Capítulo 82
Just Hold Me in Your Arms
Takara caminaba apresurado por las calles, intentando
controlar sus sollozos, pasándose la mano por los ojos una y otra
vez. No podía creerlo, había sido un estúpido, tenía ganas de
estrellarse la cabeza contra algo. Se quedó de pie frente a un
edificio, preguntándose si habría entendido bien. No estaba seguro
de si era correcto ir a molestar a Koya luego de haberlo dejado
plantado para ir a ver a Kenzo. Bajó la cabeza, echándose a llorar
de nuevo, sentía como si le hubieran arrancado el corazón.
Un hombre adulto salió del portal, sujetando la
maleta contra el pecho, seguido al poco rato por el moreno que
salía con el cabello empapado de haberse duchado. Se giró hacia
la izquierda por la calle, mirando atrás un momento al notar que
le había parecido ver a alguien conocido y se detuvo, notando
que estaba llorando y era Takara. – ¿Ha pasado algo?– preguntó
aunque ya se temía el qué. Por supuesto estaba un tanto equivocado,
era mucho peor que eso.
– Tenías razón, me estaba utilizando... – contestó
el chico, sujetándose una mano con la otra, temblando por los
sollozos. – No puedo regresar a mi casa ahora...
– ¿Por qué? ¿No quieres que tu padre se entere?–
preguntó, acercándose y abrazándolo para ocultarlo de la gente,
a él tampoco le gustaba que lo viesen llorar. – ¿Quieres subir?
El chico asintió, intentando explicar. – Mi padre
estaba allí, estábamos...– se mordió un labio para no perder el
control al recordar lo que habían estado haciendo. – Mi padre
lo sabe todo...
– Oh… vale… – suspiró suavemente, subiendo con él
al piso, imaginando cómo se habría puesto su padre que, host como
era, debía saber de sobra lo que Kenzo había estado haciendo con
su hijo, tomarle el pelo y sacarle todo el dinero posible. Seguramente
se preguntaba de dónde había sacado el dinero para verlo. Lo acompañó
a la cama ya que no tenía sofás y sacó las sabanas para que se
sentase en el colchón. – Siéntate… te traeré algo… un té…
Takara negó con la cabeza, sujetándose de su brazo.
– Quédate conmigo, por favor... No sabes... No puedo creerlo...
No sé ni cómo reaccionar aparte de esto, claro... – bajó el rostro,
mordiéndose el labio inferior de nuevo.
– Bueno…– se sentó a su lado, sintiéndose de nuevo
paño de lágrimas de los demás. – ¿Qué sucedió? ¿Quieres hablar?
– Kenzo es mi hermano... – sollozó, recostándose
contra su hombro. – Quería vengarse de mi padre y yo... Yo me
enamoré como un gran idiota...
Koya lo miró un tanto alucinado, así dicho no lo
comprendía muy bien. – ¿Quieres decir algo así como su hijo bastardo?
Takara asintió con la cabeza de nuevo sin despegarse
del moreno. – Si me lo hubiera dicho, yo... No tenía por qué ser
así, ¡lo odio! – exclamó, aunque no era cierto, no podía odiar
a alguien a quien amaba, no de aquella manera tan instantánea.
Sería mejor si pudiese odiarlo, así no estaría sufriendo de esa
manera.
–Ya…– murmuró Koya, seguro de que no era así y lo
decía por despecho. Le pasó el brazo por los hombros y lo cogió
sobre sus piernas, apretándolo un poco. –Ya lo odiarás, tranquilo…
– le acarició el cabello, pasándole unas hebras por detrás de
una oreja. – Si Kenzo es tu hermano… entonces tu padre debe ser
como Matusalén.
– Claro que no... – se rió por primera vez desde
aquello, sin poder evitarlo. – Es muy joven... – recordó lo que
le había contado acerca del colgante. Entonces, ¿esa era la madre
de Kenzo?
– Hum… ¿quieres que eche cuentas? Seguro que tiene…
pff…– se burló, sólo por molestarlo. – Bueno… así que… ya no tienes
novio… tendrás que empezar a fijarte en mí.
– Eres un baka, que no es el momento... – sonrió,
pensando que sabía cómo hacerlo sentir mejor. Era extraño, poder
reírse luego de aquello.
– Yo creía que si era bueno atacar niños cuando
estaban tristes… Las películas mienten. – le tocó la nariz con
un dedo, estaba caliente y un poco roja de llorar. –Es un idiota…
No tiene ni idea de lo que se pierde… ¿a que no?
– No... No lo sabe, ¿verdad? Si no hubiera sido
tan idiota... – suspiró, apretándose contra Koya. – Debí quedarme
en el acuario contigo.
–Bueno… es igual, así creaste suspense… Estuve llorando
¿sabes?... Porque preferías estar con él – hizo una mueca con
el labio, pensando que le daban ganas de llorar de acordarse y
sorbió con la nariz.
– Yo no quería hacerte daño... – sonrió con tristeza,
alzando un poco el rostro para mirarlo. – Me hubiera gustado conocerte
antes. Nos hubiéramos evitado todo esto...
– Bueno… no importa… me llega con haberte conocido
¿sabes?– enrojeció violentamente y lo miró a los ojos. – Tú, toda
tu forma de ser… y tu físico… Para mí es como un sueño que simplemente
estés conmigo… o que pueda gustarte… Yo no soy como Kenzo… yo…
no pude dejar de pensar en ti desde que te conocí. – bajó la vista
cubriéndose con el flequillo negro y lila.
– Eres un tonto... – Takara bajó la mirada, enrojeciendo
y tocando con un dedo su flequillo lila. – Tú me gustas pero...
es confuso, ¿sabes? Porque yo... tengo... tenía novio y... De
mí nunca gusta nadie.
– Eso es porque tienen el gusto en el culo… O porque
como eres tan guapo no te dicen nada porque tienen miedo de que
los rechaces… Me da igual, más para mí. – lo abrazó con fuerza,
animado porque le dijera que le gustaba. –Seguro que te lo pasas
mejor conmigo… y encontraré otro empleo… para que no te enfades…
– murmuró, como haciendo planes aunque Takara no le hubiera dado
licencia de nada. Pero lo iba a intentar. Le gustaba demasiado
para ser un cobarde.
– Vale... Yo te ayudo a buscar... – sonrió, dejándose
abrazar, enrojeciendo más. No sabía qué estaba haciendo, acababa
de romper con Kenzo, tal vez estaba mal, pero... no quería estar
solo ahora. Y realmente se sentía reconfortado por Koya, alguien
que lo quería sinceramente, que no le mentiría. – Fui un estúpido,
¿no? Y mi padre estará preocupado...
– ¿Por qué no lo llamas? Dile que un amigo te va
a acompañar a casa. Seguro que está deseando explicarte unas cuantas
cosas. – sonrió levemente y le pasó la mano por el cabello, preguntándose
si mañana o cuando ya lo hubiera superado seguiría interesándole
estar con él. O si lo olvidaría por completo.
– Sí... Creo que voy a tener que presentarle a todo
el que conozca de ahora en adelante... – sonrió, pasándose la
mano por los ojos de nuevo y sacando su móvil, observando la cantidad
de mensajes que tenía, incluso de Tsubasa. Justo hacía unos minutos
le acababa de entrar uno de su padre. – “Al menos llámame… Takara…Te
quiero mucho…” – El chico bajó el rostro, sintiéndose culpable
y marcando su número. Aunque seguro lo iba a reñir de todas maneras.
....
– ¿Takara?– el moreno se levantó del pecho de Tsubasa
donde estaba apoyado, aliviado sólo con recibir la llamada. –
¿Dónde estás?
– Estoy en la casa de un amigo. Ya... voy para allá.
Papá... – bajó la voz avergonzado, bajando su rostro también como
si pudiera verlo. – ... “lo siento”
– No importa… No es tu culpa–. – sonrió levemente,
pensando que era un buen chico. – ¿Quieres que vaya a por ti?
– No, yo voy. Además, quiero que conozcas a Koya...
– le aseguró, aún sintiéndose culpable y decaído por la situación.
El moreno abrió un poco los ojos, enrojeciendo y
pensando que le daba vergüenza. Además ya lo conocía y no había
sido muy agradable con él precisamente… pero no iba a negarse…
Le gustaba mucho Takara.
– Vale… vamos, no tardes – el padre del chico sonrió
levemente, sin pensar tan siquiera en el nombre que le habían
dicho, sólo quería que su hijo volviese ya. Colgó el teléfono
y miró a Tsubasa. – Ya viene… había ido a casa de un amigo… Tenías
razón.
– ¿Ves? – el chico le acarició el cabello, haciéndolo
recostarse de nuevo. – Era natural que quisiera estar con un amigo...
....
Takara miró a Koya, enrojeciendo un poco. – ¿No
te molesta, verdad? Que... quiero que lo conozcas ahora, porque
además así.. Sabrá que me ayudaste y no se pondrá tan necio luego...
– No… No me molesta, sólo estoy un poco nervioso…Ya
te dije que nos conocimos y fui un poco antipático. – suspiró,
avergonzado, levantándose y sujetándole la mano. –Además… Tengo
miedo de que le moleste que seamos amigos…– dijo llevándolo afuera
de la casa.
– No, yo lo explicaré y comprenderá... Lo sé – asintió,
poniéndose más nervioso y sin soltarse de su mano.
......
Tiempo después, se detenían ante la puerta del chico.
Takara sacó sus llaves, con manos temblorosas, abriendo la puerta
poco a poco. – ¿Papá?
El hombre se levantó del sofá y fue a buscarlo a
la puerta, abrazándolo contra él y metiéndolo en la casa, mirando
a Koya y desde luego reconociéndolo. Prefería no pensar en por
qué era amigo de un gigoló… pero justo ahora se preguntaba cómo
demonios había pagado a Kenzo. Frunció el ceño, apretándolo más
contra él.
– Hola… – Koya se apoyó a un lado de la puerta,
aún sujetando la mano de Takara a pesar del abrazo de su padre.
Tenía miedo… miedo al rechazo acostumbrado.
– Koya, no esperaba que fueras tú... – sonrió Tsubasa,
poniéndose de pie tras Shingo, con un trago en la mano.
– Papá, lo siento... No quise preocuparte. – murmuró
Takara, dejando que las lágrimas bajasen por sus mejillas de nuevo.
– Este es Koya... – lo presentó sin siquiera percatarse de lo
que decía Tsubasa.
– Lo conozco. – suspiró el moreno con fuerza, limpiándole
la cara a su hijo. –Pasa, no te quedes en la puerta.
El moreno la cerró, saludando a Tsubasa con la mano
tímidamente, aunque sonriendo un poco.
– No debiste engañarme – le reprendió a pesar de
la presencia de los demás, pegándole una nalgadita suave sin dejar
de abrazarlo. Koya lo soltó por fin dejando que abrazase a su
padre.
– Lo siento, pero creí que no entenderías porque...
es un host. Y Kenzo... – dejó escapar un sollozo, aferrándose
con fuerza a su padre. – Kenzo siempre se negaba por algo...
Tsubasa se giró, sirviendo algo de vino en una copa
y ofreciéndoselo a Koya. De todas maneras, sentía que sobraba
y no podía evitar seguir la costumbre.
Koya sonrió, agradeciéndoselo y retirándose a su
lado porque se sentía del mismo modo. –… “¿nos perdemos un poco?”–
le pidió, mirando hacia la salita. Hayabusa apretando más a su
hijo y frotándole la espalda con una mano.
– No sin esto... – sonrió Tsubasa tomando la botella
para llevársela con él. Había estado demasiado tenso, tanto por
la situación como por no saber actuar. Lo guió a la salita, dejándoles
su privacidad a Shingo y su hijo.
– Ya está… Kenzo está loco… Es un idiota. – murmuró
con el ceño fruncido, volviendo a pensar que de haber podido,
lo mataba.
– Pero yo... No debí ser tan ciego. Lo sabía, que
algo no estaba bien, que no era normal... Eso me decía Koya pero
no quería ni escucharlo... – sollozó contra el pecho de su padre,
sintiéndose como un imbécil.
– Es normal, tú sólo querías sentirte amado, Takara…
Eso no es algo malo – lo abrazó más. Besándole la cara y cogiéndolo
en brazos, encerrándose con él en el dormitorio del chico sin
importarle demasiado cómo se las apañasen los otros. –Takara…
Dime una cosa, hijo… y dime la verdad… porque no voy a enfadarme
contigo… Ese chico que está contigo ¿sabes a que se dedica, verdad?
Dime que no estás con él por eso… porque tú también lo has hecho...
– No... Koya... – el chico enrojeció incrédulo de
que hubiera estado tan desesperado como para pensar en algo así.
– Koya me detuvo... Él... me pagó sólo por hablar... – sonrió,
pensando que era un tonto de nuevo, pero aquello lo hacía especial.
– Por hablar… – suspiró aliviado, aliviado de que
se hubiera encontrado con una buena persona, apretándolo de nuevo
contra él, deseando retorcerle el cuello por haber llegado a ese
punto. –No vuelvas a hacerme algo así. – lo miró a los ojos serio,
no era para menos. – Nunca, bajo ninguna circunstancia. Tú eres
una persona inteligente y tienes un padre que te quiere… No estás
solo… No puedes tirar tu vida a la basura sin más.
– Lo sé, lo siento... Ya sé que fui un idiota. Estaba
enamorado, ¿vale? – protestó, llorando de nuevo, temblando y bajando
el rostro para que no lo siguiera mirando así.
– No vale… estar enamorado no puede convertirte
en un idiota o te meteré a monje. – le revolvió el cabello, suspirando
y acercándolo a sí de nuevo. –Te quiero mucho hijo… mucho… – lo
apretujó con fuerza, pensando que era para matarlo. – Harás que
me salgan canas y perderé el empleo.
– Claro que no, dirán que eres un host distinguido...
– sonrió sin poder evitarlo. – Ya no lo haré más, papá... Ya no
quiero a nadie que me exija esas cosas... Pero, ¿tú qué vas a
hacer?
– ¿De qué?... – preguntó, mirándolo a los ojos
y apartándole un poco el flequillo, pensando en lo bonito que
era. Le iba a costar siglos borrar la imagen de aquel tipo subido
en su hijo, se le hinchaban las venas sólo de recordarlo.
– Bueno, es que es tu hijo... por eso... – suspiró,
desviando la mirada sin saber qué hacer. Todo era muy extraño.
– No es mi hijo… y desde luego, después de lo que
te ha hecho ni siquiera es una persona para mí. Más le vale que
no vuelva a verlo… porque lo mato…– le aseguró muy serio. –Te
juro que lo mato.
– Bien, bien... No importa... – lo calmó, comprendiendo.
De todas maneras, él tampoco lo querría ver de nuevo. Sería muy
doloroso. – Te quiero mucho, papá.
– Yo también… te quiero mucho… – le pasó la mano
por el cabello, echándoselo delante de la vista. – Prefiero a
Koya… Él es un buen chico… ¿eh? Y mira que es mono.– le animó
aunque era una treta para ver qué pensaba.
– ¡No digas eso! ¡Eso no lo dicen los padres! –
enrojeció completamente, cubriéndose la boca luego por si Koya
pudiese escucharlo. – Pero... ¿no te molestaría que saliera con
él entonces?
– No… pero no más sexo para ti por el momento. Suficiente
he tenido que ver… te mataría…– suspiró, notando que le gustaba,
claro. Koya era un chico “normal”, Kenzo sólo un mentiroso, sabia
lo que sucedía en esos casos. –Y dile que se busque un empleo
normal. Esta vez las condiciones asegúrate de que las pones tú,
es una norma… en esta casa.
– Ya dijo que lo hará... Ya no hables de eso...
– bajó la cabeza, enrojeciendo terriblemente. Su primera vez y
lo veía su padre, para sumarlo a todo lo que había sucedido.
–Sí… mejor que no lo haga… – se levantó, pensando
que seguro que estaban incómodos allá solos. – ¿Quieres decirle
que se quede a dormir?– preguntó, esperando que sólo durmiesen
pero le parecía obvio luego de lo sucedido. Si no, seguro que
hoy sí mataba a alguien.
– ¿Puede? No haremos nada... – le aseguró, adivinando
lo que pensaba. – Pero no quiero quedarme solo... Y no quiero
que se vaya.
– Comprendo… y yo no puedo dejar a Tsubasa solo…
O seguro que se enfada. – se levantó lentamente. – Hoy nos encontramos
con Toru y tal vez fui demasiado amable… Vamos con ellos.
– Supongo que no pudiste evitarlo... – suspiró,
ya que conocía bastante bien a su padre. Además, luego de lo que
le había dicho Koya, ya no le tenía tanto resentimiento. Entraron
a la salita justo cuando Tsubasa dejaba escapar una leve risa,
girándose al escuchar el sonido.
– ¿Están bien?
– Sí, muy bien. – Hayabusa sonrió al ver que ambos
estaban entretenidos, era natural… en Tsubasa, él sabía cómo hacer
las cosas bien. Sólo ver su sonrisa le hacía sonreír ampliamente.
Extendió la mano para sujetar la suya y lo ayudó a levantarse.
– Vamos a la cama… Mañana tenemos que vernos bien… “No… no es
por eso.”– susurró después a su oído.
– Ah… ya me voy entonces… – susurró casi, Koya,
que lamentaba no poder hablar un poco más con Takara.
– ¡No! – lo detuvo el chico, enrojeciendo de nuevo
y tomando su mano. – No... Mi padre dice que puedes dormir conmigo.
¿Puedes? Por favor...
Tsubasa soltó otra risita, pasando al lado del chico
y tocándole el cabello con un dedo. – Takara, quería hablar contigo
mañana... para darte un par de consejos, pero... Creo que no será
necesario. – volvió a reír con aquella suavidad al ver cómo se
ponía el chico. – Hasta mañana, Koya.
– Hasta mañana…– contestó el desconcertado chico,
al cual nunca antes habían tratado tan bien, con aquella indiferencia
acerca de su profesión. Sonrió, enrojeciendo y mirando a Takara.
– Vamos… quería ver tu cuarto…
Hayabusa se llevó a Tsubasa por la cintura al dormitorio
y lo alzó en brazos, acostándolo en la cama con suavidad y subiéndose
sobre él. –Ahora… a compensarte por mi falta de atención…– susurró
en una voz seductora mientras le abría la camisa.
– Y yo a cambio, te relajaré toda esa tensión...
– contestó el chico, con una mirada traviesa en sus ojos y acariciando
sus hombros.
– Ven, no les hagas caso... – Takara aclaró, llevándose
a Koya a su habitación lo más rápido que podía. Ya sabía lo que
iban a hacer, al menos quería tener la puerta cerrada.
– No pensaba… – Koya se rió, entrando en su cuarto
y sonriendo, observando las paredes. – ¿A ti también te gustan
las películas de terror?
– ¡Me encantan! ¿A ti también? – exclamó emocionado
y enrojeciendo por ser tan baka en un momento así. – ¿Quieres
que te preste una camiseta? Porque mis pijamas no te van a servir...
– No… Es igual, tengo la ropa limpia, acababa de
ducharme… Y llevo dos camisetas… el jersey y la chaqueta… así
que…– se rió, sacándose todo aquello menos la última camiseta,
levantándose para quitarse los jeans mientras miraba un póster
bastante creepy, riéndose. – Si pongo eso en mi cuarto se me van
los clientes…
– Pues ponlo. Ya me dijiste que lo dejabas y además...
mi papá quiere que te lo exija. – sonrió un poco, aunque fruncía
el ceño, observando sus marcas de nuevo. – ¿Para qué llevas tanta
ropa?
Koya se rió, mirándolo de soslayo. – Yo odio hacerlo…
pero es que llevo tiempo buscando empleo y nunca me lo dejan tomar…
Debería volver a la escuela… aún soy joven ¿no? La dejé en el
último año… tal vez pueda ir a una universidad si me preparo…
No era malo… estudiando…– se sentó a su lado, apoyando las manos
en el colchón. – Lo hago para no verme tan delgado.
– Te ves bien así... – le sonrió, colocando su mano
sobre la del chico. – Y sí, vuelve a la escuela... Hay un examen
que puedes tomar... para no tener que repetirlo todo.
– Oh… no lo sabía… Bueno, tengo dinero de sobra
para estar sin trabajar por un buen tiempo… como no me gastaba
nada… – movió un poco las piernas y lo miró a los ojos. – Takara…
cuando nos besamos en el túnel bajo el agua… Tú también lo estabas
sintiendo ¿verdad?...
El chico enrojeció, bajando la mirada y casi susurrando.
– Sí... o no te hubiera dejado meter la lengua...
Koya enrojeció un poco, sonriendo y besándole la
mejilla. – No lo digas así… que me da vergüenza… baka… Ojalá pudiera
estudiar contigo…
– Pero yo me gradúo este año... – lo miró, aún sonrojado.
– Puedo quedarme, pero mi padre me mata... Pero sí puedo ayudarte,
¿no?
– Pero ya te dije que tengo aprobado el último año…
Lo que no tengo son las pruebas de acceso a la universidad… y
llevo mucho sin estudiar así que… Además las suspendería…– se
rió pensando que no podría entrar en la universidad ese año probablemente.
– Bueno… pues… si no puedo ir a tu universidad… iré al mismo campus.
– Sí podrás ir... Yo te ayudaré. Si quieres me tomo
un año libre y trabajo... – sugirió, seguro de que su padre se
molestaba también, pero tampoco era tan malo trabajar por un año.
Adquirías experiencia, ¿no?
– Sé que está mal… pero sí… – le pidió, sonriendo
y abrazándose a él. – Quiero ir contigo… Quiero estar contigo
en clase… No me importa estudiar lo que sea… con tal de estar
juntos.
– Vale, pero conste que aún no sé... Quería estudiar
cine pero... ahora me atrae la biología marina... – se rió, pensando
que así podía trabajar en el acuario.
– Suena bien…– sonrió, pensando en los caballitos de mar, pasándole
una pierna por encima al chico y enredando sus tobillos, moviéndosela
con la suya. Le besó la mejilla de nuevo, sintiendo lo imposible…
que había una salida… y que había vuelto atrás en el tiempo. Lo
abrazó con suavidad, quitándole el jersey. – Esto fuera…
– Pero te portas bien, que mi padre se enfada...
– protestó por si acaso, sonrojándose y sonriendo, abrazándose
a él de golpe.
– Claro que sí… Yo te quiero, baka… No voy a hacerte
nada… sólo quiero abrazarte…– le acarició la espalda, aguantándose
las ganas de llorar y besándole los labios con suavidad.
– Koya... eres un idiota... – contestó, los ojos
aguados a pesar de que sonreía. Quería creer en aquello, refugiarse
en Koya y que por esta vez, fuera la realidad.
–Ya… ¿y qué quieres que le haga?– el moreno se
rió en bajito, limpiándose una lágrima contra la mejilla de Takara.
No se podía creer aquello, que Toru y él… fueran felices… era…
algo imposible…irreal.
– Sólo abrázame pues...
– Vale…– murmuró, recostándolo en la cama con él
para poder protegerlo mejor contra su cuerpo.
FIN

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