… Tienes mala memoria…
– ¡Oh! ¡Koza! – se cubrió la boca, consternado,
negando con la cabeza. – Dios, debo haber estado muy ocupado,
lo siento...
– Tsk, tsk… no tienes excusa…– apoyó un codo en
el reposa brazos del sofá. –Ahora ya no sé si debería o no darte
esto… – cogió el pantalón y sacó una caja con un anillo de diamantes.
Podría haberle regalado algo así en cualquier otro momento, pero
no era la clase de persona que hiciese esas cosas. – Creo que
ya es hora de que lleves el mío… – le aclaró serio, abriendo la
caja y poniéndoselo él mismo, observando su mano.
– Koza... – el chico se miró el anillo, las lágrimas
brotando de sus ojos, aquello era demasiado. Se abrazó el moreno,
besándole el cuello y luego los labios. – Te amo... Es el mejor
regalo que me hayan dado... Me siento mal...
– Vaya por Dios… Yo esperaba que te hiciese sentir
bien… – sonrió levemente. Lo comprendía, comprendía sus reacciones
a esa clase de cosas pero le parecía hermoso.
– Es que no debí olvidarlo. – sonrió, disculpándose.
– No sabes lo importante que eres para mí. Eres mi todo... – le
apartó el cabello del rostro con suavidad. – Te amo, no me canso
de decírtelo.
–Y yo no me canso de escucharlo. – le aseguró serio,
acariciándole la espalda con suavidad. –No tiene importancia algo
como eso… si te acuerdas de un día o no… Sólo es un día… Vístete…
quiero salir contigo… ¿No quieres?
– Por supuesto, Koza... –asintió, poniéndose de
pie y empezando a vestirse. – ¿Has tenido un buen día?
– No mucho hasta ahora…– se levantó, vistiéndose
y observándolo, deslizando un dedo por su espalda. – ¿Va a venir
ese chico con su novio el fin de semana?
– Koya, sí... No te molesta ¿verdad? – le sonrió,
girándose y apoyando sus manos delicadamente en los hombros del
moreno.
– Claro que no, tengo curiosidad por conocerlo,
sólo lo he visto unas cuantas veces. Por eso preguntaba y porque
su novio es el hijo de Hayabusa-san ¿no es así? Siento curiosidad…
– Pero no se parecen mucho la verdad... Excepto
en la forma de fruncir el ceño tal vez... – se rió, esperando
que no se pusiera celoso. Le agradaba el chico, al menos estaba
aliviado de que lo hubiera perdonado.
– Qué lástima… Pensé que tal vez era un talento…–
se lamentó, riéndose y sujetándole la cintura con las manos, alzándolo
un poco para besarle los labios. – Tengo que vestirme… – le besó
la mejilla. Apartándose con suavidad y poniéndose la camisa, abrochándose
la corbata y el chaleco. – Vamos… – lo sujetó por la cintura,
llevándolo con él.
– ¿A dónde me llevarás? Siempre me encantan todos
los sitios donde me llevas. – sonrió, sujetándose del moreno y
caminando así, pasando por el medio de toda la clientela y los
demás empelados. – Y no, no creo que el chico quiera ser un host.

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