Capítulo 81
The Wait
– ¿Quieres que lo llame yo? A lo mejor no contesta
porque eres tú... – se ofreció Tsubasa, aunque no tenía nada de
experiencia con esa clase de cosas. Seguramente estaría bien,
era una reacción de adolescente. Y luego de lo ocurrido, necesitaría
estar solo. Pero Shingo iba a seguir preocupado aunque le dijera
aquello.
– Sí, haz el favor…– el moreno se pasó la mano por
los labios, sentado en el sofá de su casa por si el chico volvía.
No tenía caso buscarlo por todas las calles de la ciudad, no tenía
ni idea de donde podía estar. Le temblaban las manos y no dejaba
de mover la pierna derecha a golpecitos.
Tsubasa llamó de nuevo sin lograr nada y suspiró,
exasperado. Decidió dejarle un mensaje de todas maneras, escribiendo
“Tu padre está preocupado”, y dejó el móvil sobre la mesa, sentándose
junto a Shingo y rodeándole los hombros. – ¿Quieres algo de beber?
– No… gracias… Sólo quiero matar a Kenzo… – lo miró
de soslayo, suspirando con fuerza y metiéndose una mano entre
el cabello, inquieto. No tenía ni idea de cómo podía reaccionar
su hijo ni de con quien podía estar.
– Comprensible... Shingo, tu hijo me parece un chico
inteligente, ¿no? Probablemente sólo quiere estar solo, y regrese
cuando menos lo esperas. Sé que no es consuelo, pero... – suspiró,
sintiendo que lo estaba haciendo fatal.
– Sí… tienes razón… probablemente sólo sea eso…
Pero era la primera vez que se enamoraba y es un chico muy solitario,
seguramente se lo haya tomado mucho peor que… y Dios… – se pasó
la mano por la cara. – Es que no tiene nombre lo que ha sucedido
ahí… Qué vergüenza… No sé cómo voy a presentarme ante Tatsuya-san…
– No es tu culpa. Y seguro Tatsuya-san comprenderá...
Es bastante blando, ¿lo sabes? – bromeó, intentando aligerar la
situación. – Todo esto, sólo ha sido culpa de Kenzo. Y ya renunció,
no creo que lo volvamos a ver... – Era algo increíble, aún no
le entraba en la cabeza que ese chico pudiera ser hijo de Shingo
también. Hubiera sido el infierno tenerlo de “hijo adoptivo” de
todas maneras. – Tal vez esté con algún amigo... Takara.
– Sólo tiene uno, creo… pero no tengo su teléfono
y tampoco lo conozco de nada…– suspiró pensando que su hijo era
un misterioso, lo que se merecía era una tunda por ocultarle aquello.
Se recostó hacia atrás contra Tsubasa. – Espero que al menos me
llame cuando se calme… y Dios… ahora comprendo por qué los clientes
habituales me decían que Kenzo les recordaba a mí de joven. ¿Cómo
iba a saberlo yo?
– No tenías por qué, nadie lo hubiera imaginado.
Si incluso te ves demasiado joven como para tener a Takara...
– le acarició el cabello de la frente, rodeándolo con el otro
brazo. – Yo siempre supe que Kenzo era un manipulador, pero no
pensé que llegara a esto...
– A hacerle eso a un niño… es increíble… y a Hideyoshi…
a sí mismo. No sé en qué estaba pensando. – dijo pasando por alto
el tema de si se veía joven para tener a Takara, no quería ir
a parar al tema de la edad. Aunque sí quería dejar de pensar en
que su hijo no volvía, a ver si se despistaba y cuando menos lo
pensase, recibía la esperada llamada tranquilizadora. – Siento
lo de esta tarde con Toru, sé que estabas incómodo.
– No, supongo que es normal. Es sólo que... me pongo
nervioso. Imagino que sería igual si me vieras abrazando a uno
de mis ex novios... O no, supongo que no... – suspiró, pensando
que todos esos habían sido por conveniencia. Lo de Toru, por el
otro lado... – No tienes sentimientos románticos por ese chico
todavía... ¿verdad?
– No, pero lo aprecio… Me he dado cuenta de que
sólo es un chiquillo… y ha perdido toda su atracción. – mintió
en ese último aspecto, sólo para no despertar la ira de su compañero.
–Tiene la edad de mi hijo… Bueno… fue un error… tal vez porque
tú no me prestaste atención. – cambió el tono de voz, molestándolo
un poco aunque no se le iba su hijo de la cabeza.
– Yo lo veo distinto, diría que me entregué a ti
y luego pasaste a ignorarme, pero como prefieras... – contestó,
orgulloso, sin poder evitarlo. Sabía muy bien que parte de la
culpa era suya también, pero no podía cambiar el hecho de que
hubiese tenido miedo.
– Me harás daño… Tsubasa… – se giró para besarlo
con suavidad, superficialmente. – Yo jamás te he ignorado, es
imposible hacerlo para hombre alguno… y si alguno lo hace… es
porque te tiene miedo.
El chico sonrió, complacido. – Si me tiene miedo
es que no me merece... En cambio tú... – le acarició la quijada,
observando sus ojos una vez más. – Tú siempre sabes cómo halagarme.
– Sólo digo la verdad… es así de fácil…– lo miró
a los ojos y lo besó de nuevo, apoyándose en su pecho y recostándose
en el sillón, pensando que sucedía aquello justo cuando comenzaban
su relación, seguramente Tsubasa se sentía molesto de andar con
esos problemas.
– Eres perfecto, Hayabusa-san... – sonrió, deslizando
la mano por su hombro y su brazo. De alguna manera, deseaba protegerlo,
era extraño. Jamás se había sentido así con nadie. Estaba seguro
de que Shingo era quien solía ocuparse de los demás. – No te molestará
si hablo con Takara luego ¿verdad? Cuando las cosas se hayan calmado...
– No, claro… quiero que formes parte de mi vida,
en todos los sentidos. – alzó una mano, acariciándole una mejilla.
– Gracias a Dios estás aquí… o no sé qué habría hecho.
– Estarías recorriendo la ciudad como un loco, sólo
para regresar aquí por la madrugada y encontrar a tu hijo esperándote.
– sonrió, seguro de lo que decía. – Es un chico que acaba de sufrir
el peor desengaño de su vida y frente a su padre. Es lógico que
no esté aquí.
– Lo sé… seguramente esté muy avergonzado. Además
debe estar seguro de que me ha decepcionado. – cerró los ojos,
sujetando una de las manos de Tsubasa y besándosela. – Pero no
es así… sólo… No me esperaba eso de él, pero no hay forma de que
me pueda decepcionar… Creo que soy demasiado duro con él. Espero
que venga pronto… Me voy a volver loco… Que al menos me llame…
– Ya le dejé un mensaje... – le confesó, sonriendo
un poco. – Eres duro porque te preocupas. Creo que es muy afortunado
de tenerte como padre.
– Gracias… – susurró el moreno, sujetando el teléfono
móvil dentro de su bolsillo y apoyándoselo encima de una pierna.
Sin aguantarse y llamándolo él de nuevo, hasta que le salió el
contestador. – “Al menos llámame… Takara…”– se quedó callado sin
saber qué decir. – “Te quiero mucho…”– colgó, girando el teléfono
y suspirando con fuerza, sentándose de nuevo y levantándose. –Creo
que sí voy a beber algo.

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