Epílogo 1
Moving On
– ¿Aún estás durmiendo? – Tatsuya se estiró, dejándose
caer sobre Kai, sonriendo. Él ya se había bañado, comido algo
e incluso había visto un poco de televisión. Lo cierto es que
ahora tenía más tiempo de relajarse luego de haber hecho ese negocio
con Murakami.
– No es fácil dormir cuando se te tira un tío encima…
– el rubio se rió, rodeándolo con los brazos y girándose sobre
él en la cama, sujetándole una pierna y besándolo. Dejándose caer
luego sobre él como si no le llegasen todas las horas del mundo
para dormir.
– ¡Me aplastas! – protestó el moreno riendo aunque
sin quitárselo de encima. Realmente tenía todo lo que deseaba
de la vida. Las cosas habían salido muy bien a pesar de los percances.
– Tengo ganas de salir a pasear...
–Vale… vamos… ya me duché ayer por la noche… – el
rubio se arrastró por encima de él, besándole el pecho y el abdomen.
Le mordió el paquete por encima de los jeans, riéndose mientras
se sentaba en la cama, dejándolo en paz por fin y revolviéndose
el cabello aún más con una mano mientras se miraba al espejo.
–Ah… me muero de sueño… ¿aún quieres ir a esa exposición?
– Por supuesto. Además, ya dormiste bastante. –
le contestó, rojo porque le mordiera así y pasándole la mano por
el cabello, peinándolo. – Luego tomamos una siesta juntos si quieres,
pero no ahora...
– Vale…– el rubio se dejó peinar, echándose hacia
atrás contra él y sonriendo al mirar arriba. Se despeinó contra
su abdomen y sujetó sus manos. –Te quiero… y mi picha también
te quiere, mírala… Salió a saludarte… – se rió inclinándose adelante
y levantándose por fin para vestirse.
– Pues ya saludó, ahora que se comporte. – le riñó
Tatsuya enrojeciendo un poco, pensando que era un necio y no iba
a cambiar nunca. Pero no quería que lo hiciera.
– Hará lo que pueda. – se rió el rubio mientras
se abrochaba los pantalones por encima de la camisa magenta de
seda, suspirando de pronto y sacándosela al recordar que hoy no
trabajaba. Se puso una camiseta, quitándose los pantalones de
nuevo para ponerse unos jeans. –Ah… quiero unas vacaciones… eEtoy
hasta el moño de servir champán… y vino… y no sé qué más…
– Tal vez deberíamos, ¿no? Podemos dejar a alguien
a cargo... – suspiró, pensando que le habían cambiado todos los
hosts en un breve periodo de tiempo. Pero tampoco es que estos
fueran malos.
– Sí. Hagamos eso. – el rubio saltó un poco sobre
él, pensando que lo estaba consintiendo sólo con pedirlo y riéndose.
–Pero ahora voy a desayunar… que tengo hambre… Luego vamos a ver
la exposición esa… – se rió de nuevo mientras lo arrastraba de
la mano a la cocina. –No sabía que te gustaban los animalitos...
Tatsu cute…
– No soy cute, es arte... Arte. – protestó, meneando
la cabeza. – Y no comas porquerías que luego te hacen daño...
– Pero si tú no me dejas comprarlas ¿de donde quieres
que las saque? No tengo una nevera en otra dimensión. – se rió,
bebiéndose el zumo de la botella directamente y luego un poco
de leche. –A mí con esto…– cogió una tostada y se la metió en
la boca. – ya me llega… Vamos… ¿A dónde vamos a ir de vacaciones?
– No lo sé, ¿a dónde quieres ir? Podríamos ir a
esquiar, nunca he ido... – le sonrió ilusionado, observándolo.
Estaba seguro de que eso no era un buen desayuno pero no era motivo
de discusión tampoco. Ya comería otra cosa.
– Yo tampoco… pero seguro que me gusta… y luego
nos quedamos dormiditos en la camita… al calorcito… – sonrió,
abrazándolo y arrastrándolo con él afuera del piso, sobándole
las nalgas. – ¿Ya te dije que me gustas más con esta ropa? Kenzo
me dijo un día que te vio en un supermercado y le ponías.
–Ese Kenzo... – frunció el ceño, enrojeciendo de
nuevo. Tras que había hecho aquel desastre en su local... – Mejor
no me hables de él. Y no tenías por qué estar discutiendo mi vida
privada con nadie.
–Yo no lo hacía, él vino y me dijo “¿Sabes que
lo vi en el supermercado blablabla…?” y yo quería matarlo. – se
rió porque se había celado mucho en esa ocasión. Sujetó la mano
de Tatsuya al llegar a la calle. –A mí me caía bien… Lo echo de
menos… – murmuró.
– ¿Lo echas de menos? ¿A Kenzo? – suspiró meneando
la cabeza. – Sabes lo que hizo, ¿no? No creí que fuera mal chico
antes de eso, no lo sé... Fue una semana caótica esa...
– Pero Tatsu… Hayabusa-san era su padre y lo abandonó…
No sabemos lo que habrá pasado cuando era un niño. Sé que su madre
se murió de enfermedad y que él se estuvo prostituyendo en los
baños de los parques… Yo… puedo comprender su resentimiento… Puede
que lo que hiciese fuera estúpido… pero a mí me da mucha pena,
además… Era una buena persona.... recogió a Hideyoshi de la calle,
le compró ropa y le ayudó a conseguir un trabajo… Bueno… yo no
quiero juzgar a nadie… También comprendo a Hayabusa-san, es sólo
que Kenzo era mi amigo… Quisiera saber donde está, porque no atiende
al móvil…
Tatsuya se quedó mirándolo, sonriendo levemente
y sacudiéndole el cabello después. – Eres un buen chico, ¿no?
– se rió, meneando la cabeza de nuevo. – Lo sé, tienes razón.
No sé nada de lo que ocurrió fuera de eso... Y Kenzo jamás se
portó mal antes. Tal vez te escriba, quien sabe. Puedes intentar
llamar a Hideyoshi...
– Oh… cierto, no se me había ocurrido…– el rubio
se rió, revolviéndose el cabello. – Lo llamaré… aunque no ahora,
ahora es sólo para estar con mi amorcito. – se rió por haber usado
esa palabra, abrazándolo por detrás y dándole un beso en el cuello,
sobándole los pectorales. – ¿Crees que sigan juntos?
– Por supuesto, no ha pasado mucho tiempo. Y si
a Hideyoshi le importaba Kenzo como para irse con él luego de
todo lo que sucedió, no creo que se hayan separado así de fácil...
– contestó, un tanto rojo porque lo llamara su “amorcito” pero
prefiriendo pasar de eso. – Hubiera deseado que me dijera que
no iba a trabajar más, claro...
–Se fue como llegó… con Kenzo. – el rubio sonrió,
sin soltarlo porque estaba incómodamente feliz caminando de ese
modo. – Y nosotros… ¿por dónde se va al sitio ese?

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