Capítulo 78
Everything Goes to Hell
– Takara… – Koya se apoyó en el banco donde el moreno
estaba sentado, besándole una mejilla por detrás y rodeándole
los hombros con los brazos. – ¿Estás preparado para el allanamiento?
– Que sí, pero no se saluda así... – protestó, poniéndose
rojo y levantándose de golpe, mostrándole su mochila. – Y traje
cosas de comer...
– Oh… más inteligente que yo… Sólo traje pitillos
e igual no es buena idea encenderlos que seguro que tienen alarma
de humos… – le sujetó la mano y salió corriendo con él tras mirar
el reloj en su muñeca. – Vamos, antes de que cierren. ¡Hay que
encontrar donde esconderse!
– Yo creo que había un agujero bajo la escalera...
Seguro tienen armario de limpieza o algo... – se rió, dejándose
arrastrar casi, sin creer que realmente fueran a hacer aquello.
Como los atrapasen, seguro que su padre se lo comía.
– Seguro… aunque me pregunto si limpian… No… limpian
durante la apertura, recuerdo que ayer las vi limpiando cuando
cerraban…– aseguró, entrando ya tranquilamente para que no se
les notase. –A ver esas escaleras que decías… Por poco cierran
ya…
– Están bajando hacia los caballitos... – sonrió,
preguntándose si les iba a funcionar eso realmente. Estaba emocionado
aunque era una tontería.
– Mejor… así no tenemos que recorrer esto a oscuras
para encontrarlos…– se rió, nervioso también, aunque más por estar
con él que por el delito y le acarició un poco la mano. Mirándolo
de soslayo y escuchando cómo anunciaban que cerrarían pronto y
debía salir la gente.
– Bueno, este lugar es muy grande... Yo no creo
que lo revisen todo... Si acaso luego de cerrar y nos podemos
mover por las secciones a medida que se fijen. – le sugirió, pensando
que ya parecía un juego de escondidillas.
– Se ve divertido…– se rió, corriendo con él hacia
el túnel, para bajar y esconderse bajo aquellas escaleras. Empujándolo
deprisa al ver que ya había un controlador vigilando que salieran
los visitantes. – “Eh… parece un videojuego… ¿Te gustan?...”
– “Mucho, sobre todo los de sobrevivir... eso...
Es que me gustan las cosas de horror, ¿sabes?”– sonrió, allí agachado,
observando al controlador, y pensando que no parecía prestar demasiada
atención de todas maneras.
– “A mí también me gustan los survival horror…”
– susurró, sentándose en el suelo. – “Tengo consola en mi casa…
Si lo hubiera sabido, habríamos jugado ese día…”– el controlador
salió y apagaron las luces, cerrando las puertas y quedándose
a oscuras salvo por las luces de emergencia, tenues y azuladas.
– “Pues ahora lo sé... Puedo ir a jugar un día...Yo
también tengo pero en mi caso está el extra de encontrarte con
mi padre... – se rió, cubriéndose la boca, y sentándose completamente.
–“¿Cuando crees que podamos salir?”
– Esperemos unos minutos… Ya podemos hablar en alto
creo… y no me importa encontrarme con tu padre si ya lo conozco…
Sé que es una buena persona…– se rascó la rodilla, mirando entre
las escaleras al tanque de los caballitos de mar, quería ir a
verlos.
– Sí, pero te va a preguntar hasta cómo se llamaba
el doctor que te trajo al mundo... – se rió, saliendo de debajo
de las escaleras y comprobando que no hubiera nadie. – ¿Vienes?
Creo que ya se fue...
– Vale – se levantó y lo siguió, ambos caminando
hacia el estanque aquel, Koya pegándose un poco al cristal, observándolos
mover aquellas pequeñas aletas, mirando después la tapa de arriba
y levantándola un poco, pesaba mil demonios. – ¿Quieres… tocarlo?
– ¡Claro! No muerden ¿verdad? – el chico se encaramó,
ayudándolo a levantar la tapa para meter la mano en el agua, riendo
al sentir cómo lo rozaban.
– No creo que tengan dientes…– sonrió, observándolo
de soslayo y metiendo una mano también, notando cómo huían en
un principio y después regresaban como si nada. – Son resbalosos…
– enrojeció un poco sintiéndose ridículo por estar tan feliz.
– Claro, están mojados... pero son como amigables,
¿no? Creo que me están oliendo... – se rió, sintiendo aquel tacto
de nuevo contra sus dedos.
– Ay… no puedo más… – bajó la tapa después de que
el chico retirase la mano. – Pesa mucho… a ver qué dice aquí…–
miró en el papelito al lado de la piscina. – Dice que hay caballitos
de 30 cm… wow… sólo viven un año… no tienen dientes… y no tienen
estómago…– se rió y lo miró a los ojos. – Los hay púrpuras y naranjas
fluorescentes… quisiera ver uno…
– En serio... ¿y brillan en la oscuridad? – preguntó,
mirándolos. – Son muy bonitos, pero ya no puedo tener uno, porque
me pondré triste si mueren tan pronto.
– Sí… es horrible… cuando se te muere una mascota…
– caminó por la sala, mirando las paredes de cristal a través
de las cuales se veían los peces. – Ponía que sí es verdad… Sólo
tienen una pareja y si se muere… no vuelven a tener otra… a no
ser que pase mucho tiempo… Yo sólo tuve un novio… pero me dejó
por otro…
– Hum... yo sólo a Kenzo... Pero es que antes de
eso me la pasaba peleando...– se rió, un poco avergonzado, rascándose
la cabeza. – Y no le caía bien a nadie...
– A mí me caes bien… – siguió a uno de los peces
que paseaba por al lado del cristal como jugando con él. – Quiero
ser tu novio… – se rió, parándose y mirando el pececito, distrayéndose
y pensando que no debía ser tan sincero. Sólo iba a herirse. –A
lo mejor un día piensas en mí de ese modo…
– Pero ya te dije que tengo novio... Es Kenzo...
– suspiró el chico, incómodo. No quería lastimarlo pero era muy
necio. Tras que lo estaba pasando muy bien...
– Hum…– el moreno asintió con la cabeza sin mirarlo,
pasándose la mano por el flequillo. –Lo siento.
– No, vale... no importa... – sonrió, tocándole
un hombro para animarlo. – ¿No quieres comer algo? Vamos bajo
el puente ese y hacemos un picnic.
– Sí, vale…– sonrió levemente, acompañándolo y sentándose
en el pasadizo, mirando al techo, observando los peces y preguntándose
por un momento por qué el agua no rompía el cristal con la presión,
daba un poco de miedo. Se acostó en el suelo pese a que no estaba
muy limpio. Era extrañamente romántico… y a la vez muy triste…
Takara sacó algunas cosas de comer, no muy saludables
la verdad. Miró a Koya, sintiéndose un poco culpable y ofreciéndole
una bolsa de patatas. – A mí... me ha gustado mucho este lugar.
Creo que es mi lugar favorito...
– También…– se metió una patata en la boca y se
rió, pensando que sólo había llevado guarradas para comer. –…
no te pongas así, estoy bien…
– Vale, pero es que no quiero ponerte triste. Me
agradas mucho, Koya. En serio... A mí no suele agradarme nadie...
– se rió, comiendo de una lata de cacahuetes, sin duda llenos
de saborizantes artificiales.
– Eh… ¿me das un beso?... – lo miró nervioso porque
ya sabía que le iba a decir que no. No sería la primera vez que
se besaban… pero ahora no era lo mismo.
– No sé si debería... – se quedó mirándolo, comiéndose
otro cacahuete. – Ya sabes que tengo novio y... te voy a lastimar.
– Pero tu novio besa a otros chicos… que ni siquiera
conoce… Sólo un beso…– se sentó de nuevo. Apoyando las manos en
el suelo. – Sólo es un beso… y acabas de comerte un cacahuete…
Ni siquiera es romántico… así que no cuenta para tu novio…
– Sí cuenta que sabía bien... – se rió, mirándolo
indeciso. Era cierto que Kenzo besaba a otros chicos, aunque bueno
suponía que sólo eran los besos esos de elevador, cortos... ¿no?
– Vale... pero no significa que sea tu novio.
–Ya lo sé, más quisiera yo que por un beso te convirtieses
mágicamente en mi novio…– sonrió levemente, pensando que ni siquiera
le dejaba hacerse la ilusión. Aproximándose para besarlo y apoyando
los labios con suavidad contra los suyos, besándoselos y tocando
con la lengua entre estos para ver que sucedía, Takara enrojeciendo
violentamente, con los ojos cerrados.
Igual probó a succionarle la lengua un poco, tratando
de convencerse de que no tenía nada de malo.
Koya abrió los ojos, enrojeciendo también y acercándose
un poco más por el suelo, lamiendo dentro de su boca y sintiendo
como si le ardiese el cuerpo. Lo besó profundamente por fin, con
suavidad. No quería que lo apartarse por nada del mundo, aunque
supiera que tarde o temprano lo haría… porque él… simplemente
no podía.
Takara colocó sus manos contra el pecho del moreno,
más que nada porque estaba disfrutando demasiado de aquello y
eso lo ponía nervioso. Rompió el beso mirándolo a los ojos, y
susurrando. – “Koya...” – pero fue interrumpido por el sonido
de su móvil. Lo sacó con cara de susto viendo que era Kenzo quien
lo llamaba.
– … ¿puedes venir a verme? Hoy no tengo ningún privado…
y necesito verte… ¿lo harás?– preguntó mientras se peinaba un
poco el cabello dentro del baño.
El moreno miró al chico que hablaba por teléfono.
Desde luego ese tío… Sí que tenía puntería para joderle siempre,
sólo esperaba que no le estuviera pidiendo que fuera a verlo…
Se tocó los labios bajando un poco la mirada, sin poder resignarse
como siempre. No podía… estaba enamorado de él… y aquel beso…
– ¿En serio quieres? – preguntó el chico, con los
ojos iluminados. Hacía tiempo que no era Kenzo el que lo buscaba.
– Vale... – miró a Koya, un poco nervioso. No quería decepcionarlo.
Tal vez pudiese regresar luego, aunque lo dudaba. – Bueno, llego
en unos minutos...
–Te estaré esperando… Te quiero… – colgó el teléfono
y se lo guardó en los bolsillos de los jeans. Hoy estaban haciendo
un día para vestirte como deseases aunque la mayoría habían vestido
como siempre… como si alguien pudiera creerse que visten así en
su casa…
– ¿Te vas?– Koya lo miró inevitablemente serio aunque
le hubiera gustado ser tan buen actor como para sonreír.
– Era Kenzo... Quiere que lo vaya a ver. No te vas
a enfadar ¿verdad? Sé que dije que me iba a quedar aquí, pero...
– suspiró, un poco avergonzado. – Es que casi nunca me llama para
que vaya a verlo. Siempre soy yo... Tal vez esté comprendiendo...
– No… claro, ve, no me enfado… – se quedó sentado
en el pasadizo, sonriendo ahora sí un poco aunque tenía ganas
de llorar.
– Bueno... Voy a intentar volver, ¿vale? Si no puedo,
te llamo... – comentó, observándolo, sintiéndose bastante mal
en realidad. – Y puedes comerte todo eso...
– Ah… No… Vomitaría… – se apoyó en la pared y le
sonrió, levantándose. –Mejor me voy a mi casa porque no creo que
regreses… Iré a trabajar…– se pasó la mano por la nariz. –Te acompaño
un rato…
– Vale... pero deberías tomarte la noche libre igual.
Ya vendremos de nuevo. – le sonrió, recogiendo las cosas. – De
todas maneras, quiero dormir bajo el agua...
– Vale… – le ayudó a recoger las cosas y le sujetó
la mano, acariciándosela un poco y llevándolo por el puente, subiendo
después las escaleras, nervioso, apoyándose un dedo en los labios
para que no hiciera ruido.
.........
Takara entró en el Olimpo, confundiéndose entre
la multitud como siempre. Ya se había vuelto experto en escapársele
de vista a su padre. Lo cierto es que aún se sentía culpable por
lo de Koya, para el poco tiempo que se conocían, ya le tenía mucho
cariño. Pero aún así, no podía rechazar una invitación de Kenzo.
– ¿Qué es esto?– Kenzo lo abrazó por detrás, besándole
el cuello y estrujándolo un poco, aprovechando a meterlo en el
privado cuanto antes. Besándolo una vez dentro y sentándose con
el chico sobre sus piernas, sonriendo ampliamente. – Hoy nos dejaron
vestir como quisiéramos…– le explicó.
– Te ves muy bien... – se rió el chico besándolo
de nuevo y tocándole el cabello. – Te extrañaba, me puse contento
cuando me llamaste.
– Claro… y yo de escuchar tu voz… – sonrió, besándole
los labios de nuevo. –¿Tu padre está saliendo con Tsubasa?
– Sí, se mudó a nuestro piso. ¿No lo sabías? Si
va a dejar de trabajar y todo... – le comentó, sin preocuparse
para nada por la privacidad de los demás.
– Hum… no, no hablo mucho con él… ¿así que ahora
va a estar más difícil aún? “Yo quería ir a tu casa esta noche…”–
sonrió levemente, tocándole la mano con un dedo.
– “Yo también quería...” – susurró de vuelta, como
si lo hubiera sabido. No se atrevía a decirle en donde había estado.
No quería enfadarlo ahora. – He estado pensando en ti... desde
anoche... – se rió, enrojeciendo.
– Yo también… – lo besó de nuevo, tocándole el pecho
y jugando con sus pezones sobre la ropa. – Deberíamos… ir a un
hotel… Nunca podemos hacer estas cosas… – se quejó, levantándole
la camiseta y mirándolo. Apretándole un pezón con el dedo y jugando
con lo blandito que era. – ¿Te los tocas? Cuando te masturbas…
– No me preguntes eso... – protestó, completamente
rojo y agitado, bajando la mirada hacia la entrepierna del chico.
– “Sí...”
– Sí…– le imitó, riéndose. – ¿Por qué no? Eres mi
novio… puedo saber esas cosas… Sólo yo puedo…– sonrió, recordando
de pronto haber visto a Hide masturbarse en la ducha en una ocasión.
Le recorrió el cuerpo un estremecimiento sólo de pensar en ello.
Le abrió el pantalón para dejar salir su sexo, tocándolo con un
dedo y sonriendo al escucharlo jadear, alzando un poco el dedo
para ver el líquido que salía del sexo del chico. Se lo llevó
a los labios, lamiéndoselo.
– Kenzo... Yo no dije que... – protestó, demasiado
excitado como para detenerlo. Su sexo estaba erguido, era obvio
lo que le estaba provocando. Se inclinó, susurrando a pesar de
la vergüenza. –“Lo hice anoche... pensando en ti...”
– Yo también…– susurró contra su oído, masajeándolo
con suavidad. –Este fin de semana… te llevaré a un hotel conmigo…–
le propuso, tratando de calarse en su corazón hasta el fondo.
– Kenzo... – el chico sonrió, estremeciéndose, sonriendo
sin poder evitarlo. – Te amo... – rodeó su cuello con los brazos,
besándolo apasionadamente, su sexo pulsando con furia en la mano
del pelirrojo, que lo rodeó con el otro brazo, apretándolo un
poco y devolviéndole el beso apasionadamente también.
– Takara… – lo miró a los ojos y respiró con fuerza.
– Quiero verte… levántate… y apoya las manos en la mesita… – se
rió, pensando que era una postura muy pervertida y seguro que
le avergonzaba.
– Vale... pero yo también quiero verte a ti... –
enrojeció de nuevo, poniéndose de pie para ponerse en aquella
posición, mirando hacia atrás tímidamente. – ¿Vas a tocarme...?
–Sí… – le pasó las manos por las nalgas y las piernas,
abriéndoselas un poco más y mirando aquel ano que se notaba completamente
virgen y apretado por los nervios. Se lo besó, sintiendo el calor
que emanaba de él, hablando contra una de sus nalgas. – ¿Quieres
que lo lama?
– No... Sí... – le pidió, nervioso y apretando aún
más las nalgas de manera inconsciente. No podía creer lo que estaban
haciendo pero esta vez no se quería detener.
Kenzo se rió, estirando las manos por su abdomen
y pellizcándole los pezones, inclinándose hacia delante y deslizando
la lengua dentro de su ano, empujándola con fuerza para poder
penetrarlo. – Relájate…
– Sí, es que... ah... Kenzo... – se estremeció de
nuevo, jadeando e intentando relajarse, repitiéndose que no pasaba
nada. Se sentía bien, la lengua del pelirrojo, era cálida y se
movía a un ritmo sumamente placentero.
El pelirrojo se lamió los dedos, deslizándolos entre
sus nalgas y tocando su ano, empujando un dedo y sintiendo las
paredes de su cuerpo presionándolo, había pensado meterle dos
pero era imposible. Lo movió dentro de él, empujando de pronto
hasta conseguir introducirlo por completo, rozando adentro y notando
cómo su sexo se erguía más pulsando como loco. – ¿Te gusta?
– Mhm... sí... Es algo... extraño... – contestó
con voz temblorosa, su cuerpo entero estremeciéndose. Se sentía
caliente, como si tuviera fiebre.
– Me estoy poniendo muy caliente… – susurró el pelirrojo,
abriéndose el pantalón y tocándose él mismo, lamiendo de nuevo
la entrada del chico, ahora más fuertemente, empujando la lengua
contra él y penetrándolo con ella, echándolo un poco más sobre
la mesita. Le sujetó una nalga con la otra mano y deslizó el pulgar
dentro de él.
– Kenzo... – gimió el chico en un tono bastante
alto, moviéndose un poco. Jamás había tenido esa zona tan caliente.
Se excitaba a pesar de la incomodidad que sentía, su sexo estaba
pulsando de nuevo. Miró hacia atrás, enrojecido. – Lo... ¿Lo vas
a hacer?
– Sí… – se levantó tras él. Apoyando su sexo contra
la entrada del chico, sujetando su sexo y acariciándolo para que
se relajase con el placer. –No aprietes… – le pidió al notar que
no había manera de entrar en él. Movió las caderas suavemente,
penetrándolo poco a poco, escuchándolo aguantarse el dolor. –Ya
va a estar… – susurró, penetrándolo completamente y abrazándolo
contra él. – Ya…– jadeó. Estaba en el cielo… aquel agujerito tan
apretado le volvía loco… Pensar lo que estaba haciendo al adorado
hijo de Hayabusa… lo desataba por completo. Se movió dentro de
él con fuerza, empotrándolo más sobre la mesa.
– Ah... Kenzo... ¡Kenzo!... – gimió, temblando,
las lágrimas resbalando por su rostro pero no era precisamente
porque deseaba que se detuviera. Era increíble, cómo se sentía,
aún le dolía pero poco a poco aquello iba cambiando. Cerró los
puños por no aferrarse a la mesa, ya que la había empujado un
poco con tanto movimiento, subiendo un poco una rodilla para estabilizarse.
El moreno en el cuarto de al lado se levantó de
golpe. Su corazón ya había estado retumbando en el pecho por largo
rato antes de aquello pero ahora todas sus dudas habían desaparecido.
– Disculpa… – murmuró con una cara que al cliente no le quedó
más remedio que quedarse callado como una tumba. Casi no podía
respirar de lo nervioso que estaba.
Corrió la cortina, cerrándola de golpe de nuevo,
sintiendo como si lo estuvieran matando. Sujetó a Kenzo por la
camiseta, apartándolo de su hijo y pegándole un puñetazo que lo
tumbó en el suelo, la mesa volcándose y los vasos rodando afuera
del privado. – ¡Hijo de puta!– le gritó furioso – ¡Y tú vístete!–
ni siquiera podía mirarlo.
El pelirrojo se rió abiertamente, tocándose el labio
partido. – ¿Hijo de puta?...
– ¡¡¡Papá!!! – exclamó el chico, sintiéndose helado
por dentro, apresurándose en vestirse como mejor podía. – ¡Papá!
¡No! Yo lo amo...
– ¡Calla! ¡Y vístete!– el moreno de nuevo le gritó
sin mirarlo. ¿Cómo podía haberle mentido así?...
– Papá… ¿Qué no ves que él me ama?– el pelirrojo
se levantó del suelo, escupiéndole en la cara. – ¿Qué no te gusta?
¿No te gusta que le haga lo que tú le hiciste a mi madre?
– ¡No sé de qué estás hablando!– se agachó furibundo,
vistiendo a su hijo bruscamente y sujetándolo por la muñeca para
llevárselo a casa
– ¡¿Qué no lo sabes?! ¡Pues mejor será que pienses
en la puta! Como tú la llamas… a la que dejaste embarazada… porque
yo soy su hijo… ¡y el tuyo! Pero a mí nunca me has tratado como
a él ¿eh?...
Hayabusa lo miró desconcertado, negando con la cabeza
y pegándole un sopapo que le giró la cara. El pelirrojo sonriendo
igualmente aunque estaba furioso, quería matarlo.
– ¿No vas a decir nada?!
– Estás loco…
– Kenzo... ¿de qué estás hablando? – Takara lo miró
con cara de espanto. No podía ser verdad. Tenía que ser una pesadilla.
¿Era su hermano? ¿Qué estaba sucediendo?
– Soy tu hermano… pero tu papá nos abandono a mi
madre y a mí… ¿sabes? No tuvimos tanta suerte como tú…– lo miró
a los ojos fijamente.
– ¡¿De qué hablas?! Ni siquiera sé quien es tu madre…–
el moreno se dio cuenta entonces, mirando el colgante de su hijo.
Rompiéndolo de un tirón y tirándolo al suelo. – ¡Tu madre era
una loca! ¡Ni siquiera sabes si eres mi hijo!
– ¡Papá! – protestó Takara aún deseando encontrar
alguna coherencia en aquello, alguna razón. – Kenzo, ¿por qué
no me dijiste? A mí... ¡Yo te amo de todas maneras!
– ¡¿Qué está sucediendo aquí?! – Tatsuya apartó
la cortina quedándose sorprendido al ver la escena. Había esperado
que fuera algún cliente problemático, pero no aquello. – Hayabusa,
Kenzo... ¿me van a explicar este escándalo?
– Deberías llamar a la policía… – le aclaró Hayabusa.
¿Es que su hijo no comprendía lo que pasaba? ¿Cómo podía haberle
hecho eso a él, que no tenía nada que ver ni siquiera? –Hubiera
comprendido que lo pagases conmigo ¿pero por qué a mi hijo?
– ¡Porque lo odio!– el pelirrojo les gritó. – ¡Yo
también soy tu hijo!
– Tú... ¿me odias? – Takara se quedó tieso, sus
ojos llenándose de lágrimas, sintiendo que se le venía el mundo
encima. ¿Cómo podía decir algo así? Luego de lo que acaba de suceder
además... – Kenzo... – se sacudió de la mano de su padre, empujando
a Tatsuya y echando a correr, el moreno intentando detenerlo,
pero el chico iba como una bala.
– ¡Oye! ¡Kai! – lo llamó aunque el rubio no estaba
ni cerca.
– ¡Maldita sea!– Hayabusa salió entre la gente,
corriendo por el pasillo hacia fuera. – ¡Takara! ¡Takara, ven
aquí!– lo llamó, corriendo tras él por la calle. Apartando a la
gente a empujones, agobiado e increíblemente nervioso. Como algo
le sucediese, iba a matar a Kenzo, lo iba a matar.
Kenzo miró a Tatsuya. – Renuncio. – murmuró, sonriendo
levemente aunque estaba destrozado. No sabía qué era lo que había
esperado sacar de aquello… no lo sabía… Pero se sentía aún peor
que antes. Pasó entre el moreno y Kai que había llegado hacía
nada y seguía estupefacto.
– ¿Qué demonios...? – Tatsuya se pasó la mano por
la frente, exasperado. No iba a detener a Kenzo, luego de todo
aquello... Tenía ganas de matarlos a todos.
– ¿Qué sucede? – Tsubasa se acercó, deteniéndose
al ver la cara que tenía Tatsuya y prefiriendo acercarse a Kai
para que le explicase. Por supuesto, no había visto a Shingo salir
corriendo.
Hide, por su parte, excusándose un momento con sus
clientes para ir tras Kenzo. No podía dejar el trabajo pero aquello
le olía terrible. No podía simplemente hacerse el desentendido.

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