Epílogo 2
Learning to Be Kids Again
Koya le lanzó un papelito a Takara mientras el profesor
explicaba y este rebotó en su hombro cayendo en la mesa. Sonrió
levemente y volvió a mirar a su libro como si nada, el cabello
completamente negro cayendo sobre sus ojos.
Takara lo miró de soslayo, pensando en tirárselo
de vuelta, pero luego fijándose que el papel tenía algo escrito.
Lo abrió, observando la invitación para ir al cine a ver la nueva
película de terror. En realidad, había estado pensando en preguntárselo
él pero no en medio de la clase, claro. Giró un poco el rostro
asintiendo y dibujando luego un caballito de mar y la palabra
“baka” a su lado, lanzándole el papel de vuelta.
El chico sonrió, atrapando el papelito con las manos
y guardándoselo en el estuche. Su compañero de mesa pegándole
con su libreta en la cabeza cuando sonó la campana. – No me pegues…
estaba prestando atención…
– Ajá… – protesto el pelirrojo que fruncía el ceño
renegando y pegándole de nuevo antes de salir corriendo entre
las mesas.
Koya se levantó, estirándose y caminando hacia el
que era ahora su novio. No habían hecho mucho… Suponía que Takara
estaba un poco traumatizado y de todos modos, él no tenía ninguna
prisa, aunque últimamente cuanto más se lo negaba más se le metía
entre ceja y ceja. – Taa… kara… – lo llamó. Cogiéndolo por los
hombros. – Vámonos… estoy cocido de blablabla sobre plancton…
– Te haré sushi de plancton... – se rió, recostándose
un poco y dejándose llevar como con pereza. – Es genial tener
un novio al que le gusten las películas de terror. – comentó,
en realidad pensando que era genial tener a Koya de novio. No
le había costado mucho enamorarse completamente de él, si bien
la atracción había existido desde el principio.
– Asco…– se rió Koya al pensar en el sushi de plancton,
apretándolo contra él y pensando que hacía años que no sonreía
tanto. Lo apretó un poco más aún, abrazándolo y notando que lo
ponía rojo por hacer eso en mitad del pasillo. Lo soltó para sujetarlo
de la mano, llevándolo hacia fuera. – Es genial ser tu novio…
por todo…– le acarició la mano con los dedos y se mordió un poco
el pendiente que llevaba en el labio. – ¿Me puedo quedar a dormir
en tu casa cuando salgamos de la peli? Seguro que acaba tarde…
está oscuro y tengo miedo después…
– Yo sé que no... Y además en mi cuarto hay afiches
que te darían más miedo luego... Pero vale. – accedió, como si
no le importara mucho aunque lo hacía por molestar. Se divertía
mucho con Koya.
– Baka… –Luego te abrazas a mí por la noche como
si no hubiera sitio en la cama…– le recriminó aunque sonreía ampliamente.
– Y no me recuerdes cuando tu padre vino tan borracho con Tsubasa
y me besó la frente antes de irse a dormir…
– Pues es que te quiere mucho... – se rió el chico,
a sabiendas de que sólo se había confundido, pero era agradable
ver a su padre tan feliz. Él mismo no pensaba tanto en Kenzo ya,
aunque no podía evitar recordarlo de vez en cuando. No era algo
que se olvidase de un día para otro, a pesar de que ahora reconocía
que había sido un enamoramiento de chiquillo.
– Aj que no me quiera tanto… – se quejó el moreno
que había estado riéndose por siglos con Toru mientras hablaban
por teléfono. – ¡Ah!... ¿Ya le has dicho a tu papi que el fin
de semana vamos a ver a Toru?...
– Sí, le envía saludos... claro... Pero no me dijo
mucho porque en ese momento llegó Tsubasa. Ya sabes cómo se pone...
– se rió, ya que al chico no se le quitaban los celos por más
años que pasaran.
– Sí… – Koya se rió pensando que eso era eterno,
Hayabusa siempre le preguntaba por Toru a escondidas pero eso
a él le parecía un detalle. –Bueno a mí tampoco se me van a quitar
los celos de Kenzo nunca en la vida…
– Muy mal, estoy enamorado de ti ahora. Y mucho
más de lo que lo quise a él. – le sonrió, mirándolo a los ojos.
– Ya sé que no lo parecía pero no sabía valorarme mucho en ese
entonces...
– Ya sé… a mí sí me lo parecía… – se rió, apartándose
un poco por si le pegaba una colleja. – “Hazlo conmigo… va… Takara…”–
se aproximó de nuevo, volviendo a pedírselo y abrazándolo. – Me
voy a morir si no lo hacemos…
– No te vas a morir, nadie se ha muerto por eso...
– protestó, frunciendo el ceño, rojo. Lo cierto es que también
lo deseaba, llevaba algún tiempo pensándolo, pero así mismo, lo
asustaba. Y no sabía cómo acceder.
– Yo sí… me moriré de celos… – lo abrazó contra
él mucho más, mirando a la gente que pasaba y bajando la vista
después al suelo. –Te quiero… te prometo que no te haré daño…
No sé qué decirte que no te haya dicho… – se rió con suavidad,
sin separarse.
– No tienes que decirme nada. Ya... Mira, no quiero
hacerte esperar demasiado. Lo haremos, pronto, ¿vale? – continuó,
abrazado a él, cerrando los ojos, sin importarle el ir y venir
de la gente.
– Vale… – el moreno suspiró pensando que siempre
le daba una u otra salida para decirle que no. Le cogió la mano,
caminando a su lado y tratando de verse entero. Lo cierto es que
no podía dejar de pensar en cuando Takara le había hablado mejor
de lo sucedido con Kenzo… de cómo se ofreció a él… y ahora… Bueno,
era culpa de Kenzo no de Takara, pero no dejaba de compararse.
Sintió que se le ponían las mejillas rojas y se mordió el labio.
– Te estoy viendo... – murmuró el chico con una
ceja levantada y mirándolo de soslayo. No sabía fingir muy bien,
al menos no frente a él. – ¿En qué estás pensando?
Koya se encogió de hombros, mirándolo de soslayo
también y tratando de sonreír levemente. –Nada… es igual, no quiero
presionarte…
– No lo haces. Yo... quiero hacerlo. – bajó la mirada,
enrojeciendo. – Pienso que es estúpido a mi edad, pero tengo miedo...
– No, que es igual… ya lo haremos cuando quieras…
– lo sujetó por los hombros y le besó la mejilla. – Lo siento…
no debí presionarte… Es sólo que me celo un poco…
– No tienes por qué. No puedes celarte de un chiquillo
desesperado. No es lo mismo... – le insistió. No quería que se
sintiera mal por nada del mundo, ni que lo malinterpretara. –
Te amo, Koya. Quiero que sea algo especial...
– Vale… tienes razón… deja… – se rió, pensando que
comenzaba a darle demasiada vergüenza que siguiera insistiéndole
en eso. – Cuando pase pasará… ¿no?– preguntó retóricamente.
– Claro que cuando pase, pasará... – suspiró el
chico, sonriendo un poco. Tal vez sí se estaba resistiendo demasiado.
No era algo tan épico, sólo hacer el amor con su novio, la persona
que lo quería y a quien él amaba también. – ¿Quieres... esta noche?
– No… que me lo dices porque te he insistido…– se
negó, sonriendo aún así y pellizcándole una nalga. – No me hace
falta.
– ¡No hagas eso! – protestó, enrojeciendo y carraspeando
luego porque sabía que no era muy de universitario el comportarse
así. – No, lo digo porque además yo también quiero. Pero contigo
no se puede hacer nada con espontaneidad...
– Pondré cara de sorpresa… – se rió, haciendo el
bobo porque estaba contento, más por haber obtenido aquel sí,
que por otra cosa, lo hicieran aquella noche o no. – Es tu culpa
que me tienes pensando en eso todo el rato… Seguro que Tsubasa
te metió ideas brujas en la cabeza…
– Tsubasa... Tsubasa está loco... – negó aunque
sí que le había dado consejos, algunos de los cuales jamás pondría
en práctica, claro, le daban demasiada vergüenza.
– A mí me gusta… – el moreno se rió, sujetando la
mano de Takara y apretándosela un poco, mirándolo de soslayo,
pensando que era muy guapo. Le parecía increíble que fuera su
novio, cuando lo veía pasar le hacía retumbar el corazón como
si fuese la primera vez que lo veía. – Soy tu fan, Takara… – se
rió. – Te pediré que me firmes una nalga…
– No digas tonterías, ni que fuera un artista. Y
no seas porno... – se rió avergonzado y completamente rojo, apretando
su mano de vuelta. Aunque era una sensación increíble, el sentirse
amado así. – Nos están mirando por tu culpa...
–Bueno, pues que nos miren que ni que fuéramos a
gastarnos… – sonrió, besándolo profundamente y separándose con
suavidad. – Ala… para que nos recuerden siempre.
– Baka... – protestó, enrojeciendo aún más pero
sin poder dejar de sonreír. Koya lo hacía feliz, a cada momento.
– Ya vamos a casa, que quiero comer algo antes de la película.
¿Tú no?
– Seguro nada que vayas a ponerme en un plato… –
se rió, metiéndose con él y caminando hacia la casa.
– Pues tú te quedas con hambre... – le mostró al
lengua, ofendido sólo en principio. – No, creo que Tsubasa trajo
algo de la cafetería anoche. Podemos recalentar eso...
– Vale, hagamos eso… Y luego vamos a ver esa peli,
hace días que la quiero ver pero con los exámenes… bastante tengo…
que voy a cargar tres… por lo menos…
– Claro que no... estudiemos juntos. Y me refiero
a estudiar... – lo miró, seguro de que terminaban distraídos de
todas maneras. – Yo también quería verla, pero te me adelantaste...
–V ale… si siempre eres tú el que empieza… – se
quejó, alzando una ceja. – Y después tu padre me mira a mí raro
cuando escucha ruiditos… por tu culpa…– se rió.
–Mi padre escucha ruiditos hasta cuando estamos
dormidos. Como si ellos fueran muy silenciosos... – frunció el
ceño, metiéndose su mano libre en uno de los bolsillos de sus
jeans.
– No… la verdad es que no… Tsubasa es todo un soprano…
– el moreno se rió pensando que seguro lo hubiera matado de escucharle
decir eso.
– Y mi padre es el tenor... – se rió Takara sin
poder evitarlo.

Continua leyendo!